jueves, 26 de marzo de 2015

La Pascua judía: ¿al anochecer del 14 o del 15 de Nisán?


    ¿Por qué unos judíos celebran la Pascua al iniciarse la noche del 15 de Nisán y otros al principio de la noche del 14 de Nisán, es decir, la noche anterior?

    A los israelitas se les ordenó proveerse de un cordero para sacrificarlo el día 14 de Nisán entre las dos tardes. Como el día comenzaba a contarse a partir del anochecer, después del crepúsculo, es evidente que las dos tardes del 14 de Nisán correspondían a ese preciso día. Por tanto, si sacrificaban el cordero entre las dos tardes, fuese a la hora que fuese, la cena de Pascua la realizaban por la noche, después del atardecer del 14 de Nisán y por tanto al anochecer del 15 de Nisán. Es la fecha que por lo general observa la mayoría de los judíos.

    Ahora bien, los judíos que se consideran descendientes de los fariseos celebran la Pascua al comenzar la noche del 14 de Nisán, debido a que entienden que el día termina con la puesta del sol, hacia las 6 de la tarde hora solar. Por tanto el crepúsculo, de más de una hora de duración, lo consideran como perteneciente al nuevo día. Para ellos, pues, el nuevo día comienza, no con el anochecer, sino con el crepúsculo. Por ese motivo sus ascendientes sacrificaban el cordero al iniciarse el crepúsculo, en su cómputo ya el 14 de Nisán. La expresión ‘entre las dos tardes’ significa para ellos el final de la tarde del 13 de Nisán y el comienzo de la tarde (crespúsculo) del 14 de Nisán, con la que estimaban que comenzaba el nuevo día. Y esa misma noche del comienzo del 14 de Nisán comían el cordero que se había sacrificado durante el crepúsculo.

    Esto tiene el inconveniente de que, como la degollación, preparación y asado del cordero  llevaba unas cuatro horas, la cena comenzaría como pronto a las 10 de la noche hora solar, que en los países europeos suele equivaler a las 11 ó 12 de la noche. Y puesto que la cena con todo su ritual y el reposo correspondiente hasta la hora de acostarse duraba otras tres o cuatro horas (la digestión del cordero es lenta), los celebrantes se acostarían hacia las 2 de la madrugada, hora solar, la cual se considera muy avanzada. Pero, aun suponiendo que tal fuera el caso, lo cierto es que nadie salía de su casa hasta la mañana siguiente.

    El grueso de los judíos celebra la cena de Pascua al iniciarse la noche del 15 de Nisán, dado que entienden que el día concluye con el crepúsculo y no con la puesta de sol propiamente dicha. Así, el 14 de Nisán finaliza cuando el crepúsculo toca a su término y aparecen las primeras estrellas de la noche. Y como el cordero lo degollaban los antiguos entre las dos tardes del día 14, según el historiador Josefo entre las 3 y las 5 de la tarde, hora solar, la cena la tenían ya dispuesta para las 7 o las 8, hora solar, hora muy prudente para tal cena, que con su ceremonial y reposo concluía al comenzar la tercera vigilia (después de las 12 de la noche).

    Es evidente que la matanza del cordero no podía realizarse al comenzar el crepúsculo, ya que éste dura una hora y cuarto aproximadamente. En ese tiempo en que el sol ya está puesto no hay la suficiente luz para realizar los sacrificios de los corderos, que se hacían en el Templo. Por esa razón se hacía la matanza, según Josefo, entre las 3 y las 5 de la tarde, evidentemente hora solar. A las 6, cuando el sol ya estaba puesto, era hora intempestiva. Y dado que la degollación del cordero en el Templo se efectuaba en medio de la tarde y antes de que se pusiera el sol, la cena se disponía a primera hora de la noche. 

    Atendiendo al evangelio de Juan, Jesús celebró su cena con los apóstoles la noche anterior a aquella en que los judíos de Jerusalén celebraban la Pascua. Se dice que los judíos solían celebrar un ligero ágape nocturno, voluntario, en el que las hierbas amargas eran ingrediente principal -y por supuesto, sin cordero-, la noche anterior a la de Pascua, ágape que la tradición judía conoce como Korban Hagigah, aunque dicha expresión aludiría más que nada a las ofrendas, generalmente de carne, que traían los forasteros que se acercaban a Jerusalén a celebrar la Pascua. El Korban Hagigah sí era obligatorio observarlo durante la cena de Pascua de la noche del 15 de Nisán, noche correspondiente a la primera luna llena tras el equinoccio de primavera.

    Sea como fuere, Jesucristo no pudo celebrar la cena de Pascua judía tradicional, entre otras razones porque los corderos para esa cena se mataban el día 14 por la tarde (más o menos a la hora en que murió Jesucristo) y los judíos del tiempo de Jesús comenzaban a contar el día a partir del anochecer, no del crepúsculo, que en último extremo estaría considerado como la segunda tarde o luz. Eusebio de Cesarea indica que la cena de Jesucristo fue una ‘Parasceve’ y no la de Pascua propiamente dicha. La tarde con el crepúsculo duraba unas siete horas, desde las 12 del mediodía hasta las 7 de la tarde, hora solar en primavera, en que anochecía. Lógico es que a mitad de la tarde, hacia las 3 y media, degollaran el cordero. Sea que la segunda tarde fuera el lapso de tiempo entre las 3 y las 7, o que dicha tarde fuera la de la hora del crepúsculo, el cordero se degollaba ‘entre las dos tardes’, cuando había luz solar y antes de que el sol declinase.

    La celebración de la Pascua judía, pues, la realiza al anochecer del 15 de Nisán la mayoría de los judíos, por entender que el nuevo día comienza al anochecer. Solamente unos pocos celebran la Pascua al comenzar la noche del 14 de Nisán porque creen deducir que el nuevo día comienza tras la puesta del sol; es decir, que para ellos el nuevo día comienza con el crepúsculo, hacia las 6 de la tarde hora solar.

    En la actualidad el pueblo judío celebra una cena familiar de Pascua, o Pesaj, en que el cordero entero está representado por una parte de él, generalmente una pierna, y la ofrenda Hagigah está simbolizada por el huevo asado. Las hierbas amargas y el pan no fermentado son parte primordial de la celebración. Pero dicha cena la observa la casi totalidad del pueblo judío ya entrada la noche del 15 de Nisán, que es el día exacto en que se celebraba en tiempo de Jesucristo y como hicieron los israelitas en su pimera Pascua en Egipto.

 

 

domingo, 22 de marzo de 2015

La gran muchedumbre sale de la gran tribulación y va al cielo



    El templo de Jerusalén contenía en su recinto el santuario, que albergaba el santo y el santísimo. Al santuario únicamente accedían los sacerdotes. Fuera del santuario se encontraban los patios, a saber: el de los sacerdotes, el de los judíos, el de las mujeres y el de los gentiles. El patio de los gentiles se destinaba a todas aquellas personas no judías.

    En el idioma castellano, con la palabra templo no distinguimos si se trata del santuario del templo o del conjunto del templo con sus accesos. En griego hay dos palabras diferentes para denominar el templo. Por un lado la palabra ‘naós’ alude al santuario o la estancia más sagrada del templo. Por otro lado la palabra ‘hierón’ define la estructura general del templo, con santuario y patios incluídos. En las Escrituras neotestamentarias aparecen una u otra palabra para referirse al templo, cada una con su matiz.

    En el libro de Apocalipsis hallamos el vocablo ‘templo’ en varios versículos de la mayoría de las versiones y traducciones bíblicas al castellano. Por ejemplo, en la Nácar Colunga o en la Reina-Valera. Leídos los textos con la palabra ‘templo’, no sabemos si se refiere al santuario (naós) o al conjunto general del templo con patios y santuario (hierón). Para saberlo hemos de acudir a una traducción interlinear, que bajo cada línea en griego da la traducción literal al idioma en cuestión.

    Así, en la traducción interlinear de la Watchtower, vemos que aparece la palabra griega ‘naós’ y no ‘hierón’ en cada uno de los textos de Apocalipsis 3:12; 7:15; 11:19 y 14:17, entre otros. Los textos, todos con la palabra ‘naós’, indican que se refieren a la parte más sagrada del templo, el santuario. Apuntamos estos precisos textos por ser cruciales en la consideración que nos ocupa.

    La Traducción del Nuevo Mundo (TNM) vierte Apocalipsis 14:17 como sigue: “Y otro ángel salió del (santuario del) templo que está en el cielo”. Como la palabra griega que transcribe es ‘naós’, la traducción como ‘santuario del templo’ es correcta, aunque esté entre corchetes el vocablo santuario. De paso vemos que el santuario del templo está en el cielo. No olvidemos este detalle. También Apocalipsis 11:19 indica que el santuario está en el cielo, tal como vierte la TNM: “Fue abierto el (santuario del) templo de Dios que está en el cielo”. El ‘naós’ del Apocalipsis, o santuario del templo, siempre está en el cielo, nunca en la tierra. Esto está acorde con el Salmo 11:4, donde leemos: “Jehová está en su santo templo… en los cielos está su trono”.

    Sin embargo en Apocalipsis 3:12 la TNM vierte el vocablo griego ‘naós’ simplemente como ‘templo’: “Al que venza… lo haré columna en el templo de mi Dios”. Aparentemente no sabemos a qué parte del templo se refiere; pero el contexto indica que se trata del santuario del templo, ya que se está refiriendo al cielo, desde el que desciende la Nueva Jerusalén simbólica. Lo más lógico es que la TNM hubiera presentado la traducción del texto así: “Al que venza… lo haré columna en el santuario del templo de mi Dios”. Con todo, el pasaje es claramente entendible.

    No obstante, la TNM vierte Apocalipsis 7:15 como sigue: “Por eso están delante del trono de Dios y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su templo”. El contexto indica que los que rinden servicio sagrado en el templo de Dios son los que componen la gran muchedumbre. Aquí la palabra griega de la que se traduce ‘templo’ es también ‘naós’, literalmente ‘santuario del templo’. ¿Por qué razón no se ha traducido ese ‘naós’ como ‘santuario del templo’, que hubiera sido lo correcto? Porque dicha traducción chocaría con la doctrina del cuerpo gobernante, el cual argumenta que la gran muchedumbre no puede rendir servicio sagrado en el santuario del templo o cielo, sino en el patio exterior del templo que está en la Tierra.

    En otro tiempo el esclavo aseveraba que la gran muchedumbre estaba en la porción de espacio correspondiente al patio de los gentiles. Dado que los adoradores de la gran muchedumbre no son gentiles, por esa razón el esclavo dejó de lado el patio de los gentiles y ahora dice que se trata del patio exterior del templo. Pero el templo de Jerusalén tenía al menos cuatro patios. ¿A qué patio se refiere exactamente? A ninguno de los cuatro. Simplemente, el esclavo declara que se trata del ‘patio exterior’, pero sin correspondencia alguna con el templo de Jerusalén literal ni con el templo espiritual.

    La TNM, para estar en lo correcto, debió haber traducido Apocalipsis 7:15 de la siguiente manera: “Por eso están delante del trono de Dios y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su santuario del templo”, ya que la palabra griega inserta es ‘naós’ o santuario. Si la palabra griega en Apocalipsis fuera ‘hierón’, en lugar de ‘naós’, tal vez pudiera decirse que se está refiriendo a algún patio del templo. Pero tal no es el caso, sino que claramente el Apocalipsis indica que la gran muchedumbre sirve a Dios en el ‘naós’, santuario del templo o cielo, ya que dicho santuario está en el cielo, como señalan otros textos del Apocalipsis.

    ¿Por qué dice el Apocalipsis que la gran muchedumbre sirve a Dios en su santuario del cielo? Porque de la lectura imparcial se deriva que la gran muchedumbre y los 144.000 son los mismos, es decir, todos ellos son un único grupo de adoradores, no dos grupos. El cuerpo gobernante recalca en sus escritos que hay dos esperanzas, la terrestre y la celestial. Sin embargo el apóstol Pablo escribe que solamente hay una esperanza: “Ustedes han sido llamados en la sola esperanza a la cual fueron llamados” (Efesios 4:4). Pablo también indica que hay un solo bautismo, no dos bautismos, uno con agua y otro con espíritu santo. Y Jesucristo dijo que habría un solo redil, no dos.

    La gran muchedumbre, según Apocalipsis, no aparece hasta después de la gran tribulación: “Estos son los que salen de la gran tribulación”, dice Apocalipsis 7:13, refiriéndose a la gran muchedumbre, poco antes de indicar que la gran muchedumbre sirve a Dios en su santuario del templo (naós) en el cielo, al igual que lo hacen los 144.000. Nótese que el texto dice que salen de la gran tribulación, no del Armagedón que según el cuerpo gobernante es posterior a la gran tribulación.

    Antes de ser soltados los vientos de la destrucción (Apocalipsis 7), tienen que sellarse a los 144.000, es decir, al total de los componentes de las doce tribus simbólicas. Dado que son tribus simbólicas, como simbólico es el entero libro de Apocalipsis, también lo es el número 144.000, que indica la totalidad de los adoradores ó 12.000 x 12, que es una manera de decir ‘absolutamente todos’. Los 144.000 o la totalidad del Israel simbólico entran por fin en la gran tribulación, pero salen de ella como una ‘gran muchedumbre’ incontable. Por eso, por ser los mismos los 144.000 que la gran muchedumbre, están todos en el cielo o santuario, delante del trono de Dios.

    El cuerpo gobernante continúa aferrándose a la interpretación de Apocalipsis 7:15 como a una tabla de salvación. Si esta doctrina hace aguas ante la grey, se hunden todas las demás doctrinas. Se obligan pues, bajo amenaza de excomunión de quienes no lo acepten, a interpretar que la gran muchedumbre está, no en el santuario del templo o naós o cielo, como indica la Biblia, sino en el patio exterior terrestre, un patio que no existe, pero que es una manera de aparentar conocimiento profundo ante la plebe a la que se le priva del derecho a pensar por su propia cuenta, pues el autoproclamado esclavo fiel y discreto, que se ha encaramado hasta el mismísimo trono de Dios y en él se sienta y juzga, prohíbe el pensar con independencia de lo que proclama dicho esclavo.

    Lo dicho, que la palabra griega ‘naós’, de acuerdo también con todos los eruditos y traductores bíblicos, se refiere siempre, a pesar de lo que argumente contra ello el cuerpo gobernante, al santuario y no a los patios del templo. Y que la gran muchedumbre, que también se la menciona indistintamente en Apocalipsis como los 144.000, está en ese santuario o naós, en la presencia misma de Dios en el cielo. Y es que la gran muchedumbre que sale de la gran tribulación va al cielo y no se queda en la tierra.

   

viernes, 20 de marzo de 2015

Aún no han resucitado los ungidos a vida celestial



    Un alto cargo dentro de la organización de testigos de Jehová, como en otra ocasión lo hizo un anciano con textos diferentes, nos recuerda bíblicamente que la resurrección de los ungidos todavía no ha sucedido. El cuerpo gobernante asegura que los ungidos muertos resucitaron a vida celestial inmortal entre 1914 y 1935. Antes defendía que la resurrección de los primeros ungidos había acontecido en 1918. La realidad es que, según la Biblia, no han resucitado.

    En la primera carta a los Corintios, capítulo 15 y versículos 20 a 23, leemos: “Sin embargo, ahora Cristo ha sido levantado de entre los muertos, las primicias de los que se han dormido [en la muerte]. Pues, dado que la muerte es mediante un hombre, la resurrección de los muertos también es mediante un hombre. Porque así como en Adán todos están muriendo, así también en el Cristo todos serán vivificados.  Pero cada uno en su propia categoría: Cristo las primicias, después los que pertenecen al Cristo durante su presencia”.

    El texto contrasta la muerte con la resurrección. En cuanto a la expresión ‘serán vivificados’, es común oir decir al esclavo que se refiere no a la resurrección en sí, sino a que al final de los mil años los que sobrevivan adquirirán el derecho a la vida. Sin embargo, en el grupo de los que mueren están también los ungidos y éstos no necesitan ser vivificados al final de ningún periodo porque ya resucitan a vida inmortal. El texto claramente se refiere a la resurrección de los que han muerto, ya que el contexto mismo lo aclara al contrastar muerte con resurrección. Tan solo se habla de muerte y resurrección.

    La expresión ‘los que pertenecen al Cristo’ alude a los 144.000 ungidos, según el entendimiento doctrinal del cuerpo gobernante. Notamos que estos que pertenecen al Cristo resucitan durante la presencia de él. ¿Cuándo es esa presencia? El cuerpo gobernante entendía que Cristo estaba presente en su reino desde 1914. Pero el texto bíblico en cuestión remite a otros textos de la Biblia tras la palabra ‘presencia’. Estos pasajes nos aclaran a qué se refiere la palabra ‘presencia’.

    Así, el vocablo ‘presencia’ nos remite en la TNM a varios textos. Uno de ellos es Mateo 25:31, que dice: ”Cuando el Hijo del hombre llegue en su gloria y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre su glorioso trono”. De modo que la palabra ‘presencia’ se está refiriendo a la venida de Jesús con sus ángeles. Tal venida o presencia no ha sucedido todavía. No olvidemos que tanto ‘presencia’ como ‘venida’ se traducen del griego ‘parousía’. Los traductores bíblicos refieren que es correcto verter tanto ‘presencia’ como ‘venida’ para el vocablo griego ‘parousía’. Por tanto, si Jesucristo aún no está presente porque no ha venido, es evidente que ningún hipotético ungido ha podido resucitar aún.

    Otro de los textos mencionados tras el término ‘presencia’ en la TNM es el de 1Tesalonicenses 4:16, que vierte: “Porque el Señor mismo descenderá del cielo con una llamada imperativa, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los que están muertos en unión con Cristo se levantarán primero”. Los que están muertos con Cristo y que se levantarán primero son los ungidos, según manifiesta el cuerpo gobernante. Pero como el Señor aún no ha descendido del cielo con voz de arcángel, es patente que nadie ha resucitado hasta el momento, ni en 1918 ni entre 1914 y 1935. Tal resurrección aún está en el futuro, ya que Jesucristo no ha venido en su gloria.

    Hay otros textos en otros lugares de la Biblia que claramente especifican que los que se dicen ungidos no resucitan hasta que el Señor sea manifestado o venga en su gloria. Y esto no ha sucedido en 1914, como ahora están entendiendo los de Patterson. De ahí que hayan suprimido el entendimiento que también tenían en cuanto al nombramiento del esclavo sobre todos los bienes del amo en 1919. Como la presencia de Cristo no se cuenta en 1914, el cuerpo gobernante se ha visto obligado a suprimir lo del nombramiento sobre los bienes del amo. No olvidemos que el texto bíblico al que el esclavo alude dice: ‘feliz es aquel esclavo si su amo, al llegar…’; y aún no ha llegado. Y si no ha llegado, no hay nombramiento sobre ningún bien. Si el amo Jesucristo no ha llegado aún en su gloria, tampoco nadie ha resucitado.

 

miércoles, 18 de marzo de 2015

¿Por dónde salieron Jesucristo y los apóstoles de Jerusalén en plena noche?



    -Saludos, hermano Pedro. Quiero consultarte algo que me tiene escamado.

    -Tú dirás, Juan. Siempre hay algo que te escama, por lo que veo.

    -Es que, cuando se te pasa el efecto de la luz brillante que te cegó al principio y llevas tiempo en las filas, empiezas a ver que hay cosas que no encajan.

    -Bueno, pues ya me dirás, Juan.

    -Verás, Pedro. En los evangelios leemos que Jesucristo y sus apóstoles, después de la que nosotros creemos que fue la cena de Pascua de los judíos, salieron al huerto de Getsemaní, que estaba en el monte de los Olivos.

    -Sí, ¿y cuál es el problema?

    -Bueno, resulta que el monte de los Olivos estaba fuera de las murallas de Jerusalén.

    -Claro, ¿dónde iba estar?

    -La cuestión es que las puertas de las murallas se cerraban al anochecer y los romanos las custodiaban toda la noche, no permitiendo salir a nadie de la ciudad hasta la mañana siguiente.

    -¿Y…?

    -La pregunta es: ¿Por dónde salieron Jesucristo y sus apóstoles al monte de los Olivos, si las puertas estaban cerradas y no se permitía salir a nadie de la ciudad por la noche?

    -Hombre, Juan. Por algún sitio tuvieron que salir. Vete a saber… El caso es que salieron. Si no, no lo comentarían los evangelistas.

    -Bueno, concedamos que salieron. No se sabe cómo ni por dónde, pero aceptamos que salieron.

    -Indiscutiblemente salieron, Juan.

    -Pero, verás… Resulta que esa noche se ha calculado que fue en los primerísimos días de Abril del año 33.

    -¿Y qué ocurre en esos días?

    -Pues que la temperatura máxima en Jerusalén por la noche apenas alcanza los 10 grados centígrados. Y 10 grados todavía son muchos para esa fecha y la latitud en la que se encuentra Jerusalén.

    -Sí, ya sabemos que Jerusalén está en alto, sobre dos montes. ¿Qué quieres decir con que había como mucho 10 grados de temperatura aquella noche?

    -Quiero decir que cómo pudieron Jesús y los suyos soportar tan tranquilamente esa temperatura durante varias horas.

    -Llevarían mantas.

    -¿En el cuarto donde cenaron había mantas? Si alguna había, sería en la parte de la casa donde vivía la familia que cedió el cuarto en la parte alta. Y comprenderás que esa familia tendría las mantas justas para ellos mismos.

    -Ya… claro. Pues llevarían prendas muy gordas.

    -Llevarían las mismas prendas que durante el día, Pedro. Pero para la noche precisarían más ropa de abrigo y ten en cuenta que no fueron por ellas a sus casas, sino que salieron directamente al huerto después de cenar.

    -Ya. Quieres decir que mal pudieron soportar durante horas tan baja temperatura.

    -Dudo que alguien se tire al menos dos horas a la intemperie con menos de 10 grados centígrados.

    -Nosotros no, por supuesto. A lo mejor aquella gente era más fuerte y aguataba como caballos.

    -Y otra cosa, Pedro. Si se dice que la cena que celebraron era la correspondiente a la Pascua, has de saber que ningún judío salía aquella noche de su casa, y menos a altas horas de la noche, ya que la cena en cuestión duraba unas cuantas horas, contando el tiempo de leer escritos sagrados, entonar cantos y hacer el reposo del cordero, de lenta digestión. Suponiendo que empezasen a cenar a las 8 y pico de la noche, hora solar, la cena y todo lo que conllevaba se prolongaría por lo menos hasta las 11 y pico, hora solar.

    -No había caído en ese detalle, Juan. Y las 11 y pico de la noche equivalen entre nosotros a las 12 o la 1 y pico de la madrugada.

    -Así es, Pedro. ¿Salieron realmente Jesús y los apóstoles al monte a tan altas horas nocturnas y con frío? ¿Violaron la costumbre de no salir de su casa hasta la mañana siguiente?

    -Ay, Juan, me dejas desorientado. Yo personalmente no saldría a las 12 y pico de la noche haciendo frío.

    -Pues eso es lo que me escama en el caso de Jesucristo y los suyos. ¿Cómo pudieron salir de la ciudad a esas horas, con frío y con las puertas cerradas y custodiadas por los soldados romanos?

    -Pues sí que es un dilema…

    -Y tan dilema. ¿No sería que los que escribieron los evangelios no entendían mucho de las costumbres judías del primer siglo y colaron el gazapo?

    -Ya me pones en duda, Juan. Aquí hay mucha tela que cortar.

    -Mucha, Pedro, y sobrará porque hay tela para rato.

 

martes, 17 de marzo de 2015

Las contribuciones para gastos de tinta y papel, ¿dan para grandes inmuebles e inversiones financieras?



    En otro tiempo los predicadores testigos de Jehová, cuando ofrecían literatura de la Watch Tower a la gente, pedían una contribución obligatoria de equis centavos, o la moneda en curso según el país, ‘para cubrir gastos de tinta y papel’. Posteriormente, cuando dejó de colocarse la literatura por un precio convenido, las contribuciones peticionadas pasaron a ser voluntarias; pero seguía manteniéndose la coletilla de ‘para cubrir gastos de tinta y papel’. Aún hoy día muchos testigos, especialmente los más veteranos, al pedir la correspondiente contribución voluntaria, continúan sacando a relucir lo de ‘cubrir gastos de tinta y papel’. ¿Realmente las contribuciones tan solo alcanzan para cubrir gastos de tinta y papel?

    Si así fuera, si las contribuciones que se piden a las personas a las que se deja literatura se destinasen a cubrir únicamente gastos de tinta y papel, el cuerpo gobernante y las sociedades Watch Tower del planeta (porque son varias) no serían propietarias de los grandes inmuebles y extensos terrenos donde instalan las sucursales de los países. Ni serían propietarias de otros muchos edificios. Los salones del reino y de asambleas son tema aparte, ya que para ellos se piden contribuciones directas a los hermanos, quienes aportan la mano de obra gratuita, además de los fondos, escriturándose finalmente los salones a nombre del cuerpo gobernante, de la Watch Tower o de las entidades jurídicas de asociaciones de testigos de Jehová que correspondan, éstas dependientes del cuerpo gobernante o junta eclesiástica de los testigos de Jehová, como se recoge en los documentos pertinentes.

    Si las aportaciones voluntarias cubriesen tan solo los gastos de tinta y papel, la Watch Tower no podría invertir cientos o miles de millones de dólares en ‘hedge funds’, que son unos especiales fondos de inversión capitalista que únicamente pueden permitirse los muy millonarios del planeta.

    Está claro que las aportaciones y donaciones que se hacen al cuerpo gobernante de los testigos de Jehová cubren mucho más que los gastos de tinta y papel de la literatura que los hermanos de a pie distribuye. A ello se añade que la venta de inmuebles y salones del reino y de asambleas le reporta sustanciosos beneficios a la Watcht Tower y al cuerpo gobernante. En noviembre de 2012 la Watch Tower vendió en Nueva York uno de los hoteles más lujosos del mundo, el Bossert, que era propiedad de la entidad rectora de los testigos de Jehová desde los años 1980. En Barcelona fue vendido el salón de asambleas de Horta a la protestante Iglesia de Cristo, ante las protestas de muchos testigos catalanes, protesta que en su mayoría no llegaron a altos oídos.

    Es sabido que cuando se vende un salón de estas características, la recaudación no suele destinarse a la adquisición de uno nuevo, sino que se piden contribuciones especiales a los reunidos en las congregaciones, los cuales suelen responder generosamente con dinero y mano profesional, pensando que hacen una obra para Dios mismo.

    En conclusión, la propiedad de terrenos, edificios y locales del cuerpo gobernante y la Watch Tower, así como las multimillonarias inversiones en hedge funds, con toda claridad no sale de lo recaudado para cubrir los gastos de tinta y papel. Los gastos de tinta y papel se cubren, evidentemente, pero el sobrante, que es legión, va a parar de nuestras manos al cuerpo gobernante y del cuerpo gobernante a la Sociedad Watcht Tower de Pensilvania (o a la de Nueva York), que es la que a su nombre adquiere tan vastas propiedades y títulos financieros. No olvidemos que en Nueva York existe una lista de las 100 mayores empresas del mundo (en realidad son las 100 mayores empresas de Nueva York, pero hemos de considerar que en Nueva York están representadas las más grandes empresas mundiales) y la Watch Tower figura como la número 34. ¿Consiguió ese importante puesto financiero con tan solo las contribuciones para cubrir gastos de tinta y papel?

   

domingo, 15 de marzo de 2015

¿Las transfusiones de sangre serán asunto de conciencia?



    Antes de 1945 los testigos de Jehová aceptaban hemotransfusiones y donaban sangre con total libertad. Pero entonces el teólogo único y vicepresidente de la Watch Tower, Frederick W. Franz, creyó entender que la Biblia prohibía las transfusiones, al confundir la expresión ‘comer’ con transfusión por vía arterial.

    Franz filosofó que introducir sangre en las venas era lo mismo que comerla, aunque los médicos, que entienden de la sangre bastante más que Franz y que todos los cuerpos gobernantes de los testigos de Jehová juntos, recalcan que no es lo mismo transfundirse sangre que comerla. La sangre que se come, se digiere y se transforma en diversos derivados. Por ejemplo, las morcillas. Pero la sangre que se transfunde por las venas entra en el torrente sanguíneo tal cual y no se transforma en otros elementos.

    El caso es que, aunque durante década y media después de 1945, unos testigos aceptaban las transfusiones y otros las rechazaban, en 1961 el presidente de la Watch Tower -recordemos que no había entonces un cuerpo gobernante que, como hoy, proclamara las doctrinas, sino que todo dependía del presidente-, declaró que las transfusiones quedaban totalmente prohibidas para los testigos por ser contrarias a las Escrituras y porque violaban el mandato divino de comer sangre. El presidente, Knorr, así lo declaró, aunque el artífice de tal entramado fue Franz, posiblemente auxiliado por algún ayudante.

    La prohibición de hemotransfundirse, pues, se basó en un malentendido de Fred Franz, que confundió los términos comer y transfundirse, creyendo que eran sinónimos. Cuando en 1971 fue creado el cuerpo gobernante tal como lo conocemos actualmente (no es lo mismo el cuerpo gobernante que la junta directiva de la Watch Tower a la que retrospectivamente se llama cuerpo gobernante), creación corporativa debida principalmente al barullo que armó Franz con su libro ‘Vida eterna en libertad de los hijos de Dios’ y que hizo creer a todos los testigos de Jehová que el Armagedón venía en 1975, este cuerpo gobernante al que pertenecían también los componentes de la junta directiva se dio cuenta de la incongruencia doctrinal impuesta por Franz y Knorr entre 1945 y 1961. Pero ya era tarde para retractarse, dado que por la negativa a transfundirse habían muerto muchas personas.

    Con el tiempo el cuerpo gobernante fue abriendo la mano en el asunto de las transfusiones y dejó a la conciencia del individuo el transfundirse las mal llamadas ‘fracciones sanguíneas’, pero que derivan en su totalidad de la sangre y son el resultado directo de la sangre de miles de donantes. Se permitía, pues, transfundirse elementos de la sangre que otros donaban, pero se prohibía al testigo donar sangre o cualquiera de sus elementos.

    Son permitidas entonces las ‘fracciones’ de la sangre, pero no lo que el cuerpo gobernante entiende que son sus componentes principales (entendimiento que la moderna Medicina ha dejado obsoleto), a saber: plasma, glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Sin embargo, en cuanto a los glóbulos rojos sí se permite el elemento ‘hemoglobina’, que constituye la mayor parte de dichos glóbulos y por tanto no puede considerarse una ‘fracción’. La mayoría de los testigos ignora esto y no se transfunden hemoglobina, con el consecuente perjuicio vital. Así el tema, se plantea la cuestión de si por fin el cuerpo gobernante permitirá la transfusión de glóbulos rojos al completo, dado que sí está permitida la hemoglobina, que compone la mayor parte de tales glóbulos.

    Con los glóbulos blancos o leucitos ocurre que, según la Medicina, no son componentes intrínsecos de la sangre, sino que están de paso en el torrente sanguíneo, que los transporta de un órgano o un tejido celular a otros. El cuerpo gobernante sabe que la mayoría de los glóbulos blancos se encuentran en los órganos del cuerpo, no en la sangre, y cuando una persona se transplanta un órgano, por ejemplo un riñón, recibe gran cantidad de glóbulos blancos con el trasplante. También sabe el cuerpo gobernante que la leche materna contiene la mayor proporción que existe de glóbulos blancos y que el lactante los recibe masivamente durante sus primeros meses.

    Los testigos de Jehová que están al tanto de la cuestión, generalmente ancianos y superintendentes, se preguntan que para cuándo el cuerpo gobernante piensa liberar al testigo al menos de la prohibición de transfundirse glóbulos blancos cuando éstos no son parte real de la sangre y el consumo de los mismos es un proceso natural en el género humano y animal. También se preguntan estos ancianos que por qué razón no se informa abierta y detalladamente a la grey sobre la permisividad de la hemoglobina, que es mayoría en los glóbulos rojos.

    Y como colofón, se le plantea al cuerpo gobernante que, puesto que la sangre no es un alimento, sino un órgano, como reconoce el propio cuerpo gobernante, qué impide que, al igual que ocurre con cualquier otro órgano, se trasplante o transfunda. Al mismo tiempo la mesa del cuerpo gobernante baraja que los principales elementos de la sangre, según la Medicina actual, son dos: el plasma y los elementos formes (principalmente glóbulos rojos) suspendidos en el plasma. La Medicina considera, pues, que los glóbulos rojos y las plaquetas son partículas de los elementos formes, lo que equivaldría en el argot watchtoweriano a ‘fracciones sanguíneas’.

    Sabe también el cuerpo gobernante que varios tratados médicos clasifican la sangre por sus componentes químicos. En tal clasificación serían los componentes principales, por ejemplo, las globulinas, los factores de coagulación, los interferones, etc., lo cual el cuerpo gobernante considera como ‘fracciones’.

    ¿Por qué razón el cuerpo gobernante no abre definitivamente la mano en el asunto de la sangre y deja a la libre conciencia de cada cual el transfundirse o no? Hemos de tener presente un pasado, desde 1961, cargado de innumerables muertes causadas por la creencia de que aceptar sangre es violar la ley de Dios. ¿Qué ocurriría si de pronto el cuerpo gobernante permite libertad en este asunto, dando así a entender que procedió erróneamente durante más de medio siglo al prohibir las transfusiones a sus adeptos? Este asunto, como claramente vemos, se apertura paulatinamente al ir permitiendo la transfusión de más ‘fracciones’. Tal vez llegue el momento, a los cien años, en que definitivamente el tema de la sangre sea cuestión de conciencia individual.       

sábado, 14 de marzo de 2015

La marca identificadora de los testigos de Jehová es la unidad de creencia a toda costa



    En 1954 se celebró en Escocia un proceso judicial conocido como el Caso Walsh, y se celebró debido a la demanda de reconocimiento como ministro por parte del superintendente presidente de una congregación escocesa. El expediente se custodia en el juzgado correspondiente. Al proceso comparecieron F. W. Franz, G. Suiter y H. C. Covington, miembros del Cuerpo Gobernante. La información está tomada del libro ‘A la búsqueda de la libertad cristiana’, de Raymond Franz. La intervención en el estrado de Covington, que defendía a la Watch Tower y era interrogado, se desarrolló en los siguientes términos (extractamos lo más significativo):

    PREGUNTA.- ¿Han promulgado ustedes profecías falsas?

    RESPUESTA.- No creo que hayamos promulgado falsas profecías. Ha habido afirmaciones que resultaron erróneas.

    P.- ¿Se promulgó como algo que todos los testigos debían creer que la segunda venida del Señor se había producido en 1874?

    R.- No estoy familiarizado con eso. Está hablando de algo que desconozco.

    P.- ¿Ha estudiado usted la literatura de su movimiento religioso?

    R.- Sí, pero no todo. No he estudiado los siete volúmenes de ‘Estudios en las Escrituras’ y tampoco he estudiado ese asunto que usted menciona sobre 1874. Lo desconozco.

    P.- ¿Asume que fue  promulgado autoritariamente por la Sociedad (Watch Tower) la segunda venida de Cristo como producida en 1874?

    R.- Asumiendo eso como un hecho, es una hipótesis.

    P.- ¿Fue la publicación de una falsa profecía?

    R.- Eso fue la publicación de una falsa profecía, una declaración falsa o una afirmación errónea del cumplimiento de una profecía que fue falsa o errónea.

    P.- Y eso ¿hubo de ser aceptado como creencia por todos los testigos de Jehová?

    R.- Sí, porque usted debe entender que debemos tener unidad. No podemos estar desunidos, yendo mucha gente cada uno por su lado.

    P.- ¿Se promulgó una falsa profecía?

    R.- Estoy de acuerdo.

    P.- ¿Tenía que ser aceptada por los testigos de Jehová?

    R.- Sí, correcto.

    P.- Si un miembro de los testigos de Jehová hubiera tenido el punto de vista de que esa profecía era errónea y lo hubiera manifestado, ¿sería expulsado?

    R.- Sí, si él manifestó eso y lo mantuvo creando perturbación, debido a que la entera organización cree una cosa, incluso estando equivocada, y alguien comienza por cuenta propia esparciendo sus ideas, entonces hay desunión y problemas, no puede haber armonía, no se puede avanzar. Cuando se produce un cambio ha de venir de la fuente apropiada, la cabeza de la organización, el cuerpo gobernante, no de abajo hacia arriba, porque cada uno podría tener ideas, la organización se desintegraría e iría en centenares de direcciones distintas. Nuestro propósito es tener unidad.

    P.- ¿Unidad a toda costa?

    R.- Unidad a toda costa, porque creemos y estamos seguros que Jehová Dios está usando a nuestra organización, al cuerpo gobernante de nuestra organización para dirigirla, incluso cuando de vez en cuando haya habido errores.

    P.- ¿Y unidad basada en la aceptación forzosa de una profecía falsa?

    R.- Se concede que eso sea cierto.

    P.- Y la persona que expresó su punto de vista, como usted dice, de que eso era erróneo y fue expulsada, ¿estaría en infracción del pacto si estuviera bautizada?

    R.- Correcto.

    P.- Y, como usted expresamente dijo ayer, ¿sería digna de muerte?

    R.- Creo que…

    P.- Diga sí o no.

    R.- Yo diría que sí, sin duda.

    P.- ¿Usted llama a eso religión?

    R.- Ciertamente lo es.

    P.- ¿Usted llama a eso cristianismo?

    R.- Claro que sí.

    De lo anterior se deriva que el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová admite que está realmente equivocado cuando formula una doctrina que más tarde corrige -no precisamente para esclarecer la verdad, porque de nuevo ha de corregir posteriormente las veces que sea necesario-, argumentando que el entendimiento no era el correcto cuando formuló la doctrina. Mientras tanto los adeptos han de aceptar como cierta tal doctrina, aunque no lo sea, bajo amenaza de excomunión o expulsión de las filas congregacionales.

    Y a eso el cuerpo gobernante lo llama cristianismo, cristianismo verdadero, pues se autoproclama como el único vocero nombrado por Jesucristo para desentrañar la Sagrada Escritura y abrir y cerrar las puertas del paraíso o del cielo, según el tipo de oveja que a su juicio merezca o no merezca la inmortalidad o la vida eterna. La de los testigos de Jehová no cabe duda de que es una iglesia más del confuso conglomerado cristiano o cristianista. Jesucristo jamás fundó una organización o iglesia o jerarquía religiosa que le supliera.