domingo, 9 de marzo de 2014

La carta del juez Rutherford al canciller alemán Hitler (7)


    Continuación y final del texto íntegro de la ‘Declaración de hechos’ presentada por el presidente de la Sociedad Watchtower de los testigos de Jehová, J. F. Rutherford, al canciller alemán Hitler en 1933. Es traducción del Anuario de 1934 de la Watchtower:

    “Supremo es el poder de Jehová Dios y no existe otro poder capaz de afrontarlo con éxito. El tiempo para ejercer ese poder a favor de la humanidad y para vindicar su gran nombre ya está presente. En esta asamblea solicitamos atención respetuosa a la amonestación de Jehová Dios, tanto por parte de los gobernantes como de los súbditos.  La amonestación divina aplica en este día, y expresa: ‘He instalado a mi rey sobre Sion, mi santa montaña…. Sean sabios, por tanto, oh reyes; entiendan que él juzgará la Tierra. Sirvan al Señor, témanle y regocíjense con temor. Besen al hijo para que no se enoje y  ustedes perezcan al tiempo de que su ira se manifieste. Benditos son todos aquellos que confían en él.’ (Salmo 2:6 y 10 al 12).

    Habiendo declarado el gobierno actual adherencia a los grandes ideales que hemos mencionado, somos persuadidos a creer que los gobernantes no desean deliberadamente oponerse al testimonio del nombre de Jehová Dios ni a su Reino. Es el testimonio que llevamos a cabo. Si nuestra labor es tan solo obra humana, caerá por su propio peso. Mas si es de Jehová Dios y se efectúa de acuerdo con sus mandamientos, significa que resistir dicha obra es combatir contra Dios mismo. (Hechos 5:39).

    Apelamos por ende al gran sentido de justicia del gobierno y de la nación y solicitamos humildemente que la orden de prohibición que pesa sobre nuestros libros y demás literatura sea anulada y que se nos conceda la posibilidad de una audiencia justa antes de ser prejuzgados. Pedimos respetuosamente al gobierno que forme un comité de hombres imparciales para que se reúnan con otro de nuestra organización y que se juzgue de modo justo y ecuánime nuestra literatura y nuestra labor, a fin de que todo este malentendido llegue a su término y para que podamos sin estorbo cumplir con el mandamiento que nos aplica: ‘Vayan, derriben las compuertas; preparen un camino para la gente; hagan una calzada; hagan un empedrado; y guíen al pueblo’. (Isaías 62:10).

    La población alemana es temerosa de Dios y no debería ser privada de la oportunidad de aprender de él y de su misericordiosa provisión para traer paz duradera, prosperidad, libertad y vida eterna en la tierra a todos aquellos que le conocen y obedecen. Que todos los que amamos al señor sigamos trabajando para el honor y la vindicación de su nombre. Quienes toman un camino contrario deben aceptar su responsabilidad ante Dios; pero en cuanto a nosotros, serviremos a Jehová para siempre.

    SE RESUELVE, pues, que copias de esta declaración sean dignamente entregadas a los oficiales del gobierno y que la misma declaración sea generosamente distribuida al público en general, para que el nombre de Jehová sea conocido por todos".          

    Hasta aquí se ha transcrito la llamada “Declaración de hechos” que Rutherford anexionó a su carta de presentación (cuya traducción se publica en capítulos posteriores) dirigida en 1933 al recién ascendido führer alemán. Lo que motivó a Rutherford a redactar la “Declaración de hechos” que la Sociedad Watchtower publicó íntegramente en el Anuario de 1934 de los testigos de Jehová fue lo siguiente: 

    En abril de 1933 el gobierno alemán dio orden de arrestar al personal directivo de la oficina de la Watchtower en Magdeburgo, cursándose seguidamente la proscripción de los testigos de Jehová en buena parte del Reich. Esta fue la razón por la que el juez Rutherford y Nathan H. Knorr, que posteriormente sería elegido presidente de la Watchtower a la muerte de Rutherford en enero de 1942, tomaron urgentemente en Nueva York el avión con destino a Berlín. Aquí prepararon precipitadamente el borrador de la Declaración de hechos con los testigos alemanes, declaración que pocos días más tarde se leyó en el estadio Sporthalle Wilmersdorf de la capital alemana ante un auditorio de unas 7.000 personas, si bien la carta de presentación de la Declaración habla de 5.000 asistentes. Ni Rutherford ni Knorr estuvieron presentes en dicha convención, ya que regresaron a Nueva York con anterioridad al evento.

    Los testigos de Jehová alemanes distribuyeron más de dos millones de copias de la Declaración y enviaron ejemplares adicionales a los miembros del gobierno y a altos cargos y oficiales de la nación. El Anuario de los testigos de Jehová de 1974 (40 años después de la publicación de la Declaración en el anuario de 1934) acepta que hubo gran decepción entre muchos de los asistentes a la asamblea de Berlín de 1933, entendiéndose que hubieran preferido una declaración enérgica y oposición abierta contra el nazismo y no que la Declaración se mostró como una forma de congraciarse con los ideales políticos del gobierno de Hitler. (Continuará).

 

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