jueves, 30 de octubre de 2014

Reforzando el año 1914


 
    En la reunión de servicio de la tercera semana de octubre 2014 se habló de que el año 1914 salía de aplicar 2.520 años al 607 a.e.c. Dado lo complejo de explicar esos 2.520 años, así como el largo tiempo envuelto en explicarlo, en la demostración habida en la plataforma con un estudio bíblico se dio por entendido sin más que mediaban 2.520 años entre el 607 a.e.c. y 1914 e.c., con lo que se supone que el estudiante se quedaría como estaba. Pero lo peor de todo fue que tampoco se explicó de dónde salía la fecha del 607 a.e.c., algo que el estudiante no sabe en absoluto y que solamente un 1% o menos de los testigos de Jehová sabe.

    La mayoría de los testigos cree, porque no ha consultado las antiguas publicaciones de la Watchtower (anteriores a la existencia del Cuerpo Gobernante), que el 607 a.e.c. sale de aplicar al 537 a.e.c. los hipotéticos 70 años en que los judíos estuvieron desterrados en Babilonia después de que Nabucodonosor destruyera el templo y la ciudad de Jerusalén. En realidad no es así. El 607 a.e.c. no salió de aplicar 70 años al 537 a.e.c., en que se supone que los judíos salieron del destierro. Esa es una explicación posterior al establecimiento de las fechas del 607 y del 537 a.e.c. Tampoco los estudiantes bíblicos y la inmensa mayoría de los testigos saben desde cuándo se conocen los 2.520 años ni quién fue el primero en fijar tal cantidad de años a los siete tiempos de Daniel. Los testigos creen que su autor fue Russell, así como que fue también el autor de las fechas 607 y 537, cuando no es así. Por esa razón subimos las presentes líneas a modo de recordatorio para unos pocos y como instrucción para los muchos, sean testigos o estudiantes.

    El primero en establecer que los siete tiempos de Daniel duraban 2.520 años fue el escrutador bíblico John Aquila Brown, en 1823. A este propósito publicó el libro “El atardecer”, donde lo explica detalladamente. Antes de 1823 y desde 1195, los teólogos, sobre todo los protestantes a partir del siglo XVII, fijaban la duración de los siete tiempos por lo general en 1.260 años. Brown lo que hizo fue duplicar esa cantidad multiplicando 360 por 7, que se suponía que eran los siete tiempos o años que Daniel aplicó a Nabucodonosor, y el resultado lo elevó a años. Así, los siete tiempos que inicialmente eran de 2.520 días o 7 años, ahora pasaban a ser de 2.520 años, aplicando una norma de los judíos que se guiaban por la Cábala y la numerología, mediante la cual había que considerar un día bíblico como un año.

    A partir de Brown, muchos teólogos protestantes aceptaron que los siete tiempos duraban 2.520 años. En 1843 el teólogo Thomas Rawson Birks estableció en su obra “Primer elemento de la sagrada profecía” que, puesto que se entendía que los judíos habían sido liberados del yugo babilonio en el 536 a.e.c. y la nación de Judá estuvo en servidumbre al rey de Babilonia por 70 años, dicha servidumbre habría comenzado en el 606 a.e.c. En esos 70 años se contaban los tres importantes destierros de los judíos, a saber, el del año 7/8, el del año 18/19 y el del año 23/24 de Nabucodonosor.

    Como ya los historiadores habían determinado que Nabucodonosor subió al trono en el 605 a.e.c., se calculó que el año de la destrucción de Jerusalén fue el 587 a.e.c. ó año 18/19 de Nabucodonosor. Birks creyó ver que la fecha del 606 a.e.c. se daba por partida doble al haber leído en Jeremías que Nabucodonosor arruinó Jerusalén en el año 19 de su reinado. Birks entonces sumó 19 años al 587 a.e.c. y así llegó también al 606 a.e.c. como año del comienzo del reinado de Nabucodonosor, que asimismo era el año del comienzo de la servidumbre de Judá a Babilonia. Sin embargo Birks se equivocó, pues debió haber sumado 18 años al 587 a.e.c. y así hubiera llegado correctamente a la fecha del 605 a.e.c. como el año en que Nabucodonosor había empezado a reinar.

    Por otro lado, la fecha del 536 a.e.c. estaba incorrecta, pues se suponía que, además de ser la de liberación de los judíos, era el primer año de Ciro como rey de Babilonia. Para entonces, aunque los religiosos protestantes se aferraban al 536 a.e.c., ya los historiadores habían establecido que Ciro conquistó Babilonia en el 539 a.e.c. y que los 70 años de glorioso reinado del imperio babilónico tras conquistar el último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán, comenzaron en el 609 a.e.c. Esos 70 años de Babilonia son los que se citan en  Jeremías 25:11 y 12, al igual que en Jeremías 29:10. La verdad escueta es que estos versículos no se refieren al destierro de los judíos. Ni siquiera mencionan o hacen suponer tal destierro (en realidad hubo tres destierros de importancia).

    En 1844 el teólogo Edward Obispo Elliot publicó en su libro “Horas con el Apocalipsis” que los siete tiempos de Daniel, que para entonces se consideraban de 2.520 años, iban del 606 a.e.c. a 1914, aunque Elliot se equivocó en un año menos. A principios de los años 1870, el adventista Nelson Horatio Barbour, que había sido discípulo del fundador del adventismo William Miller, llegaba a Londres procedente de Australia. En Londres visitó la Biblioteca Nacional y halló en uno de los estantes el libro “Horas con el Apocalipsis”, de Elliot. De su lectura sacó en conclusión que el año de comienzo de reinado de Jesucristo sobre la tierra acaecería en 1873, aunque después, llegado el año y no viendo el acontecimiento, lo pospuso para 1874, que tampoco sucedió nada y Barbour entendió que la venida o presencia de Cristo había tenido lugar en el cielo, y no en la tierra, en 1874. Asimismo aceptó del libro de Elliot las fechas 606 a.e.c. y 1914, siendo esta última la fecha que se consideraba como el año de la destrucción de los reinos del mundo o Armagedón.

    La fecha del 606 a.e.c., que hasta entonces se consideraba como la del inicio de los 70 años de servidumbre de los judíos a Babilonia, Barbour la entendió como de destierro de los judíos, interpretando que el principal destierro fue el del año 18/19 de Nabucodonosor, cuando destruyó Jerusalén. Sin embargo el principal destierro fue el del año 7/8 de Nabucodonosor. Igualmente aceptó Barbour que los siete tiempos duraban 2.520 años, aunque confundió los siete tiempos de Daniel con los tiempos de los gentiles de los que habla Jesucristo en el evangelio de Lucas, cuya duración no se indica.

    En 1875 Barbour publicaba la revista “El Heraldo de la mañana”. En enero de 1876 un ejemplar llegó a manos de Charles Taze Russell, que independientemente escrutaba la Biblia con otros interesados. Sorprendido por lo que leyó, Russell solicitó una entrevista con Barbour. Ya reunidos, Barbour convenció a Russell de que Cristo estaba presente en su reino celestial desde 1874; que Jerusalén había caído en el 606 a.e.c.; que los judíos fueron llevados ese año al destierro, donde permanecieron 70 años (la Biblia no indica cuánto tiempo estuvieron los judíos desterrados); que los tiempos de los gentiles duraban 2.520 años, desde el 606 a.e.c. hasta 1914; y que en 1914 terminaban los tiempos de los gentiles y Jesucristo destruiría los reinos mundiales en la batalla del Armagedón. Russell, llevado por su entusiasmo, aceptó todas estas fechas y doctrinas sin rechistar y sin detenerse a comprobar si eran o no correctas. Y al momento comenzó a predicarlas y a enseñar que en 1914 todos los reinos del mundo llegarían a su fin y serían destruídos en el Armagedón. Esto lo reafirmó sobre todo a partir de la fundación de su revista “La Atalaya de Sión” en 1879. Toda la literatura que escribió Russell hasta 1914, cuyos tomos se conservan en varias bibliotecas, así lo especifica.

    Años antes de 1914 Russell se dio cuenta de que entre el 606 a.e.c. y 1914 no mediaban 2.520 años, sino 2.519. Por tal razón pensó trasladar el año 1914 a 1915 y de esta manera cuadrarían los 2.520 años. En ello estaba cuando a finales de julio de 1914 estalló la Gran Guerra y Russell pensó que la misma arrastraría a las naciones al Armagedón. Pasó 1914 sin que llegara el Armagedón y Russell definitivamente adoptó el 1915 como año del fin de los tiempos del los gentiles, el cual llevaría inevitablemente al Armagedón. Así lo reescribió en su obra “El tiempo se ha acercado”, que era el segundo tomo de sus “Estudios en las Escrituras”. Pasó 1915 sin ver tampoco realizado su tema de predicación y Russell comenzó a predicar aún con más ahínco para no caer en depresión, si bien declaraba que el Armagedón no tardaría en llegar. Russell murió el 31 de octubre de 1916, en la noche de Difuntos.

    En 1917 le sucedió Rutherford en la presidencia de la Watchtower. Durante su tiempo la fecha de 1914 quedó un tanto colgada y no se sabía exactamente qué es lo que había sucedido en tal año. La predicación de la época Rutherford giró en el hecho de que el reino de Cristo se había establecido en el cielo en 1874, tal como Russell había aceptado del adventista Barbour. Muerto Rutherford en enero de 1942, le sucedió como presidente Nathan Homer Knorr.

    En 1943 la Watchtower publicó el libro “La verdad os hará libres”, escrito por el vicepresidente Frederick William Franz, que en 1977 llegaría a presidente. En esos tiempos aún no existía el Cuerpo Gobernante como hoy se conoce, sino que la Sociedad era regida por el presidente, auxiliado por la Junta Directiva. Hoy día coexisten la Junta Directiva de la Watchtower y el Cuerpo Gobernante. Este último tomó las riendas en enero de 1976 y había sido creado en 1971 con los siete miembros de la Junta Directiva y el Presidente, más otras diez personas que en conjunto formaron el Cuerpo Gobernante.

    En el libro “La verdad os hará libres” se anuló la fecha de 1874, la cual pasó a 1914, año que en adelante había que predicar como el del establecimiento del reino de Cristo en el cielo, además de como fin del tiempo de los gentiles, si bien se permitía el tiempo de una generación antes de que llegara el fin real del sistema. En la actualidad se anuló el concepto de ‘generación’ que se tenía y hoy la generación la componen los ungidos que vivían en 1914 y que traslaparon a otros ungidos más jóvenes que aún viven.

    Fue en este mismo libro en que por vez primera se dieron a conocer las fechas del 607 y 537 a.e.c. Dado que había un error de un año en el cómputo que se tenía de los 2.520 años de los tiempos de los gentiles, que inicialmente habían sido los siete tiempos de Daniel, la fecha del 606 a.e.c. o año de la supuesta destrucción de Jerusalén se adelantó al año 607 a.e.c. y así quedaban cuadrados los 2.520 años. Sin embargo, al hacerlo quedaban descuadrados los supuestos 70 años de destierro de los judíos en Babilonia, por lo que paralelamente se adelantó la salida del destierro del año 536 al 537 a.e.c. En adelante había que predicar que los judíos salieron del destierro en el 537 a.e.c. y, como se entendía que estuvieron 70 años en el destierro, la destrucción de Jerusalén y el destierro habían tenido lugar en el 607 a.e.c.  Quien no creía, aceptaba y predicaba esto, se exponía a ser expulsado o desasociado de la congregación, y de hecho hubo no pocos expulsados y desasociados.

    Los años supuestamente bíblicos de 606 y 536 a.e.c. y los de 1874 y 1914, así como los 2.520 años, no fueron descubiertos o ideados por Russell, como tantos testigos de Jehová suponen, sino que vienen heredados de los adventistas y otros sujetos religiosos que se basaron en pura especulación mental. Por eso no aconteció lo que esperaban, a saber, la segunda venida o presencia de Cristo. Las fechas 607 y 537 a.e.c. son igualmente un remiendo doctrinal que la Watchtower aplicó en 1943 debido a que había un error de un año menos en el cómputo de lo que llamaban tiempo de los gentiles. Ese error se subsanó con otro error si cabe aún mayor, pues implicó adelantar un año la fecha de la hipotética destrucción de Jerusalén, además de adelantar un año la también hipotética fecha de la liberación de los judíos del yugo babilónico. Todo esto es lo que habría que explicar honestamente al estudiante bíblico; pero, de hacerlo, ninguno se haría testigo de Jehová.

    En la actualidad toda la base doctrinal del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová está en los 70 años de destierro de los judíos tras ser destruída Jerusalén en el año 18/19 de Nabucodonosor, además de en las fechas 607 y 537 a.e.c., 1914 y 1919. No hace mucho se suprimió la fecha de 1918, supuestamente la de inspección de Jesucristo a su esclavo fiel y discreto, por no ser bíblica. Esta de 1918 y la de 1919 fueron invención de Rutherford, que las publicó en La Atalaya del 15 de febrero de 1927, aduciendo que con carácter retroactivo Jesucristo había visitado y nombrado a su esclavo sobre los bienes del Amo en 1918 y 1919, aunque el esclavo, que antes era Russell y en tiempo de Rutherford todos los Estudiantes de la Biblia, no se había enterado de tal visita y nombramiento ocho y nueve años atrás.

    Así, pues, suprimida la fecha de 1918, tarde o temprano tendrá que hacerlo la de 1919, ya que se basa en la anterior, y se prevé que será trasladada finalmente a 1914, tal como se ha trasladado a este año central la inspección de Jesucristo a la junta directiva de la Watchtower. De esta manera quedará reforzada la fecha de 1914, ya que gran número de testigos de Jehová, incluídos ancianos, la ponen en duda. 1914 quedará por el momento como el año del fin del tiempo de los gentiles, de la presencia de Cristo en su reino celestial, de la inspección del Amo a la junta directiva y del nombramiento de la misma como esclavo fiel y discreto. Se condenará, pues, el año ‘rutherfordiano’ de 1919, como ya fue condenado el de 1918. Pero todo este galimatías difícilmente lo entenderá cualquier estudiante bíblico, como tampoco lo entiende la práctica totalidad de los que se dicen testigos de Jehová.

 

jueves, 23 de octubre de 2014

Si Jesucristo y los apóstoles eran galileos, ¿cómo pudieron celebrar la Pascua judía?



   Decir a priori que Jesucristo y los apóstoles eran galileos y no judíos puede ser tomado como un insulto o al menos como una barbaridad doctrinal por muchos creyentes. Pero, si leemos con atención los pasajes evangélicos, veremos que el tema no es tan descabellado.

En efecto, de los capítulos del evangelio atribuido a Mateo deducimos que Jesucristo era de Nazareth, aunque el mismo evangelista asegure en el capítulo 2 que Jesús había nacido en Belén, todo para cuadrar la hipotética profecía de Miqueas. El final del capítulo lo despacha diciendo que la familia se instaló en Nazareth. Sin embargo el evangelista Lucas hace desplazarse a los padres de Jesús desde Galilea a Judea para poder asegurar que el niño nació en Belén.

    Lucas introduce la rara cuña de que el emperador romano había ordenado un censo entre sus súbditos -censo por el que, según el evangelista, las familias debían desplazarse a su lugar de origen, lo cual realmente no pudo suceder jamás, ya que el censo se hacía en las poblaciones en que las personas vivían y no en sus ciudades de origen, pues el censo se realizaba con vistas a la recaudación de tributos.

    De todas maneras los tres primeros capítulos de Mateo y Lucas, relativos a la genealogía y nacimiento de Jesucristo, es más que probable que fueran añadidos tardíamente a los evangelios por la Iglesia Católica, según estiman cada vez más eruditos. Estos barajan que los cuatro evangelios principiaban con la predicación de Juan Bautista en el desierto y que a Mateo y a Lucas se le añadieron unos preámbulos que no venían al caso.

    Lo que sí es seguro es que ninguno de los supuestos evangelistas eran judíos, dada la ignorancia que muestran en sus relatos acerca de las costumbres y lugares judíos del primer siglo. Mateo, por tanto, no era judío, como pretenden tantos eclesiásticos. Según el evangelio, Mateo era recaudador de impuestos en Galilea cuando Jesucristo lo escogió como apóstol. Lo mismo ocurre con los demás apóstoles, que todos fueron elegidos como tales en Galilea. Hasta el capítulo 19 de Mateo no se relata el desplazamiento a Jerusalén de Jesús y los suyos.

    Ahora bien, los galileos, como los samaritanos, no celebraban la Pascua judía, que era patrimonio exclusivo de los habitantes de Judea y no de Samaria y Galilea. Aunque la Biblia hace ver que en un principio todos eran israelitas que salieron de Egipto y allí observaron la primera Pascua, tras la división de las tribus no se tiene constancia de que samaritanos y galileos celebraran la Pascua. Por otro lado el auténtico Israel siempre fue la fértil nación de Samaria, la cual, tras la invasión de los asirios, cayó en desgracia y los sacerdotes judíos se apropiaron de sus glorias, trasladándolas a Judá, que era una nación pobre y poco poblada. La Pascua, pues, no fue más que un invento de los sacerdotes del tiempo del rey Josías, que la implantaron con carácter retroactivo y fueron quienes fabricaron el mito de que Judá era la nación escogida por Dios.

    Por lo tanto, galileos y samaritanos no eran judíos y la Pascua nunca les aplicó. No se entiende cómo los evangelistas pudieron afirmar que Jesucristo y los apóstoles, que eran galileos -y así lo expresan los evangelios, salvo en los primeros capítulos de Mateo y Lucas-, pudieron observar una celebración que no les correspondía. Es evidente que los evangelistas ignoraban los asuntos judíos, lo que implica que tales evangelistas pudieran ser escritores de siglos posteriores a aquel en que supuestamente se desarrollaron los acontecimientos.

    Esta ignorancia de los escritores de los evangelios queda patente en el hecho de que, atribuyendo a Jesús y los apóstoles la celebración de la Pascua en el año 33, relatan que después de la cena salieron al monte de los Olivos, que estaba fuera de las murallas de Jerusalén. Tradicionalmente los judíos celebraban la cena de Pascua solamente en familia y, después de la misma, se quedaban en casa hasta la mañana siguiente. Pero los evangelios dicen que Jesús y sus apóstoles salieron al monte de los Olivos. ¿Por dónde salieron, si las puertas de la ciudad se cerraban al anochecer y estaban custodiadas por los romanos, que no permitían concentraciones, sobre todo fuera de la ciudad, por la sospecha de que pudieran tramar alguna conspiración?

    Además en Jerusalén, dada su altura, la temperatura máxima a primeros de abril, que es cuando se sitúa la celebración de aquella Pascua, es de un máximo de 10 grados centígrados. Los evangelistas relatan que Jesús y los suyos pasaron horas en el huerto de Getsemaní, fuera de los muros de la ciudad. ¿Puede alguien soportar durante largo tiempo 10 grados a la intemperie y de noche?

    El desconocimiento de los evangelistas acerca de las costumbres judías del primer siglo, así como de la geografía correspondiente, hace ver que los relatos evangélicos fueron inventados por no judíos de tiempos muy posteriores al siglo I. Y, por supuesto, si estos evangelistas arguyen que Jesucristo y los apóstoles eran galileos, difícilmente hubieran podido celebrar la Pascua judía.

    

 

 

martes, 21 de octubre de 2014

Dos hermanos dialogan acerca del arca de Noé



-Hola, Pedro. He estado dándole vueltas al tema del arca de Noé y hay cosas que no me encajan.

-Tú dirás, Juan. Pero ¿a estas alturas vienes con dudas?

-Es que es a estas alturas, en que te pones a pensar, es cuando aparecen las dudas.

-Bueno, pues ya me contarás.

-El arca vendría a tener 150 metros de largo, por 30 de ancho y por 15 de altura, ¿verdad?

-Sí, más o menos.

-¿Y cuántas ventanas tenía?

-El relato dice que una, junto al techo.

-Y el tamaño de esa ventana era de un codo por cada lado, es decir, como mucho unos 50 centímetros.

-Eso parece, Juan. ¿Y cuál es el problema?

-El problema viene a continuación; pero antes quisiera saber cuántos animales pudieron haber entrado en el arca.

-Tuvieron que haber sido muchos, al menos varios centenares. Tal vez mil… No sé, Juan, no me he detenido nunca a contarlos.

-Es que, Pedro, entraron en el arca una pareja, macho y hembra, de los animales impuros. Y siete parejas de los animales puros. Muchas aves, por ejemplo, entrarían de siete en siete.

-Eso parece ser correcto.

-Bien. Había muchos animales de gran tamaño, ¿no, Pedro?

-Evidentemente, Juan. Había al menos dos elefantes, dos jirafas, dos leones, dos tigres, dos hipopótamos, dos rinocerontes, dos osos, dos caballos, dos avestruces…

-Vale, Pedro, no vamos a enumerar todos. Y ahora vienen las preguntas.

-Pregunta, Juan.

-¿Había suficiente luz en el arca con un simple ventano de menos de medio metro?

-Bueno, con el ventano no parece que hubiera mucha luz. Lo más que quedaría iluminado sería una parte de la planta de arriba.

-Bien observado, Pedro. La planta de arriba quedaría iluminada a medias, o menos. ¿Y las plantas de abajo?

-Las plantas de abajo es evidente que no podrían iluminarse con la luz del día, Juan; pero para eso tuvieron que haber utilizado candiles.

-¿Candiles? ¿Y de qué eran esos candiles?

-Supongo que de aceite, Juan.

-Sí, pero ¿cómo funcionaban, Pedro?

-¿Cómo van a funcionar? ¡Con fuego!

-Ahí está la cuestión, Pedro. Si tenían que utilizar fuego para iluminarse dentro del arca, ¿no era eso peligroso, teniendo en cuenta que las paredes estaban cubiertas de brea que arde con solo aplicar una simple cerilla?

-Hombre, Juan, ya tendrían cuidado…

-Bien, admitamos que utilizaban candiles para iluminar los pisos inferiores. Pero se nos presenta un problema.

-¿Qué problema?

-Que allí dentro había más o menos un millar de bichos de todos los tamaños.

-¿Y…?

-Pues, dicho en claro castellano, que todos cagaban y meaban.

-Ay, Juan qué ordinario eres. ¿No podías ser algo más fino?

-Es que si hablo más fino, no nos vamos a entender bien, Pedro.

-Bueno, vale, todos cagaban y meaban.

-Y en cantidades industriales, ¿no?

-Si tú lo dices…

-Por ejemplo, Pedro, un elefante viene a excretar casi una tonelada por semana.

-¿Tanto?

-Es lo que dicen los zoólogos. Así que dos elefantes cagarían cerca de dos toneladas semanales, sin contar los orines.

-Ya. Y si contamos los demás animales del arca, puede que pasemos de una tonelada diaria de excremento entre todos.

-Y de dos. Y ponle otras dos toneladas de orines. Total, cuatro toneladas diarias.

-Ya, Juan, pero todo eso quedaría en la sentina del arca.

-¿En qué sentina, Pedro? El arca no tenía sentina. No era un barco. Lo que tú llamas sentina era la planta baja, donde se habían acomodado muchos animales. ¿No crees que sería de marranos dejar que les cayera encima la mierda de los demás?

-Bueno, admitamos que era así, que acarreaban cubos hasta el ventano del arca.

-No podía ser de otra manera, Pedro. Y si calculamos a diez kilos por cubo, tenemos un total de 400 cubos por día, que entre 8 personas tocaría a 50 cubos cada una.

-Ya, y si calculamos 10 minutos entre llenar el cubo, subirlo por las rampas o escaleras del arca, tirarlo por el ventano y volver a bajar, vemos que entre todos emplearían poco más de 8 horas diarias, eso sin descansar.

-Ahí está la cuestión, Pedro. Si se tiraban más de 8 horas acarreando cubos sin descansar,  quiere decir que al menos necesitarían otras 8 horas para dar de comer a los animales, sin contar las horas que precisarían para asearlos un poco, que no se sabe de dónde sacarían el agua.

-Lo sacarían de la lluvia que caía, Juan.

-Supongamos que sí. Pero entonces tendrían que tirarse otras 8 horas para acarrear cubos de agua.

-Ya… Y entonces no tendrían tiempo para dormir y comer los ocho individuos del arca.

-Además, Pedro, tanto excremento y orín generaría gas metano.

-¿Gas metano?

-Exactamente. Por eso no podían dejar que el fondo del arca se les llenara de mierda. Si lo hacían, no podían encender candiles para alumbrarse, ya que, al encender el fuego, el gas metano haría que todo aquello explotara.

-Pues sí que me lo pones difícil, Juan.

-Y si no podían encender los candiles, ¿cómo se alumbraban para atender a tanto bicho?

-Y a tientas y a ciegas sería prácticamente imposible aquella misión.

-Totalmente imposible, Pedro. Y otra cosa que se nos pasa por alto es que, si el ventano tenía como mucho metro de ancho, se supone que los cubos tendrían algo menos de 40 centímetros; porque si no, no cabrían por la única abertura del arca.

-Ya… Y con tanto pestazo allí dentro, esa única abertura no sería suficiente, ¿verdad?

-No lo sería, Pedro. No se podría respirar en modo alguno.

-¿Sabes? Me has contagiado la duda, Juan. Creo que lo del arca hay tomarlo con pinzas.

-Así es, Pedro.

 

 

 

viernes, 17 de octubre de 2014

Lo que dice la Didaché con respecto a los profetas viajantes y cómo pudiera aplicar hoy



    La Didaché, Didajé o Enseñanza de los Doce Apóstoles, es una especie de catecismo que los eclesiásticos consideran que fue escrito por unos desconocidos padres apostólicos hacia el año 70 de nuestra era. El escrito fue descubierto junto con otros documentos por el teólogo de la iglesia griega Filoteo Bryennios en la biblioteca del Monasterio del Santo Sepulcro, en Macedonia, cerca de Constantinopla.

    Sin entrar en pormenores de si el documento de la Didaché es auténtico o falso -pues tiene sus defensores y sus detractores-, la cuestión es que en los capítulos 11 y 12, hablando de los profetas o apóstoles viajantes o peregrinos, nos encontramos con los textos que a continuación se citan capítulos y algunos versículos.  


CAPITULO 11 DE LA DIDACHE:

11:3 Concerniente a los apóstoles y profetas, actúa de acuerdo a la doctrina del Evangelio.
11:4 Deja que cada apóstol que viene a ti sea recibido como al Señor.

11:5 El se quedará un día, y si es necesario, dos, pero si se queda por tres días, él es un falso profeta.

11:6 Cuando el apóstol se vaya no tome nada consigo si no es pan hasta su nuevo alojamiento. Si pide dinero, es un falso profeta.

11:9 Y cada profeta que ordene en el Espíritu que se tienda la mesa, no deberá comer de ella él mismo; si lo hace, es un falso profeta.

11:10 Y cada profeta que enseñe la verdad, si no la practica, es un falso profeta.
11:12 Pero al que dice en espíritu: Dame dinero, o cualquier otra cosa, no le prestéis oído. En cambio si dice que se dé a otros necesitados, nadie lo juzgue.

 

CAPITULO 12

12:1 Todo el que viniere en nombre del Señor, recibidle. Luego examinándole le conoceréis por su derecha y por su izquierda, pues tenéis discernimiento, conocimiento de lo bueno y de lo malo.

12:2 Si la persona que viene es un peregrino, asístelo en lo que puedas, pero no se debe quedar contigo por más de dos o tres días, al menos haya una necesidad. 

12:3 Si quiere quedarse entre vosotros, teniendo un oficio, que trabaje para su sustento.

12:4  Si no tiene oficio, proveed  según prudencia, de modo que no viva entre vosotros cristiano alguno ocioso.

12:5 Si no quiere aceptar esto, se trata de un traficante de Cristo. De ésos mantente lejos.

 
    Es significativo que, sobre todo el capítulo 11, pueda aplicarse perfectamente hoy día a los superintendentes o siervos viajantes de los testigos de Jehová. Estos visitan las congregaciones y se quedan por lo general una semana alojados y mantenidos en las casas de los hermanos. Cuando se van, aceptan sobres con dinero que de buena fe les entregan estos hermanos. Curiosamente, no se conoce de ningún viajante que haya dicho que se reparta ese dinero a los necesitados de la congregación. 

    En cuanto al capítulo 12, nos viene a la memoria que el apóstol Pablo, que era un apóstol viajante, no quería ser una carga para los hermanos y trabajaba eventualmente fabricando tiendas de campaña para costearse los gastos de manutención y alojamiento.

    Este escrito de la Didaché es todo un termómetro actual del funcionamiento de los viajantes por las congregaciones.

 

 

sábado, 11 de octubre de 2014

La fecha de 1919 está condenada a desaparecer, como lo hizo la de 1918. Y 1914 dejará de ser el año del establecimiento del reino.



    En la revista Watch Tower del 15 de febrero de 1927 Rutherford estableció una doble nueva doctrina. Por un lado dejó sentado que el esclavo fiel y discreto era el conjunto de los ungidos que vivían en aquel tiempo. Hasta entonces se entendía que el esclavo fiel y discreto era Russell, que había muerto el 31 de octubre de 1916, pero que desde el cielo, donde estaba resucitado como ser espíritu, dirigía los asuntos de la Watchtower sobre la tierra.

    Por otro lado, Rutherford declaró dogmáticamente que el amo Jesucristo había inspeccionado a su esclavo fiel y discreto en 1918 y, dado que estaba dando el alimento correcto de la verdad, en 1919 lo nombró sobre todos sus bienes terrestres. Pero esto lo asentó como doctrina bíblica en 1927. ¿Se enteró el ahora declarado esclavo fiel y discreto de la inspección de Jesucristo en 1918 y de su nombramiento como administrador en 1919? Evidentemente no se enteró, puesto que en aquellos años de 1918 y 1919 ni siquiera sabía que era el esclavo y no estuvo consciente de ninguna inspección y nombramiento por Jesucristo.

    Esta nueva y descarada doctrina rutherfordiana, impuesta a la fuerza y sin lógica -como hoy reconoce el Cuerpo Gobernante-, terminó de hacer que abandonara el movimiento un gran número de Estudiantes de la Biblia que simpatizaban con Russell y al que consideraban como el único esclavo fiel y discreto. Decir tan tarde como en 1927 que Jesucristo había inspeccionado y nombrado su administrador a un esclavo que no existía en 1918 y 1919 era algo que no tenía pies ni cabeza. Por esa razón el actual Cuerpo Gobernante ha suprimido de momento la fecha de 1918, por no ser bíblica. Sin embargo lo que en realidad hizo fue trasladar el año 1918 a 1914, y así ahora se declara que Jesucristo inspeccionó a los miembros de la junta directiva de la Watchtower en 1914.

    Es evidente que también será suprimida la fecha de 1919 en un futuro no lejano y será trasladada a 1914, y ello debido a que 1919 es consecuencia de la supuesta inspección de 1918. Hoy día el Cuerpo Gobernante enseña que lo que hizo Jesucristo en 1919 fue nombrar como tal a su esclavo fiel discreto, pero que el nombramiento sobre los bienes del amo lo hará en el futuro, cuando él venga. Por tanto, reconoce que en 1914 no vino Jesucristo. Y, si no vino, quiere decir que tampoco está presente.

    Aún hay más, y es algo que se evidencia debido a que la fecha de 1918 fue trasladada a 1914. Ese algo más se evidencia también porque el supuesto nombramiento sobre los bienes del amo en 1919 ha sido trasladado al futuro. Ese algo más es lo siguiente: Por un lado 1914 terminará por absorber el nombramiento de la Junta de la Watchtower como esclavo fiel y discreto, con lo que terminará de suprimirse la fecha de 1919. Por otro lado se declarará que el reino no nació en 1914, sino que lo hará en el futuro, cuando Jesucristo realmente venga y esté presente en su reino.

    ¿Qué, pues, se enseñará con respecto a 1914? Esto: Que 1914 marca el fin de los tiempos de los gentiles o naciones, pero que a éstos se les permite seguir funcionando durante una generación ‘bíblica’, entendida por el Cuerpo Gobernante como un grupo de ungidos que estaban vivos en 1914 y que traslapan a un segundo grupo más joven. Además 1914 queda como la fecha de la inspección del amo Jesucristo y también como la del nombramiento como esclavo fiel y discreto de la junta administrativa de la Watchtower. Para ello se alegará que se recibió un nuevo entendimiento ‘más acorde con los textos bíblicos’.

   

jueves, 9 de octubre de 2014

Documentos que prueban que en el 605 a.e.c. ascendió Nabucodonosor

   
    Que Nabucodonosor II de Babilonia ascendió al trono en el año 605 a.e.c., está más que demostrado por los historiadores, los arqueólogos y los astrónomos. Una de las maneras de demostrarlo es por medio de los listados de Beroso y de Tolomeo, la lista de los reyes en Uruk, el diario astronómico VAT 4956, las decenas de miles de tablillas cuneiformes descubiertas y estudiadas y la estela de Adad Guppi, madre del último rey de Babilonia, Nabonido. Estos documentos históricos están de acuerdo en el número y sucesión de reyes babilonios y sus tiempos de reinado, en tanto que por medio del diario astronómico VAT 4956 queda establecido el año 568 a.e.c., o año 37 de Nabucodonosor, como fecha absoluta científica, la cual confirma las demás fechas históricas.
 

    Básicamente los listados de Beroso y Tolomeo, de los reyes en Uruk, las tablillas cuneiformes y la estela de Adad Guppi resumen que: Nabucodonosor reinó 43 años; Evil Merodac, 2 años; Neriglisar, 4 años; Labashi Marduk, unos pocos meses, lo más probable, 2 meses (no computables por no llegar al primer año de reinado); y Nabonido, 17 años. En el año 17 de Nabonido entró Ciro en Babilonia. En total fueron 66 los años de reinado de los citados reyes. Como Babilonia cayó en el 539 a.e.c., sumados esos 66 años al 539 se llega al 605 a.e.c. como año de la subida al trono de Nabucodonosor.
 

    Del listado de Beroso cita Flavio Josefo en su obra “Contra Apión”. Tolomeo coincide con Beroso en la lista de reyes y tiempos de reinado. Algunos críticos ponen en duda la exactitud de estos dos listados y aducen que no mencionan a supuestos reyes intermedios y sus años de reinado, con lo que estiman que las listas reales tendrían que cubrir 86 años en lugar de 66. Sin embargo la lista de los reyes en Uruk, una tablilla descubierta a mediados del siglo XX, que se conserva en el museo de Bagdad y que cubre centenares de años, coincide con Beroso y Tolomeo al mencionar los nombres de los reyes desde Nabucodonosor a Nabonido y el número de años que reinaron. Por tanto la lista de los reyes en Uruk está de acuerdo con los listados de Beroso y Tolomeo y muestra que los monarcas Nabucodonosor, Evil Merodac, Neriglisar, Labashi Marduk y Nabonido reinaron un total de 66 años.
 

    Las diferentes tablillas cuneiformes descubiertas en tierras de la antigua Babilonia y de las que se han estudiado varias de decenas de millares, mencionan en su cabecera al rey en funciones y su año de reinado. Hay tablillas para los 43 años de reinado de Nabucodonosor; para los 2 años de Evil Merodac; para los 4 de Neriglisar; alguna tablilla para algún mes de Labashi Marduk y tablillas que cubren los 17 años de reinado de Nabonido. No existen tablillas con supuestos reyes intermedios entre los mencionados ni tablillas que den más años de reinado de los ya enumerados. Y todas las tablillas que se van descubriendo confirman lo escrito en las ya descubiertas. Estos documentos cuneiformes arcillosos están completamente acordes con los listados de Beroso y Tolomeo y con la lista de los reyes en Uruk en lo que respecta a los reinados de los monarcas babilonios entre Nabucodonosor y Nabonido. De las tablillas se deduce que todos estos reyes gobernaron un total de 66 años sobre Babilonia.
 

    La estela de Adad Guppi, madre de Nabonido, fue mandada escribir por el propio Nabonido cuando aquélla murió, a la respetable edad de 104 años. La estela menciona que Adad Guppi vivió, entre otros tiempos de reyes anteriores, los 43 años de reinado de Nabucodonosor, los 2 de Evil Merodac y los 4 de Neriglisar, cumpliendo ella entonces 95 años. Después la estela continúa diciendo que Adad Guppi vivió hasta el año 9 de Nabonido, en que murió a los 104 años. Pasando por alto los breves meses de reinado de Labashi Marduk, que para nada afecta al cómputo, la estela permite calcular 58 años transcurridos entre el año de ascenso de Nabucodonosor y el año noveno de Nabonido. Como Nabonido reinó 17 años hasta la caída de Babilonia en el 539 a.e.c., su año noveno lleva al 547 a.e.c. Si al 547 se le suman los 58 años anteriores al año 9 de Nabonido, se llega al 605 a.e.c. como año de ascenso de Nabucodonosor al trono.
 

    Por último, tenemos el testimonio del diario astronómico VAT 4956, además de otros muchos documentos. El diario astronómico VAT 4956, del que se conservan dos copias idénticas, menciona 28 posiciones de la luna, ciertas estrellas y los cinco planetas que se conocían en tiempos babilonios. La cabecera de dicho diario especifica que dichas posiciones se dieron en el año 37 de Nabucodonosor. Los astrónomos tradujeron a nomenclatura moderna dichas posiciones e introdujeron sus datos en un ordenador equipado con un sofisticado programa de Astronomía que muestra todos los eclipses y posiciones de los astros en un periodo de 25.920 años, que es el tiempo que emplea el eje terrestre en dar una vuelta completa en su movimiento de precesión a modo de trompo. Pues bien, el programa informático arrojó que las posiciones del diario VAT 4956 solamente pudieron haberse dado durante ciertos días del año 568 a.e.c., fecha que ha sido bautizada como ‘año absoluto científico’. Si al 568 le sumamos 37 años, que son los años en que Nabucodonosor llevaba reinando cuando se escribió la tablilla, llegamos al 605 a.e.c. como año de subida al trono de Nabucodonosor.
 

    Algunos críticos solamente toman como correctas las 13 posiciones lunares del diario VAT 4956 y no tienen en cuenta el resto de las posiciones estelares. Si los astrónomos se hubieran guiado únicamente por las posiciones de la Luna, les hubiera sido imposible determinar a qué año de nuestro cómputo corresponde el 37 de Nabucodonosor, ya que la Luna repite sus periodos cada 18 años, tiempo conocido como periodo Saros. Desde el año 37 de Nabucodonosor hasta hoy ha habido muchos periodos Saros. En cambio, tomando para el estudio todas las posiciones estelares del diario, se cubre un periodo de 25.920 años, y desde el tiempo de Nabucodonosor hasta hoy apenas han transcurrido 2.600 años, por lo que al programa informático astronómico le resulta fácil calcular las posiciones exactas de aquel tiempo. Así pues, tanto el diario VAT 4956 como los demás documentos mencionados apuntan al 605 a.e.c. como el año en que ascendió Nabucodonosor al trono de Babilonia, y no es posible otra alternativa.

 

domingo, 5 de octubre de 2014

¿Qué importan más para el Cuerpo Gobernante: los ungidos o los accionistas de la Watchtower?

 

    A principios de octubre de 2014 se reunieron, como en años anteriores, en el Teatro Stanley de Nueva York -propiedad de la entidad gestora de los testigos de Jehová- los 500 accionistas de la Sociedad Watchtower, abriéndose posteriormente las puertas a los miles de oyentes que llenaron el Teatro.

    Se desconocen los nombres de los 500 accionistas de la Watchtower, cuya relación nominal se lleva en el más riguroso secreto. No se sabe a ciencia cierta si todos ellos son testigos de Jehová. Recientemente trascendió que algunos no lo eran, lo cual está por comprobar. Sea como fuere, tales accionistas aportaron en teoría 10 euros de capital cada uno de ellos, aunque el capital social ya estaba aportado primero en 1881, cuando se creó la Sociedad con su primer presidente, William Henry Conley, y después en 1884, cuando se reestructuró bajo la presidencia de Charles T. Russell.

    Sin entrar en detalles, lo cierto es que existe un listado de los 500 accionistas de la Watchtower. Sin embargo no existe un listado o relación de los que se dicen ungidos y que son más de 12.000 en todo el mundo; o mejor dicho, esa larga decena de miles de individuos son los que participaron de los emblemas del pan y el vino en la última Conmemoración. Pero ello no quita para que se consideren ungidos.

    De éstos, que deberían ser más importantes para el Cuerpo Gobernante que unos simples accionistas o capitalistas de una entidad mercantil, no lleva control el ahora Betel Central de Patterson. Los testigos de Jehová que están al tanto de ello se preguntan por qué razón no se sabe quiénes forman el grupo de los posibles ungidos y en cambio se conocen con pelos y señales los datos de los 500 accionistas de la Watchtower. ¿Es que no son más importantes los ungidos que los accionistas? ¿Es que realmente lo que importa al Cuerpo Gobernante es el asunto comercial y monetario de su ‘Organización’?