lunes, 25 de julio de 2016

Testigos de Jehová en 1975


    En 1966 la Sociedad bíblica Watch Tower, que regía los destinos de los testigos de Jehová (hoy día lo hace el Cuerpo Gobernante de los Testigos), publicó el libro ‘Vida eterna en libertad de los hijos de Dios’, escrito íntegramente por Fréderick William Franz, a la sazón vicepresidente de la mencionada Sociedad y teólogo único de la misma. No existía entonces un Cuerpo Gobernante que emitiera las doctrinas, sino que lo hacía exclusivamente el presidente de la Sociedad, aunque en este caso el presidente, Nathan H. Knorr, que entendía más de cuestiones comerciales que espirituales, delegó el asunto doctrinal en Franz.

    En dicho libro, Franz anunciaba que en 1975 se cumplían seis mil años de la creación del hombre. Mediante discursos en las grandes asambleas de Testigos, Franz  aclaraba que el fin de seis mil años de la creación del hombre eran parte del día sexto de la creación y que a ese día le quedaban mil años que a su entender la Biblia especificaba como los mil años del reinado de Cristo sobre la Tierra. Ello significaba que, cumplidos los seis mil años referenciados, para poder pasar la humanidad a los mil años del reinado de Cristo, primero tendría que venir el Armagedón, en que todos los reinos y gobiernos del mundo serían destruídos por el propio Cristo.

    De la lectura del citado libro, así como de las publicaciones de La Atalaya de la Watch Tower y de los discursos de los oradores de la Sociedad de aquel tiempo, los Testigos de Jehová de todo el mundo entendían obviamente que el Armagedón o fin del sistema de cosas del mundo vendría en 1975, concretamente el 5 de Septiembre de 1975, como lo especificó el propio Franz en su discurso a la gran audiencia del Arena Stadium de Los Angeles.

    Tan al pie de la letra tomaron los Testigos de Jehová las advertencias que publicaba la Watch Tower, pues en caso contrario serían tachados hasta de apóstatas, que muchos de ellos abandonaron sus trabajos y sus estudios, vendieron sus casas y se dedicaron a predicar de tiempo completo la inminencia del fin para 1975. De ello hay constancia en las publicaciones del día. Por un lado los periódicos insertaban en grandes titulares que, según los Testigos de Jehová, el fin del mundo vendría en 1975. Al mismo tiempo la Watch Tower imprimía textos adicionales como los siguientes:

    “¿En qué año, entonces, terminarían los primeros 6,000 años de la existencia del hombre y también los primeros 6,000 años del día de descanso de Dios? En el año de 1975. Esto es digno de notarse, particularmente en vista del hecho de que los ‘últimos días’ comenzaron en 1914, y en vista de que los hechos físicos de nuestro día en cumplimiento de la profecía señalan a ésta como la última generación de este mundo inicuo. De modo que podemos esperar que el futuro inmediato esté lleno de acontecimientos conmovedores para los que cifran su fe en Dios y en sus promesas. Esto significa que dentro de relativamente pocos años presenciaremos el cumplimiento de las profecías restantes que tienen que ver con el tiempo del fin”. (Revista ¡Despertad!, 8 Abril 1967, página 19).

    “El futuro inmediato ciertamente habrá de estar lleno de acontecimientos culminantes porque este viejo sistema se está acercando a su fin completo. En el transcurso de unos cuantos años a lo más… la humanidad sobreviviente será libertada para que entre en el glorioso reinado de mil años de Cristo”.  (Revista La Atalaya, 15 Septiembre 1968, página 562).

    “El hecho de que ya han pasado cincuenta y cuatro años del periodo que se llama los ‘últimos días’ es sumamente significativo. Significa que solo unos cuantos años, a lo más, quedan antes de que Dios destruya el corrompido sistema de cosas que domina la Tierra”. (Revista ¡Despertad!, 8 Abril 1969, página 13).

    “Un precursor de Texas dice: ‘Me di cuenta de que cada semana dedicaba cuarenta horas a trabajo seglar que pronto iba a esfumarse en el Armagedón y yo quedaría con las manos vacías. De modo que dejé mi empleo y emprendí el precursorado”.  “En vista del poco tiempo que queda, la decisión de seguir una carrera en este sistema de cosas no sólo es imprudente sino extremadamente peligrosa”. (Boletín mensual de los Testigos de Jehová ‘Nuestro Ministerio del Reino’, Junio 1969).

    “Si tú, lector, eres persona joven, también tienes que enfrentarte al hecho de que nunca envejecerás en este presente sistema de cosas. ¿Por qué no? Porque toda la evidencia en cumplimiento de las profecías bíblicas indica que este sistema corrompido habrá de terminar en unos cuantos años. De la generación que observó el principio de los ‘últimos días’ en 1914, Jesús predijo: ‘De ningún modo pasará esta generación hasta que sucedan todas esas cosas’ (Mat. 24:34). Por lo tanto, como persona joven, nunca realizarás alguna carrera que ofrezca este sistema. Si estás en la secundaria y piensas en una educación universitaria, esto significa por lo menos cuatro, quizás hasta seis u ocho años más para que obtengas tu titulo de una carrera especializada. Pero, ¿dónde estará este sistema de cosas para ese tiempo? ¡Estará bien avanzado hacia su fin, si es que no habrá desaparecido en realidad! (Revista ¡Despertad!, 22 Agosto 1969, página 15).

    “Hay informes de hermanos que están vendiendo sus hogares y propiedades y están haciendo planes para terminar el resto de sus días en este viejo sistema en el servicio de precursor. Ciertamente esa es una excelente manera de usar el corto tiempo que queda antes del fin de este mundo inicuo”. (‘Nuestro Ministerio del Reino’, Julio 1974).  

    La expectación llegó al cénit en 1975; pero pasó el año y no sucedió lo que la Sociedad Watch Tower había dado a entender a la grey. No vino el Armagedón ni Jesucristo inició su reinado de mil años. La Watch Tower se lavó las manos culpando a los Testigos de que habían entendido mal. En La Atalaya del 1 de Diciembre de 1976, página 726, se lee: ‘Si alguien ha resultado desilusionado… debe concentrarse ahora en ajustar su punto de vista, al ver que no fue la palabra de Dios la que le falló o lo engañó y le trajo desilusión, sino que su propio entendimiento se basó en premisas incorrectas’.

    Para la Watch Tower absolutamente todos los Testigos estaban equivocados al entender que el fin venía en 1975. Ya había sucedido algo parecido en 1914 y en 1925. Sin embargo los testigos, muchos de los cuales abandonaron sus trabajos y vendieron sus hogares para dedicarse a predicar todo el tiempo -lo cual la Organización alabó por página impresa-, sencillamente se habían limitado a aceptar ciegamente lo que la Watch Tower había dado a entender. Todos los Testigos al unísono no podían estar equivocados. Finalmente, en 1980, la Sociedad admitió, aunque con reservas, que tuvo parte de la culpa al haber declarado lo que tan abiertamente declaró mediante publicaciones y discursos.  

 

domingo, 17 de julio de 2016

La asamblea regional de 2016



    Este año de 2016 la asamblea regional de los Testigos de Jehová ha logrado impactar a los asistentes mediante una elevada dosis de temor (videos sobre lo que el Cuerpo Gobernante define como inminente persecución de los Testigos) y la emotividad (videos que despiertan la emoción lacrimógena). Así condicionados, los oyentes están preparados para aceptar sin reservas cuanto el Cuerpo Gobernante propone a través de los discursantes de las asambleas, todo lo cual se acepta como verdad absoluta e indiscutible. El libre intelecto queda así obnubilado y la persona ve anulada su disposición a la crítica, crítica que el Cuerpo Gobernante enseña que proviene del propio Satanás, que así considera toda oposición parlamentaria a sus doctrinas.

    Las repercusiones de la asamblea regional de este año no se han hecho esperar. Ya hay congregaciones donde los dirigentes han manifestado desde la plataforma en la reunión teocrática expresiones como: ‘Puesto que el fin está ya a las puertas, como hemos visto en la asamblea, deberíamos dedicar mucho más tiempo a la predicación y al estudio de las publicaciones del Esclavo, incluso reduciendo, si fuera posible, la jornada de trabajo a la mitad, que con tal de ganar lo suficiente para comer y atender las necesidades básicas familiares tendríamos suficiente’. Y también: ‘Hermanos, el fin está mucho más cerca de lo que pensábamos, tal como hemos visto en la asamblea. ¿Vamos a perder el tiempo en prepararnos una carrera universitaria o en buscar trabajos mejor remunerados? ¿No es mejor emplear el tiempo en predicar y en hacerlo todo por la Organización de Jehová, visto lo poco que le queda a este sistema?’

    Y frases similares. Esto nos recuerda a lo acontecido en los años previos a 1975, cuando los hermanos entendían -deducido de las publicaciones y conferencias del Cuerpo Gobernante- que el Armagedón estaba al caer precisamente en ese año de 1975, en que se cumplían 6.000 años de la creación del hombre, lo que suponía que a continuación daría comienzo el séptimo milenio, lo que a su vez presunpondría el inicio del paraíso terrestre, lo que también implicaría la destrucción del sistema mundial de cosas.

    Muchos hermanos vendieron sus casas, dejaron sus trabajos y sus estudios y se limitaron a ir tirando, dedicando el mayor número de horas posibles a la predicación. El Cuerpo Gobernante a través de su Hoja del Ministerio Teocrático alabó en 1974 la actuación de estos hermanos. Y cuando pasó 1975 y algún tiempo más y no vino el Armagedón, los dirigentes de Brooklyn se limitaron a decir que los hermanos habían entendido mal y que el Cuerpo Gobernante no había dicho que en Septiembre u Octubre de 1975 vendría el fin. Según ancianos que servían en el Betel mundial, el abandono en las filas fue muy superior a lo que la Watch Tower publicaba como estadística en su Anuario.

    Desde entonces el nivel de crecimiento de los adeptos se ralentizó. Hoy en día el movimiento apenas supera los 8 millones de miembros, gracias en buena parte a los hijos de los Testigos, cuando estadísticamente debería haber al menos 14 millones de publicadores. El crecimiento actual es prácticamente cero, razón por la cual el movimiento ha entrado en crisis financiera. Ello se traduce en la venta de salones del reino y de asambleas, además de los edificios de Brooklyn y sucursales por todo el mundo. Cierto que se construyen en su lugar algunos salones, éstos con capacidad simultánea para cuatro congregaciones (dos grandes y dos pequeñas). La venta de edificios de Brooklyn se compensa en parte con la construcción de la granja de Warwick, cuyo presupuesto se ha disparado a niveles escandalosos debido a la contaminación del terreno.

    En los países industrializados la obra decrece considerablemente, mientras crece en los países pobres, donde es evidente que muchos se hacen testigos porque encuentran quien les socorra en su pobreza, dicho por un superintendente. De todas maneras el promedio mundial de crecimiento en 2015 ha sido de 1,5% al ser más los países pobres que los industrializados. Paradójicamente, los testigos de esos países poco o nada pueden contribuir en sentido monetario a la obra mundial. Los mormones, los evangélicos, los adventistas, los pentecostales y otros grupos han tenido incrementos muy superiores en todo el mundo. Un anciano, a la vista de la amarga situación entre los Testigos, se pregunta que dónde está la promesa de Jehová cuando dijo que: ‘Yo mismo lo aceleraré a su debido tiempo’.

    Da la impresión de que esta asamblea ha tenido como objetivo inculcar el miedo en los adeptos a fin de que no permitan que nada ni nadie los mueva de las filas. Es patente que de lo que ahora se trata es de conservar los miembros, que a la par son contribuyentes, porque si éstos o una parte de ellos se pierden, la situación puede ser caótica en la Organización de los Testigos de Jehová. Un somero análisis permite deducir que la crisis financiera es bastante grave, pues de otra manera no se venderían locales destinados a las reuniones semanales y a la obra de predicación. Sí, la asamblea ha sido una soga que mantiene atadas a las ovejas dentro del redil. Se les dice que ni se asomen afuera, que merodea el lobo.   

 

lunes, 11 de julio de 2016

Rutherford y sus refugios antiaéreos


    El presidente de la Sociedad Watch Tower y fundador del movimiento de los Testigos de Jehová, J. F. Rutherford, se había hecho construir en 1929 la mansión de Beth Sarim, aduciendo, según consta en las publicaciones correspondientes, que la misma se destinaba a los antiguos patriarcas de Israel cuya resurrección se esperaba por aquellos años. En esta mansión falleció el 8 de Enero de 1942. Según una nota de prensa de la Watch Tower, no fue enterrado hasta finales de Abril de aquel año, debido a que mientras tanto se estuvo tratando, aunque finalmente sin éxito, de conseguir el permiso de las autoridades para que fuera enterrado en la finca de Beth Sarim, como era el deseo del finado.

    La nota periodística da cuenta de que Rutherford fue inhumado en el antiguo terreno de la radio de los Estudiantes de la Biblia. Pero ese terreno se había vendido en los años treinta y por lo tanto no pudo enterrarse en él a Rutherford, máxime cuando la municipalidad no lo permitía. En el lugar existe un cementerio de los metodistas, además de la pertinente iglesia de dicho clero, la cual fue construída en el siglo XVIII, aunque se reestructuró en el XIX. Las inscripciones de las lápidas aparecen borradas. Del supuesto sepulcro de Rutherford no hay ni rastro en dicho terreno.

    A día de hoy se ignora dónde está enterrado, aunque todas las sospechas apuntan a que fue sepultado en secreto en Beth Sarim. No existe lápida alguna que dé fe de su tumba. A su entierro no concurrieron más que los colaboradores directos que le asistieron en vida. Lo suyo hubiera sido que miles de sus seguidores hubieran acudido al sepelio y le hubieran despedido con genuinos honores, tal como se hizo en 1916 en el multitudinario entierro de Russell, el antecesor de Rutherford. Frente a la tumba de Russell se levanta el gran Centro Masónico de Pittsburgh. Y a un lado del sepulcro se yergue la esbelta pirámide de granito a su memoria. La pirámide ostenta precisamente el símbolo masónico de la cruz insertada en una corona.

    La finca y mansión de Beth Sarim fue vendida discretamente en el segundo lustro de los años cuarenta. La Watch Tower salió al paso de dicha transación exponiendo que la casa ya había cumplido su cometido y que además era cara de mantener. Su nuevo propietario aseguró que Rutherford estaba allí enterrado y compró la finca a sabiendas de tal hecho.

    Aunque la existencia de Beth Sarim fue conocida de los Testigos de Jehová de aquel tiempo, no obstante estos mismos testigos ignoraban la existencia de otra finca que Rutherford había adquirido en 1939, aunque no se sabe de dónde salió el dinero para aquella operación inmobiliaria. De esta finca, bautizada como Beth Shan (Casa de Seguridad) no existe más que una mención, muy de pasada, en la revista Consolación del 27 de Mayo de 1942, cuando ya Rutherford había muerto. Dice el texto en cuestión: ‘Una nueva ubicación para el entierro del juez Rutherford estaba casi al centro de la propiedad conocida como Beth Shan. Esta nueva propiedad pertenece también a la Sociedad Watch Tower y tiene una vivienda pequeña y otra grande, además de unas casitas alejadas’.    

    Los terrenos de Beth Shan estaban cerca de Beth Sarim. Esta nueva finca se escrituró, al igual que Beth Sarim, a nombre de los patriarcas de la antigüedad, cuya resurrección se esperaba de un momento a otro. La escritura señalaba que, mientras los patriarcas regresaban para tomar posesión de Beth Shan, Rutherford estaba autorizado a ocuparla.  

    Acceder a Beth Shan era dificultoso y se hacía a través de un rústico y disimulado camino de tierra. La finca fue vendida en 1945 y su nuevo propietario allanó en los años sesenta el terreno, donde construyó una pista de aterrizaje. Durante la obras de allanamiento se descubrió que, cerca de la vivienda principal, sobresalía del suelo el techo de una abovedada estructura de hormigón. Efectuadas las oportunas comprobaciones se constató que aquello solamente podía corresponder a un bunker construido bajo tierra.

    Tras las inspecciones de rigor, se descubrió un ingenioso mecanismo que abría una puerta camuflada en un recinto de la planta baja, puerta que accedía al bunker, magníficamente equipado. Posteriormente apareció otro bunker alejado de la vivienda principal, con acceso desde el establo donde se guardaban las cabras.  

    En una filmación de aquellos tiempos se ve a Rutherford revisando las huertas y árboles frutales de la finca de Beth Shan. Asimismo se le ve supervisando la colocación de unos espaciosos tubulares que ahora se sabe que eran parte de los búnkeres o refugios antiaéreos descubiertos en los años sesenta. ¿Por qué razón mandaría Rutherford construir semejantes refugios en el más absoluto secreto?  

    Existe documentación escrita por la Watch Tower que deja entrever la razón. Así, en el folleto ‘Face The Facts’ (Enfrentándose a los hechos), editado en 1938, se lee: ‘Combinados los totalitarios, han de tomar control de Inglaterra y América’. Se refería a los gobiernos totalitarios, sobre todo nazis. Este mismo folleto señalaba que el Armagedón estaba a las puertas y que no era oportuno casarse y tener hijos.

    La Atalaya en inglés del 15 de Noviembre de 1941 expone: ‘Una gran hambre ciertamente afligirá muchas naciones de la tierra en el futuro muy cercano.  Los Estados Unidos también están en línea para tener mucha angustia’. Y la Atalaya del 15 de Septiembre de 1941 recalca en su página 288 la famosa frase de: ‘En los meses que quedan antes del Armagedón’.

    Así, pues, Rutherford creía, como tantos otros, que una nueva gran guerra mundial causada por los regímenes totalitarios se extendería a los Estados Unidos y, en previsión de la misma, hizo lo que no pocos millonarios, altos militares y políticos estaban haciendo entonces: construirse refugios bajo tierra para guarecerse de las bombas lanzadas por los aviones. Además Rutherford creía y predicaba que el Armagedón era inminente, cuestión de unos pocos meses.

    La guerra europea no llegó a América y por tanto los refugios no pudieron ser utilizados. Tampoco vino el Armagedón en aquellos meses y años, acontecimiento que era la continua obsesión de quien entonces ocupaba la presidencia de la Watch Tower. Rutherford murió justo al mes del ataque japonés a Pearl Harbor, que fue el detonante para que los Estados Unidos entrasen en la Segunda Guerra Mundial. De haber seguido con vida, no cabe duda de que Rutherford hubiera continuado predicando la inminente llegada del Armagedón.    


domingo, 3 de julio de 2016

Mansión para los patriarcas resucitados



    En 1920 el presidente de la Sociedad Bíblica Watch Tower, Joseph F. Rutherford, que dirigía en aquel tiempo a los Estudiantes Internacionales de la Biblia -de los que en 1931 el resto de los que no abandonaron el movimiento (tan solo el 27%) surgió bajo la denominación de Testigos de Jehová-, editó el folleto titulado ‘Millones que ahora viven no morirán jamás’, del que se distribuyeron millones de ejemplares en los Estados Unidos. En la página 90 se lee: ‘Podemos esperar confiadamente que el año 1925 marque el retorno de Abrahán, Isaac, Jacob y los fieles profetas de la antigüedad’.

    A través de dicha información impresa, así como de las interminables conferencias que se daban por todo el territorio norteamericano, Rutherford afirmaba que, según la Biblia, para 1925 no solamente resucitarían los antiguos patriarcas de Israel, sino que a continuación vendría Jesucristo en la batalla del Armagedón, por lo que, desde su punto de vista, era evidente que millones que entonces vivían pasarían con vida al nuevo orden paradisíaco que se establecería en la Tierra, lo que significaba que no tendrían que morir.

    Transcurrió 1925 y los patriarcas no resucitaron. Tampoco vino el Armagedón y Rutherford declaró textualmente que ‘había hecho el asno’. Y aunque para la Conmemoración de la muerte del Señor de 1927 había abandonado las filas más del 70% de los Estudiantes de la Biblia, como se deduce del Anuario de la Watch Tower de 1928, Rutherford continuó con la idea de que los patriarcas resucitarían. Así consiguió que sus adeptos aportaran 25.000 dólares, toda una fortuna en aquel tiempo, para construir una mansión donde pudieran alojarse los patriarcas resucitados, los cuales habrían de ser príncipes en la nueva Tierra convertida en paraíso.

    La mansión, en un maravilloso entorno, se edificó en San Diego, California, entre 1929 y 1930, justamente cuando comenzaba la Gran Depresión que empobreció a tantos millones de personas. De aspecto señorial, la mansión recibió el nombre de Beth Sarim o ‘Casa de los Príncipes’. En tanto resucitaban los patriarcas, el propio Rutherford la ocupó, dado que el clima del lugar le era apropiado para la dolencia que padecía desde que más de una década atrás estuvo recluído en la prisión federal de Atlanta. La ocupación de la casa por Rutherford obedecía a lo registrado en la escritura de propiedad, que decía: ‘Joseph F. Rutherford tendrá el derecho y privilegio de residir en dicha casa hasta que la misma sea tomada a la llegada de David o alguno de los otros hombres citados’.

    Rodeada de árboles frutales, la mansión contaba con lo más sofisticado de la época, tanto en materiales como en mobiliario. En el garaje se estacionaba, a disposición de los ilustres personajes que habrían de resucitar, un majestuoso automóvil Ford de 16 cilindros, cuyo costo se estimaba en más de 6.000 dólares y que solamente podían adquirir los millonarios del momento. Rutherford poseía otro Cadillac idéntico en Nueva York.     

    El periódico SOL de San Diego notificaba del acontecimiento en una entrevista a Rutherford. El periodista le preguntaba que cómo iba a reconocer, por ejemplo, al rey David resucitado. Rutherford le respondió que eso no era problema, ya que sus hombres estaban divinamente autorizados para reconocer al rey David de entre los impostores que se les ocurriese merodear por la casa. De hecho poco después un indigente harapiento se presentó afirmando que era el rey David resucitado; pero fue expulsado del lugar sin contemplaciones.    

    Algunos prominentes Testigos de Jehová afirman que la mansión de Beth Sarim no fue construída para los patriarcas y que esa idea es producto de periodistas y detractores. Pero en el libro ‘Salvación’, que editó en 1939 la Watch Tower, se lee: ‘En San Diego, California… hay un pequeño terreno, en el cual, en el año de 1929, se edificó una casa que se conoce como Beth-Sarim. Y las páginas 323 y 324 aclaran: ‘El propósito de adquirir esa propiedad y edificar esa casa fue el de que hubiera una prueba tangible de que en efecto hay en la tierra quienes firmemente creen… que los fieles de la antigüedad pronto serán resucitados por el Señor, estarán en la tierra y tomarán a su cargo los asuntos visibles de ella’.   

    Los patriarcas jamás se presentaron y Rutherford pasó largas temporadas en Beth Sarim, particularmente los inviernos, los cuales no podía soportar en Nueva York. En esa misma mansión falleció el 8 de Enero de 1942. En su testamento dejó escrito que se le enterrase en la misma Beth Sarim. Sin embargo las autoridades denegaron vez tras vez el permiso de enterramiento en la finca y Rutherford permaneció largo tiempo (tal vez meses) conservado en una nevera de hielo, mientras se tramitaba el permiso.

    A finales de Abril de aquel año la Watch Tower publicó una nota de prensa afirmando que Rutherford había sido enterrado en Staten Island, en el terreno donde los Estudiantes de la Biblia tuvieron la radio. Sin embargo aquel terreno ya no era propiedad de la Watch Tower y por lo tanto mal pudieron enterrarlo allí, aparte de que tampoco las autoridades daban permiso para ello. El lugar aludido es un antiguo cementerio contiguo a una iglesia metodista y las lápidas existentes son tan antiguas que se hallan borradas.

    Desde antes de iniciarse el siglo XX ya no se enterraba a nadie allí, pues era lo preceptivo realizar los enterramientos en los cementerios locales. No existe lápida alguna que identifique que bajo ella está sepultado Rutherford, como tampoco hay lápidas que identifiquen los supuestos sepulcros de los miembros de la Watch Tower de los que se afirma que están allí enterrados y que murieron antes de mediados del siglo XX. Sencillamente, en el antiguo terreno de la radio no hay más sepulcros que los de la iglesia metodista que allí se levanta.  

    Se sospecha que Rutherford fue enterrado en secreto en Beth Sarim y por eso no existe una tumba que lo demuestre. De todas maneras resulta extraño que, mientras que el primer presidente de la Watch Tower, Charles T. Russell, fue enterrado con todos los honores en 1916 y su tumba continúa perfectamente identificada (y con una monumental pirámide de granito a su lado), de Rutherford no se sepa dónde está sepultado. Pero si él decidió ser enterrado en Beth Sarim, en Beth Sarim ha de estar enterrado. Por cierto, la mansión aún se levanta en el lugar, como fiel testigo de las creencias de un hombre, que no de una organización, que pensaba que los patriarcas iban a resucitar para tomar el control de la Tierra.


   

sábado, 25 de junio de 2016

Warwick, betel de los Testigos de Jehová


    Para Septiembre u Octubre de 2016, año del centenario de la muerte del pastor Russell, fundador del movimiento de los Estudiantes Internacionales de la Biblia, el Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová proyecta inaugurar su nueva sede betel en Warwick (Nueva York), que curiosamente inserta en su fachada principal el esquema de la torre que se había prohibido exhibir en las congregaciones. Situadas junto a un gran lago, las inmensas instalaciones inmobiliarias del nuevo betel, el más grande del mundo, se construyen a expensas de miles de voluntarios de las congregaciones mundiales de Testigos de Jehová, quienes se ofrecen entusiásticamente y sin sueldo -tan solo reciben la correspondiente manutención- para las tareas de construcción y acondicionamiento de los terrenos.

    Para ayudarse a acometer proyecto de envergadura tan espectacular, el Cuerpo Gobernante de los Testigos está vendiendo -además de sucursales y salones de asambleas y del reino por todo el orbe- los más de treinta edificios que tiene en Brooklyn, Nueva York. En 2012 fue vendido en 81 millones de dólares el Hotel Bossert de los Testigos de Jehová, uno de los más lujosos de la ciudad de los rascacielos.  

    Las obras de Warwick ya suponen mucho más dinero del que se tenía previsto, debido sobre todo a que se detectó que una parte de los terrenos estaba contaminada con productos químicos altamente cancerígenos, particularmente bifenilos policlorados, los cuales habrían sido vertidos por la empresa Nickel, la anterior inquilina, que enterraría los desechos de su industria entre los años 60 y 80. Estas venenosas sustancias pueden afectar a los pozos de agua potable de la zona. Existe documentación de que ya en el 2005 se esperaba realizar un profundo estudio acerca de la contaminación existente en el lugar, estudio que posteriormente dio resultados positivos. Los líderes de los Testigos de Jehová han demandado a la empresa contaminante, exigiéndole la correspondiente compensación por daños y perjuicios.

    La información aquí expuesta procede -además de la de ex betelitas que tras largos años de servicio han sido despedidos ante la imposibilidad de seguir siendo mantenidos por la organización de los Testigos- del artículo periodístico de Hema Easley, del Times Herald Record, que investigó a fondo el asunto. Easley notifica que el Cuerpo Gobernante conocía el problema desde el año 2012, aunque sale en 2016 a la luz pública, mientras se limpia la propiedad bajo la dirección del Departamento de Conservación Ambiental. No se sabe si la descontaminación puede realizarse por completo y se ignora a qué consecuencias futuras han de encararse quienes allí vivan.

    Como resultado del artículo periodístico aludido, decenas de familias de jóvenes trabajadores voluntarios de Warwick exigieron que sus hijos fueran devueltos a casa inmediatamente. Pero casi todos los voluntarios ni se enteraron del tema y continúan allí sus labores, en tanto que el Cuerpo Gobernante no les previene de la realidad del grave peligro de contaminación química al que pueden estar expuestos.

    El Cuerpo Gobernante ordenó el cese de todos los trabajos que se realizaban en las sucursales y salones del reino y de asambleas del mundo, con el objeto de dar prioridad a las obras de Warwick. Al mismo tiempo, los beteles mundiales en activo se están vaciando de gran número de trabajadores que habían dedicado su vida entera a servir en ellos. El motivo principal es la crisis financiera por la que atraviesa la organización de los Testigos de Jehová, a la par de la sangría de Warwick, de quien el fallecido miembro del Cuerpo Gobernante Guy Pierce dijo que no estaba seguro de si era la voluntad de Jehová trasladarse a ese lugar. Las últimas noticias que llegan es que también se está vaciando el Betel de Londres, en tanto que el de Rusia ya fue cerrado.

    Por añadidura, la Organización, que a través de la Sociedad Watch Tower tiene invertidos millones de dólares en hedge funds, unos fondos de inversión que solamente los altos millonarios del planeta pueden permitirse, ha tenido que desprenderse de importantes sumas en concepto de indemnizaciones a víctimas de pederastia. Se espera el dictamen final de la Real Comisión de Australia, ante la que en agosto del 2015 hubo de presentarse a declarar Geoffrey Jackson, del Cuerpo Gobernante.   

    En el 2015 el miembro del Cuerpo Gobernante Stephen Lett, que en los países latinos apodan cariñosamente ‘el llorón’, explicó en la emisora televisiva de los Testigos de Jehová que los gastos están superando a los ingresos, por lo que se precisaban donaciones urgentes de los adeptos. Ya en las congregaciones se había pedido que los hermanos donaran cierta cantidad fija mensual para la construcción de salones del reino. En este momento dichas construcciones están paradas, salvo unas pocas; pero el dinero para tal misión continúa recaudándose, aunque, debido a la crisis, hay congregaciones que no pueden cumplir con esta asignación.   

    La impresión de las revistas La Atalaya y Despertad se ha reducido prácticamente a la mitad, evidentemente porque no hay suficiente liquidez y no pueden mantenerse los costos de tinta, papel y maquinaria de las imprentas. La tendencia actual es que cada Testigo se baje la información por Internet y se la imprima en su propia tipiadora. De los beteles mundiales se ha proyectado despedir de momento al 30% del personal. Muchos de los trabajadores voluntarios que esperaban el fin inminente del sistema mundial y que han pasado media vida o más en los beteles, tienen edades superiores a 50 años, están solos y jamás estudiaron una carrera o aprendieron un oficio con el que poder ganarse la vida. Se espera que las congregaciones se hagan cargo de ellos.    

    Warwick, el nuevo betel de los Testigos de Jehová, no es el paradisíaco entorno que se creía. Está en el punto de mira negativo de muchos adeptos, sobre todo de los que han sido despedidos de los beteles por falta de medios para mantenerlos. El lugar es ciertamente bello y rebosa de frondosa vegetación; pero una parte del suelo, precisamente la que limita con las fuentes de agua, está contaminada por productos químicos que la Administración de los Estados Unidos considera peligrosos, por lo cancerígenos.

    Es probable que a día de hoy se haya descontaminado casi todo; pero ello ha tenido que ser a un costo del que ni siquiera los líderes calcularon. Se han tenido que contratar profesionales con sofisticado material y herramientas. Incluída la caprichosa tecnología aplicada al lago para que pueda desaguar automáticamente en caso de inundaciones, los costos de materiales de construcción y descontaminación suponen centenares de millones de dólares, sin contar mano de obra de construcción, que es gratuita.

    A la gran heredad de Warwick han de añadirse las haciendas de Patterson y Wallkill, Nueva York, con sus inmensas granjas y huertas que abastecen de alimentos a los, por ahora, miles de trabajadores voluntarios que en las mismas faenan, muchos de ellos por temporada. Su mantenimiento se estima exorbitante, aunque no tanto como el que hoy supone Warwick, del que Guy Pierce dudaba que tuviera la aprobación de Jehová.   


lunes, 20 de junio de 2016

¿De dónde sale el año 1914? La verdad (12)


 

    Los adventistas seguidores de N. H. Barbour abandonaron la idea de la segunda venida de Cristo para 1914 debido a que no era una enseñanza bíblica, ya que esa fecha salió del error de sumar 2.520 años al 606 a.e.c., que se consideraba como de la subida al trono de Nabucodonosor, pero que igualmente estaba errada en un año, pues histórica, arqueológica y astronómicamente se había demostrado que el ascenso de Nabucodonosor aconteció en el 605 a.e.c., el mismo año de la batalla de Karkemis.

    El primero en aplicar los 2.520 años de los supuestos siete tiempos del profeta Daniel al 606 a.e.c. fue el escrutador bíblico Edward Elliot, quien escribió en su libro ‘Horas con el Apocalipsis’, publicado en 1844, que los 2.520 años corrían del 606 a.e.c. a 1914, supuesto año del regreso de Cristo. Pero Elliot se equivocó en un año de menos y ese error pasó al adventista Barbour y de él a los directivos de los Estudiantes de la Biblia, Russell y Rutherford. Posteriormente, en 1943, F. W. Franz, ya con los Testigos de Jehová, adelantaría inexplicablemente al 607 a.e.c. el hipotético año de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, lo cual hizo en 1943, en tiempos del presidente Knorr.

    De las congregaciones de los Estudiantes de la Biblia y de los Testigos de Jehová se separaron unos treinta grupos, algunos de los cuales continúan activos a día de hoy. De todos ellos, solamente los Testigos Cristianos de Jehová (introdujeron nueva palabra en la denominación) predican todavía la obsoleta y errónea fecha de 1914, aunque ya no como el año del Armagedón, sino como el tiempo del inicio del reinado de Cristo en los cielos invisibles. Las doctrinas de los Testigos de Jehová se basan principalmente en los supuestos 70 años de destierro de los judaítas después de ser destruída Jerusalén, así como en la fecha de 1914, que sale de añadir 2.520 años al 607 a.e.c.

    De la treintena de grupos separados de los Estudiantes Internacionales de la Biblia en tiempos de Rutherford, por estar en desacuerdo con las caprichosas imposiciones doctrinales del citado presidente de la Watch Tower, actualmente se encuentran activos los siguientes: Instituto Bíblico Bereano (1917); Estudiantes de la Biblia Asociados (1917); Sociedad del Angel de Jehová de Biblias y Tratados (1917); Unión de la Asociación de la Biblia; Instituto Bíblico Pastoral (1918); Movimiento Misionero de la Casa del lego (1918, editan en inglés los 6 tomos de Estudios en las Escrituras de Russell); Instituto de Piramidología (1920); Estudiantes Internacionales de la Biblia de la India (1921); Asociación Polaca de Estudiantes de la Biblia (1925); Asociación Cristiana del Milenio (1928); Asociación Alemana de Estudiantes de la Biblia (1930); Asociación de Estudiantes de la Biblia de la Aurora (1932, edita la revista El Alba); Testigos de Jehová Verdadera Fe (quedaron aislados tras el Telón de Acero en los años treinta y tienen seguidores en Rumanía, Polonia, Rusia, Bélgica, Suecia, México y Argentina).

    Grupos aún activos que se separaron de los Testigos de Jehová en tiempos del presidente Knorr son: Asociación Goshen (1951) y Asociación Francesa de Estudiantes de la Biblia (1951, editan en francés los 6 tomos de Estudios en las Escrituras de Russell). Existieron otros grupos separados de los Estudiantes de la Biblia y de los Testigos de Jehová, aunque ya desaparecieron. En principio todos ellos se acogieron a la fecha de 1914, pero finalmente la desecharon por no ser bíblica.   

    Una de las razones por la que no pocos Estudiantes de la Biblia abandonaron las filas de la Sociedad Bíblica Watch Tower durante los dos primeros años del mandato presidencial de Rutherford se debió a la edición del polémico libro ‘El Misterio terminado’, que Rutherford mandó escribir a dos colaboradores suyos y que pretendió pasar como la obra póstuma de su antecesor, el pastor Russell.

    El libro se difundió masivamente como si fuera parte de la verdad de la Biblia, pero estaba todo él lleno de contradicciones doctrinales. No en vano uno de los escritores, Clayton Woodworth, confesó que estaba ‘dominado por los espíritus’. El propio presidente de la Watch Tower Frederick Franz tuvo que reconocer que el libro en cuestión no enseñaba la verdad, aunque posteriormente el Cuerpo Gobernante ha publicado en algunas Atalayas que aquel libro contenía ‘ricas verdades’.  

    Varias de las doctrinas enseñadas como verdad bíblica en la obra referida, donde se explican libremente los libros de Apocalipsis y Ezequiel como sus autores los entendían (y no un Cuerpo Gobernante), son las siguientes: el fin de las iglesias de la cristiandad vendrá en 1918, las repúblicas desaparecerán en 1920, el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra ocurrirá 13 años después de 1918, el monstruo Leviatán del que habla el libro de Job es la locomotora, el jinete blanco del Apocalipsis es el obispo de Roma, el arcángel Miguel es el Papa, la gloria del ángel mencionado en Apocalipsis se refiere entre otros a los aviones, los motores eléctricos, las aspiradoras, el canal de Panamá…

    De este libro las autoridades obligaron a la Sociedad Watch Tower a arrancar siete páginas consideradas como incitación a la rebelión militar, ya que los Estados Unidos se hallaban en época de guerra. Esto finalmente se tradujo en problemas para los directivos de la Watch Tower y del propio Rutherford, que fueron encarcelados en 1918 bajo la acusación de sedición. En 1919, ya concluída la guerra, fueron liberados, lo mismo que otras personas ajenas a la Watch Tower que habían sido recluidas por motivos semejantes. La liberación de los directores de la Watch Tower la entiende el Cuerpo Gobernante como una señal prodigiosa de que Jesucristo los había escogido como su esclavo fiel y discreto, aunque en ese tiempo no estaban predicando la verdad bíblica.

    Algo que en aquellos días los Estudiantes de la Biblia enseñaban con ahínco era que Cristo había sido hecho rey en 1874. El año 1914 se les había quedado a oscuras porque no ocurrió el Armagedón que Russell pregonaba. Hasta 1943 no traspasó la Watch Tower el inicio del reinado de Cristo a 1914, para lo cual hubo de adelantar un año, al 607 a.e.c., la caída de Jerusalén ante Nabucodonosor.

    Hoy día el año 1914 es imprescindible para que no decaigan las doctrinas del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová, las cuales se basan precisamente en ese 1914 -además de en las fechas 607 a.e.c., 537 a.e.c. y 1919- y en la creencia de que los judaítas estuvieron desterrados 70 años después de que Nabucodonosor destruyera Jerusalén en el año 18/19 de su reinado. Todo queda en papel mojado cuando se comprueba históricamente y por la propia Biblia que los desterrados de aquel tiempo solamente estuvieron 49 años en Babilonia. (Fin de la serie de 12 artículos).

 

lunes, 13 de junio de 2016

¿De dónde sale el año 1914? La verdad (11)



    Hasta los días del estudioso bíblico John Aquila Brown, autor del libro ‘El Atardecer’, publicado en 1823, se entendía que los siete tiempos que el profeta Daniel atribuyó al rey Nabucodonosor duraban por lo general 1.260 años. Brown lo que hizo fue duplicar los 1.260 años, creyendo que los siete tiempos fueron siete años de 360 días, aunque la Biblia nada menciona de ello. Tampoco la Historia. Esos 7 años de 360 días cada uno, ó 2.520 días en total, los elevó Brown a años en la creencia de que la Biblia da una regla de medir de un año por cada  día, entendimiento erróneo basado en algunos ocultistas judíos desde la Edad Media. Así que Brown llegó a la conclusión de que los siete tiempos de Daniel duraban en realidad 2.520 años, ya que entendía que eran proféticos y que por tanto tendrían un cumplimiento mayor en el futuro.

    Sin embargo Brown se equivocó en la aplicación. El error principal de Brown, aparte de la fantasía de elevar a años los 2.520 días de Daniel, fue calcular los siete tiempos como de 360 días cada uno, en tanto que al conjunto de los 2.520 años le asignó años de 365,25 días, cuando debería haber estimado años de 360 días. Brown no se dio cuenta de ese error, como tampoco el estudioso Elliot ni el adventista Barbour ni los presidentes de la Sociedad Watch Tower (Russell, Rutherford, Knorr, Franz y siguientes). A día de hoy el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová sigue sin percibir este craso error en la aplicación de los 2.520 años, error que no pocos pastores (ancianos y superintendentes) han detectado, aunque no se atreven a informar de ello a la superioridad por las nefastas consecuencias que les acarrearían.

    Brown situó la duración de los 2.520 años entre el 604 a.e.c. y 1917, siendo el año 604 a.e.c. el primero de reinado de Nabucodonosor, quien subió al trono de Babilonia en 605 a.e.c. Brown declaró que a la terminación de los siete tiempos, en 1917, la gloria de Israel brillaría. Casualmente, en diciembre de 1917 las tropas inglesas conquistaron Jerusalén a los turcos y la interpretación bíblica de Brown fue tomada en cuenta por muchos entusiastas de la Biblia, que comenzaron a hacer sus pinitos con la pseudociencia de la numerología ocultista en la que se basaba el cálculo de Brown.

    Posteriormente los estudiosos Elliot y Barbour, así como los presidentes de la Watch Tower Russell y Rutherford, aceptaron dicho periodo de 2.520 años como comprendido entre el 606 a.e.c. y 1914, aunque existía el error de contabilización de un año menos. El caso es que, puesto que en principio Brown operó con años de 360 días, debió haber continuado con años de 360 días y no de 365, por lo que, de ser el caso, los famosos siete tiempos de Daniel habrían concluido hacia 1880 y no en 1914.

    Este errado concepto de los 2.520 años, que fue invención humana y que en la Biblia ni siquiera se insinúa, continúa vigente entre los testigos de Jehová y por eso creen que en 1914 terminaron los tiempos de los gentiles y Jesucristo comenzó a reinar en el cielo, en tanto que se espera su venida para el futuro, aunque antes la Watch Tower enseñaba que el reinado y la venida o presencia de Cristo acontecieron en 1874. De ahí muchas de las doctrinas incorrectas que ahora se están cambiando, según el permanentemente variable entendimiento de los dirigentes.

    Estos constantes cambios doctrinales hacen que muchos adeptos, incluso pastores, se pregunten si realmente pudo Jesucristo nombrar a alguien como su vocero y esclavo fiel y discreto en 1919 cuando en ese tiempo no se enseñaba lo que hoy se sabe que no era la verdad. El propio Frederick Franz, cuarto presidente de la Watch Tower (sociedad que administraba los asuntos de los testigos de Jehová antes de hacerse cargo el cuerpo gobernante) aseguró que en 1919 no se estaba enseñando la verdad bíblica.

    En aquellos días de 1919 y años siguientes se pregonaba, por ejemplo, que el reinado de Jesucristo había comenzado en 1874, que en 1925 resucitarían los patriarcas y vendría a continuación el Armagedón, que Jesucristo murió en una cruz y que la gran pirámide de Egipto era la Biblia en piedra, sin mencionar que se celebraban navidades y cumpleaños y se alababan las transfusiones de sangre.

    Rutherford además mandó escribir el polémico libro ‘El Misterio terminado’, repleto de barbaridades que con el tiempo se desecharon, y después, en 1927, estableció que Jesucristo había inspeccionado a su esclavo fiel en 1918, fecha que ahora ha sido suprimida por el cuerpo gobernante por no ser bíblica, aunque el año 1919, también invención de Rutherford en 1927, es consecuencia de la inspección de 1918 y de la creencia de que Jesucristo comenzó a reinar en 1914, año que sale de aplicar 2.520 años al 607 a.e.c., que la organización de los testigos defiende como el año de arrasamiento de Jerusalén y suspensión del reino de Dios en la Tierra, cuando por la Historia, la Arqueología y la Astronomía se demuestra que el año del arrasamiento de Jerusalén lleva inequívocamente al 587 a.e.c.

    Si lo que entonces se enseñaba era realmente la verdad bíblica, esa enseñanza no debió haber sufrido cambios con el tiempo. Y si lo que se enseñaba no era la verdad, mal pudo Jesucristo nombrar como sus voceros a quienes esparcían falsedades, aunque con sinceridad creyeran que era la verdad lo que predicaban entusiásticamente. El entusiasmo y la sinceridad no hacen que lo que se predica sea verdadero. Si es verdadero, no debe cambiar con el tiempo. Y si cambia, es que no era verdadero.  Y si no era verdadero, tampoco pudo haber nombramiento alguno por Jesucristo.   

    Por otro lado, el supuesto nombramiento como esclavo fiel por Jesucristo se hizo a la Junta directiva de la Watch Tower que supervisaba entonces a los Estudiantes Internacionales de la Biblia, no a los testigos de Jehová, que aparecieron en 1931, cuando Rutherford impuso el nombre al 27% de los Estudiantes de la Biblia que no habían abandonado el movimiento en 1927 y a los pocos adeptos que se captaron entre 1927 y 1930. Hoy día el cuerpo gobernante entiende que los nombrados fueron los componentes de la junta directiva de la Wach Tower. Pero los integrantes del cuerpo gobernante actual nada tienen que ver con la Watch Tower, como recientemente lo ha declarado a un juez el miembro de ese cuerpo, Gerrit Losch, al decir que él no pertenece a la Watch Tower.  (Continúa en la parte 12)