martes, 21 de octubre de 2014

Dos hermanos dialogan acerca del arca de Noé



-Hola, Pedro. He estado dándole vueltas al tema del arca de Noé y hay cosas que no me encajan.

-Tú dirás, Juan. Pero ¿a estas alturas vienes con dudas?

-Es que a estas alturas, en que te pones a pensar, es cuando aparecen las dudas.

-Bueno, pues ya me contarás.

-El arca vendría a tener 150 metros de largo, por 30 de ancho y por 15 de altura, ¿verdad?

-Sí, más o menos.

-¿Y cuántas ventanas tenía?

-El relato dice que una, junto al techo.

-Y el tamaño de esa ventana era de un codo por cada lado, es decir, como mucho unos 50 centímetros.

-Eso parece, Juan. ¿Y cuál es el problema?

-El problema viene a continuación; pero antes quisiera saber cuántos animales pudieron haber entrado en el arca.

-Tuvieron que haber sido muchos, al menos varios centenares. Tal vez mil… No sé, Juan, no me he detenido nunca a contarlos.

-Es que, Pedro, entraron en el arca una pareja, macho y hembra, de los animales impuros. Y siete parejas de los animales puros. Muchas aves, por ejemplo, entrarían de siete en siete.

-Eso parece ser correcto.

-Bien. Había muchos animales de gran tamaño, ¿no, Pedro?

-Evidentemente, Juan. Había al menos dos elefantes, dos jirafas, dos leones, dos tigres, dos hipopótamos, dos rinocerontes, dos osos, dos caballos, dos avestruces…

-Vale, Pedro, no vamos a enumerar todos. Y ahora vienen las preguntas.

-Pregunta, Juan.

-¿Había suficiente luz en el arca con un simple ventano de menos de medio metro?

-Bueno, con el ventano no parece que hubiera mucha luz. Lo más que quedaría iluminado sería una parte de la planta de arriba.

-Bien observado, Pedro. La planta de arriba quedaría iluminada a medias, o menos. ¿Y las plantas de abajo?

-Las plantas de abajo es evidente que no podrían iluminarse con la luz del día, Juan; pero para eso tuvieron que haber utilizado candiles.

-¿Candiles? ¿Y de qué eran esos candiles?

-Supongo que de aceite, Juan.

-Sí, pero ¿cómo funcionaban, Pedro?

-¿Cómo van a funcionar? ¡Con fuego!

-Ahí está la cuestión, Pedro. Si tenían que utilizar fuego para iluminarse dentro del arca, ¿no era eso peligroso, teniendo en cuenta que las paredes estaban cubiertas de brea que arde con solo aplicar una simple cerilla?

-Hombre, Juan, ya tendrían cuidado…

-Bien, admitamos que utilizaban candiles para iluminar los pisos inferiores. Pero se nos presenta un problema.

-¿Qué problema?

-Que allí dentro había más o menos un millar de bichos de todos los tamaños.

-¿Y…?

-Pues, dicho en claro castellano, que todos cagaban y meaban.

-Ay, Juan qué ordinario eres. ¿No podías ser algo más fino?

-Es que si hablo más fino, no nos vamos a entender bien, Pedro.

-Bueno, vale, todos cagaban y meaban.

-Y en cantidades industriales, ¿no?

-Si tú lo dices…

-Por ejemplo, Pedro, un elefante viene a excretar casi una tonelada por semana.

-¿Tanto?

-Es lo que dicen los zoólogos. Así que dos elefantes cagarían cerca de dos toneladas semanales, sin contar los orines.

-Ya. Y si contamos los demás animales del arca, puede que pasemos de una tonelada diaria de excremento entre todos.

-Y de dos. Y ponle otras dos toneladas de orines. Total, cuatro toneladas diarias.

-Ya, Juan, pero todo eso quedaría en la sentina del arca.

-¿En qué sentina, Pedro? El arca no tenía sentina. No era un barco. Lo que tú llamas sentina era la planta baja, donde se habían acomodado muchos animales. ¿No crees que sería de marranos dejar que les cayera encima la mierda de los demás?

-Bueno, admitamos que era así, que acarreaban cubos hasta el ventano del arca.

-No podía ser de otra manera, Pedro. Y si calculamos a diez kilos por cubo, tenemos un total de 400 cubos por día, que entre 8 personas tocaría a 50 cubos cada una.

-Ya, y si calculamos 10 minutos entre llenar el cubo, subirlo por las rampas o escaleras del arca, tirarlo por el ventano y volver a bajar, vemos que entre todos emplearían poco más de 8 horas diarias, eso sin descansar.

-Ahí está la cuestión, Pedro. Si se tiraban más de 8 horas acarreando cubos sin descansar,  quiere decir que al menos necesitarían otras 8 horas para dar de comer a los animales, sin contar las horas que precisarían para asearlos un poco, que no se sabe de dónde sacarían el agua.

-Lo sacarían de la lluvia que caía, Juan.

-Supongamos que sí. Pero entonces tendrían que tirarse otras 8 horas para acarrear cubos de agua.

-Ya… Y entonces no tendrían tiempo para dormir y comer los ocho individuos del arca.

-Además, Pedro, tanto excremento y orín generaría gas metano.

-¿Gas metano?

-Exactamente. Por eso no podían dejar que el fondo del arca se les llenara de mierda. Si lo hacían, no podían encender candiles para alumbrarse, ya que, al encender el fuego, el gas metano haría que todo aquello explotara.

-Pues sí que me lo pones difícil, Juan.

-Y si no podían encender los candiles, ¿cómo se alumbraban para atender a tanto bicho?

-Y a tientas y a ciegas sería prácticamente imposible aquella misión.

-Totalmente imposible, Pedro. Y otra cosa que se nos pasa por alto es que, si el ventano tenía como mucho medio metro de ancho, se supone que los cubos tendrían algo menos de 40 centímetros; porque si no, no cabrían por la única abertura del arca.

-Ya… Y con tanto pestazo allí dentro, esa única abertura no sería suficiente, ¿verdad?

-No lo sería, Pedro. No se podría respirar en modo alguno.

-¿Sabes? Me has contagiado la duda, Juan. Creo que lo del arca hay tomarlo con pinzas.

-Así es, Pedro.

 

 

 

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