viernes, 22 de agosto de 2014

¿Son razonables los testigos de Jehová?


    El periodista y filósofo norteamericano Walter Lippmann acuñó esta sapiencial frase: “Cuando todos piensan igual, ninguno está pensando”. Esto es especialmente cierto entre los testigos de Jehová. Todos piensan igual. Todos lo mismo. Hay unidad de pensamiento doctrinal en todas las congregaciones. Unidad de pensamiento impuesta a machamartillo. Nadie difiere o al menos no se atreve a diferir abiertamente. Y la razón de ello es que el Cuerpo Gobernante no permite a su grey “pensar de forma independiente”. Este pensar independientemente de lo que imponen los dirigentes jehovistas puede suponer la expulsión de quien no se somete al pensar de la gerencia suprema, ahora conocida como el “esclavo fiel y discreto”.

    No importa lo descabellado que pueda ser un punto doctrinal del Cuerpo Gobernante o Consejo Central, el Testigo no puede diferir de él aunque demuestre lo incorrecto de tal punto. Debe aceptar sin rechistar cuanto se le impone. Debe someter su pensamiento al pensamiento del esclavo fiel. No debe pensar por su cuenta o independientemente. No debe razonar lo contrario. No debe usar su intelecto o su propia facultad de raciocinio de modo diferente a como lo hace el grupo dirigente de Patterson. Hacerlo es “apostasía”.

    Si el testigo de Jehová no puede usar libremente o con independencia su facultad de raciocinio, ¿cómo se entienden las palabras de Pablo cuando escribe en Romanos 12:1 que “presenten sus cuerpos como… un servicio sagrado con su facultad de raciocinio”? Aquí el apóstol habla de ‘SU facultad de raciocinio’, es decir, el raciocinio o libre uso de la razón de cada cual, no el de un hipotético cuerpo dirigente de la congregación. El mismo apóstol recalca a los cristianos en su carta a Tito 3:2 “que sean razonables”. Y en Santiago 3:17 leemos que “la sabiduría de arriba es… razonable”.

    Subrayando la palabra ‘razonable’, en Filipenses 4:5 Pablo escribe: “Sea conocido de todos los hombres lo razonables que son ustedes”. Ahora bien, ¿cómo puede un testigo de Jehová demostrar ser razonable si se le priva de razonar o pensar independientemente y solamente debe repetir y utilizar lo que se le enseña y ordena, aunque eso no tenga sentido o no sea razonable? Por ejemplo, en lo que respecto al asunto de ‘la generación que no pasaría’.

    En otro tiempo todos los testigos de Jehová pensaban al unísono, porque así se lo habían implantado, que la generación de la que hablaba Jesucristo era el conjunto de personas que tenía suficiente edad para comprender en 1914 los sucesos mundiales y que de ningún modo morirían los componentes de tal generación sin ver el fin del sistema de cosas mundial o Armagedón y ser establecido el Reino de Dios en la Tierra. Es patente que a quien pensara de manera diferente se le expulsaba.

    Sin embargo, pasó el tiempo y la generación, que se suponía compuesta por individuos de un máximo de 80 años, ya había prácticamente desaparecido toda. Así que para 1995 el Cuerpo Gobernante cambió la doctrina y todos los testigos a una pensaron automáticamente igual. Y quien no pensase eso mismo era expulsado de las filas. La doctrina de la generación se cambió a ‘una generación inicua de gente que no aceptaba el Reino y la predicación de los testigos de Jehová’. Y nuevamente todos los Testigos al unísono pensaron igual.

    Poco tiempo después se volvió a cambiar la doctrina y la generación, tras algunos matices posteriores, se refiere hoy a dos grupos de ungidos que se traslapan unos a otros en el tiempo. El primer grupo estaba vivo en 1914 y el segundo lo componen supuestos ungidos que nacieron después de 1914 y que fueron solapados o traslapados en algún momento por individuos del primer grupo. De esta manera la generación no dura 80 años, sino bastante más. Pudiera ser que 120 años o incluso 150.

    Naturalmente, este último entendimiento de lo que es una generación no es razonable para nadie, pues en el caso que expone el Cuerpo Gobernante se trataría de al menos dos generaciones diferentes. Esto equivale a decir que la generación del general Custer, muerto en 1876, duraría como 150 años debido a que Custer habría traslapado a otros generales más jóvenes, con lo que dicha generación se extinguiría en 2026, aunque posteriormente incluso se le añadan nuevos individuos traslapados y la generación en cuestión dure mucho más. Esto, evidentemente, no es razonable, ya que en este caso habría realmente envueltas varias generaciones de individuos.   

    Aquí los testigos de Jehová, como todos piensan igual porque ninguno puede pensar con independencia del Cuerpo Gobernante, estarían demostrando no ser razonables y por tanto, le estarían llevando la contraria al apóstol Pablo, quien aconseja que “sea conocido de todos los hombres lo razonables que son ustedes”.

    Otra gran irracionalidad que predica el Testigo es la fecha de 1914, la cual, desde el año 1943 (en que el asunto se publicó en el libro “La verdad os hará libres”), sale de añadirle 2.520 años al 607 a.e.c., fecha que el Cuerpo Gobernante enseña como de la destrucción de Jerusalén. Antes de 1943 se predicaba la fecha del 606 en lugar del 607, y era expulsado quien no creyera que el 606 a.e.c. fue el año de la destrucción de Jerusalén. Esta fecha errónea, junto con la de 1914, la aceptó Russell, sin investigar si era cierta o no, de los adventistas, concretamente del adventista Barbour, quien a su vez la había aceptado de otros escrutadores bíblicos anteriores. Cuando se demostró lo erróneo de esas fechas, los adventistas las abandonaron. No así Russell ni Rutherford, que se empeñaron en imponerlas por encima de todo, a pesar de que se habían demostrado incorrectas.

    Quienes pregonaban la fecha del 606 a.e.c. antes de Barbour enseñaban que en ese año comenzaron los 70 de sometimiento de la nación de Judá a Babilonia y que en esos 70 años estaban incluídos los tres grandes destierros de los judíos. La fecha de la destrucción de Jerusalén siempre se la ha entendido como acaecida en el 587 o 586 a.e.c. Pero Barbour no entendió bien el asunto y erróneamente comenzó a predicar que Jerusalén había caído en el 606 a.e.c. y que los 70 años era el tiempo que los judíos permanecieron en el destierro tras ser destruido el templo.

    Esto fue lo que Barbour transmitió a Russell, que no se paró en averiguaciones y sin más se lanzó a pregonarlo a los cuatro vientos. Hoy día el Cuerpo Gobernante sabe que las fechas de 606 y 607 a.e.c. son incorrectas para la caída de Jerusalén, como está demostrado por la Historia, la Arqueología y la Astronomía. Y aún a sabiendas de ello, continúa haciendo que sus adeptos piensen igual, que Jerusalén fue destruída en el 607 a.e.c., ya que sin esa fecha no pueden sumar 2.520 años y llegar a 1914, fecha que también es incorrecta por basarse en especulaciones humanas y no en evidencia bíblica.

    Tal como las de las fechas de 607 y 1914, el Cuerpo Gobernante enseña otras muchas doctrinas que no se hallan en la Biblia y que no son razonables. Y estas mismas son las que predican y enseñan los Testigos de a pie, dado que todos piensan igual porque no les está permitido el pensar independiente o utilizar libremente su facultad de raciocinio. Aunque se empeñen en afirmar lo contrario, no están demostrando ser razonables. No pueden demostrarlo porque están sujetos al mismo modo de pensar común, el que les ha sido impuesto dogmáticamente por un grupo dominante que cree la mentira como verdad y que amenaza permanentemente a sus miembros con el ostracismo.     

 

 

 

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