miércoles, 30 de octubre de 2013

¿La predicación de las buenas nuevas indica quién tiene la verdad? (1)

    En cierta congregación un anciano viajante dio un discurso especial, del que nos informan que también se dio en otras congregaciones. El discurso consistió en tratar de convencer al auditorio de que lo que en realidad cuenta dentro de las filas de la organización de Jehová es la predicación de las buenas nuevas, la cual no ha variado en los casi 140 años de existencia desde el tiempo de Russell, pues básicamente se predica que, tras la destrucción de los sistemas religiosos, políticos, militares, financieros y comerciales de este mundo, será establecido el Paraíso en la Tierra, con la consiguiente resurrección de miles de millones de personas.

    El discursante hizo hincapié en que la predicación de los testigos de Jehová cumple profecía bíblica, ya que Jesucristo dijo que “estas buenas nuevas del Reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones y entonces vendrá el fin”. Aunque estas palabras se refieren a la predicación de los apóstoles y discípulos de Jesucristo en el primer siglo, a cuya predicación testimonial en el mundo mediterráneo entonces conocido siguió el fin del sistema judío, la organización de los testigos de Jehová las aplica a los tiempos actuales, que entiende como inmediatamente previos al fin del sistema de cosas mundial. El conferenciante aludido se expresó textualmente, según algunos apuntes taquigráficos recogidos de varias partes de la disertación:

    “Solamente los testigos de Jehová estamos predicando las buenas nuevas del Reino, lo que significa dos cosas: que estamos en el tiempo del fin inminente y que la de los testigos es la única congregación verdadera en toda la Tierra. Todo lo demás que hayamos aprendido dentro de la organización, y que siempre nos ha sido provechoso, puede variar -a excepción de verdades tan elementales como que Dios no es una trinidad, que el alma del hombre no es inmortal, que no existe un infierno de fuego, etc.-, dada la imperfección humana al entender los asuntos.

    Así, podrá variar nuestro entendimiento en temas como: la generación que no pasará, la identidad del esclavo fiel y discreto, las fechas que se consideran bíblicas y otras muchas cuestiones; pero lo cierto es que la invariable predicación de las buenas nuevas es la señal que identifica que los testigos de Jehová tenemos la verdad y que estamos en los días postreros del tiempo del fin. Tras la predicación de las buenas nuevas viene el fin y todo apunta a que ya lo tenemos encima. Prácticamente lo estamos tocando. Aún si, por detalles que aún se nos escapen, no viniera el fin en nuestros días y morimos, si seguimos predicando las buenas nuevas tenemos la garantía de la resurrección. Todo lo demás que hayamos aceptado como doctrina o entendimiento doctrinal tiene poca importancia al lado de la predicación y no es realmente esencial, ya que la doctrina o su entendimiento pueden cambiar, pero no la predicación. Ya sabemos que la luz del entendimiento se hace más brillante a medida que pasa el tiempo y hoy estamos llegando al cénit de ese entendimiento.

    Muchos hermanos están hoy tropezando por cuestiones banales, sobre todo de fechas, debido a que entran en páginas apóstatas que les dicen que Nabucodonosor no ascendió al trono en el año 625, que Jerusalén no fue arrasada en el 607, que los judíos no estuvieron 70 años en el destierro, que en 1914 no terminaron los tiempos de las naciones o de los gentiles ni que fue establecido en los cielos el reinado de Cristo, que en 1918 no inspeccionó Jesucristo a su esclavo fiel y discreto, ni que en 1919 lo nombró sobre sus bienes. Cierto que el entendimiento sobre las fechas 1918 y 1919 se ha corregido porque hemos recibido más luz. Entendemos más apropiadamente que la inspección por Jesucristo fue en 1914 y que en 1919 fue nombrado como el esclavo fiel y discreto un grupo de personas que se esforzaban por entender la verdad y llevarla a todos los rincones mediante la predicación de las buenas nuevas. Este esclavo fiel recibirá el nombramiento como administrador de los bienes del amo en un futuro no muy distante.

    Todo esto no le resta brillantez al mensaje verdadero que llevamos: la declaración de las buenas nuevas del Reino, la desaparición de la maldad en el mundo y la instauración del Paraíso en la Tierra. Esto es lo importante, lo inamovible y lo que nos identifica como verdaderos siervos del Dios Altísimo. Lo demás, las fechas, los detalles sobre nombramientos, la generación, el nuevo entendimiento en la identificación del esclavo, etc., etc., puede variar a medida que recibimos más luz.

    Solamente la predicación de las buenas nuevas del Reino es motivo más que suficiente para reconocer que estamos en la verdad, en el auténtico cristianismo. Y, si somos los únicos que estamos predicando estas buenas nuevas, quiere decir que somos los únicos que hemos sido comisionados para ello; naturalmente, significa que la cabeza visible de la organización de Dios en la Tierra, el esclavo fiel y discreto, el cuerpo gobernante, ha recibido directamente esta divina comisión y el encargo de darnos el alimento espiritual al debido tiempo. Y ahora es el debido tiempo en que este alimento que administra el esclavo se hace más nutritivo. Por tanto, le debemos sumisión absoluta y obediencia incondicional, reconociendo que ha sido puesto en su cargo por el mismo Jehová, a través de su hijo Jesucristo. No someterse al esclavo es no someterse a Jesucristo ni a Jehová. Cuestionar al esclavo es cuestionar al mismo Jehová”.

    Aseguró el discursante que solamente los testigos de Jehová están predicando “las buenas nuevas del Reino”. Sin embargo, aparte de que esa predicación únicamente estaba supeditada al primer siglo -que abarcó toda la tierra conocida del Mediterráneo-, hoy día los testigos de Jehová no están en realidad predicando las buenas nuevas del Reino como Jesucristo mandó. El dijo que “al ir prediquen que el reino de los cielos se ha acercado”. Pero los testigos predican que “el reino de los cielos se ha instalado”. Por otro lado, esa predicación no abarca hoy toda la Tierra. Eso precisaría varios siglos y, si ése es el caso, no podemos estar hoy en ningún tiempo del fin, tiempo que es parte esencial de la predicación jehovista, mediante la que con urgencia se insta a enrolarse en las filas de los testigos de Jehová.

 

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