domingo, 1 de marzo de 2015

Solamente a los ungidos aplica el nombre de testigos de Jehová


    Durante la dictadura watchtoweriana de Rutherford se defendía que solamente eran testigos de Jehová los ungidos, no los de la gran muchedumbre. A estos últimos se les conocía como los ‘jonadabs’. El Cuerpo Gobernante aún no ha revocado dicha creencia, lo que significa que los de la gran muchedumbre continúan sin ser reales testigos de Jehová, ya que no pertenecen a la congregación de los ungidos. La Atalaya del 15 de agosto de 1934 especifica en su página 249, párrafo 31, que: “El nombre de testigos de Jehová aplica específicamente a los ungidos de Dios… y éstos solamente llevan el nombre”.

    De lo precitado se derivan las siguientes conclusiones:

    - El Israel espiritual es el equivalente al antiguo Israel natural.

    -Los miembros del Israel natural fueron considerados testigos de Jehová (Isaías 40

    -Consecuentemente, los testigos de Jehová hoy día únicamente son los miembros del Israel espiritual.

    -En 1931 abrazaron el nombre de testigos de Jehová los que creían pertenecer a los 144.000, que entonces eran todos los Estudiantes de la Biblia afiliados a la Watchtower.

    -En 1935 salió a relucir la gran muchedumbre, cuyos miembros no eran considerados como testigos de Jehová, sino como ‘jonadabs’ o simpatizantes de los testigos. Rutherford se equivocó al adelantar la salida de la gran muchedumbre, ya que, de entenderse tal muchedumbre según Apocalipsis, ésta no sale hasta después de la gran tribulación.

    -A la congregación solamente pertenecen los testigos de Jehová, es decir, los ungidos.

    -Los de la gran muchedumbre no pertenecen a la congregación por no ser testigos de Jehová propiamente dichos. Por tanto, si no pertenecen a la congregación real, que la componen los ungidos o testigos de Jehová o Israel espiritual, no pueden ser expulsados de ella.

    El tema de la expulsión está evidentemente impuesto para generar miedo en los de la gran muchedumbre, que son mayoría y sostienen económicamente al Cuerpo Gobernante y a las Watchtowers mundiales. Ello es consecuencia de hacerles malentender que son testigos de Jehová, cuando solamente son simpatizantes o jonadabs.

 

 

 

domingo, 22 de febrero de 2015

¿Y fulano, a qué ha venido? A cagar en lo barrido


    “¿Y fulano, a qué ha venido? A cagar en lo barrido”. Esta frase, que graciosamente nos remiten, es un refrán castellano que alude a aquellos individuos que vienen a aguar la fiesta, a imponer ridículas normas o, como vulgarmente se dice, a revolver el gallinero. En esta ocasión aplicamos el refrán a nuestro memorable Joseph Franklin Rutherford, cariñosamente apodado ‘Pepe el de la toga’, sobre todo en España, donde también se le conoce como ‘Pepe Botella’, apodo que se le dio a un hermano de Napoleón, que con el nombre de José I se estableció como rey en la Península madre y al final no acabó ni de paje. Tuvo el dichoso rey amoríos con la condesa de Jaruco y el pueblo le cantaba en plan guasón aquello de: “La señora condesa tiene un tintero donde moja la pluma José primero”.  

    Rutherford se encaramó al sillón de la presidencia de la Watcht Tower como por arte de birlibirloque y, aunque al principio le seguía el juego a su predecesor Russell para tratar de captar las simpatías de los subordinados, con el tiempo, sobre todo a partir de 1927, barrió más del 90% de cuanto Russell había predicado con sus santos sudores. Para 1929 arrinconó definitivamente los escritos de aquél y dejó de distribuirse la colección de Estudios en las Escrituras. En su lugar Rutherford colocó sus endiosados libros del ‘Arco Iris’, que preconizaba como auténtica Palabra de Dios. Hoy día nada queda de los escritos rutherfordianos, dado que con el tiempo se demostró que no eran más que una amalgama de charlatanerías sin fundamento.

    Este Rutherford no tuvo finalmente grandes simpatías entre los suyos, salvo entre los cuatro pelotilleros de alrededor que le servían en bandeja. Tanto es así que cuando pasó a mejor vida de la que llevaba, lo cual no es posible, nadie se enteró de su entierro, a excepción, claro, de los cuatro lisonjeros de servicio. A día de hoy no se sabe dónde está enterrado el que fuera tercer presidente de la Watcht Tower (aclaramos que el primero fue Conley, a quien Russell, su sucesor, marginó por desavenencias con él). Russell sin embargo tuvo un entierro de primera y su tumba puede admirarse en el cementerio de Pittsburgh, junto a la pirámide erigida en su honor.

    El cuerpo gobernante de los testigos de Jehová sabe perfectamente quién fue nuestro insigne protagonista, pero no tiene más remedio que predicar únicamente sus bondades, unas bondades de fabricación casera. Bien sabe el que hoy es ‘esclavo fiel y discreto’ (que en 1927 Rutherford aclaró que eran todos los Estudiantes de la Biblia) que éste que acaparó el poder absoluto en 1917 no vino más que a cagar en lo barrido.

 

martes, 17 de febrero de 2015

Las ovejas a la derecha del Hijo del hombre

    -Hola, Pedro. Tengo cierta duda. Te pregunto porque tú eres anciano y puedes saber más que yo del tema.

    -Tú dirás, Juan.

    -Verás, en Mateo 25:31 a 33 se lee lo siguiente: “Cuando el Hijo del hombre llegue en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre su glorioso trono. Y todas las naciones serán reunidas delante de él y separará a la gente unos de otros, así como el pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha, pero las cabras a su izquierda”.

    -¿Y qué es lo que te preocupa de ese texto?

    -Ahí dice que hay un grupo de cabras que el Hijo del hombre pone a su izquierda.

    -Sí, ¿y…?

    -También hay un grupo de ovejas que pone a su derecha.

    -Así es.

    -Ahí no dice que hay dos grupos de ovejas.

    -Bueno, no lo dice literalmente, pero se entiende que son dos grupos de ovejas.

    -¿Cómo que dos grupos?

    -Dos grupos, a saber, los ungidos y la gran muchedumbre.

    -Pero ahí habla de ovejas sin especificar clases, tipos o grupos.

    -Claro, pero el esclavo enseña que cuando llegue el Hijo del hombre aún habrá ungidos en la Tierra. Y por lo tanto en la separación de ovejas habrá ungidos y gran muchedumbre.

    -Pues yo tenía entendido que para el tiempo en que llegue el Hijo del hombre no quedará ni un ungido en la Tierra.

    -Eso se creía antes, pero ya ves que ahora se entiende que sí habrá ungidos en el momento de separar las ovejas de las cabras.

    -Pero, Pedro, el evangelio de Mateo, según lo entiende el esclavo, viene a decir que esas ovejas que separa el hijo del hombre solamente serían gentes de la gran muchedumbre.

    -¿De dónde sacas esa conclusión?

    -Porque Jesucristo les dice a esas ovejas lo que está registrado en Mateo 25:35 a 40, que leo textualmente: “’Porque me dio hambre y ustedes me dieron de comer; me dio sed y me dieron de beber. Fui extraño y me recibieron hospitalariamente; desnudo estuve y me vistieron. Enfermé y me cuidaron. Estuve en prisión y vinieron a mí’. Entonces los justos le contestarán con las palabras: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos o con sed y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos extraño y te recibimos hospitalariamente o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en prisión y fuimos a ti?’. Y en respuesta el rey les dirá: ‘En verdad les digo: Al grado que lo hicieron a uno de los más pequeños de estos hermanos míos, a mí me lo hicieron’.

    -Perfecto, Juan; pero ¿cuál es la cuestión?

    -La cuestión, Pedro, es la siguiente: ¿quiénes son los más pequeños de estos hermanos de los que habla Jesucristo?

    -Esos hermanos son los ungidos, los que pertenecen al grupo de los 144.000.

    -Pues si esos hermanos son los ungidos, es evidente que Jesucristo está hablando aquí a los miembros de las otras ovejas o gran muchedumbre.

    -Ya, pero… bueno… ya caigo. Si Jesucristo dice que esas ovejas favorecen a los más pequeños de sus hermanos, entonces… entonces está claro que las ovejas que el pastor pone a su derecha solamente pueden ser las de la gran muchedumbre.

    -Ahí queríamos llegar, Pedro. Las ovejas que el Hijo del hombre pone a su derecha cuando llega en su gloria son las de la gran muchedumbre. No tiene vuelta de hoja.

    -Oye, pues fíjate que hasta ahora no me había dado cuenta de ese detalle… En efecto, las ovejas de las que aquí se habla no pueden ser otras que las de la gran muchedumbre.

    -Pero la gracia, Pedro, es lo que dice el versículo 34, que puedes leer.

    -Leo, Juan: “Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, ustedes que han sido bendecidos por mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo”.

    -Si te fijas, a esas ovejas de la gran muchedumbre les dice Jesucristo que ‘hereden el reino’.

    -Bueno, evidentemente se refiere a la parte terrestre del reino.

    -¿Y cuál es esa parte?

    -Que vivirán eternamente en la Tierra convertida en un paraíso.

    -¿Quieres decir, Pedro, que esas ovejas de la gran muchedumbre no reinarán sobre la tierra?

    -Por supuesto que no. Los que gobernarán sobre la tierra son los 144.000, que serán reyes y sacerdotes, como indica el libro de Revelación.

    -Ya, pero si te fijas, Pedro, después de la palabra ‘reino’ en el versículo 34 hay una llamada que dirige a Revelación 5:10. ¿Lo buscamos?

    -Revelación 5:10… Sí, aquí dice: “E hiciste que fueran un reino y sacerdotes para nuestro Dios y han de reinar sobre la tierra”.

    -¿Notaste? El texto de Mateo 25:34 se refiere a que las ovejas de la gran muchedumbre han de reinar sobre la tierra, al igual que los 144.000.

    -Caramba… Lo leo y no termino de creerlo. Esto tendrá alguna explicación…

    -La única explicación es la que indican los textos, Pedro. Si Jesucristo dice que las ovejas heredan el reino y heredar el reino es reinar sobre la tierra, quiere decir que la gran muchedumbre, que son las ovejas que el Hijo del hombre pone a su derecha cuando llega en su gloria, reinarán sobre la tierra al igual que los 144.000.

    -Pero, Juan, eso significaría que los 144.000 y la gran muchedumbre serían los mismos, no dos grupos diferentes.

    -Ahí donde nos aprieta el zapato, Pedro. Y si lees en profundidad e imparcialmente el libro de Revelación o Apocalipsis, verás que los supuestos dos grupos no son más que uno solo.

    -Pues tendré que leer, Juan… La verdad es que me dejas turulato.

    -Quedamos para otra ocasión, Pedro. Esto es para estudiarlo más despacio. Con lo de hoy ya hemos tenido bastante.

    -Sí, Juan. Esto, para empezar, ha sido un auténtico varapalo. Continuamos otro día.

 

jueves, 12 de febrero de 2015

Una incongruencia con la predicación por medio de los expositores en la calle

    Sucede algo curioso con la nueva predicación que se hace con carritos y expositores en la vía pública. Resulta que los hermanos no pueden abordar a los transeúntes como se hace habitualmente en la predicación por las calles. Los hermanos que atienden los expositores en la calle tienen ordenado que deben estarse quietos y, si alguien se acerca y pregunta, entonces es cuando deben predicarle y ofrecerle la literatura sin olvidar solicitar una contribución voluntaria para la obra mundial del Reino.

    Así la cosa, los hermanos informan a fin de mes tantas horas de predicación, las que hayan estado, con los expositores callejeros. Pero tenemos el caso de dos hermanos que nos dicen que el 90% de las horas en que han estado atendiendo los expositores en la calle  no han abierto la boca para predicar. Y sin embargo esas horas calladas, que son la mayoría, han de informarlas como predicación.

    Es decir, que ahora se informan como predicación las muchas horas que un testigo de Jehová se pasa en silencio con los carritos y expositores en las plazas. No nos imaginamos a Jesucristo y los apóstoles acarreando un expositor por los pueblos y aldeas y esperando en la plaza pública a que la gente se acerque a preguntarles. Jesús dijo que predicasen el Reino y eso implica llevar la iniciativa por medio de hablar a la gente, no esperar que la gente se acerque preguntando qué es lo que el predicador silencioso se trae entre manos.

    Tampoco nos imaginamos al apóstol Pablo con un carrito y esperando en las esquinas a que los transeúntes le preguntaran. Pablo predicaba abiertamente en las plazas públicas, lo mismo que Jesús y sus apóstoles. Y las personas interesadas en el mensaje los hospedaban en sus casas, en tanto que los huéspedes les ampliaban detalles sobre lo que habían predicado en la plaza.

    Con el nuevo sistema de predicación con expositores, los testigos de Jehová no toman la iniciativa de abordar a las personas que por su lado pasan, sino que esperan a que las personas se acerquen, no precisamente para predicarles acerca de ningún reino, sino para colocarles alguna pieza de literatura mediante la oportuna contribución que llaman voluntaria. Claro, la gente se huele que al final les van a pedir dinero y ni se acercan. Hemos estado varios días observando a hermanos con expositores y constatamos que los transeúntes se desvían un poco temiendo a ser abordados. Pero resulta que los hermanos tienen orden de no abrir el pico hasta que alguien se les acerque. Y por mantener el pico cerrado informan un montón de horas de predicación. Una verdadera incongruencia.       

 

 

 

jueves, 5 de febrero de 2015

El caudal de información tras la batalla de Karkemis


    Un anciano de una congregación americana me comenta preocupado lo que un superintendente de circuito le respondió delante de él a un publicador que tenía dudas acerca del año 1914, además del 607 de la era anterior.

    Explica el anciano que un hijo del publicador precisaba realizar una asignación escolar acerca de la batalla de Karkemis. Como no tenía ordenador, ya que las circunstancias no se lo permitían debido a la mala situación laboral, el publicador, que contaba con un buen nivel de estudios secundarios, fue a la biblioteca pública a buscar los datos precisos.

    Como los pocos ordenadores públicos de la biblioteca estaban ocupados, decidió buscar en uno de los tomos de la enciclopedia de Historia universal los datos acerca de la batalla de Karkemis. Dado que estaba prohibido fotocopiar páginas de libros y tampoco la biblioteca dejaba el tomo en préstamo para consultarlo en casa, tomó nota escrita de los datos que en las páginas en cuestión aparecían.

    Mientras escribía le llamó poderosamente la atención el hecho de que la batalla de Karkemis, según la enciclopedia consultada, había tenido lugar en el año 605 antes de la era cristiana y que en ese mismo año Nabucodonosor, que dirigió las tropas babilonias, había sido hecho rey.

    El hermano pensó que en la enciclopedia había un error, ya que según las publicaciones de la Sociedad Watchtower, Nabucodonosor fue hecho rey de Babilonia en el 625 a.e.c.  De otro modo el año 18 de su reinado, en que destruyó Jerusalén, no podía corresponder con el 607 a.e.c. y, si no correspondía con el 607, tampoco se le podía a esa fecha añadirle los 2.520 años de los tiempos de las naciones y llegar a 1914 como año de la entronización de Cristo en el cielo.

    El hermano deducía que, según la enciclopedia, el año 18 de Nabucodonosor correspondía al 587 a.e.c. y, si a ese año había que añadirle los 2.520 de los tiempos de las naciones, el año para la entronización de Cristo sería el de 1934 en lugar de 1914. Para el hermano era evidente que la enciclopedia estaba equivocada.

    Ya en casa, entregados a su hijo los datos para su asignación escolar, buscó las publicaciones de la Sociedad todo lo relativo a la batalla de Karkemis y la fecha de ella, así como la de la toma de poder real de Nabucodonosor. En cuantas publicaciones buscó, leyó que Nabucodonosor había ascendido en el 625 a.e.c. y que en ese mismo año había acontecido la batalla de Karkemis. Ello le hizo al hermano reafirmarse en la idea de que la enciclopedia consultada no estaba correcta.

    Al día siguiente volvió a la biblioteca a consultar otras enciclopedias y libros de Historia y para su sorpresa halló que, los pocos tomos que pudo examinar, todos ellos publicaban que la batalla de Karkemis y la subida al trono de Nabucodonosor acontecieron en el año 605 a.e.c. Cuando se disponía a salir, vio libre uno de los ordenadores y solicitó línea. Buscó información sobre Nabucodonosor y la batalla de Karkemis y, también para su sorpresa, la red informática daba los hechos consultados como acaecidos en el 605 a.e.c.

    El hermano apenas pudo conciliar el sueño aquella noche debido a lo que tal descubrimiento significaba. Si la Sociedad tenía razón, todos los historiadores estaban equivocados. Pero si tuvieran razón los historiadores, ello suponía que la Sociedad no estaba enseñando una doctrina correcta basada en la fecha de 1914.

    Al cabo de unas semanas en que buscó más información en otras bibliotecas y siempre llegaba a la misma conclusión, decidió exponer el asunto a los ancianos. Habló con uno de ellos, quien, no entendiendo bien el asunto por no haberle surgido el caso hasta entonces, le pasó al hermano a hablar con el superintendente de circuito, que en aquellos días visitaba la congregación.  

    La respuesta del superintendente preocupó hondamente no tan solo al publicador, sino también al anciano, que estaba presente durante la explicación del viajante. Este le indicó al publicador que no debería preocuparse por fechas. Si la Sociedad estuviera realmente equivocada, Jehová a su debido tiempo corregiría el asunto. Mientras tanto, era obligado creer y aceptar cuanto el Esclavo decía y no aceptar otras fechas que no sean las que da el Esclavo. Pero que lo importante no eran precisamente las fechas, sino el estar ocupado en la predicación todo el tiempo posible, y más cuando se evidencia que estamos en la última parte del tiempo del fin.

    Pudiera ser, continuó el viajante, que las fechas mañana desaparezcan, como ya desapareció la de 1918 por haberse entendido mal. Las fechas en realidad no importan, dijo textualmente el superintendente, porque hoy están y mañana pueden no estar o haberse cambiado por otras según lo permita la nueva luz del entendimiento. Lo importante es predicar, predicar y predicar incansablemente antes de que el fin nos alcance.

    Tanto el anciano como el publicador han dejado sus responsabilidades y privilegios y ambos están recabando datos fidedignos acerca de las tan cacareadas fechas que aún mantiene el Cuerpo Gobernante. Los detalles decisivos los han hallado en libros como “Los tiempos de los gentiles reconsiderados”. También están ocupados en leer otra literatura que los de Patterson consideran ‘apóstata’, pero que abre los ojos y las mentes y liberta de la esclavitud a hombres y organizaciones que dicen haber sido nombradas por el mismo Cristo y ser el conducto único de mediación entre Dios y la humanidad.

       

 

 

sábado, 31 de enero de 2015

Beth Shan y los refugios atómicos de J. F. Rutherford


    El segundo presidente de la Sociedad bíblica Watch Tower y de los Estudiantes de la Biblia, Joseph F. Rutherford, se hizo construir en San Diego (California), entre 1929 y 1930, en plena época de la Gran Depresión, la lujosa mansión de estilo español a la que puso el nombre de Beth Sarim, que en hebreo significa ‘Casa de los Príncipes’. En ella pensaba Rutherford albergar a los patriarcas bíblicos que habrían de resucitar en aquellas fechas.

    En la finca se plantaron árboles frutales y en el garaje se custodiaba, a disposición de quienes resucitasen, un lujoso Cadillac de 16 cilindros, patrimonio exclusivo de los millonarios de entonces. Para sus desplazamientos, Rutherford mantenía otro Cadillac idéntico en Brooklyn. Después de mediados de los años cuarenta, ya fallecido Rutherford, la propiedad fue vendida discretamente. Años más tarde, en 1939, Rutherford adquirió unos terrenos cerca de Beth Sarim. La revista ‘Consolación’, después cambiada a ‘Despertad’, publicó en su edición del 27 de Mayo de 1942 lo siguiente:

    “Una nueva ubicación para el entierro del juez Rutherford estaba casi al centro de la propiedad conocida como Beth Shan, de 75 acres de cañón y tierra plana, a media milla de Beth Sarim. Esta nueva propiedad pertenece también a la Sociedad Watch Tower y tiene una vivienda pequeña y otra grande, además de unas casitas alejadas. Consta de algunos árboles frutales y otras partes cultivadas con un total de 7 acres. El resto de la finca lo compone terreno salvaje y pedregoso”.

    Es ésta la única mención pública que la Sociedad Watch Tower hizo de Beth Shan. La feligresía actual desconoce por completo los hechos y piensa que se trata de un embuste difundido por los detractores del movimiento religioso que en aquel tiempo dirigía la Watch Tower. No obstante, el asunto está plenamente documentado.

    El sepelio de Rutherford, fallecido el 8 de enero de 1942, estaba previsto realizarse en Beth Sarim, según había dispuesto el propio Rutherford; pero, dado que la municipalidad denegó el permiso, se pensó en otro lugar de enterramiento, éste situado en la nueva propiedad de Beth Shan. Denegada igualmente la autorización, el cadáver de Rutherford fue conservado durante tres semanas en una nevera llena de hielo, que se renovaba cotidianamente, en tanto se resolvía la situación. Finalmente fue discretamente enterrado, aunque no se sabe exactamente dónde.

    Una nota periodística insertada en su día por la directiva de la Watch Tower indica que Rutherford fue inhumado en los antiguos terrenos donde se ubicaba la emisora de radio de la propia Watch Tower, en Staten Island. No obstante, allí tan solo existe un viejo cementerio protestante de siglos atrás, cuyas lápidas están borrosas por el tiempo. Curiosamente no hay losa moderna alguna que exhiba el nombre de Rutherford, y Watch Tower guarda silencio al rspecto. El nuevo propietario de Beth Sarim, la primera finca, declaró que Rutherford estaba enterrado bajo el garaje de la casa.

    Al contrario que su predecesor Russell, que fue enterrado con supremos honores y su vistosa tumba se conserva intacta frente al templo masónico del cementerio de Pittsburgh (EEUU) junto a la pirámide de granito que mandó edificar, Rutherford apenas era apreciado por los suyos, incluídos los miembros de la junta directiva de la Watch Tower. Lo cierto es que a día de hoy se ignora el lugar exacto donde pudiera estar sepultado Rutherford.

    La propiedad de Beth Shan se escrituró, como en el caso de Beth Sarim, a nombre de los patriarcas y profetas de la antigüedad que se esperaba que resucitasen de un momento a otro, a saber: Abraham, Jacob, José, Moisés, David y otros mencionados en la epístola a los Hebreos, capítulo 11. Y, al igual que sucedió con la escritura de Beth Sarim, la finca de Beth Shan se confió a la Sociedad Watch Tower, en tanto aparecían los antiguos personajes que habrían de regir el entero planeta que iba a ser transformado en un paraíso. 

    El acceso a Beth Shan, en hebreo ‘Casa de seguridad’, resultaba difícil en aquel tiempo. El único modo de llegar a la propiedad era por medio de un tosco y recóndito camino de tierra que desembocaba en un macizo portón de acceso a la finca. En ella ordenó Rutherford construir dos refugios atómicos. Existe un documento filmado en el que se ve a Rutherford, además de inspeccionando los cultivos, supervisando las obras de construcción de uno de estos refugios que fueron descubiertos casi dos décadas después de que en 1945 fuera cautelosamente traspasado el rústico predio, cuyo nuevo propietario, que lo descubrió cuando exploraba las grutas y túneles artificiales existentes en la zona, construyó una pista de aterrizaje.

    En los años sesenta, durante los trabajos de allanamiento del terreno, quedó a la vista, cerca de la vivienda principal, el techo de hormigón de lo que parecía ser una construcción subterránea. Tras la detenida inspección de la parte baja de la casa se descubrió una puerta ingeniosamente camuflada que daba a un sótano que a su vez comunicaba con lo que evidentemente era un refugio atómico perfectamente equipado. Posteriormente se descubrió otro refugio más grande bajo el corral de las cabras.

    En ese tiempo Rutherford había llegado a la conclusión de que la Segunda Guerra Mundial podría extenderse a América, con el consiguiente empleo de gases venenosos y, probablemente, artefactos nucleares. De ahí que, al igual que hacían los multimillonarios, los políticos, los militares de alta graduación y los líderes de varias sectas religiosas, concibiese la idea de construir los refugios nucleares para él y los demás dirigentes de su movimiento religioso, quienes además esperaban el Armagedón en ese tiempo.

sábado, 24 de enero de 2015

La mansión de Beth Sarim para los patriarcas bíblicos

    Uno de los eventos más curiosos acaecido en los Estados Unidos fue el de la insólita construcción de una lujosa mansión en 1929 para albergar a los patriarcas y profetas de la antigüedad, que presumiblemente resucitarían por aquellas fechas. De ello da fe, entre otras publicaciones, el periódico SOL de San Diego, California. El artífice de tamaña construcción fue Joseph F. Rutherford, a la sazón presidente de la Sociedad Watch Tower, que dirigía a los Estudiantes Internacionales de la Biblia, quienes para dicho menester contribuyeron 75.000 dólares, una verdadera fortuna en aquel tiempo. En el garaje de la mansión se estacionaba un suntuoso Cadillac de 16 cilindros a disposición de los ilustres personajes que habrían de resucitar.

    Rutherford había publicado en 1920 el folleto titulado “Millones que ahora viven no morirán jamás”. En él afirmaba que los antiguos patriarcas y profetas -Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, David y otros que se mencionan en la epístola de Pablo a los Hebreos- resucitarían en 1925 y darían comienzo a un nuevo orden mundial tras ser arrasados los reinos y gobiernos humanos en la  batalla del Armagedón. En la página 90 de esta publicación se lee: "…Podemos esperar confiadamente que el año 1925 marque el retorno de Abrahán, Isaac, Jacob y los fieles profetas de la antigüedad, particularmente aquellos mencionados por el Apóstol en Hebreos capítulo once, a la condición de la perfección humana". Asimismo en la obra “El Nuevo Mundo”, página 104, de 1942, se lee: "Esos hombres fieles pueden ser esperados de regreso en cualquier día. Las Escrituras dan buenas razones para creer que esto debe acontecer en breve, poco antes de que comience el Armagedón".

    En el folleto mencionado también se afirmaba que millones de personas pasarían vivas a ese nuevo orden sin necesidad de morir, y que podrían vivir para siempre en la tierra convertida en un paraíso. Ello supuso el ingreso en las filas de miles de creyentes que después las abandonarían debido a que no aconteció lo que Rutherford pregonaba, tanto por escrito como de viva voz, a través de todo el territorio de los Estados Unidos.

    A pesar de no haber resucitado los patriarcas en la fecha indicada de 1925, Rutherford continuó con la idea de que el feliz acontecimiento tendría lugar cualquiera de aquellos años. Con ello en mente, sugirió construir en San Diego la mansión que daría en llamarse Beth Sarim, que en hebrero significa “Casa de los Príncipes”, destinada a albergar a los patriarcas que a su entender estaban a punto de resucitar. Aprobado el proyecto y recaudados los medios pertinentes, aportados extraordinariamente por la grey, se inició la construcción de la casa en 1929, concluyéndose en 1930.

    En la página 311 del libro “Salvación”, editado por Watch Tower en 1939, se lee: “En San Diego, California… hay un pequeño terreno, en el cual, en el año de 1929, se edificó una casa que se conoce como Beth-Sarim”. El mismo libro inserta en las páginas 323 y 324: “…El propósito de adquirir esa propiedad y edificar esa casa fue el de que hubiera una prueba tangible de que en efecto hay en la tierra quienes firmemente creen en Dios y en Cristo Jesús y en su reino, creyendo también que los fieles de la antigüedad pronto serán resucitados por el Señor, estarán en la tierra, y tomarán a su cargo los asuntos visibles de ella...”

    La escritura de propiedad, otorgada el 24 de diciembre de 1929, fue puesta a nombre de los futuros resucitados con la condición de que el propio Rutherford, que no gozaba de buena salud, la ocupase mientras tanto. Parte de la cláusula en cuestión decía: "Antes de que David, Abraham o cualquiera que llegara, Joseph F. Rutherford tendrá el derecho y privilegio de residir en dicha casa hasta que la misma sea tomada a la llegada de David o alguno de los otros hombres citados." Rutherford pasó los inviernos y otras temporadas en esa casa, hasta que murió en ella el 8 de enero de 1942. Permaneció tres semanas en una nevera de hielo, sin ser enterrado, mientras se tramitaba con las autoridades de la ciudad el permiso de enterramiento en la finca, permiso que fue denegado. Hoy se ignora dónde está enterrado. Watch Tower afirma que en State Island, en el antiguo terreno de la radio de la Watch Tower; pero no hay losa alguna que lo indique. Aquello es un antiguo cementerio protestante. Hay quien asegura que está sepultado bajo el garaje de Beth Sarim.

    Hacia 1939 Rutherford adquirió, se desconoce con cargo a quiénes, un terreno colindante a Beth Sarim, de difícil acceso, donde construyó la mansión de Beth Shan, en hebreo “Casa de Seguridad”. Dado que estalló la Segunda Guerra Mundial en Europa, Rutherford temía que la misma se extendiese a los Estados Unidos y por esa razón mandó edificar Beth Shan, donde además construyó dos refugios anti atómicos, algo entonces de moda entre los pudientes. Estos refugios fueron descubiertos por el nuevo dueño de Beth Shan, después de que Watch Tower vendiera el terreno y sus inmuebles hacia 1947. Otro tanto había hecho años antes con Beth Sarim.     

    En el diario SOL de San Diego del 15 de marzo de 1930 aparece una entrevista mantenida con Rutherford a propósito de la mansión de Beth Sarim. El periodista que le entrevistaba preguntó: “Cómo identificará usted al rey David cuando venga?” Respuesta: “Mis hombres están divinamente autorizados para diferenciar a los impostores de los príncipes verdaderos”. De hecho y como anécdota, poco tiempo después un hombre harapiento y con barba se presentó en la casa alegando que era el rey David; pero fue despedido de inmediato. La mansión de Beth Sarim aún se mantiene en pie a día de hoy, felizmente ocupada. Muchos de los que por su calle transitan desconocen la historia de aquella casa.