lunes, 20 de abril de 2015

No hay correspondencia entre el Israel natural y el Israel espiritual del cuerpo gobernante


    En un discurso que en una asamblea pronunció cierto orador de las altas esferas dijo textualmente que “así como la primera parte de la Biblia fue escrita para los israelitas y no para los gentiles, de la misma manera la segunda parte de la Biblia fue escrita para los ungidos y no para la gran muchedumbre”.

    Entendemos, y así lo entienden muchos ancianos hoy, que la comparación está fuera de lugar, ya que hay sendas diferencias entre los israelitas antiguos y los ungidos, así como entre los gentiles y la gran muchedumbre. En primer lugar, los gentiles no eran adoradores de Jehová como lo son los de la gran muchedumbre. Por tanto no hay correspondencia entre los gentiles y la gran muchedumbre. Cuando un gentil o un forastero se incorporaba al pueblo de Israel, las Escrituras rezaban también para él y era considerado como un israelita más, obligado como estaba a guardar la Ley. De la misma manera la gran muchedumbre forma un solo redil con los ungidos y por tanto las Escrituras cristianas están escritas también para ella en conjunto y no solamente para los ungidos.

    En segundo lugar, los israelitas de la antigüedad constaban de 12 tribus y solamente los de la tribu de Leví podían ser sacerdotes o pastores espirituales. No hay correspondencia entre el antiguo Israel y los ungidos. A lo sumo los ungidos, que el cuerpo gobernante asegura que son sacerdotes, corresponderían solamente a la antigua tribu de Leví. No puede decirse, pues, que los ungidos son el Israel espiritual. El Israel espiritual en todo caso se compondría de las 12 tribus simbólicas, es decir, los ungidos más los de la gran muchedumbre. De no ser así, queda fuera de lugar la comparación de los ungidos como Israel espiritual con el Israel natural. Como mucho los ungidos representarían a la tribu sacerdotal de Leví, pero no a todo el Israel espiritual.

    Tal vez el orador aludido debió haber efectuado la comparación de la tribu israelita de Leví con los ungidos. Solamente los nacidos en la tribu de Leví podían ejercer el sacerdocio y, por tanto, funciones pastorales. Los sacerdotes levitas eran los pastores del antiguo pueblo de Israel. Trasladado esto a los ungidos, el cuerpo gobernante asegura que solamente los ungidos son sacerdotes, es decir, pastores.

    Ahora bien, los ancianos son pastores. Y si son pastores o el equivalente de sacerdotes levitas, quiere decir que solamente los ungidos pueden ser ancianos o pastores. Los de la gran muchedumbre en modo alguno pueden serlo, ya que se dice que no pertenecen al grupo de los ungidos o sacerdotes o pastores, tal como en la antigüedad los demás israelitas que no eran de la tribu de Leví no podían ser sacerdotes. Ni siquiera podían ser ayudantes de los sacerdotes, pues tal función también se reservaba exclusivamente a los que pertenecían a la tribu de Leví.

    El apóstol Pedro no cabe duda de que está en lo correcto cuando escribe que los ancianos recibirán la corona inmarcesible de la gloria, es decir, que irán al cielo. Y si los que van al cielo solamente son los ungidos, está claro que los que no son ungidos no pueden ser ancianos o pastores, puesto que su destino o esperanza no es el cielo. Según el cuerpo gobernante, el sacerdocio, que equivale a pastoreo, es patrimonio exclusivo de los ungidos. Por tanto, si los de la gran muchedumbre no son contados como sacerdotes, quiere decir que tampoco pueden ser pastores o ancianos, ya que sacerdocio y pastoreo son sinónimos.

    Por otro lado, si hemos de ser francos, solamente son testigos de Jehová los ungidos, ya que, cuando en 1931 Rutherford cambió por el de testigos de Jehová el nombre de los pocos Estudiantes de la Biblia que quedaron, aparte de los que entraron nuevos, tras la espantada de los años 1926 y 1927 (se esfumaron como el 75% de los Estudiantes de la Biblia), todos los afiliados a la Sociedad Watchtower (no existía entonces el cuerpo gobernante tal como hoy se entiende) se consideraban ungidos. Los de la gran muchedumbre aparecieron en 1935, cuando Rutherford comprobó que el cupo de 144.000 estaba prácticamente superado, sino sobrepasado, al contarse también los cristianos del siglo primero. Sin embargo Rutherford se adelantó al tiempo, pues en Apocalipsis se lee que la gran muchedumbre aparece después de la gran tribulación (no del Armagedón) y ésta aún no ha llegado.

    Lo correcto hubiera sido que Rutherford declarara que ungidos y gran muchedumbre eran un solo grupo con distintos nombres. Pero Rutherford no leyó bien el Apocalipsis y equivocó los textos, tanto de este libro como de los evangelios, al asegurar que los ungidos, los 144.000 y el rebaño pequeño del que habla Lucas son los mismos. De paso la expresión ‘rebaño pequeño’ de Lucas es parte de la gran inserción del viaje de Jesús a Jerusalén que la Iglesia introdujo en dicho evangelio antes de la invención de la Imprenta. Los protestantes se llevaron el NT corregido por la Iglesia y no investigaron las interpolaciones e inserciones espurias. Rutherford solamente quería imponer su criterio personal, después de haber dejado a un lado a Russell, quien tampoco investigó cuando los adventistas le colaron sus doctrinas y puntos de vista teológicos.

    No hay, pues, como afirma el cuerpo gobernante, correspondencia actual entre el Israel natural y el espiritual, ya que el Israel natural lo formaban 12 tribus, con la tribu sacerdotal de Leví, y el llamado Israel espiritual solamente lo forma la simbólica tribu de sacerdotes o ungidos o miembros de los 144.000. En todo caso, el Israel espiritual sería el pueblo de Dios al completo, con ungidos y gentes de la gran muchedumbre.

    Los ancianos o pastores de hoy corresponderían a la antigua tribu de Leví, y si solamente los ungidos son tomados como sacerdotes o pastores, eso significa que los pastores actuales no pueden ser de la gran muchedumbre, sino únicamente ungidos, tal como escribe el apóstol Pedro cuando especifica que los ancianos o pastores van al cielo a recibir la corona de la gloria. Y, según el entendimiento doctrinal del cuerpo gobernante, como los ancianos actuales de la gran muchedumbre no van al cielo, quiere decir que, bíblicamente, no pueden ser ancianos.

    Por último, nada aparece en la Biblia, al menos en la parte neotestamentaria, acerca de que fue escrita para los ungidos y no para la gran muchedumbre. Jesucristo habla de que habría un solo redil de cristianos, no dos rediles (uno en el cielo y otro en la tierra, como enseña el cuerpo gobernante). Por tanto los evangelios y cartas apostólicas se escribieron para todos los cristianos. Por eso Jesucristo es mediador entre Dios y la humanidad, y cuando se habla de humanidad quiere decir toda la humanidad. La Biblia no especifica que esa humanidad sean los llamados ungidos o 144.000 individuos.

    Y si se lee imparcialmente el Apocalipsis, se verá claramente que los 144.000 y la gran muchedumbre son los mismos individuos bajo diferentes denominaciones. Al final todos están en el cielo ante el trono de Dios, no unos en el cielo y otros en la tierra (léanse las traducciones interlineales, como la de la Watchtower, y se descubrirá que la gran muchedumbre, como los 144.000, están en el ‘naós’, que es la parte más sagrada del templo o sancta sanctorum que representa al cielo y que no existe en ese templo patio alguno que represente a la tierra, donde inconcebiblemente el cuerpo gobernante sitúa a la gran muchedumbre).

  

jueves, 9 de abril de 2015

¿Van al cielo los ancianos? El apóstol Pedro dice que sí


-Me surge una duda inquietante, Pedro. ¿Los ancianos van al cielo?

-Los que sean ungidos, claro que sí, Juan.

-¿Y los que no lo sean?

-No van al cielo, se quedan en la tierra.

-Pero el apóstol Pedro dice que todos los ancianos van al cielo.

-¿Cómo va a ser eso?

-En 1 Pedro 5:2 se lee: “Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia”. ¿A quiénes se refiere?

-Evidentemente, a los ancianos.

-¿A los ancianos ungidos o a los no ungidos?

-A todos, Juan.

-Es decir, a ungidos y a no ungidos.

-Eso es.

-Perfecto, pero fíjate lo que continúa diciendo 1 Pedro 5:4, textualmente: “Y cuando el pastor principal haya sido manifestado, ustedes recibirán la inmarcesible corona de la gloria”.

-Sí, ¿y cuál es el problema?

-¿Qué es la inmarcesible corona de la gloria?

-Supongo que se refiere a que los 144.000 ungidos van al cielo a gobernar con Cristo.

-Pero Pedro no habla aquí de 144.000, sino de los ancianos.

-Bueno, pero esos ancianos son parte de los 144.000.

-Entonces Pedro está hablando aquí de ancianos ungidos solamente.

-No… bueno, puede ser que se refiera solo a los ancianos ungidos.

-Pero el texto no especifica. Antes dijiste que Pedro se estaba refiriendo a todos los ancianos, ungidos y no ungidos.

-Ya… Pero se entiende por el contexto que está refiriéndose a los ungidos solamente, que son los que van al cielo.

-Ahí Pedro habla de ancianos, sin especificar. Está claro que todos los ancianos van al cielo.

-Ya te he dicho que solo van al cielo los ungidos.

-Pero repito que Pedro no hace diferencias entre ancianos ungidos y no ungidos. Y si la Organización del cuerpo gobernante dice que el texto aplica a todos los ancianos, es que Pedro habla a todos los ancianos.

-Bueno… ya me pones a dudar, Juan.

-Una de dos: o solamente pueden ser ancianos los ungidos, que son los que van al cielo, o todos los ancianos, ungidos y no ungidos, van al cielo.

-Hum…

-Según Pedro, entonces, los no ungidos no pueden ser ancianos, puesto que menciona que los ancianos van al cielo a recibir la inmarcesible corona de la gloria.

-Pues tendré que estudiar más detenidamente esos textos.

-Y otra cosa, Pedro: ¿cuándo reciben la corona de la gloria los ancianos y por ende todos los ungidos?

-Cuando resucitan a vida celestial.

-¿Y han resucitado ya?

-Los que han muerto, sí. El esclavo dice que resucitaron en algún momento entre 1914 y 1935.

-Y dime una cosa. ¿Qué quiere decir Pedro con las palabras ‘cuando el pastor principal haya sido manifestado…”

-Significa cuando Cristo se manifieste en poder y gloria, en el Armagedón.

-¿Y se ha manifestado así?

-Todavía no, por supuesto.

-Entonces ¿cómo han podido resucitar los ancianos y demás ungidos entre 1914 y 1935?

-Ah… buena pregunta. Claro… si Jesucristo no se ha manifestado aún en poder y gloria… nadie ha podido resucitar a vida celestial.

-Ese es el punto. Ese y el que todos los ancianos van al cielo. Y si solamente van al cielo los ungidos, quiere decir que los que no son ungidos no pueden ser ancianos, puesto que no reciben la corona de la gloria y se quedan en la tierra.

-Supongo, Juan, que el cuerpo gobernante tendrá alguna explicación para los textos que hemos considerado.

-No la tiene, sencillamente porque aún no ha caído en el significado real de los textos de Pedro. En cuanto se dé cuenta de lo que dicen, empezará a hacer elucubraciones y encenderá nuevos focos tergiversando los textos, por supuesto.

-Será cuestión de esperar, Juan.

-Será cuestión, Pedro. Mientras tanto, a tragar carrete.

 

 

domingo, 5 de abril de 2015

El códice más antiguo del Nuevo Testamento difiere de lo que dicen nuestras biblias



    Los primeros códices del Nuevo Testamento no aparecieron en escena hasta los tiempos del emperador Constantino, en el siglo IV, cuando Eusebio de Cesarea y su equipo los escribieron en griego sobre pergamino, lujosamente encuadernados, por encargo del emperador. Son los famosos cincuenta códices que se repartieron por las bibliotecas del imperio, de los cuales probablemente uno de ellos es el códice Sinaíticus, el más antiguo existente y que difiere de los códices posteriores y de las biblias neotestamentarias que hoy manejamos.

    No existen códices anteriores al siglo IV y los papiros con textos bíblicos son evidentemente posteriores al Sinaíticus, aunque la Iglesia afirma que fueron escritos entre los siglos II al III. Mal pudieron haber sido escritos antes del siglo IV cuando difieren del contenido del códice más antiguo, el aludido Sinaíticus, y aquéllos parafrasean literalmente los textos de los muchos códices posteriores al siglo IV.

   El códice Sinaíticus, descubierto en 1859 por el erudito Constantin von Tischendorf en el monasterio de Santa Catalina del monte Sinaí, fue adquirido en 1933 por el Museo británico de Londres y su escritura la dataron en principio los expertos como anterior al año 380, aunque estudios más precisos la estiman de antes de mediados del siglo IV. Sea como sea, es el códice más antiguo que se conoce y, como se adelantó, difiere sustancialmente de los códices posteriores al siglo IV y de nuestros actuales libros del Nuevo Testamento. Tanta es la diferencia que en 1883 el teólogo inglés John W. Burgon, malhumorado por lo que leyó, se obligó a escribir en la Revista Trimestral de Londres que “la Biblia Sinaítica es escandalosamente corrupta... exhibiendo los textos más vergonzosamente mutilados… y perversiones intencionales de la verdad, que son descubribles en cualquier copia conocida de la palabra de Dios”.  

    Como él, han sido muchos los teólogos y eclesiásticos que se han opuesto a lo que dice el veterano códice Sinaíticus, el más antiguo descubierto hasta ahora. Su oposición se debe a que no está en línea con los códices que supuestamente se escribieron a partir del siglo V. Sin embargo, muchos estudiosos imparciales enfatizan que son los códices posteriores los que tergiversaron los textos del Sinaíticus y que la parte neotestamentaria de nuestras biblias actuales, basada en aquellos códices posteriores -o más bien basados estos códices en la Vulgata latina-, no responde a lo escrito en el Sinaíticus. Se llega a la conclusión de que los códices que difieren del Sinaíticus fueron falsificados con letras arcaicas por la Iglesia y se les dio carácter retroactivo, algo parecido a como hoy día se imitan escrituras antiguas en ciertos documentos, algunos de los cuales incluso se hacen pasar por más antiguos.

    A mediados de la década de los treinta, eruditos del Museo británico analizaron con rayos ultravioleta el Códice Sinaíticus y descubrieron numerosos raspones y enmiendas realizadas a través del tiempo, sobre escribiéndose encima de la vieja escritura, dando la sensación de que los textos del Sinaíticus quisieron adaptarse por manos desconocidas a los textos de los códices de siglos posteriores y a la versión de la Vulgata. Por dicha razón se dice que el Códice Sinaíticus no es cien por cien confiable, ya que presenta mezclados textos antiguos con otros más modernos, si bien las palabras iniciales que fueron borradas pueden leerse a través de los textos superpuestos debido a que se conservan trazas de la tinta original bajo la nueva escritura. 

    Según los expertos que han estudiado el códice Sinaíticus, en el mismo no figuran los dos primeros capítulos de Mateo y Lucas ni el capítulo 21 de Juan, que es un añadido posterior, probablemente del siglo VI. El evangelio de Lucas figura con menos capítulos de los que hoy conocemos y no existen los textos acerca de la resurrección de Cristo, así como otros que hoy figuran en las biblias. De ahí que tantos teólogos argumenten que el Sinaíticus es una versión defectuosa del Nuevo Testamento, aunque otros muchos estimen que fueron los códices posteriores los que insertaron textos que no se hallan en el Sinaíticus. Se sospecha que Jerónimo de Estridón, que vertió los textos griegos de Eusebio al latín, fue el primero en alterar la redacción de los libros del Nuevo Testamento cuando confeccionó su Vulgata, que según los expertos contiene innumerables añadiduras y enmiendas al original griego de Eusebio. Cada vez están más convencidos los teólogos de que de la Vulgata se mal copiaron hojas sueltas que hasta ahora se tenían por más antiguas, el conjunto de las cuales da en llamarse ‘Vetus latina’.

    Sería lo ideal que se vertiera a idiomas modernos el códice Sinaíticus para cerciorarse de las diferencias que los expertos aducen que tienen con respecto a los relatos neotestamentarios que hoy conocemos. Pero está demostrado que por el momento no interesa traducir dicho códice a ninguno de los idiomas de hoy debido al revuelo que dicha traducción pudiera armar entre los creyentes de las iglesias cristianas. Seguramente que al Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová le interesaría mucho menos.

    Puesto que el códice más antiguo del Nuevo Testamento, el Sinaíticus, es del siglo IV y difiere sustancialmente de lo que dicen nuestras actuales biblias, lo más razonable es pensar que los libros neotestamentarios que hoy manejamos han sido alterados en algún momento de los siglos pasados, siendo lógico suponer que los códices atribuídos al siglo V y posteriores son amaños de mucho tiempo después y que se hicieron pasar por más antiguos, todo para tratar de demostrar que nuestros relatos del Nuevo Testamento -basados en la Vulgata, de la cual posteriormente se confeccionaron las bases en griego para las traducciones actuales- son los verdaderos. Ya el propio Tischendorf señaló a esto y se llevó las manos a la cabeza cuando descubrió que nuestras biblias están alteradas a conveniencia de la Iglesia, la misma que fijó el canon definitivo de los libros del Nuevo Testamento, canon que los protestantes aceptaron a ciegas cuando se separaron del tronco materno, aceptando a finales del siglo XIX los Estudiantes Internacionales de la Biblia, y después los testigos de Jehová, como palabra divinamente inspirada y sin errores los relatos bíblicos transmitidos por la Iglesia y retransmitidos por el protestantismo.

    Si en tiempos anteriores al siglo XVI, e incluso en dicho siglo, se hubiera descubierto el códice Sinaíticus, probablemente las biblias protestantes y las de los testigos de Jehová serían hoy diferentes en lo que respecta al Nuevo Testamento. Pero, dado el desconocimiento que se tenía y se tiene del precitado códice, se acepta como palabra auténtica de Dios lo que contienen las biblias de hoy. Aunque de todas maneras, de darse a conocer lo que está escrito en el códice Sinaíticus, todas las iglesias al unísono, incluídos los testigos de Jehová, declararían espurio al susodicho padre de los códices del Nuevo Testamento, el Sinaíticus.

 

  

domingo, 29 de marzo de 2015

En el rebaño de los testigos de Jehová se teme más al pastor que al lobo


    Cierto. Los pastores deberían estar para cuidar el rebaño y mantenerlo en el redil. Pero si una oveja está enferma espiritualmente, raramente tratan de restablecerla, antes procuran por todos los medios apartarla del rebaño para que no contamine a las demás ovejas. Es la tan temida expulsión por la que los miembros pierden familia y amistades. Y como dice el sabio: ‘Los amigos no se pierden; si se pierden, es que no eran amigos’. Con las familias ocurre otro tanto. Si los padres rechazan a sus hijos porque así lo establece el Cuerpo Gobernante, eso demuestra que no eran ni son verdaderos padres. Y viceversa, si los hijos rechazan a sus padres y abuelos.

    Jesucristo hizo todo lo contrario. Puso el ejemplo del pastor que deja las noventa y nueve ovejas en el redil y sale a buscar la extraviada. El comía hasta con los pecadores, fueran judíos, galileos o samaritanos.

    Así, los testigos de a pie y no tan de a pie prefieren enfrentarse al ‘lobo’ depredador (cualquier que sea y que viene de fuera del rebaño) que al propio pastor, a quien tratan de ocultarle lo más recóndito de sus mentes y corazones, no sea que lo echen del rebaño como a un perro sarnoso que puede contagiar a las ovejas. Esa es la razón de que tantísimos lleven una doble vida dentro de las congregaciones. No extraña que a menudo se descubran maldades y artimañas ocultas que ni entre ‘mundanos’ se dan (casos de pedofilia, estafas piramidales…).

 

jueves, 26 de marzo de 2015

La Pascua judía: ¿al anochecer del 14 o del 15 de Nisán?


    ¿Por qué unos judíos celebran la Pascua al iniciarse la noche del 15 de Nisán y otros al principio de la noche del 14 de Nisán, es decir, la noche anterior?

    A los israelitas se les ordenó proveerse de un cordero para sacrificarlo el día 14 de Nisán entre las dos tardes. Como el día comenzaba a contarse a partir del anochecer, después del crepúsculo, es evidente que las dos tardes del 14 de Nisán correspondían a ese preciso día. Por tanto, si sacrificaban el cordero entre las dos tardes, fuese a la hora que fuese, la cena de Pascua la realizaban por la noche, después del atardecer del 14 de Nisán y por tanto al anochecer del 15 de Nisán. Es la fecha que por lo general observa la mayoría de los judíos.

    Ahora bien, los judíos que se consideran descendientes de los fariseos celebran la Pascua al comenzar la noche del 14 de Nisán, debido a que entienden que el día termina con la puesta del sol, hacia las 6 de la tarde hora solar. Por tanto el crepúsculo, de más de una hora de duración, lo consideran como perteneciente al nuevo día. Para ellos, pues, el nuevo día comienza, no con el anochecer, sino con el crepúsculo. Por ese motivo sus ascendientes sacrificaban el cordero al iniciarse el crepúsculo, en su cómputo ya el 14 de Nisán. La expresión ‘entre las dos tardes’ significa para ellos el final de la tarde del 13 de Nisán y el comienzo de la tarde (crespúsculo) del 14 de Nisán, con la que estimaban que comenzaba el nuevo día. Y esa misma noche del comienzo del 14 de Nisán comían el cordero que se había sacrificado durante el crepúsculo.

    Esto tiene el inconveniente de que, como la degollación, preparación y asado del cordero  llevaba unas cuatro horas, la cena comenzaría como pronto a las 10 de la noche hora solar, que en los países europeos suele equivaler a las 11 ó 12 de la noche. Y puesto que la cena con todo su ritual y el reposo correspondiente hasta la hora de acostarse duraba otras tres o cuatro horas (la digestión del cordero es lenta), los celebrantes se acostarían hacia las 2 de la madrugada, hora solar, la cual se considera muy avanzada. Pero, aun suponiendo que tal fuera el caso, lo cierto es que nadie salía de su casa hasta la mañana siguiente.

    El grueso de los judíos celebra la cena de Pascua al iniciarse la noche del 15 de Nisán, dado que entienden que el día concluye con el crepúsculo y no con la puesta de sol propiamente dicha. Así, el 14 de Nisán finaliza cuando el crepúsculo toca a su término y aparecen las primeras estrellas de la noche. Y como el cordero lo degollaban los antiguos entre las dos tardes del día 14, según el historiador Josefo entre las 3 y las 5 de la tarde, hora solar, la cena la tenían ya dispuesta para las 7 o las 8, hora solar, hora muy prudente para tal cena, que con su ceremonial y reposo concluía al comenzar la tercera vigilia (después de las 12 de la noche).

    Es evidente que la matanza del cordero no podía realizarse al comenzar el crepúsculo, ya que éste dura una hora y cuarto aproximadamente. En ese tiempo en que el sol ya está puesto no hay la suficiente luz para realizar los sacrificios de los corderos, que se hacían en el Templo. Por esa razón se hacía la matanza, según Josefo, entre las 3 y las 5 de la tarde, evidentemente hora solar. A las 6, cuando el sol ya estaba puesto, era hora intempestiva. Y dado que la degollación del cordero en el Templo se efectuaba en medio de la tarde y antes de que se pusiera el sol, la cena se disponía a primera hora de la noche. 

    Atendiendo al evangelio de Juan, Jesús celebró su cena con los apóstoles la noche anterior a aquella en que los judíos de Jerusalén celebraban la Pascua. Se dice que los judíos solían celebrar un ligero ágape nocturno, voluntario, en el que las hierbas amargas eran ingrediente principal -y por supuesto, sin cordero-, la noche anterior a la de Pascua, ágape que la tradición judía conoce como Korban Hagigah, aunque dicha expresión aludiría más que nada a las ofrendas, generalmente de carne, que traían los forasteros que se acercaban a Jerusalén a celebrar la Pascua. El Korban Hagigah sí era obligatorio observarlo durante la cena de Pascua de la noche del 15 de Nisán, noche correspondiente a la primera luna llena tras el equinoccio de primavera.

    Sea como fuere, Jesucristo no pudo celebrar la cena de Pascua judía tradicional, entre otras razones porque los corderos para esa cena se mataban el día 14 por la tarde (más o menos a la hora en que murió Jesucristo) y los judíos del tiempo de Jesús comenzaban a contar el día a partir del anochecer, no del crepúsculo, que en último extremo estaría considerado como la segunda tarde o luz. Eusebio de Cesarea indica que la cena de Jesucristo fue una ‘Parasceve’ y no la de Pascua propiamente dicha. La tarde con el crepúsculo duraba unas siete horas, desde las 12 del mediodía hasta las 7 de la tarde, hora solar en primavera, en que anochecía. Lógico es que a mitad de la tarde, hacia las 3 y media, degollaran el cordero. Sea que la segunda tarde fuera el lapso de tiempo entre las 3 y las 7, o que dicha tarde fuera la de la hora del crepúsculo, el cordero se degollaba ‘entre las dos tardes’, cuando había luz solar y antes de que el sol declinase.

    La celebración de la Pascua judía, pues, la realiza al anochecer del 15 de Nisán la mayoría de los judíos, por entender que el nuevo día comienza al anochecer. Solamente unos pocos celebran la Pascua al comenzar la noche del 14 de Nisán porque creen deducir que el nuevo día comienza tras la puesta del sol; es decir, que para ellos el nuevo día comienza con el crepúsculo, hacia las 6 de la tarde hora solar.

    En la actualidad el pueblo judío celebra una cena familiar de Pascua, o Pesaj, en que el cordero entero está representado por una parte de él, generalmente una pierna, y la ofrenda Hagigah está simbolizada por el huevo asado. Las hierbas amargas y el pan no fermentado son parte primordial de la celebración. Pero dicha cena la observa la casi totalidad del pueblo judío ya entrada la noche del 15 de Nisán, que es el día exacto en que se celebraba en tiempo de Jesucristo y como hicieron los israelitas en su pimera Pascua en Egipto.

 

 

domingo, 22 de marzo de 2015

La gran muchedumbre sale de la gran tribulación y va al cielo



    El templo de Jerusalén contenía en su recinto el santuario, que albergaba el santo y el santísimo. Al santuario únicamente accedían los sacerdotes. Fuera del santuario se encontraban los patios, a saber: el de los sacerdotes, el de los judíos, el de las mujeres y el de los gentiles. El patio de los gentiles se destinaba a todas aquellas personas no judías.

    En el idioma castellano, con la palabra templo no distinguimos si se trata del santuario del templo o del conjunto del templo con sus accesos. En griego hay dos palabras diferentes para denominar el templo. Por un lado la palabra ‘naós’ alude al santuario o la estancia más sagrada del templo. Por otro lado la palabra ‘hierón’ define la estructura general del templo, con santuario y patios incluídos. En las Escrituras neotestamentarias aparecen una u otra palabra para referirse al templo, cada una con su matiz.

    En el libro de Apocalipsis hallamos el vocablo ‘templo’ en varios versículos de la mayoría de las versiones y traducciones bíblicas al castellano. Por ejemplo, en la Nácar Colunga o en la Reina-Valera. Leídos los textos con la palabra ‘templo’, no sabemos si se refiere al santuario (naós) o al conjunto general del templo con patios y santuario (hierón). Para saberlo hemos de acudir a una traducción interlinear, que bajo cada línea en griego da la traducción literal al idioma en cuestión.

    Así, en la traducción interlinear de la Watchtower, vemos que aparece la palabra griega ‘naós’ y no ‘hierón’ en cada uno de los textos de Apocalipsis 3:12; 7:15; 11:19 y 14:17, entre otros. Los textos, todos con la palabra ‘naós’, indican que se refieren a la parte más sagrada del templo, el santuario. Apuntamos estos precisos textos por ser cruciales en la consideración que nos ocupa.

    La Traducción del Nuevo Mundo (TNM) vierte Apocalipsis 14:17 como sigue: “Y otro ángel salió del (santuario del) templo que está en el cielo”. Como la palabra griega que transcribe es ‘naós’, la traducción como ‘santuario del templo’ es correcta, aunque esté entre corchetes el vocablo santuario. De paso vemos que el santuario del templo está en el cielo. No olvidemos este detalle. También Apocalipsis 11:19 indica que el santuario está en el cielo, tal como vierte la TNM: “Fue abierto el (santuario del) templo de Dios que está en el cielo”. El ‘naós’ del Apocalipsis, o santuario del templo, siempre está en el cielo, nunca en la tierra. Esto está acorde con el Salmo 11:4, donde leemos: “Jehová está en su santo templo… en los cielos está su trono”.

    Sin embargo en Apocalipsis 3:12 la TNM vierte el vocablo griego ‘naós’ simplemente como ‘templo’: “Al que venza… lo haré columna en el templo de mi Dios”. Aparentemente no sabemos a qué parte del templo se refiere; pero el contexto indica que se trata del santuario del templo, ya que se está refiriendo al cielo, desde el que desciende la Nueva Jerusalén simbólica. Lo más lógico es que la TNM hubiera presentado la traducción del texto así: “Al que venza… lo haré columna en el santuario del templo de mi Dios”. Con todo, el pasaje es claramente entendible.

    No obstante, la TNM vierte Apocalipsis 7:15 como sigue: “Por eso están delante del trono de Dios y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su templo”. El contexto indica que los que rinden servicio sagrado en el templo de Dios son los que componen la gran muchedumbre. Aquí la palabra griega de la que se traduce ‘templo’ es también ‘naós’, literalmente ‘santuario del templo’. ¿Por qué razón no se ha traducido ese ‘naós’ como ‘santuario del templo’, que hubiera sido lo correcto? Porque dicha traducción chocaría con la doctrina del cuerpo gobernante, el cual argumenta que la gran muchedumbre no puede rendir servicio sagrado en el santuario del templo o cielo, sino en el patio exterior del templo que está en la Tierra.

    En otro tiempo el esclavo aseveraba que la gran muchedumbre estaba en la porción de espacio correspondiente al patio de los gentiles. Dado que los adoradores de la gran muchedumbre no son gentiles, por esa razón el esclavo dejó de lado el patio de los gentiles y ahora dice que se trata del patio exterior del templo. Pero el templo de Jerusalén tenía al menos cuatro patios. ¿A qué patio se refiere exactamente? A ninguno de los cuatro. Simplemente, el esclavo declara que se trata del ‘patio exterior’, pero sin correspondencia alguna con el templo de Jerusalén literal ni con el templo espiritual.

    La TNM, para estar en lo correcto, debió haber traducido Apocalipsis 7:15 de la siguiente manera: “Por eso están delante del trono de Dios y le están rindiendo servicio sagrado día y noche en su santuario del templo”, ya que la palabra griega inserta es ‘naós’ o santuario. Si la palabra griega en Apocalipsis fuera ‘hierón’, en lugar de ‘naós’, tal vez pudiera decirse que se está refiriendo a algún patio del templo. Pero tal no es el caso, sino que claramente el Apocalipsis indica que la gran muchedumbre sirve a Dios en el ‘naós’, santuario del templo o cielo, ya que dicho santuario está en el cielo, como señalan otros textos del Apocalipsis.

    ¿Por qué dice el Apocalipsis que la gran muchedumbre sirve a Dios en su santuario del cielo? Porque de la lectura imparcial se deriva que la gran muchedumbre y los 144.000 son los mismos, es decir, todos ellos son un único grupo de adoradores, no dos grupos. El cuerpo gobernante recalca en sus escritos que hay dos esperanzas, la terrestre y la celestial. Sin embargo el apóstol Pablo escribe que solamente hay una esperanza: “Ustedes han sido llamados en la sola esperanza a la cual fueron llamados” (Efesios 4:4). Pablo también indica que hay un solo bautismo, no dos bautismos, uno con agua y otro con espíritu santo. Y Jesucristo dijo que habría un solo redil, no dos.

    La gran muchedumbre, según Apocalipsis, no aparece hasta después de la gran tribulación: “Estos son los que salen de la gran tribulación”, dice Apocalipsis 7:13, refiriéndose a la gran muchedumbre, poco antes de indicar que la gran muchedumbre sirve a Dios en su santuario del templo (naós) en el cielo, al igual que lo hacen los 144.000. Nótese que el texto dice que salen de la gran tribulación, no del Armagedón que según el cuerpo gobernante es posterior a la gran tribulación.

    Antes de ser soltados los vientos de la destrucción (Apocalipsis 7), tienen que sellarse a los 144.000, es decir, al total de los componentes de las doce tribus simbólicas. Dado que son tribus simbólicas, como simbólico es el entero libro de Apocalipsis, también lo es el número 144.000, que indica la totalidad de los adoradores ó 12.000 x 12, que es una manera de decir ‘absolutamente todos’. Los 144.000 o la totalidad del Israel simbólico entran por fin en la gran tribulación, pero salen de ella como una ‘gran muchedumbre’ incontable. Por eso, por ser los mismos los 144.000 que la gran muchedumbre, están todos en el cielo o santuario, delante del trono de Dios.

    El cuerpo gobernante continúa aferrándose a la interpretación de Apocalipsis 7:15 como a una tabla de salvación. Si esta doctrina hace aguas ante la grey, se hunden todas las demás doctrinas. Se obligan pues, bajo amenaza de excomunión de quienes no lo acepten, a interpretar que la gran muchedumbre está, no en el santuario del templo o naós o cielo, como indica la Biblia, sino en el patio exterior terrestre, un patio que no existe, pero que es una manera de aparentar conocimiento profundo ante la plebe a la que se le priva del derecho a pensar por su propia cuenta, pues el autoproclamado esclavo fiel y discreto, que se ha encaramado hasta el mismísimo trono de Dios y en él se sienta y juzga, prohíbe el pensar con independencia de lo que proclama dicho esclavo.

    Lo dicho, que la palabra griega ‘naós’, de acuerdo también con todos los eruditos y traductores bíblicos, se refiere siempre, a pesar de lo que argumente contra ello el cuerpo gobernante, al santuario y no a los patios del templo. Y que la gran muchedumbre, que también se la menciona indistintamente en Apocalipsis como los 144.000, está en ese santuario o naós, en la presencia misma de Dios en el cielo. Y es que la gran muchedumbre que sale de la gran tribulación va al cielo y no se queda en la tierra.

   

viernes, 20 de marzo de 2015

Aún no han resucitado los ungidos a vida celestial



    Un alto cargo dentro de la organización de testigos de Jehová, como en otra ocasión lo hizo un anciano con textos diferentes, nos recuerda bíblicamente que la resurrección de los ungidos todavía no ha sucedido. El cuerpo gobernante asegura que los ungidos muertos resucitaron a vida celestial inmortal entre 1914 y 1935. Antes defendía que la resurrección de los primeros ungidos había acontecido en 1918. La realidad es que, según la Biblia, no han resucitado.

    En la primera carta a los Corintios, capítulo 15 y versículos 20 a 23, leemos: “Sin embargo, ahora Cristo ha sido levantado de entre los muertos, las primicias de los que se han dormido [en la muerte]. Pues, dado que la muerte es mediante un hombre, la resurrección de los muertos también es mediante un hombre. Porque así como en Adán todos están muriendo, así también en el Cristo todos serán vivificados.  Pero cada uno en su propia categoría: Cristo las primicias, después los que pertenecen al Cristo durante su presencia”.

    El texto contrasta la muerte con la resurrección. En cuanto a la expresión ‘serán vivificados’, es común oir decir al esclavo que se refiere no a la resurrección en sí, sino a que al final de los mil años los que sobrevivan adquirirán el derecho a la vida. Sin embargo, en el grupo de los que mueren están también los ungidos y éstos no necesitan ser vivificados al final de ningún periodo porque ya resucitan a vida inmortal. El texto claramente se refiere a la resurrección de los que han muerto, ya que el contexto mismo lo aclara al contrastar muerte con resurrección. Tan solo se habla de muerte y resurrección.

    La expresión ‘los que pertenecen al Cristo’ alude a los 144.000 ungidos, según el entendimiento doctrinal del cuerpo gobernante. Notamos que estos que pertenecen al Cristo resucitan durante la presencia de él. ¿Cuándo es esa presencia? El cuerpo gobernante entendía que Cristo estaba presente en su reino desde 1914. Pero el texto bíblico en cuestión remite a otros textos de la Biblia tras la palabra ‘presencia’. Estos pasajes nos aclaran a qué se refiere la palabra ‘presencia’.

    Así, el vocablo ‘presencia’ nos remite en la TNM a varios textos. Uno de ellos es Mateo 25:31, que dice: ”Cuando el Hijo del hombre llegue en su gloria y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre su glorioso trono”. De modo que la palabra ‘presencia’ se está refiriendo a la venida de Jesús con sus ángeles. Tal venida o presencia no ha sucedido todavía. No olvidemos que tanto ‘presencia’ como ‘venida’ se traducen del griego ‘parousía’. Los traductores bíblicos refieren que es correcto verter tanto ‘presencia’ como ‘venida’ para el vocablo griego ‘parousía’. Por tanto, si Jesucristo aún no está presente porque no ha venido, es evidente que ningún hipotético ungido ha podido resucitar aún.

    Otro de los textos mencionados tras el término ‘presencia’ en la TNM es el de 1Tesalonicenses 4:16, que vierte: “Porque el Señor mismo descenderá del cielo con una llamada imperativa, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los que están muertos en unión con Cristo se levantarán primero”. Los que están muertos con Cristo y que se levantarán primero son los ungidos, según manifiesta el cuerpo gobernante. Pero como el Señor aún no ha descendido del cielo con voz de arcángel, es patente que nadie ha resucitado hasta el momento, ni en 1918 ni entre 1914 y 1935. Tal resurrección aún está en el futuro, ya que Jesucristo no ha venido en su gloria.

    Hay otros textos en otros lugares de la Biblia que claramente especifican que los que se dicen ungidos no resucitan hasta que el Señor sea manifestado o venga en su gloria. Y esto no ha sucedido en 1914, como ahora están entendiendo los de Patterson. De ahí que hayan suprimido el entendimiento que también tenían en cuanto al nombramiento del esclavo sobre todos los bienes del amo en 1919. Como la presencia de Cristo no se cuenta en 1914, el cuerpo gobernante se ha visto obligado a suprimir lo del nombramiento sobre los bienes del amo. No olvidemos que el texto bíblico al que el esclavo alude dice: ‘feliz es aquel esclavo si su amo, al llegar…’; y aún no ha llegado. Y si no ha llegado, no hay nombramiento sobre ningún bien. Si el amo Jesucristo no ha llegado aún en su gloria, tampoco nadie ha resucitado.