domingo, 8 de abril de 2018

REPLANTEAMIENTOS DOCTRINALES (16)


(Traducción del libreto de John Power)

La Biblia no dice que los judaítas salieron del destierro babilónico en el año 537 o en el 536 a.e.c.

 
    La fecha del 537 a.e.c., al igual que la del 607, fue establecida en 1943 por el vicepresidente de la Sociedad Watch Tower, Fréderick W. Franz. Antes los Testigos predicaban que los judaítas habían salido del destierro en el 536 a.e.c. Esta última fecha se la pasó Barbour a Russell en 1876, cuando le inculcó fechas y doctrinas que no venían en la Biblia y Russell lo creyó todo a pies juntillas, sin detenerse a investigar la certeza de lo que aquel le transmitía.

    Franz adelantó inexplicablemente un año el tiempo de la supuesta destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor. La adelantó, pues, del 606 al 607 a.e.c. Al hacerlo le descuadraban los imaginados 70 años de destierro de los judaítas y se obligó a adelantar un año la salida del cautiverio, pasándola del 536 al 537 a.e.c. Este cambio sin sentido motivó que muchos abandonaran la organización de los testigos de Jehová.

    La realidad es que los judaítas no habrían comenzado a salir del destierro tan tarde como en el 537 a.e.c. Por fuerza hubieron de haber salido en el 538 a.e.c., dado que en el 537 inauguraron los cimientos del nuevo templo. La orden de liberación la dio Ciro en el año primero de su reinado, que, según el cómputo judío, iba de octubre del 539 a Octubre del 538 a.e.c.

    Como ya estaba encima el invierno y era prácticamente imposible que un pueblo entero se enfrentara con éxito al clima extremadamente frío de las zonas desérticas, se comprende que se esperara a bien avanzada la primavera, posiblemente a finales de abril, para ponerse en camino. Evidentemente el camino de regreso lo hicieron bordeando el río Eufrates, dado el extremismo de los desiertos, donde difícilmente los niños y gran parte de las mujeres y de los ancianos  hubieran sobrevivido. Por tanto la salida del destierro habría comenzado en el año 538 a.e.c., llegando la comitiva a Jerusalén a tiempo para la fiesta de las Cabañas. Los preparativos para la cimentación del Templo comenzarían posiblemente al iniciarse la primavera del 537 a.e.c.

    Si, según el Cuerpo Gobernante, hubieran de computarse 70 años atrás para la destrucción del Templo de Jerusalén, eso llevaría al 608 a.e.c. como el año de tal destrucción. Ello significa que 2.520 años hacia delante llevarían a 1913 como el año del supuesto inicio de reinado de Jesucristo en el cielo. Pero la organización de los Testigos se aferra a 1914 por entender que el año cumple profecía bíblica con la Primera Guerra Mundial. Según ese entendimiento, el año 1939, en que dio comienzo la Segunda Guerra Mundial, también cumpliría profecía bíblica.

 

viernes, 30 de marzo de 2018

Como se determinaba en Israel el mes de Nisán

 

    A los testigos de Jehová se les dice que el 14 de Nisán se determina a partir de la luna nueva más próxima al equinoccio de primavera. Esto no es del todo exacto. Los israelitas daban comienzo al mes de Nisán con la luna nueva posterior a la madurez de la cebada, que más o menos coincidía casi siempre con el comienzo de la primavera.

    Pero cuando la cebada maduraba después de la luna nueva más próxima al equinoccio de primavera, se intercalaba el mes de Adar-bis (este mes se intercalaba siete veces en 19 años) y se daba comienzo al mes de Nisán en la próxima luna nueva, aunque no fuera la más cercana al equinoccio de primavera.

    El mes de Nisán fue llamado también Abib, que significa ‘cebada madura’.  El que el mes de Nisán comenzara con la luna nueva posterior a la madurez de la cebada tenía su explicación. Los israelitas, y posteriormente los judíos, debían presentar la ofrenda de las gavillas el día 16 de Nisán. Las gavillas en este caso eran las de la cebada. Si la cebada no maduraba para el 16 de Nisán, no podía presentarse la ofrenda. Por eso, si la cebada no maduraba, se pasaba el mes de Nisán a la siguiente lunación.

    El Cuerpo Gobernante no tiene presente este detalle que observaban también los judíos del tiempo de Jesucristo. Aduce el Cuerpo Gobernante que si la cebada no maduraba en Jerusalén, lo haría en cualquier otra parte de Israel y los de esa parte presentarían las gavillas de la cebada en el templo el 16 de Nisán. Pero Israel no es tan grande como otras naciones y la madurez de la cebada se da por igual en todas las regiones. Por lo tanto, no había regiones donde la cebada hubiera madurado antes.

    Se recalca que el mes de Nisán parte de la luna nueva posterior a la madurez de la cebada, cerca del equinoccio de primavera. Pero si la cebada no estaba madura para la luna nueva cercana al equinoccio de primavera, el mes de Nisán se pasaba al siguiente, después de añadirse al año en cuestión un segundo mes de Adar o Adar-bis.

 

jueves, 29 de marzo de 2018

Jesucristo no pudo celebrar la cena de Pascua el año de su muerte

 

    En Exodo, capítulo 12, se lee que los israelitas debían hacerse de un cordero de un año el día 10 de Nisán y tenerlo en casa hasta el 14 del mismo mes. En ese día debían sacrificarlo, entre las dos tardes, para la cena de Pascua (Pesaj), ya al anochecer.

    En Levítico 23:5 se lee que el 14 de Nisán comenzaba la Pascua entre las dos tardes. Quiere decir que la Pascua comenzaba con el sacrificio del cordero, el cual se realizaba entre las dos tardes del 14 de Nisán.

    El día entre los israelitas y entre los judíos comenzaba en el momento en que anochecía. Exactamente comenzaba el nuevo día cuando se veían las tres primeras estrellas en el firmamento. Por tanto el 14 de Nisán comenzaba al anochecer, en cuanto declinaba el crepúsculo del día 13.

    Así, pues, el día entre los israelitas y los judíos constaba de: noche, mañana y tarde (incluído el crepúsculo). La hora prima del día correspondía a las 7 de la mañana, hora solar; la hora tercia, a las 9 de la mañana; la hora sexta, a las 12 del día. A esa hora comenzaba el sol a descender y empezaba la primera tarde, hasta la hora nona (las 3 de la tarde). La segunda tarde iba de la hora nona a la duodécima y le seguí el crepúsculo, que en el mes de Nisán duraba una hora más o menos.

    Las dos tardes del 14 de Nisán transcurrían, pues, de la hora sexta (12 del día) a la duodécima (6 de la tarde). Pero, aunque se considere que la segunda tarde era la del crepúsculo, lo cierto es que la matanza del cordero se hacía entre las dos tardes del 14 de Nisán, lo que significa que la mitad de la tarde entera sería a las tres y media.

    Josefo escribe, ya muy avanzado el siglo I, que la matanza del cordero se realizaba a la hora undécima (las 5 de la tarde). Probablemente lo que Josefo quería decir es que a esa hora ya se habían degollado todos los corderos para la cena de Pascua. La hora puntual en que se mataban los corderos transcurría de las 3 las 4 de la tarde. A las 5 sería una hora tardía para ello.

    Un cordero de un año viene a pesar unos 25 kgs. Un cordero degollado y despellejado tendría un peso aproximado de 20 kgs. Pero imaginemos que el cordero de la Pascua pesaba, ya desangrado y despellejado, 15 kgs. Es de advertir que el cordero había que asarlo con tripas y todo.

    El asado de una pierna de cordero que pesa poco más de 2 kgs. Supone una hora y media, a razón de 40 minutos por kg. Ni qué decir tiene que un cordero de 15 kg. llevaría más de 10 horas de asado. Vamos a suponer que el cordero de la Pascua pesara 10 kgs., lo cual no pudo ser el caso. Un cordero de 10 kgs. Necesitaría más de 6 horas de asado. A esas 6 horas ha de añadírsele una hora más de las operaciones de desangrado y despellejado.

    Si el cordero de Pascua se degolla a las 3 de la tarde, siete horas después se celebraría la cena, es decir, a las 10 de la noche hora solar. En Europa serían una o dos horas más tarde, según el país. Un cordero que se degollase a las 4 de la tarde supondría que los comensales empezarían a cenar a las 11 de la noche hora solar.  

    La cena de Pascua llevaba un largo ceremonial y duraba aproximadamente tres horas, contando el tiempo de digestión de la carne. Una familia que empezase a cenar a las 10 de la noche hora solar, acabaría la cena y su ceremonial a la 1 de la madrugada, también hora solar. Y acabaría a las 2 de la madrugada una familia que hubiese comenzado la cena a las 11 de la noche hora solar.


    Teniendo todo esto en cuenta, los evangelios dicen que Jesucristo murió el 14 de Nisán a la hora nona, es decir hacia las 3 de la tarde, que era cuando se empezaban a degollar los corderos para la cena de Pascua, entre las dos tardes. Por lo tanto Jesucristo no pudo haber celebrado la cena de Pascua con sus apóstoles ese año, ya que dicha cena se celebraba al anochecer del día 15 de Nisán, día de la fiesta nacional que conmemoraba la liberación de los israelitas del yugo egipcio y día también primero de las tortas no fermentadas o panes ácimos.
 
    En Números 33:3 se lee que los israelitas salieron de Egipto el día 15 de Nisán, ya celebrada la cena de Pascua la noche por la que empezaba ese día 15 de Nisán.
    Por tanto la cena que Jesucristo celebró con los suyos fue una muy distinta y no la de Pascua. Esa cena tuvo lugar al empezar el 14 de Nisán. Por otro lado, la cena de Pascua se celebraba en familia y los apóstoles casados debían celebrar esa cena con sus esposas e hijos, de la misma manera que Jesucristo debía celebrarla con su madre y hermanos solteros. A la cena de Jesucristo con sus apóstoles podrá llamársela ‘pascua’, pero en modo alguno fue la de pascua judía.

 

lunes, 26 de marzo de 2018

Contestación a Rafael Mateos


(Al no caber el texto como comentario, lo inserto aquí)

 

    La Jerusalén del siglo I apenas tenía un kilómetro cuadrado de extensión y la mayor parte del terreno estaba ocupado por el templo y los edificios públicos. Las casas eran matas todas ellas y vivía una familia en cada una. En Jerusalén apenas cabían cinco mil personas en aquel tiempo.

    En la obra de Josefo se lee que en el año 70 Jerusalén tenía más de un millón de habitantes. Se trata de una exageración  de escribas posteriores a Josefo. En ese año 70 Jerusalén seguía teniendo menos de un kilómetro cuadrado de extensión y los habitantes venían a ser los mismos: unos cinco mil, arriba o abajo. Hoy día Jerusalén tiene 125 kilómetros cuadrados de extensión y viven 850.000 personas, la inmensa mayoría en grandes bloques de pisos, no en casas matas. Por tanto en la Jerusalén del siglo I no podía caber un millón de personas, ni siquiera diez mil, porque no había casas suficientes para tantos.

    Respecto a la concentración de judíos en Jerusalén con motivo de la Pascua, ha de tenerse en cuenta que a la fiesta solamente acudían los primogénitos solteros en representación de la familia, y llevaban una ofrenda a Jerusalén. Estos, naturalmente, eran relativamente pocos, pues los varones venían a casarse antes de los 20 años. El resto de los miembros familiares celebraba la Pascua en su propia casa y no acudía a Jerusalén, sencillamente porque no cabían en la ciudad.

    Los escritores judíos, tal como hicieron los escribas posteriores a Josefo, inflaron las cifras de la asistencia a la Pascua en Jerusalén en el siglo II, para hacer ver que Jerusalén era la ciudad más grande del orbe. Los historiadores posteriores tomaron como verídicos, sin investigar, los datos de los escritores judíos del II siglo.

   Aun suponiendo que se hicieran acampadas en las afueras de la ciudad, las puertas se cerraban por la noche y de ninguna manera permanecían abiertas. Pero no acampaba nadie en los alrededores de las murallas por la sencilla razón de que los romanos no permitían concentraciones fuera de la ciudad, sospechando que podrían estar fraguando rebeliones. El relato bíblico no menciona que se acampara en la Pascua fuera de la ciudad. Este hecho, siendo extraordinario, no se les hubiera escapado a unos evangelistas del siglo I y lo hubieran puesto por escrito.

    Dentro de la ciudad podría haber menos de mil individuos (los primogénitos solteros) venidos a la fiesta de la Pascua. Los forasteros eran acoplados entre las familias de la ciudad como buenamente se podía. Los romanos doblaban la vigilancia en esa fecha por si dentro de la misma ciudad pudiera estar fraguándose alguna revuelta.

    Todo esto no lo sabían los escritores de los evangelios porque no eran judíos. De haber sido judíos y haber vivido en el siglo I, no hubieran escrito lo que escribieron. Y si en el siglo II hubo escritores que inflaron las cifras de Jerusalén y después esas cifras las tomaron como reales los historiadores, es patente que los evangelios fueron escritos después del siglo II ó III, ya que los escritores de los evangelios se habrían basado en sus predecesores.

 

 

 

 

 

domingo, 25 de marzo de 2018

Dos incongruencias en el relato bíblico


Dos incongruencias en el relato de la salida de Jesucristo de Jerusalén la supuesta noche de Pascua

 
    Dicen los evangelios que, después de la famosa cena, ya a altas horas de la noche, Jesucristo fue con sus apóstoles al huerto de los Olivos, que estaba fuera de las murallas de Jerusalén. Quiere decir que Jesucristo y sus apóstoles salieron de la ciudad.

    La pregunta es: ¿por dónde salieron? Porque resulta que todas las puertas de Jerusalén se cerraban en cuanto anochecía y estaban toda la noche custodiadas por los soldados romanos, que no permitían que nadie saliera de la ciudad de noche por temor a que se fraguase una rebelión. Incluso de día estaban pendientes de ello. El relato de la salida de Jerusalén en plena noche es una gran incongruencia.

    Solamente se podía entrar en la ciudad a muy primera hora de la noche y eso se hacía por la puerta llamada el ‘ojo de la aguja’. Por esta pequeña entrada el camello tenía que pasar de rodillas. Esta puerta también estaba vigilada y no se permitía la salida por ella. A quien le pillaba la noche en el camino sabía que no podía entrar en Jerusalén hasta la mañana siguiente, por lo que hacía noche en una posada o en una tienda de campaña.

    Es de advertir que, si la cena fue la de Pascua, la costumbre era que nadie salía de sus casas, y menos cuando la cena de Pascua duraba varias horas y ya no era hora de andarse fuera de la ciudad. Si nadie salía de su casa después de la cena, mucho menos saldría de la ciudad, y más estando las puertas cerradas y vigiladas. Por lo tanto no se entiende cómo Jesucristo y los suyos pudieron salir de la ciudad.

    Aunque había luna llena, la luz de ésta no sería suficiente para ver en el interior del huerto, donde es casi seguro que había árboles. El relato no dice que los apóstoles portaran antorchas para alumbrarse. Tampoco dice que llevaran mantas. Si hubieran llevado antorchas y mantas, eso sería un hecho extraordinario y al escritor del evangelio no se le hubiera pasado por alto mencionarlo. Hemos de admitir que no llevaban mantas ni antorchas.

    Tenemos en el relato bíblico otra incongruencia. Y es que los apóstoles se tiraron como dos horas durmiendo en el huerto, al fresco de la noche. La temperatura máxima de Jerusalén en las noches de abril es de 10 grados centígrados. Como el hecho habría acontecido entre finales de Marzo y primeros de Abril, es evidente que la temperatura era inferior a 10 grados. ¿Cómo pudieron soportar durante dos horas el frío de la noche al aire libre?

    Hay que tener en cuenta que el apóstol Pedro se acercó a calentarse a la hoguera que se había encendido en un patio. Eso supone que la temperatura nocturna era bastante más baja aún. ¿Cómo pudo Pedro soportar dos horas durmiendo al sereno de la noche en el huerto y en cambio se acercó a la hoguera del patio a calentarse porque no podía aguantar el frío de esa noche?

    Pero volvamos al huerto. Jesucristo fue dos veces a donde estaban dormidos los apóstoles y les echó en cara que ni siquiera una hora habían podido velar con él. Poco después llegó la chusma con antorchas y prendieron a Jesucristo. Los apóstoles huyeron despavoridos. Jesús fue conducido por los romanos al interior de la ciudad. Pero, ¿cómo o por dónde entraron en la ciudad los apóstoles, si las puertas estaban cerradas? ¿Entraron por el ojo de la aguja? A esas horas no estaba permitida la entrada por tal puerta. Y si hubieran entrado por ella, los hubieran arrestado porque ni siquiera venían con camello. La sospecha sería que habtían estado fuera de la ciudad tramando una sublevación.

    Dado que nadie podía salir de Jerusalén de noche y dado que nadie soportaría una temperatura inferior a 10 grados al raso de la noche, es evidente que este relato no fue escrito por un judío, y menos por un judío del siglo I. El escritor del evangelio desconocía por completo las costumbres de aquel tiempo en Jerusalén. Por tanto el relato, repleto de incongruencias, es bastante posterior al siglo I, tan posterior que ya se había olvidado cómo era la Jerusalén del siglo I.

    Con todo, la cena de Jesucristo con sus apóstoles no pudo ser la de la Pascua judía por la sencilla razón de que Jesucristo murió el 14 de Nisán a la hora nona, que era cuando comenzaban a sacrificarse los corderos para la cena de Pascua. De ahí la relación de Jesucristo como el cordero de Pascua y el cordero de Dios.

    En Exodo se lee que el cordero debía sacrificarse el 14 de Nisán entre las dos tardes. Y como el 14 de Nisán empezó en cuanto anocheció, es decir, al terminar el crepúsculo del día 13, es evidente que la tarde del 14 de Nisán venía después de la mañana. El éxodo dice claramente que el cordero había de matarse el día 14 por la tarde, no el día 13. Por tanto, la cena que Jesucristo celebró con los apóstoles no fue la de Pascua, sino una de despedida de los suyos.  Esa cena era obligatorio celebrarla en familia. Jesucristo habría celebrado la cena con su madre y hermanos solteros, no con discípulos que también estaban obligados a celebrar esa cena con sus respectivas familias. 

 

lunes, 19 de marzo de 2018

REPLANTEAMIENTOS DOCTRINALES (15)

(Traducción del libreto de John Power)


 Las fechas 607 a.e.c., 537 a.e.c., 1914 y 1919 se fundamentan en la suposición de que los judaítas estuvieron 70 años en el destierro después de que Nabucodonosor arrasara Jerusalén en el año 18-19 de su reinado

    Ya hemos visto que las fechas 607 y 537 a.e.c. fueron impuestas en 1943 en lugar de las que anteriormente se predicaban, a saber, las del 606 y 536 a.e.c. respectivamente.  Pero estas fechas se basan en la suposición de que los judaítas estuvieron 70 años en el destierro después de que en el año 18-19 de su reinado Nabucodonosor arrasara Jerusalén.

    Como los judaítas no estuvieron 70 años desterrados en Babilonia, sino unos veinte menos, la evidencia histórica, arqueológica y astronómica lleva al año 587 a.e.c. como el de esa destrucción. Por tanto, si al 587 a.e.c. hubieran de sumársele los supuestos 2.520 años de los siete tiempos de Daniel, confundidos con los tiempos de los gentiles, el año final no sería el 1914, sino el 1934. Y por tanto el año 1919 habría que desplazarlo a 1939, en que estalló la Segunda Guerra Mundial. Ello significaría que ningún esclavo fiel y discreto fue nombrado en 1919, dado que esta fecha parte de un error de cómputo.

    Por otro lado, si en la central mundial se piensa trasladar el nombramiento del esclavo fiel del año 1919 a 1931, en que surgieron los testigos de Jehová, la fecha de 1919 quedaría inactiva, tal como quedó la de 1918, que antes se predicaba como el año en que Jesucristo había inspeccionado a su esclavo fiel.

    La realidad es que ambas fechas, 1918 y 1919, y sus conceptos doctrinales, fueron inventados por Rutherford en 1927, casi una década después de los supuestos sucesos. Los Estudiantes de la Biblia que vivían en 1918 y 1919 nada sabían de que Jesucristo hubiera inspeccionado a su esclavo y de que lo hubiera nombrado sobre sus bienes en aquel tiempo.

    Por otra parte, a quien se le consideraba como esclavo fiel y discreto en 1919 era a Russell. En 1927 Rutherford impondría la creencia de que el esclavo eran todos los Estudiantes de la Biblia, pues todos se tenían por ungidos. Pero los Estudiantes de la Biblia de 1919 nada sabían de que ellos fueran el esclavo fiel y discreto.

    Muchas décadas después, ya en el siglo XXI, el Cuerpo Gobernante dogmatizaría bajo pena de expulsión que el verdadero esclavo fiel y discreto nombrado por Jesucristo era la junta directiva de la mercantil Watch Tower. Sin embargo los primeros cristianos no estaban sujetos a una entidad mercantil.

 

 

sábado, 3 de marzo de 2018

REPLANTEAMIENTOS DOCTRINALES (14)


(Traducción del libreto de John Power)

Josefo escribe que los judaítas del tiempo de la destrucción de Jerusalén no estuvieron 70 años en el destierro

 
    En su obra ‘Contra Apión’, que fue la última que escribió y no era tan conocida como otras anteriores, el historiador judío Flavio Josefo dice que los cimientos del templo de Jerusalén fueron colocados ‘en el año segundo de Ciro, cincuenta años después de la destrucción del templo anterior’.

    Por el sistema judío, dado que Ciro ascendió como rey de Babilonia en Octubre del 539 a.e.c., su año primero corría de Octubre del 539 a Octubre del 538 a.e.c. Por tanto el segundo año era el comprendido entre Octubre del 538 y Octubre del 537 a.e.c. Por el sistema babilonio, el año primero de reinado iba de mediados de Marzo del 538 a mediados de Marzo del 537 a.e.c. Y el año segundo, de mediados de Marzo del 537 a mediados de marzo del 536 a.e.c.

    Como los cimientos del nuevo templo fueron colocados hacia el mes de julio del año segundo de Ciro, es evidente que tal año era el 537 a.e.c. Cincuenta años atrás llevan, por tanto, al 587 a.e.c. como el de la destrucción de la ciudad de Jerusalén y su Templo.

    El Cuerpo Gobernante continúa aferrado a la idea de que el año segundo de Ciro iba de Octubre del 537 a Octubre del 536 a.e.c. y por eso interpreta que el año segundo de Ciro, en que se colocaron los fundamentos del templo, abarcaba el 536 a.e.c. De todas maneras, cincuenta años atrás llevarían al 586 a.e.c. como el año de la destrucción del Templo. De ninguna manera se alcanzaría el 607 o el 606 a.e.c. para la destrucción del Templo y la ciudad.

    Como es sabido, el 607 a.e.c. es una componenda que la Watch Tower efectuó en 1943 para que le cuadraran los 2.520 años de los tiempos de Daniel, cuyo número fue establecido por el escrutador bíblico John Aquila Brown en 1823. Todos los escrutadores posteriores aceptaron los 2.520 años como la duración de los siete tiempos de Daniel.

    Barbour aceptó eses 2.520 años como si fueran bíblicos y le pasó tiempos y la doctrinas a Russell en 1876. De Russell pasó a los Estudiantes de la Biblia y de éstos a los testigos de Jehová, quienes ignoran por completo la procedencia de ese cómputo de años que de ninguna manera es bíblico, sino que se trata de una teoría humana basada en la numerología.