miércoles, 27 de febrero de 2013

El chasco de los 2.520 años de los Tiempos de los Gentiles (3)


    Treinta años después de que Elliot publicara su libro “Horas con el Apocalipsis”, otro entusiasta bíblico, Nelson Horatio Barbour, que fue discípulo del adventista Miller, hizo suyas las fechas 606 a.e.c. y 1914 cuando leyó el libro de Elliot en la Biblioteca Nacional de Londres. La única diferencia entre Barbour y Elliott era que éste presentaba la fecha del 606 a.e.c. como el año de ascenso de Nabucodonosor, en tanto que Barbour defendía el 606 a.e.c. como la fecha de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor en el año 18/19 de su reinado. Tanto Elliott como los predecesores de Barbour entendían que la fecha del 606 a.e.c. correspondía a la del inicio de la servidumbre de Judá al rey de Babilonia, tiempo que duraría 70 años y en los cuales se incluían los tres grandes destierros de los judíos, a saber: el del año 7/8 de Nabucodonosor, en que fueron llevados al destierro 3.023 judíos; el del año 18/19, cuando el arrasamiento de Jerusalén, en que fueron tomadas cautivas 832 personas, y el destierro del año 23/24, en que los judíos apresados y llevados a Babilonia fueron 745.

    Barbour no entendió en absoluto el asunto de los 70 años de servidumbre de los judíos al rey de Babilonia y para él servidumbre y destierro eran la misma cosa. No había captado que Jeremías, cuando habla de servidumbre al rey de Babilonia, se refiere a todas las naciones y no solamente a los judíos. Además el propio Jeremías en su capítulo 27:11 aclara que servir al rey de Babilonia no significaba el destierro, sino que cada individuo, fuera judío o no, podía servirle sin salir de su propio territorio. Barbour no entendió que si los judíos fueron llevados al destierro, en varias etapas, fue porque no sirvieron desde el principio al rey de Babilonia. Y no entendió Barbour que el principal destierro aconteció en el año 7/8 de Nabucodonosor, no en el 18/19, cuando el rey babilonio regresó para destruir la ciudad de Jerusalén.

    Así las cosas, Barbour impuso arbitrariamente a sus adeptos la idea de que los 70 años de servidumbre significaban el destierro y que esos 70 años comenzaron cuando Jerusalén fue destruída y los judíos desterrados. Barbour confundió el destierro del año 7/8 con el del año 18/19 de Nabucodonosor. Aplicó al segundo destierro el número de miles de cautivos tomados en el primero, cuando en realidad los desterrados del año 18/19 fueron casi cuatro veces menos que los del año 7/8 de Nabucodonosor.

    También erró Barbour al interpretar en el capítulo 29 de Jeremías que el profeta estaba dirigiendo su carta a los desterrados del año 18/19, tras la destrucción de Jerusalén. Sin embargo, Jeremías escribe a los desterrados del año 7/8 y a ésos les aplica los 70 años. Les dice que hasta que no terminen los 70 años no saldrán de Babilonia. Pero Jeremías no habla de 70 años de destierro de los judíos. Con los 70 años se refiere a Babilonia, es decir, al tiempo en que Babilonia dominaría como imperio y tendría en servidumbre a todas las naciones. Esos 70 años concluyeron cuando Babilonia cayó ante Ciro en 539 a.e.c. De acuerdo con los historiadores, Babilonia había durado 70 años como imperio tras la conquista del último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán, conquista acaecida en el 609 a.e.c.

    En los tiempos de Barbour todas las biblias vertían el texto de Jeremías 29:10 de la siguiente manera: “Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años…” La preposición “en” del texto había creado durante siglos un mal entendido en los lectores, al interpretar éstos que se refería a los judíos cautivos. Barbour no fue excepción y entendió que el texto venía a decir: “Cuando cumpláis los setenta años de destierro en Babilonia…” Este entendimiento del texto de Jeremías 29:10 fue transmitido por Barbour al joven Charles Taze Russell, apasionado de los temas bíblicos. Russell había recibido a principios de 1876 la revista “El Heraldo de la mañana”, que publicaba Barbour. Tras una entrevista con el editor, Russell aceptó cuanto aquel le enseñó, todo ello sin comprobar si lo transmitido era cierto o no. Llevado por su entusiasmo e inexperiencia, Russell comenzó a predicar cuanto había recibido del adventista Barbour.

    Inculcó Russell a su recientemente creado grupo de Estudiantes de la Biblia las siguientes enseñanzas, entre otras: Que los siete tiempos de Daniel eran lo mismo que los tiempos de los gentiles y que duraban 2.520 años. Que esos siete tiempos comenzaron en el 606 a.e.c. y se extendían hasta 1914. Que en 1914 acontecería el fin de los reinos del mundo en la batalla del Armagedón. Que Cristo reinaría sobre la Tierra hecha un paraíso a partir de 1914. Que Cristo reinaba en los cielos desde 1874 y esperaría durante cuarenta años, hasta 1914, para presentarse visiblemente en la Tierra. Que en el 606 a.e.c. fue destruída Jerusalén por Nabucodonosor. Que los judíos estuvieron 70 años en el destierro desde el 606 hasta el 536 a.e.c. Estas enseñanzas y otras transmitidas por Barbour las publicó Russell en su libro “El tiempo se ha acercado”, publicación que constituía el segundo tomo de la colección “Aurora del Milenio”, después denominada “Estudios en las Escrituras”.          

 

martes, 26 de febrero de 2013

El chasco de los 2.520 años de los Tiempos de los Gentiles (2)


    El escrutador bíblico John Aquila Brown fue el primero que teorizó que los siete tiempos que menciona el profeta Daniel duraban 2.520 años, lo cual dio a conocer en su libro “The Even Tide (El Atardecer)”, que publicó en 1823. Para Brown, esos tiempos comenzaron en el año 604 a.e.c. y terminarían en enero de 1917, con el perfeccionamiento de la gloria de Israel. En los días de Brown ya habían establecido los historiadores que Nabucodonosor había ascendido al trono en el año 605 a.e.c. Por tanto, su primer año de reinado fue el 604 a.e.c., y por esa razón Brown comenzó a contar los siete tiempos a partir de ese año. 

    En enero de 1917 nada sucedió; sin embargo, en diciembre de aquel año el ejército inglés liberó a Jerusalén de los turcos, razón por la cual la tesis profética de Brown cobró actualidad y muchos entusiastas bíblicos se interesaron por la interpretación de Brown. Con todo, muchos de los escrutadores bíblicos pusieron en duda que los siete tiempos hubieran comenzado en el año primero de Nabucodonosor, es decir, en el 604 a.e.c., ya que el sueño del gran árbol lo había tenido el rey babilonio al final de su reinado y no al principio. Por ello algunos sostuvieron la hipótesis de que los siete tiempos deberían haber comenzado antes del 562 a.e.c., año de la muerte de Nabucodonosor, y concluirían algún año antes de 1959.

    Sea como fuere, el grueso de los estudiantes bíblicos prefirió acogerse al año de inicio del reinado de Nabucodonosor, a excepción de William Miller, creador del adventismo. Miller predicó en los años treinta del siglo XIX que los siete tiempos de Daniel concluirían en 1843, entendiendo que a su conclusión vendría el Armagedón, mediante el cual todos los reinos del mundo serían destruídos por el propio Cristo, que regresaría glorioso a la Tierra ese año. Miller estimó que el comienzo de los siete tiempos se dio en el 677 a.e.c., año en que creía que el rey Manasés de Judá fue tomado cautivo por los babilonios. Al aplicar 2.520 años a dicha fecha, llegó Miller a 1843 como año del fin de los tiempos. Transcurrido el año 1843 sin que acontecieran la venida de Cristo y el Armagedón, Miller pospuso los acontecimientos para 1844, que también transcurrió sin que sucediera nada de lo esperado. Tras la decepción consecuente, varios de los seguidores de Miller estimaron que Cristo sí había venido, pero que se trataba de una presencia invisible en el cielo, no en la Tierra, en tanto que el Armagedón vendría en un tiempo futuro no precisado.

    En 1843, el año primero en que Miller esperaba el regreso de Cristo, el teólogo Thomas Rawson Birks publicó el libro cuyo título en castellano se traduce como “Primer elemento de la sagrada profecía”. Para el tiempo de Birks aún se creía que el primer año de Ciro, el conquistador de Babilonia, había correspondido al 536 a.e.c. Birks leyó en Jeremías 52:12 que Nabucodonosor había arrasado Jerusalén en el año 19 de su reinado. Puesto que la creencia común era que tal suceso había tenido lugar en el 587 a.e.c., lo que hizo Birks fue sumar 19 años al 587 y así llegó al 606 a.e.c. como año de entronización de Nabucodonosor, a pesar de que los historiadores afirmaban que el año en cuestión fue el 605 a.e.c. Birks creyó ver confirmada la fecha del 606 en los escritos que publicaron: D. Pareus en 1618; R. Fleming en 1701; John Gill en 1776; Galloway en 1802 y Faber en 1806. También observó que la adición de los 70 años de servidumbre de los judíos al rey de Babilonia, aplicados a la fecha del hipotético año primero de Ciro, el 536 a.e.c., llevaba igualmente al 606 a.e.c.

    No obstante, Birks se equivocó al añadir 19 años al 587, ya que no es lo mismo la expresión “año 19” que “19 años”. Birks debió haber sumado 18 años al 587 y así hubiera llegado al año correcto de ascensión de Nabucodonosor. Con todo, la errónea fecha del 606 a.e.c. quedó fijada para la posteridad y fue tomada como referencia por otros escrutadores bíblicos, más que nada porque dicho año 606 salía también añadir 70 años al 536 a.e.c. Con el tiempo se demostraría que el primer año de Ciro transcurrió, por el cómputo judío, de octubre del 539 a.e.c. a octubre del 538 a.e.c.; y, por el cómputo babilonio, del comienzo de la primera del 538 a.e.c. al comienzo de la primavera del 537 a.e.c. Por tanto, la vieja fecha del 606 a.e.c. que llevaba siglos en la palestra, debería en justicia haberse desplazado al año 609 ó 608 a.e.c., lo cual no se hizo y así fue perpetuado el error.

    En 1844, el estudioso bíblico Edward Elliot, publicó su libro “Horas con el Apocalipsis”. Entre otros, le seguiría en 1849 Robert Seeley con su obra “Atlas de profecía”. Elliot fue el primero en afirmar que los siete tiempos corrían del 606 a.e.c. a 1914. También fue el primero en equivocarse en un año, ya que entre ambas fechas mediaban 2.519 años y no 2.520. La teoría de Elliot fue aceptada por muchos de los que entonces andaban haciendo cábalas con las fechas.

        

lunes, 25 de febrero de 2013

El chasco de los 2.520 años de los Tiempos de los Gentiles (1)

 
    El profeta Daniel, en el capítulo 4 del libro bíblico de su nombre, interpreta un sueño que tuvo el rey babilonio Nabucodonosor. Soñó el rey que un gran árbol era cortado  y se le puso una atadura metálica alrededor del tronco, permaneciendo en ese estado durante siete tiempos. En Daniel, capítulo 4, se lee:

    “Un árbol había en el centro de la tierra, de altura muy grande... En esto, un vigilante, un santo, bajaba del cielo. Con recia voz gritaba así: ‘Abatid el árbol... pero dejad en tierra tocón y raíces con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo. Sea bañado del rocío del cielo y comparta con las bestias la hierba de la tierra. Deje de ser su corazón de hombre, désele un corazón de bestia y pasen por él siete tiempos...  para que sepa todo ser viviente que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres: se lo da a quien le place y exalta al más humilde de los hombres’".

    La interpretación que Daniel da a Nabucodonosor es la siguiente: Ese árbol que has visto... eres tú, oh rey, que te has hecho grande y poderoso, cuya grandeza ha crecido y ha llegado hasta el cielo, y cuyo dominio se extiende hasta los confines de la tierra. En cuanto a lo que ha visto el rey: un vigilante, un santo que bajaba del cielo y decía: ‘Abatid el árbol, destruidlo, pero el tocón y sus raíces dejadlos en tierra, con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo, y sea bañado del rocío del cielo y comparta la suerte con las bestias del campo hasta que hayan pasado por él siete tiempos’, ésta es su interpretación, oh rey... Serás arrojado de entre los hombres y con las bestias del campo morarás; hierba, como los bueyes, tendrás por comida, y serás bañado del rocío del cielo; siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el imperio de los hombres y que se lo da a quien le place. Y la orden de dejar el tocón y las raíces del árbol, significa que tu reino se te conservará hasta que hayas reconocido que todo poder viene del Cielo”.

    El relato bíblico continúa: “Todo esto le sobrevino al rey Nabucodonosor. Doce meses después, paseándose por la terraza del palacio real de Babilonia, iba diciendo el rey: ‘¿No es ésta la gran Babilonia que yo he edificado como mi residencia real, con el poder de mi fuerza y para la gloria de mi majestad?’ Aún estaban estas palabras en la boca del rey, cuando una voz cayó del cielo: ‘¡A ti se te habla, rey Nabucodonosor! La realeza se te ha ido. De entre los hombres serás arrojado, con las bestias del campo morarás; hierba como los bueyes tendrás por comida, y siete tiempos pasarán por ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y se lo da a quien le place’. Y al punto se cumplió la palabra en Nabucodonosor: fue arrojado de entre los hombres, se alimentó de hierba como los bueyes, su cuerpo fue bañado del rocío del cielo... Al cabo del tiempo fijado, yo, Nabucodonosor, levanté los ojos al cielo, y la razón volvió a mí; entonces bendije al Altísimo, alabando y exaltando al que vive eternamente, cuyo imperio es un imperio eterno, y cuyo reino dura por todas las generaciones”.

    Los siete tiempos que menciona Daniel se han considerado siempre por los doctos bíblicos como siete años literales, durante los cuales Nabucodonosor perdería la cordura, ya al final de su reinado. Sin embargo, no hay evidencia histórica de este hecho. El profeta Daniel aplicó únicamente esos siete tiempos a Nabucodonosor y ahí quedó todo. No obstante, a lo largo de los siglos, algunos estudiosos de la Biblia, no conformes con la sencilla interpretación del profeta, consideraron que esos siete tiempos debían tener un cumplimiento mucho mayor. Por lo general, y particularmente desde los tiempos de la Edad Media, se ha estimado que la duración de esos siete tiempos era de 1.260 años. Llegado el año 1823, el biblista John Aquila Brown elevó al doble el número de años de los siete tiempos de Daniel. En su libro “The Even Tide” (El Atardecer), Brown fue el primero que teorizó que los siete tiempos duraban 2.520 años.

    Por otro lado hubo entusiastas bíblicos tardíos que creyeron que los siete tiempos de Daniel tenían la misma larga duración y eran los mismos que los tiempos de los gentiles de los que habla Jesucristo en el evangelio de Lucas 21:24, donde se lee: “Y caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles”. Aquí Jesucristo hablaba en tiempo futuro y se refería a la destrucción de Jerusalén por los romanos, acaecida en el año 70 de nuestra era. No se indica duración alguna de esos tiempos de los gentiles. No se dice que los tiempos de los gentiles comenzaron a correr con carácter retrospectivo, seis siglos atrás. Los siete tiempos del profeta Daniel se refirieron exclusivamente a Nabucodonosor. Los tiempos de los gentiles son otros diferentes, de los que no se especifica duración. Aún así, los que jugaban con la numerología creyeron haber recibido cierta inspiración divina al mezclar los siete tiempos de Daniel con los tiempos de los gentiles, e interpretar ambos con una hipotética y común duración, a saber, 2.520 años.  

 

sábado, 23 de febrero de 2013

Las chapuzas teocráticas del Cuerpo Gobernante


    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová dio, trastocando toda la doctrina testiguil, un definitivo golpe de timón en octubre de 2012, atribuyéndose en exclusividad el título de “Esclavo Fiel y Discreto” que antes era distintivo de los llamados “ungidos” o miembros testigos que al morir esperan ir al cielo a reinar con Cristo. Hasta esa fecha, el Cuerpo Gobernante tan solo era el autonombrado representante del Esclavo Fiel y Discreto o grupo de “ungidos”.

    Este drástico cambio o remiendo doctrinal contradice todo lo que hasta la fecha y durante casi un siglo venía manteniendo, por un lado, la Sociedad Watchtower de Pensilvania (junto con la de Nueva York), administradora de los asuntos de los testigos de Jehová y particularmente del Esclavo Fiel y Discreto, éste considerado como el vocero de Dios en la Tierra y el administrador de los bienes del amo Jesucristo.

    Por otro lado, a partir de 1976, en que tomó el poder de la Sociedad el Cuerpo Gobernante, creado en 1971, la Sociedad Watchtower y su presidente comenzaron a operar bajo las directrices del recientemente auto ascendido Cuerpo Gobernante, pasando el presidente a ser una figura secundaria.

    El Cuerpo Gobernante se encargó de la redacción de la literatura de los testigos de Jehová a partir de 1976. Hasta 1975 y durante el mandado del presidente Knorr, la autoría de los libros, si bien no figuraba nombre de autor en ellos, era competencia exclusiva del vicepresidente Franz, que más tarde ocuparía la presidencia.

    Entre 1917 y 1941, los libros los escribía el presidente Rutherford. Y el presidente Russell hizo anteriormente otro tanto hasta el día de su muerte, el 31 de Octubre de 1916. Quiere decir que durante todo ese tiempo no hubo un Cuerpo Gobernante que fuera autor de la literatura de los Estudiantes Internacionales de la Biblia primero, y de los testigos de Jehová después, sino que todo el tema de redacción era cometido único del presidente de turno de la Sociedad Watchtower. Con carácter retroactivo, se llamó “cuerpo gobernante” a la junta de directores de la Sociedad Watchtower. Pero en la actualidad sigue habiendo una junta de directores de la Sociedad, aparte del Cuerpo Gobernante.

    Durante el transcurso de las décadas, la doctrina de la Sociedad Watchtower, absorbida después por el Cuerpo Gobernante, ha sufrido innumerables cambios, basándose los redactores de la literatura testiguil -especialmente del órgano oficial, la revista La Atalaya-, en el texto bíblico de Proverbios 4:18, que dice que “la luz se hace más brillante hasta que el día queda firmemente establecido”. Los masones aplicaban este texto al entendimiento aumentante que se tenía de los asuntos. De los masones pasó esta aplicación a Russell, quien se reconoció como masón en un discurso ante los masones reunidos en Pasadena.

    Russell dejó escrito que “nueva luz (refiriéndose a luz más brillante) no extingue una luz anterior, sino que añade a ella”. A partir de Rutherford y hasta el día de hoy, la Sociedad Watchtower y el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová se basaron en Proverbios 4:18, no para aumentar la luz del conocimiento, sino para cambiar por completo de luz en lo referente al entendimiento que tenían de las doctrinas bíblicas y no bíblicas. Es decir, hasta ahora lo que se ha hecho es apagar una luz anterior y encender otra nueva en su lugar, según la conveniencia de los tiempos, lo cual no es “luz más brillante”. Vemos que “el día nunca llega a estar firmemente establecido” entre los testigos de Jehová.

    Si alguien señala la razón por la que los dirigentes de los testigos de Jehová han ido cambiando “la verdad” a través de los años, el Cuerpo Gobernante responde que “no es la verdad lo que cambia, sino el entendimiento de la verdad”. Esa declaración significa que los testigos de Jehová nunca han estado en la verdad, sino en el “entendimiento de la verdad”. Jesucristo dijo que “la verdad os libertará”. El testigo de Jehová, pues, no es libre, ya que no conoce la verdad, sino únicamente el “entendimiento cambiante de la verdad”. El testigo vive esclavizado a la organización del Cuerpo Gobernante, que le exige dedicación completa, tiempo, energías y medios económicos, entre otros, además de evitar compañerismo y amistad con personas no testigos, a quienes despectivamente califica de “mundanos”.

    Volviendo al texto de Proverbios 4:18, éste no se refiere a la “luz aumentante del entendimiento”, sino a la actitud o proceder de los justos en comparación con los inicuos. Por lo general, el Cuerpo Gobernante (ahora el único Esclavo Fiel y Discreto) no aplica el versículo 19 de ese capítulo 4 de Proverbios, que habla del camino de los inicuos, sino que se limita al versículo 18, que compara con la luz brillante el camino de los que andan en la justicia. Con el tiempo los justos “brillan” más en ese camino de la justicia, mientras los inicuos tropiezan en la oscuridad de su actuar.

    El reciente cambio doctrinal por el que el Esclavo Fiel y Discreto es ahora única y exclusivamente el Cuerpo Gobernante, ha levantado no pocas protestas entre los ancianos y superintendentes de circuito y distrito, así como entre muchos testigos de a pie, todos los cuales no ven bíblico este cambio caprichoso. La realidad es que tampoco es bíblico el entendimiento que aún se tiene de proverbios 4:18, entendimiento que no es más que una excusa para los cambios doctrinales de los dirigentes de los testigos de Jehová.

    Otros creyentes testigos también cuestionan el nuevo entendimiento, pero prefieren callar su opinión so pena de ser expulsados de la congregación. La expulsión implica ostracismo por parte de sus excompañeros y amigos testigos y muchos perderían hasta sus trabajos y familias. No obstante, la mayoría de los testigos de Jehová aceptan a ojos ciegas el nuevo cambio, basados en la creencia de que todo lo que proviene del Cuerpo Gobernante es palabra irrefutable del propio Jehová y de su hijo Jesucristo, no importa lo ilógico de la “nueva luz”. Esta mayoría pone inconscientemente al Cuerpo Gobernante por encima del mismísimo Jehová. De hecho los nuevos cánticos congregacionales van dando más énfasis a los hombres que dirigen la “organización”.

    Se mire por donde se mire, la organización del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová ha demostrado ser, a través de los años, tan solo un caldero agujereado y lleno de parches, tanto que es muy probable que surja ahora un nuevo cisma entre los testigos de Jehová disconformes con la nueva doctrina de la identificación del Esclavo Fiel y Discreto. Ya en el pasado se dieron varios de estos cismas por la disconformidad de las “nuevas luces”.