sábado, 31 de enero de 2015

Beth Shan y los refugios atómicos de J. F. Rutherford


    El segundo presidente de la Sociedad bíblica Watch Tower y de los Estudiantes de la Biblia, Joseph F. Rutherford, se hizo construir en San Diego (California), entre 1929 y 1930, en plena época de la Gran Depresión, la lujosa mansión de estilo español a la que puso el nombre de Beth Sarim, que en hebreo significa ‘Casa de los Príncipes’. En ella pensaba Rutherford albergar a los patriarcas bíblicos que habrían de resucitar en aquellas fechas.

    En la finca se plantaron árboles frutales y en el garaje se custodiaba, a disposición de quienes resucitasen, un lujoso Cadillac de 16 cilindros, patrimonio exclusivo de los millonarios de entonces. Para sus desplazamientos, Rutherford mantenía otro Cadillac idéntico en Brooklyn. Después de mediados de los años cuarenta, ya fallecido Rutherford, la propiedad fue vendida discretamente. Años más tarde, en 1939, Rutherford adquirió unos terrenos cerca de Beth Sarim. La revista ‘Consolación’, después cambiada a ‘Despertad’, publicó en su edición del 27 de Mayo de 1942 lo siguiente:

    “Una nueva ubicación para el entierro del juez Rutherford estaba casi al centro de la propiedad conocida como Beth Shan, de 75 acres de cañón y tierra plana, a media milla de Beth Sarim. Esta nueva propiedad pertenece también a la Sociedad Watch Tower y tiene una vivienda pequeña y otra grande, además de unas casitas alejadas. Consta de algunos árboles frutales y otras partes cultivadas con un total de 7 acres. El resto de la finca lo compone terreno salvaje y pedregoso”.

    Es ésta la única mención pública que la Sociedad Watch Tower hizo de Beth Shan. La feligresía actual desconoce por completo los hechos y piensa que se trata de un embuste difundido por los detractores del movimiento religioso que en aquel tiempo dirigía la Watch Tower. No obstante, el asunto está plenamente documentado.

    El sepelio de Rutherford, fallecido el 8 de enero de 1942, estaba previsto realizarse en Beth Sarim, según había dispuesto el propio Rutherford; pero, dado que la municipalidad denegó el permiso, se pensó en otro lugar de enterramiento, éste situado en la nueva propiedad de Beth Shan. Denegada igualmente la autorización, el cadáver de Rutherford fue conservado durante tres semanas en una nevera llena de hielo, que se renovaba cotidianamente, en tanto se resolvía la situación. Finalmente fue discretamente enterrado, aunque no se sabe exactamente dónde.

    Una nota periodística insertada en su día por la directiva de la Watch Tower indica que Rutherford fue inhumado en los antiguos terrenos donde se ubicaba la emisora de radio de la propia Watch Tower, en Staten Island. No obstante, allí tan solo existe un viejo cementerio protestante de siglos atrás, cuyas lápidas están borrosas por el tiempo. Curiosamente no hay losa moderna alguna que exhiba el nombre de Rutherford, y Watch Tower guarda silencio al rspecto. El nuevo propietario de Beth Sarim, la primera finca, declaró que Rutherford estaba enterrado bajo el garaje de la casa.

    Al contrario que su predecesor Russell, que fue enterrado con supremos honores y su vistosa tumba se conserva intacta frente al templo masónico del cementerio de Pittsburgh (EEUU) junto a la pirámide de granito que mandó edificar, Rutherford apenas era apreciado por los suyos, incluídos los miembros de la junta directiva de la Watch Tower. Lo cierto es que a día de hoy se ignora el lugar exacto donde pudiera estar sepultado Rutherford.

    La propiedad de Beth Shan se escrituró, como en el caso de Beth Sarim, a nombre de los patriarcas y profetas de la antigüedad que se esperaba que resucitasen de un momento a otro, a saber: Abraham, Jacob, José, Moisés, David y otros mencionados en la epístola a los Hebreos, capítulo 11. Y, al igual que sucedió con la escritura de Beth Sarim, la finca de Beth Shan se confió a la Sociedad Watch Tower, en tanto aparecían los antiguos personajes que habrían de regir el entero planeta que iba a ser transformado en un paraíso. 

    El acceso a Beth Shan, en hebreo ‘Casa de seguridad’, resultaba difícil en aquel tiempo. El único modo de llegar a la propiedad era por medio de un tosco y recóndito camino de tierra que desembocaba en un macizo portón de acceso a la finca. En ella ordenó Rutherford construir dos refugios atómicos. Existe un documento filmado en el que se ve a Rutherford, además de inspeccionando los cultivos, supervisando las obras de construcción de uno de estos refugios que fueron descubiertos casi dos décadas después de que en 1945 fuera cautelosamente traspasado el rústico predio, cuyo nuevo propietario, que lo descubrió cuando exploraba las grutas y túneles artificiales existentes en la zona, construyó una pista de aterrizaje.

    En los años sesenta, durante los trabajos de allanamiento del terreno, quedó a la vista, cerca de la vivienda principal, el techo de hormigón de lo que parecía ser una construcción subterránea. Tras la detenida inspección de la parte baja de la casa se descubrió una puerta ingeniosamente camuflada que daba a un sótano que a su vez comunicaba con lo que evidentemente era un refugio atómico perfectamente equipado. Posteriormente se descubrió otro refugio más grande bajo el corral de las cabras.

    En ese tiempo Rutherford había llegado a la conclusión de que la Segunda Guerra Mundial podría extenderse a América, con el consiguiente empleo de gases venenosos y, probablemente, artefactos nucleares. De ahí que, al igual que hacían los multimillonarios, los políticos, los militares de alta graduación y los líderes de varias sectas religiosas, concibiese la idea de construir los refugios nucleares para él y los demás dirigentes de su movimiento religioso, quienes además esperaban el Armagedón en ese tiempo.

sábado, 24 de enero de 2015

La mansión de Beth Sarim para los patriarcas bíblicos

    Uno de los eventos más curiosos acaecido en los Estados Unidos fue el de la insólita construcción de una lujosa mansión en 1929 para albergar a los patriarcas y profetas de la antigüedad, que presumiblemente resucitarían por aquellas fechas. De ello da fe, entre otras publicaciones, el periódico SOL de San Diego, California. El artífice de tamaña construcción fue Joseph F. Rutherford, a la sazón presidente de la Sociedad Watch Tower, que dirigía a los Estudiantes Internacionales de la Biblia, quienes para dicho menester contribuyeron 75.000 dólares, una verdadera fortuna en aquel tiempo. En el garaje de la mansión se estacionaba un suntuoso Cadillac de 16 cilindros a disposición de los ilustres personajes que habrían de resucitar.

    Rutherford había publicado en 1920 el folleto titulado “Millones que ahora viven no morirán jamás”. En él afirmaba que los antiguos patriarcas y profetas -Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, David y otros que se mencionan en la epístola de Pablo a los Hebreos- resucitarían en 1925 y darían comienzo a un nuevo orden mundial tras ser arrasados los reinos y gobiernos humanos en la  batalla del Armagedón. En la página 90 de esta publicación se lee: "…Podemos esperar confiadamente que el año 1925 marque el retorno de Abrahán, Isaac, Jacob y los fieles profetas de la antigüedad, particularmente aquellos mencionados por el Apóstol en Hebreos capítulo once, a la condición de la perfección humana". Asimismo en la obra “El Nuevo Mundo”, página 104, de 1942, se lee: "Esos hombres fieles pueden ser esperados de regreso en cualquier día. Las Escrituras dan buenas razones para creer que esto debe acontecer en breve, poco antes de que comience el Armagedón".

    En el folleto mencionado también se afirmaba que millones de personas pasarían vivas a ese nuevo orden sin necesidad de morir, y que podrían vivir para siempre en la tierra convertida en un paraíso. Ello supuso el ingreso en las filas de miles de creyentes que después las abandonarían debido a que no aconteció lo que Rutherford pregonaba, tanto por escrito como de viva voz, a través de todo el territorio de los Estados Unidos.

    A pesar de no haber resucitado los patriarcas en la fecha indicada de 1925, Rutherford continuó con la idea de que el feliz acontecimiento tendría lugar cualquiera de aquellos años. Con ello en mente, sugirió construir en San Diego la mansión que daría en llamarse Beth Sarim, que en hebrero significa “Casa de los Príncipes”, destinada a albergar a los patriarcas que a su entender estaban a punto de resucitar. Aprobado el proyecto y recaudados los medios pertinentes, aportados extraordinariamente por la grey, se inició la construcción de la casa en 1929, concluyéndose en 1930.

    En la página 311 del libro “Salvación”, editado por Watch Tower en 1939, se lee: “En San Diego, California… hay un pequeño terreno, en el cual, en el año de 1929, se edificó una casa que se conoce como Beth-Sarim”. El mismo libro inserta en las páginas 323 y 324: “…El propósito de adquirir esa propiedad y edificar esa casa fue el de que hubiera una prueba tangible de que en efecto hay en la tierra quienes firmemente creen en Dios y en Cristo Jesús y en su reino, creyendo también que los fieles de la antigüedad pronto serán resucitados por el Señor, estarán en la tierra, y tomarán a su cargo los asuntos visibles de ella...”

    La escritura de propiedad, otorgada el 24 de diciembre de 1929, fue puesta a nombre de los futuros resucitados con la condición de que el propio Rutherford, que no gozaba de buena salud, la ocupase mientras tanto. Parte de la cláusula en cuestión decía: "Antes de que David, Abraham o cualquiera que llegara, Joseph F. Rutherford tendrá el derecho y privilegio de residir en dicha casa hasta que la misma sea tomada a la llegada de David o alguno de los otros hombres citados." Rutherford pasó los inviernos y otras temporadas en esa casa, hasta que murió en ella el 8 de enero de 1942. Permaneció tres semanas en una nevera de hielo, sin ser enterrado, mientras se tramitaba con las autoridades de la ciudad el permiso de enterramiento en la finca, permiso que fue denegado. Hoy se ignora dónde está enterrado. Watch Tower afirma que en State Island, en el antiguo terreno de la radio de la Watch Tower; pero no hay losa alguna que lo indique. Aquello es un antiguo cementerio protestante. Hay quien asegura que está sepultado bajo el garaje de Beth Sarim.

    Hacia 1939 Rutherford adquirió, se desconoce con cargo a quiénes, un terreno colindante a Beth Sarim, de difícil acceso, donde construyó la mansión de Beth Shan, en hebreo “Casa de Seguridad”. Dado que estalló la Segunda Guerra Mundial en Europa, Rutherford temía que la misma se extendiese a los Estados Unidos y por esa razón mandó edificar Beth Shan, donde además construyó dos refugios anti atómicos, algo entonces de moda entre los pudientes. Estos refugios fueron descubiertos por el nuevo dueño de Beth Shan, después de que Watch Tower vendiera el terreno y sus inmuebles hacia 1947. Otro tanto había hecho años antes con Beth Sarim.     

    En el diario SOL de San Diego del 15 de marzo de 1930 aparece una entrevista mantenida con Rutherford a propósito de la mansión de Beth Sarim. El periodista que le entrevistaba preguntó: “Cómo identificará usted al rey David cuando venga?” Respuesta: “Mis hombres están divinamente autorizados para diferenciar a los impostores de los príncipes verdaderos”. De hecho y como anécdota, poco tiempo después un hombre harapiento y con barba se presentó en la casa alegando que era el rey David; pero fue despedido de inmediato. La mansión de Beth Sarim aún se mantiene en pie a día de hoy, felizmente ocupada. Muchos de los que por su calle transitan desconocen la historia de aquella casa.



      

viernes, 16 de enero de 2015

Juegos y lecturas que algunos ancianos consideran no aptos para cristianos

     De una encuesta que hemos realizado entre más de treinta ancianos de los testigos de Jehová, algunos superintendentes, varios de ellos, con años en las filas, consideran seriamente que no son apropiados para cristianos los siguientes juegos y lecturas, todos los cuales debería prohibir tajante y explícitamente el Cuerpo Gobernante en sus publicaciones y no dejarlos simplemente a la conciencia:

 

    El ajedrez, por constituir un juego basado en el belicismo.

    Las damas, por derivarse del ajedrez y ser asimismo juego de tácticas bélicas.

    Los juegos de mesa de estrategia, por estar igualmente basados en temas bélicos.

    La baraja española o francesa, por basarse en las antiguas cartas del Tarot.

    Los dados, por ser un juego de suerte.

    El parchís, por basarse en las pirámides escalonadas que suponían el ascenso al altar de los sacrificios que efectuaban los sacerdotes paganos en la antigüedad. También imitaban la ascensión al cielo.

     La Oca, por basarse en el religioso e iniciático Camino de Santiago que se realizaba en     España sobre todo durante la Edad Media.

     El bingo o lotería familiar, aunque no se juegue dinero, ya que imita al juego de bingo o juego de suerte de las salas al efecto destinadas.

    La ruleta familiar, por la misma razón anterior.

    El fútbol, por basarse en los antiguos juegos en que se utilizaban como balones las cabezas cortadas de los enemigos.

    El futbolín, por ser una variante del fútbol.

    Los juegos de prestidigitación, pues suponen una imitación de la magia.

    El juego infantil de la rayuela, por estar basado en creencias religiosas que suponían ganar el cielo.

    Las lecturas de cuentos de hadas, magos, monstruos y otros seres fantásticos que en realidad son de origen demoniaco.

    Las lecturas de libros sobre platillos volantes, por ser éstos configuraciones de origen satánico.

    Las lecturas de libros sobre hipnotismo y técnicas mentales de superación, por rayar en el asunto de la comunicación con los muertos, que condena la Biblia.

 

    Respetamos las opiniones de estos individuos, tal vez justos en demasía. Es el fruto que han cosechado del largo tiempo de permanencia en el estrado jehovista. Beben en la misma fuente de inspiración humana y farisaica que condena los cumpleaños, la celebración de fiestas, el saludo a la bandera, el brindis, el voto político o municipal, el empleo de la expresión ‘vivan los novios’, el asistir a entierros o bodas en las iglesias y otras cosas similares. Estos tipos suelen ser los que cuelan el mosquito, se tragan el camello y se la agarran con pinzas porque piensan que es pecado.

 

 

 

sábado, 10 de enero de 2015

¿Está para los testigos de Jehová firmemente establecido el día?

     Proverbios 4:18, según TNM: “La senda de los justos es como la luz brillante que va haciéndose más y más clara hasta que el día queda firmemente establecido”. Estamos de acuerdo en que, si lo que se enseña como verdad va cambiando con el tiempo, quiere decir que el día no ha quedado firmemente establecido aún.

    Suponiendo que el texto se refiera a que con el tiempo el esclavo va adquiriendo conocimiento exacto de la Biblia o de la verdad, ésta es la pregunta: ¿No tenía el esclavo conocimiento exacto de la verdad en 1919, cuando fue nombrado como tal y no en el año 33, según argumenta ahora el cuerpo gobernante?

    El cuerpo gobernante dice que para 1919 no se tenía conocimiento exacto de la verdad, sino que ese conocimiento se ha ido adquiriendo paulatinamente con el tiempo. Por tanto lo que se enseñaba en 1919 y en años anteriores no se conformaba a lo que dice la Biblia, y si no se conformaba, eso significa que no se estaba enseñando y predicando la verdad. Pero si lo que predicaban en 1919 no era la verdad sino el conocimiento defectuoso que entonces tenían, ¿cómo pudo Jesucristo haberlos elegido como su esclavo fiel y discreto?

    Lo que hoy se enseña difiere de lo que se enseñaba en 1919. Pero si en 1919 Jesucristo escogió a la directiva de la Watchtower como su esclavo fiel porque estaban enseñando la verdad, ¿por qué hoy no se enseña lo que entonces se enseñaba y no que todo ha cambiado?

    Si proverbios 4:18 se refiere a la luz aumentante del conocimiento, el día tenía que haber quedado firmemente establecido para 1919 y no en tiempos posteriores. Eso significa que lo que se enseñaba y predicaba en 1919 no tenía que haber cambiado. Por tanto, si lo que se enseñaba en 1919 era la verdad bíblica -y por eso Jesucristo escogió a su esclavo-, lo que se enseña hoy es falso.

    Una de dos, o se acepta como verdad lo que se enseñaba en 1919 o se acepta como verdad lo que se enseña hoy. Pero si se acepta como verdad lo que se enseña hoy, quiere decir que lo que se enseñaba en 1919 era falso y por tanto Jesucristo no pudo haber escogido como su esclavo fiel a la junta directiva de la Watchtower.

    Así, pues, si el texto de Proverbios 4:18 se refiere a la luz aumentante del conocimiento o verdad de la Biblia, como asegura el cuerpo gobernante, el día tenía que haberse establecido firmemente en 1919, cuando la junta directiva de la Watchtower se dice que fue nombrada por Jesucristo como su esclavo fiel y discreto porque estaban enseñando la verdad en aquel tiempo.

    Pero como la supuesta verdad que se enseñaba entonces ha cambiado por completo y no se enseña lo que se enseñaba en 1919, la única explicación razonable es que Jesucristo no los nombró como su esclavo fiel y discreto en 1919. Tal esclavo o cuerpo gobernante es un impostor. Como dice Jesús en su parábola: es un ladrón que entra a hurtadillas en el aprisco para robar las ovejas.



 

miércoles, 7 de enero de 2015

Malestar en las congregaciones por la compra del superlujoso complejo Rivercrest




 

    Nos llegan abrumadoras noticias de que algunas congregaciones de testigos de Jehová de los Estados Unidos andan revueltas por el escándalo de la compra, por parte del Cuerpo Gobernante, del lujurioso complejo residencial Rivercrest, con 250 apartamentos de super lujo en Fishkill, New York. Por el complejo ha pagado la organización religiosa nada menos que 57 millones de dólares, lo que, repartido entre los 250 apartamentos, que no son muy extensos, sale a 228.000 dólares por cada uno, más de lo que cuesta la modesta vivienda de un trabajador. Muchos testigos creen que esta compra, aparte de estar fuera de lugar, se ha realizado con el dinero que se aporta para la construcción de salones del reino, aunque lo mismo da que se haya utilizado el dinero que se dona para otros fines misionales.

    Los hermanos, que se han tenido que enterar de ello por algunos blogs informativos tras corroborar la noticia en la prensa -pero que oficialmente nada ha comunicado el propio Cuerpo Gobernante, a pesar de que la transacción inmobiliaria tuvo lugar el 3 de diciembre pasado-, no entienden cómo, estando tan cerca el fin que predica el esclavo fiel y discreto, éste se pone a invertir en las posesiones materiales más costosas y lujosas que puedan existir en el planeta. Los hermanos están de acuerdo en donar para la obra del Reino -y lo hacen a duras penas por la crisis-, pero no para que el dinero se dilapide en inmuebles de lujo que no se sabe qué utilidad pueden tener para personas que predican la sencillez de ojo y la no exhibición ostentosa del medio de vida.

    Jesucristo, los apóstoles y los primeros discípulos no precisaron de grandes sumas de dinero para llevar el mensaje del Reino a todas las naciones. Portaban en una bolsa lo justo para comer y dar limosna a los necesitados. Ni por asomo se les hubiera ocurrido pedir donaciones a las personas interesadas en el mensaje cristiano y construirse con lo recaudado un complejo de apartamentos, y menos de lujo, aparte de que nada aportan a la obra del Reino, salvo la acumulación de riqueza para el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová y de la Watchtower.

    Un anciano, que ha renunciado al cargo nada más enterarse del asunto, expone que ahora no ve diferencia alguna entre la organización de los testigos de Jehová, los mormones o la Iglesia Católica. Todos ellos se mueven tras la acumulación de riquezas, en contra de lo que predicó el propio Cristo y de lo que predicaron Pablo y los demás escritores de las cartas cristianas.

    La noticia se ha esparcido como reguero de pólvora y, tras la indignación general, muy subida de tono, suponemos que en breve habrán de salir al paso los superintendentes para tranquilizar con alguna mentira piadosa a los que continúan reuniéndose en los salones del Reino, porque nos consta que este fin de semana ha bajado la asistencia en algunos lugares y existe el temor de que muchos hermanos se despidan a la francesa, esto es, sin notificar su marcha o dar explicaciones de su ausencia.

    De Europa, particularmente de España, Italia y Reino Unido, también nos acaban de llegar noticias de la desfavorable acogida que este bochornoso incidente está teniendo entre los hermanos, incluso entre los más antiguos.

 

sábado, 3 de enero de 2015

El cálculo erróneo de los siete tiempos o 2.520 años (y 2)




    Nelson H. Barbour había aceptado las fechas 606, 536 a.e.c. y 1914 tras leer el libro ‘Horas con el Apocalipsis’, que en 1844 había publicado Edward O. Elliot. Tanto Elliot como su predecesor Thomas R. Birks defendían que el año 606 a.e.c. era el del inicio de reinado de Nabucodonosor y el del comienzo de la servidumbre de la nación de Judá al rey de Babilonia, si bien el año difería del 605 que daban los historiadores. Cuando Barbour leyó a Elliot confundió el concepto de servidumbre con el de destierro. Para él, servidumbre y destierro eran la misma cosa.


    Interpretando erróneamente que el principal destierro de los judíos había acontecido en el año 18-19 de Nabucodonosor, cuando destruyó Jerusalén, razonó Barbour que lo que había ocurrido en 606 a.e.c. fue la devastación de la capital judía y el consiguiente gran cautiverio de los judíos. Para Barbour, al contrario de lo que correctamente enseñaban sus antecesores, la destrucción de Jerusalén y el principal destierro judío acaecieron en el año 606 a.e.c. y no en el 587 a.e.c. De paso Barbour confundió los siete tiempos de Daniel con los tiempos de los gentiles, de los cuales habla el evangelio y cuya duración no se especifica. Barbour predicó mediante conferencias y publicaciones impresas que los tiempos de los gentiles duraban 2.520 años, desde el 606 a.e.c. hasta 1914, año éste en que suponía que Cristo vendría a la tierra y destruiría los gobiernos humanos.


    En 1876, el joven Charles Taze Russell se interesó por lo que Barbour había publicado el año anterior en su revista religiosa ‘El Heraldo de la Mañana’, uno de cuyos ejemplares había llegado a manos de aquél, por lo que se entrevistó con Barbour. Este convenció a Russell de las fechas 606, 536 a.e.c., 1874 y 1914, aparte de la supuesta duración de 2.520 años de los tiempos de los gentiles. Russell, llevado por el impulso de su juventud, entusiasmo y aún escaso conocimiento de la Biblia, aceptó las fechas de Barbour sin investigar si eran ciertas o no. Inmediatamente se lanzó a publicarlas de viva voz, consiguiendo así los primeros adeptos al movimiento que hizo llamar ‘Estudiantes Internacionales de la Biblia’.


    Russell, al igual que Barbour, predicaba que Jerusalén había sucumbido ante Nabucodonosor en el 606 a.e.c.; que como consecuencia los judíos fueron llevados al destierro por 70 años; que fueron liberados de Babilonia en el 536 a.e.c.; que los tiempos de los gentiles duraban 2.520 años (desde el 606 a.e.c. hasta 1914); que Cristo estaba presente en su reino celestial desde 1874, y que en 1914 terminarían los tiempos de los gentiles, cuando Cristo regresase para destruir los gobiernos mundiales en la batalla del Armagedón. Eso mismo publicó en sus periódicas ediciones de la revista ‘The Watchtower’ y en los tomos de ‘Estudios en las Escrituras’, como puede comprobar cualquier lector imparcial.


    Con respecto a los 2.520 años y su aplicación, se han detectado serios errores  en sus fundamentos. Los adventistas, que fueron los que inculcaron la doctrina a Russell, los dejaron de lado en cuanto descubrieron que tal doctrina no era más que elucubración humana basada en la pseudociencia de la numerología esotérica y nada de ello enseñaba o insinuaba la Biblia. Los siete tiempos de Daniel solamente aplicaron a Nabucodonosor, de quien el relato especifica que perdió el juicio y después lo recuperó, aunque la historia nada documenta. Simpatizantes de la Cábala judía fueron los primeros que creyeron ver que los siete tiempos se referían a una profecía de largo alcance.


    En 1943 la Sociedad Watchtower, heredera de las doctrinas de Russell, corrigió la fecha 606 y la anticipó al 607 a.e.c., a fin de cuadrar los 2.520 años, lo cual publicó en el libro ‘La verdad os hará libres’. ¿Cómo sabemos que los famosos 2.520 años no son correctos ni se refieren al lapso entre el 607 a.e.c. y 1914? Los 2.520 años son producto mental de John A. Brown en 1823, al duplicar los generalizados 1.260 años que se creía que formaban los siete tiempos. Hemos anticipado que Brown calculó 7 tiempos o años de 360 días, lo que arrojaba un total de 2.520 días. Esos días los elevó a años, siguiendo el teorizar de ciertos judíos que creían entender cabalísticamente que la Biblia daba la regla de contar un año por cada día. Sin embargo Brown se equivocó al aplicar los 2.520 proféticos años al tiempo comprendido entre el 604 a.e.c. y 1917, malentendiendo que entre ambas fechas mediaban justamente 2.520 años solares y no proféticos.


    Para poder operar con relativa corrección, Brown debió haber calculado años de 360 días y no de 365,25 días. Brown se había basado en años de 360 días proféticos para establecer los 2.520 años, pero al cálculo entre las fechas 604 a.e.c. y 1917 aplicó años solares de 365,25 días. Lo correcto hubiera sido que aplicase años proféticos de 360 días y no de 365,25. El que en 1917 el ejército inglés liberase a Jerusalén de los turcos fue pura coincidencia con el barajar profético de Brown.


    En la actualidad, si se quiere atribuir el comienzo de los 2.520 años al 607 a.e.c., lo correcto sería que los años no fuesen de 365,25 días, sino de 360, ya que los 2.520 años están basados en años de 360 días considerados proféticos. Así, pues, existe cierta diferencia que hace que el cálculo efectivo no alcance la fecha de 1914, sino que se adelante como 36 años en el tiempo, con lo que los 2.520 años proféticos de 360 días habrían concluido hacia el año 1878, de ser el caso.


    En efecto, 2.520 años de 360 días suponen 907.200 días, que equivalen a un redondeo de 2.484 años solares (907.200/365,25). Aplicando a la fecha hipotética del 607 a.e.c. esos 2.484 años solares (que equivalen a 2.520 años que se estiman proféticos), llegamos a 1878, que sería el año aproximado del supuesto fin de los siete tiempos si realmente aplicaran los 2.520 años de 360 días inventados por Brown y adaptados mediante sofisticados malabarismos numéricos a determinadas fechas. En resumen, los 2.520 años de los siete tiempos de Daniel -equiparados por error a los tiempos de los gentiles- no pueden en modo alguno concluir en 1914; pero tampoco en 1878, dado que se basan en cálculos desacertados y en especulación de mentes que confundieron lo bíblico con lo esotérico.

 


jueves, 1 de enero de 2015

El cálculo erróneo de los siete tiempos o 2.520 años (1)




    El escrutador bíblico John Aquila Brown fue el primero en publicar en 1823, en su obra ‘El Atardecer’, que los siete tiempos de los que habla el profeta Daniel en su libro bíblico constaban de 2.520 años. Basó su cálculo en que el año profético duraba 360 días, y 7 tiempos o años equivaldrían a 2.520 días. A estos días les aplicó Brown la antigua teoría judía de que a ciertos tiempos bíblicos les correspondía un año por cada día, y así elevó los 2.520 días de los 7 tiempos a 2.520 años. Desde siglos atrás se especulaba que esos siete tiempos duraban por lo general la mitad, 1.260 años. Brown lo que en realidad hizo fue duplicar los 1.260 años (1.260 x 2 = 2.520).

 
     Se pensaba que al cabo de esos siete tiempos o 2.520 años vendría el fin del mundo o destrucción de los gobiernos mundiales en la batalla apocalíptica de Armagedón. Brown calculó que esos siete tiempos terminaban en 1917, partiendo del 604 antes de la era cristiana (a.e.c.), que según la cronología histórica comprobada corresponde al año primero de reinado de Nabucodonosor II de Babilonia. Según Brown, en 1917 sería incrementada la gloria de Israel. Casualmente en diciembre de 1917 el ejército inglés conquistó Jerusalén a los turcos y la interpretación profética de Brown fue tomada en consideración por innumerables estudiosos bíblicos.  

   
    Uno de los que aceptaron el cómputo de los 2.520 años fue el teólogo Edward Obispo Elliot, que en 1844 publicó su obra ‘Horas con el Apocalipsis’. En él establecía Elliot que los siete tiempos o 2.520 años corrían del 606 a.e.c. a 1914. Sin embargo Elliot se equivocó en un año menos, ya que no tuvo en cuenta que no existió año cero en el cómputo de una era a otra, sino que al año 1 a.e.c. le siguió el año 1 e.c. Elliot defendía que 1914 sería el año del Armagedón. El 606 a.e.c. era para él el año de ascenso de Nabucodonosor o del comienzo de los 70 años de servidumbre de la nación de Judá al rey de Babilonia.

   
    En esos 70 años se incluían los tres grandes destierros de los judíos, a saber, el del año 7-8 de Nabucodonosor, el del año 18-19 (en que destruyó Jerusalén) y el del año 23-24. Los judíos fueron desterrados porque no sirvieron al rey de Babilonia, tal como hacían las demás naciones que Babilonia había conquistado a Asiria. Si antes los judíos estaban en servidumbre al rey de Asiria, ahora, a partir de la conquista del último reducto asirio, la ciudad de Harrán, estarían en servidumbre al rey de Babilonia. Esta servidumbre implicaba someterse a las leyes de Babilonia y al pago de los tributos correspondientes, todo ello sin abandonar los judíos Jerusalén. El profeta Jeremías escribe que servir al rey de Babilonia no implicaba el destierro, sino que cada cual podía servirle cultivando sus propias tierras familiares. Dado que los judíos no sirvieron al rey de Babilonia, el castigo fue el destierro de 3.023 personas en el año 7-8 de Nabucodonosor y la destrucción de su capital en el año 18-19, con nuevo destierro de 832 judíos. Posteriormente, en el año 23-24, fueron llevados al destierro 745 individuos, siendo el total de los desterrados 4.600 judíos, según Jeremías.

 
   Elliot tomó la fecha del 606 a.e.c. del libro ‘Primer elemento de la sagrada profecía’, que en 1843 había publicado el teólogo Thomas Rawson Birks. En tiempos de Birks se pensaba que la caída de Babilonia había acontecido en el año 536 a.e.c., debido a una errónea interpretación de los escritos del astrónomo Tolomeo por parte de unos historiadores. Como el imperio babilonio duró 70 años tras conquistar el último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán, se deducía que dicha conquista acaeció en el 606 a.e.c. Sin embargo Birks, en lugar de admitir ese año como el de la conquista de Harrán por los babilonios, lo aceptó como el año de ascenso de Nabucodonosor, porque interpretaba que la servidumbre de los judíos a Babilonia había empezado con Nabucodonosor, cuando en realidad comenzó con Nabopolasar, padre de aquel, al conquistar Harrán y anexionarse la totalidad de Asiria a Babilonia.


    Birks sabía que los historiadores ya habían corregido fechas y dieron el comienzo del reinado de Nabucodonosor para el año 605 a.e.c. Dado que el rey babilonio arruinó Jerusalén en su año 18-19 de reinado, ese año en cuestión se calculó en el 587 a.e.c. Birks leyó en el libro de Jeremías que Jerusalén había sido arrasada en el año 19 de Nabucodonosor y sumó 19 años al 587, llegando, como algunos historiadores, a la fecha ya conocida del 606 a.e.c. que históricamente se creía que fue la de la toma de Harrán, pero que para Birks era el año de subida de Nabucodonosor al trono, en contra de lo que habían establecido los historiadores. Evidentemente, Birks se equivocó al sumar, pues no es lo mismo el año 19 que 19 años. El año 19 significa que pasaron 18 años, que son los que Birks debió haber sumado a la fecha del 587 y así hubiera llegado al 605 a.e.c., de acuerdo con los historiadores. 


    El erróneo año 606 a.e.c., considerado como de ascenso de Nabucodonosor al trono de Babilonia o comienzo de los 70 años de servidumbre de las naciones, incluída Judá, al rey de Babilonia, pasó, como se ha dicho, al estudioso bíblico Edward O. Elliot, quien basó en dicha fecha del 606 el cálculo de los 2.520 años que hipotéticamente  duraban los siete tiempos mencionados por el profeta Daniel.


    Hacia el año 1870, un ex seguidor de William Miller, fundador del adventismo, llegaba a Londres procedente de Australia. Su nombre, Nelson Horatio Barbour. En Londres visitó la Biblioteca Nacional y topó con el libro ‘Horas con el Apocalipsis’, que Elliot había publicado en 1844. De la lectura de esta obra, además de aceptar las fechas 606, 536 a.e.c. y 1914, sacó en conclusión que Cristo vendría a la tierra en 1873 y así lo predicó, reuniendo no pocos adeptos.  Pasado el año y no viendo llegar lo anunciado, pospuso la venida de Cristo para 1874, aunque el Cristo no apareció. Entonces, influenciado por uno de sus seguidores, creyó entender que Cristo sí había llegado en 1874, aunque su presencia era invisible por haber acontecido el advenimiento en el cielo y no en la tierra. Creyó entender también que habrían de pasar 40 años, desde 1874 hasta 1914, para que Cristo llegara visiblemente a la tierra en la batalla del Armagedón. (Continuará).




NOTA: Este artículo y el siguiente, publicados en varios pequeños periódicos de habla hispana, causó que la agencia literaria publicadora de los mismos nos rescindiera el contrato (por el que no cobramos un solo centavo, sino que enviamos las publicaciones de modo gratuito) debido a protestas de innumerables lectores y 'cierto organismo religioso' del que no nos facilitaron identificación.