domingo, 19 de enero de 2014

Insólitas consideraciones acerca del arca de Noé


    En la Biblia leemos que Noé construyó un arca de unos 150 metros de largo (300 codos), por unos 25 de ancho (50 codos) y unos 15 metros de alto (30 codos), con un único ventanal en la parte superior, como a medio metro del techo. Se le ordenó que metiera dentro, según Génesis 7:2 y 3, “siete parejas de toda bestia limpia, dos parejas de toda bestia no limpia y siete parejas de aves”. Pero, según Génesis 7: 8 y 9, “de toda bestia limpia y de toda bestia que no es limpia, y de las criaturas voladoras y de todo lo que se mueve sobre el suelo, entraron de dos en dos a donde Noé en el arca, macho y hembra”. Con todo, la aceptación general es que Noé metió en el arca dos parejas de todo tipo de animal, limpio y no limpio, y siete parejas de aves o criaturas voladoras.

    ¿Cuánto tardó Noé en localizar y capturar todos los animales y meterlos en el arca? Según se deduce de la lectura bíblica, solamente siete días. Así se lee en Génesis 7: 2-4: “De toda bestia limpia tienes que tomar para ti de siete en siete, el macho y su hembra; y de toda bestia que no es limpia solamente dos, el macho y su hembra; también de las criaturas voladoras de los cielos de siete en siete, macho y hembra, para conservar viva prole sobre la superficie de toda la tierra. Porque dentro de solo siete días más voy a hacer que llueva sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”. El versículo 4 da a entender que el plazo sería de siete días. ¿Cómo se las arregló Noé para llevar a cabo tan gigantesca encomienda en tan reducido espacio de tiempo?

    El cuerpo gobernante de los testigos de Jehová asegura que todos los animales cabían de sobra en el arca, además de las innumerables provisiones de comida. También aduce que solamente fue seleccionada una pareja de cada género, no de cada especie, y que de esa pareja común surgieron todas las variedades o especies actuales. ¿No suena este surgir o derivación posterior a teoría de la evolución? Por ejemplo, ¿entró en el arca una pareja de cocodrilos y de ella derivaron todos los lagartos actuales, desde caimanes a lagartijas? Se sabe que los cocodrilos no pueden vivir todo el tiempo bajo el agua. Vale que delfines, ballenas, tiburones y peces sobrevivieran en las revueltas aguas. Pero, ¿cómo se las arreglaron los saurios para no ahogarse? ¿Y cómo derivaron éstos, en tan gran variedad y tamaños, de la pareja original?

    Y lo que pudiera ser más problemático: ¿cómo entraron en el arca los insectos y otros bichos menudos? ¿Los recolectó Noé por parejas? Por ejemplo, ¿cómo entraron en el arca las pulgas, los piojos, las chinches, los ácaros y las garrapatas? En realidad huelga la pregunta, ya que tales parásitos estarían adheridos a los pelos de los animales. ¿Y los gorgojos? ¿Entraron pegados a los granos de trigo y otros cereales? ¿Y las ladillas? ¿Acaso se acomodaron en el arca adhiriéndose al pubis de Noé y su familia? ¿Y qué decir de las moscas, mosquitos, avispas, abejas, polillas, mariposas, escarabajos, hormigas, cucarachas, arañas, saltamontes, gusanos y caracoles, entre otros miles de géneros insectiles o similares? ¿Se entretuvo Noé en atraparlos y meterlos en minúsculas jaulas? ¿Y todo en siete días? Y la pregunta del millón: ¿cómo consiguieron los insectos permanecer vivos durante poco más de 6 meses cuando la mayoría de ellos tienen una vida efímera, que no alcanza a medio año, siendo en algunos casos de solamente unos días o semanas, como es el caso de las moscas y los mosquitos, entre otros? Claro, se argüirá, es que ponían huevos y nacían otros bichos.

    Entraría en lo razonable que Noé atrapara y salvara parejas de ratas, ratones, serpientes, ranas, sapos, conejos, liebres, tejones, ardillas, tortugas de tierra, escorpiones y alacranes; pero ¿cómo pudo conseguir los insectos? Hablando de las serpientes, las hay de muy variadas especies y tamaños. ¿Descienden todas, grandes y pequeñas, de una sola pareja común? ¿Evolucionaron entonces? Y entre las siete parejas de aves y criaturas voladoras: gallos, gallinas, faisanes, cigüeñas, patos, pavos, avestruces, águilas, buitres, halcones, y tal vez pingüinos, pudiera ser evidente su apresamiento; pero ¿estaban incluídos los murciélagos y los vampiros que, si no son aves, son criaturas “voladoras”?

    Entre los grandes y medianos animales que entraron en el arca se contarían los mamíferos, rumiantes y otros: vacas, toros, bisontes, camellos, dromedarios, cerdos y jabalíes (¿o vinieron de una pareja original cerdos y jabalíes?), elefantes, caballos, burros (¿o derivaron los burros de los caballos?), hipopótamos, rinocerontes, jirafas, cebras, leones, tigres, hienas, osos, gorilas, chimpancés, orangutanes (¿o son estos tres últimos una variedad de algún simio común original?), lobos, zorros (¿vinieron los perros y los zorros de los lobos?), cabras, ciervos, llamas, ovejas y corderos, koalas, tapires, canguros, etc.

    Salta a la vista que son demasiados animales para poco más de 56.000 metros cúbicos (150x25x15=56.250), de los que hay que descontar lo que ocupaba la pesada y gruesa madera de los innumerables compartimentos para alojar a los animales y las provisiones durante 190 días con sus noches (40 días de diluvio más 150 días de permanencia en el arca flotando sobre las aguas). La capacidad neta se calcularía en 40.000 metros cúbicos. En la literatura de la Watchtower se lee que el arca tenía la misma capacidad neta que unos 250 vagones de ferrocarril para transportar ganado, de 160 metros cúbicos cada uno (12 metros de largo por 3,5 de ancho y 3,8 de alto). La realidad es que todos estos vagones no serían suficientes para transportar la gran cantidad de animales que se supone albergaba el arca. Aparte se precisarían otros tantos vagones para almacenar el forraje necesario para alimentar a los aludidos animales durante 190 días, el tiempo que permanecieron encerrados en el arca.

    La Watchtower, refrendando la opinión de algunos científicos evolucionistas, afirma que se precisaron pocos géneros de animales y que los millares de especies de animales que hoy día conocemos derivaron de aquellos géneros. La verdad es que solamente ha existido un solo género, el animal, aparte del humano y el botánico y, lo que la Biblia llama géneros se refiere indudablemente a especies o diferentes tipos de animales, aunque sean de la misma familia. En el tiempo en que se escribía el Génesis no se conocía ni la enésima parte de las especies de animales que habitaban la Tierra, especies que indudablemente ya tenían miles y miles de años de antigüedad.

    Aún hoy día observamos que las distintas razas de animales provienen cada una de ellas de la raza progenitora de su misma especie o género. Las lagartijas siempre han venido de otras lagartijas y no de los cocodrilos. En aquellos remotos tiempos ocurría lo mismo. Las especies de animales actuales son mucho más antiguas de lo que afirman los literalistas bíblicos, como el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová, que asevera que el diluvio acaeció en el año 2370 antes de nuestra era y que entonces no se conocían las especies de animales que hoy día se conocen, porque todas derivaron de una sola pareja común, según el tipo de animal.  

    Otro aspecto a considerar es que solamente existía una ventana en el arca, junto al techo. ¿Fue suficiente para ventilar el interior y que respirara tanto bicho viviente recogido en varios niveles de suelo? ¿Cómo llegaba el aire a los dos niveles o pisos más bajos, de los tres que tenía el arca? ¿Y qué se hacía con las toneladas de excrementos de tantísimos animales? ¿Quedaban depositados en el fondo o se sacaba a paladas por el único ventano existente en la parte superior?

    Y no vamos a calcular el volumen que ocuparía el forraje y el grano para los animales, que evidentemente sería impresionante. Al estar encajonados dentro del arca y no moverse a sus anchas, seguramente los animales engordarían más de lo debido. Hay ancianos y superintendentes fanáticos entre los adeptos testigos que arguyen que Jehová se ocupó milagrosamente de los animales, que comerían poco y dormirían la mayor parte del tiempo, tal como los osos. Está claro que durante los primeros 40 días y noches no pudieron dormir, debido al fragor de la caída del agua sobre el techo del arca, que debió haber sido espantoso. Puede que los otros 150 días pudieran haber pegado ojo debido al insomnio sufrido durante aquellos 40 días.

    Hay científicos que no se explican cómo la supuesta impetuosa caída del diluvio, cuya fuerza de empuje sería de varios millones de toneladas, no hundió el arca o por lo menos no lo hizo semiflotar bajo el agua, al estilo de un submarino. Algo imposible esto último, pues el agua se hubiera colado a raudales por el ventano, ahogando a todo el género humano y animal allí alojado. Tampoco es explicable cómo el arca no se desintegró con la titánica fuerza de las aguas en movimiento descontrolado, que generaría al menos olas continuas de varias decenas de metros de altura, algo peor que cualquier tormenta marina que podamos imaginarnos.

    Ante lo aquí expuesto, los adeptos jehovistas buscarán mil y un argumentos para tratar defender lo indefendible, como siempre ha hecho su máxima jerarquía. Es como en las películas del teniente Colombo, donde el asesino encontraba sorprendente explicación a las dudas que le planteaba el estrafalario detective. Al final, el asesino se delataba él solo, ante la incongruencia de lo que inventaba como explicación, todo para tapar aquello en lo que estaba inmiscuido.

    La conclusión del asunto es que lo del arca de Noé tan solo es un relato de apetencias religiosas que los sacerdotes judíos copiaron de antiguos relatos mesopotámicos cuando estuvieron cautivos en Babilonia. Incorporaron a sus escritos, entre otros, el relato del diluvio y el arca que salvó a ocho humanos, aparte de a los animales que en su día se conocían. No cayeron los escritores en la cuenta de que había otros muchos diferentes animales en el resto del planeta, los cuales desconocían por completo.

    Ya en tiempo del rey Josías los sacerdotes “descubrieron” en el templo, durante unas obras, el libro de la Ley. A partir de ahí, que no era más que un trazado inicial inventado y colado como auténtico, comenzaron a armar el esqueleto bíblico con innumerables relatos ficticios, mezclados con algún que otro personaje y situación real, entre los que se mezclan algunos dichos de sabiduría entresacados de la antigua literatura seglar. Los relatos bíblicos son en su mayoría tan genuinos como el arca de Noé y el ejército de animales que albergó durante 190 días.

       

         

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