viernes, 6 de diciembre de 2013

Los archivos de censurados en las congregaciones de los testigos de Jehová causan más daño que beneficio

 
    Las congregaciones de los testigos de Jehová guardan todo tipo de información acerca de sus miembros, particularmente cuando son expulsados, desasociados o simplemente amonestados por cualquier hecho que los ancianos estimen no acorde a las normas del Esclavo Fiel y Discreto o Cuerpo Gobernante, que no precisamente a la Biblia. Existe en todas las congregaciones un archivo de los miembros que reúnen estas características, con la particularidad de que en la sucursal del país al que pertenecen las congregaciones se guardan asimismo copias de todos esos archivos, enviándose copias de los asuntos más graves a la central mundial, algo que ignoran la mayoría de los ancianos y superintendentes.

    Estos datos no son borrados o destruídos jamás, ni en las congregaciones ni en la sucursal del país ni en la central mundial, aunque el testigo expulsado haya sido readmitido. Si el Cuerpo Gobernante dice que Jehová perdona y olvida el error y el pecado, no se entiende cómo las congregaciones y la organización de los testigos coleccionan y defienden con uñas y garras este tipo de archivos realmente malévolos, los cuales sirven para en un futuro echar en cara su mal proceder a los miembros imputados, con lo que se demuestra que, aún cuando Jehová perdona y olvida, la congregación no lo hace. Ello indica que los testigos de Jehová no se apoyan en la Biblia, sino en dictados humanos.

    En última instancia, aunque en modo alguno es laudable, puede entenderse que se guarden ciertos expedientes de quienes en su día fueron expulsados, aunque después hayan sido readmitidos. Tales expedientes servirían sobre todo en el caso de que un testigo que estuvo expulsado se mudase de congregación y en la nueva precisaran conocer qué tipo de persona es o fue y si hay que guardarse de ella en algún aspecto que revista gravedad. Sin embargo, no es admisible que se guarden datos reprobatorios de los testigos que simplemente han sido censurados o amonestados aún por el más insignificante de los hechos. Por ejemplo, en dos congregaciones en las que ocupó sendos puestos de secretario, un anciano, cuando en dos ocasiones le dio por curiosear los archivos en su casa, donde los guardaba -tanto de una congregación como de otra- constató preocupado que en los sobres con las fichas de muchos publicadores aparecían trivialidades como las que se detallan a continuación:

    Censuras por vender papeletas de sorteo para viaje de fin de curso. Dos adolescentes bautizados que se graduaban de secundaria vendieron papeletas para el sorteo de un televisor a fin de recaudar fondos para un viaje con motivo de la graduación. Fueron censurados públicamente en la congregación por “tentar al dios de la buena suerte”. No aparecieron más por el salón.

    Censuras por participar en concursos o certámenes. A lo largo de las décadas de actividad de las congregaciones en las que el anciano secretario prestó servicios hubo algunos publicadores que participaron y ganaron premios y menciones honoríficas en concursos de fotografía, pintura y poemas, organizados por entidades “mundanas”. Enterados de ello los ancianos, generalmente por los medios informativos locales o por terceros y no por los propios individuos, el comité judicial llamó al orden a los implicados, con la correspondiente censura -pública o privada, según los casos- mediante la cual se les despojaba de todos sus privilegios, a excepción de la predicación y la limpieza del salón del Reino.

    Censuras públicas por iniciar una carrera universitaria. Los pocos jóvenes de las congregaciones que optaron por matricularse en cursos universitarios fueron censurados, perdiendo sus privilegios los que los tenían. Se les echó en cara que, pudiendo emplear el tiempo en predicar, lo dedicaran a los estudios, los cuales no les serían de prácticamente ningún provecho, dada la proximidad del fin, según se les aducía. Incluso fueron censurados los padres que tenían a su completo cargo a tales jóvenes. Con el tiempo casi todos ellos abandonaron la congregación, más que nada por el trato poco afable que recibían de los demás miembros, quienes habían sido instruídos en procurar no tener demasiado compañerismo con quienes los ancianos señalaban por no ser apreciadores cabales del alimento espiritual.

    Censura privada por la grabación de un disco de canciones. Un músico de una congregación fue censurado por grabar un disco con varias de sus canciones, que él mismo interpretaba. La censura le fue aplicada cuando los ancianos descubrieron discos a la venta en el comercio, recriminándole que no había informado de ello a la congregación. Se le reprochó que la letra de algunas canciones no era apropiada para cristianos. Igualmente le fue reprochado que había perdido demasiado tiempo en la creación de las canciones y del disco, cuando debería haberlo empleado en la predicación, si no todo ese tiempo, al menos una suculenta parte de él. La reprimenda surtió efecto: abandonó la congregación.

    Censura pública por ennoviarse un publicador con una mujer que seguía un estudio bíblico. Aunque la mujer en cuestión ya era publicadora no bautizada y estaba a punto de bautismo, sin embargo el cuerpo de ancianos anunció severamente a la congregación que tal noviazgo no era bíblico y él perdió sus privilegios. Al final ambos se casaron en secreto por el juzgado, pero el publicador jamás recuperó sus privilegios y con el tiempo, conscientes del desprecio del que eran objeto por parte de la mayoría, los dos se obligaron a abandonar la organización.

    El secretario aludido razonaba que estas insignificancias no podían ser motivo de tan duras y farisaicas reprimendas y que los archivos con tales datos negativos causaban más daño que beneficio, por lo que en su opinión deberían destruirse. Tras la consulta del archivo de la segunda congregación en la que se había encuadrado, el que fuera secretario de congregación dimitió como anciano y como secretario, alegando diversos motivos más o menos justificados. Transcurrido un tiempo prudencial en el que anduvo investigando a fondo acerca del origen de sus creencias y de la historia de la Sociedad Watchtower, firmó su carta de renuncia como testigo de Jehová. En una entrevista que en su día mantuvimos con él sacó a colación lo publicado en este espacio, así como otros muchos asuntos.  




         

2 comentarios:

  1. He visto muchas injusticias y detalles que no me agradan. Para mí era la religión del Dios verdadero. Y ahora? Estoy desolada, impactada.

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