miércoles, 27 de abril de 2016

¿De dónde sale el año 1914? La verdad (5)


 

     De la misma Biblia y la aplicación de los tiempos correspondientes según la Historia, podemos deducir el año en que Jerusalén fue destruída por Nabucodonosor. En Esdras 6:15 leemos que el nuevo Templo de Jerusalén se completó en el año sexto de Darío. Como Darío subió al trono en el 521 a.e.c. y su primer año de reinado fue el 520 a.e.c. , su sexto año correspondió al 515 a.e.c. En esto está de acuerdo el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová, como así lo publica en su libro ‘Toda Escritura’. 

    Ahora bien, el libro bíblico de Zacarías, capítulo 7, habla de lo que aconteció en el año cuarto de Darío, es decir, en el 517 a.e.c. Los judíos llevaban en ese tiempo ayunando decenas de años en el mes quinto por la destrucción del Templo de Jerusalén, el cual fue arrasado en el mes quinto, según Jeremías, 52:12 y 13. ¿Cuántos años llevaban los judaítas ayunando en el mes quinto por aquella destrucción? El versículo 5 del capítulo 7 de Zacarías lo aclara. Dice textualmente que llevaban ayunando 70 años por la destrucción del Templo.

    De lo anterior se deduce que, si en el año cuarto de Darío los de Judá llevaban 70 años observando el ayuno por causa del arrasamiento de su Templo, y el año cuarto de Darío correspondió al 517 a.e.c., 70 años atrás llevan inequívocamente al 587 a.e.c. como fecha de la destrucción del Templo y la ciudad de Jerusalén por las tropas babilonias. Así lo entendieron los simpatizantes bíblicos anteriores a Barbour; pero éste equivocó los términos y dedujo erróneamente que Jerusalén y su Templo habían sido arrasados en el año 606 a.e.c., concepto que le transmitió a Russell, quien no investigó si lo que Barbour le decía era cierto o no. De haber investigado, se hubiera cerciorado de que Barbour no estaba en lo correcto.

    De Russell el error de la creencia de que Jerusalén había sido destruída en el 606 a.e.c. pasó a Rutherford, quien tampoco investigó, y posteriormente a Knorr y su vicepresidente Franz, quienes tampoco se cercioraron de que estaban predicando fechas falsas. Ya hemos visto que Franz en 1943, para cuadrar el error de los 2.520 años (mediaban 2.519), adelantó un año la supuesta destrucción de Jerusalén, así como también un año la hipotética salida de los judaítas del destierro, con lo que aumentó el error. Desde aquel año los testigos predican que, como los judíos salieron libres de Babilonia en el 537 a.e.c. y suponen que allí estuvieron 70 años, de ahí que apliquen 70 años retrospectivos al 537 y lleguen a la fecha del 607 a.e.c. como fecha del arrasamiento de la capital de Judá. Al 607 a.e.c. le añaden 2.520 años y así alcanzan la fecha de 1914 como año del inicio del reinado de Cristo en los cielos invisibles.

    Hasta hace poco enseñaban que el Armagedón vendría antes de que desapareciera la generación de 1914 que vio los acontecimientos de aquel año de la Primera Guerra Mundial. Puesto que a finales del siglo XX observaron que ya habían pasado más de ochenta años desde 1914 y se dieron cuenta de que se habían equivocado en lo que predicaban, los del cuerpo gobernante cambiaron el entendimiento y hoy día es obligatorio enseñar que la generación de la que habló Jesucristo se refiere a dos grupos de ungidos (parte de los 144.000 que van al cielo) que se traslapan unos a otros, a modo de como se traslapan o solapan las tejas de un tejado. La no aceptación de esta doctrina es motivo grave de expulsión de la congregación, lo que significa que ni los propios familiares pueden siquiera saludar al expulsado. Si lo hacen, se exponen también a ser expulsados, con el correspondiente desprecio de los demás.

    El testigo de Jehová acepta sin rechistar cuanto enseña el cuerpo gobernante. Un testigo que piense independientemente por sí mismo y pruebe que hay doctrinas equivocadas, es automáticamente expulsado si no se somete de inmediato a los dictámenes de la máxima jerarquía de Patterson (EEUU), el cuerpo gobernante, compuesta actualmente por siete miembros con largos años de permanencia y apostolado en las filas.

    Un testigo de Suecia, Carl Olof Jonson, fue finalmente expulsado por hacer llegar al cuerpo gobernante información exacta sobre las fechas incorrectas que se estaban enseñando, particularmente la de 1914. Jonson demostró con abrumadoras pruebas que el año 607 a.e.c. no fue el de la destrucción de Jerusalén y que por tanto no era correcto el año 1914 para el inicio del reinado de Cristo, como tampoco eran correctos los 2.520 años que se aplicaban al 607 a.e.c. para llegar al año 1914. Con el tiempo Jonson publicó el libro ‘Los tiempos de los gentiles reconsiderados’, obra estimada hoy por los eruditos como una de las mejores con información completa sobre el imperio neobabilónico y las tablillas cuneiformes.

    Y hablando de expulsiones de personas influyentes entre los testigos, al principio de los años ochenta, el miembro del entonces cuerpo gobernante, Raymond Franz, sobrino del presidente de la Watch Tower, Fred Franz, fue expulsado por desacuerdos doctrinales con sus colegas, los cuales se negaron a razonar la evidencia de los equívocos que aún hoy día continúan enseñándose bajo pena de excomunión. Es de observar que se trataba del primer cuerpo gobernante que existió entre los testigos y que fue creado en 1971 con los siete miembros de la junta directiva de la Watch Tower, más otros (hasta alcanzar la cifra de diecisiete) que fueron incorporados.

    La junta directiva continuó llevando comercialmente la Watch Tower, en tanto que el cuerpo gobernante recién creado se encargaba de los asuntos doctrinales y de redactar la literatura o, más exactamente, de revisar y dar el visto bueno a lo que escribían los miembros del comité de redacción, también creado a raíz de la aparición del cuerpo gobernante. El cuerpo gobernante asumió sus funciones doctrinales y redactoras a partir del 1 de enero de 1976. Hasta entonces se había encargado de ello el presidente de la Watch Tower, como fueron los casos de Russell y Rutherford, aunque en tiempos de Knorr los temas doctrinales los llevaba exclusivamente el vicepresidente Fred Franz. (Continúa en la parte 6).  

 

lunes, 18 de abril de 2016

¿De dónde sale el año 1914? La verdad (4)


 

    A partir de 1943 los testigos de Jehová comenzaron a predicar que los judíos (en realidad los judaítas) fueron liberados del cautiverio babilonio en el 537 a.e.c. Como, al entender de la Sociedad Watch Tower, los judíos estuvieron 70 años desterrados desde el día de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, retrocediendo 70 años en el tiempo se llega al 607 a.e.c. como el hipotético año de aquella destrucción. Dado que la Watch Tower, y ahora el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová, cree que los tiempos de los gentiles duran 2.520 años, de ahí que los aplique a la fecha del 607 a.e.c., alcanzando de esta manera el 1914 como año final del periodo mencionado.

    No hay manera de explicar el año 607 si no es retrocediendo 70 años la fecha del 537 a.e.c., cuando se da el caso de que los historiadores llegaron al 539 a.e.c. como año de la caída de Babilonia partiendo de la fecha del 609 a.e.c., en que fue tomado el último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán. Los historiadores sabían que el nuevo imperio babilonio había durado 70 años y por eso los aplicaron al 609 a.e.c., que es fecha que se conoce gracias a la cronología exacta de Egipto. Si los historiadores se hubieran equivocado en la fecha del 609 a.e.c., también se habrían equivocado en la del 539 a.e.c.

    Antes de 1943 se predicaba que, como los judíos salieron de Babilonia en el 536 a.e.c., 70 años atrás llevaban al 606 a.e.c. como año de la destrucción de Jerusalén. Era el entendimiento que Barbour le había transmitido a Russell; pero éste no se detuvo a investigar si las fechas eran ciertas o no y se lanzó sin más a proclamarlas a diestro y siniestro. Los estudiosos anteriores a Barbour sostenían, de acuerdo con los historiadores, que Jerusalén fue destruída en el 587 a.e.c. y que la fecha del 606 a.e.c. era la de ascenso de Nabucodonosor, aunque esta última fecha se basó en un error de cómputo, cuando los historiadores demostraban que Nabucodonosor ascendió en el 605 a.e.c.

    La Biblia expone en Jeremías 25:11 que las naciones servirían al rey de Babilonia por setenta años. Pero Barbour, al leer el pasaje, entendió que Judá estaría en el destierro setenta años. Confundió servidumbre con destierro. Barbour, al contrario que sus antecesores, contó el inicio de los supuestos 70 años de destierro a partir de la destrucción de Jerusalén en el año 18 de Nabucodonosor. Ello se debió a que entendía que el destierro de ese año era el más importante de todos. Sin embargo el principal destierro de los judíos acaeció en el año 7 de Nabucodonosor, cuando se llevó cautivas a 3.023 personas, mientras en el año 18 se llevó solamente a 832. Russell aceptó ciegamente de Barbour este equivocado punto doctrinal y lo esparció allá por donde iba predicando.

    La Biblia no dice en ninguna parte que los judaítas estuvieron 70 años en el destierro después de que Nabucodonosor destruyera Jerusalén. La creencia en estos 70 años se debe al error que Barbour inculcó a Russell y que el actual cuerpo gobernante de los testigos de Jehová continúa defendiendo bajo pena de excomunión de quien no lo acepte.

    Los 70 años de los que habla Jeremías no se refieren al destierro de los judaítas, sino a la duración del imperio babilonio después de haber conquistado el último territorio de Asiria, la ciudad de Harrán, en el año 609 a.e.c. Jeremías dice que todas las naciones que Babilonia había conquistado a Asiria servirían al rey babilonio por setenta años. Dichas naciones habían estado hasta entonces sirviendo al rey de Asiria. Entre esas naciones se encontraba evidentemente Judá.

    Ahora bien, servir al rey de Babilonia no implicaba que los habitantes de una nación fueran al destierro. De las naciones que Babilonia conquistó a Asiria, solamente Judá fue al destierro debido a que no sirvió al rey de Babilonia. Por esa razón Nabucodonosor se llevó cautiva a la mayoría de los habitantes de Jerusalén en el año 7 y en el 18 de su reinado. Si servir al rey de Babilonia supusiera el destierro, Nabucodonosor se los habría llevado cautivos en su mismísimo año de ascenso como rey. Si los de Judá le hubieran servido, no habrían sido castigados con el destierro. Jeremías 27:11 especifica que al rey de Babilonia se le podía servir en la propia tierra de cada cual. Servir al rey de Babilonia entrañaba someterse a las leyes de Babilonia y pagar los tributos correspondientes. La nación que no se sometiera, sería castigada. Eso fue lo que le ocurrió a la nación de Judá, que por no rendir servicio en su propia tierra fue llevada lejos al destierro.

    El versículo 12 de Jeremías 25 manifiesta que al cabo de los 70 años se le pedirían cuentas al rey de Babilonia. Hoy el cuerpo gobernante continúa explicando lo que Barbour le había transmitido erradamente a Russell: que los 70 años se refieren al cautiverio de los judíos y que esos 70 años acabaron cuando los cautivos regresaron a Jerusalén. Ahora bien, aunque antes de 1943 se explicaba que los judíos habían salido del destierro en el 536 a.e.c. y posteriormente se cambió la fecha al 537 a.e.c., ni en el 536 ni en el 537 existía ya el rey de Babilonia y por lo tanto no se le pudieron pedir cuentas.

    Pedirle cuentas a un rey significa que no reinaría más. Y el rey de Babilonia dejó de serlo en Octubre del 539 a.e.c. Por tanto fue en ese año del 539 a.e.c. cuando se le pidieron cuentas a dicho rey, no en el 537 a.e.c., porque ya no existía el rey babilonio en tal año. El nuevo rey de Babilonia era Ciro y a él no se le pidieron cuentas. Eso quiere decir que los textos de Jeremías 25:11 y 12 no se refieren en absoluto al destierro de los judaítas. Jeremías habla de que todas las naciones servirían al rey de Babilonia y todas las naciones no fueron al destierro. Le sirvió cada nación en su propio territorio, sujetándose a las leyes de Babilonia, excepto Judá, que no se sujetó y fue castigada con el destierro de los habitantes de Jerusalén. Los 70 años no los aplica Jeremías al destierro de los hierosolimitanos, sino a la duración del imperio babilonio tras su conquista definitiva de Asiria. (Continúa en la parte 5).   

 

 

lunes, 11 de abril de 2016

¿De dónde sale el año 1914? La verdad (3)


 

    No habiendo acontecido en 1925 la tan anunciada resurrección de los patriarcas ni el Armagedón, Rutherford declaró literalmente que ‘había hecho el asno’. Sin embargo no abandonó la idea de que los patriarcas resucitaran en cualquiera de aquellos años. Por esa razón solicitó a los Estudiantes de la Biblia que aportaran fondos para la construcción de una mansión para los patriarcas. Se recaudaron 25.000 dólares, una suma altísima para la época, máxime cuando ya la nación entraba en la Gran Depresión económica. Un obrero especializado ganaba entonces 150 dólares al mes.

    Recolectado el dinero, en 1929 Rutherford comenzó a edificar en San Diego, California, la mansión Beth Sarim, que significa ‘Casa de los Príncipes’. Con todo lujo de detalles y un Cadillac de 16 cilindros en el garaje, valorado en unos 7.500 dólares de los de entonces, se terminó de construir la casa en 1930 y, mientras se esperaba a los patriarcas, el propio Rutherford la ocupó. En Nueva York tenía Rutherford otro Cadillac de 16 cilindros financiado por los Estudiantes de la Biblia.

    Por si Beth Sarim no fuera suficiente, Rutherford adquirió en 1939 unos terrenos colindantes y mandó edificar la mansión que denominó Beth Shan (o Casa de Seguridad), con dos sofisticados refugios antiaéreos que fueron descubiertos cuando se vendió la finca, refugios que Rutherford construyó pensando que la guerra mundial se extendería a los Estados Unidos. Acceder a esta segunda mansión era realmente difícil, dado lo escabroso del terreno. Se ignora de dónde consiguió los fondos para esta construcción.

    Falleció Rutherford en Beth Sarim el 8 de Enero de 1942 y su cadáver permaneció tres meses y medio en una nevera de hielo, mientras se esperaba el permiso correspondiente para poder ser enterrado en la propia Beth Sarim, como era el deseo del finado. Denegado finalmente el permiso, Rutherford fue enterrado en secreto. En la actualidad no se sabe dónde exactamente está su tumba. La Sociedad Watch Tower declaró en su día que Rutherford fue enterrado en el antiguo terreno de la radio de los Estudiantes de la Biblia, en Staten Island, New York. Sin embargo el terreno ya no era propiedad de Watch Tower cuando murió Rutherford y allí no se permitía enterrar a nadie. Gran parte del lugar lo ocupa una iglesia y un cementerio metodista, sin enterramientos desde el siglo XIX.

    Contrasta el entierro de Rutherford  con el de su antecesor Russell, que tuvo el sepelio de un rey en el cementerio de Pittsburg, cerca de donde hoy se levanta el gran Centro Masónico. Junto a su tumba se le edificó a Russell una suntuosa pirámide, adornada con el célebre símbolo masónico de la cruz y la corona. Tumba y pirámide puede contemplarlas hoy cualquier visitante.

    Sucedió a Rutherford en la presidencia de la Watch Tower Natan H. Knorr. Durante tres largas décadas Knorr, que era más comercial que teólogo, contó con el apoyo incondicional del vicepresidente Fréderick W. Franz, que se encargaba de redactar, como único teólogo de la Sociedad, la mayor parte de la literatura, tanto de las revistas como de los libros y folletos. La junta directiva de la Sociedad no mediaba en asuntos espirituales, sino únicamente en temas mercantiles. Franz llegaría a ser presidente en 1977, tras el fallecimiento de Knorr.

    En 1943 Franz escribió el libro ‘La verdad os hará libres’. A través de él dio a conocer las nuevas fechas mediante las cuales pretendió corregir el error de un año menos en el cómputo de los célebres 2.520 años de los tiempos de los gentiles. En resumen, lo que hizo Franz, en nombre de la Sociedad, fue: primero, suprimir la fecha de 1874 que se predicaba como la de entronización de Cristo en su reino celestial y pasarla a 1914; segundo, hacer de 1914 el año del inicio del reinado de Cristo; tercero, pasar la venida física de Cristo y el Armagedón a un tiempo futuro, estimado en una generación; cuarto, adelantar el año de la hipotética destrucción de Jerusalén del 606 al 607 a.e.c., a fin de que cuadraran los 2.520 años con la fecha de 1914; quinto, adelantar la presumible fecha de salida del destierro de los judaítas del año 536 al 537 a.e.c., a fin de que cuadraran los 70 años entre el 607 y el 537 a.e.c.

    En el primer lustro de los sesenta Franz escribió el polémico libro ‘Vida eterna en libertad de los hijos de Dios’. En él aseguraba que en 1975 se cumplían 6.000 años de la creación del hombre y dejaba caer que a continuación empezaba el milenio de Cristo. La implantación de este milenio suponía que Cristo vendría al tiempo de comenzar el mismo y traería el Armagedón. Así que todos los lectores entendían que el Armagedón vendría para 1975. Se editaron numerosas publicaciones al respecto y se dieron interminables discursos por todo el mundo durante años. Muchos hermanos vendieron sus propiedades, dejaron sus trabajos pensando que el Armagedón vendría para 1975 y se dedicaron a predicar de tiempo completo. El cuerpo gobernante y la Watch Tower aprobaron expresamente dicho proceder en su hoja del Ministerio del Reino, que se distribuía en las congregaciones.

    Pasó 1975 y no vino el Armagedón. Eso causó gran decepción entre los adeptos y muchos abandonaron el movimiento. La Sociedad salió al paso argumentando que los lectores habían entendido mal al creer que en 1975 venía el Armagedón; pero en 1980 el cuerpo gobernante tuvo que admitir su culpa en hacer entender que la venida de Cristo en 1975 era segura. A pesar de ello, algunas publicaciones de la Watch Tower sugerían que el fin vendría antes de que acabara el siglo XX. En alguna vieja Atalaya aún puede leerse: ‘La obra de predicación se completará antes de que termine el siglo XX’. Esto se corrigió y en su lugar hoy aparece el texto: ‘La obra de predicación se completará en breve’. Pero en las atalayas sueltas que ya tenían los testigos no pudo evidentemente cambiarse el texto antiguo. (Continúa en la parte 4).  


domingo, 3 de abril de 2016

¿De dónde sale el año 1914? La verdad (2)


 
    Barbour creó la revista ‘El Heraldo de la Mañana’ y en ella publicó que el Armagedón o final de los reinos del mundo vendría en 1914, año que salía de aplicar 2.520 años al 606 a.e.c. Sin embargo Barbour cambió algunos conceptos que sus antecesores predicaban. Así, el año 606 a.e.c. no era para él el del inicio del reinado de Nabucodonosor, sino el año en que éste destruyó Jerusalén, es decir, el año 18 de su reinado. Como consecuencia, y creyendo que los judíos -más correcto es decir judaítas- apresados en ese año estuvieron desterrados 70 años en Babilonia, Barbour predicó que éstos fueron libertados en el 536 a.e.c. Al mismo tiempo confundió los siete tiempos de Daniel con los tiempos de los gentiles que Jesucristo aplicó al futuro de Jerusalén, a partir del año 70. Barbour, pues, predicaba que los tiempos de los gentiles duraban 2.520 años.

    Así las cosas, en enero de 1876 el joven simpatizante bíblico Charles Taze Russell, fundador del grupo ‘Estudiantes Internacionales de la Biblia’, recibió un ejemplar de la revista de Barbour y Russell se entrevistó con él. De resultas de la entrevista, Russell aceptó tiempos y fechas de Barbour, y ello sin detenerse a investigar sobre su veracidad. Si hubiera investigado imparcialmente se habría dado cuenta de que los datos numéricos que le pasaba Barbour se basaban todos en conjeturas humanas y en cábalas de la numerología esotérica y nada tenían que ver con la Biblia. Russell finalmente predicó, entre otras cosas, que: Jesucristo había sido hecho rey invisiblemente en el cielo en 1874; que Cristo vendría visiblemente a la Tierra en 1914, cuarenta años después de 1874; que el Armagedón también tendría lugar en 1914; que la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor aconteció en el 606 a.e.c., y que los tiempos de los gentiles duraban 2.520 años solares.

    En 1879 Russell fundó la revista que en castellano tomó el nombre de La Atalaya. Posteriormente, en 1881, participó con el 10% de las acciones en la creación de la Sociedad Watch Tower de Sión, siendo su principal fundador y presidente William Henry Conley, que detentaba el 70% de las acciones, mientras el padre de Charles, Joseph Russell, se asociaba con el 20%. En 1884, tras marcharse Conley, Russell reestructuró la Sociedad para acomodarla a imperativos legales y se inscribió como único accionista y presidente.

    Con el tiempo Russell se dio cuenta de que había un error en el cómputo de los 2.520 años, al no haber tenido Elliot en cuenta que no existió año cero entre las eras anterior y posterior al inicio de la cuenta del tiempo en el hipotético año de nacimiento de Jesús (que se computó erróneamente por el monje Dionisio en el siglo VII). Russell comprobó que entre el 606 a.e.c. y 1914 solamente mediaban 2.519 años. Por esa razón pensó en trasladar a 1915 los acontecimientos que se esperaban para 1914. En esa cuenta andaba cuando estalló la Guerra Mundial, que Russell no esperaba. Como resultado comenzó a predicar más efusivamente que la guerra desembocaría en el Armagedón antes de que acabara el año 1914.

    Pasó 1914 y el Armagedón no vino, por lo que Russell predicó su venida para 1915, lo cual notificó a través de sus publicaciones en la revista que había fundado en 1879, así como en el segundo tomo de Estudios en las Escrituras, el titulado ‘El tiempo se ha acercado’. Transcurrió el año 1915 y el Armagedón tampoco vino, en tanto que la guerra europea se recrudecía. Russell se aplicó aún más a predicar que Cristo estaría a punto de llegar uno de aquellos años. Su frenética actividad hizo que sus fuerzas decayeran paulatinamente y el 31 de Octubre de 1916 falleció a los 64 años de edad mientras se desplazaba en tren para seguir dando conferencias en distintos territorios de los Estados Unidos.     

    A Russell le sucedió en la presidencia de la Sociedad Watch Tower el abogado Joseph Franklin Rutherford, quien inició su mandato en enero de 1917. En sus primeros tiempos continuaba predicándose, dejando aparcado el año 1914, que en 1874 Cristo había sido hecho rey en los cielos invisibles y que el Armagedón vendría en 1925, coincidiendo con la resurrección de los antiguos patriarcas. A tal efecto Rutherford publicó en 1920 el folleto ‘Millones que ahora viven no morirán jamás’.

    Pasó el año 1925 y los patriarcas no resucitaron ni tampoco llegó el Armagedón ni apareció Jesucristo en la Tierra. Ello, además de la imposición de doctrinas personales de Rutherford, supuso que no pocos Estudiantes de la Biblia comenzaran a abandonar las filas. Para el tiempo de la Conmemoración de la muerte de Cristo en el año 1927 había abandonado el movimiento más del 70% de los Estudiantes de la Biblia. El anuario de la Watch Tower de 1928, que corresponde a 1927, indica que solamente participaron en la Conmemoración 23.988 personas, cuando el anuario de 1926, que corresponde a 1925, indicaba que los participantes fueron 89.278. En 1931 Rutherford dio nuevo nombre al ya reducido grupo de Estudiantes de la Biblia que finalmente quedó en activo. Decidió que en adelante el grupo fuera conocido como ‘Testigos de Jehová’. En aquel tiempo todos esperaban ir al cielo.

    En los días de Rutherford, como en los de Russell y posteriormente en los del presidente de la Watch Tower, Natan Homer Knorr (hasta 1975 inclusive), las decisiones doctrinales eran competencia exclusiva del presidente de la Sociedad. No existía entonces un cuerpo gobernante que emitiera las doctrinas. Fue a partir del 1 de Enero de 1976 que el cuerpo gobernante creado en 1971 se hizo cargo de los asuntos espirituales, relegando de esa función al presidente de la Sociedad. En la mente de los adeptos, el cuerpo gobernante se confunde con la junta directiva de la Sociedad, cuando el caso es que son dos entidades diferentes. La junta directiva es el gobierno de la Sociedad Watch Tower, mientras el cuerpo gobernante es la cabeza espiritual de los testigos de Jehová. (Continúa en la parte 3).     

 

lunes, 28 de marzo de 2016

¿De dónde sale el año 1914? La verdad (1)



    En 1844, el estudioso bíblico Edward Bishop Elliot publicó el libro ‘Horas con el Apocalipsis’. En él aseguraba que los siete tiempos mencionados por el profeta Daniel y aplicados al rey Nabucodonosor de Babilonia duraban 2.520 años. Según él, dicha duración se extendía hasta el año 1914, partiendo del 606 a.e.c. (antes de la era cristiana), año que a su entender era el de ascenso de Nabucodonosor al trono de Babilonia. El año 606 a.e.c. fue erróneamente publicitado como el primero de Nabucodonosor por el teólogo Thomas Rawson Birks, que así lo presentó en su libro ‘Primer elemento de la sagrada profecía’, publicado en 1843.

    Birks fue uno de los que, creyendo basarse en la Biblia, no estaba de acuerdo con el año 605 a.e.c., que era el que los historiadores y los arqueólogos demostraban para el ascenso de Nabucodonosor al trono, siendo el año primero de su reinado el 604 a.e.c. Aunque la fecha del 606 a.e.c. la habían adelantado los historiadores como el año de la toma de la ciudad de Harrán por los babilonios, por lo que con dicha toma finalizaba el imperio asirio, Birks tomó de otros la supuesta confirmación del año 606 al leer Jeremías 52:12, que dice que Nabucodonosor arrasó Jerusalén en el año 19 de su reinado.

    Como entonces ya se pensaba que Jerusalén había sido destruída en el 587 a.e.c.,  algunos estudiosos sumaron erróneamente 19 años al 587 y así creyeron confirmar la fecha del 606 a.e.c. como el año de inicio del reinado de Nabucodonosor. Para hacerlo correctamente, debieron haber sumado 18 años al 587 y hubieran llegado al 605 a.e.c. como año de ascenso de Nabucodonosor. Posteriormente los historiadores corrigieron la fecha del 606 a.e.c., así como la del 536 a.e.c. (año que dedujeron para la caída de Babilonia), pasándolas respectivamente al 609 y 539 a.e.c. La del 539 a.e.c. es la de la caída de Babilonia, en tanto que la del 609 a.e.c. corresponde a la toma del último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán.

    De todas maneras se esperaba que en 1914 Cristo regresara a la Tierra e iniciara la batalla de Armagedón contra los gobiernos humanos. Sin embargo, Edward B. Elliot se equivocó al aplicar los 2.520 años, porque entre el 606 a.e.c. y 1914 no median más que 2.519 años. Si se equivocó en algo tan simple, con más razón se equivocaría en cálculos más complicados.

    ¿De dónde sacó Elliot el cómputo de los 2.520 años? Del libro ‘El atardecer’, que John Aquila Brown, otro estudioso bíblico, publicó en 1823. Hasta entonces la duración de los siete tiempos de Daniel se estimaba por lo general en 1.260 años. Brown lo que hizo fue duplicar los 1.260 años, creyendo que los siete tiempos de Daniel aplicaron a Nabucodonosor durante siete años. Y como desde la Edad Media algunos doctos judíos tenían por norma asignar un año por día a ciertos textos de la Biblia, eso es lo que hizo Brown.

    Para ello calculó que siete años equivalían a 2.520 días, a razón de 360 días por año. Sin embargo, el año solar tiene 365 días, por lo que 7 años solares equivaldrían a 365 x 7 =  2.555 días; pero como entra al menos un año bisiesto, el cálculo quedaría en 2.556 días. Ahora bien, Brown no acomodó a los siete tiempos de Daniel años solares, sino años que él entendía como proféticos, los cuales los consideraba de 360 días. De ahí los 2.520 días que después Brown elevó a 2.520 años, en la creencia de que la Biblia daba una regla de medir de un año por día. En realidad esto de convertir los días en años no viene en la Biblia, sino que se trata de un cálculo cabalístico que manejaban intelectuales judíos; es decir, se trata de numerología, que es una ciencia esotérica u ocultista. Los 2.520 años aplicados a los siete tiempos de Daniel son en realidad esoterismo.

    Así que Brown adjudicó un año por día a los 2.520 días que él pensaba que habían durado los siete tiempos en el caso de Nabucodonosor y llegó a la conclusión de que los siete tiempos equivalían a 2.520 años, considerando él esos años como proféticos de 360 días y no como solares de 365. Pero Brown se equivocó al manejar el cómputo. Inadvertidamente convirtió los 2.520 años ‘proféticos’ en solares y por eso fijó el comienzo de los mismos en el 604 a.e.c. (que según los historiadores era el primer año de reinado de Nabucodonosor), finalizando el periodo en 1917. Para ser ecuánime, Brown debió haber aplicado años de 360 días y no años solares de 365. De haber procedido de esa manera hubiera llegado al año 1881 como el final de los 2.520 años ‘proféticos’ que deberían corresponderse con los siete tiempos de Daniel. Pero mezcló años ‘proféticos’ (o que los religiosos llaman incorrectamente proféticos) con solares.

    Cuando Elliot escribió su libro ‘Horas con el Apocalipsis’ no advirtió el error y continuó convirtiendo los 2.520 años ‘proféticos’ en solares. Y así estimó el comienzo de los mismos en el 606 a.e.c., para concluirlos en 1914, aunque debió haberlos terminado en 1915. De todas maneras se equivocó al estimar su duración como años solares y no proféticos y los 2.520 años ‘proféticos’ de Elliot  deberían haber terminado en 1879. Pero Elliot no se dio cuenta de ello y, con error de un año menos en la cuenta que ya era incorrecta, llegó al año 1914 como el tiempo en que Cristo aparecería de nuevo y aniquilaría los gobiernos de la Tierra.

    Hacia el año 1870 o poco más, un tal Nelson Horatio Barbour, que había sido discípulo del fundador del adventismo, William Miller, leyó en la Biblioteca Nacional de Londres el libro ‘Horas con el Apocalipsis’, que Elliot había publicado en 1844. Barbour aceptó los cálculos de Elliot y, aunque en principio predicó que Cristo regresaría en 1873, lo cual no sucedió y por eso acomodó la supuesta venida al año 1874 sin que tampoco viniera Cristo, con el tiempo se inclinó por el año 1914 para dicho regreso y la batalla de Armagedón. Barbour estimaba que había dos venidas de Cristo: una invisible, al tomar su poder real en el cielo en 1874, y otra visible, con su regreso a la Tierra en 1914. (Continúa en la parte 2).     
 
 

viernes, 25 de marzo de 2016

El enigma de la resurrección de Cristo


    Los cuatro evangelios que la Iglesia aceptó como inspirados -hubo muchos más, pero se acordó dejarlos en cuatro porque cuatro eran los puntos cardinales- son los que se dieron en llamar de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. No se sabe quiénes fueron en realidad sus autores. La atribución a los susodichos evangelistas es parte de la tradición eclesiástica, a sabiendas de que no fueron ellos quienes los escribieron. Los protestantes se aferraron a la Biblia en el siglo XVI y la consideraron literalmente como Palabra de Dios, cuando ya la Iglesia había realizado múltiples enmiendas a lo largo de los siglos, sobre todo en el siglo XV, reescribiendo los códices correspondientes y haciéndolos pasar por más antiguos.

    Cuando se inventó la imprenta y salió a la luz la primera Biblia impresa, ya no fue posible reelaborar los códices, dado que las copias impresas de la Biblia llegaban a todas partes y no sucedía como en el caso de los códices, de los que se hacían contadas copias que se custodiaban en algunos monasterios y bibliotecas, códices que estaban directamente controlados por la Iglesia.

    Las biblias de hoy mencionan, de acuerdo con los viejos códices reestructurados, la resurrección de Cristo y sus apariciones. Sin embargo el más antiguo de estos códices, el Sinaíticus, escrito en el siglo IV, escapó al control de la Iglesia porque dicho códice se extravió mucho antes del siglo XV y apareció finalmente, en el siglo XIX, en el Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí. Con todo, los expertos han detectado a través de luz ultravioleta que este códice ha sido en buena parte alterado por medio de raspar escrituras y sobre escribir textos que sí aparecen en otros códices posteriores, lo que demuestra que la Iglesia lo tuvo bajo control hasta el momento de su temprana desaparición.    

    Es evidente que el códice Sinaíticus ni siquiera mencionaba la resurrección de Cristo, como lo refiere, por ejemplo, muy de pasada, Marcos 16:6. Por eso tantos expertos ajenos a las iglesias sospechan que los códices posteriores al Sinaíticus, los cuales sí mencionan la resurrección y las apariciones, pueden ser falsificaciones efectuadas con carácter retroactivo para tratar de demostrar las doctrinas eclesiásticas en boga durante los siglos X al XV.

    Los cuatro evangelios narran, con mayor o menor extensión, la pasión y muerte de Jesucristo. También su resurrección, aunque el evangelio de Marcos lo hace a vuelapluma y no menciona aparición alguna del resucitado Jesús. Este evangelio, seguramente el primero en escribirse y del que indudablemente copiaron los evangelistas Mateo y Lucas, que ampliaron detalles, termina abruptamente con la súbita huída de las tres mujeres (el evangelio de Mateo menciona dos mujeres y el de Juan una sola) que habían ido a la tumba del Rabí con ungüentos el domingo de madrugada, aunque ya José de Arimatea y Nicodemo habían impregnado el cuerpo de Jesús con áloe y mirra antes de envolverlo en telas y depositarlo en el sepulcro.

    Junto al sepulcro vacío hallaron las mujeres a un joven vestido de blanco (el evangelio de Lucas menciona dos hombres y ninguno el de Juan) que les dijo que su Señor había resucitado y por eso huyeron despavoridas. Así, de sopetón, concluye el relato de Marcos en su capítulo 16 y versículo 8. Manos posteriores le añadieron una conclusión más suave y larga, que corresponde en nuestras biblias a los versículos 9 al 20, los cuales no se hallan en el códice más antiguo, el Sinaíticus.

    Tampoco se hallan en este códice las apariciones del resucitado mencionadas por los otros tres evangelios y cuyos relatos se atribuyen a Mateo, Lucas y Juan. La conclusión añadida al evangelio de Marcos da pie para entender que ningún relato evangélico se escapa de trastoques literarios, interpolaciones y modificaciones posteriores. Para cuando los protestantes se separaron de la Iglesia católica, ésta ya había dado forma definitiva a los escritos neotestamentarios y a los códices supuestamente antiguos.

    En el códice Sinaíticus no figura el capítulo 21 del evangelio de Juan, que narra la aparición de Jesús a los apóstoles que pescaban en el lago Tiberiades. Los exegetas imparciales aducen que este capítulo es, por fuerza, uno de los muchos pasajes añadidos a los evangelios originales. El capítulo anterior concluye diciendo que “Jesús realizó otras muchas señales que no están escritas en este libro”. Si tal era la conclusión del evangelio, sobra por lógica cualquier texto posterior.

    Este capítulo 21 resulta sospechoso además por la implícita defensa del primado de Pedro, cuando expresa que Jesús le dijo tres veces al apóstol que apacentase sus ovejas y sus corderos. Otro pasaje sospechoso es la narración de la pesca de los 153 peces por parte de los apóstoles. El 153, cuyas cifras suman 9, era uno de los números considerados mágicos en las antiguas religiones, tal como también lo era el número 17. Y precisamente la suma de todos los números comprendidos entre el 1 y el 17 da 153.

    En los misterios de las viejas religiones se conmemoraba la muerte de ciertos dioses o humanos divinizados, así como su resurrección a los tres días, precisamente en el tiempo cercano al equinoccio de primavera. Tal es el caso de Osiris, Krisna, Dionisos, Mitra y algunos más. Por eso tantos expertos en religiones llegan a la conclusión de que la figura de Jesucristo se presenta como una amalgama fabulosa de aquellos seres endiosados que le antecedieron y que en realidad no existieron más que en la mente de quienes divulgaron las creencias que convenían al momento. Sin tratar de menoscabar la fe de los creyentes sinceros, la realidad es que no hay evidencia de que los textos evangélicos sobre la resurrección de Cristo y sus apariciones sean genuinos.


domingo, 13 de marzo de 2016

¿Comió Jesucristo cordero de Pascua el año de su muerte?


 
    La respuesta bíblica es no. Jesucristo no pudo comer cordero de Pascua el año de su muerte por la sencilla razón de que él murió a la hora en que se mataban los corderos para la cena de Pascua. Según la Ley, los judíos debían sacrificar un cordero de un año de edad el 14 de Nisán entre las “dos tardes” y consumirlo en la cena al caer la noche. Es la llamada cena de Pascua, que conmemora la liberación de los israelitas cautivos en Egipto. El día entre los judíos comenzaba al aparecer las tres primeras estrellas de la noche y concluía a la caída del crepúsculo, justo antes del anochecer. El mes de Nisán comienza en la primera noche después de la de luna nueva más próxima al equinoccio de primavera. Esa primera noche, que es cuando en Jerusalén se aprecia el primer arco de luna creciente, corresponde al uno de Nisán, variable de un año para otro.

    La expresión “dos tardes” se refiere a dos periodos del día judío, a saber: la primera tarde corría desde las 12 del día, que es cuando el sol iniciaba su descenso después de estar en el cénit, hasta las 15 horas; y la segunda tarde se daba entre las 15 y las 18 horas, además del crepúsculo. El cordero de pascua, según escribe Flavio Josefo, se degollaba entre la hora novena y la undécima; es decir, entre las 3 y las 5 de la tarde del 14 de Nisán. Jesucristo murió, según los evangelios, el 14 de Nisán hacia las 3 de la tarde, que era cuando se sacrificaban los corderos para la cena.            

    Algunos religiosos creen que el cordero se degollaba tras la puesta de sol del 14 de Nisán, en tanto que otros piensan que se sacrificaba después de la puesta de sol del 13 de Nisán, ya al comenzar el día 14. Si esto fuera así, la cena se celebraría a una hora intempestiva de la noche, ya que matar el cordero, despellejarlo y asarlo llevaba no menos de cuatro horas. En tal caso, suponiendo que el cordero se degollase hacia las 6 de la tarde hora solar, tras el ocaso, la cena no estaría lista hasta bastante después de las 10 de la noche hora solar, que en Jerusalén correspondería hoy a las 12 o la 1 de la noche. Los antiguos judíos no acostumbraban a cenar tan tarde. Lo hacían habitualmente al entrar la noche, después de las 7 o las 8, hora solar.

    Puesto que el cordero para la cena de Pascua se sacrificaba el 14 de Nisán hacia las 3 de la tarde, hora solar, y Jesucristo murió ese mismo día hacia la misma hora, no pudo haber celebrado la Pascua judía aquel año. Por tanto, la cena que observó con sus apóstoles era distinta de la de Pascua, lo que significa que ni él ni los suyos pudieron comer cordero pascual esa noche, dado que aún faltaban muchas horas para sacrificar los animales destinados a la cena conmemorativa. Así que lo que Jesucristo celebró con sus apóstoles fue una cena especial de despedida, sea que se le llame Pascua de Jesús o Cena del Señor, la noche anterior a la de Pascua propiamente dicha. Pudo tratarse de una cena denominada Hagigah, pero en modo alguno era la de Pascua judía.

    La cena de Jesucristo tuvo lugar, pues, al iniciarse el 14 de Nisán, en tanto que la de Pascua se celebraba al comenzar la noche del 15 de Nisán, que era precisamente el día en que se conmemoraba la liberación de los israelitas de la esclavitud egipcia. De ahí que el 15 de Nisán fuera siempre festivo, mientras que el 14 no lo era, a no ser que cayera en sábado, día de descanso semanal. Otros detalles que evidencian que Jesucristo no pudo haber celebrado la cena de Pascua judía el año de su muerte son los siguientes:

    1) La cena de Pascua se efectuaba en familia. Si la familia era demasiado pequeña para un cordero, entonces debían compartir el cordero con sus vecinos más próximos. No se celebraba, pues, tal emblemática cena con amigos, socios o discípulos. En el caso de Jesús, aunque soltero, él era el cabeza de familia y por tanto la tradicional cena anual debía celebrarla con su madre y hermanos aún no emancipados. Otro tanto ocurría con los apóstoles. Se entiende que casi todos estaban casados y por lo tanto, como cabezas de familia, debían celebrar la Pascua con quienes estuvieran a su cargo. Pero los apóstoles solteros también tendrían sus respectivas familias con quienes conmemorar tan señalada noche. Por cierto, no parece que los apóstoles fueran judíos; más bien eran galileos.

    2) El pan que se comía en la cena de Pascua era sin levadura (en griego “azumon”), mientras que en la cena de Jesús se consumió pan corriente (en griego “arton”, según se lee en las traducciones interlineales en Lucas 22:19). Ello indica que la cena que Jesús celebró con sus apóstoles no era la de Pascua. De otra manera hubieran consumido pan ‘azumon’ o sin levadura, y no pan corriente o con levadura (en griego, ‘arton’), como indica el evangelio.

    3) Después de la cena de Pascua nadie salía de sus casas, en memoria de la primera pascua en Egipto, cuando los israelitas permanecieron encerrados hasta la hora de marchar, ya de madrugada. Pero Jesús, dice el evangelio, salió con sus apóstoles al monte de los Olivos. A este respecto han de observarse los siguientes puntos:

    A) Que el monte de los Olivos estaba fuera de las murallas de Jerusalén y las puertas, custodiadas por los soldados romanos, se cerraban al anochecer, por lo que nadie podía salir de la ciudad.

    B) Los romanos no permitían reuniones fuera de la ciudad, en los campos, y menos de noche, por temor a que se estuviera fraguando una revuelta. Mucho menos permitían que se congregaran muchedumbres. La excepción eran las fiestas de la ciudad, en que la vigilancia de la soldadesca se extremaba.

    C) En Jerusalén la temperatura a primeros de abril, que es cuando se supone que Jesucristo celebró la cena con los suyos, detenta una máxima de 10 grados por la noche, lo que significa que mal pudiera nadie estar al sereno durante horas, como da a entender el relato evangélico que estuvieron el Nazareno y sus apóstoles tras la cena.

    De todo ello deducimos inequívocamente que Jesucristo no pudo haber cenado cordero de pascua el año de su muerte porque murió cuando se iniciaba la Pascua el 14 de Nisán, a las 3 de la tarde, cuando se sacrificaban los corderos, y la cena de Pascua se celebraba al comenzar el día 15 de Nisán, tras el crepúsculo del 14 de Nisán.