miércoles, 25 de diciembre de 2013

Dos testigos de Jehová conversan sobre los 70 años de Jeremías (y 4)


    -Hola, Juan. Quedamos en que me explicarías cómo es que los judíos no habían estado 70 años en el destierro después de que Nabucodonosor destruyó Jerusalén en el año 19 de su reinado.

    -Así es, Pedro. A pesar de lo que se les ha inculcado a los testigos de Jehová, el profeta Jeremías no dice que los judíos estuvieran o iban a estar desterrados 70 años en Babilonia. Jeremías con los 70 años se refiere al tiempo de servidumbre de las naciones al rey de Babilonia. Las naciones, incluída Judá, estuvieron en servidumbre a Babilonia durante 70 años porque ese fue el lapso de tiempo en que Babilonia dominó la escena mundial como imperio después de conquistar el último reducto de Asiria, que fue la ciudad de Harrán. Esto ocurrió históricamente en el 609 antes de nuestra era. Por tanto los 70 años se extendieron desde el 609 hasta el 539, en que el imperio babilonio cayó en manos de Ciro.

    -Perfecto, Juan. Y fue en el 539 cuando al rey de Babilonia se le pidieron cuentas, lo que significa que ya no reinaría más. Así que los 70 años no pudieron haber terminado en el 537, como dice el Cuerpo Gobernante, por la sencilla razón de que en el 537 ya no existía el rey de Babilonia en ese cargo y por tanto no se le podían pedir cuentas más allá del 539 antes de nuestra era.

    -Veo que lo has asimilado bien, Pedro.

    -Pero sigue en pie lo del destierro de 70 años. ¿No estuvieron los judíos desterrados 70 años en Babilonia?

    -Ha habido mucha confusión entre los supuestos 70 años de destierro y los 70 años promedios en que el templo de Jerusalén estuvo destruido hasta su reconstrucción y reinauguración. Exactamente fueron 72 años. La Biblia indica que el templo se inauguró de nuevo en el año sexto de Darío, que por la Historia sabemos que correspondió al 515 antes de nuestra era. Los 70 años cayeron cuando el templo iba en su mediación, o sea, en el 517. 70 años atrás nos llevan al 587, que es cuando Jerusalén fue destruída y llevados al destierro 832 judíos, como indica Jeremías, y no miles de ellos como hace ver el Cuerpo Gobernante.

    -Ya, pero el esclavo afirma que la destrucción de Jerusalén aconteció en el 607.

    -Sí, porque tiene que justificar los 20 años que le faltan entre los reinados de Evil Merodac y Nabonido. Antes decía que a la fuerza tuvo que haber más reyes entre los dos citados. Ahora dice que, efectivamente, no hubo más reyes, pero que forzosamente los reyes Evil Merodac, Neriglisar y Nabonido tuvieron que haber reinado entre los tres 20 años más de lo que indican los historiadores y las antiguas tablillas cuneiformes. Y esto lo enseñan como dogma de fe.

    -Y esos 20 años no aparecen por ninguna parte…

    -Por ninguna. No existieron esos 20 años. El Cuerpo Gobernante los añade porque de otra manera no le cuadra la fecha del 607, que es a la que añade 2.520 años para llegar a 1914, que es fecha clave de la doctrina de los testigos de Jehová. Sin el 1914 y el 607, se vendría abajo todo el armazón doctrinal de la Watchtower y del Cuerpo Gobernante.

    -A propósito del 607, Juan, tengo entendido que esa fecha fue establecida tan tarde como en 1943. ¿Qué hay de cierto en ello?

    -Si lees las publicaciones de la Sociedad Watchtower, verás que en 1943 se publicó el libro “La verdad os hará libres”. En ese libro se informó de las correcciones de fechas que efectuaron Knorr y Franz, presidente y vicepresidente, respectivamente, de la Watchtower en ese tiempo.

    -¿Y por qué la corrección de fechas?

    -Porque desde los tiempos de Russell se enseñaba que Jerusalén había caído en el 606 y que los judíos fueron libertados en el 536 antes de nuestra era. Claro, entre el 606 y 1914 no había 2.520 años, sino uno menos. Este error en el cálculo parte de 1844, cuando el teólogo Edward Elliot publicó su libro “Horas con el Apocalipsis”. Elliot fue el primero en afirmar que los 2.520 años corrían del 606 antes de nuestra era a 1914.

    -Entonces no fue Russell el autor de las fechas 606 y 1914…

    -Russell se limitó a aceptar a ciegas, sin cerciorarse de su exactitud, las fechas que se le habían inculcado. Y eso fue lo que enseñó como doctrina.

    -Ya entiendo. Y entonces en 1943 la Sociedad adelantó un año la destrucción de Jerusalén y la salida de los judíos del destierro. O sea, estableció como ciertas las fechas 607 y 537, respectivamente.

    -Así es, Pedro.

    -Y no lo son.

    -No son ciertas, sino completamente erróneas, porque lo cierto es que Jerusalén cayó en el 587 y no en el 607. Es decir, Jerusalén cayó en el año 19 de Nabucodonosor, como escribe Jeremías. Nabucodonosor, como está demostrado por la Historia, la Arqueología y la Astronomía, comenzó a reinar en el 605 antes de nuestra era. Por tanto su año 19 fue el 587, es decir, que habían transcurrido 18 años desde su ascenso al trono hasta la toma de Jerusalén.

    -Ya, y entonces la Sociedad se obligó también a adelantar el comienzo del reinado de Nabucodonosor al 625, cuando en realidad fue el 605.

    -Eso es. Así que, si Jerusalén cayó en el 587 y la corona de sus reyes se supone que también cayó en ese año, los 2.520 años, de aplicar, correrían entre el 587 y 1934.

    -Por regla de tres, esa sería la lógica… Entonces, si los judíos de cuando la caída de Jerusalén fueron llevados al destierro en el 587 y liberados en el 537, quiere decir que solo estuvieron 50 años desterrados y no 70…

    -Bien observado. Josefo escribe en su obra “Contra Apión” que desde la destrucción del templo hasta la puesta de sus cimientos en el año segundo de Ciro, habían transcurrido exactamente 50 años.

    -Ah, eso no lo sabía.

    -Es que al Cuerpo Gobernante no le interesa que sus adeptos sepan de esto. Se agarran a que Josefo también escribe que los judíos estuvieron 70 años en el destierro. Sin embargo, está claro que, o bien se trata de un error de transcripción de los primeros copistas de la obra de Josefo, o bien que Josefo no estaba entonces muy enterado del asunto. Lo cierto es que en su obra posterior, la que hemos citado sobre Apión, corrige de acuerdo con los historiadores y con lo que hoy sabemos por el descubrimiento de las tablillas cuneiformes.

    -Juan, has tenido que empaparte de todo esto en los libros de Historia…

    -He leído y estudiado bastante, Pedro, lo suficiente para conocer la verdad de todo esto. Por cierto, los judíos no salieron del destierro en el 537, sino un año antes, en el 538, que fue el año primero de Ciro tanto por el sistema judío como por el babilonio. El año 537 ya era el segundo de Ciro.

    -Ah, por eso dice Josefo que los cincuenta años se cumplieron en el año segundo de Ciro, o sea, entre el 587 y el 537.

    -Buena deducción, Pedro. Pero te amplío datos: Por el sistema judío, el año primero de Ciro corrió entre octubre del 539 y octubre del 538. Y por el babilonio, entre la primavera del 538 y la primavera del 537. La Sociedad pasa por alto que los reyes babilonios comenzaban su año primero de reinado al iniciarse la primavera. Todo el tiempo anterior desde que subieron al trono se considera como año de ascenso, que no significa el transcurso de un año completo. Así que, de todas maneras, el año primero de Ciro comenzó con el 538 y el segundo con el 537, fuese que se iniciase en otoño o en primavera.

    -Está claro, Juan. Ahora entiendo que no era razonable que Ciro esperase un año entero para liberar a los judíos. Lo más lógico es que decretase la liberación al poco tiempo de tomar el trono de Babilonia o bien antes de la primavera del 538, que, evidentemente, fue cuando los judíos comenzaron a salir del destierro, calculo que para mediados o finales de abril.

    -Así es, Pedro. Los judíos aprovecharon la temporada climáticamente idónea. Antes de la primavera no pudieron salir por el frío; y si lo hubieran dejado para la temporada veraniega, hubieran pasado demasiado calor durante la travesía, la cual efectuaron bordeando el río Eufrates, aunque la distancia fuera mayor. De otra manera tendrían que atravesar el desierto y eso les resultaría fatal.

    -Gracias por todo, Juan, y por abrirme los ojos. Habrás observado que tomé apuntes de cuanto me has dicho. Me sirven de repaso. Por cierto, he pensado ya en qué disculpa pondré para dejar de ser anciano, para que admitan mi dimisión. Ya sabes que a veces me surgen depresiones y otras alteraciones, y ello es debido a que en realidad no puedo con el cargo de anciano y al mismo tiempo ocupar una jornada entera de trabajo para mantener a mi familia y pagar la hipoteca. De verdad que necesito descanso. De seguir como hasta ahora perderé del todo la salud.

    -Tú mismo, Pedro. De paso te iré ampliado detalles de todo lo que hemos hablado y te pasaré alguna literatura interesante.

    -Muy agradecido, Juan. Estoy ansioso por saber más de estos temas. He estado ciego durante todos estos años. ¿Cómo se me ocurriría ser anciano de congregación?

    -Las creencias, Pedro, dominan el corazón y absorben la mente. Son puro sentimentalismo. Pero nosotros tenemos el don de usar la capacidad de pensar. Y dentro de las filas de los testigos de Jehová no se permiten pensadores independientes. Solamente aceptadores del pensamiento ajeno. De otra manera no podrían ser dominados y manejados por la jerarquía que a sí misma se ha constituído como representante en la Tierra del Amo Jesucristo, además de vocero del propio Dios y único intérprete de las santas Escrituras. Pero es gracia que para interpretar éstas tengan que acudir a los escritos y opiniones de las iglesias que catalogan como parte de Babilonia la Grande.

    -Bien, Juan, en adelante usaré más mi propio intelecto. Creo que para conocer la verdad de algo, primero hay que dudar de lo que otros afirman y después hay que ser crítico e investigar. La Ciencia no avanzaría si los científicos se limitasen a aceptar a ciegas lo que otros dicen. Las cosas han de corroborarse.  

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