sábado, 25 de mayo de 2013

Los setenta años de Babilonia (3)


    Una tablilla cuneiforme que de paso corrobora los setenta años de duración del imperio babilonio desde la toma de la ciudad de Harrán hasta la caída de Babilonia, así como la exactitud de las listas de Beroso y Tolomeo, amén del listado de los reyes en Uruk, es la Estela de Adad Guppi, de la que la Sociedad Bíblica Watchtower guarda absoluto silencio. Adad Guppi era la madre del rey Nabonido y, cuando murió, su hijo el rey le compuso el texto de la estela descubierta en las excavaciones de Harrán mediado el siglo XX.  

    La estela recoge los años de reinado desde Asurbanipal hasta Nabonido. Como indica que Adad-Guppi nació en el año 20 del rey asirio, eso significa que ella vivió 22 años con Asurbanipal, quien reinó 42 años en total. Posteriormente vivió Adad Guppi los 3 años de reinado de Ashuretilili (éste y aquél, reyes asirios), los 21 años de Nabopolasar, los 43 de Nabucodonosor, los 2 de Awel Marduk (el Evil Merodac bíblico) y los 4 años de Neriglisar (estos cuatro últimos, reyes babilonios). Para entonces Adad Guppi había cumplido 95 años. La estela no menciona al sucesor de Neriglisar y antecesor de Nabonido, Labashi Marduk, ya que murió tras unos meses de reinado y, no habiendo llegado a su año primero de reinado, no se le computa año alguno de reinado. Nabonido ascendió al trono en el mismo año en que fallecieron los dos soberanos precedentes. La estela detalla que Adad-Guppi vivió un total de 104 años, desde el año 20 de Asurbanipal hasta el año 9 de Nabonido.

    Puesto que Nabonido reinó 17 años, del 556 al 539 a.e.c., su año 9 correspondió al 547 a.e.c. Entonces, si al 547 se le añaden 9 años de Nabonido, más 4 de Neriglisar, más 2 de Evil Merodac, más 43 de Nabucodonosor, que en total suman 58 años, llegamos al 605 a.e.c. como año de ascenso de Nabucodonosor (547+58=605). Los años de reinado de los monarcas babilonios desde Nabucodonosor hasta Neriglisar (que son los reyes que por ahora nos interesan) recogidos en la Estela de Adad Guppi, son los mismos que enumeran Beroso, Tolomeo y la lista de los reyes en Uruk, todo lo cual está también de acuerdo con las decenas de miles de tablillas cuneiformes descubiertas en las excavaciones de Babilonia.

    El escritor judío Flavio Josefo cita del listado de Beroso en su obra “Contra Apión” y confirma textualmente que Nabucodonosor reinó 43 años, Evil Merodac 2 años y Neriglisar 4 años, indicando asimismo que Nabonido reinó 17 años. Por tanto, la suma total de los tiempos de reinado de Nabucodonosor, Evil Merodac, Neriglisar y Nabonido fue de 66 años que, añadidos a la fecha del 539 a.e.c., se retrotraen al año 605 a.e.c., en que Nabucodonosor subió al trono de Babilonia. Y como la toma de Harrán tuvo lugar cuatro años antes del ascenso de Nabucodonosor en el 605 a.e.c., ello conduce al 609 a.e.c., en que Nabopolasar conquistó el último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán. La Estela de Adad Guppi, pues, ayuda a confirmar por deducción lógica los 70 años de Babilonia como imperio tras la conquista de Harrán.

    Otra manera de llegar a la fecha del 609 a.e.c. como el año de la toma de Harrán por los babilonios, ayudados por los medos, es por medio de la tablilla cuneiforme catalogada como “Nabon 8”. En ella se indica que en el año primero de su reinado, Nabonido recibió de los dioses el encargo de reconstruir el templo de Sin en Harrán, destruido 54 años antes. Como Nabonido subió al trono en el año 556 a.e.c., su primer año de reinado cayó en el 555 a.e.c. Si al año 555, en que Nabonido dice que recibió el encargo de reconstruir el templo de Harrán, le sumamos 54 años, llegamos indefectiblemente al 609 a.e.c. como el año en que fue destruido el templo de Sin en Harrán, justamente durante la toma de la ciudad por babilonios y medos.

    El 609 a.e.c. queda, pues, fijado y corroborado como el año de la conquista de Harrán, el último reducto importante de Asiria. Con ello empezaron los setenta años de reinado absoluto de Babilonia sobre las naciones que antes servían al rey de Asiria. Judá se encontraba entre esas naciones. Al año 609 le añadieron los historiadores los 70 años mencionados por el profeta Jeremías y así alcanzaron inicialmente la fecha del 539 a.e.c., más tarde confirmada por diversos medios que se consideran infalibles, como la añadidura al 605 a.e.c., año de ascenso de Nabucodonosor, de los 66 años de reinado de los monarcas babilonios desde Nabucodonosor hasta Nabonido, durante cuyo reinado fue conquistada Babilonia por Ciro en el año 539 a.e.c.

    Confirmado científicamente, tanto por los historiadores como por los arqueólogos, que Nabucodonosor comenzó su reinado en el 605 a.e.c., su año 18/19, en que asoló la ciudad de Jerusalén, cayó matemáticamente en el 587 a.e.c. Ambas fechas pueden también confirmarse por los diarios astronómicos de Babilonia, siendo el más significativo de ellos el catalogado como VAT 4956, cuyas evidencias científicas, aportadas por los astrónomos, han sido desprestigiadas sin razón por la Watchtower.

jueves, 23 de mayo de 2013

Los setenta años de Babilonia (2)

El profeta Jeremías escribe que las naciones habrían de servir setenta años al rey de Babilonia. Esas mismas naciones habían estado sirviendo hasta entonces al rey de Asiria; pero cuando Babilonia conquistó el último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán, todas aquellas naciones, incluída Judá, la patria de los judíos, se hallaron definitivamente bajo el yugo del rey babilonio.
    Jeremías continúa escribiendo que cada nación podía servir al rey de Babilonia dentro de su propio territorio y, en tanto lo hicieran así sus habitantes, podrían vivir con relativa tranquilidad en su país de origen. La única nación que no sirvió debidamente al rey de Babilonia fue Judá; por esa razón Nabucodonosor se llevó cautivos, en tres sucesivos grandes destierros, a casi todos los moradores de Jerusalén. En el año 18/19 de su reinado se obligó a destruir la capital judía. Es evidente que, si los judíos le hubieran servido o se hubieran sometido a Babilonia desde el principio, se hubieran librado de los castigos de arrasamiento y destierro años después.
    Por la cronología egipcia, que da una serie de fechas exactas, los historiadores pudieron saber que la toma de Harrán por los babilonios aconteció en el año 609 a.e.c. Y debido a que también sabían que la última gloriosa parte del imperio neobabilónico había durado setenta años desde la toma de Harrán hasta la caída de la propia Babilonia, los historiadores aplicaron esos 70 años al 609 y así llegaron en principio a la fecha del 539 a.e.c. como el año de la caída de Babilonia.
    Si la toma de Harrán hubiera acaecido en otro año diferente del 609, por ejemplo, en el año 629 a.e.c., como dogmatiza la Sociedad Bíblica Watchtower bajo pena de expulsión de los miembros que no lo acepten así -a pesar del gran cúmulo de pruebas científicas en su contra-, los 70 años de servidumbre de las naciones al rey de Babilonia habrían terminado en el 559 y no en el 539 a.e.c. Pero las muchas evidencias históricas, arqueológicas y astronómicas corroboran inequívocamente el año 539 a.e.c., por lo que la fecha del 609 a.e.c. para la toma de Harrán se corrobora también exacta.
    Aceptar la fecha del 539 y no aceptar los datos que llevaron a esa fecha, es como aceptar el resultado 3 de una suma de 2+1, pero no aceptar la suma de los dígitos 2+1 que llevaron a tal resultado 3. Si se acepta el año 539 a.e.c. como el de la caída de Babilonia, ha de aceptarse por lógica que, en principio, tal año sale de restar los 70 años de dominio de Babilonia al 609 a.e.c., en que definitivamente fue conquistada Asiria por los babilonios tras la toma de su último reducto, la ciudad de Harrán. Absolutamente todos los historiadores están de acuerdo en que los 70 gloriosos años de Babilonia comenzaron con la toma de Harrán y finalizaron con la caída del imperio.
    Ahora bien, los historiadores sabían que cuatro años después de la toma de Harrán había tenido lugar la batalla de Karkemis, en la que los babilonios derrotaron a los egipcios que querían apoderarse de las tierras que Babilonia había conquistado a Asiria. Por tanto, si la toma de Harrán fue en el 609, la batalla de Karkemis, comandada por el entonces príncipe Nabucodonosor, se dio en el año 605 a.e.c. Al concluir la batalla de Karkemis, Nabucodonosor recibió la noticia de que su padre el rey Nabopolasar había muerto, por lo que el príncipe regresó a Babilonia, donde ese mismo año de 605 ascendió al trono.
    Para corroborar la fecha del 539 a.e.c., los historiadores partieron del año 605 a.e.c., en que Nabucodonosor fue nombrado rey. Por los listados de Beroso y Tolomeo, los cuales son reconocidos como exactos gracias, entre otros, a la lista de los reyes en Uruk, a la estela de Adad Guppi y a las más de cincuenta mil tablillas cuneiformes descubiertas en Babilonia, los historiadores supieron que Nabucodonosor había reinado 43 años; su hijo Awel Marduk (Evil Merodac), 2 años; su yerno Neriglisar, 4 años; el hijo de este último, Labashi Marduk, unos pocos meses; y Nabonido, otro yerno de Nabucodonosor, 17 años, al cabo de los cuales el rey Ciro conquistó Babilonia. Como Labashi Marduk no llegó a su año primero de reinado, sino que murió ejecutado en su año de ascenso, ese tiempo se cuenta como cero años. Tenemos, pues, que todos los reyes desde Nabucodonosor hasta Nabonido reinaron un total de 66 años. Los historiadores aplicaron esos 66 años al 605 y así efectuaron la más importante corroboración de la fecha 539 a.e.c. como año de la caída de Babilonia.  
    Otra importante corroboración consistió en el cómputo de las olimpiadas griegas, la primera de las cuales se contó en el año 776 a.e.c. El historiador Diodoro de Sicilia escribe que Ciro subió al trono en el año primero de la olimpiada 55 y su último año de reinado fue el segundo de la olimpiada 62. Dado que las olimpiadas se celebraban cada cuatro años, los historiadores calcularon que el último año de Ciro cayó en el 530 a.e.c. Como reinó 9 años sobre Babilonia, sumados al 530 se alcanza la fecha del 539 a.e.c.        
 

sábado, 18 de mayo de 2013

Los setenta años de Babilonia (1)

    Durante siglos los historiadores ignoraban cuándo había caído Babilonia ante los medos y los persas. Sin embargo sí sabían que Babilonia había durado setenta años como imperio absoluto tras conquistar el último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán, junto al Eufrates. En Harrán se había parapetado el rey asirio Asurubalit II, quien ofrecía constante resistencia a los babilonios. Estos ya habían conquistado la capital, Nínive; pero les quedaba por anexionarse aquella importante urbe. Con este objetivo, el rey de Babilonia Nabopolasar cargó contra la ciudad de Harrán y la conquistó.
    Mientras tanto los egipcios, al mando del faraón Necao II -el Nekó del que habla la Biblia-, había partido de Egipto con una facción de su ejército a fin de ayudar a los asirios en Harrán. En el camino, el rey de Jerusalén, Josías, lo interceptó; pero uno de los arqueros de Nekó le disparó una flecha y Josías hubo de retirarse a Jerusalén, donde murió. Cuando Necao llegó a las puertas de Harrán, la ciudad ya había sido conquistada por los babilonios.
    Los historiadores no sabían, pues, cuándo fue tomada la ciudad de Harrán por Nabopolasar, y tampoco sabían cuándo había caído Babilonia ante el rey Ciro. Solamente discernían que entre los dos acontecimientos mediaron setenta años, que fue la época dorada en que Babilonia dominó la escena mundial sin su rival Asiria. Y esos setenta años estaban de acuerdo con lo que el profeta Jeremías dice: que todas las naciones habrían de servir durante setenta años al rey de Babilonia.
    Si antes las naciones estaban sirviendo al rey de Asiria, ahora, tras la conquista de Harrán, decisiva para el dominio absoluto de los babilonios sobre aquellas tierras, esas mismas naciones habrían de estar sujetas a las leyes y tributos de Babilonia. La nación que no se sometiera a Babilonia o que no la sirviera, sería arrasada y, sus habitantes, condenados al destierro. Ese fue precisamente el caso de la nación de Judá, que sufrió el castigo del destierro por negarse a servir al rey de Babilonia, y Nabucodonosor finalmente hubo de arrasar Jerusalén en el año 19 de su reinado.
    Hoy día nos son familiares las fechas de la conquista de Harrán y de la caída de Babilonia. ¿Cómo consiguieron establecerlas los historiadores? Gracias a la cronología egipcia, mediante la cual se conocían con precisión ciertas fechas. Una de ellas era la del año 610 antes de la era cristiana (a.e.c.). En esa fecha subió al trono el faraón Necao II ó Nekó, quien en su año primero de reinado, es decir, al siguiente del de su ascenso, acudió en ayuda de los asirios atrincherados en Harrán, aunque llegó tarde. Por tanto, corría el año 609 a.e.c. cuando Nekó fue en ayuda de los asirios y por ende, cuando Nabopolasar conquistó Harrán. Los historiadores, sabiendo que la última gloriosa parte del imperio neobabilónico duró setenta años, aplicaron esos 70 años al 609 y así llegaron, en principio, a la fecha del 539 a.e.c. como el año de la caída de Babilonia (609 – 70 = 539). Solamente faltaba corroborar esa fecha del 539 a.e.c.
    La corroboración fundamental para establecer definitivamente el año 539 a.e.c. como el de la caída de Babilonia partió del siguiente acontecimiento: Los egipcios querían apropiarse de las tierras que Babilonia había conquistado a Asiria y se hicieron fuertes en la ciudad de Karkemis, no lejos de Harrán. El rey de Babilonia, Nabopolasar, se hallaba enfermo y por esa razón mandó a su hijo Nabucodonosor, el príncipe heredero, a tomar la ciudad de Karkemis. Nabucodonosor venció a los egipcios en la famosa batalla, la cual tuvo lugar cuatro años después de la toma de Harrán (609 a.e.c.) y siete años después de la de Nínive (612 a.e.c). Con ello se establece que la batalla de Karkemis acaeció en el año 605 a.e.c. Finalizada la batalla, Nabucodonosor recibió noticia de la muerte de su padre y acudió presto a Babilonia, donde fue nombrado rey ese mismo año.
    Partiendo, pues, del año 605 a.e.c., en que Nabucodonosor subió al trono, los historiadores aplicaron los años de reinado de los monarcas babilonios entre Nabucodonosor y Nabonido. Por las listas de Beroso y Tolomeo, que han sido corroboradas como exactas por la lista de los reyes en Uruk y por las decenas de miles de tablillas cuneiformes, los historiadores aplicaron al año 605 los 66 años de reinado total de: Nabucodonosor (43 años), Evil Merodac (2 años), Neriglisar (4 años), Labashi Marduk (unos meses = cero años), y Nabonido (17 años). Así, aplicando esos 66 años de reinado al 605, corroboraron los historiadores la fecha del 539 a.e.c. como el año de la caída de Babilonia (605 – 66 = 539). Ese año fue asimismo corroborado por otros medios, tanto históricos como arqueológicos y astronómicos. La evidencia de que los setenta años de dominio mundial de Babilonia, de acuerdo con el profeta Jeremías, corrieron del 609 al 539 a.e.c. es abrumadora y deja fuera de lugar cualquiera otra fecha aducida por la Sociedad Bíblica Watchtower y el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, quienes erróneamente, aunque a sabiendas de que lo hacen para defender a capa y espada la base de toda su doctrina, aplican los setenta años de Babilonia al destierro de los judíos.
  

domingo, 5 de mayo de 2013

Conocimiento exacto de la verdad: ¿lo tiene el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová?


    ¿Qué es conocimiento exacto? Expongámoslo con un sencillo ejemplo matemático: la suma de 5+5=10. Ese es un conocimiento exacto o correcto que no precisa ser corregido o ajustado posteriormente. Tampoco sería preciso adquirir más conocimiento sobre ese dato matemático, pues ya tendríamos conocimiento exacto, correcto o completo sobre él. Pero si estuviéramos en la creencia errónea de que 5+5=9, quiere decir que no tendríamos un conocimiento exacto. Si al darnos cuenta del error pretendemos corregir y afirmamos que 5+5=11, volveríamos a caer en el error, esta vez por exceso. Seguiríamos sin conocimiento exacto.

    El conocimiento exacto de algo implica que se tiene la verdad sobre ese algo. Pero si el conocimiento no es exacto y constantemente hay que ajustar el entendimiento de una cosa, significa que no tenemos la verdad respecto a ella. Por ejemplo, el conocimiento exacto de la Palabra de Dios en la Biblia supondría que la persona tiene la verdad y no serían precisos ajustes posteriores. Pero si la persona ha de corregir constantemente el entendimiento de lo que lee en la Biblia, está claro que no tiene conocimiento exacto de la Palabra de Dios y, por consiguiente, no tiene la verdad.

    ¿Tiene conocimiento exacto de la Biblia el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová y, por ende, sus adeptos? Si el conocimiento que tiene es exacto, no hay razón para ajustes posteriores de lo que entiende de la lectura de la Palabra de Dios. Pero si ajusta o corrige con posterioridad, achacando tal corrección a la imperfección humana o a que no ha entendido correctamente, eso significa que no tiene conocimiento exacto y tampoco la verdad. Tendrá un entendimiento temporal de lo que cree que es la verdad, pero no tiene la verdad. Como lo expresa el apóstol, “tiene celo por Dios, mas no conforme a conocimiento exacto”.

    Vemos que el Cuerpo Gobernante ajusta vez tras vez el entendimiento de la Biblia, sobre todo cuando no ve que se cumplieron las profecías que esperaba. Uno de los ejemplos más sobresalientes fue el del entendimiento de la generación que no pasaría. Durante décadas los testigos de Jehová predicaron lo que la Sociedad Watchtower y el Cuerpo Gobernante les inculcaron acerca del concepto de “la generación de 1914, que no pasaría del siglo XX”. Quien no aceptara el entendimiento de los líderes watchtowerianos, era expulsado de la congregación.

    Hoy día el mismo Cuerpo Gobernante no acepta lo que en otro tiempo impuso: que la generación no se refiere a la extensión de una vida humana, sino a los ungidos que se traslapan unos a otros. Años antes de este último cambio o ajuste, el Cuerpo Gobernante había hecho otro cambio provisional: el de que la generación se refería a los inicuos que no aceptaban que el reino de Dios estaba ya establecido en los cielos y que en breve tomaría el control absoluto de la tierra.

    Si el Cuerpo Gobernante hubiera tenido conocimiento exacto respecto al término “generación”, no hubiera cambiado varias veces el entendimiento del mismo. Si cambia, es porque demuestra no tener conocimiento exacto. Y si no tiene conocimiento exacto, quiere decir que tampoco tiene la verdad. En la Atalaya del 1 de marzo de 1990 expone el Cuerpo Gobernante que “para adquirir conocimiento exacto tenemos que estudiar con diligencia la Palabra de Dios y las publicaciones que se basan en ella”. Con la palabra “publicaciones” se refiere a todas las de la Sociedad Watchtower. Pero es evidente que estas publicaciones no han dado conocimiento exacto a los lectores, ya que tantas cosas que se habían publicado en el pasado han tenido que ser cambiadas o ajustadas, lo que significa que las publicaciones de la Watchtower no proporcionan conocimiento exacto.

    Cita sugestiva del Cuerpo Gobernante es la que aparece en el libro “Conocimiento”, páginas 46-47, donde se lee: “El conocimiento exacto de la Palabra de Dios nos capacita para identificar la religión verdadera”. ¿Cómo se puede identificar a la de los testigos de Jehová como la religión verdadera si le falta el conocimiento exacto de la Palabra de Dios? Si los testigos tuvieran conocimiento exacto de la Biblia no andarían ajustando constantemente el entendimiento que tienen de la misma y sus profecías.

    Interesante es el término “luz progresiva” utilizado por el Cuerpo Gobernante, refiriéndose a que el entendimiento de la Palabra de Dios es gradual. Pero una cosa es “luz progresiva” y otra “nueva luz”. La segunda supone un cambio radical en el entendimiento que se tenía y que suele ser contrario al primitivo entendimiento. La luz progresiva significa que el entendimiento no cambia, sino que se aprecian mejor los detalles con el tiempo.

    En el caso del entendimiento de la “generación” no ha habido luz progresiva, sino que se ha cambiado la luz por completo y hoy se enseña y se predica una cosa muy diferente a la de antes. Con el cambio actual del entendimiento del “esclavo fiel y discreto” ocurre lo mismo, que no ha habido luz progresiva, sino un apagar por completo la luz anterior y encender otra nueva en su lugar. Quiere decir que antes no se tenía conocimiento exacto. Hoy tampoco, ya que el concepto de luz progresiva continúa vigente. Así, pues, no es compatible la luz progresiva con el conocimiento exacto. Si se va recibiendo más luz sobre un asunto es porque no se tenía conocimiento exacto. Pero en el caso de las doctrinas watchtowerianas el tema es que no se recibe luz más clara paulatinamente, sino que se cambia totalmente de luz.

    El apóstol Pablo escribe en Colosenses 3:10: “Vístanse de la nueva personalidad que mediante conocimiento exacto va haciéndose nueva según la imagen de Aquel que la ha creado”. ¿Cómo pueden los testigos de Jehová vestirse de la nueva personalidad si les falta el conocimiento exacto? Sin conocimiento exacto, no hay nueva personalidad a imagen de “Aquel”.

    Vemos que el “día firmemente establecido” o el llegar al conocimiento exacto de la verdad nunca se hace realidad entre los testigos de Jehová, aleccionados por los guías del Cuerpo Gobernante. Siempre están “adquiriendo conocimiento”, debido a los constantes cambios o ajustes en el entendimiento de la Palabra de Dios. Les sucede como dice Pablo en 2 Timoteo 3:7: “Siempre están aprendiendo y sin embargo nunca pueden llegar a un conocimiento exacto de la verdad”.

 

     

viernes, 3 de mayo de 2013

Si Jesucristo es siempre el mismo y no cambia, ¿por qué cambian con el tiempo las enseñanzas del Cuerpo Gobernante?



    Dice Pablo el apóstol en su carta a los Hebreos, 13:8, 9: “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y para siempre. No se dejen llevar por enseñanzas diversas y extrañas”.

    Notamos dos cosas: Una, que “Jesucristo es siempre el mismo”, lo que significa que no cambia. Y otra, que “no nos dejemos llevar por enseñanzas diversas y extrañas”. Es decir, que si Jesucristo siempre es el mismo, sus enseñanzas no deberían cambiar jamás si quien las transmite o enseña aduce que “ha recibido más luz” respecto a ellas. Si Jesucristo es el mismo y sus enseñanzas son también las mismas, no hay razón para cambiar éstas, por más luz que se pretenda recibir, a no ser que lo que se está enseñando no sea más que una falsedad que nada tiene que ver con lo que enseñaron Jesucristo y sus apóstoles, o lo que expresan las Escrituras.

    La Sociedad Watchtower y el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová aseguran que están recibiendo constante luz en aumento sobre las enseñanzas bíblicas. Dicen que en tiempos pasados no se entendían bien las enseñanzas evangélicas y bíblicas en general y ahora sí, porque se recibe más luz. Y mañana recibirán más luz y cambiarán lo que hoy enseñan. Se escudan en Proverbios 4:18, donde se lee  que “la luz se hace más clara hasta que el día queda firmemente establecido”. Ciertamente el proverbio no se refiere al conocimiento aumentante, sino al proceder o comportamiento de las personas justas en contraposición a la conducta de los inicuos.

    En realidad los del Cuerpo Gobernante no reciben más luz sobre cierta materia bíblica, sino que cambian totalmente de luz, siendo el resultado de lo que llaman “nueva luz” una doctrina extraña que más adelante se obligan a cambiar porque tampoco la habían entendido bien. Si constantemente están cambiando la enseñanza, el día de ellos jamás queda “firmemente establecido”.

    Continúa diciendo el apóstol Pablo en Efesios 4:14: “No seamos pequeñuelos aventados como por olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza”. ¿No es esto precisamente lo que hace el Cuerpo Gobernante, aventar como olas a sus adeptos y llevarlos de acá para allá con todo viento de enseñanza cambiante? ¿Y por qué tienen que cambiar la enseñanza si no es porque no se ajusta al modelo evangélico? Si su enseñanza fuera realmente cristiana, no tendrían que andar cambiándola, ajustándola o como quieran denominar a esos cambios o ajustes.

    Pablo llama pequeñuelos a quienes se dejan llevar por tales vientos de enseñanza. Y quien es pequeñuelo no puede consumir alimento sólido, sino solamente leche. Pablo amonesta en Hebreos 5:12: Porque, en realidad, aunque deberían ser maestros en vista del tiempo, de nuevo necesitan que alguien les enseñe desde el principio las cosas elementales de las sagradas declaraciones formales de Dios; y han llegado a ser como quienes necesitan leche, no alimento sólido”.

    El pretender aferrarse a lo que entiende del Proverbio 18:4, hace que el Cuerpo Gobernante olvide las palabras del propio Cristo en Mateo 28:19, 20: “Vayan… y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolas en el nombre del padre y del Hijo y del espíritu santo, enseñándoles a observar todas las cosas que yo les he mandado”. Ya, por ejemplo, por citar algo elemental, el bautismo de los testigos de Jehová no se ajusta a lo que Jesucristo mandó, pues no bautizan “en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo”, sino que utilizan una fórmula extraña en la que entra ante todo la lealtad a la “Organización”. Además Jesucristo nada dijo de una presumible organización suya en la tierra, ya que él mismo dijo en Mateo 28:20: “Estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas”. Si él está aquí con nosotros, sobra toda organización que afirme que ejerce sus funciones en representación o con la autoridad de Cristo. Si Jesucristo realmente estuviera con la organización Watchtower o del Cuerpo Gobernante, éste no tendría por qué andar cambiando o ajustando las doctrinas con nuevas luces de entendimiento.

    En la carta de 2 Juan, 9 se nos asegura: “Todo el que se adelanta y no permanece en la enseñanza del Cristo no tiene a Dios”. Si el Cuerpo Gobernante anda con ajustes y cambios permanentes en la enseñanza cristiana, basado en lo que entiende de Proverbios 18:4, eso significa que no permanece en la enseñanza del Cristo. Permanecer en la enseñanza de Cristo significa “observar todas las cosas que él mandó”.

    Significativo es también lo que hallamos en 2 Tesalonicenses 2:2, palabras de Pablo: “No se dejen sacudir prontamente de su razón, ni se dejen excitar tampoco mediante una expresión inspirada, ni mediante un mensaje verbal, ni mediante una carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día de Jehová esté aquí”. ¿No es eso precisamente lo que hace el Cuerpo Gobernante, afirmar que el día de Jehová ya está aquí o a la vuelta de la esquina? ¿No incide vez tras vez en esa misma malentendida doctrina heredada de los adventistas, haciendo hincapié en tiempos y fechas que no tienen fundamento alguno?

    Por ejemplo, la fecha de 1914, que Russell enseñaba como la del Armagedón, que no vino tal Armagedón porque aquella fecha se basó en otra errónea: la del 606 a.e.c., que el adventista Barbour le transmitió a Russell como la de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, cuando queda hoy demostrado por la Historia, la Arqueología y la Astronomía que no es la fecha correcta de aquella destrucción. Aquel 606 lo adelantó sin más al 607 a.e.c. el vicepresidente de la Watchtower Fred Franz en 1943, en el libro que él mismo, y solamente él, escribió, titulado “La verdad os hará libres”. Con ello continuó perpetuando el error, pues tan falsa es la fecha del 606 como la del 607 a.e.c.

    Como colofón, consideremos las palabras finales del apóstol en 1 Juan 2:26, 27: “Ustedes… no necesitan que nadie les esté enseñando”. Pero el Cuerpo Gobernante afirma tajantemente que él recibió en 1919 autoridad de Cristo para enseñar, ya que en tal fecha, según enseñó Rutherford por vez primera en 1927, es decir, ocho años después de 1919, fue inspeccionado por Jesucristo y recibió el nombramiento de “esclavo fiel y discreto”, lo que, en opinión del Cuerpo Gobernante, da a entender que Cristo lo nombró su vocero y maestro oficial en la tierra. Con tales hipotéticas y tardías credenciales se atreve desde entonces a enseñar, sin tener en cuenta las palabras de Juan a los cristianos: “No necesitan que nadie les esté enseñando”.

    Pero un supuesto maestro como el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, que cambia o ajusta constantemente su enseñanza porque él mismo no la entiende bien, ¿cómo puede enseñar correctamente? Y aun suponiendo que enseñara correctamente, el cristiano no precisa que lo enseñen. Huelga, pues, toda organización con pretensiones docentes. El cristiano puede manejar hoy por sí mismo las propias Escrituras inspiradas. No tiene más que leer como leería la carta de un padre. ¿Qué hijo no va a entender lo que le dice su padre? Y quien entiende, porque sabe leer, no precisa intérpretes de la Palabra de Dios. Y mucho menos intérpretes o maestros que andan cambiando o ajustando constantemente la luz de las Escrituras.