viernes, 24 de febrero de 2017

La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914 (CAPITULO I)


 

I

 

    Hasta principios del siglo XIX -o por lo menos antes de 1823- se estimaba que Babilonia había caído en el 536 a.e.c. (antes de la era cristiana). Esta fecha fue calculada por algunos historiadores que creyeron haberse basado correctamente en los escritos del astrónomo Tolomeo. Como el imperio babilonio duró 70 años desde que conquistó el último baluarte de Asiria, la ciudad de Harrán, estos historiadores añadieron retrospectivamente 70 años al 536 a.e.c. y así llegaron al 606 a.e.c. como presumible año de la caída de Harrán e inicio de los 70 años de dominio de Babilonia como imperio absoluto o de servidumbre de las naciones a Babilonia.

    ¿Qué ocurrió en Harrán? Los babilonios ya habían conquistado Nínive, la capital del imperio asirio; pero les quedaba este importante reducto en el que se había parapetado el rey asirio Asurubalit II. Nabopolasar, rey de Babilonia y padre de Nabucodonosor, fue con sus tropas a conquistar Harrán. Al mismo tiempo el faraón de Egipto Necao II -que es el Nekó del que habla la Biblia- subió con sus tropas en ayuda de los asirios de Harrán. En el camino el rey Josías trató de impedirle el paso a Necao y uno de los arqueros lo hirió mortalmente. Josías se retiró a Jerusalén, donde murió.

Los egipcios ayudaron a los asirios, pero no pudieron vencer a los babilonios, que al final conquistaron la ciudad, destruyeron su templo y terminaron de anexionarse el imperio asirio.      

    Sobre principios del siglo XIX los historiadores descubrieron que las fechas 536 y 606 a.e.c. no eran correctas y las cambiaron. Ello fue debido gracias a la cronología egipcia, que tiene una serie de fechas rigurosamente exactas y sin posibilidad de error. Una de esas fechas era la del 610 a.e.c. En ese año subió al trono el faraón Necao II ó Nekó, quien en el año primero de su reinado, es decir, a partir de la primavera del 609 a.e.c., acudió en ayuda de los asirios de Harrán. Como la toma de Harrán duró pocas semanas, los historiadores concluyeron correctamente que Harrán había caído en el 609 y no en el 606 a.e.c. Al 609 a.e.c. le aplicaron los 70 años de duración del nuevo imperio babilonio y así llegaron a la fecha del 539 a.e.c. como año de la caída de Babilonia. Si la fecha del 609 a.e.c. hubiera sido incorrecta, también lo hubiera sido la del 539 a.e.c.

    Cuatro años después de la toma de Harrán aconteció la batalla de Karkemis, ciudad no muy lejana de Harrán. Por lo tanto, si Harrán cayó en el 609 a.e.c., la batalla de Karkemis tuvo lugar en el 605 a.e.c. Los egipcios querían apoderarse de las tierras que Babilonia había conquistado a Asiria y presentaron batalla contra los babilonios en la ciudad de Karkemis. Nabopolasar se hallaba enfermo en Babilonia y envió a su hijo Nabucodonosor, el príncipe heredero, a pelear a Karkemis. Tras la lucha contra los egipcios, Nabucodonosor salió victorioso. Ese mismo año de 605 a.e.c. falleció Nabopolasar y Nabucodonosor fue hecho rey de Babilonia. Nabucodonosor, pues, subió al trono en el 605 a.e.c.

    La principal corroboración de la fecha de la caída de Babilonia, el 539 a.e.c., se establece a partir del 605 a.e.c., año de la ascensión de Nabucodonosor como rey, gracias a los listados de los reyes que presentan Beroso y Tolomeo. Algunos críticos se apresuraron a decir que las listas de Beroso y Tolomeo no eran correctas. Pero a mediados del siglo XX se descubrió en las excavaciones de Babilonia la llamada ‘lista de los reyes en Uruk’, una tablilla cuneiforme más extensa que los listados de Beroso y Tolomeo. La lista de los reyes en Uruk confirmó exactos los listados de Beroso y Tolomeo, como también lo han confirmado las decenas de miles de tablillas cuneiformes descubiertas en las excavaciones de la antigua Babilonia.

    Tanto la lista de los reyes en Uruk como los listados de Beroso y Tolomeo indican que: Nabucodonosor reinó 43 años; su hijo Evil Merodac, 2 años; Neriglisar, un yerno de Nabucodonosor, 4 años; el hijo de éste, Labashi Marduk, unos meses (que se cuentan como cero años por haber muerto este rey dentro de su año de ascensión); finalmente Nabonido, otro yerno de Nabucodonosor, reinó 17 años, hasta que cayó Babilonia. En total todos estos monarcas reinaron 66 años, los cuales los historiadores aplicaron a la fecha de entronización de Nabucodonosor, el 605 a.e.c., y así corroboraron el año 539 a.e.c. como el de la caída de Babilonia. El 539 a.e.c. fue después corroborado de otras maneras.

    La fecha del 609 a.e.c. se corrobora, entre otros documentos, por la estela Nabón número 8. En ella se lee que en el año primero de Nabonido, el dios Sin le encargó al rey que reconstruyera el templo de Harrán, que llevaba 54 años destruido desde que la ciudad fue tomada por los babilonios. Como el año primero de Nabonido correspondió al 555 a.e.c. (su año de ascensión fue el 556 a.e.c.), 54 años atrás llevan al 609 a.e.c. como año de la destrucción del templo de Harrán, al tiempo de la toma de la ciudad.

    Tenemos, pues, tres fechas inseparables en la Historia del imperio babilonio desde que terminó de anexionarse por completo Asiria hasta la caída de Babilonia, cuyo lapso fue de 70 años. Estas fechas son: 609 a.e.c. (toma de Harrán), 605 a.e.c. (batalla de Karkemis y subida al trono de Nabucodonosor) y 539 a.e.c. (conquista de Babilonia por Ciro). Entre el 609 y el 539 a.e.c. median los 70 años de duración del imperio babilonio tras anexionarse Asiria. Y entre el 605 y el 539 a.e.c. median los 66 años de reinado de Nabucodonosor, Evil Merodac, Neriglisar, Labashi Marduk y Nabonido, de acuerdo con la lista de los reyes en Uruk, con Beroso y con Tolomeo. Y de acuerdo también con las decenas de miles de tablillas descubiertas en Babilonia, que corroboran la exactitud de las listas de reyes en Uruk y de los listados de Beroso y Tolomeo.

    Confirma también la exactitud de los listados precedentes la estela de Adad Guppi. Ella era la madre del rey Nabonido, muerta en el año noveno de reinado de su hijo. En la estela se lee que Adad Guppi vivió 25 años bajo reyes asirios y, después, 21 años bajo el reinado de Nabopolasar, 43 años bajo Nabucodonosor, 2 años bajo Evil Merodac, 4 años bajo Neriglisar y para entonces había cumplido 95 años. La estela pasa por alto el corto reinado de Labashi Marduk, que no influye en el cómputo, y termina diciendo que ella vivió hasta el año noveno de Nabonido, falleciendo a la edad de 104 años. Como Nabonido subió al trono en el 556 a.e.c. y su primer año de reinado fue el 555 a.e.c., fácil es concluir que su año noveno fue el 547 a.e.c. Desde el inicio del reinado de Nabucodonosor hasta el año noveno de Nabonido pasaron 58 años, según se deduce de la estela. Si al año 547 a.e.c. le añadimos esos 58 años, se llega al 605 a.e.c. como año de entronización de Nabucodonosor.  

miércoles, 22 de febrero de 2017

La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914 (PROLOGO, segunda parte)


La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914

(PROLOGO, segunda parte)

 

    El testigo de Jehová no admite que está equivocado al haber aceptado las creencias de Russell, Rutherford y Franz, aunque periódicamente hayan sido cambiadas. Aunque se le demuestre por la propia Biblia que está lejos de la Verdad, el Testigo se defenderá con uñas y dientes y seguirá aferrándose a la que considera su tabla de salvación. Ha sido adoctrinado para ello y cree profundamente que su Cuerpo Gobernante, que se autonombró como el Esclavo Fiel y Discreto, es el único depositario oficial de la Verdad y el canal exclusivo de comunicación de Dios con el hombre, entendiéndose por la palabra ‘hombre’ el resto de los 144.000 ungidos que aún permanece en la Tierra, pues, según la doctrina jehovista, Dios solamente se comunica con ellos y no con el resto de la humanidad, tal como también enseña que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los 144.000 ungidos, ello a pesar de que la Biblia dice que Jesucristo es el mediador entre Dios y los hombres, no entre Dios y un grupo de hombres.    

    Cuando Rutherford dijo en 1935 que muchos de los que se creían ungidos eran de la gran muchedumbre, el nombre de testigos de Jehová solamente se limitaba a los ungidos. Los de la gran muchedumbre no eran testigos de Jehová, sino asociados a ellos o ‘Jonadabs’. Este entendimiento no ha sido sobreseído y por tanto los testigos de Jehová de la actualidad continúan siendo en realidad los que se consideran ungidos o pertenecientes al grupo de los 144.000 individuos que, según deducen de su interpretación del Apocalipsis, reinarán con Cristo en el cielo durante mil años. Solamente los testigos de Jehová pertenecen a la congregación, lo que significa que los de la gran muchedumbre, que en realidad no son testigos de Jehová, sino asimilados a ellos, no pueden ser expulsados de la congregación por no pertenecer a ella. Sin embargo el Cuerpo Gobernante, que vino a la existencia después, los considera testigos de Jehová aun sin ser ungidos.

    Por otro lado, la gran muchedumbre no aparece en escena hasta después de la gran tribulación, puesto que salen de ella, tal como indica el Apocalipsis. Rutherford se adelantó demasiado al asegurar en 1935 que la gran muchedumbre ya estaba presente entonces. Esto es algo que muchos pastores (ancianos y superintendentes) tienen en cuenta, aunque no se atreven siquiera a preguntar al Cuerpo Gobernante sobre ello, so pena de ser expulsados de la congregación por apóstatas.

    Apóstata considera el Cuerpo Gobernante, no a quien no cree en Jesucristo o en la Biblia, sino a quien pone en duda cualquiera de las doctrinas del Esclavo Fiel y Discreto, aunque más tarde esa doctrina o doctrinas hayan sido suprimidas por aquello de la nueva luz que va haciéndose más y más brillante hasta que el día queda firmemente establecido. Pero ese día nunca queda firmemente establecido, ya que siempre cambia las doctrinas el Cuerpo Gobernante, al constatar que no se cumple la profecía de la segunda venida de Cristo, algo que no es más que elucubración mental de individuos anteriores a Russell y que por tanto eran parte de Babilonia la Grande -que así llama la organización de los Testigos al resto de las religiones-, individuos que, sobre todo a través de los dirigentes de la Watch Tower, transmitieron sus pensamientos doctrinales a los Estudiantes de la Biblia y a los testigos de Jehová, que no investigaron acerca de la veracidad de cuanto aceptaban de otros grupos religiosos que interpretaban a su modo los textos bíblicos acerca de la segunda venida de Cristo.  

    El testigo de Jehová jamás se ha detenido a investigar las doctrinas -doctrinas que vienen de los adventistas y de otros religiosos- que se le han inculcado como Palabra de Dios, aunque ahora el Cuerpo Gobernante asegura que, al no estar inspirado, tales doctrinas no son en realidad Palabra de Dios, sino que se trata del entendimiento progresivo que se tiene en un momento determinado. Sin embargo se expulsa de las congregaciones a quienes no acepten como Palabra de Dios lo que el Cuerpo Gobernante dicta, pero que mañana se obliga a cambiar porque dice haber recibido nueva luz. Es lo que ha ocurrido con el tema de la generación que no pasaría y que a tantos adeptos les ha hecho tropezar. Este nuevo entendimiento se dio para prolongar el tiempo de la llegada del fin, fin que se predicaba que vendría antes de que terminase el siglo XX, al concluirse la obra de predicación.

    Tropezaron también cuando se descubrió que la Watch Tower estuvo afiliada durante diez años a la ONU como ONG, algo que la Sociedad nunca había comunicado ni oficial ni extraoficialmente. Hubo superintendentes y ancianos que protestaron por escrito ante el Cuerpo Gobernante por tal actitud. Ello hizo que los dirigentes se excusaran diciendo que la afiliación se realizó para poder acceder a la biblioteca de la ONU; pero la ONU comunicó que no era preciso afiliarse como ONG para acceder a su biblioteca, sino que la afiliación se hacía para defender los intereses de la ONU. El caso es que el Cuerpo Gobernante jamás dio a conocer que la Watch Tower estaba afiliada a la ONU hasta que el periódico inglés The Guardian destapó el asunto y la Watch Tower se apresuró a darse de baja como ONG del Organismo mundial al que tildaba de ‘imagen de la bestia salvaje’.   

    Asimismo tropezaron muchos que se consideraban ungidos y que por tanto pertenecían al grupo del Esclavo Fiel y Discreto. El Cuerpo Gobernante impuso como doctrina que los únicos que componían el Esclavo Fiel y Discreto eran los miembros del Cuerpo Gobernante y que habían sido nombrados como tales en 1919. Sin embargo en 1919 ni existían los testigos de Jehová (que aparecieron en 1931) ni el Cuerpo Gobernante, el cual fue creado en 1971 con los miembros de la Junta Directiva de la Watch Tower más otros que no eran de la Junta.

    En 1976 el Cuerpo Gobernante se hizo cargo de emitir las doctrinas y escribir la literatura, algo que hasta 1975 correspondía al presidente de la Watch Tower y, en el caso de Knorr, al vicepresidente Fréderick Franz, entonces el teólogo único de la Sociedad, al no existir el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová. A la Junta Directiva se le ha llamado con carácter retroactivo Cuerpo Gobernante, pero solamente lo era de la Sociedad Watch Tower y no de los testigos de Jehová. Según eso, a partir de 1976 existieron dos cuerpos gobernantes, que también coexisten en la actualidad, a saber, la Junta Directiva de la Watch Tower y el grupo que lidera los asuntos espirituales de los testigos de Jehová.   

    Ni Russell ni Rutherford ni Knorr ni Franz se dieron cuenta del error de los 70 años de destierro que el adventista Barbour le coló a Russell. La Biblia no dice que los judaítas estuvieron 70 años desterrados después de la destrucción de Jerusalén. El Cuerpo Gobernante si detectó el error, pero lo silenció y continuó expandiendo esa doctrina, que es precisamente el principal fundamento de los testigos de Jehová. (Continúa en el capítulo I).

   

 

martes, 21 de febrero de 2017

La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914 (PROLOGO 1ª parte)


Transcripción del libro 'La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914',  que será considerado en varias partes. El libro agotó su segunda edición en tres semanas desde que fue presentado.



'La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914'

(PROLOGO, primera parte)

 

    Va a resultar sumamente difícil que el testigo de Jehová, a quien se le admira, aprecia y respeta, se detenga a leer esta serie de artículos que fueron publicados en miles de periódicos de habla hispana, tanto en América como en Europa. De aceptar su lectura, el Testigo quedaría herido en su amor propio y eso es algo que no puede soportar porque piensa que solamente él tiene la Verdad. Le da pánico enfrentarse a la realidad que a propósito se le esconde. Piensa que su Cuerpo Gobernante ya lo ha investigado todo y que por tanto no hay necesidad de leer nada que no provenga de ese Cuerpo central de supremos pastores, y más cuando el mismo asegura que tales lecturas ajenas a la Organización de los Testigos son antibíblicas.

    Desafortunadamente el Testigo de a pie desconoce la verdadera historia de su Organización, salvo aquella parte que se considera positiva y conviene a los dirigentes. Aquí se cumple el sabio dicho que reza: ‘Quien no conoce su historia, está condenado a repetirla’. Pero el Testigo, no precisamente por su culpa, carece de sentido crítico y hasta cree que es pecado utilizar el libre intelecto para analizar y sopesar los argumentos de la parte contraria. Siempre se encuentra supeditado a lo que diga el Cuerpo Gobernante, a quien debe obedecer a ciegas pensando que el mismo Jesucristo le escogió como su vocero oficial.

    Estos artículos no son más que un resumen, a modo de aperitivo inicial, de obras tan completas, convincentes y únicas en su género como, entre otras: ‘Los tiempos de los gentiles reconsiderados’, de Carl Olof Jonsson; ‘Crisis de conciencia’ y ‘A la búsqueda de la libertad cristiana’, de Raymond Franz (ex miembro del Cuerpo Gobernante); y ‘Cautivos de un concepto’, de Don Cameron.

    La primera de las obras mencionadas está considerada por los historiadores, los arqueólogos y los astrónomos como una de las mejores que sobre la Historia del imperio neobabilonio, entre los reyes Nabopolasar y Nabonido, se hayan escrito jamás. En ella se demuestra con multitud de pruebas que Nabucodonosor subió al trono de Babilonia en el año 605 antes de la era cristiana (a.e.c.) y no en el 625 de esa misma era, como afirman los testigos de Jehová, que son los únicos en el mundo que lo dicen porque así lo hace creer su Cuerpo Gobernante bajo pena de excomunión de quien no lo acepte.

    La fecha del 605 a.e.c. echa por tierra la doctrina de que Jesucristo inició su reinado en el cielo en 1914, y como esta última fecha es uno de los pilares de sus doctrinas, los dirigentes de la Organización de los Testigos se obligan a mantener la fecha del 625 a.e.c., aun sabiendo que no están en lo cierto y que llevan la contraria a los historiadores, que son los que en definitiva dan las fechas, como, entre otras muchas, la del 539 a.e.c. para la caída de Babilonia, fecha que sí aceptan los testigos de Jehová, aunque no la del 605 a.e.c. que lleva inexorablemente a la del 539 a.e.c., ya que desde el inicio del reinado de Nabucodonosor hasta la caída de Babilonia en tiempos de Nabonido, transcurrieron exactamente 66 años y no 86, como la jerarquía jehovista se obliga a defender para que le cuadren los supuestos 70 años de destierro de los judaítas tras la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, 70 años que constituyen uno de los grandes errores que el adventista Barbour le pasó a Russell y éste a sus Estudiantes de la Biblia y a los testigos de Jehová.

    El fundador de los Estudiantes Internacionales de la Biblia, Charles Taze Russell, predicaba que 1914 era la fecha del Armagedón y de la segunda venida de Cristo, hecho que a los testigos de Jehová les oculta su Organización y en su lugar pregona que en tal año lo que ocurrió fue el principio del tiempo del fin y la entronización de Cristo en su reino, aunque tal entronización se predicaba que había acontecido en 1874, mientras que 1914 era la fecha del arrasamiento de los reinos del mundo en la batalla de Armagedón, tal como está escrito en la literatura jehovista de aquel tiempo.

    El Armagedón no llegó ni Cristo vino por segunda vez en 1914, como anunciaban aquellos Estudiantes. De ahí que la fecha de 1914 quedara descolgada ya en aquel tiempo y además haya quedado descolgada hoy para muchos Testigos que ni se atreven a preguntar a la superioridad qué fue exactamente lo que ocurrió en esa fecha y por qué el fin no vino dentro del tiempo de la generación que vio los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial, habiéndose ahora cambiado el concepto de generación a dos grupos de ungidos, el primero de los cuales traslapa al segundo, lo que en su fuero interno muchos testigos de Jehová no aceptan por carecer de lógica tal argumentación que ha sido impuesta a la fuerza y que mañana puede cambiar.

    Esos Testigos callan y continúan en las filas, más que nada por la cuestión social y familiar. La sola puesta en duda de esta nueva creencia sobre la generación es motivo más que suficiente para que la persona implicada sea expulsada de la congregación, con el consiguiente ostracismo de amigos y familiares, ello a pesar de que el Cuerpo Gobernante admite que puede equivocarse en materia doctrinal.

    Al menos ocho millones de testigos de Jehová mantienen en buena parte el imperio económico de la Watch Tower y, si el Cuerpo Gobernante admite que Nabucodonosor ascendió en el 605 a.C., corre el riesgo de quedarse sin feligreses, debido a que se les descuelga la fecha de 1914. Ya ocurrió en tiempos de Rutherford, en que más del 70% de los Estudiantes de la Biblia abandonó el movimiento religioso cuando el presidente de la Watch Tower anunció en 1927, con casi una década de retraso, que Jesucristo había inspeccionado a todos los Estudiantes de la Biblia (ya que todos se consideraban ungidos y parte del Esclavo Fiel y Discreto) en 1918 y que en 1919 los había nombrado sobre sus bienes terrestres. Esto ha sido trasladado al futuro y la fecha de 1918 suprimida por no ser bíblica, aunque la fecha de 1919 es consecuencia directa de la de 1919, año éste que el Cuerpo Gobernante estima hoy como del nombramiento de la jerarquía de la Watch Tower como el Esclavo Fiel y Discreto, suprimiéndose el entendimiento de que tal Esclavo venía operando desde el Pentecostés del año 33 de nuestra era.
(Continúa en la 2ª parte)
 
 

sábado, 11 de febrero de 2017

¿Se sentó Jesucristo en su glorioso trono en 1914?


¿Se sentó Jesucristo en su glorioso trono en 1914?

(Conversación entre dos tejotas)

 

    -¿En qué año se sentó Jesucristo en su glorioso trono?

    -Supongo que en 1914.   

    -Eso es lo que dice el libro ‘El Reino de mil años’ (cap. 14, párrafo 7), donde se lee: ‘Fue entonces, al fin de los Tiempos de los Gentiles en 1914, que el Señor Jesús como el Hijo del hombre vino acompañado de todos los ángeles y se sentó “sobre su glorioso trono.” De ese modo nació en los cielos el reino mesiánico de Dios. (Revelación 12:5, 10) Fue una restauración del reino de David, que anteriormente había regido en Jerusalén, pero que había sido derribado por Nabucodonosor el rey de Babilonia en 607 a. de la E.C.’

    -Claro, Jesucristo se sentó en su glorioso trono en 1914.

    -Pues el evangelio dice que no.

    -¿Cómo que no?

    -Léelo tú mismo, en Mateo 25:31.   

    -Mateo 25:31 dice: ‘Cuando el hijo del hombre llegue en su gloria y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre su glorioso trono y todas las naciones serán reunidas delante de él y separará a la gente unos de otros así como el pastor separa las ovejas y las cabras’.

    -¿Has notado? El texto dice que Jesucristo se sentará en su glorioso trono cuando llegue en su gloria. Y aún no ha llegado en su gloria. El esclavo dice que eso será en el futuro, durante la gran tribulación. Y La Atalaya dice que el juicio de las ovejas y las cabras será después de que estalle la gran tribulación. Lo dice La Atalaya del 15 de Marzo de 2015. Toma, léelo tú mismo.


    -Aquí dice: ‘Por muchos años, los testigos de Jehová creímos que las personas eran juzgadas durante el tiempo del fin, y que su respuesta a la predicación determinaba si se les declaraba ovejas o cabras. Pero a mediados de la década de 1990 entendimos mejor la parábola. En La Atalaya del 15 de octubre de 1995 se publicaron dos artículos en los que se compararon las palabras de Jesús que aparecen en Mateo 24:29-31 (léalo) y en Mateo 25:31, 32 (léalo). ¿A qué conclusión se llegó? El primero de esos dos artículos dijo que el juicio de las ovejas y las cabras tendría lugar en el futuro. ¿Cuándo exactamente? Ese mismo artículo añadió: “Será después de que estalle ‘la tribulación’ mencionada en Mateo 24:29, 30 y el Hijo del hombre ‘llegue en su gloria’. […] Entonces, al final de todo el sistema inicuo, Jesús juzgará, dictará sentencia y la ejecutará”. La Atalaya 15/3/2015’.


    -Oye, pues no había caído en esto…

    -Como ves, hasta que no llegue en su gloria, en el futuro, Jesucristo no podrá sentarse en su glorioso trono. Quiere decir que en 1914 no se sentó en ese trono y por tanto aún no es rey. Entonces nos sobra la fecha de 1914…

    -¡Qué fallo tan garrafal!, ¿no? ¿Y el esclavo no se ha dado cuenta de esto?

    -Seguro que se ha dado cuenta; pero tira adelante haciendo ver que tiene la verdad cuando en realidad no la tiene.


lunes, 23 de enero de 2017

YA NO ME PUBLICAN LOS ARTICULOS EN ESPAÑA


    La agencia periodística para la que escribo (y escribimos los de la redacción) me entrega 307 cartas que les han enviado los periódicos españoles en los que se publicaban mis artículos de tema religioso. Las cartas son de lectores que protestan por los artículos. 51 de esas cartas han sido escritas por párrocos y pastores protestantes. Y 256 son las escritas por testigos de Jehová que dicen que los artículos les causan mucho daño y van contra la libertad de religión.

    La mayoría de los testigos de Jehová que escriben dicen que pueden demostrar con datos históricos que todo lo que se dice en los artículos es mentira. La cuestión es que los periódicos españoles, a sabiendas de que lo publicado es la escueta verdad, han decidido no publicarme más artículos porque tienen miedo a la opinión pública y no quieren tener problemas. Algunos de esos periódicos habían aumentado sus tiradas precisamente por la serie de artículos, ya que ha quedado claro que, en cuanto no se han publicado más los artículos, las ventas de los periódicos han descendido.

    En España, pues, no aparecerán más los artículos, por lo que se supone que los testigos de Jehová españoles pueden respirar tranquilamente. Sin embargo, los artículos continúan publicándose en periódicos de varios países de habla hispana con los que trabaja la agencia para la que escribo.

    Algunos de estos artículos los publico en esta página, los que el tiempo me permite, ya que son varios artículos diarios de diversa índole.



lunes, 9 de enero de 2017

Viene con las nubes y todo ojo lo verá


    Adivinanza: ‘Antes de que el hombre y la tierra fuesen, él es. Nace el 25 de diciembre. Es la luz del mundo. Da y sostiene la vida. Convierte el agua en vino. Tiene doce discípulos. Proporciona salud. Alimenta a multitudes. Camina sobre las aguas. Lleva una corona de espinas. Muere y resucita. Asciende al cielo. Viene con las nubes y todo ojo lo verá’.

    Cuando se les presenta la anterior adivinanza a los miembros de la cristiandad, no importa la denominación eclesiástica a la que pertenezcan, absolutamente todos responden que, por supuesto, se trata de Jesucristo. Ello es debido a que los evangelios y el Apocalipsis así lo hacen creer. Sin embargo la adivinanza no se refiere a Jesucristo. ¿A quién, pues?

    La pista se da con la afirmación “viene con las nubes y todo ojo lo verá”. En efecto, todos los días viene con las nubes y todo ojo lo ve y lo verá. Se trata del Sol. Su existencia es muy anterior a la Tierra y al hombre. Indiscutiblemente el Sol es la luz del mundo, da y sostiene la vida y, gracias a su acción bienhechora, la tierra produce alimentos para todos los habitantes del planeta. Y por supuesto, la fuente primordial de salud del ser humano es el Sol. Sin el Sol, la Tierra estaría a oscuras y sin su calor y fuente de energía nadie podría vivir.

    Cuando el Sol se refleja sobre las aguas en movimiento parece desplazarse sobre ellas. De ahí que se diga que el Sol camina sobre las aguas. El Sol convierte el agua en vino en el sentido de que hace madurar las uvas cuyo jugo después fermentará y se convertirá en vino. El Sol tiene doce discípulos, que son las doce constelaciones del Zodiaco que recorre a lo largo del año. Al Sol se le representa popular y gráficamente por medio de un halo con pequeños rayos semejantes a espinas, a modo de corona. El Sol asciende al cielo desde la hora del amanecer hasta el mediodía, en que está en el cénit o punto más alto.

    Las respuestas a esta explicación siempre son las mismas por parte de los creyentes: todos coinciden en afirmar que es forzada y que se le encajan al Sol atributos que son propios de Jesucristo. No obstante, lo contrario es la realidad: A Jesucristo, lo mismo que antes de él a otros héroes mitificados, se le atribuyeron las características que en la antigüedad se le imputaban al Sol y posteriormente a dioses o humanos endiosados que hipotéticamente precedieron a Jesucristo. Todos estos son dioses o héroes solares.

    No hemos de olvidar que las religiones fueron solares en la remota antigüedad, cuando se originaron. Las gentes veneraban al Sol cual si fuera el dios dador de vida. El mismo emperador Constantino fue partidario de la adoración al Sol. De hecho fue miembro de la religión cuya devoción se tributaba al Sol Invicto. Se dice que Constantino decretó la libertad de los cristianos y él mismo se hizo cristiano. Lo que en realidad hizo fue algo más descabellado: hizo traspasar la antigua veneración del Sol al personaje recién creado de Jesucristo.

   Fue en su tiempo cuando en realidad se dio origen al cristianismo. Constantino jamás se convirtió al cristianismo, sabiendo que era una ficción por él creada. A pesar de lo que hacen creer los eclesiásticos, el emperador romano continuó toda su vida como incondicional devoto del dios Sol. En su lecho de muerte fue atendido por Eusebio de Nicomedia, que no era cristiano, sino un clérigo del mitraismo, del que el cristianismo romano tomó todos los símbolos. Eusebio de Cesarea era también un clérigo del mitraismo que aceptó el cristianismo y escribió la Historia Eclesiástica, mediante la cual pretendía demostrar, de acuerdo con el emperador Constantino, que los papas y los obispos eran los herederos de los apóstoles y que por tanto la Iglesia Católica que entonces se fundaba, y con ella en realidad el cristianismo, era la verdadera.  

    Cuando en los libros del Nuevo Testamento se habla de una segunda venida de Jesucristo en gloria, el trasfondo real de ello es la “venida” del Sol al amanecer. Todos los días el Sol viene con las nubes y todo ojo lo ve. Todos los días se oculta. Todos los días muere y resucita el Sol. De ahí que los relatos de los antiguos dioses, que tomaron los atributos solares, expongan que los tales mueren y resucitan. Más exactamente, mueren y resucitan al tercer día, como el Sol al llegar el 22 de Diciembre. Por tres días el Sol da la sensación de inactividad, que recobra al tercer día, el 25 de Diciembre. Por esa razón, de muchos de aquellos dioses a los que se les aplicaron características de la religión solar se enseña que nacen el 25 de Diciembre. Jesucristo no se libra de dicha asignación tradicional, al declarar la Iglesia Católica a sus fieles que nació el 25 de Diciembre.

    Para los adeptos de las viejas religiones solares el sol moría al momento del ocaso y resucitaba, nacía o renacía con gloria a la mañana siguiente. Con el tiempo este concepto se trasladó a los dioses de turno de las nuevas religiones, que copiaron todo su ritual de las teologías solares y atribuyeron esta peculiaridad de muerte y resurrección o nacimiento a los dioses que ahora veneraban. La diferencia es que a estos nuevos dioses no se les aplicaba un morir y renacer diario, sino anual, al menos en la celebración de los ritos a ellos dedicados.

    El cristianismo no se libró de esto y por ese motivo Jesucristo se parece tanto a otros personajes deificados que le precedieron, como Horus, Osiris, Mitra, Dionisos, Attis, Zoroastro y Krisna, por mencionar algunos. Todos ellos no eran más que una representación encubierta del dios Sol. A todos, incluído Jesucristo, se les consideró como si fueran el mismo Sol. De ahí la general representación de casi todos ellos con un halo luminoso en sus cabezas, ya que eran representaciones solares. El dios mediador egipcio Horus tenía todos los atributos del Sol, atributos que posteriormente heredaría Jesucristo, otro dios mediador, al que los evangelios le aplican todas las funciones que tiene el propio Sol: nace, es la luz del mundo, da y sostiene la vida, convierte el agua en vino, tiene doce discípulos, proporciona salud a las gentes, alimenta a multitudes, camina sobre las aguas, lleva una corona de espinas, muere, resucita, asciende al cielo y viene con las nubes y todo ojo lo verá.

    Sí, los evangelios nos presentan a un Jesucristo de carácter mágico que nace de una virgen, obra insólitos milagros, resucita de la muerte y asciende físicamente a los cielos, si bien algunos credos cristianos, como los testigos de Jehová, enseñan que Cristo no resucitó y ascendió a los cielos físicamente, sino en espíritu. Al mismo Jesucristo se le atribuye decir que es hijo natural del mismo Dios y que tuvo una existencia prehumana en el cielo. Pero justamente esto es lo que más o menos se aseguraba de los viejos seres endiosados en las distintas religiones. En origen, todo ello se remite a la antigua veneración del Sol, que viene con las nubes y todo ojo lo ve. 
 
 
 

sábado, 24 de diciembre de 2016

La Verdad libera y no esclaviza


 
    Los testigos de Jehová ven a sus pastores (ancianos, superintendentes y Cuerpo Gobernante) como superiores en conocimiento bíblico y dan por hecho que los tales profesan la verdad de la Biblia y, por tanto, lo han investigado todo al respecto. Esta elocuente seriedad con que se presentan los pastores de los testigos de Jehová y el hecho de que manejen la Biblia constantemente, hace que los Testigos de a pie crean que ‘están en la verdad’ o en la única religión verdadera y, por tanto, no aceptan o no debieran aceptar argumentos de otros credos.

    Esto mismo es lo que sucede en el resto de las iglesias de la cristiandad. Todas tienen sus pastores y todas manejan de algún modo la Biblia, aunque los protestantes la utilizan más que los católicos. Estos pastores les dicen a sus feligreses que las demás religiones son falsas y que la verdad solamente está en la iglesia o congregación de ellos. Los feligreses aceptan a sus pastores y creen que éstos lo han investigado todo para afirmar que tienen la verdad de la Biblia. Es evidente que las personas afiliadas a cualquier iglesia son sinceras; pero, como bien se dice, la sinceridad no hace que una religión sea verdadera.

     Cuando a cualquier devoto de estas iglesias o congregaciones, sea testigo de Jehová o de otra confesión, se le muestran con educación y buen razonamiento ciertas incongruencias que prueban que tales congregaciones no pueden estar en la verdad de la Biblia, el devoto en cuestión se sentirá herido en su corazón y defenderá su fe con uñas y dientes si es preciso. Está programado para ello por sus pastores, que le indican que no escuche a quienes le dicen otra cosa que no sea la que pregonan los propios pastores, haciéndole creer al adepto que tales individuos que así hablan son en realidad lobos enfundados en piel de oveja.

    La única manera de saber si una iglesia o congregación está realmente en la verdad de la Biblia es mediante investigar su historia y sus doctrinas y ver si esa historia y doctrinas se ajustan a las páginas bíblicas. Puede que al adepto se le haya captado mediante explicarle ciertos textos que le dejan cegado al principio, sobre todo si desconocía la Biblia, y así mal puede ver la realidad que se esconde tras ese aprendizaje tan somero, pues lo cierto es que no se profundiza en el mismo. Las dudas comienzan a surgir cuando el adepto ya se ha bautizado o ha hecho pública su adhesión a la nueva fe. Sin embargo, esas dudas iniciales suelen disiparse paulatinamente a medida que asiste a las reuniones o ritos de su iglesia y al ver que los pastores continúan en la brecha como si estuvieran seguros de que tienen la verdad. Con el tiempo le volverán a surgir nuevas dudas a las que ni se atreverá a enfrentarse.

    Para conocer la verdad de un asunto, lo inteligente y razonable es cotejar las dos partes: la de quienes defienden el asunto y la de quienes muestran que el asunto no es correcto. Oídas las dos partes, como lo haría un juez, puede finalmente emitirse un veredicto final, tras sopesar las pruebas pertinentes. Si los testigos de Jehová, por ejemplo, afirman que tienen la verdad y los que no son Testigos argumentan que los Testigos no la tienen, sería prudente escuchar los argumentos de las dos partes y obrar en consecuencia a la vista de las demostraciones que se esgrimen. Sin embargo, al testigo de Jehová se le ha aleccionado a que en modo alguno escuche a la parte contraria y se le recalca que es rebeldía el pensar con independencia del Esclavo Fiel y Discreto o Cuerpo Gobernante que dirige a los Testigos. En las filas de los testigos de Jehová no hay lugar para el pensamiento crítico.

    El testigo de Jehová cree que su organización ha realizado una profunda investigación en materia religiosa y que por tanto no se equivoca en este aspecto. Pero la organización ha publicado que puede equivocarse en materia doctrinal y de ahí que cambie periódicamente las doctrinas, lo que indica que las doctrinas anteriores no estaban ajustadas a la Biblia. Y las nuevas doctrinas pueden cambiarse mañana, por lo que tampoco estarían ajustadas a la Biblia.

    Cuando a un testigo de Jehová, como se ha tenido ocasión de comprobar en innumerables ocasiones, se le muestran los graves errores doctrinales y antibíblicos que enseña su Cuerpo Gobernante, la reacción natural del Testigo es montar en cólera, gritar para no dejar que el interlocutor continúe hablando y lanzar insultos e improperios, todo ello en lugar de sentarse a dialogar y razonar con la persona que trata de exponerle sus argumentos. Sin embargo el testigo sí espera que aquellos a quienes aborda en la predicación le escuchen.

    Jesucristo dijo que ‘la verdad os libertará’; pero el testigo de Jehová está esclavizado o totalmente sujeto a la organización de su Cuerpo Gobernante. Si está esclavizado de tal manera que toda su vida dependa de la Organización, significa que no es libre y, por tanto, si no es libre, no conoce la verdad. Si conociera la verdad, no tendría que estar esclavizado o encadenado a una organización que constantemente dicta su modo de vivir y le exige tiempo, esfuerzo y medios económicos.    

    Tanto depende el testigo de Jehová de su Organización que con sus contribuciones monetarias mantiene al gran imperio económico de la Watch Tower, el cual a su vez se sostiene con la literatura que imprime para los Testigos, además de con los beneficios de la venta de sus inmuebles religiosos y las inversiones en hedge funds, unos fondos de inversión que solamente están al alcance de los millonarios. Si los testigos de Jehová dejaran de pronto de aportar fondos que finalmente van a parar al imperio económico de la Watch Tower, éste se hundiría irremediablemente y dejaría de imprimir los millones de piezas de literatura que consumen los propios Testigos. Y sin literatura, los testigos de Jehová se verían prácticamente imposibilitados para captar más adeptos. Imprimirla en editoriales cuyo costo incluye la mano de obra, no sería asequible para una Organización que está acostumbrada a no pagar nóminas. 

   ¿Podría realmente subsistir la Organización de los testigos de Jehová sin el apoyo fundamental de la Sociedad Watch Tower? Probablemente no, ya que, si desaparece esa entidad, desaparecería también el medio publicitario principal mediante el que se diseminan las doctrinas jehovistas. Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos no dependían de un imperio económico para subsistir, pero el cristianismo se expandió. Hoy día otras organizaciones cristianas no están apoyadas por una gran Sociedad editorial y sin embargo prosperan. Pero la organización de los Testigos recibe su aliento del imperio de la Sociedad Watch Tower y separarse de él supone la muerte.