miércoles, 19 de septiembre de 2018

La prohibición de las transfusiones no es bíblica

 


    En Génesis se lee que Dios le dio al hombre el alimento vegetal y no el animal. Después del Diluvio le permitió comer carne de animales, a condición de que los desangrase y vertiese la sangre en tierra. De esa manera el hombre que mataba un animal para comer no era responsable de la muerte de dicho animal. Pero si comía la sangre, se hacía responsable de esa muerte.

    En las transfusiones de sangre no se mata a nadie. En Hechos de Apóstoles se lee que el cristiano proveniente del paganismo (referido al cristiano de Antioquía) no debería, para no ofender a los cristianos judíos, comer carne de animal que no hubiera sido desangrado. Se refiere únicamente a la sangre de animales sacrificados para comer. Más tarde el apóstol Pablo escribía diciendo a los cristianos que comiesen todo lo que se vende en las carnicerías. Y en aquellas carnicerías se vendía carne de animal no desangrado.

    Una transfusión no es lo mismo que comer sangre. En la transfusión la sangre pasa directamente al torrente sanguíneo. En el acto de comer, la sangre se descompone mediante la digestión.

    Dado que en las transfusiones no se mata a nadie, quien recibe la transfusión no es responsable de ninguna muerte. La sangre aporta vida al organismo. Jesucristo dijo que quien no bebiera su sangre no tenía parte con él, si bien se trataba de un simbolismo. Pero el caso es que Jesucristo habló de ‘beber su sangre’.

    Desde 1945 la dirigencia de los testigos de Jehová tiene prohibidas las transfusiones. En un principio decía la dirigencia que tomar las fracciones de la sangre, como las albúminas, era pecado craso que la Biblia condena. Hoy día dice que no es pecado y deja las albúminas a la conciencia de la persona. A partir de mediados de 1961 comenzaron las expulsiones de quienes se transfundían.

    Desde entonces ha habido miles de muertes entre los testigos de Jehová que se han negado a ser transfundidos. Mueren pensando que son fieles a Dios, en la creencia de que El prohíbe las transfusiones de sangre. En los años cincuenta y sesenta murieron muchos que no aceptaron una transfusión de albúmina, creyendo que la palabra de Dios lo prohibía. Después la gerencia de los Testigos dejó el asunto a la conciencia. ¿Quiénes son responsables de todas aquellas muertes?

    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, cuerpo que fue creado en 1971, continúa aferrado a la información que daban los antiguos manuales de enfermería, los cuales aún catalogan los componentes de la sangre en: plasma, glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Esta catalogación se realiza a efectos informativos generales, pero no es del todo científica.

    Los manuales de Medicina exponen, a efectos generales, que los componentes principales de la sangre son dos: el plasma (55%) y los glóbulos rojos (45%). Las plaquetas son consideradas como porciones suspendidas en el plasma.

    Los glóbulos blancos no forman parte de la composición de la sangre. Estos glóbulos se encuentran de paso en el torrente sanguíneo y van de unos órganos a otros. Los órganos tienen muchos más glóbulos blancos que los que provisionalmente tienen la sangre. Cuando una persona recibe un riñón trasplantado, recibe también millones de glóbulos blancos. La leche materna que la madre da al bebé contiene infinidad de glóbulos blancos. Naturalmente, siempre ha de haber glóbulos rojos en la sangre. Lo contrario indicaría que los órganos no los producen.

    Pero la división científicamente más importante que hoy se hace de los componentes sanguíneos es la que se utiliza para extraer las sustancias que han de aplicarse a los pacientes. Según esta clasificación, los componentes principales de la sangre son: Agua (80%), hemoglobina (15%), albúminas (3%) y globulinas (2%).

    Esto está de acuerdo con la división de: 1) Plasma, que contiene un 93% de agua y un 8% de albúminas y globulinas, incluídas las plaquetas. 2) Glóbulos rojos, que contienen agua y un gran porcentaje de hemoglobina, que es la que da el color rojo a la sangre. La hemoglobina es tratada por los testigos de Jehová como una fracción cuya transfusión se deja a la conciencia, algo que muchos testigos ignoran y se dejan morir por ello.

    Según la composición química de la sangre en: agua, hemoglobina, albúminas y globulinas, composición que marca la pauta para la extracción de las sustancias más convenientes para su aplicación en el paciente, los testigos de Jehová están permitiendo transfundirse los elementos principales de la sangre, a los cuales llaman fracciones sin serlo.

    De todas maneras los componentes de la sangre no son sangre, tal como los componentes del agua no son agua. El agua se compone principalmente de hidrógeno y oxígeno y ninguna de estas sustancias por separado es agua. Y los componentes de la sangre por separado no son sangre; así no es sangre el plasma ni los glóbulos rojos ni las plaquetas. Los glóbulos blancos ya hemos adelantado que no son parte de la sangre, sino que están de paso en el torrente sanguíneo. Según han manifestado varios superintendentes, esto está actualmente en estudio en el despacho del Cuerpo Gobernante y no extraña que cualquier día se decidan sus miembros a publicar que los glóbulos blancos se dejan a la conciencia de cada cual, dado que tales glóbulos son un proceso natural en la alimentación materna del bebé y la Biblia por tanto no los prohíbe.

    La Biblia no indica cuáles son los componentes de la sangre. Todo es una aceptación de un grupo humano que valora más la opinión de un tratado de enfermería que ya está obsoleto por existir otras clasificaciones de la sangre más científicas y acordes con la realidad sanitaria. Y este grupo humano es el que en los años cincuenta escribió en las Atalayas que transfundirse albúmina extraída de la sangre era pecado, pero que mucho tiempo después suprimió tal enseñanza y dejó a la conciencia de cada cual la transfusión de albúmina, cuando ya muchos habían muerto por negarse a transfundirse albúmina.

    De los dos centenares de testigos de Jehová que mi equipo de redactores ha entrevistado discretamente, algunos de ellos ancianos de congregación, más de la tercera parte no está de acuerdo con la extraña doctrina de la prohibición de transfundirse sangre. Sabemos que muchos se transfunden en secreto en los hospitales. La gerencia de los Testigos tendrá que desmontar tarde o temprano toda la filosofía que se ha fabricado en torno a las transfusiones sanguíneas, cuya prohibición no es bíblica de ninguna de las maneras.

    Fred Franz, vicepresidente de la Watchtower, fue quien en 1945, apoyado por unos pocos de ideas no bíblicas, inventó el asunto de las transfusiones, al pensar que transfundirse sangre era lo mismo que comerla. Un solo individuo, que mentalmente estaba trastornado al creer que Dios lo había designado como guía espiritual, marcó la doctrina más controvertida de los testigos de Jehová. Y hoy el Cuerpo Gobernante tiene las manos atadas porque cambiar todo esto puede tener drásticas repercusiones en la grey. Puede ocurrir lo que en 1926, que se perdió el 73% de los Estudiantes de la Biblia.

      

miércoles, 12 de septiembre de 2018

¿Dice la Biblia que la gran muchedumbre aparecería en 1935?

 


    -Pedro, tú que eres anciano de congregación, sabrás responderme a la cuestión siguiente.

    -Tú dirás, Juan.

    -La gran muchedumbre apareció en 1935, ¿verdad?

    -Así es.

    -Y fue el propio Rutherford quien estableció eso.

    -Bueno, más que establecer… él se basó en la Biblia, Juan.

    -¿Cómo pudo basarse en la Biblia, si la Biblia misma dice que la gran muchedumbre no aparece hasta después de la gran tribulación?

    -Me sorprende que digas eso, Juan.

    -Es lo que dice Apocalipsis 7:14. Ahí se menciona que la gran muchedumbre sale de la gran tribulación.

    -Bueno… si sale es porque entró.

    -Sí, pero con el nombre de gran muchedumbre solamente se le conoce cuando sale de la gran tribulación, no antes. Y en 1935 nadie salió de la gran tribulación.

    -Claro, nadie salió… Pero poco importa el nombre que tuviera antes esa gran muchedumbre.

    -Importa mucho porque resulta que son los 144.000 los que entran en la gran tribulación y salen de ella como gran muchedumbre.

    -¿Qué…? Pero qué barbaridad me estás contando, Juan…

    -Es lo que dice la Biblia, Pedro.

    -¿Cómo es eso?

    -Porque los ángeles están reteniendo los vientos de la gran tribulación hasta que no terminen de sellar a los 144.000.

    -Sí, Apocalipsis 7…

    -Y unos versículos más adelante se dice: ‘Después de estas cosas…’ ¿Qué cosas son esas, Pedro?

    -Pues… no sé exactamente.

    -Es evidente que se refiere a que los ángeles han soltado ya los vientos de la destrucción y por tanto los 144.000 entran en la gran tribulación. Y unos versículos más adelante se dice que estos que salen de la gran tribulación constituyen la gran muchedumbre.

    -Bueno… No sé qué decirte, Juan. Estos versículos hay que entenderlos como el esclavo dice. Porque aunque la Biblia diga blanco, si el esclavo dice negro, es negro.

    -¿Para ti es más importante el esclavo que la Biblia?

    -Sí, Juan. Lo que diga el esclavo es lo que tenemos que acatar. Y si mañana el esclavo cambia el entendimiento, eso es lo que hemos de aceptar. No importa las veces que lo cambie.

    -Ya… Tú eres ‘esclavista’ más que ‘biblista’.

    -¿Cómo?

    -Nada, no he dicho nada. Decía que Rutherford sacó a relucir la gran muchedumbre en 1935 porque los 144.000 estaban a punto de sobrepasar su número y eso iba en contra de la doctrina en vigor. Por cierto, los de la gran muchedumbre no estaban considerados cono testigos de Jehová. Solamente los ungidos. Y esto sigue en pie todavía.

    -No sé qué decirte Juan… Y a todo esto, ¿cuál es el problema?

    -Pues que, como ya te adelanté, en 1935 no aconteció la gran tribulación y por tanto no podía salir de ella la gran muchedumbre.

    -Bueno, visto así…

    -No hay otro modo de verlo, Pedro.

    -Me dejas intrigado, Juan…

    -Y otra cosa: esa gran muchedumbre está de pie delante del trono de Dios en el templo.

    -Digamos que en la parte terrestre del templo, Juan.

    -La palabra que aquí se traduce templo es versión del vocablo griego ‘naós’, que literalmente se traduce como santuario del templo. Si en el texto apareciera la palabra ‘hieron’ podría traducirse como templo, ya que ‘hieron’ se refiere al conjunto del templo, patios y santuario incluídos.

    -No capto lo que quieres decirme, Juan.

    -Pues que los traductores de la TNM tenían que haber escrito en el versículo 15 que la gran muchedumbre está en el santuario del templo. Y a ese santuario solamente accedían los sacerdotes y ahora, según el esclavo, los 144.000.

    -¿Entonces el templo no es terrestre?

    -No, porque ‘naós’ se refiere al santuario del templo que está en el cielo. Mira lo que dice Apocalipsis 14:17.

    -Apocalipsis 14:17… Sí, aquí lo tengo. ‘Y otro ángel salió del santuario del templo, que está en el cielo’. ¡Caray!

    -Y, hablando de la gran muchedumbre, en Apocalipsis 7:15 el texto dice: ‘Están delante del trono de Dios y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su templo’. ¿Por qué aquí los traductores de la TNM no han puesto ‘santuario del templo’, si la palabra griega es ‘naós’, que se traduce por santuario del templo y no como templo a secas?

    -Vaya…

    -Lo han hecho para que el lector no se dé cuenta de que la gran muchedumbre está en el cielo, es decir en el santuario del templo celestial, al igual que los 144.000, porque resulta que unos y otros son los mismos con distintos nombres.

    -Pues me dejas turulato, Juan…

    -Otro día seguimos hablando de los 144.000.

    -Bueno, espero que me des buenas pruebas. Pero que conste que si el esclavo no publica esto en las atalayas, no podré aceptarlo.

viernes, 7 de septiembre de 2018

REPLANTEAMIENTOS DOCTRINALES (27)

(Traducción del libreto de John Power)


Replanteamientos doctrinales

    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová debería, por lo menos:  

    Corregir lo fundamental de sus doctrinas, de acuerdo con la verdad histórica y con la propia Biblia, y no con la aceptación doctrinal antibíblica que Russell heredó de los adventistas y que jamás fue corregida.

    Corregir en su versión de la Biblia TNM el texto de Jeremías 29:10 para que esté de acuerdo con los manuscritos hebreos. Para ello debe indicar claramente, mediante la preposición correcta en el texto, que el profeta se refiere a Babilonia y no al tiempo que los judaítas pasaron en el destierro babilonio.

    Aclarar que Jerusalén no fue destruída por Nabucodonosor en el 607 a.e.c., sino en el 587 a.e.c., de acuerdo con la Historia comprobada, con las ciencias de la Arqueología y la Astronomía y con la propia Biblia.

    Aclarar que los judaítas no estuvieron setenta años desterrados después de que Nabucodonosor destruyera Jerusalén en el año 18-19 de su reinado. Jeremías escribe a los desterrados del año 7-8 de Nabucodonosor y a estos les aplica los setenta años.

    Aclarar que Nabucodonosor subió al trono en el 605 a.e.c., como demuestran la Historia, la Arqueología y la Astronomía, y no en el 625 a.e.c. El 625 a.e.c. era el año primero de Nabopolasar, que había ascendido al trono en el 626 a.e.c. Con él dio comienzo el imperio neobabilónico.

    Aclarar que los listados de Beroso y Tolomeo son correctos y están de acuerdo con la Lista de los Reyes en Uruk y con la estela de Adad Guppi, así como con las decenas de miles de tablillas cuneiformes descubiertas en las excavaciones de la antigua Babilonia.

    Aclarar que no hubo un cuerpo gobernante de apóstoles en el primer siglo.

    Aclarar que Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos no predicaban de puerta en puerta por las casas.

    Aclarar que la gran muchedumbre y los 144.000 son los mismos individuos y no se trata de dos grupos diferentes.

    Aclarar que al rey de Babilonia se le pidieron cuentas en el 539 a.e.c., cuando dejó de reinar, y no en el 537 a.e.c., pues en ese año ya no existía el rey de Babilonia.



Fin de la traducción del libreto 'Replanteamientos doctrinales'.

 

 

jueves, 16 de agosto de 2018

REPLANTEAMIENTOS DOCTRINALES (26)

 

(Traducción del libreto de John Power)

La Biblia no dice que al rey de Babilonia se le pidieron cuentas en el año 537 a.e.c.

    En Jeremías 25:12 se lee que, en cumpliéndose setenta años, se le pedirían cuantas al rey de Babilonia. El Cuerpo Gobernante enseña que los setenta años se refieren al destierro de los judaítas en Babilonia y que por tanto las cuentas se le pidieron al rey en el 537 a.e.c., cuando supuestamente salieron del cautiverio.

    Sin embargo en el 537 a.e.c. ya no existía el rey de Babilonia. Había dejado de existir en el 539 a.e.c., cuando Ciro conquistó Babilonia. Quiere decir que las cuentas se le pidieron al rey en el 539 a.e.c., ya que pedirle cuentas a un soberano significa que no va a reinar más. Entonces los setenta años se cumplieron en el 539 a.e.c.

    Este lapso de setenta años no se refiere al tiempo que pasaron cautivos los judaítas, sino al tiempo que Babilonia duró como imperio absoluto tras terminar de conquistar Asiria, lo cual aconteció en el 609 a.e.c. con la toma de la ciudad de Harrán.

    El versículo anterior, el 11, dice que todas las naciones habrían de servir al rey de Babilonia durante setenta años. No dice el versículo que los judaítas habían de estar setenta años desterrados, que es lo que enseña el Cuerpo Gobernante. Jeremías se refiere a todas las naciones que antes estaban bajo el dominio de Asiria y ahora lo estaban bajo el de Babilonia. Jeremías habla de servidumbre, no de destierro. Y la nación de Judá, que antes servía al rey de Asiria mediante pagarle el tributo correspondiente, ahora, al conquistar Babilonia a Asiria, estaría bajo el dominio de Babilonia. Por tanto la nación de Judá tendría que pagar el tributo a Babilonia y acatar las leyes de los conquistadores.

    Puesto que los reyes de Judá se rebelaron contra Babilonia, por esa razón Nabucodonosor se llevó al destierro a los habitantes de Jerusalén, primero en el año 7-8 de su reinado, después en el 18-19, en que arrasó Jerusalén, y posteriormente en el año 23. Si Judá se hubiera sujetado a Babilonia tal como lo hacían otras naciones, está claro que Nabucodonosor no hubiera arrasado la ciudad y el templo y no hubiera llevado a nadie al destierro.

    Dado que los 70 años no concluyeron en el 537 a.e.c., sino en el 539 a.e.c. -y se refieren a la duración del imperio babilonio tras la toma de Harrán-, no es posible llegar al 607 a.e.c. como el año del arrasamiento de Jerusalén. Y sin la fecha del 607, no es posible alcanzar la de 1914.

 

jueves, 2 de agosto de 2018

REPLANTEAMIENTOS DOCTRINALES (25)

 

(Traducción del libreto de John Power)

 

De la Biblia se deduce que el año de la

destrucción de Jerusalén fue el 587 a.e.c.

 

    El nuevo templo de Jerusalén tras el destierro fue inaugurado en el año sexto de Darío. El libro ‘Toda Escritura’ indica, de acuerdo con los historiadores, que ese año correspondió al 515 a.e.c.

    En el libro de Zacarías, capítulo 7 leemos que en el año cuarto de Darío, es decir, en el 5l7 a.e.c, los de Jerusalén llevaban muchos años ayunando en el quinto mes. Ese quinto mes, según Jeremías, fue el de la destrucción del Templo. Por tanto los judíos ayunaban todos los años en el mes quinto debido a que su Templo en Jerusalén había sido destruído.

    En el mismo capítulo 7 de Zacarías se lee que llevaban ayunando setenta años. Si el año cuarto de Darío correspondió al 517 a.e.c. y los judíos llevaban ayunando 70 años por la destrucción del Templo, 70 años atrás llevan al 587 a.e.c. como el año en que fue destruido el Templo, así como la ciudad, por los babilonios.

    Es lo que dice el relato bíblico en el libro de Zacarías. Pero el Cuerpo Gobernante aduce que lo que realmente sucedió en el año 517 a.e.c. o año cuarto de Darío fue que los judíos estaban recordando lo que les había sucedido 20 años atrás. Es decir, que 20 años atrás o en el 537 salían del destierro y lloraban porque el Templo llevaba destruido 70 años, por lo que con esta interpretación extrabíblica el Cuerpo Gobernante llega al 607 a.e.c. como el año de la destrucción de Jerusalén y su Templo.

    La Biblia no indica eso. Por la misma regla de tres, si en el año 517 a.e.c. los judíos estaban recordando lo que les había sucedido en el 537 a.e.c., en el año 515 a.e.c., que fue cuando se reinauguró el nuevo Templo, los judíos habrían estado recordando lo que les había sucedido 20 años atrás, o sea, en el 535 a.e.c. Pero en ese último año no fue inaugurado el Templo.

    El relato de Zacarías 7 es explícito y dice que en el año cuarto de Darío, que es el 517 a.e.c., los judíos llevaban 70 años ayunando en el mes quinto por la destrucción del Templo. Y 70 años atrás llevan al 587 a.e.c., fecha real de la destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén.

 

jueves, 26 de julio de 2018

REPLANTEAMIENTOS DOCTRINALES (24)


(Traducción del libreto de John Power)

La Biblia dice que los 144.000 y la gran muchedumbre son los mismos

 
El Apocalipsis es un libro que, como el mismo indica en su principio, el mensaje se da en señales o símbolos. Si el Apocalipsis es un libro simbólico, eso significa que no ha de tomarse en sentido literal. Por tanto, cuando el libro habla de los 144.000, este número es, evidentemente, simbólico, no literal.

    La cifra de 144.000 individuos representa la totalidad del pueblo de Israel, a razón de 12.000 personas por cada una de las 12 tribus. Del mismo modo que no se sabe cuántos componían cada una de las tribus de Israel, de las 12 tribus de las que habla el Apocalipsis se desconoce el número exacto. El número 144.000 es la representación de la totalidad del pueblo.

    En el capítulo 7 de Apocalipsis se lee que los ángeles estaban reteniendo los vientos de la destrucción en tanto se sellaba a los 144.000. Más adelante el capítulo dice que ‘después de estas cosas…’ los vientos de la gran tribulación fueron soltados y de esta tribulación salió un número incontable de personas. ¿Quiénes eran estos individuos? Evidentemente, los 144.000 que entraron en la gran tribulación y que salen de ella como ‘gran muchedumbre’.

    Es indudable que la gran muchedumbre que sale de la gran tribulación comprende un número menor que la totalidad del pueblo o 144.000, pues ha de entenderse que muchos no saldrán de esa gran tribulación. Si se desconoce el número de individuos que forman la gran muchedumbre, también se desconoce cuántas personas componen el simbólico número de 144.000 individuos.

    El relato indica que la gran muchedumbre sale de la gran tribulación, no antes. Por tanto no es bíblica la doctrina impuesta por Rutherford, mediante la cual la gran muchedumbre habría aparecido en 1935. De paso ha de recalcarse que esta gran muchedumbre sale de la gran tribulación y está en la presencia de Dios. Quiere decir que gran tribulación y Armagedón son la misma cosa, y no como enseña el Cuerpo Gobernante, que dice que el Armagedón es posterior a la gran tribulación.

    La gran muchedumbre que sale de la gran tribulación está delante del trono de Dios, como indica el relato del Apocalipsis. ¿Dónde está el trono de Dios? Evidentemente, en el cielo. Por tanto la gran muchedumbre está en el cielo tras el estallido de la gran tribulación. De los 144.000 también se dice que están en el cielo. Esos 144.000 componen ahora la totalidad del pueblo de Israel y son los mismos individuos que componen la gran muchedumbre. Gran muchedumbre y 144.000 son las mismas personas, ahora en el cielo, ante el trono de Dios.

    Quiere decir que la gran muchedumbre no vivirá en la Tierra convertida en un paraíso. Tampoco vivirá literalmente en el cielo, pues tierra y cielo son simbólicos en el Apocalipsis. Por la misma razón, también es simbólico el Armagedón, palabra que únicamente aparece en el Apocalipsis.

    El Apocalipsis fue incorporado al Canon del Nuevo Testamento por la Iglesia Católica en el siglo IV. No se sabe quién lo escribió, a pesar de que el relato dice que se debe a la pluma de un tal Juan. Tampoco se sabe a qué se refiere exactamente el libro; pudiera ser que aludiera a la propia Iglesia Católica, que estaría representando al cielo.

    No es de extrañar que el libro fuera escrito por algún miembro de la incipiente Iglesia en el propio siglo IV, a pesar de que esa Iglesia afirme sin pruebas que el libro ya se conocía en el siglo II. El libro fue aceptado como inspirado por los protestantes cuando se separaron de la Iglesia Católica. Y los testigos de Jehová lo recibieron todo de los protestantes adventistas. Como afirmó en su día el miembro del Cuerpo Gobernante, Lyman A. Swingle: ‘No olvidemos que lo hemos recibido todo -culata, gatillo y cañón- de los segundo adventistas’.

 

sábado, 21 de julio de 2018

REPLANTEAMIENTOS DOCTRINALES (23)

 

(Traducción del libreto de John Power)

La Biblia no dice que Jesucristo,
los apóstoles y los primeros cristianos
predicaban de casa en casa
o de puerta en puerta por las casas

 

   Los testigos de Jehová son conocidos por su constante predicación en las puertas de las casas. O lo eran, porque últimamente los Testigos andan más con los carritos expositores de literatura en las calles que predicando por los domicilios.

    Si están convencidos de que llevan la Verdad a la gente, el sistema que empleen para predicar es lo de menos. Lo que no es correcto es que el Cuerpo Gobernante haga ver a los adeptos que la predicación por las puertas de las casas es la que efectuaban Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos. La Biblia no dice que predicaban de casa en casa o de puerta en puerta por las casas. Todo es una imposición engañosa de la organización de los Testigos.

    En el evangelio de Lucas se lee que Jesucristo mandó a sus discípulos de dos en dos a predicar por los pueblos y aldeas. El Cuerpo Gobernante da a entender que los discípulos predicaban de puerta en puerta.

    Jesucristo les advirtió de que en la casa que no los recibieran, la paz se volvería contra esa casa. El Cuerpo Gobernante enseña que este no recibir a los discípulos se refiere a que la casa en cuestión no quería oir el mensaje; pero que los discípulos iban a la casa siguiente a predicar y después a otra casa y a otra y a otra… Es decir, se transferían de casa en casa.

    Eso no es lo que dice el evangelio. Jesucristo, antes de enviarles a predicar, les dirigió a sus discípulos estas palabras escritas en Lucas 10:7: ‘No anden transfiriéndose de casa en casa’. El ir a las casas no era para predicar en sus puertas, sino para conseguir alojamiento y comida. Por eso Jesucristo les dijo que comiesen todo lo que en las casas les ponían en la mesa.

    La predicación la efectuaban los discípulos en las plazas de los pueblos. Y, como la gente solía ser hospitalaria, invitaban a los predicadores a ir a su casa y le daban alojamiento y comida. Es el tipo de predicación que efectuaba el apóstol Pablo, quien predicaba en las plazas y, si los amos de casa se interesaban en el mensaje, le invitaban a que les ampliara detalles en sus casas y Pablo recibía de paso comida y alojamiento.

    El lector argüirá que ha leído en la Biblia que Pablo dice: ‘No me retraje de enseñarles públicamente y de casa en casa’ (Hechos 20:20). Y en Hechos 5:42 encuentra lo siguiente: ‘De casa en casa continuaban sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas’. La expresión ‘de casa en casa’ continúa enseñándola el Cuerpo Gobernante como referida a que Pablo predicaba de puerta en puerta por las casas. La realidad es todo lo contrario.

    La expresión griega que en la TNM es vertida como ‘de casa en casa’ es ‘kat oikon’ (o kat oikos’). Literalmente significa ‘según casa’. Esta expresión de ‘kat oikon’ aparece también en hechos 2:46, que la TNM traduce así: ‘Tomaban sus comidas en hogares particulares’. La expresión ‘hogares particulares’ se traduce del griego ‘kat oikon’.

    Pero en este caso la TNM no ha traducido la frase como ‘tomaban sus comidas de casa en casa’, como hace con los otros dos versículos expuesto. La razón es evidente: nadie entra a comer en una casa y después va a comer a la siguiente. Lo mismo sucede en el caso que nos ocupa: nadie predicaba en una puerta y después iba a la siguiente.

    Los apóstoles y demás cristianos predicaban en las plazas y eran requeridos por los amos de casa interesados en el mensaje, quienes les facilitaban comida y alojamiento a los predicadores que hallaban en la vía pública. ‘Kat oikon’, según casa.

    Se repite que nada hay en contra de que los Testigos tengan por costumbre predicar de puerta en puerta por las casas. Lo que no es correcto es que la gerencia de los testigos de Jehová enseñe, a sabiendas de que no es cierto, que Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos predicaban yendo de una puerta a otra de cada casa.