miércoles, 25 de octubre de 2017

Acerca de las transfusiones de sangre

 

    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová continúa aferrado a los antiguos manuales de enfermería, que decían que los componentes principales de la sangre eran cuatro: plasma, glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Esta clasificación, según los actuales y avanzados conocimientos, no es del todo correcta, aunque continúa activa de cara al público profano en la materia.

    Los actuales manuales de Medicina dan como clasificación general que los componentes de la sangre son dos: el plasma y los eritrocitos o glóbulos rojos. Las plaquetas se consideran como albúminas y están suspendidas en el plasma. En cuanto a los glóbulos blancos o leucocitos se sabe que no son parte de la sangre, sino que están de paso en el torrente sanguíneo. Los glóbulos blancos se encuentran en los órganos y éstos vierten el sobrante en la sangre para que ésta los transporte a otros órganos que lo necesitan. Cuando a alguien se le trasplanta un órgano, recibe infinidad de glóbulos blancos con el trasplante.

    Naturalmente, si en la sangre no hay glóbulos blancos o hay muy pocos, eso significa que algo anda mal en el cuerpo. Por fuerza siempre tiene que haber glóbulos blancos de paso por el torrente sanguíneo; pero tales glóbulos no forman parte de la sangre. La leche materna contiene gran cantidad de glóbulos blancos y cuando la madre da el pecho al bebé le está transfundiendo por vía bucal glóbulos blancos con el alimento maternal.

    El plasma se compone de agua en el 92%, siendo el 8% restante albúminas, entre las que se encuentran las plaquetas, y globulinas. Si las albúminas y las globulinas están consideradas por el Cuerpo Gobernante como fracciones permitidas en una hemotransfusión, no se entiende cómo el 92% del plasma, que es agua, no está permitido.

    Los glóbulos rojos son en su mayoría, aparte de agua, hemoglobina, una fracción que sí está permitida transfundirse a los Testigos. No se entiende cómo el Cuerpo Gobernante llama fracción a la hemoglobina, siendo ésta la parte principal de los glóbulos rojos o eritrocitos. La mayoría de los Testigos desconoce que la transfusión de hemoglobina sí está permitida por el Cuerpo Gobernante.

    Pero los manuales de Medicina dan también como clasificación de los componentes principales de la sangre la siguiente, atendiendo al aspecto químico, que resulta ser el que realmente aprovecha hoy los componentes de la sangre para una transfusión. La clasificación química, que tiene en cuenta el aprovechamiento real de los componentes sanguíneos, es ésta: agua, el 80%; hemoglobina, el 15%; albúminas, el 3%; y globulinas, el 2%. Las plaquetas se cuentan como albúminas y los glóbulos blancos o leucocitos no se tienen en cuenta al no ser parte intrínseca de la sangre y estar mayormente en los órganos y en la leche materna.

    Aún si los componentes de la sangre fueran los clásicos de plasma, glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas, cada uno de ellos no sería sangre, de la misma manera que los componentes del agua, principalmente hidrógeno y oxígeno, no son agua por separado. El plasma, pues, no es sangre, como tampoco lo son los glóbulos rojos, las plaquetas y los glóbulos blancos. Son componentes que, juntos, forman la sangre; pero cada uno de ellos por separado no es sangre.

    En cuanto a la expresión ‘absténganse de sangre’ que a menudo citan los Testigos basados en el libro de Hechos de Apóstoles para hacer ver que la Biblia dice que no hay que aceptar sangre alguna, esa expresión se refiere únicamente a la sangre de los animales que eran sacrificados para comer, no a las transfusiones. En una transfusión no se mata a nadie y la sangre transfundida pasa directamente al torrente sanguíneo. No ocurre así cuando se come sangre, la cual es descompuesta en varios nutrientes durante el proceso digestivo. Jesucristo mismo dio su sangre por la humanidad y dijo que quien no bebiera su sangre no tenía parte con él. Nada tiene que ver la sangre humana que se dona a otra persona con la expresión ‘absténgase de sangre’ referida exclusivamente al sacrificio de animales destinados a la alimentación. Pero los Testigos utilizan el falso silogismo de ‘si hay que abstenerse de la sangre de animales, cuánto más de la humana’, en la creencia de que transfundirse sangre es lo mismo que comerla, cuando la Medicina afirma que no lo es.

    En lo que respecta al texto de Génesis que dice que la humanidad en general no ha de consumir sangre, ese texto, como todo el Génesis y el resto de la Biblia antes del rey Josías, fue incorporado después de la deportación a Babilonia. Como los judíos no consumían sangre, incorporaron el texto a Génesis haciendo ver que era una ley para toda la humanidad, cuando realmente no lo era, pues el extranjero o no israelita sí podía comer animales no desangrados.

    Resulta que las que el Cuerpo Gobernante llama ‘fracciones sanguíneas’ y que sí permite transfundir son precisamente en Medicina los principales componentes químicos de la sangre, los que realmente se aprovechan en las hemotransfusiones, según la necesidad de la persona.

    Antes de 1945, las transfusiones de sangre eran alabadas por los testigos de Jehová, sobre todo en tiempos de Rutherford. Pero en 1945 el vicepresidente de la Sociedad Watch Tower, Frédrick Franz, teólogo único de la Sociedad al no existir el Cuerpo Gobernante que se formó en 1971, declaró que la Biblia prohíbe las transfusiones. Eso fue debido a un mal entendimiento de la lectura del capítulo 15 de Hechos. Franz creía que transfundirse era lo mismo que comer sangre, a pesar de que los doctores demuestran que no es así. Franz creía que la Biblia se refería también a las transfusiones con la expresión ‘absténgase de sangre’, cuando la realidad es que la frase se refiere única y exclusivamente a la sangre de animales destinados al consumo humano. Hasta 1961 no declaró Franz que quienes se sometían a una transfusión habían de ser expulsados de la congregación.

    Con el tiempo, cuando ya muchos Testigos habían muerto por falta de sangre, el Cuerpo Gobernante se dio cuenta del error que Franz había introducido en el conjunto de doctrinas jehovistas y permitió las que llamó ‘fracciones’, pero que la ciencia médica dice que son los componentes principales de la sangre en el aspecto químico, que viene a ser el que permite un mejor aprovechamiento de los elementos sanguíneos que el cuerpo realmente necesita.

    De todas maneras, cuando se transfunde plasma, no se está transfundiendo sangre, pues si el plasma es un componente de la sangre, está claro que no es sangre, sino un compuesto más. Lo mismo ocurre cuando se transfunden glóbulos rojos, que son un componente. Otra cosa sería si se transfundiera sangre completa, algo que raramente se hace hoy. Pero con todo la Biblia no condena las transfusiones. La abstención de sangre se limita exclusivamente a la sangre de animales que se sacrificaban para comer.

    La prohibición de no transfundirse sangre es un equívoco más del mal entendimiento del Cuerpo Gobernante, en este caso de uno de sus miembros prominentes, a quien se le despojó de los poderes de emitir las doctrinas a partir del 1 de Enero de 1976, cuando el Cuerpo Gobernante creado en 1971 tomó las riendas doctrinales de la Sociedad Watch Tower.
 
 
 

 

domingo, 8 de octubre de 2017

Carta a un anciano de congregación



     Un anciano de congregación de los Estados Unidos, del que me consta su prominencia, me escribe una amable carta que me dejó, para que me la entregaran, en la recepción del lugar donde un servidor iba a dar una conferencia. Con buenas palabras, algo que agradezco sumamente, me comunica que lee mis artículos, con los que no está de acuerdo, y para empezar llama mi atención a estos dos asuntos, para que los corrija y publique tal corrección:

    - Que la Sociedad Watch Tower fue fundada por Russell en 1884 y no por un tal Conley en 1881.

    - Que las fechas de 606 a.e.c. y 1914 se las pasó el adventista Barbour a Russell, y éste las aceptó porque detectó que eran la verdad. Estas fechas las descubrió Barbour y no son invención de un tal Elliot en 1844, como usted dice, si bien es cierto que Barbour solamente erró en un año en cada una de ellas y por eso en 1943 la Sociedad corrigió dichas fechas a los años 607 y 537 a.e.c., respectivamente.

    Para mi sorpresa, no me hizo notar asuntos de más peso doctrinal. Así que, sin tardanza, le remití un escrito al apartado postal que me facilitaba. Transcribo el escrito, aunque traducido del idioma inglés en que le envié las líneas:

    ‘Estimado señor ... : Agradezco de veras su interesante misiva que me dejó en el salón de conferencias de … Con respecto a los dos temas que me expone, le señalo lo siguiente:

    En el libro ‘Proclamadores’, página 575, usted puede leer que la Sociedad Watch Tower de Sión la fundó W. H. Conley en 1881. El texto no especifica más; pero, si usted busca la información pertinente (puede consultarlo en el archivo legal del registro de sociedades), verá que las iniciales W.H. corresponden al nombre compuesto William Henry, que era el nombre de pila del señor Conley. Conley era un multimillonario que colaboró con Russell en la publicación de literatura, siendo además, junto con su esposa Sara, miembro del grupo de estudios de Russell en los años setenta.

    Para la creación de la Sociedad, Conley aportó seguramente todo el capital social, formado por cinco mil dólares. En la escritura de constitución figura el reparto así: Conley aportó el 70% (3.500 dólares) y era el presidente; Joseph Russell, padre de Charles, figura como vicepresidente con el 20% de las acciones (1.000 dólares); y Charles Taze Russell era el tesorero secretario con el 10% (500 dólares). Aparte, Conley donó 40.000 dólares para la publicación de un libro que estaba terminando de escribir Russell. El dinero inicial, pues, fue donado íntegramente por Conley.

    Con el tiempo Conley abandonó la sociedad al no estar de acuerdo con Russell en varios puntos. En 1881, por imperativo legal vigente, Russell registró la Sociedad figurando en la escritura como presidente.

    En lo que respecta al tema de las fechas 606 a.e.c. y 1914, le manifiesto que en el mismo libro de ‘Proclamadores’, páginas 134 y 135, puede usted leer que ‘en 1844, E. B. Elliot, clérigo inglés, señaló a 1914 como la posible fecha del fin de los siete tiempos de Daniel’. Las iniciales E. B. del clérigo inglés corresponden al compuesto nombre de Edward Bishop. Elliot publicó en 1844 su libro ‘Horas con el Apocalipsis’ y en él expone por vez primera que los siete tiempos del profeta Daniel duran del 606 a.e.c. a 1914. En este último año, según Elliot, tendría lugar el Armagedón, con lo que concluirían los tiempos de los gentiles y el reino de Dios se instalaría en la Tierra.

    Elliot aplicaba los 2.520 años que en 1823 inventó el escrutador bíblico John Aquila Brown (del que también habla el libro ‘Proclamadores’). Brown llegó a la errónea conclusión de que los siete tiempos de Daniel duraban 2.520 años solares, cuando la realidad, en caso de aplicar, los 2.520 años tendrían que haber sido ‘proféticos’, por llamarlos de alguna manera. Ello implica que en realidad los siete tiempos proféticos durarían 36 años menos que los solares. De todas maneras Elliot erró en la cuenta, pues entre el 606 a.e.c. y 1914 mediaban solamente 2.519 años. Por eso en 1943 el vicepresidente de la Watch Tower, Fred Franz, adelantó por sorpresa un año ambas fechas para así cuadrar los 2.520 años.

    Al principio de los años setenta del siglo diecinueve, Nelson Horatio Barbour, que había sido discípulo del fundador del adventismo, William Miller, se dio una vuelta por la Biblioteca de Londres y topó con el libro ‘Horas con el Apocalipsis’ que Elliot había publicado en 1844. De este libro tomó Barbour las fechas 606 a.e.c. y 1914, que le pasó a Russell, sin que éste investigara si eran ciertas o no.

    Las fechas, pues, no fueron iniciativa de Barbour. Barbour además confundió el año 606 con el dieciocho de reinado de Nabucodonosor, siendo el caso que sus predecesores predicaban el año 606 a.e.c. como el de la subida al trono de Nabucodonosor. De este detalle no se dio cuenta Russell y se lanzó a proclamar a los cuatro vientos que Nabucodonosor había destruido Jerusalén en el 606 y que los judíos fueron liberados del cautiverio babilonio en el 536 a.e.c., pasando por alto que la Biblia no dice que los judíos estuvieron 70 años en el destierro.

    Los 70 años se refieren a la duración de Babilonia después de haber conquistado Harrán, la ciudad de Asiria en la que se había refugiado el rey Asurubalit II. Con la toma de Harrán finalizaba la conquista completa de Asiria. Los supuestos 70 años de destierro parten del error de creer que Jeremías estaba escribiendo a los desterrados del año 19 de Nabucodonosor, cuando la realidad, según Jeremías 29:2, es que el profeta escribía a los desterrados del año 8 de Nabucodonosor.

    La fecha del 606 a.e.c., que se sepa con seguridad, aparece por vez primera en el libro ‘Primer elemento de la sagrada profecía’, publicado por el teólogo inglés Thomas Rawson Birks en 1843. La fecha del 606 sale de que en tiempos de Birks los escrutadores bíblicos leían en Jeremías 52:12 que Nabucodonosor había destruido Jerusalén en el año 19 de su reinado. Como entonces los historiadores afirmaban que Jerusalén había caído en el 587 a.e.c., los escrutadores añadieron 19 años al 587 y así llegaron a la fecha del 606 a.e.c. como año de ascenso de Nabucodonosor. Sin embargo, aquí había un error, pues no es lo mismo ‘el año 19 que 19 años’. El año 19 significa que han pasado 18 años y, por tanto, los escrutadores debieron haber sumado l8 años al 587 y así hubieran llegado al 605 a.e.c. como año de subida de Nabucodonosor, que era lo que demostraban los historiadores.

    La fecha del 606 a.e.c. salió de un error de aplicación de 19 años al 587 a.e.c., fecha real de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor. Como entre el 606 a.e.c. y 1914 había también un error de un año menos, en 1943 Fred Franz ‘arregló’ el descuadre adelantando un año, al 607 a.e.c., la destrucción de Jerusalén, en tanto que también adelantaba un año, al 537 a.e.c., la salida del destierro. Barbour no se dio cuenta de estos errores que le transmitió a Russell y éste tampoco se dio cuenta de esas equivocaciones. Russell lo más que hizo fue pasar el año 1914 a 1915 cuando el Armagedón no vino en 1914, tal como está escrito en el segundo tomo de Estudios en las Escrituras, titulado ‘El tiempo se ha acercado’, y del que existen dos versiones: una con el año 1914 y otra con el 1915 como año del establecimiento del reino de Dios en la Tierra.

    Franz, que adelantó un año las fechas, temía que, si las atrasaba, como hizo Russell, se le iría de la organización un respetable número de miembros, como había ocurrido entre 1926 y principios de 1927, cuando más del 70% de los Estudiantes de la Biblia abandonó las filas. El hecho era que Rutherford había declarado en 1927, con carácter retroactivo, que Jesucristo había nombrado a su esclavo fiel y discreto sobre sus bienes terrestres en 1919 y, si adelantaba las fechas un año, ese nombramiento se atrasaba a 1920, lo que podía suponer un gran descontento entre los adeptos.

    Para cualquier otra explicación, quedo a su entera disposición. Cordialmente’.

 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Acerca de Nazareth de Galilea (y 3)


 

    Jerónimo de Estridón no solamente tradujo del griego al latín, sino que incorporó nuevos pasajes a su Vulgata, como los del nacimiento de Jesucristo en Belén y la resurrección, pasajes que después la Iglesia iría ampliando, al igual que ampliaría otras partes del Nuevo Testamento, como la ‘gran inserción’ efectuada a principios del siglo XV y que comprende los textos de Lucas 9:51 a Lucas 18:14, que tampoco vienen en el códice Sinaíticus, así como en otros códices de similar antigüedad.

    Al mismo tiempo incorporó Jerónimo al Nuevo Testamento todo lo relativo a Nazareth. Creyó entender de un texto del Antiguo Testamento que el Mesías sería llamado ‘nazareno’. En realidad sería ‘nazareo’, es decir, algo consagrado a Dios. Pero con la expresión ‘nazareno’ Jerónimo entendió que el Mesías sería de Nazareth, sin caer en la cuenta de que esa población no existía en los tiempos atribuídos a Jesucristo. En el siglo IV ya sonaba el nombre de Nazareth como urbe y Jerónimo pensó que Nazareth tenía muchos siglos de vida y que por lo tanto existía como tal en el siglo I, al tiempo que también pensaba que en ese siglo Nazareth ya tenía sinagoga, cuando la realidad es que la sinagoga se erigió antes de finales del siglo III. 

    Llegados a estas alturas, cabe preguntarse: ¿en qué documentos se basó Eusebio de Cesarea para escribir los cincuenta códices que le encargó el emperador Constantino, si ni el propio Jerónimo  conoció documentos anteriores a los escritos neotestamentarios de Eusebio? Llegamos a la inevitable conclusión de que Eusebio se basó en la misma fuente mediante la cual compuso su ‘Historia eclesiástica’ y las cartas de los padres apostólicos. ¿Qué fuente? Su propio pensamiento. Con la Historia eclesiástica’ y las cartas de los padres apostólicos Eusebio quería demostrar que existieron los personajes centrales del Nuevo Testamento y que la Iglesia ya existía en el siglo I, cuando la realidad es que fue fundada por Constantino poco antes del Concilio de Nicea, que él mismo presidió como padre material de tal iglesia.

    Por tanto los códices que escribió Eusebio eran copia de un primer códice que él mismo elaboró e inventó, probablemente ayudado por Lactancio en lo que respecta a las cartas paulinas, que fueron las primeras en escribirse. Eusebio no pudo basarse en documentos neotestamentarios que no existían antes del siglo IV. Todos los papiros que la Iglesia atribuye a los siglos II y III son traducción griega de la Vulgata de Jerónimo, compuesta a finales del siglo IV. Por tanto esos papiros no pueden ser anteriores al siglo IV, aunque se les presente con caligrafía antigua para hacer creer que tales papiros son mucho más viejos.

    Por otro lado, la Historia no da razón de los padres apostólicos, a excepción de Orígenes y Tertuliano, que en modo alguno fueron padres de la Iglesia, ya que ésta se fundó en el siglo IV. Tampoco dan razón los historiadores de la existencia de Jesucristo y los apóstoles. Filón de Alejandría, que vivió en los años en que se supone que vivió Jesucristo, nada dice de él, y eso que el evangelio reseña que la fama de Jesucristo traspasó las fronteras. La Iglesia afirma que no interesaba la figura de Jesucristo, lo cual no es cierto, pues siempre interesa la figura de una persona de la que se dice que cura enfermos, resucita muertos y convierte el agua en vino, no importa su nacionalidad o credo. Hasta al mismo emperador romano le hubiera interesado y es seguro que hubiera hecho llamar al nazareno a su presencia, pues Galilea y Judea estaban bajo la jurisdicción de Roma.  

    Los evangelios hablan de Jesús de Nazareth. Pero resulta que en los tiempos que se atribuyen a Jesús no existía Nazareth, una población que comenzó su andadura después del año 135, en el siglo II. Hasta el siglo III no tuvo Nazareth sinagoga. Sin embargo en el evangelio se lee que Nazareth tenía sinagoga. Eso significa que los evangelios fueron escritos después del siglo III. No pudo haber sido de otra manera. Y es patente que la inclusión de Nazareth en los evangelios es posterior a Eusebio de Cesarea, pues en el tiempo de éste se desconocía que Nazareth hubiera tenido algo que ver con Jesucristo. Hasta que no vino Jerónimo de Estridón y compuso la Vulgata poco antes de mediados del siglo IV, no saltó Nazareth a la palestra.  

 

 

 

 

 

martes, 19 de septiembre de 2017

Acerca de Nazareth de Galilea (2)

 


    Ya se ha adelantado que los romanos masacraron a los varones de Jafa en el año 67. Tres años más tarde, en el 70, destruían Jerusalén. No pocos judíos huyeron de la ciudad antes de que las tropas romanas estuvieran apostadas en sus murallas. Con el tiempo estos judíos y otros que vivían en lugares lejanos se establecieron en Jerusalén, tras reconstruirla. En el año 135 los romanos volvieron para sofocar la rebelión de la ciudad y masacraron a todos sus habitantes.

    Antes de que los romanos se acercaran a Jerusalén en el año 135, hubo familias que abandonaron la ciudad, habida cuenta de lo que ya había ocurrido en el año 70, en que la mayoría quedó atrapada dentro de la ciudad cuando los romanos la cercaron. Entre las familias que huyeron en el año 135 se contaba la de una de las divisiones sacerdotales. Esta familia emigró hacia el norte y se estableció en Galilea, precisamente en la ladera de la colina a cuyo pie estaba la llanura que albergaba el cementerio de la ciudad de Jafa. Cuando esta familia se estableció en la colina del cementerio de Jafa, allí no había construcción alguna, ni en la colina ni en la llanura, dado que ésta era un cementerio.

    Al principio no habría más que una casa familiar en la ladera de la colina que daba al cementerio de Jafa. Con el tiempo los hijos buscaron cónyuge entre los habitantes de la cercana Jafr y se independizaron de la familia, fundando nuevas casas en la ladera de la colina. Les nacieron descendientes que a su vez se casaron con personas de Jafa y que también se establecieron en la ladera de la colina, sobre la llanura del cementerio, con lo que las casas se multiplicaban en dicha ladera.

    La creciente ladera iba ya siendo una urbe. En el último tercio del siglo III, dado que las personas de esa urbe no cabían en una casa particular para sus reuniones religiosas, erigieron una sinagoga. Pues bien, esta población tomó el nombre de Nazareth y de ella se habla a partir de principios del siglo IV. Con el tiempo Nazareth ocupó la llanura donde estaba el cementerio de Jafa. Para poder construir la ciudad en esa parte hubieron de retirarse durante siglos los huesos de humanos que aparecían al excavar para poner los cimientos de las casas.   

    La primera casa de Nazareth, pues, se construyó a mediados del siglo II. Las familias fueron creciendo y se construyeron nuevas casas, con lo que se dio comienzo a la población de Nazareth. Hasta el último tercio del siglo III no tuvo sinagoga. Por tanto Nazareth no existía en tiempos de Josefo ni en los tiempos en que se compuso el Talmud. Esa es la razón de que ni Josefo ni el Talmud mencionen a Nazareth en sus listados de Galilea. Si Nazareth no existía en los tiempos de Josefo, casi a finales del siglo I, mucho menos existía en los tiempos atribuidos a Jesucristo. En esos tiempos la llanura donde siglos más tarde se alzaría Nazareth era el cementerio de la ciudad de Jafra. En los tiempos de Jesucristo, como está demostrado históricamente, no existía Nazareth ni en la ladera de la colina ni en la llanura. 

    ¿Por qué hablan los evangelios de Jesús de Nazareth, si en sus presumibles tiempos no existía Nazareth? Por un error del autor de la Vulgata, Jerónimo de Estridón. A Jerónimo se le encargó hacia el año 382 que tradujera al latín uno de los códices en griego que había escrito Eusebio años atrás. La razón de traducirlos al latín era que lo escrito por Eusebio en griego contenía acrósticos entre las líneas, acrósticos que denunciaban que lo escrito era falso. Jerónimo, pues, tradujo de ese códice y se basó también en varias traducciones latinas que de ese códice existían en su tiempo, aunque dichas traducciones no eran todo lo uniformes que se quisiera y diferían entre sí. Jerónimo se basó en uno de los códices de Eusebio y en las traducciones latinas que del códice mejor le parecieron. No encontró documentos anteriores al siglo IV en los que basar su traducción.  

 

 

lunes, 18 de septiembre de 2017

Acerca de Nazareth de Galilea (1)

 


    Muchos lectores han pedido una explicación sucinta sobre si realmente existía o no existía la población de Nazareth de Galilea en tiempos de Jesucristo. Se resume a continuación la información desde la perspectiva histórica, aunque ya en artículos anteriores se había adelantado la cuestión.

    Los fieles cristianos en general creen que los apóstoles eran judíos. Según los evangelios, todos eran galileos, excepto Judas Iscariote, que se supone que era judío, aunque ello no está del todo claro. También creen los fieles que Jesucristo era judío. En realidad era galileo. Que naciera en Judea por las circunstancias en que se vieron sus padres al empadronarse en Belén, es otro asunto; pero Jesús era galileo, criado en Galilea. Se le conoce en los evangelios como Jesús de Nazareth y no como Jesús de Belén.

    El historiador judío Flavio Josefo, del siglo I, estuvo destinado como comandante en Galilea y escribe que en el año que en nuestro cómputo corresponde al 67, los romanos masacraron a los varones de la ciudad de Jafa, en Galilea. Josefo habla de quince mil muertos; pero es evidente que se trata de una exageración, si no de él, de algún copista posterior. El caso es que los muertos de Jafa, que fueron muchos, recibieron sepultura en el cementerio de la ciudad, que se hallaba a un kilómetro y medio hacia el norte, en una llanura al pie de una colina. Es tan importante esto, que lo repetimos: los muertos de Jafa fueron enterrados un kilómetro y medio hacia el norte, en una llanura al pie de una colina. Esa llanura era el cementerio de Jafa.

    Josefo además menciona las 45 poblaciones de Galilea de su tiempo, muchas de ellas aldeas de menos de cien habitantes; pero no cita Nazareth. La Iglesia dice que Josefo no menciona a Nazareth en su listado de las poblaciones de Galilea porque no era una población importante. Sin embargo el evangelio dice que Nazareth tenía sinagoga. Si tenía sinagoga, era una población importante. Solamente las poblaciones importantes tenían sinagoga. Josefo, pues, no menciona a Nazareth, y eso que, por tener sinagoga, era una urbe importante. En cambio sí que menciona Josefo poblaciones de menor importancia, como las pequeñas aldeas; pero no menciona a Nazareth y eso resulta extraño. ¿Por qué Josefo no menciona a Nazareth en su listado?

    El Talmud judío del siglo II lista las 61 poblaciones existentes en aquel tiempo en Galilea; y tampoco menciona a Nazareth. ¿Por qué el Talmud judío no menciona a Nazareth? Y del año 333 se conserva un mapa -se cree que mandado confeccionar por la emperatriz Elena, madre de Constantino- con el recorrido que los peregrinos debían hacer por tierra santa. El itinerario parte de Belén porque era la ciudad del rey David. El mapa traza el recorrido por Jerusalén y Cafarnaúm y deja de lado a Nazareth. Si Nazareth fue la ciudad donde el ángel Gabriel se apareció a María y donde Jesucristo se crió, debería esa población figurar en el mapa. ¿Por qué no figura Nazareth en ese mapa del año 333?

    Y aquí entra el códice Sinaíticus, el más antiguo de todos los códices neotestamentarios conocidos y descubierto en el monasterio de Santa Catalina del Monte Sion por Konstantin Tischendorf en el siglo XIX.  Todos los eruditos están de acuerdo en que este códice se escribió antes de mediados del siglo IV. Se cree que el códice es una de las cincuenta copias del Nuevo Testamento que el emperador Constantino encargó escribir a Eusebio de Cesarea. Las copias fueron repartidas entre casi todos los obispos de la Iglesia Católica recién creada. Estos obispos era la primera vez que tenían acceso a los escritos del Nuevo Testamento y fueron nombrados por Constantino en el año 312. Con ellos celebró el emperador su primera reunión el año 313 en la ciudad francesa de Arelate (hoy Arlés).

    En el códice Sinaíticus no figura Nazareth ni se habla del nacimiento de Cristo en Belén ni de su resurrección y ascensión. El códice es tan diferente de lo que dicen las biblias actuales, que muchos teólogos afirman que el Sinaíticus es un códice herético. Sin embargo está demostrado que se trata de una copia auténtica de los primeros tiempos de la Iglesia, copia que escapó del control eclesiástico cuando lo habitual era que los códices se retirasen y se sustituyesen por otros nuevos que incluían las añadiduras pertinentes. Los análisis con rayos ultravioletas han detectado que del Sinaíticus se han borrado centenares de pasajes y en su lugar se han escrito otros para adaptarlos a la Vulgata que Jerónimo compuso a finales del siglo IV por encargo del obispo de Roma, Dámaso. Entonces no existía la figura del Papa y al obispo de Roma se le consideraba un obispo más de la Iglesia creada en los años veinte del siglo IV.

    ¿Por qué ni Josefo, que conocía a fondo Galilea, ni el Talmud mencionan a Nazareth? ¿Por qué el mapa del año 333 con el itinerario de las poblaciones de tierra santa no incluye a Nazareth en el recorrido?     
 
 
 
 

 

domingo, 3 de septiembre de 2017

Por qué los 144.000 son un grupo simbólico y no literal


 
    El grupo de los 144.000 aparece solamente en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis. Según la Iglesia, este libro se escribió a finales del siglo I, aunque no se incluyó en el Canon hasta finales del siglo IV. La Iglesia Católica confirmó el Canon del Nuevo Testamento en el año 397, en el Concilio de Cartago, aunque en el 393 lo había decidido en el Concilio de Hipona. Se basó en la primera lista que existió de esos libros, confeccionada por el obispo Atanasio de Alejandría en el año 367. Tal lista la hizo pasar la Iglesia como que era del siglo II.

    Atanasio se basó en los códices de Eusebio de Cesarea, redactados en el primer tercio del siglo IV, aunque Eusebio incluía como inspirados los libros El Pastor de Hermas y la Odas de Salomón. No se conocen códices anteriores al tiempo de Eusebio. Los papiros cuya paleografía copió la Iglesia entre finales  del siglo IV y principios del V los hizo pasar como de los siglos II y III para hacer creer que los evangelios y epístolas eran del siglo I.

    Siendo el caso que los 144.000 solamente aparecen en un libro escrito, según se dice, a finales del siglo I, tenemos que Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos no conocieron la doctrina de los 144.000 (no digamos si el libro se escribió en el siglo IV). Y si no la conocieron, eso significa que tal doctrina no es esencial para el cristiano, ya que los principales cristianos nada supieron de ella.

    Los testigos de Jehová, o más exactamente, su Cuerpo Gobernante, enseñan que los 144.000 son un grupo literal de ungidos que están destinados a ir al cielo al morir y que desde allí gobernarán sobre la Tierra con Jesucristo al frente.

    En los primeros versículos del Apocalipsis se lee que todo lo escrito en tal libro se dio en señales o símbolos. Quiere decir que todo el Apocalipsis es simbólico y no literal. Simbólicos son, por lo tanto, el Armagedón, los 144.000, la gran muchedumbre y la expresión de ‘la muerte no será más’, que el Apocalipsis retoma de Isaías, quien hablaba en términos puramente metafóricos o simbólicos, manifestando la alegría del pueblo de Israel.

    Vayamos a los 144.000 que el Cuerpo Gobernante de los Testigos llama ungidos. La palabra ‘ungido’ significa ‘Cristo’. Cuando el Cuerpo Gobernante dice que hay 144.000 ungidos, en realidad está diciendo que hay 144.000 cristos, más el Cristo principal. ¿Cómo sabemos que estos 144.000 son simbólicos y no literales, aparte de que el Apocalipsis menciona que el libro está escrito en señales o símbolos?

    La primera vez que en el Apocalipsis se menciona a los 144.000 es con relación a las tribus de Israel cuyos individuos tenían que ser sellados. Estos 144.000 están a punto de entrar en la gran tribulación, pero los ángeles están reteniendo la misma hasta que los 144.000 sean sellados. El número 144.000 es simbólico y representa la totalidad del pueblo de Israel, a razón de 12.000 individuos de cada una de las 12 tribus. Aunque las tribus de Israel eran literalmente 12 en términos generales, sin embargo en realidad había 13 tribus, dado que la de José se escindió en dos: la de Efraín y la de Manasés. La inclusión de José y la no inclusión de Dan en el listado del Apocalipsis se debe indudablemente a un error del escritor.

    Como el Apocalipsis se está expresando en símbolos, emplea el número 12 para las tribus y los 12.000 individuos de cada tribu son simbólicos, pues representan la totalidad de los que componen cada tribu. El total de las 12 tribus es, pues, de 144.000 personas. 144.000 es el número simbólico que representa la totalidad de los individuos del pueblo de Israel.

    Cuando estos 144.000 o totalidad de Israel entran en la gran tribulación, salen de ella como ‘gran muchedumbre’, que nadie podía contar. Evidentemente, salen menos de los que entraron. Si entró la totalidad en la gran tribulación, de ella sale un número incontable de personas. Por tanto, los 144.000 y la gran muchedumbre son los mismos y ambos están delante del trono de Dios, es decir, en el mismo cielo. Pero este cielo es también simbólico.

    Rutherford se adelantó demasiado al declarar en 1935 que la gran muchedumbre eran las personas que le escuchaban y que no tenían esperanza de ir al cielo. Pero el Apocalipsis dice que la gran muchedumbre sale de la gran tribulación. Y como la gran tribulación aún no ha acontecido, quiere decir que esa gran muchedumbre está en el futuro, cuando los 144.000 o totalidad del pueblo entre en la gran tribulación y salga de ella como gran muchedumbre incontable.

    El Cuerpo Gobernante enseña que los 144.000 son hombres y mujeres, y están casados o solteros. Sin embargo en el Apocalipsis leemos que los 144.000 son vírgenes, es decir, que no han tenido contacto sexual y por ello se entiende que están solteros y no casados. Dice además el Apocalipsis que los 144.000 ‘no se contaminaron con mujeres’ (TNM), lo que significa que todos ellos son varones, es decir, varones solteros. Según el Apocalipsis, los 144.000 serían todos varones ‘vírgenes’. El Cuerpo Gobernante insiste en decir que esta parte de ‘vírgenes y no contaminarse con mujeres’ es simbólica, en tanto que los 144.000 los considera literales; pero tal cosa es imposible. O es simbólico todo el texto o es literal. Y el propio Apocalipsis aclara que todo lo escrito es simbólico o dado en señales. Todo él sin excepción.

    Los 144.000, pues, son individuos simbólicos que representan la totalidad del pueblo creyente antes de entrar en la gran tribulación. Salen de ella como gran muchedumbre incontable y posteriormente se les vuelve a denominar ‘los 144.000’ porque para entonces componen la totalidad del pueblo ya en el santuario del templo, santuario donde precisamente está la gran muchedumbre y que no es otra que el grupo de los 144.000 individuos simbólicos. No existe un grupo de 144.000 personas que literalmente gobernarán sobre la Tierra, ni existe un grupo separado conocido como ‘gran muchedumbre’. El reinado es también simbólico en este caso.

    El Cuerpo Gobernante fracasó estrepitosamente en la interpretación del Apocalipsis para nuestro tiempo. Por eso tuvieron que rectificar varias veces, publicando hojas aparte, muchos párrafos del contenido del libro ‘Apocalipsis… su culminación’, de la Watch Tower. La no aceptación de la interpretación del Apocalipsis que daba el Cuerpo Gobernante era motivo de expulsión por apostasía. Al final es el Cuerpo Gobernante el apóstata de sus propias doctrinas apocalípticas, como señalan incluso algunos ancianos.

    Hay teólogos que no entienden cómo el Apocalipsis fue incluido por la Iglesia como libro inspirado en el Nuevo Testamento, dado que Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos nada supieron de los 144.000. Jesucristo, según está escrito al final del libro de Mateo dijo que se enseñara todo lo que él había mandado. Y la doctrina de los 144.000 no  mandó enseñarla. En realidad es una doctrina extraña, incorrectamente interpretada por los testigos de Jehová y otros grupos protestantes.

    La Iglesia Católica lo interpreta desde la perspectiva de que cree ser la sucesora de los apóstoles y el cielo sería en este caso la propia Iglesia, tal como los 144.000 serían la totalidad simbólica de los obispos y los sacerdotes, los cuales reinan sobre los fieles de esa Iglesia. El Apocalipsis se entiende mejor desde la perspectiva de la Iglesia porque en realidad fue escrito por un miembro de la Iglesia, probablemente Eusebio de Cesarea, cuando tal Iglesia se estaba creando en los tiempos del emperador Constantino.

martes, 22 de agosto de 2017

Resulta que el Cuerpo Gobernante no es el ‘esclavo fiel y discreto’

 

    El actual Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová se ha autoproclamado como el único ‘esclavo fiel y discreto’ nombrado por el propio Jesucristo. Se asegura que tal nombramiento le fue dado en 1919. Sin embargo en 1919 no existía el actual Cuerpo Gobernante. Por lo tanto el nombramiento, de haber tenido lugar, habría recaído en 1919 en una corporación distinta a la del Cuerpo Gobernante.

    Por Cuerpo Gobernante se entiende el grupo que hoy dirige los asuntos espirituales de los testigos de Jehová. Tal grupo vino a la existencia en 1971, lo que significa que no existía en 1919. El Cuerpo Gobernante tomó las riendas espirituales de los testigos el 1 de enero de 1976. Hasta entonces todos los asuntos espirituales eran cosa del presidente de la Watch Tower.

    Pero la dirigencia jehovista insiste en que en 1919 sí existía el Cuerpo Gobernante. En efecto, así es; pero a lo que se llama ‘cuerpo gobernante’ de 1919 es a la junta directiva de la Sociedad Watch Tower y dicha junta era un cuerpo gobernante de la sociedad mercantil, pero no de los testigos de Jehová. Entonces no existían los testigos de Jehová, que vinieron a la existencia en 1931. El cuerpo gobernante mercantil o junta directiva de la Watch Tower estaba sujeta al presidente de la Sociedad, que era el que dirigía a los Estudiantes de la Biblia, no a los testigos de Jehová.

    A partir de 1931 el presidente de la Sociedad, entonces Rutherford, comenzó a dirigir los asuntos espirituales de los testigos de Jehová, que así se llamó al 27% de los Estudiantes de la Biblia que no habían abandonado las filas entre 1926 y principios de 1927. Pero los testigos de Jehová solamente eran los ‘ungidos’ o ‘Israel espiritual’, por la razón de que los testigos de Jehová de tiempos antiguos eran los que pertenecían al ‘Israel natural’.

    Cuando en 1935 Rutherford dijo que había ‘una gran muchedumbre de otras ovejas’,  éstas no se consideraban ‘testigos de Jehová’ porque no eran parte del Israel espiritual. En la actualidad solamente serían testigos de Jehová propiamente dicho los que forman el Israel espiritual, que son los que pertenecen a la congregación. Los de la gran muchedumbre solamente son asociados y no pertenecen a la congregación, por lo que no procede su expulsión de la misma.

    Sin embargo Rutherford no cayó en la cuenta de que la ‘gran muchedumbre’ no aparece hasta después de la gran tribulación, según se lee en el Apocalipsis. La gran muchedumbre es un grupo que sale de la gran tribulación. Por tanto su aparición en 1935, tal como impuso Rutherford, no es más que una doctrina errónea que no está de acuerdo con la Biblia. Esto lo saben no pocos superintendentes y ancianos, que no se explican por qué razón los líderes de Warwick no han cambiado todavía este errado punto de vista, aunque suponga un masivo abandono de las filas por parte de muchos.

    Hay un detalle esclarecedor en relación con la identidad del ‘esclavo fiel y discreto’, cuyo nombramiento no puede ser aplicado al Cuerpo Gobernante actual. Recientemente un miembro del Cuerpo Gobernante declaró ante el juez que él nada tenía que ver con la Sociedad Watch Tower. Eso significa que si un miembro del Cuerpo Gobernante nada tiene que ver con la Watch Tower, los demás miembros tampoco. Y si nada tienen que ver con la Watch Tower, quiere decir que no pertenecen a la junta directiva de esa Sociedad. Y si no pertenecen a la junta directiva de la Watch Tower, eso significa que no pueden ser el esclavo fiel y discreto, ya que el nombramiento lo habría hecho Jesucristo a los miembros de la junta directiva de la Watch Tower en 1919. Pero si resulta que los miembros del Cuerpo Gobernante actual no son parte de la junta directiva, tampoco pueden ser el esclavo fiel y discreto.

    Este asunto está circulando en muchas congregaciones del mundo y está haciendo reflexionar a superintendentes y ancianos, algunos de los cuales han pedido explicaciones a la dirigencia. Muchos de los aludidos creen que el esclavo fiel y discreto es cada uno de los cristianos en tanto dan a otros el alimento de la verdad bíblica. En modo alguno puede ser una junta directiva de una sociedad mercantil y comercial. Los primeros cristianos no estaban regidos por una sociedad mercantil que se erigiera en esclavo fiel y discreto. Cada uno de aquellos cristianos era un esclavo fiel y discreto.

    Queda claro, entonces, que el actual Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová no puede ser el esclavo fiel y discreto, ya que Jesucristo a nadie nombró como tal en 1919, y menos a los dirigentes de una sociedad mercantil que solamente pensaban en ampliar su capital en base a editar más libros y revistas. Y como los miembros del actual Cuerpo Gobernante reconocen que no son parte de la junta directiva de la Watch Tower, quiere decir que tampoco son el esclavo fiel y discreto, ya que, de serlo, lo sería la junta directiva de la Watch Tower.