lunes, 14 de agosto de 2017

¿Se escribió el Nuevo Testamento en el siglo IV? (y 6)



    Al igual que el relato de Eusebio sobre la carta de Jesucristo al rey de Edesa, la Iglesia hizo pasar como verídica la llamada ‘donación de Constantino’, donación que, a favor de la Iglesia, también se demostró falsa, pues el escrito había sido realizado siglos después de Constantino y hecho pasar por más antiguo. Eso de hacer pasar documentos recientes por más antiguos es lo que precisamente ha caracterizado a la Iglesia Católica. Así, pues, los evangelios se escribieron en el siglo IV y se hicieron pasar como documentos del siglo I. Y Eusebio creó su ‘Historia eclesiástica’ con hipotéticos personajes que venían del siglo I y a los que hizo pasar por sucesores de los apóstoles. Y además creó las cartas de los ‘padres’ apostólicos para dejar ‘testimonio’ de que los evangelios eran fidedignos, al igual que los personajes que los circundaban. Toda la historia de la Iglesia y de los evangelios se basa en un novelado impuesto como un conjunto de personajes y hechos reales.

    Por regla de tres, quien nos miente en lo poco, nos está mintiendo también en lo mucho. Pero Eusebio nos mintió en todo. No en vano le llaman ‘el gran embustero de la Iglesia’. Pero Eusebio lo que realmente pretendía con sus escritos era tratar de demostrar que los evangelios y las cartas apostólicas eran escritos genuinos y que fueron producto del siglo I. También pretendía demostrar que la Iglesia de Roma era la sucesora legítima de los apóstoles, aunque dejó de lado a los apóstoles que supuestamente regían la Iglesia desde la propia Jerusalén. Y dejó de lado al apóstol Juan, a quien le hubiera correspondido el legítimo derecho de gobernar la Iglesia. Pero, claro, Eusebio sabía que ni existieron Juan ni los demás apóstoles, y ni siquiera Jesucristo, pues él mismo los había inventado.     

    Ahora bien, o mal, Eusebio se obligó a mentir en sus escritos porque debía obedecer órdenes del emperador Constantino. Y Eusebio sabía cómo se las gastaba el emperador, quien mandó asesinar a su propio hijo. Si no perdonó a su hijo Crispo, menos le hubiera perdonado a Eusebio. Así que Eusebio escribió. Pero algo debían de contener los escritos del Nuevo Testamento de Eusebio, probablemente una serie masiva de acrósticos que los delataban como falsificaciones, para que poco más de medio siglo después el obispo de Roma ordenase urgentemente a Jerónimo de Estridón que tradujese aquello al latín, un idioma que prácticamente nadie hablaba, rompiéndose así la cadena de acrósticos de los escritos griegos de Eusebio. Jerónimo tradujo y agregó lo suyo. Y ahí fue cuando surgió la Vulgata latina y posteriormente los códices que, basados en esa Vulgata, fueron hechos pasar por la Iglesia como de los siglos II y III al copiarlos en papiro con caracteres antiguos.    

    Los primeros códices del Nuevo Testamento datan del siglo IV y no existen códices de siglos anteriores. Ello se explica porque el Nuevo Testamento fue escrito en el siglo IV y no antes. Y los primeros templos y sepulcros cristianos son también del siglo IV, algo lógico, pues no existió el cristianismo antes de que lo instituyese Constantino y Eusebio y Lactancio escribieran los libros del Nuevo Testamento, para lo cual Eusebio creó los personajes de Jesucristo y los apóstoles y los ubicó en la época de César Augusto, Herodes, Pilatos y otros personajes históricos, con el objeto de que el relato fuera más creíble.

    El principal historiador del tiempo en que se supone que vivió Jesucristo, Filón de Alejandría, nada escribe sobre él. De haber existido realmente Jesucristo, Filón hubiera escrito libros sobre él. Con Josefo ocurre otro tanto, que no escribe nada sobre Jesús de Nazareth porque antes de su tiempo y en su tiempo no existió Nazareth y tampoco Jesús. La cuña que sobre el Nazareno aparece en un escrito de Josefo se sabe que es espuria y fue añadida probablemente por Eusebio de Cesarea en el siglo IV. Los relatos del Nuevo Testamento hemos de tomarlos como lo que realmente son: literatura a la que no hemos de adaptar la vida, tal como tampoco la adaptaríamos al relato cervantino del Quijote.

 

 

 

sábado, 12 de agosto de 2017

¿Se escribió el Nuevo Testamento en el siglo IV? (5)


    No se sabe con seguridad quién o quiénes escribieron los evangelios y las cartas apostólicas. Aunque la Iglesia afirma sin pruebas que fueron escritos en el siglo I, se sospecha que los evangelios y algunas cartas las escribió Eusebio de Cesarea, en tanto que casi todas las epístolas paulinas las habría escrito Lactancio, ambos en el siglo IV, a las órdenes del emperador Constantino, quien pretendía instaurar una nueva religión común para el Imperio, y esa religión sería el cristianismo, del que los historiadores de siglos anteriores al IV nada saben, a pesar de que la Iglesia ha hecho pasar como de los siglos I a III escritos que realizó a partir del finales del siglo IV. Fue precisamente en ese siglo IV cuando Constantino fundó no solamente la Iglesia Católica, sino el cristianismo.

    Constantino nombró los primeros epíscopos (obispos) en el año 312 y su primera reunión con ellos la celebró el 313 en la ciudad francesa de Areles (Arles).  El emperador nunca se hizo cristiano, aunque la Iglesia diga lo contrario. Constantino murió atendido por Eusebio de Nicomedia, a quien la Iglesia cataloga de hereje. No murió al amparo de una religión que él mismo había hecho inventar. A finales del siglo IV el emperador Teodosio impuso obligatoriamente en todo el Imperio, bajo pena de muerte, el cristianismo que su antiguo predecesor Constantino había instaurado.

     La atribución de la autoría del Nuevo Testamento a Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo, Pedro y Santiago es tradición de la Iglesia Católica y se basa en los escritos de Eusebio de Cesarea, que ya se sabe que se inventó a los padres de la Iglesia y a ellos les atribuyó unas supuestas cartas que en modo alguno pudieron escribir, ya que no existieron tales padres de los siglos I a III, excepción hecha de un par de ellos a quienes Eusebio les colgó escritos ‘cristianos’ de los que aquéllos no eran autores. De todas maneras, ninguno era ‘padre’ de la Iglesia.

    Tras convocarse el Concilio de Nicea en el año 325, concilio al que existieron 64 epíscopos nombrados por Constantino, a los tales se les suministró una copia de los ‘nuevos testimonios’ (o Nuevo Testamento) confeccionados por Eusebio y Lactancio, según las órdenes de Constantino. Ninguno de los epíscopos había tenido hasta entonces acceso a dichos escritos que desconocían por completo. Algunos de esos epíscopos nombrados no estuvieron de acuerdo con ciertos aspectos de la nueva religión, entre ellos Arrio.

    Las cartas atribuídas a Pablo fueron escritas antes que los evangelios. Lo más lógico es que, quien primero escribe, narre la historia de los personajes centrales, en este caso Jesucristo y los apóstoles. Sin embargo ‘Pablo’ guarda absolutamente silencio al respecto y menciona a un Cristo intangible y no humano. Las citas paulinas sobre un Jesucristo textual no cabe duda de que son inserciones tardías en el texto. Es raro que el primer narrador del cristianismo no diga absolutamente nada sobre la existencia terrenal y hechos del hipotético fundador de ese cristianismo, aunque sí mencione a unos supuestos primeros seguidores post apostólicos. La aparición de personajes reales en las cartas paulinas, así como en los evangelios, no significa que los relatos hayan sido reales. Las novelas históricas se ambientan precisamente en los tiempos de ciertos personajes reales, que no quiere decir que los personajes centrales o protagonistas de esas novelas hayan existido.

    Eusebio de Cesarea menciona en su ‘Historia eclesiástica’ que Jesucristo le escribió una carta al rey de Edesa, en contestación a otra que el monarca le había enviado. Según Eusebio, la carta estaba en los archivos de Edesa. Este relato fue tomado como verídico por siglos, hasta que se descubrió que era inventado. Si Eusebio fue capaz de mentir tan descaradamente en aras de una supuesta investigación histórica, hemos de entender que nos mintió en todo lo que escribió en su ‘Historia eclesiástica’ y en otras historietas de corte similar, como las cartas que atribuyó a unos presumibles ‘padres’ de la Iglesia.

 

viernes, 11 de agosto de 2017

¿Se escribió el Nuevo Testamento en el siglo IV? (4)


 
    Volvamos a Jerónimo de Estridón. Para componer su Vulgata se valió de una de las copias del Nuevo Testamento en griego producidas por Eusebio de Cesarea. Se valió también de una selección de traducciones latinas del texto griego mencionado, traducciones un tanto libres que no seguían fielmente el texto griego y que por tanto diferían del mismo. Con estos dos tipos de documentos produjo el de Estridón, no sin quebraderos de cabeza, la Vulgata latina. No consultó textos del Nuevo Testamento de los siglos I al III porque no los halló. Y no los halló porque no existían. Los papiros que actualmente se presentan como de los siglos II y III, realmente no son de esos tiempos, pues siguen fielmente los textos de la Vulgata que Jerónimo compuso cerca de finales del siglo IV. Y si los papiros son reproducciones de los textos de la Vulgata y ésta es de finales del siglo IV, por lógica esos papiros no pueden ser de los siglos II y III.

    Pero la pregunta que surge ahora es: ¿No se escribió el Nuevo Testamento, evangelios y cartas, en el siglo I? Y si se escribió en el siglo I, ¿por qué no existían copias de los mismos en el siglo IV? ¿O sí existían? ¿Se basó Eusebio de Cesarea en esas presumibles copias antiguas y luego las destruyó, por cuya razón Jerónimo no habría tenido acceso a ellas? El caso es que no se conocen códices anteriores al siglo IV, en que se produjo el Sinaíticus, hipotéticamente basado en copias más antiguas, pero que nada se sabe de ellas.

    Ningún historiador de los siglos I a III da razón de la existencia del cristianismo en esos siglos. A unos pocos de esos historiadores se les han introducido cuñas a favor del cristianismo en los escritos, para hacer creer que eso lo escribieron ellos; pero está demostrado que las cuñas son espurias. Tales historiadores, de haberlo sabido realmente, hubieran escrito libros enteros sobre Jesucristo y el cristianismo. Nos encontramos, pues, con que solamente los escritores del Nuevo Testamento hablan de la existencia de Jesús, los apóstoles y los primeros cristianos en el siglo I, entendiéndose que los cristianos continuaban activos durante los siglos II y III, aunque no hay registro histórico que lo confirme.

    Nos preguntamos si Eusebio de Cesarea no es realmente el autor de todos o casi todos los libros del Nuevo Testamento, al menos de los evangelios, y que todo eso lo escribió en el siglo IV, a petición del emperador Constantino. Es que Eusebio ya nos coló todas las mentiras habidas y por haber con su ‘Historia eclesiástica’ y las cartas de los padres apostólicos, de los que tampoco da razón la Historia seglar. Y resulta que estos padres citan de los evangelios. Si no existieron, ¿cómo es que defienden la existencia de los evangelios?

    No tenemos más remedio que llegar a la conclusión de que absolutamente todo es producto de la mente de Eusebio, que actuaba a las órdenes del emperador, el cual pretendía establecer una religión única en el Imperio. Y sería precisamente en el siglo IV, en tiempos de Constantino, cuando nacería el cristianismo. Por tanto los evangelios no serían más que una novela histórica impuesta a la fuerza como suceso real para poder establecer la nueva religión. Jesucristo y los apóstoles serían los personajes centrales de la novela. Es como si se impusiera la creencia de que existió don Quijote de la Mancha y el pueblo lo aceptara a ojos cerrados y tildara de apóstata o hereje a quien no lo aceptara.

 

 

jueves, 10 de agosto de 2017

¿Se escribió el Nuevo Testamento en el siglo IV? (3)


    En el siglo XVI los protestantes se separaron de la Iglesia Católica y llevaron la Biblia tal cual la tenía la Iglesia, ya con los textos de ‘la gran inserción’ incorporados al evangelio de Lucas. Los protestantes nada sabían de estas añadiduras y creyeron que toda la Biblia era Palabra segura de Dios que venía del siglo I y en ella basaron exclusiva y literalmente sus creencias. Con el tiempo los protestantes se dividieron en varias sectas que a su vez originaron otras. Todas ellas continúan basándose únicamente en la Biblia, ignorando que el Nuevo Testamento había sido retocado y ampliado por la Iglesia Católica siglos atrás. Los protestantes y otras sectas aceptaron además que el Nuevo Testamento había sido escrito por quienes decía la Iglesia, que es lo que Eusebio de Cesarea aseguró en sus escritos, principalmente en su obra ‘Historia eclesiástica’ y en las cartas de los padres apostólicos.

    La Historia seglar no da razón alguna de la existencia de los padres mencionados por Eusebio, a excepción de Tertuliano y Orígenes, a quienes Eusebio hizo pasar por cristianos y retocó sus escritos. Eusebio, pues, se inventó a los padres apostólicos y apologetas de los siglos I a mediados del III. Después no menciona a más padres porque se supone que estarían vivos para el tiempo en que Eusebio escribía. Y se inventó asimismo las cartas a ellos atribuídas y la historia de la Iglesia, creando personajes que entroncaban con los apóstoles, todo por vía de Roma, olvidando que los apóstoles se suponía que estaban activos en Jerusalén y otros lugares orientales en el siglo I y a tales apóstoles les correspondería con más propiedad ser los dirigentes reales de la Iglesia. Eusebio, que estaba a las órdenes del Emperador Constantino, se inclinó por una Iglesia romana, y eso por obligación.

    Josefo nada sabía de Jesucristo y sus apóstoles y por eso nada escribió sobre ellos. Las breves reseñas que figuran en alguno de sus escritos no son más que cuñas insertadas a machamartillo en el siglo IV, precisamente por Eusebio de Cesarea, quien de paso interpoló a otros autores en el mismo sentido que a Josefo. De haber sabido Josefo de la existencia de Jesucristo hubiera escrito varias obras sobre él. La Iglesia dice que la figura de Jesús no interesaba. ¿No interesaba una persona que convertía el agua en vino, sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos? El evangelio afirma que su fama traspasó las fronteras. Definitivamente, sí interesaba la figura de Jesucristo, tal como interesaban las de los forajidos. Una persona que cura a los enfermos y resucita a los muertos interesa del todo aún a sus propios enemigos.

    El historiador Filón de Alejandría, que vivió justamente en el tiempo en que se supone que vivió Jesucristo, tampoco escribió nada sobre él. Filón era el cronista principal de su tiempo y, aunque vivía en Alejandría, estaba al tanto de los acontecimientos de Judea y otros lugares. Extraña su silencio. Como también extraña que los anales de Roma nada hayan registrado sobre Jesús. El propio emperador, bajo cuya jurisdicción estaba Judea, de haber sabido de este insólito personaje, le hubiera hecho llamar a su presencia. Los historiadores de los siglos I a III nada saben tampoco de Jesucristo y eso también resulta extraño. ¿Es que no hubo un solo historiador a quien interesara la figura de Jesucristo, cuando sí interesaban otras figuras de mucho menor calibre? ¿Se pusieron de acuerdo todos los historiadores para no hablar de la existencia de Jesucristo? Eso es más o menos lo que la Iglesia parece dar a entender.

 

miércoles, 9 de agosto de 2017

¿Se escribió el Nuevo Testamento en el siglo IV? (2)

 

    Jerónimo no solamente tradujo al latín los textos griegos o los trasladó desde otras traducciones latinas, sino que recompuso completamente los evangelios. Se cree que fue él quien añadió a Mateo y a Lucas los pasajes del nacimiento de Cristo, así como los 18 primeros versículos de Juan. Y se cree asimismo que fue él quien empezó a añadir a los evangelios los pasajes de la resurrección de Cristo, inexistentes en el Códice Sinaíticus. Igualmente se estima que fue Jerónimo quien hizo pasar a Jesús como procedente de Nazareth, cuando Nazareth no se cita en la literatura hasta principios del siglo IV, habiéndose fundado su sinagoga más allá de mediados del siglo III.

    Nazareth fue fundada por una de las divisiones sacerdotales de Jerusalén que huyó de la devastación de los romanos en el año 135 y se estableció en la ladera de la colina a cuyo pie se extendía el cementerio de Jafra. En el año 67 los romanos habían masacrado a los varones de Jafra, los cuales fueron enterrados poco más de kilómetro y medio al norte, en la llanura del lugar donde después se levantó Nazareth. Pero Jerónimo ignoraba todo esto y creyó que Nazareth llevaba muchos siglos de existencia. Del año 333 existe un mapa que indicaba a los peregrinos las ciudades que habían de recorrer en Tierra Santa, partiendo de Belén, que era la ciudad de David. En el mapa no figura Nazareth; sin embargo el evangelio que hoy conocemos asegura que Jesús se crió en Nazareth y que esa ciudad era importante porque tenía sinagoga.

    El códice Sinaíticus no menciona para nada a Nazareth, a pesar de que los análisis con rayos ultravioletas han detectado que se borraron escrituras más antiguas y se reescribieron textos encima para acordarlos con los textos posteriores de la Vulgata. El historiador Flavio Josefo, del siglo I, que era de Galilea, menciona en sus escritos todas las poblaciones de Galilea y no aparece Nazareth en la relación. No aparece, no porque no fuera importante, que lo era, ya que tenía sinagoga, según el evangelio. Nazareth no aparece en la relación de poblaciones porque en los tiempos de Josefo no existía esa población. Y si no existía, porque se fundó a partir de mediados del siglo II, ¿cómo pudo Jesús andar por Nazareth en el primer tercio del siglo I?

    Así pues, no existieron papiros ni otros documentos neotestamentarios en los siglos I al III, por mucho que quiera decir y tratar de probar la Iglesia. Los papiros que se hacen pasar como procedentes de los siglos I a III siguen la línea de la Vulgata latina de Jerónimo, de la que surgieron varios códices. Y siendo la Vulgata y los papiros copiados de ella producidos a finales del siglo IV o principios del V, no pueden esos papiros ser anteriores al siglo IV. El códice más antiguo, el Sinaíticus, que se cree que es una de las cincuenta copias que escribió Eusebio, es aún más antiguo que la Vulgata y además difiere de ella porque Jerónimo recompuso todo el Nuevo Testamento a partir de una copia de los textos griegos de Eusebio y de las traducciones latinas de los textos de Eusebio. No se limitó únicamente a traducir y no halló documentos neotestamentarios de siglos anteriores porque no los había.

    La Iglesia fue añadiendo textos a la Vulgata latina a lo largo de los siglos. Para ello retiraba los códices más antiguos depositados en distintas bibliotecas y monasterios y los sustituía por los nuevos, todo a fin de hacer parecer que lo escrito era realmente más antiguo. La última añadidura la hizo hacia principios del siglo XV y ésa es conocida por los teólogos como ‘la gran inserción’. Se trata de los textos de Lucas 9:51 a 18:14, los cuales no figuran en el códice Sinaítico y en algún otro códice antiguo, aunque sí en todos los demás códices que fueron amañados con posterioridad. A mediados del siglo XV Gutemberg inventó la imprenta y su primer trabajo fue la Biblia. Dado que se imprimieron no pocos ejemplares de la Biblia, con base en la Vulgata, los cuales fueron a parar a diversas manos y no se controló del todo el asunto por la Iglesia, ésta no retocó más los textos neotestamentarios.

 

martes, 8 de agosto de 2017

¿Se escribió el Nuevo Testamento en el siglo IV? (1)

 

    El códice del Nuevo Testamento más antiguo que existe es el Sinaíticus, escrito en griego antes de mediados del siglo IV. Se cree que es una de las cincuenta copias que efectuó Eusebio de Cesarea por encargo del emperador Constantino. Este códice no contiene los dos primeros capítulos de los evangelios de Mateo y de Lucas, ni los 18 primeros versículos del evangelio de Juan. Tampoco contiene los pasajes de la resurrección, apariciones y ascensión de Jesucristo. Los cuatro evangelios principian en realidad con la predicación de Juan el Bautista en el desierto y terminan con la puesta en la tumba de Jesús. El códice es tan diferente de otros posteriores, que muchos teólogos dicen que es herético.

    Cerca de finales del siglo IV el obispo Dámaso de Roma (entonces no existía la figura del Papa) le encargó a Jerónimo de Estridón que elaborase la Vulgata Latina o traducción al latín del texto griego de Eusebio. Jerónimo se valió de uno de los códices en griego del Nuevo Testamento y de las traducciones latinas existentes del mismo. Jerónimo escogió para su trabajo las traducciones latinas del texto griego que mejor le parecieron, así como una de las copias de los códices de Eusebio. No empleó supuestos escritos del Nuevo Testamento de los siglos I a III por la sencilla razón de que no existían en su tiempo. De haber existido, los hubiera tenido en cuenta. Solamente se valió de los textos griegos de Eusebio y de una selección de traducciones latinas de los mismos.

    Jerónimo recalcó que el trabajo era difícil, pues los textos a la vista presentaban múltiples diferencias. Así que se las arregló como pudo, no solamente para traducir los textos, sino para recomponerlos y fundirlos en un texto latino definitivo, que fue la Vulgata, que incluía varios añadidos que no se hallaban en los originales. Los escritos griegos y latinos anteriores a la Vulgata fueron destruídos, aunque alguno escapó, entre ellos el Códice Sinaíticus, el más antiguo de todos. Este códice lo descubrió Konstantin Von Tischendorf en el monasterio de Santa Catalina del Monte Sion, a mediados del siglo XIX.

    De la Vulgata latina, ya a finales del siglo IV o principios del V, se hicieron los códices que hoy conocemos y que fueron retocados por la Iglesia durante los siglos, a medida que añadía textos al Nuevo Testamento, para lo cual retiraba los códices más antiguos y ponía en su lugar los nuevos. Todos estos códices siguen fielmente el texto de la Vulgata, en tanto que el códice Sinaíticus difiere sustancialmente de los códices basados en la traducción latina de Jerónimo.

    La Iglesia hizo pasar los códices basados en la Vulgata como si fueran producto de los siglos II y III, por medio de copiarlos en papiro con caracteres de otros tiempos, y así hacer creer a los lectores que los evangelios y cartas atribuidas a los apóstoles y otros autores neotestamentarios eran mucho más antiguos. Pero ¿cómo pueden ser anteriores al códice Sinaíticus unos escritos que se basan en la Vulgata y que provienen de finales del siglo IV, mientras el códice Sinaíticus es de antes de mediados de ese siglo IV? Jerónimo no conoció escritos neotestamentarios anteriores al siglo IV. Solamente se basó en los textos griegos de Eusebio y en las traducciones latinas anteriores a la Vulgata y que diferían entre sí, pues ‘cada cual tradujo el texto griego como pudo’.

 

sábado, 8 de julio de 2017

De nuevo acá

    Mes y medio he estado dando conferencias por el territorio de los EEUU y he tenido innumerables experiencias. Buena parte de los auditorios lo formaban testigos de Jehová, quienes adquirieron la obra 'La verdad de los años 607-537 a.C. y 1914', cuyas tres ediciones se agotaron. En el equipo conferencista tenía a un ex anciano y a un ex superintendente de circuito.
    En una de las ciudades nos abordó un anciano TJ, que nos interrumpió, subió a la tarima y dijo que lo que exponíamos era mentira. Le preguntamos a qué puntos exactamente se refería y se los rebatimos allí mismo, quedando el anciano al final sorprendido porque jamás había pensado en que el 'esclavo' pudiera estar equivocado. Pidió perdón por la interrupción y bajó a ocupar su asiento. Después de la conferencia nos solicitó un ejemplar.
    A día de hoy la obra (230 páginas) está agotada y ya preparamos una cuarta edición ampliada. La obra se envía discretamente a lista de correos, contra reembolso de los gastos de impresión y correo. En los centros de conferencias la hemos dado por solamente 5 dólares para cubrir el gasto. El correo supone más del doble. Los envíos a Europa se realizan desde España.
    Tras el largo paréntesis, reanudo la actividad del blog. Para sorpresa me encuentro con que se ha superado el millón de visitas, gran parte de las cuales proceden de Rusia, y eso es lo que más sorprende, pues en Rusia no se habla castellano, que se sepa. ¿O acaso traducen los artículos?
    Un caluroso saludo para todos los lectores.

   

sábado, 20 de mayo de 2017

Testimonio de Milton Boone


Anexo del libro 'La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914'
 
Testimonio de Milton Boone

    Siempre me había llamado la atención el hecho de que la Organización de los testigos de Jehová defendiera la fecha del 607 a.C. como año de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, cuando los historiadores, a través de múltiples datos reales y profundos estudios sobre los mismos, daban sobrada evidencia de que tal destrucción aconteció en el año 587 a.C., que fue el año 18 (en otra parte de la Biblia se habla del año 19) del reinado de Nabucodonosor. Solamente del imperio neobabilonio, desde Nabopolasar hasta Nabonido, existe casi más documentación que de toda la historia de la humanidad en conjunto.

    La primera vez que planteé la objeción sobre las fechas fue a al anciano me daba el estudio bíblico según el libro ‘La Verdad que lleva a vida eterna’. Tuvieron que asignarme un anciano porque me daba por hacer preguntas comprometedoras. El anciano, muy serio, me dijo que con ese tipo de preguntas no podía seguir el estudio, aunque me aseguró que los historiadores estaban equivocados en la fecha. No me atreví a preguntar más y acepté la fecha del 607 a.C. Entonces no tenía yo un conocimiento de la Historia como ahora lo tengo, pues cursé el profesorado correspondiente y aún sigo dando clases en una conocida institución.

    También mi conocimiento bíblico es hoy mayor, pero no porque haya estudiado la Biblia con los Testigos, sino porque la investigué imparcialmente por mi cuenta, consultando a fondo más de veinte distintas versiones y traducciones bíblicas, además de varios Nuevos Testamentos interlineales. Igualmente estudié griego clásico, del que asimismo obtuve la correspondiente licenciatura. Si me hubiera limitado a lo que de la Biblia imparten los testigos de Jehová, hubiera seguido siendo un párvulo crédulo y no hubiera conocido más que los típicos textos que se manejan en la predicación.

    La Biblia no da fecha alguna. Las fechas las dan los historiadores. Para llegar a ellas les ha sido necesario estudiar y contrastar innumerables documentos antiguos. Por ejemplo, la fecha del 539 a. C. como año de la caída de Babilonia la dieron los historiadores gracias a la profundidad de sus estudios. Los testigos de Jehová aceptan dicha fecha porque la pregona su Cuerpo Gobernante; pero no aceptan la fecha del 605 a.C. que dan los mismos historiadores para el inicio del reinado de Nabucodonosor, pues, de aceptarla, no les cuadraría a los Testigos el año 607 a. C. como el 18 de Nabucodonosor.

    Debido a un serio error que los adventistas le pasaron a Russell, la organización de los Testigos sigue defendiendo que Nabucodonosor fue entronizado en el 625 a. C. y así llegan al 607 a.C. como el año 18 de Nabucodonosor. Si Russell se hubiera detenido a investigar siquiera una parte de las doctrinas que el adventista Barbour le transmitía, hubiera descubierto que Nabucodonosor no arruinó Jerusalén en el año 606 a.C., que era lo que se defendía hasta el año 1943, en que la organización de los Testigos adelantó la fecha al 607 a.C., tal como se lee en el libro ‘La verdad os libertará’, hoy desconocido para la inmensa mayoría de los fieles.

    Acerca de los 70 años atribuidos al destierro de los judíos en el año en que Nabucodonosor destruyó Jerusalén, nada encontramos en la Biblia. Los 70 años están referidos al imperio babilonio y no a los desterrados. Pero los testigos de Jehová entienden que esos 70 años son los que transcurrieron entre el año de la destrucción de Jerusalén y la salida del cautiverio de los judíos. Los Testigos predican lo que les ordena su Cuerpo Gobernante y ningún Testigo puede leer la Biblia con otro sentido que no sea el que enseñan los líderes de la Organización, aunque la interpretación esté equivocada.

    Son incontables los errores de la enseñanza bíblica del Cuerpo Gobernante. Por dicho motivo cambia periódicamente las doctrinas y la interpretación de muchos pasajes de la Biblia y dice que se trata de ‘nueva luz’. Pero la Verdad no admite nueva luz porque no puede cambiar. Un superintendente de circuito con el que crucé palabras me dijo que lo que cambia no es la Verdad, sino el entendimiento de la Verdad. Le respondí que entonces no estábamos en la Verdad, sino en el entendimiento de la Verdad. Con el tiempo me enteré de que tal superintendente había abandonado la Organización.

    Poco después obtuve la licenciatura en Historia y comencé a dar clases con el nuevo curso escolar. Noté que eso del profesorado no les hacía gracia a los ancianos de la congregación y un buen día, armado de valor, les hice ver que lo del año 607 a.C. no era correcto. Al cabo de un tiempo les presenté mi carta de renuncia, dado que intuía que me expulsarían. Casualmente mi carta de renuncia se cruzó con la nota que me enviaron los ancianos citándome a un comité judicial, al que no acudí. Mi esposa, hija de un anciano y que llevaba en la congregación desde que nació, también presentó conmigo su renuncia.

    En honor a la verdad, no podía continuar en una Organización que en modo alguno estaba enseñando la verdad de la Biblia. Dos de aquellos ancianos abandonaron la congregación no mucho tiempo después, a raíz de la investigación que realizaron sobre fechas y doctrinas. Lo mismo les ocurrió a varios miembros de la congregación con la que me reunía.  

    Después de quince años me sentía como el ave que sale de la jaula. Tenía entonces 36 primaveras y me dediqué con más ahínco a la enseñanza, tanto de Historia como de Griego. Pocos años después inicié un curso especial de Sagrada Escritura, que tuve que hacerlo en Roma, por lo que solicité excedencia del profesorado durante dos años.

    Fue en Roma donde aprendí cómo y cuándo en realidad había sido escrita la Biblia, tanto el Antiguo Testamento de los judíos como el Nuevo, este último íntegramente en griego, pero que por orden papal fue recompuesto en el latín de entonces, casi a finales del siglo IV, por Jerónimo de Estridón, y a partir de la Vulgata de Jerónimo se compusieron los correspondientes códices, presentados con caracteres de otros tiempos para hacerlos pasar por más antiguos. A principios del siglo XV, antes de la invención de la Imprenta, le fueron añadidos al evangelio de Lucas los capítulos y versículos 9:51 a 18:14, que forman la ‘gran inserción’, copiados en su mayor parte de los evangelios de Marcos y Mateo. Pero ésta y la anterior son ya otras historias que pudieran causar gran desasosiego a los devotos.

    No hace mucho tuve la fortuna de leer en un periódico varios artículos del profesor José Yosadit Von Goethe, cuyo contenido coincidía íntegramente con lo que yo tenía asumido de la Historia. Acudí a una de sus conferencias en Nueva York y, entrevistado con él, me refirió que no hacía otra cosa que dar a conocer lo que otros ya habían publicado más ampliamente. Y me recomendó la lectura de varios libros que gustosamente compré. Me chocó que dos de ellos fueran escritos por un antiguo componente del Cuerpo Gobernante. Esos libros me ayudaron a disipar completamente algunas dudas que albergaba.

    Ahora, a la vista de los escritos que me envía para que le dé mi opinión, no puedo menos de sorprenderme por la sencilla explicación de los mismos. Espero que ayudarán a muchos testigos de Jehová de mente abierta a descubrir la verdad que se les oculta.

viernes, 19 de mayo de 2017

Testimonio de John Walter


 
Anexo del libro 'La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914'

Testimonio de John Walter

   Durante casi veinticinco años he sido anciano de congregación de los testigos de Jehová y he discursado en numerosas asambleas de circuito y de las que antes se conocían como de distrito, hoy llamadas asambleas regionales. Llegué a estar en el punto de mira de la superioridad para ser superintendente de circuito, lo cual me obligué a rechazar en cuanto me lo propusieron por no considerarme apto para ello.

    En la última década de mi actividad teocrática comenzaron a surgirme serias dudas con respecto a lo que en el argot congregacional de los Testigos se llama ‘la verdad’. Ello fue debido en principio a los drásticos cambios doctrinales habidos, sobre todo con respecto a la generación que no pasaría y finalmente al autonombramiento del Cuerpo Gobernante como único esclavo fiel y discreto, en detrimento de quienes fueron sus compañeros de fatigas, los que formaban el resto de los ungidos, de decenas de los cuales tengo constancia de su disconformidad, constándome que muchos de ellos han abandonado las filas al descubrir horrorizados, como yo mismo lo hice, que los del Cuerpo Gobernante son en realidad el esclavo malo de la parábola de Jesús.

    Me sorprendió que los del Cuerpo Gobernante dijeran que la generación que no pasaría eran los inicuos que no aceptaban la verdad de los testigos de Jehová. En mi fuero interno estaba seguro de que aquí se equivocaban, algo que comentamos entre varios ancianos. Posteriormente y por sorpresa se cambió este concepto y la generación pasó a ser el entero cuerpo del resto ungido. Finalmente la generación la componen dos grupos de ungidos, uno que vivió en 1914 y otro grupo más joven, cuyos individuos son traslapados o solapados por los del primer grupo. Indudablemente, esto era algo irracional. El apóstol Pablo dice que ‘sea conocido de todos los hombres lo razonables que son ustedes’. Pero el Cuerpo Gobernante estaba ahora demostrando su completa irracionalidad. Algo iba mal en la central mundial de los testigos de Jehová y por ende en todas las sucursales y congregaciones del mundo.

    Me di cuenta de que el Cuerpo Gobernante defendía ante todo a un imperio económico del que realmente dependía: el de la Watch Tower. Eso no podía ser cristianismo. Jesucristo, los apóstoles y los primeros cristianos no dependían de imperio económico alguno. Esa dependencia extra cristiana del Cuerpo Gobernante es lo que hace que periódicamente cambie las doctrinas para poder mantener a los adeptos dentro de su redil, ya que son los millones de adeptos los que sostienen al Cuerpo Gobernante y en definitiva a la Watch Tower. De ahí que el Cuerpo diga que recibe nueva luz o que la luz del entendimiento doctrinal se hace más brillante, según cree deducir de Proverbios 4:18. Sin embargo ese texto no se refiere a la luz del entendimiento, sino a la actitud o al camino de la persona. Es el mismo texto que tienen los masones para asegurar que el conocimiento va en aumento, a sabiendas de que el texto no se refiere al conocimiento aumentante.

    A los testigos de Jehová se les oculta la realidad y se les prohíbe pensar independientemente. Pensar con independencia del Cuerpo Gobernante es apostasía y quien así obra es expulsado automáticamente de la congregación, con el consiguiente ostracismo de sus miembros, que dejan de ser amigos y familiares, pues se corta toda relación con el expulsado o con el desasociado, aunque sea hijo, padre o madre. Ese tajante cortar sirve para que el expulsado o desasociado no sea escuchado al exponer argumentos que pueden resultar más que convincentes para que el oyente conozca la verdad oculta tras la fachada de cristianismo de la Organización de los testigos de Jehová.  

    Un cambio doctrinal sorprendente es el de la anulación de la fecha de 1918 como año de la inspección de Jesucristo a su esclavo fiel y discreto. Pero este cambio nada es al lado de la supresión de la fecha de 1919 como año del nombramiento del esclavo fiel sobre los bienes terrestres del amo Jesucristo. El nombramiento queda ahora para el futuro y lo que se dice que ocurrió en 1919 fue la designación de la Junta Directiva de la Sociedad Watch Tower como esclavo fiel y discreto.

    Pero resulta que en 1919 no existían los testigos de Jehová como tales, sino que el supuesto nombramiento de esclavo fiel y discreto se habría hecho a los Estudiantes Internacionales de la Biblia, una parte de los cuales -solamente una parte de ellos- tomaron en 1931 el nombre de testigos de Jehová. El resto, como el 70%, se había desasociado entre 1926 y 1927 por culpa de las extravagantes doctrinas no bíblicas de Rutherford, el segundo presidente de la Watch Tower.

    Por otro lado, consta que en 1919 no se estaba predicando la verdad y, si los de la Watch Tower no enseñaban la verdad en aquel tiempo, difícilmente Jesucristo pudo haber nombrado al conjunto de los miembros rectores como su esclavo fiel y discreto. Si lo que enseñaba la Watch Tower en 1919 fuera la verdad, ésta no tenía que haber cambiado con el tiempo. Si ha cambiado y hoy no se enseña lo que entonces se enseñaba, es que no era la verdad y por tanto Jesucristo no pudo haber nombrado como esclavo fiel y discreto a ningún individuo de dicha Sociedad mercantil.

    Rota la brecha con la argumentación precedente, me sentí libre de investigar otras muchas cosas y descubrí que absolutamente todo lo que recibíamos de la Watch Tower y del Cuerpo Gobernante no se correspondía con la Biblia, sino que todo se fundamentaba en interpretaciones erróneas de los adventistas y otros religiosos del siglo XIX, interpretaciones que Charles T. Russell aceptó sin rechistar y sin hacer las pertinentes averiguaciones sobre si eran ciertas o no.

    Y eso fue lo que dejó en herencia a sus Estudiantes de la Biblia. Posteriormente Rutherford suprimió doctrinas de Russell y puso en su lugar otras de su propia cosecha, que tampoco venían en la Biblia. Más tarde haría lo mismo Fréderick Franz, el cuarto presidente de la Watch Tower. Todas las doctrinas de los testigos de Jehová se fundamentan sobre interpretaciones erróneas de unos individuos que, con mentes ofuscadas porque se vanagloriaban de saber cosas de la Biblia que otros no sabían, llegaron a creer la mentira como si fuera verdad, y esa mentira la transmitieron a millones de cándidos que de la Biblia lo ignoraban todo y que también llegaron a creer la mentira como si fuera verdad.

    No era mucho lo que había averiguado; pero se me abrió un mundo cuando escuché la conferencia que dio el señor Von Goethe en Nueva York, quien amablemente me facilitó varios libros y documentales que el Cuerpo Gobernante tacha de apóstatas, aunque no pocos de ellos han sido producidos por personas que no son testigos de Jehová. Me fueron de gran ayuda los libros escritos por el ex miembro del Cuerpo Gobernante Raymond Franz, que destapó lo que realmente se amasaba entre sus colegas. La evidencia era abrumadora y terminé de convencerme de que durante décadas no había estado en las filas del verdadero cristianismo. De haber mantenido en época anterior un pensamiento crítico, no permitido por los dirigentes jehovistas, probablemente me hubiera desasociado antes, al descubrir la verdad de la verdad.

    Espero que las páginas precedentes les hayan sido de verdadero provecho a quienes las hayan leído imparcialmente, algo realmente difícil para cualquier testigo de Jehová.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Mi testimonio (y 5)


Anexo del libro 'La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914'
 
Mi testimonio (y 5)

    Queda claro entonces que es a los desterrados del año 8 de Nabucodonosor a quienes escribe Jeremías. No escribe a los desterrados del año 18/19, ya que Jeremías dirige su carta a los desterrados en el año cuarto de Sedequías. Faltaban, por tanto, siete años para que Nabucodonosor regresase a Jerusalén y la destruyese. Ahora bien, si el Cuerpo Gobernante enseña que los desterrados del año 18/19 estuvieron 70 años en Babilonia, los desterrados del año 8 habrían estado 11 años más, es decir, 81 años. Pero eso no está acorde con lo que se lee en Jeremías 25:12, que dice que, cuando se cumplieran los setenta años, se pedirían cuentas al rey de Babilonia y a la entera nación.

    ¿Qué significa pedir cuentas a un rey? Sencillamente, que no va a reinar más. Y el rey de Babilonia, Nabonido, dejó de reinar en el 539 a.e.c. Por tanto, en ese año se le pidieron cuentas y en ese preciso año se cumplían los 70 años. ¿70 años de qué? No del destierro de los judíos, sino del tiempo en que Babilonia reinó como imperio desde que terminó de anexionarse Asiria. Es decir, los 70 años van del 609 al 539 a.e.c. Sin embargo el Cuerpo Gobernante insiste en que los 70 años se refieren al destierro y finalizaron en el 537 a.e.c. Es decir, que, según el Cuerpo Gobernante, las cuentas se le pidieron al rey de Babilonia en el 537 a.e.c. Pero en el 537 ya no existía el rey de Babilonia. Había dejado de existir en el 539 a.e.c. Por tanto fue en ese año 539 cuando se le pidieron cuentas.

    ¿Qué ocurre entonces con el texto de Jeremías 29:10? ¿No se refieren los 70 años a los judíos desterrados? La verdad es que no. Jeremías se refiere al tiempo en que Babilonia dominó como imperio tras la conquista de la ciudad asiria de Harrán en el 609 a.e.c. Para saberlo con seguridad hemos de diseccionar imparcialmente el texto de Jeremías 29:10 para saber lo que realmente dice.

    El Cuerpo Gobernante continúa enfocando el significado del texto tal como lo hacía Russell y tal como lo hacía el adventista Barbour, que fue quien le inculcó la doctrina a Russell y éste no se paró a investigar si lo que se le transmitía era cierto o no.

    Para poder desentrañar el significado exacto del texto de Jeremías 29:10 tuve que saber primeramente cómo lo vertían las demás Biblias, particularmente las que traducían de los manuscritos hebreos o los consultaban. Así, por ejemplo, la Biblia Nácar Colunga lo expone así: ‘Cuando se cumplan los setenta años de Babilonia, yo os rescataré’. Y la Biblia de Jerusalén lo vierte de esta manera: ‘Cuando a Babilonia se le cumplan los setenta años…’ Otras versiones y traducciones bíblicas venían a decir lo mismo.

    Ante la nueva perspectiva para entender el texto, o sea, que los 70 años se referían a Babilonia y no al destierro de los judíos, me obligué a consultar al catedrático judío ya mencionado, así como a dos profesores de teología, expertos además en temas bíblicos. Los tres eruditos coincidieron en afirmar que, desde principios del siglo XX, casi todas las biblias han corregido la preposición ‘en’ del texto de Jeremías 29:10. En hebreo la preposición se pronuncia ‘le’ y en el texto que nos ocupa no se traduce por ‘en’, sino por cualquiera de estas tres proposiciones: ‘a, de, para’.

    Ya he adelantado cómo traducen el texto la Nácar Colunga y la Biblia de Jerusalén. Por si fuera poco, un anciano sueco me informó de que en el año 2002 la Watch Tower había impreso una Traducción del Nuevo Mundo en sueco donde Jeremías 29:10 se vertía de la siguiente manera (traducido): ‘Conforme se cumplan setenta años para Babilonia…’ La preposición sueca era ‘for’, escrita igual que su homónima inglesa.

    Aclarado que los 70 años de los que habla Jeremías 29:10 no se refieren a los desterrados, sino a la duración del imperio babilonio desde que terminó de anexionarse Asiria (639-539 a.e.c.), quedó deshecho el erróneo entendimiento de que los judíos habían permanecido 70 años en Babilonia tras ser destruída Jerusalén. Por tanto no se pueden contar 70 años hacia atrás a partir del 537 a.e.c., ya que los 70 años no son años de destierro.

    Por otro lado resulta que los judíos no salieron del destierro en el 537 a.e.c., sino, muy probablemente, en el 538 a.e.c. El error de señalar al año 537 a.e.c., que fue impuesto por la Watch Tower en 1943 para cuadrar los 2.520 años de los hipotéticos tiempos de los gentiles, parte asimismo de la creencia de que el año primero de reinado de Ciro se dio entre Octubre del 538 y Octubre del 537 a.e.c.

    El año primero de Ciro fue, por el sistema judío, de Octubre del 539 a Octubre del 538 a.e.c. Y por el sistema persa, de la Primavera (Marzo) del 538 a la Primavera (Marzo) del 537 a.e.c. El error está en creer que el año de ascenso de los reyes suponía un tiempo de 365 días. El llamado año de ascenso de los reyes no significaba que estuvieran un año entero esperando a su primer año de reinado. El año de ascenso podía durar casi un año o menos de un mes, según cuando el rey fuera ascendido al trono. El año primero de reinado comenzaba con la primavera, coincidiendo con el inicio del año civil.

    En el caso de Ciro como rey de Babilonia, su año primero fue el ya mencionado, según se computase por el sistema judío o por el persa. Los judíos salieron del destierro en el año primero de Ciro, probablemente hacia finales de Abril. Por ambos sistemas el tiempo de salida del destierro estaba dentro del año primero de Ciro.

    En la obra de Josefo ‘Contra Apión’ se lee que el Templo de Jerusalén, refiriéndose a los cimientos, comenzó a construirse en el año segundo de Ciro, cincuenta años después de ser destruido el Templo anterior. El año segundo de Ciro por el sistema judío corrió de Octubre del 538 a Octubre del 537 a.e.c. Y por el sistema persa, de la Primavera del 537 a la Primavera del 536 a.e.c. Como los cimientos del Templo se pusieron hacia mediados de Julio, tenemos que el suceso acaeció en el año 537 a.e.c. Los judíos llevaban en Jerusalén desde finales de Septiembre del año anterior, pues llegaron a tiempo para celebrar la Fiesta de las Cabañas. Por tanto los judíos tuvieron que haber salido del destierro en la primavera del año 538 a.e.c.

    Me dí cuenta, pues, del error de entendimiento que me transmitió aquel superintendente de circuito a quien le había preguntado que por qué los testigos de Jehová dicen que Jerusalén cayó en el 607 a.C., pero los historiadores aseguran que dicha caída tuvo lugar en el 587 a.C. Por la Historia, la Arqueología y la Astronomía se demuestra que Jerusalén fue destruída por Nabucodonosor en el año 587 a.C. Incluso de la misma Biblia puede deducirse esa fecha. La Biblia no dice que los judíos estuvieron 70 años en el destierro tras ser arrasada Jerusalén por Nabucodonosor. Eso es un falso entendimiento que a Russell le transmitió el adventista Barbour, quien antepuso su propio punto de vista al de la clara narración bíblica. Su pensamiento fue obnubilado por ideas preconcebidas, como le sucedió a Russell y posteriormente a Rutherford, a Knorr, a Franz y al propio Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová.

    A día de hoy no hay manera de corregir este mal entendimiento de los 70 años, los cuales se refieren a la duración del imperio babilonio tras la conquista definitiva de Asiria en el año 609 a.C. y no se refieren al tiempo en que los judíos permanecieron desterrados en Babilonia. Si los dirigentes jehovistas aceptan que los 70 años no se refieren al destierro de los judíos, se vienen abajo las fechas 607 a.e.c. y 1914. Y 1914 es la fecha fundamental de la doctrina de los testigos de Jehová. Cambiar esto supondría un abandono masivo de las filas por parte de los adeptos, tal como ocurrió con los Estudiantes de la Biblia entre 1926 y 1927, cuando despareció más del 70% de ellos por culpa de las falsas doctrinas impuestas por Rutherford.

    Hoy tengo claro que los babilonios terminaron de conquistar Asiria en el año 609 antes de nuestra era; que Nabucodonosor ascendió al trono en el 605 a.C.; que la destrucción de Jerusalén por los babilonios aconteció en el 587 a.C.; que el año 37 de Nabucodonosor fue el 568 a.C., como demuestran los astrónomos; que los 70 años de Babilonia terminaron en el 539 a.C. y que los desterrados de Jerusalén comenzaron a salir de Babilonia en el 538 a.C. Finalmente he comprendido que la Biblia no dice que desde la caída de Jerusalén hasta 1914 habrían de transcurrir 2.520 años, los cuales son invención del entusiasta bíblico John Aquila Brown, que impuso la creencia en 1823. Los 2.520 años son elucubración mental de religiosos dados a la numerología.

    Russell aceptó, sin pensar, fechas, tiempos y doctrinas del adventista Barbour y tomó todo ello como verdad bíblica, siendo el caso que la Biblia nada indica al respecto. Y todo esto continúa como doctrina fundamental de los testigos de Jehová.

   

 

martes, 16 de mayo de 2017

Mi testimonio (4)


 
Anexo del libro 'La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914'
 
Mi testimonio (4)

    Si en el año cuarto de Darío, que fue el 517 a.e.c., los judíos llevaban ayunando 70 años en el mes quinto por la destrucción del templo de Jerusalén, ¿en qué año fue destruido el templo? Al 517 hemos de añadir esos 70 años y llegamos al 587 a.e.c. como año de la destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén. Este asunto se lo sometí a un importante señor de Betel con quien tenía cierta amistad. Me dijo que, efectivamente, el texto bíblico de Zacarías señala claramente que el templo fue destruido en el 587 a.e.c., según los datos históricos que poseemos; pero ‘nosotros hemos de aceptar ante todo lo que diga el esclavo; y si la Biblia dice blanco, pero el esclavo dice negro, hemos de aceptar lo que diga el esclavo, que para eso fue nombrado por Jesucristo sobre sus bienes y uno de esos bienes es la propia Biblia’.

    Y añadió: ‘La explicación del esclavo es que los judíos estaban pensando lo que les ocurrió 20 años atrás, en el 537 a.e.c.’ Le repliqué que 20 años atrás no era el año cuarto de Darío, lo mismo que tampoco era el año sexto de Darío el 535 a.e.c., también 20 años atrás’. Y añadí que ese razonamiento no era lógico y que el apóstol recalca que ‘sea sabido de todos lo razonables que somos’. Y él saltó con que aquí la lógica no sirve de nada. Dada su edad, me dí cuenta de que aquel hombre no creía en nada y que estaba en Betel porque no tenía otro sitio a donde ir.

    Aquello, así como otras conversaciones que mantuve anteriormente con el dignatario betelita, acabó de decidir mi abandono de las filas de los testigos de Jehová. A mi estudio bíblico, que gracias a él pude conocer la realidad de las fechas, no tuve más remedio que darle la razón y él dejó de considerar textos con los testigos de Jehová, sabiendo que a nada le conducirían, salvo a oscurecer aún más el entendimiento.

    Existen muchas líneas de evidencia para la fecha del 587 a.e.c. como año de la destrucción de Jerusalén, líneas de evidencia que en primer lugar señalan a que Nabucodonosor ascendió en el año 605 a.e.c., siendo el 587 el año 18/19 de su reinado. Esas líneas de evidencia se basan en las ciencias de la Historia, la Arqueología y la Astronomía. Siendo el caso que fueron los historiadores los que marcaron la fecha del 539 a.C. como año de la caída de Babilonia, no hay razón para no aceptar la fecha del 605 a.C. para el inicio del reinado de Nabucodonosor, ni tampoco hay razón para no aceptar la fecha del 587 a.C. como año de la destrucción de Jerusalén.

    La fecha del 607 a.e.c., pues, es totalmente errónea y, al serlo, también lo es la de 1914, que sale de sumar 2.520 años al 607 a.e.c. Por regla de tres esos 2.520 años habría que sumárselos al 587 a.e.c. y se llegaría a 1934 como año de la toma de poder real de Jesucristo en el cielo. Pero resulta que los 2.520 años son invención de John Aquila Brown en 1823. Russell aceptó los 2.520 años, así como las fechas del 606 y 536 a.e.c. del adventista Barbour. Si Russell se hubiera detenido a averiguar, hubiera descubierto que ni fechas ni tiempos eran correctos. Pero no se detuvo a averiguar y pasó la doctrina a los Estudiantes de la Biblia y éstos a los testigos de Jehová, que continúan aceptando la mentira como si fuera verdad. Y a día de hoy no hay manera de corregir esto y tal mentira continúa propagándose.

    Tan solo me quedaba saber qué decía exactamente Jeremías 29:10 y a qué se referían los 70 años de los que habla el profeta, los cuales se me habían inculcado como referidos a años de destierro de los judíos. Lo primero en que me fijé es que el texto no menciona la palabra destierro y además la expresión ‘se cumplan’ está en modo impersonal. Hasta entonces entendía el texto así: ‘Conforme ustedes cumplan setenta años de destierro en Babilonia, yo me acordaré de ustedes’. Pero el versículo no dice eso. Dice ‘conforme se cumplan…’

    Se me hacía obligado estudiar a fondo el capítulo 29 de Jeremías, que es una carta que el profeta escribió a los desterrados de Jerusalén, como indica el versículo primero. ¿Escribía Jeremías a los desterrados del año en que Nabucodonosor había arrasado Jerusalén? Ya el versículo uno informa de que Jeremías escribía su carta desde Jerusalén. Pero resulta que, según el Cuerpo Gobernante, Jerusalén estaba destruída, ya que, según ese Cuerpo, Nabucodonosor había arremetido contra la ciudad y se había llevado cautivos a gran número de habitantes. ¿Es que Jeremías vivía entre ruinas?

    El versículo 16 aclaraba algo más: señala que ‘esto es lo que ha dicho Jehová al rey que se sienta en el trono de David y a todo el pueblo que mora en esta ciudad, sus hermanos que no han salido con ustedes al destierro’. Esto indica que cuando Jeremías escribía a los desterrados aún había rey en Jerusalén y había también personas que no habían sido desterradas. Por tanto Jeremías no podía estar escribiendo a los desterrados del año 18/19, cuando Nabucodonosor destruyó el templo y la ciudad. ¿A quiénes exactamente escribía Jeremías?

    El versículo 2 lo indica. Habla del tiempo en que Jeconías era rey de Jerusalén. ¿Quién es este Jeconías? Una llamada en la columna central de textos remite a 2 Reyes 24:8 y siguientes. Aquí se detecta que Jeconías era el rey Joaquín. Las consonantes de la raíz son idénticas en ambos nombres (JKN). Pues bien, cuando este Joaquín o Jeconías  llevaba tres meses reinado, se acercó Nabucodonosor a Jerusalén en su año octavo de reinado y se llevó al cautiverio a un gran número de personas, número más de tres veces mayor que las personas que se llevó al destierro cuando destruyó Jerusalén en el año 18/19. Jeremías escribe que, en el año de la destrucción de Jerusalén, Nabucodonosor se llevó al destierro a 832 personas, mientras que once años atrás se había llevado a 3.023 habitantes de la capital judaica.

lunes, 15 de mayo de 2017

Mi testimonio (3)


 

Anexo del libro 'La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914'



Mi testimonio (3)
 
    Vi claramente que, si los historiadores se hubieran equivocado en la fecha del 609 a.e.c., también se habrían equivocado en la del 539 a.e.c. Pero, dado que la fecha del 539 a.e.c. era correcta, por fuerza también habría de serlo la del 609 a.e.c., que fue el punto de partida para llegar a la fecha del 539 a.e.c. De todas maneras, era preciso contar con alguna corroboración de que la fecha del 609 a.e.c. era correcta. Y así fue. Una de las tablillas cuneiformes, la catalogada como Nabón 8, indica que Nabonido tuvo un sueño en el año primero de su reinado. En el sueño el dios Sin le ordenaba reconstruir el templo de la ciudad de Harrán, destruido 54 años atrás, cuando los babilonios tomaron Harrán.

    El año primero del reinado de Nabonido fue el 555 a.e.c. (Nabonido subió al trono en el 556 a.e.c. y dejó de ser rey de Babilonia en el 539 a.e.c., después de 17 años; por tanto han de sumarse 16 años al 539 a.e.c. para saber cuándo fue su año primero de reinado o año siguiente al de su ascenso. 539 + 16 = 555). Si al año 555 le sumamos los 54 años que indica la tablilla, se llega al 609 a.e.c. como año de la toma de Harrán y destrucción de su templo por los babilonios. Así, pues, quedaba corroborado el año 609 a.e.c. como el de la caída de Harrán e inicio de los 70 años de exclusividad imperial de Babilonia tras la conquista definitiva de Asiria.  

    Comprobado por las tablillas cuneiformes que los años 609 y 539 a.e.c. eran correctos y que el ascenso al trono de Nabucodonosor aconteció cuatro años después de la toma de Harrán en el 609 a.e.c., se llega al año 605 a.e.c. como el del ascenso de Nabucodonosor. Entre el 605 y el 539 a.e.c. corren los 66 años de reinado de Nabucodonosor (43 años), Evil Merodac (2 años), Neriglisar (4 años), Labashi Marduk (cero años) y Nabonido (17 años). Esos 66 años los aplicaron los historiadores al 605 a.e.c. y así corroboraron el 539 a.e.c. como año de la caída de Babilonia. El año 18/19 de Nabucodonosor fue el 587 a.e.c., en que destruyó Jerusalén. Por tanto son inseparables las fechas 609, 605, 587 y 539 a.e.c.

    Dentro de las tablillas cuneiformes están los llamados ‘diarios astronómicos’, que detallan diversas posiciones estelares en un determinado periodo. La más importante de estas tablillas es el diario astronómico VAT 4956, que relaciona 28 posiciones de los planetas con relación a la Luna y ciertas estrellas. La tablilla indica que estas posiciones se dieron en el año 37 de Nabucodonosor. Los astrónomos tradujeron a nomenclatura moderna los datos de la tablilla y los introdujeron en el programa informático que indica exactamente cuándo van a producirse los eclipses y qué posiciones estelares se darán en un periodo de 25.920 años.    

    La razón de esos 25.920 años está en los movimientos de la Tierra. Aparte de los movimientos de rotación y de traslación, la Tierra tiene un tercer movimiento de importancia llamado de ‘precesión’. Este consiste en el desplazamiento a modo de trompo del eje terrestre, el cual hoy señala a la estrella Polar. Cada 2.160 años el eje terrestre apunta a una estrella guía diferente. Dentro de 12 periodos de 2.160 años, o 25.920 años en total, el eje terrestre volverá a apuntar a la estrella Polar. Ello indica que las posiciones astronómicas no se repiten hasta pasados 25.920 años.  

    Los datos del diario astronómico VAT 4956 que los astrónomos introdujeron en el programa informático dieron como resultado que el único año en que pudieron darse las posiciones astronómicas indicadas en la tablilla fue el 568 a.e.c. Como la tablilla indica que las posiciones estelares se dieron en el año 37 de Nabucodonosor, significa que el 568 a.e.c. corresponde inequívocamente a ese año de Nabucodonosor. Y si al 568 se le añaden esos 37 años, se llega al 605 a.e.c. como año de ascenso de Nabucodonosor al trono de Babilonia. El año 568 a.e.c. ha sido bautizado por los astrónomos como ‘año científico absoluto’ para medir los acontecimientos históricos. El año 539 a.e.c. no es fecha absoluta porque no está comprobada astronómicamente, aunque sí es fecha exacta.

    ¿Está la Biblia de acuerdo con la fecha 607 a.e.c. para la destrucción de Jerusalén… o más bien lo está con la fecha 587 a.e.c.? Veamos. El libro de Esdras 6:15 menciona que el templo de Jerusalén (la casa de Dios) se terminó de construir en el año sexto del rey Darío. ¿Cuándo fue el año sexto de Darío? El libro ‘Toda Escritura’ lo aclara en la parte dedicada a Esdras, párrafo 10. Ahí dice que el nuevo templo de Jerusalén levantado después del destierro se inauguró en el año 515 a.e.c. Por tanto, si el año sexto de Darío fue el 515 a.e.c., su año primero fue el 520 a.e.c.; su año segundo, el 519 a.e.c.; su año tercero, el 518 a.e.c., su año cuarto, el 517 a.e.c., y su año quinto, el 516 a.e.c.

    Esdras habla del progreso del templo en los tiempos de Zacarías. ¿Qué dice el libro de Zacarías? En el capítulo 7 se lee que en el año cuarto de Darío los judíos estaban ayunando en el mes quinto desde hacía largo tiempo. ¿Por qué ayunaban en el mes quinto? Jeremías 52:12 indica que fue en el mes quinto cuando se destruyó el templo. Por tanto los judíos ayunaban en el mes quinto debido a que en ese mes fue destruido el templo por los babilonios. ¿Durante cuántos años estaban ayunando? El versículo 5 lo aclara: durante setenta años.    

 

domingo, 14 de mayo de 2017

Mi testimonio (2)


Anexo del libro 'La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914'
 
Mi testimonio (2)


    Me entrevisté con varios catedráticos de Historia y todos me decían lo mismo. Uno de ellos, practicante del judaísmo, conociendo mi relación con los Testigos, afirmó que los testigos de Jehová estaban equivocados en las fechas. Le pregunté por qué, si la Biblia dice que los judíos estuvieron 70 años en el destierro y salieron de él en el 537 a.e.c., dando por tanto que 70 años atrás llevaban al 607 a.e.c. como año de la caída de Jerusalén. Me dijo que la Biblia no decía que los judíos hubieran estado desterrados 70 años después de la caída de Jerusalén. Eso me sorprendió y me alarmó, así que le mostré el texto de Jeremías 29:10. Como me viera algo excitado, intentó tranquilizarme y me dijo que me explicaría detenidamente lo que el texto realmente significaba, pues había algo que yo evidentemente desconocía. No quise dejar que me explicara nada, pensando que escucharle equivaldría a apostatar de los Testigos, y por ende, de la que entendía que era la verdad.  

    Profundicé más en la investigación y lo primero que se me ocurrió fue empezar por el principio, es decir, por qué los historiadores dicen que Babilonia había caído ante Ciro en el 539 a.C. Pudiera ser que los historiadores se hubieran equivocado. Tras mucho indagar descubrí que los historiadores, creyendo basarse en los escritos de Tolomeo, habían dado antes la fecha del 536 a.C. para la caída de Babilonia y la del 606 a.e.c. para la conquista definitiva de Asiria, cuando los babilonios tomaron la ciudad de Harrán, que fue la última en caer. Pero en los primeros años del siglo XIX los historiadores descubrieron que esas fechas estaban equivocadas y las corrigieron.

    Para corregir las fechas se basaron en la cronología de Egipto. Esa cronología, según los historiadores, presenta unas fechas que son exactas o imposibles de resultar erróneas en cuanto a los acontecimientos históricos. Una de ellas fue el año 610 a.C., en que subió al trono de Egipto Necao II, hijo de Psamético I. A este Necao la Biblia lo llama Nekó. En el año primero de su reinado, es decir, a partir de la primavera del 609 a.C., que es cuando empezaba el año, Necao acudió en ayuda de los asirios que se habían atrincherado en Harrán. Dado que la fecha del 610 a.C. era exacta, los historiadores llegaron a la conclusión de que la del 609 a.C. en que tuvo lugar la toma de Harrán también era fecha exacta. Y como el imperio babilonio duró 70 años después de la conquista de Harrán, los historiadores aplicaron 70 años al 609 y así llegaron al 539 a.C. como año de la caída de Babilonia.

    Eso me sorprendió, pues los Testigos afirman que Harrán fue tomada por los babilonios en el 629 a.e.c. y que el imperio babilonio no duró 70 años tras esa toma, sino que duró 90 años, del 629 al 539 a.e.c. El caso es que todos los historiadores estaban de acuerdo en aseverar que el imperio babilonio tras la conquista de Harrán había durado 70 años y que fue gracias a ese dato que se llegó al 539 a.C. como año de la caída de Babilonia. Si realmente el imperio babilonio hubiera durado 90 años tras la toma de Harrán, los historiadores hubieran dado la fecha del 519 a.C. para la caída de Babilonia. Pero dieron como año de ese acontecimiento el del 539 a.C.

    Los historiadores corroboran el año 539 a.C. por los listados de Beroso y Tolomeo, de los cuales el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová dice que no son correctos y que a ambos se les olvidó insertar 20 años más de reinado de los monarcas babilonios. Sin embargo los historiadores presentan, además de los listados de Beroso y Tolomeo, la lista de los reyes en Uruk, que es más extensa que aquéllos, y la estela de Adad Guppi, que fue la madre del rey Nabonido. Tanto de esta estela como de la lista de los reyes en Uruk guardaba silencio el Cuerpo Gobernante, lo cual me intrigó, y ello a pesar de que la lista de los reyes en Uruk fue descubierta a mediados del siglo XX.   

    Cotejé las copias de todas esas listas en los libros históricos y todas coincidían en mencionar que: Nabucodonosor reinó 43 años; su hijo Evil Merodac, 2 años; Neriglisar, 4 años; Labashi Marduk, unos pocos meses (cero años porque el rey murió en su año de ascenso), y Nabonido, 17 años. En total reinaron 66 años y los historiadores aplicaron esos años al 605 a.e.c., en que había empezado a reinar Nabucodonosor. Del 605 al 539 a.e.c. van justamente 66 años. Si esos 66 años se aplican al año 629 a.e.c., se llega al 559 a.e.c. como año de la caída de Babilonía, lo cual no es correcto.

    Ya este dato de los 66 años de reinado transcurridos entre Nabucodonosor y Nabonido me dio seguridad de que los historiadores estaban en lo correcto. Además estaban las decenas de miles de tablillas cuneiformes descubiertas en Babilonia, las cuales, ordenadas según los listados, no dejaban intercalar más años entre los reyes citados. Por otro lado, el historiador Josefo detalla ese mismo listado de reyes y sus tiempos de reinado en su obra ‘Contra Apión’, que fue la última que escribió y no tuvo interpoladores.