miércoles, 20 de septiembre de 2017

Acerca de Nazareth de Galilea (y 3)


 

    Jerónimo de Estridón no solamente tradujo del griego al latín, sino que incorporó nuevos pasajes a su Vulgata, como los del nacimiento de Jesucristo en Belén y la resurrección, pasajes que después la Iglesia iría ampliando, al igual que ampliaría otras partes del Nuevo Testamento, como la ‘gran inserción’ efectuada a principios del siglo XV y que comprende los textos de Lucas 9:51 a Lucas 18:14, que tampoco vienen en el códice Sinaíticus, así como en otros códices de similar antigüedad.

    Al mismo tiempo incorporó Jerónimo al Nuevo Testamento todo lo relativo a Nazareth. Creyó entender de un texto del Antiguo Testamento que el Mesías sería llamado ‘nazareno’. En realidad sería ‘nazareo’, es decir, algo consagrado a Dios. Pero con la expresión ‘nazareno’ Jerónimo entendió que el Mesías sería de Nazareth, sin caer en la cuenta de que esa población no existía en los tiempos atribuídos a Jesucristo. En el siglo IV ya sonaba el nombre de Nazareth como urbe y Jerónimo pensó que Nazareth tenía muchos siglos de vida y que por lo tanto existía como tal en el siglo I, al tiempo que también pensaba que en ese siglo Nazareth ya tenía sinagoga, cuando la realidad es que la sinagoga se erigió antes de finales del siglo III. 

    Llegados a estas alturas, cabe preguntarse: ¿en qué documentos se basó Eusebio de Cesarea para escribir los cincuenta códices que le encargó el emperador Constantino, si ni el propio Jerónimo  conoció documentos anteriores a los escritos neotestamentarios de Eusebio? Llegamos a la inevitable conclusión de que Eusebio se basó en la misma fuente mediante la cual compuso su ‘Historia eclesiástica’ y las cartas de los padres apostólicos. ¿Qué fuente? Su propio pensamiento. Con la Historia eclesiástica’ y las cartas de los padres apostólicos Eusebio quería demostrar que existieron los personajes centrales del Nuevo Testamento y que la Iglesia ya existía en el siglo I, cuando la realidad es que fue fundada por Constantino poco antes del Concilio de Nicea, que él mismo presidió como padre material de tal iglesia.

    Por tanto los códices que escribió Eusebio eran copia de un primer códice que él mismo elaboró e inventó, probablemente ayudado por Lactancio en lo que respecta a las cartas paulinas, que fueron las primeras en escribirse. Eusebio no pudo basarse en documentos neotestamentarios que no existían antes del siglo IV. Todos los papiros que la Iglesia atribuye a los siglos II y III son traducción griega de la Vulgata de Jerónimo, compuesta a finales del siglo IV. Por tanto esos papiros no pueden ser anteriores al siglo IV, aunque se les presente con caligrafía antigua para hacer creer que tales papiros son mucho más viejos.

    Por otro lado, la Historia no da razón de los padres apostólicos, a excepción de Orígenes y Tertuliano, que en modo alguno fueron padres de la Iglesia, ya que ésta se fundó en el siglo IV. Tampoco dan razón los historiadores de la existencia de Jesucristo y los apóstoles. Filón de Alejandría, que vivió en los años en que se supone que vivió Jesucristo, nada dice de él, y eso que el evangelio reseña que la fama de Jesucristo traspasó las fronteras. La Iglesia afirma que no interesaba la figura de Jesucristo, lo cual no es cierto, pues siempre interesa la figura de una persona de la que se dice que cura enfermos, resucita muertos y convierte el agua en vino, no importa su nacionalidad o credo. Hasta al mismo emperador romano le hubiera interesado y es seguro que hubiera hecho llamar al nazareno a su presencia, pues Galilea y Judea estaban bajo la jurisdicción de Roma.  

    Los evangelios hablan de Jesús de Nazareth. Pero resulta que en los tiempos que se atribuyen a Jesús no existía Nazareth, una población que comenzó su andadura después del año 135, en el siglo II. Hasta el siglo III no tuvo Nazareth sinagoga. Sin embargo en el evangelio se lee que Nazareth tenía sinagoga. Eso significa que los evangelios fueron escritos después del siglo III. No pudo haber sido de otra manera. Y es patente que la inclusión de Nazareth en los evangelios es posterior a Eusebio de Cesarea, pues en el tiempo de éste se desconocía que Nazareth hubiera tenido algo que ver con Jesucristo. Hasta que no vino Jerónimo de Estridón y compuso la Vulgata poco antes de mediados del siglo IV, no saltó Nazareth a la palestra.  

 

 

 

 

 

martes, 19 de septiembre de 2017

Acerca de Nazareth de Galilea (2)

 


    Ya se ha adelantado que los romanos masacraron a los varones de Jafa en el año 67. Tres años más tarde, en el 70, destruían Jerusalén. No pocos judíos huyeron de la ciudad antes de que las tropas romanas estuvieran apostadas en sus murallas. Con el tiempo estos judíos y otros que vivían en lugares lejanos se establecieron en Jerusalén, tras reconstruirla. En el año 135 los romanos volvieron para sofocar la rebelión de la ciudad y masacraron a todos sus habitantes.

    Antes de que los romanos se acercaran a Jerusalén en el año 135, hubo familias que abandonaron la ciudad, habida cuenta de lo que ya había ocurrido en el año 70, en que la mayoría quedó atrapada dentro de la ciudad cuando los romanos la cercaron. Entre las familias que huyeron en el año 135 se contaba la de una de las divisiones sacerdotales. Esta familia emigró hacia el norte y se estableció en Galilea, precisamente en la ladera de la colina a cuyo pie estaba la llanura que albergaba el cementerio de la ciudad de Jafa. Cuando esta familia se estableció en la colina del cementerio de Jafa, allí no había construcción alguna, ni en la colina ni en la llanura, dado que ésta era un cementerio.

    Al principio no habría más que una casa familiar en la ladera de la colina que daba al cementerio de Jafa. Con el tiempo los hijos buscaron cónyuge entre los habitantes de la cercana Jafr y se independizaron de la familia, fundando nuevas casas en la ladera de la colina. Les nacieron descendientes que a su vez se casaron con personas de Jafa y que también se establecieron en la ladera de la colina, sobre la llanura del cementerio, con lo que las casas se multiplicaban en dicha ladera.

    La creciente ladera iba ya siendo una urbe. En el último tercio del siglo III, dado que las personas de esa urbe no cabían en una casa particular para sus reuniones religiosas, erigieron una sinagoga. Pues bien, esta población tomó el nombre de Nazareth y de ella se habla a partir de principios del siglo IV. Con el tiempo Nazareth ocupó la llanura donde estaba el cementerio de Jafa. Para poder construir la ciudad en esa parte hubieron de retirarse durante siglos los huesos de humanos que aparecían al excavar para poner los cimientos de las casas.   

    La primera casa de Nazareth, pues, se construyó a mediados del siglo II. Las familias fueron creciendo y se construyeron nuevas casas, con lo que se dio comienzo a la población de Nazareth. Hasta el último tercio del siglo III no tuvo sinagoga. Por tanto Nazareth no existía en tiempos de Josefo ni en los tiempos en que se compuso el Talmud. Esa es la razón de que ni Josefo ni el Talmud mencionen a Nazareth en sus listados de Galilea. Si Nazareth no existía en los tiempos de Josefo, casi a finales del siglo I, mucho menos existía en los tiempos atribuidos a Jesucristo. En esos tiempos la llanura donde siglos más tarde se alzaría Nazareth era el cementerio de la ciudad de Jafra. En los tiempos de Jesucristo, como está demostrado históricamente, no existía Nazareth ni en la ladera de la colina ni en la llanura. 

    ¿Por qué hablan los evangelios de Jesús de Nazareth, si en sus presumibles tiempos no existía Nazareth? Por un error del autor de la Vulgata, Jerónimo de Estridón. A Jerónimo se le encargó hacia el año 382 que tradujera al latín uno de los códices en griego que había escrito Eusebio años atrás. La razón de traducirlos al latín era que lo escrito por Eusebio en griego contenía acrósticos entre las líneas, acrósticos que denunciaban que lo escrito era falso. Jerónimo, pues, tradujo de ese códice y se basó también en varias traducciones latinas que de ese códice existían en su tiempo, aunque dichas traducciones no eran todo lo uniformes que se quisiera y diferían entre sí. Jerónimo se basó en uno de los códices de Eusebio y en las traducciones latinas que del códice mejor le parecieron. No encontró documentos anteriores al siglo IV en los que basar su traducción.  

 

 

lunes, 18 de septiembre de 2017

Acerca de Nazareth de Galilea (1)

 


    Muchos lectores han pedido una explicación sucinta sobre si realmente existía o no existía la población de Nazareth de Galilea en tiempos de Jesucristo. Se resume a continuación la información desde la perspectiva histórica, aunque ya en artículos anteriores se había adelantado la cuestión.

    Los fieles cristianos en general creen que los apóstoles eran judíos. Según los evangelios, todos eran galileos, excepto Judas Iscariote, que se supone que era judío, aunque ello no está del todo claro. También creen los fieles que Jesucristo era judío. En realidad era galileo. Que naciera en Judea por las circunstancias en que se vieron sus padres al empadronarse en Belén, es otro asunto; pero Jesús era galileo, criado en Galilea. Se le conoce en los evangelios como Jesús de Nazareth y no como Jesús de Belén.

    El historiador judío Flavio Josefo, del siglo I, estuvo destinado como comandante en Galilea y escribe que en el año que en nuestro cómputo corresponde al 67, los romanos masacraron a los varones de la ciudad de Jafa, en Galilea. Josefo habla de quince mil muertos; pero es evidente que se trata de una exageración, si no de él, de algún copista posterior. El caso es que los muertos de Jafa, que fueron muchos, recibieron sepultura en el cementerio de la ciudad, que se hallaba a un kilómetro y medio hacia el norte, en una llanura al pie de una colina. Es tan importante esto, que lo repetimos: los muertos de Jafa fueron enterrados un kilómetro y medio hacia el norte, en una llanura al pie de una colina. Esa llanura era el cementerio de Jafa.

    Josefo además menciona las 45 poblaciones de Galilea de su tiempo, muchas de ellas aldeas de menos de cien habitantes; pero no cita Nazareth. La Iglesia dice que Josefo no menciona a Nazareth en su listado de las poblaciones de Galilea porque no era una población importante. Sin embargo el evangelio dice que Nazareth tenía sinagoga. Si tenía sinagoga, era una población importante. Solamente las poblaciones importantes tenían sinagoga. Josefo, pues, no menciona a Nazareth, y eso que, por tener sinagoga, era una urbe importante. En cambio sí que menciona Josefo poblaciones de menor importancia, como las pequeñas aldeas; pero no menciona a Nazareth y eso resulta extraño. ¿Por qué Josefo no menciona a Nazareth en su listado?

    El Talmud judío del siglo II lista las 61 poblaciones existentes en aquel tiempo en Galilea; y tampoco menciona a Nazareth. ¿Por qué el Talmud judío no menciona a Nazareth? Y del año 333 se conserva un mapa -se cree que mandado confeccionar por la emperatriz Elena, madre de Constantino- con el recorrido que los peregrinos debían hacer por tierra santa. El itinerario parte de Belén porque era la ciudad del rey David. El mapa traza el recorrido por Jerusalén y Cafarnaúm y deja de lado a Nazareth. Si Nazareth fue la ciudad donde el ángel Gabriel se apareció a María y donde Jesucristo se crió, debería esa población figurar en el mapa. ¿Por qué no figura Nazareth en ese mapa del año 333?

    Y aquí entra el códice Sinaíticus, el más antiguo de todos los códices neotestamentarios conocidos y descubierto en el monasterio de Santa Catalina del Monte Sion por Konstantin Tischendorf en el siglo XIX.  Todos los eruditos están de acuerdo en que este códice se escribió antes de mediados del siglo IV. Se cree que el códice es una de las cincuenta copias del Nuevo Testamento que el emperador Constantino encargó escribir a Eusebio de Cesarea. Las copias fueron repartidas entre casi todos los obispos de la Iglesia Católica recién creada. Estos obispos era la primera vez que tenían acceso a los escritos del Nuevo Testamento y fueron nombrados por Constantino en el año 312. Con ellos celebró el emperador su primera reunión el año 313 en la ciudad francesa de Arelate (hoy Arlés).

    En el códice Sinaíticus no figura Nazareth ni se habla del nacimiento de Cristo en Belén ni de su resurrección y ascensión. El códice es tan diferente de lo que dicen las biblias actuales, que muchos teólogos afirman que el Sinaíticus es un códice herético. Sin embargo está demostrado que se trata de una copia auténtica de los primeros tiempos de la Iglesia, copia que escapó del control eclesiástico cuando lo habitual era que los códices se retirasen y se sustituyesen por otros nuevos que incluían las añadiduras pertinentes. Los análisis con rayos ultravioletas han detectado que del Sinaíticus se han borrado centenares de pasajes y en su lugar se han escrito otros para adaptarlos a la Vulgata que Jerónimo compuso a finales del siglo IV por encargo del obispo de Roma, Dámaso. Entonces no existía la figura del Papa y al obispo de Roma se le consideraba un obispo más de la Iglesia creada en los años veinte del siglo IV.

    ¿Por qué ni Josefo, que conocía a fondo Galilea, ni el Talmud mencionan a Nazareth? ¿Por qué el mapa del año 333 con el itinerario de las poblaciones de tierra santa no incluye a Nazareth en el recorrido?     
 
 
 
 

 

domingo, 3 de septiembre de 2017

Por qué los 144.000 son un grupo simbólico y no literal


 
    El grupo de los 144.000 aparece solamente en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis. Según la Iglesia, este libro se escribió a finales del siglo I, aunque no se incluyó en el Canon hasta finales del siglo IV. La Iglesia Católica confirmó el Canon del Nuevo Testamento en el año 397, en el Concilio de Cartago, aunque en el 393 lo había decidido en el Concilio de Hipona. Se basó en la primera lista que existió de esos libros, confeccionada por el obispo Atanasio de Alejandría en el año 367. Tal lista la hizo pasar la Iglesia como que era del siglo II.

    Atanasio se basó en los códices de Eusebio de Cesarea, redactados en el primer tercio del siglo IV, aunque Eusebio incluía como inspirados los libros El Pastor de Hermas y la Odas de Salomón. No se conocen códices anteriores al tiempo de Eusebio. Los papiros cuya paleografía copió la Iglesia entre finales  del siglo IV y principios del V los hizo pasar como de los siglos II y III para hacer creer que los evangelios y epístolas eran del siglo I.

    Siendo el caso que los 144.000 solamente aparecen en un libro escrito, según se dice, a finales del siglo I, tenemos que Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos no conocieron la doctrina de los 144.000 (no digamos si el libro se escribió en el siglo IV). Y si no la conocieron, eso significa que tal doctrina no es esencial para el cristiano, ya que los principales cristianos nada supieron de ella.

    Los testigos de Jehová, o más exactamente, su Cuerpo Gobernante, enseñan que los 144.000 son un grupo literal de ungidos que están destinados a ir al cielo al morir y que desde allí gobernarán sobre la Tierra con Jesucristo al frente.

    En los primeros versículos del Apocalipsis se lee que todo lo escrito en tal libro se dio en señales o símbolos. Quiere decir que todo el Apocalipsis es simbólico y no literal. Simbólicos son, por lo tanto, el Armagedón, los 144.000, la gran muchedumbre y la expresión de ‘la muerte no será más’, que el Apocalipsis retoma de Isaías, quien hablaba en términos puramente metafóricos o simbólicos, manifestando la alegría del pueblo de Israel.

    Vayamos a los 144.000 que el Cuerpo Gobernante de los Testigos llama ungidos. La palabra ‘ungido’ significa ‘Cristo’. Cuando el Cuerpo Gobernante dice que hay 144.000 ungidos, en realidad está diciendo que hay 144.000 cristos, más el Cristo principal. ¿Cómo sabemos que estos 144.000 son simbólicos y no literales, aparte de que el Apocalipsis menciona que el libro está escrito en señales o símbolos?

    La primera vez que en el Apocalipsis se menciona a los 144.000 es con relación a las tribus de Israel cuyos individuos tenían que ser sellados. Estos 144.000 están a punto de entrar en la gran tribulación, pero los ángeles están reteniendo la misma hasta que los 144.000 sean sellados. El número 144.000 es simbólico y representa la totalidad del pueblo de Israel, a razón de 12.000 individuos de cada una de las 12 tribus. Aunque las tribus de Israel eran literalmente 12 en términos generales, sin embargo en realidad había 13 tribus, dado que la de José se escindió en dos: la de Efraín y la de Manasés. La inclusión de José y la no inclusión de Dan en el listado del Apocalipsis se debe indudablemente a un error del escritor.

    Como el Apocalipsis se está expresando en símbolos, emplea el número 12 para las tribus y los 12.000 individuos de cada tribu son simbólicos, pues representan la totalidad de los que componen cada tribu. El total de las 12 tribus es, pues, de 144.000 personas. 144.000 es el número simbólico que representa la totalidad de los individuos del pueblo de Israel.

    Cuando estos 144.000 o totalidad de Israel entran en la gran tribulación, salen de ella como ‘gran muchedumbre’, que nadie podía contar. Evidentemente, salen menos de los que entraron. Si entró la totalidad en la gran tribulación, de ella sale un número incontable de personas. Por tanto, los 144.000 y la gran muchedumbre son los mismos y ambos están delante del trono de Dios, es decir, en el mismo cielo. Pero este cielo es también simbólico.

    Rutherford se adelantó demasiado al declarar en 1935 que la gran muchedumbre eran las personas que le escuchaban y que no tenían esperanza de ir al cielo. Pero el Apocalipsis dice que la gran muchedumbre sale de la gran tribulación. Y como la gran tribulación aún no ha acontecido, quiere decir que esa gran muchedumbre está en el futuro, cuando los 144.000 o totalidad del pueblo entre en la gran tribulación y salga de ella como gran muchedumbre incontable.

    El Cuerpo Gobernante enseña que los 144.000 son hombres y mujeres, y están casados o solteros. Sin embargo en el Apocalipsis leemos que los 144.000 son vírgenes, es decir, que no han tenido contacto sexual y por ello se entiende que están solteros y no casados. Dice además el Apocalipsis que los 144.000 ‘no se contaminaron con mujeres’ (TNM), lo que significa que todos ellos son varones, es decir, varones solteros. Según el Apocalipsis, los 144.000 serían todos varones ‘vírgenes’. El Cuerpo Gobernante insiste en decir que esta parte de ‘vírgenes y no contaminarse con mujeres’ es simbólica, en tanto que los 144.000 los considera literales; pero tal cosa es imposible. O es simbólico todo el texto o es literal. Y el propio Apocalipsis aclara que todo lo escrito es simbólico o dado en señales. Todo él sin excepción.

    Los 144.000, pues, son individuos simbólicos que representan la totalidad del pueblo creyente antes de entrar en la gran tribulación. Salen de ella como gran muchedumbre incontable y posteriormente se les vuelve a denominar ‘los 144.000’ porque para entonces componen la totalidad del pueblo ya en el santuario del templo, santuario donde precisamente está la gran muchedumbre y que no es otra que el grupo de los 144.000 individuos simbólicos. No existe un grupo de 144.000 personas que literalmente gobernarán sobre la Tierra, ni existe un grupo separado conocido como ‘gran muchedumbre’. El reinado es también simbólico en este caso.

    El Cuerpo Gobernante fracasó estrepitosamente en la interpretación del Apocalipsis para nuestro tiempo. Por eso tuvieron que rectificar varias veces, publicando hojas aparte, muchos párrafos del contenido del libro ‘Apocalipsis… su culminación’, de la Watch Tower. La no aceptación de la interpretación del Apocalipsis que daba el Cuerpo Gobernante era motivo de expulsión por apostasía. Al final es el Cuerpo Gobernante el apóstata de sus propias doctrinas apocalípticas, como señalan incluso algunos ancianos.

    Hay teólogos que no entienden cómo el Apocalipsis fue incluido por la Iglesia como libro inspirado en el Nuevo Testamento, dado que Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos nada supieron de los 144.000. Jesucristo, según está escrito al final del libro de Mateo dijo que se enseñara todo lo que él había mandado. Y la doctrina de los 144.000 no  mandó enseñarla. En realidad es una doctrina extraña, incorrectamente interpretada por los testigos de Jehová y otros grupos protestantes.

    La Iglesia Católica lo interpreta desde la perspectiva de que cree ser la sucesora de los apóstoles y el cielo sería en este caso la propia Iglesia, tal como los 144.000 serían la totalidad simbólica de los obispos y los sacerdotes, los cuales reinan sobre los fieles de esa Iglesia. El Apocalipsis se entiende mejor desde la perspectiva de la Iglesia porque en realidad fue escrito por un miembro de la Iglesia, probablemente Eusebio de Cesarea, cuando tal Iglesia se estaba creando en los tiempos del emperador Constantino.

martes, 22 de agosto de 2017

Resulta que el Cuerpo Gobernante no es el ‘esclavo fiel y discreto’

 

    El actual Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová se ha autoproclamado como el único ‘esclavo fiel y discreto’ nombrado por el propio Jesucristo. Se asegura que tal nombramiento le fue dado en 1919. Sin embargo en 1919 no existía el actual Cuerpo Gobernante. Por lo tanto el nombramiento, de haber tenido lugar, habría recaído en 1919 en una corporación distinta a la del Cuerpo Gobernante.

    Por Cuerpo Gobernante se entiende el grupo que hoy dirige los asuntos espirituales de los testigos de Jehová. Tal grupo vino a la existencia en 1971, lo que significa que no existía en 1919. El Cuerpo Gobernante tomó las riendas espirituales de los testigos el 1 de enero de 1976. Hasta entonces todos los asuntos espirituales eran cosa del presidente de la Watch Tower.

    Pero la dirigencia jehovista insiste en que en 1919 sí existía el Cuerpo Gobernante. En efecto, así es; pero a lo que se llama ‘cuerpo gobernante’ de 1919 es a la junta directiva de la Sociedad Watch Tower y dicha junta era un cuerpo gobernante de la sociedad mercantil, pero no de los testigos de Jehová. Entonces no existían los testigos de Jehová, que vinieron a la existencia en 1931. El cuerpo gobernante mercantil o junta directiva de la Watch Tower estaba sujeta al presidente de la Sociedad, que era el que dirigía a los Estudiantes de la Biblia, no a los testigos de Jehová.

    A partir de 1931 el presidente de la Sociedad, entonces Rutherford, comenzó a dirigir los asuntos espirituales de los testigos de Jehová, que así se llamó al 27% de los Estudiantes de la Biblia que no habían abandonado las filas entre 1926 y principios de 1927. Pero los testigos de Jehová solamente eran los ‘ungidos’ o ‘Israel espiritual’, por la razón de que los testigos de Jehová de tiempos antiguos eran los que pertenecían al ‘Israel natural’.

    Cuando en 1935 Rutherford dijo que había ‘una gran muchedumbre de otras ovejas’,  éstas no se consideraban ‘testigos de Jehová’ porque no eran parte del Israel espiritual. En la actualidad solamente serían testigos de Jehová propiamente dicho los que forman el Israel espiritual, que son los que pertenecen a la congregación. Los de la gran muchedumbre solamente son asociados y no pertenecen a la congregación, por lo que no procede su expulsión de la misma.

    Sin embargo Rutherford no cayó en la cuenta de que la ‘gran muchedumbre’ no aparece hasta después de la gran tribulación, según se lee en el Apocalipsis. La gran muchedumbre es un grupo que sale de la gran tribulación. Por tanto su aparición en 1935, tal como impuso Rutherford, no es más que una doctrina errónea que no está de acuerdo con la Biblia. Esto lo saben no pocos superintendentes y ancianos, que no se explican por qué razón los líderes de Warwick no han cambiado todavía este errado punto de vista, aunque suponga un masivo abandono de las filas por parte de muchos.

    Hay un detalle esclarecedor en relación con la identidad del ‘esclavo fiel y discreto’, cuyo nombramiento no puede ser aplicado al Cuerpo Gobernante actual. Recientemente un miembro del Cuerpo Gobernante declaró ante el juez que él nada tenía que ver con la Sociedad Watch Tower. Eso significa que si un miembro del Cuerpo Gobernante nada tiene que ver con la Watch Tower, los demás miembros tampoco. Y si nada tienen que ver con la Watch Tower, quiere decir que no pertenecen a la junta directiva de esa Sociedad. Y si no pertenecen a la junta directiva de la Watch Tower, eso significa que no pueden ser el esclavo fiel y discreto, ya que el nombramiento lo habría hecho Jesucristo a los miembros de la junta directiva de la Watch Tower en 1919. Pero si resulta que los miembros del Cuerpo Gobernante actual no son parte de la junta directiva, tampoco pueden ser el esclavo fiel y discreto.

    Este asunto está circulando en muchas congregaciones del mundo y está haciendo reflexionar a superintendentes y ancianos, algunos de los cuales han pedido explicaciones a la dirigencia. Muchos de los aludidos creen que el esclavo fiel y discreto es cada uno de los cristianos en tanto dan a otros el alimento de la verdad bíblica. En modo alguno puede ser una junta directiva de una sociedad mercantil y comercial. Los primeros cristianos no estaban regidos por una sociedad mercantil que se erigiera en esclavo fiel y discreto. Cada uno de aquellos cristianos era un esclavo fiel y discreto.

    Queda claro, entonces, que el actual Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová no puede ser el esclavo fiel y discreto, ya que Jesucristo a nadie nombró como tal en 1919, y menos a los dirigentes de una sociedad mercantil que solamente pensaban en ampliar su capital en base a editar más libros y revistas. Y como los miembros del actual Cuerpo Gobernante reconocen que no son parte de la junta directiva de la Watch Tower, quiere decir que tampoco son el esclavo fiel y discreto, ya que, de serlo, lo sería la junta directiva de la Watch Tower.

    

 

lunes, 14 de agosto de 2017

¿Se escribió el Nuevo Testamento en el siglo IV? (y 6)



    Al igual que el relato de Eusebio sobre la carta de Jesucristo al rey de Edesa, la Iglesia hizo pasar como verídica la llamada ‘donación de Constantino’, donación que, a favor de la Iglesia, también se demostró falsa, pues el escrito había sido realizado siglos después de Constantino y hecho pasar por más antiguo. Eso de hacer pasar documentos recientes por más antiguos es lo que precisamente ha caracterizado a la Iglesia Católica. Así, pues, los evangelios se escribieron en el siglo IV y se hicieron pasar como documentos del siglo I. Y Eusebio creó su ‘Historia eclesiástica’ con hipotéticos personajes que venían del siglo I y a los que hizo pasar por sucesores de los apóstoles. Y además creó las cartas de los ‘padres’ apostólicos para dejar ‘testimonio’ de que los evangelios eran fidedignos, al igual que los personajes que los circundaban. Toda la historia de la Iglesia y de los evangelios se basa en un novelado impuesto como un conjunto de personajes y hechos reales.

    Por regla de tres, quien nos miente en lo poco, nos está mintiendo también en lo mucho. Pero Eusebio nos mintió en todo. No en vano le llaman ‘el gran embustero de la Iglesia’. Pero Eusebio lo que realmente pretendía con sus escritos era tratar de demostrar que los evangelios y las cartas apostólicas eran escritos genuinos y que fueron producto del siglo I. También pretendía demostrar que la Iglesia de Roma era la sucesora legítima de los apóstoles, aunque dejó de lado a los apóstoles que supuestamente regían la Iglesia desde la propia Jerusalén. Y dejó de lado al apóstol Juan, a quien le hubiera correspondido el legítimo derecho de gobernar la Iglesia. Pero, claro, Eusebio sabía que ni existieron Juan ni los demás apóstoles, y ni siquiera Jesucristo, pues él mismo los había inventado.     

    Ahora bien, o mal, Eusebio se obligó a mentir en sus escritos porque debía obedecer órdenes del emperador Constantino. Y Eusebio sabía cómo se las gastaba el emperador, quien mandó asesinar a su propio hijo. Si no perdonó a su hijo Crispo, menos le hubiera perdonado a Eusebio. Así que Eusebio escribió. Pero algo debían de contener los escritos del Nuevo Testamento de Eusebio, probablemente una serie masiva de acrósticos que los delataban como falsificaciones, para que poco más de medio siglo después el obispo de Roma ordenase urgentemente a Jerónimo de Estridón que tradujese aquello al latín, un idioma que prácticamente nadie hablaba, rompiéndose así la cadena de acrósticos de los escritos griegos de Eusebio. Jerónimo tradujo y agregó lo suyo. Y ahí fue cuando surgió la Vulgata latina y posteriormente los códices que, basados en esa Vulgata, fueron hechos pasar por la Iglesia como de los siglos II y III al copiarlos en papiro con caracteres antiguos.    

    Los primeros códices del Nuevo Testamento datan del siglo IV y no existen códices de siglos anteriores. Ello se explica porque el Nuevo Testamento fue escrito en el siglo IV y no antes. Y los primeros templos y sepulcros cristianos son también del siglo IV, algo lógico, pues no existió el cristianismo antes de que lo instituyese Constantino y Eusebio y Lactancio escribieran los libros del Nuevo Testamento, para lo cual Eusebio creó los personajes de Jesucristo y los apóstoles y los ubicó en la época de César Augusto, Herodes, Pilatos y otros personajes históricos, con el objeto de que el relato fuera más creíble.

    El principal historiador del tiempo en que se supone que vivió Jesucristo, Filón de Alejandría, nada escribe sobre él. De haber existido realmente Jesucristo, Filón hubiera escrito libros sobre él. Con Josefo ocurre otro tanto, que no escribe nada sobre Jesús de Nazareth porque antes de su tiempo y en su tiempo no existió Nazareth y tampoco Jesús. La cuña que sobre el Nazareno aparece en un escrito de Josefo se sabe que es espuria y fue añadida probablemente por Eusebio de Cesarea en el siglo IV. Los relatos del Nuevo Testamento hemos de tomarlos como lo que realmente son: literatura a la que no hemos de adaptar la vida, tal como tampoco la adaptaríamos al relato cervantino del Quijote.

 

 

 

sábado, 12 de agosto de 2017

¿Se escribió el Nuevo Testamento en el siglo IV? (5)


    No se sabe con seguridad quién o quiénes escribieron los evangelios y las cartas apostólicas. Aunque la Iglesia afirma sin pruebas que fueron escritos en el siglo I, se sospecha que los evangelios y algunas cartas las escribió Eusebio de Cesarea, en tanto que casi todas las epístolas paulinas las habría escrito Lactancio, ambos en el siglo IV, a las órdenes del emperador Constantino, quien pretendía instaurar una nueva religión común para el Imperio, y esa religión sería el cristianismo, del que los historiadores de siglos anteriores al IV nada saben, a pesar de que la Iglesia ha hecho pasar como de los siglos I a III escritos que realizó a partir del finales del siglo IV. Fue precisamente en ese siglo IV cuando Constantino fundó no solamente la Iglesia Católica, sino el cristianismo.

    Constantino nombró los primeros epíscopos (obispos) en el año 312 y su primera reunión con ellos la celebró el 313 en la ciudad francesa de Areles (Arles).  El emperador nunca se hizo cristiano, aunque la Iglesia diga lo contrario. Constantino murió atendido por Eusebio de Nicomedia, a quien la Iglesia cataloga de hereje. No murió al amparo de una religión que él mismo había hecho inventar. A finales del siglo IV el emperador Teodosio impuso obligatoriamente en todo el Imperio, bajo pena de muerte, el cristianismo que su antiguo predecesor Constantino había instaurado.

     La atribución de la autoría del Nuevo Testamento a Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo, Pedro y Santiago es tradición de la Iglesia Católica y se basa en los escritos de Eusebio de Cesarea, que ya se sabe que se inventó a los padres de la Iglesia y a ellos les atribuyó unas supuestas cartas que en modo alguno pudieron escribir, ya que no existieron tales padres de los siglos I a III, excepción hecha de un par de ellos a quienes Eusebio les colgó escritos ‘cristianos’ de los que aquéllos no eran autores. De todas maneras, ninguno era ‘padre’ de la Iglesia.

    Tras convocarse el Concilio de Nicea en el año 325, concilio al que existieron 64 epíscopos nombrados por Constantino, a los tales se les suministró una copia de los ‘nuevos testimonios’ (o Nuevo Testamento) confeccionados por Eusebio y Lactancio, según las órdenes de Constantino. Ninguno de los epíscopos había tenido hasta entonces acceso a dichos escritos que desconocían por completo. Algunos de esos epíscopos nombrados no estuvieron de acuerdo con ciertos aspectos de la nueva religión, entre ellos Arrio.

    Las cartas atribuídas a Pablo fueron escritas antes que los evangelios. Lo más lógico es que, quien primero escribe, narre la historia de los personajes centrales, en este caso Jesucristo y los apóstoles. Sin embargo ‘Pablo’ guarda absolutamente silencio al respecto y menciona a un Cristo intangible y no humano. Las citas paulinas sobre un Jesucristo textual no cabe duda de que son inserciones tardías en el texto. Es raro que el primer narrador del cristianismo no diga absolutamente nada sobre la existencia terrenal y hechos del hipotético fundador de ese cristianismo, aunque sí mencione a unos supuestos primeros seguidores post apostólicos. La aparición de personajes reales en las cartas paulinas, así como en los evangelios, no significa que los relatos hayan sido reales. Las novelas históricas se ambientan precisamente en los tiempos de ciertos personajes reales, que no quiere decir que los personajes centrales o protagonistas de esas novelas hayan existido.

    Eusebio de Cesarea menciona en su ‘Historia eclesiástica’ que Jesucristo le escribió una carta al rey de Edesa, en contestación a otra que el monarca le había enviado. Según Eusebio, la carta estaba en los archivos de Edesa. Este relato fue tomado como verídico por siglos, hasta que se descubrió que era inventado. Si Eusebio fue capaz de mentir tan descaradamente en aras de una supuesta investigación histórica, hemos de entender que nos mintió en todo lo que escribió en su ‘Historia eclesiástica’ y en otras historietas de corte similar, como las cartas que atribuyó a unos presumibles ‘padres’ de la Iglesia.