sábado, 29 de junio de 2013

Los setenta años de Babilonia (y 7)


    Los historiadores demuestran con pruebas irrefutables que el año de la caída de Babilonia fue el 539 a.e.c. y que llegaron en principio a ese año partiendo del 609 a.e.c., en que tuvo lugar la toma del último reducto importante de Asiria, la ciudad de Harrán, por el rey babilonio Nabopolasar. Al 609 a.e.c. le aplicaron los historiadores los 70 años que duró el imperio neobabilónico tras la toma de Harrán y por eso obtuvieron inicialmente la fecha del 539 a.e.c., fecha que después fue confirmada por los años de reinado de los reyes Nabucodonosor (43 años), Evil Merodac (2 años), Neriglisar (4 años), Labashi Marduk (0 años) y Nabonido (17 años). El tiempo de reinado de tales monarcas fue en total de 66 años, los cuales sumaron los historiadores a la fecha del 605 a.e.c., en que Nabucodonosor subió al trono, después de la batalla de Karkemis.

    Sin embargo, el profesor noruego de lenguas semíticas, Rolf Furuli, es el único en el mundo que, siendo aficionado a los temas de Historia, Arqueología y Astronomía, y no precisamente erudito dedicado, desacredita al conjunto de historiadores, arqueólogos y astrónomos que evidencian con hechos la exactitud de las fechas 609, 605 y 539 a.e.c. Furuli, que sí acepta la fecha del 539 a.e.c., pero no los datos mediante los que los eruditos establecieron el 539 a.e.c. como año de la caída de Babilonia, adelanta 20 años los acontecimientos históricos porque se aferra sin fundamento a la equívoca teoría de que Jerusalén fue destruida por Nabucodonosor en el 607 a.e.c.

    Furuli, que ha escrito varios libros descabellados y polémicos sobre la materia y que en el fondo está convencido de que los historiadores tienen razón -aunque no puede dar su brazo a torcer debido a que, de hacerlo, puede ser expulsado de la iglesia a la que pertenece, la cual se guía al respecto por los libros de aquél-, sitúa la toma de Harrán en el 629 a.e.c. y la batalla de Karkemis y subida al trono de Nabucodonosor en el 625 a.e.c., cuando la realidad histórica comprobada es que tales sucesos acaecieron 20 años después, es decir, en 609 y 605 a.e.c., respectivamente.

    La razón de que Furuli adelante 20 años la subida al trono de Nabucodonosor es porque la Biblia especifica que éste cargó contra Jerusalén en el año 18/19 de su reinado, lo que significa que, si Nabucodonosor ascendió en el 605 a.e.c., la destrucción de Jerusalén tuvo lugar en el 587 a.e.c. Pero Furuli no tiene más remedio que declarar que Nabucodonosor subió al trono de Babilonia en el 625 a.e.c., y de ahí que el año 18/19 del monarca babilonio le caiga en el 607 a.e.c., fecha que se obliga a defender por encima de todo, bajo pena de ser desasociado de las filas religiosas en las que se encuadra. Así de serio es para él el asunto. Su religión, aunque claramente falsee los datos y fechas sobre los que basa sus creencias, está por encima de la corroborada verdad histórica.

    Para Furuli, el tiempo de dominio de Babilonia sobre las naciones, tras la toma de Harrán, fue de 90 años, contra la versión de los historiadores, que dan 70 años para el dominio babilónico y que esos 70 años les llevaron inicialmente a los estudiosos a la fecha del 539 a.e.c. Los historiadores están de acuerdo con los 70 años que menciona el profeta Jeremías, quien escribe que las naciones estarían en servidumbre a Babilonia durante 70 años. Furuli, pues, contradice a Jeremías, al igual que sus colegas de religión, que se basan en dogmas errados que los adventistas defendían en el último cuarto del siglo XIX.

    Jeremías habla de 70 años de servidumbre de las naciones a Babilonia, no de 70 años de destierro de los judíos. El dogma de los 70 años de destierro de los judíos tras la destrucción de Jerusalén es el fundamento sobre el que la iglesia de Furuli basa toda su argumentación religiosa. Sin embargo, está demostrado que ese concreto destierro judaico duró 49 años. La iglesia de Furuli confundió el destierro del año 7/8 de Nabucodonosor con el del año 18/19, y en la actualidad no le queda otra alternativa que continuar aferrándose a esa tabla ya agujereada.

    Los 70 años de Babilonia se refieren al tiempo en que este imperio sometió a su férrea servidumbre a todos los habitantes de Asiria y de las naciones que antes habían estado bajo el poder de Asiria. Como el último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán, cayó ante los babilonios en el año 609 a.e.c., los historiadores aplicaron a ese año en cuestión los setenta de duración de la parte gloriosa del imperio y así obtuvieron en principio la fecha del 539 a.e.c. como año de la caída de Babilonia. El año 539 fue corroborado gracias a que se descubrió que Nabucodonosor subió al trono en el 605 a.e.c., tras la batalla de Karkemis. Al año 605 añadieron los historiadores los 66 de reinado habidos desde Nabucodonosor hasta Nabonido y de esa manera obtuvieron la principal corroboración del año 539 a.e.c. Esos 66 años están avalados, entre otros documentos cuneiformes, por la estela de Adad Guppi, que por sí misma desecha la pretensión de Furuli de que los años de reinado habían sido 86 y no 66. Los famosos 70 años de Babilonia principiaron, pues, en el 609 a.e.c., con la toma de Harrán, y finalizaron en el 539 a.e.c., con la caída del gran imperio. (Fin de la serie de artículos).  

lunes, 24 de junio de 2013

Los setenta años de Babilonia (6)

    El profesor noruego de lenguas semíticas, Rolf Furuli, que no es erudito en Historia, Arqueología y Astronomía, aunque posee amplios conocimientos, y que en otro tiempo defendía que el diario astronómico VAT 4956 era un invento de escribas posteriores a la era neobabilónica, los cuales se limitaron a calcular con carácter retrospectivo las posiciones astronómicas de la tablilla varios siglos después del año 37 de Nabucodonosor, ahora declara que la parte del diario cuneiforme que se refiere a las posiciones lunares son exactas. Pero desecha el exponente principal, que son las posiciones de los planetas con referencia a determinadas estrellas y la propia luna. Los astrónomos que, gracias a los datos contenidos en el diario, calcularon con exactitud, por medio de un sofisticado programa informático, que el año 37 de Nabucodonosor correspondió al 568 a.e.c., tuvieron en cuenta el entero conjunto de posiciones astronómicas, no solamente las trece posiciones lunares. De otro modo no hubieran podido en modo alguno establecer la fecha del 568 a.e.c.
    Tomando por separado las posiciones lunares de la VAT 4956 no es posible determinar a qué año de nuestro cómputo correspondió el 37 de Nabucodonosor. La razón es que las posiciones lunares solamente se repiten cada 18 años y 10 días, periodo que recibe el nombre de saros. Furuli trata de evidenciar, y lo hace erróneamente, que el año 37 de Nabucodonosor correspondió al 588 a.e.c. Y ello porque supone, contradiciendo a los historiadores, los arqueólogos y los astrónomos, que Nabucodonosor comenzó a reinar en el 625 a.e.c. (625 – 37 = 588). Las tablas de las posiciones lunares que Furuli presenta no se corresponden con las que señala el diario astronómico VAT 4956. En cambio, las del diario sí se corresponden con las que los astrónomos presentan del año 568 a.e.c. Ello significa que, si en el año 568 se dieron ciertas posiciones lunares y éstas se repiten cada 18 años, el anterior periodo saros tuvo que haberse dado en el año 586, no en el 588 como pretende Furuli. Pero el 586 a.e.c. sería para Furuli el año 39 de Nabucodonosor, no el 37, como indica el diario. En efecto, las comprobaciones del programa profesional informático astronómico, utilizado también para conocer en qué periodos de miles de años se dieron y se darán los eclipses, arrojan que las posiciones lunares del año 586 eran prácticamente idénticas a las del 568 a.e.c. Sin embargo, las posiciones de los planetas y las estrellas en el año 586 difieren por completo de las del año 588 que defiende Furuli.
    Los modernos programas informáticos de astronomía calculan con pasmosa precisión eclipses y posiciones estelares dentro de un periodo de 25.920 años, especificando con exactitud el día, mes y año de tales posiciones, traducido ello a nuestro cómputo. Después de ese largo periodo, las posiciones astronómicas vuelven a repetirse. La razón es que la Tierra tiene, aparte de los movimientos de rotación y traslación, un movimiento que se conoce como precesión, que consiste en el cabeceo a modo de trompo que el planeta realiza sobre su eje inclinado. Debido a la inclinación del eje terrestre, éste apunta a una estrella polar diferente cada 2.160 años. En la actualidad el eje terrestre apunta a la estrella polar de la Osa Menor. Dentro de 2.160 años apuntará a otra diferente. Y dentro de 25.920 años (2.160 x 12), cuando cierre el círculo del movimiento de precesión, volverá el eje a señalar la estrella polar de la Osa Menor.
    Dentro de ese inmenso periodo de 25.920 años resulta relativamente fácil calcular las posiciones de los astros. De ahí que no haya problema alguno en calcular con exactitud las posiciones astronómicas del diario VAT 4956, que apenas tienen 2.600 de antigüedad. Como este diario astronómico se fecha al año 37 de Nabucodonosor y las posiciones astronómicas del mismo se fijan en el 568 a.e.c., de ello se deduce que Nabucodonosor comenzó su reinado en el año 605 a.e.c. (568 + 37). El 568 a.e.c. está hoy considerado por los historiadores como fecha absoluta más exacta incluso que la del 539 a.e.c., año en que cayó el imperio de Babilonia ante Ciro.
    Considerando que el 605 a.e.c. fue el año de ascenso de Nabucodonosor, así corroborado por los datos del diario astronómico VAT 4956, aparte de otros que, directa o indirectamente, coinciden en la misma fecha, y considerando igualmente que las decenas de miles de tablillas de barro descubiertas y estudiadas hasta hoy permiten situar sin error el año de ascensión de Nabucodonosor en el 605 a.e.c., queda patente que la destrucción de la ciudad de Jerusalén por Nabucodonosor en su año dieciocho de reinado (el diecinueve si se cuenta por el sistema judío), tal como indica la propia Biblia con la que están acordes los historiadores, tuvo lugar en el año 587 a.e.c. (605 – 18 = 587) y no en el 607 a.e.c., como trata de establecer el profesor Rolf Furuli, todo para que le cuadre la suposición errónea de que fue el 625 a.e.c. (625 – 18 = 607) el año de ascenso al trono de Nabucodonosor. (Continuará). 

sábado, 22 de junio de 2013

Los setenta años de Babilonia (5)


    Uno de los documentos vitales que prueban que el año de ascenso de Nabucodonosor al trono de Babilonia fue el 605 a.e.c. es la tablilla o  diario astronómico VAT 4956, que se conserva en Berlín y que. fue criticada como inexacta por unos pocos científicos que no la estudiaron suficientemente. Posteriormente, tras un análisis más profundo, hubieron de retractarse de sus erróneas conclusiones. Hoy día existe unánime consenso sobre la exactitud de los datos registrados en la misma. El único estudioso que niega la precisión de la VAT 4956 es Rolf Furuli, profesor de lenguas semíticas en la Universidad de Oslo.

    Furuli pretende demostrar sin éxito que las listas de Beroso y Tolomeo están equivocadas, así como equivocados están los historiadores y los arqueólogos al malinterpretar las tablillas cuneiformes. Para él también están errados los astrónomos al descifrar los datos del diario astronómico VAT 4956. Es decir que, según Furuli, estos historiadores que establecieron la fecha del 539 a.e.c. como el año de la caída de Babilonia, están equivocados en la fecha del 605 a.e.c., en que Nabucodonosor subió al trono, fecha que precisamente les permitió corroborar la del 539 a.e.c. Para Furuli, el ascenso de Nabucodonosor tuvo lugar en el 625 a.e.c.; es decir, que adelanta inexplicablemente veinte años los acontecimientos históricos, contradiciendo a las claras la realidad científica demostrada conjuntamente por historiadores, arqueólogos y astrónomos.

    El diario astronómico VAT 4956, fechado en el año 37 de Nabucodonosor, registra observaciones estelares tan precisas que los astrónomos de la actualidad no tienen problema alguno en calcular con sus sofisticados programas informáticos de Astronomía a qué fecha corresponde el año 37 de Nabucodonosor: exactamente al 568 a.e.c., pues las posiciones astronómicas que registra el diario solamente pudieron haberse dado en tal año y no volverán a repetirse hasta 25.920 años después. Por tanto, si el año 37 de Nabucodonosor correspondió al 568 a.e.c., el ascenso al trono de Nabucodonosor acaeció en el 605 a.e.c. (568+37=605), después de que el entonces príncipe heredero venciera a los egipcios en la batalla de Karkemis, junto al Eufrates.

    De la misma manera que la fecha del 568 a.e.c. está hoy día considerada científicamente como absoluta para ubicar acontecimientos históricos, la del 605 a.e.c. resulta fundamental para situar la caída de Babilonia en el año 539 a.e.c., gracias a que se conservan decenas de miles de tablillas cuneiformes que corroboran los datos de los historiadores antiguos. Los documentos cuneiformes permiten calcular que los años de reinado desde Nabucodonosor hasta Nabonido fueron en total 66, distribuídos de la siguiente manera: Nabucodonosor, 43 años; Evil Merodac, 2 años; Neriglisar, 4 años; Labashi Marduk, solamente unos meses (no se computa el tiempo al no haber alcanzado este monarca el primer año de reinado), y Nabonido, 17 años. La fecha del 605 a.e.c. está corroborada al menos por dos fundamentales conjuntos de datos, a saber, los del diario astronómico VAT 4956 y el cómputo de los años de reinado de Nabucodonosor a Nabonido. Otros muchos documentos, como la estela de Adad Guppi, señalan inequívocamente al 605 a.e.c. como el año en que Nabucodonosor comenzó su reinado.

    Ya se expuso en un capítulo anterior que Adad Guppi era la madre de Nabonido. Cuando murió, su hijo el rey le compuso la estela de la que hoy se conocen dos copias idénticas. En la estela puede leerse que Adad Guppi vivió, aparte de los reinados de otros soberanos anteriores, los 43 años de Nabucodonosor, los 2 de Evil Merodac y los 4 de Neriglisar, cumpliendo entonces ella 95 años. La estela pasa por alto el breve reinado de Labashi Marduk, que no alcanzó su primer año, y continúa diciendo que Adad Guppi murió a los 104 años de edad, en el año 9 de Nabonido. Por lo tanto, si se calcula que el año 9 de Nabonido fue el 547 a.e.c., que sale de restar 8 años a los 17 que Nabonido reinó hasta el 539 a.e.c., tenemos que la suma de los años que reinaron los precitados reyes hasta el año noveno de Nabonido alcanza 58 años (43+2+4+9=58). Ello significa que, si sumamos 58 años al 547, llegamos inexorablemente al 605 a.e.c. como el año en que Nabucodonosor ascendió al trono. La estela de Adad Guppi permite confirmar por sí sola el año 605 a.e.c., no el 625, como el del inicio del reinado de Nabucodonosor II de Babilonia.

    No obstante la evidencia, el profesor noruego Furuli, que no es erudito en Historia ni en Arqueología ni en Astronomía, se aferra a la fecha del 625 a.e.c. como año de ascenso de Nabucodonosor. La razón de que Furuli asegure desesperadamente que Nabucodonosor inició su reinado en el 625 a.e.c. se debe a que defiende la fecha del 607 a.e.c. como el año de la destrucción de Jerusalén. Y como tal destrucción acaeció en el año 18/19 del reinado de Nabucodonosor, se obliga a adelantar 20 años el comienzo del reinado del monarca babilonio, ya que, de aceptar la evidencia de que Nabucodonosor comenzó a reinar en el 605 a.e.c., su año 18 le llevaría irremediablemente al 587 a.e.c. (605-18=587), que es la fecha real de tal destrucción, basada en las tablillas de barro cuneiformes, en los historiadores y aún en la propia Biblia. (Continuará).

 

sábado, 8 de junio de 2013

No le queda al testigo de Jehová tiempo para pensar


    En las congregaciones de los testigos de Jehová se da énfasis desde las plataformas de sus salones del Reino a “estar cabalmente ocupado en la obra de Jehová”. Con ello se quiere significar que el testigo debe dedicar todo el tiempo que pueda (recortándolo de actividades privadas y recreativas si fuera necesario, e incluso laborales si puede permitirse trabajar tan solo media jornada) a los siguientes menesteres espirituales:

    La predicación, el estudio personal, la oración y la meditación, el estudio privado del libro de congregación, el estudio privado de La Atalaya, la lectura de todas las publicaciones del Cuerpo Gobernante, la preparación de las reuniones, la preparación de las asignaciones en la plataforma, la consideración del texto del día, la reunión familiar de dos horas semanales conocida como “Noche de adoración”, las cinco reuniones públicas semanales (discurso público, estudio de La Atalaya como congregación, reunión para la consideración del libro de congregación, Escuela del Ministerio Teocrático y reunión del Servicio Teocrático), las asambleas anuales (la de distrito de tres días de duración, la de circuito de dos días de duración y el día especial de asamblea) y la reunión anual de Conmemoración de la muerte de Jesucristo o Cena del Señor, para la que previamente el asistente ha de prepararse leyendo durante esa semana las porciones bíblicas que tienen que ver con el tema.

    Quienes son ancianos o supervisores deben además realizar visitas de pastoreo, llevar el control de todo lo relacionado con la congregación y sus miembros, actuar en comités judiciales y asistir a las reuniones anuales especialmente preparadas para ellos, entre otros cometidos. También, tanto para los ancianos como para los miembros comunes, cada seis meses las congregaciones reciben la visita del superintendente de circuito, que durante una semana se aloja en hogares de quienes se prestan a ello, a la par que revisa las actividades de la congregación que visita y, tras los tres discursos especiales pertinentes (para uno de ellos se programa una reunión extraordinaria de congregación), conmina a aumentar la actividad en el servicio del campo o predicación, con lo que coloca una carga aún más pesada sobre la congregación.  

    Se le dice al testigo de Jehová que debe estar “intensamente ocupado en la obra del Señor”, yendo “al paso de la Organización”. Por organización se entiende la del “Esclavo Fiel y Discreto”, que es ahora, desde que el anuncio se hizo público el 6 de octubre de 2012, el mismísimo Cuerpo Gobernante. Ir al paso de la organización significa “ir al paso del Cuerpo Gobernante”. Quien no se somete al Cuerpo Gobernante, tampoco se somete a Jehová Dios. Nadie puede acudir a Dios sin pasar por la vicaría del Cuerpo Gobernante. Sin embargo Jesucristo dijo: “Nadie viene al Padre sino por mí”. El nada dijo de un cuerpo gobernante o esclavo fiel y discreto que actuara como mediador entre Dios y los hombres. Tampoco nombró a nadie su representante porque continúa vivo y dirige personalmente su congregación.

   En el siglo I fue el propio Jesucristo quien envió a Pablo a predicar y éste lo hizo directamente así, no a través de un supuesto cuerpo gobernante. Jamás hubo un cuerpo gobernante central en el cristianismo primitivo. Los cuerpos gobernantes vinieron después, con la apostasía. Todo cuerpo gobernante es una organización humana sujeta a continuos errores y abusos. El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová no es más que una suplantación de Dios mismo, ya que se sienta en el lugar de Dios y exige obediencia ciega y veneración rayana en lo divino. El mismo se equipara a Dios al decir que quien no se sujeta a él tampoco se sujeta a Dios.

    ¿Cuánto tiempo mínimo dedica o debe dedicar a la organización jehovista el testigo de a pie? Según los ancianos y superintendentes consultados al respecto, éstos serían los tiempos mínimos: al menos diez minutos a la consideración completa del texto del día; una hora diaria al estudio personal; media hora diaria a la lectura de las publicaciones; dos horas semanales a la noche de adoración en familia; seis horas semanales a las reuniones, contando tiempos de ida y vuelta; dos horas semanales a la predicación formal (sin contar la informal); tres horas semanales al estudio y preparación de La Atalaya, el libro de congregación y la Escuela y Reunión de Servicio. No se cuentan tiempos de preparación de asignaciones en la Escuela ni tiempos de las asambleas. En total, el testigo de a pie debe dedicar un mínimo de 24 horas semanales (3 horas y ½ diarias) a cumplir con su asignación teocrática. No digamos si dedica a la predicación más de 8 horas semanales, por ejemplo, de 12 horas para arriba. Aparte no debe descuidar la oración y meditación diarias, varias veces al día. ¿Le queda tiempo para su esparcimiento personal y dedicación a la familia después de dedicar una jornada de 8 horas al trabajo, más el tiempo de los desplazamientos? ¿Se obliga a sacrificar horas de sueño y descanso, en detrimento de su salud?

    Lo que sí está claro es que no le queda tiempo al testigo para pensar libremente y para investigar si sus creencias están realmente fundamentadas en la Biblia o son simples especulaciones humanas. El Cuerpo Gobernante se encarga de que no se salga del camino trazado, no sea que, por usar correctamente el intelecto, descubra la verdad que habrá de libertarle del yugo jehovista, como ocurre con todo creyente watchtoweriano que le da por razonar como es debido y comprueba que ha estado metido durante años en una burbuja utópica, viviendo un engaño de colores cambiantes.  

 

   

   

 

 

jueves, 6 de junio de 2013

Los setenta años de Babilonia (4)


    A modo de recapitulación de lo expuesto en los capítulos anteriores, podemos destacar lo siguiente:

    1º) Durante siglos los historiadores desconocían cuándo había caído Babilonia ante Ciro. Sin embargo, sí sabían que el imperio babilonio había durado setenta años desde la toma del último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán, hasta la caída de Babilonia. De acuerdo con el profeta Jeremías, las naciones que Babilonia había conquistado a Asiria habrían de estar en servidumbre al rey babilonio durante setenta años, tal como antes lo habían estado al rey asirio. Al final de los setenta años, Babilonia rendiría cuentas al caer ante los medos y los persas.

    2º) Para conocer la fecha de la toma de Harrán por los medos y los babilonios, los historiadores acudieron a la cronología egipcia, la cual muestra una serie de fechas que se han comprobado exactas. Una de ellas fue el año 610 antes de la era cristiana (a.e.c.). En ese año ascendió al trono el faraón Necao II, a quien en la Biblia se le llama Nekó. En el año primero de su reinado, es decir, en el 609 a.e.c., Nekó acudió en ayuda de los asirios atrincherados en Harrán, donde se había refugiado el rey Asurubalit II. En el camino le salió al encuentro el rey Josías de Jerusalén, que trató de impedirle el paso, por lo que un arquero le disparó una flecha y, herido mortalmente, se retiró a Jerusalén, donde falleció. Nekó no consiguió derrotar a los babilonios, con su rey Nabopolasar al frente, y éstos tomaron la ciudad de Harrán. Con ello Babilonia terminó de anexionarse todos los territorios asirios, por cuya razón los historiadores concluyen que a partir del 609 a.e.c. Babilonia reinó como imperio absoluto hasta su caída.

    3º) Sabido que Harrán fue tomada en el 609 a.e.c., los historiadores aplicaron a ese año los setenta de duración del imperio babilonio, llegando así al 539 a.e.c. De haber sido tomada Harrán en el 629 a.e.c., como alega sin fundamento el profesor noruego Rolf Furuli, los setenta años de Babilonia habrían terminado en el 559 a.e.c. A los historiadores, pues, se les hizo necesario corroborar la exactitud de la fecha 539 a.e.c.  

    4º) La corroboración más importante la realizaron los historiadores partiendo de la fecha 605 a.e.c. Tomada Harrán en el 609 a.e.c., cuatro años después, por tanto en el 605 a.e.c., aconteció la batalla de Karkemis, en la que los babilonios pelearon contra los egipcios, que pretendían arrebatar a Babilonia las tierras que ésta había conquistado a Asiria. El rey babilonio Nabopolasar se hallaba enfermo y envió a su hijo Nabucodonosor, entonces príncipe heredero, a pelear en Karkemis. Terminada la batalla a favor de los babilonios, le llegó a Nabucodonosor la noticia del fallecimiento de su padre, por lo que acudió con una escolta a Babilonia, donde ese mismo año de 605 fue investido como rey.

    5º) Por las listas de Beroso y Tolomeo (el propio historiador Josefo cita de Beroso en su libro “Contra Apión”), que han sido corroboradas como exactas, entre otras, por la tablilla del listado de los reyes en Uruk, por la estela de Adad Guppi y por las más de cincuenta mil tablillas cuneiformes descubiertas en tierras de la antigua Babilonia, los historiadores sabían que Nabucodonosor había reinado 43 años; su hijo Awel Marduk o Evil Merodac, 2 años; Neriglisar, yerno de Nabucodonosor, 4 años; el hijo de Neriglisar, Labashi Marduk, unos meses (que se cuentan como cero años por fallecer este rey antes de su año primero de reinado); y Nabonido, otro yerno de Nabucodonosor, 17 años, en cuyo tiempo cayó Babilonia. El total de años reinados por estos monarcas fue de 66, que aplicados al año 605, arrojó la fecha del 539 a.e.c., quedando así corroborado este último año como el de la caída de Babilonia. Después se corroboraría por otros medios, como las olimpiadas griegas.

    Al corroborarse la fecha de 539 a.e.c. gracias a la del 605 a.e.c., quedó al propio tiempo corroborada la fecha del 609 a.e.c. como el año de la toma de Harrán y del inicio de los setenta años gloriosos de Babilonia, setenta años durante los cuales sometió a su servidumbre a las naciones que había arrebatado a Asiria. La única nación al completo que no se sometió a esta servidumbre fue Judá, razón por la cual Nabucodonosor se fue llevando al destierro, en tres tandas, a los judíos. El destierro más importante acaeció en el año 7/8 de Nabucodonosor, siguiéndole el del año 18/19, cuando el rey babilonio arrasó Jerusalén. Aún se llevaría cautivos más judíos en el año 23/24.

    Dado que el arrasamiento de Jerusalén tuvo lugar en el año 18/19 de Nabucodonosor y éste ascendió al trono en el 605 a.e.c., eso significa que la devastación hierosolimitana aconteció en el año 587 a.e.c. Este año marcó la pauta para que a mediados del siglo XIX el teólogo Thomas Rawson Birks y otros estudiosos, después de haber leído en Jeremías que Nabucodonosor cargó contra Jerusalén en su año 19 de reinado, sumara 19 años al 587 y así llegó a la fecha del 606 a.e.c. Y, entendiendo que Judá estuvo en servidumbre a Babilonia por 70 años (años de servidumbre que incluían los de los tres grandes destierros), se llegó a la conclusión de que los judíos fueron liberados en el 536 a.e.c., año que erróneamente se entendía como el primero de Ciro.

    Sin embargo, tanto Birks como los otros expositores bíblicos se equivocaron al sumar 19 años al 587, pues no es lo mismo el año 19 que 19 años. Si Jeremías dice que Nabucodonosor arrasó Jerusalén en su año 19, quiere decir que habían pasado 18 años, que son los que estos estudiosos debieron haber sumado al año 587 y así hubieran llegado correctamente a la fecha del 605 a.e.c. como año de ascenso de Nabucodonosor; pero, de haberlo hecho, las fechas entre las que mediaban 70 años de servidumbre, que no de destierro, de la nación de Judá al rey de Babilonia, hubieran sido el 605 a.e.c. y el 535 a.e.c., respectivamente. Ello significa que las fechas 606 y 536 a.e.c., así como todas las demás basadas en ellas, proceden de cálculos erróneos y se basan en simple especulación humana. Tales fechas fueron adoptadas en el siglo XIX por los adventistas y otros grupos religiosos que, llevados por el entusiasmo de captar adeptos, no se pararon a comprobar si las mismas eran o no correctas.

    Otra manera de llegar a la fecha del 605 a.e.c. como el año de la subida al trono de Nabucodonosor, y por ende de llegar a la fecha del 609 a.e.c. como la del inicio de los setenta años de Babilonia, es por medio del diario astronómico VAT 4956, descubierto en las excavaciones de Babilonia. Gracias a esta tablilla los astrónomos pudieron fijar la fecha absoluta científica del 568 a.e.c., que según la tablilla corresponde al año 37 de Nabucodonosor. (Continuará).  

 

domingo, 2 de junio de 2013

Los apóstoles no eran ungidos cuando celebraron la Cena con Jesucristo


    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, al igual que en otro tiempo la Sociedad bíblica Watchtower cuando ésta dirigía los asuntos jehovistas, antes de 1976, dogmatiza que solamente los llamados ungidos o que aseguran tener el llamamiento celestial para reinar con Cristo sobre la Tierra son los únicos que tienen derecho a comer del pan y beber del vino durante la ceremonia de celebración de la Cena del Señor, mediante la cual se rememora la muerte de Jesucristo.

    Según el Cuerpo Gobernante, pues, únicamente los ungidos pueden participar de los emblemas de pan y vino durante la Conmemoración de la muerte de Cristo, una vez al año. Los demás miembros de las congregaciones de testigos de Jehová, es decir, los que no son ungidos y que su esperanza es la de vivir para siempre en una tierra paradisíaca, éstos no pueden participar de los emblemas por la sencilla razón de que no son ungidos o personas con llamamiento celestial.

    Los apóstoles fueron los primeros que celebraron la Cena del Señor con el mismo Cristo presente, en el año 33 de nuestra era, según se estima cronológicamente y suponiendo que el asunto sea rigurosamente histórico y no se trata de una elucubración tardía del autor o autores de los evangelios. La pregunta que surge aquí es la siguiente: Cuando los apóstoles participaron del pan y el vino que Cristo les sirvió en su cena de despedida, pues se trataba de una cena de despedida y no de otra cosa, ¿eran ungidos? La respuesta es un categórico NO.

    Los apóstoles, al igual que otros discípulos, no llegaron a ser ungidos hasta tiempo después, cuando el espíritu santo, según el relato, fue derramado sobre ellos en el Pentecostés. Por tanto, cuando participaron del pan y el vino en la Cena del Señor no eran ungidos. Eso significa que hoy día no es preciso ser ungido para participar del pan y el vino durante el acto de conmemoración de la muerte de Cristo, ya que los propios apóstoles no lo eran cuando celebraron la Cena reunidos con Cristo mismo.

    Sin embargo, a pesar de que eran muchos los discípulos de Jesús cuando él estuvo en la tierra, éste solamente ofició la Cena de despedida con sus apóstoles. Ni siquiera su madre estuvo presente en la misma. Se observa de paso que no se trató de la cena de Pascua judía, sino de otra reunión culinaria celebrada la noche anterior, pues de otro modo Jesús la hubiera celebrado con su madre y hermanos, en familia, como estipulaba la Ley mosaica.

    Es patente que el hecho de celebrar Jesucristo la cena con sus más allegados discípulos, los apóstoles, significó que éstos representaban a los demás discípulos, pues hubiera sido poco menos que imposible reunir a todos, tal vez centenares de ellos, en un recinto de celebración apropiado al gran número de comensales, si es que existía en Jerusalén algún local de tan amplias proporciones y, dado que se trataba de una cena, no iban a celebrarla en un descampado, a oscuras o relativamente a oscuras, aún siendo noche a punto de luna llena.

    Por otro lado, el asunto de ungidos o no ungidos es en realidad una teoría doctrinal no fundamentada bíblicamente y que tiene su origen en la teología de la Watchtower, según la concebían determinados individuos, teoría sin fundamento que recogió después el Cuerpo Gobernante, que no se detuvo a analizarla para ver si realmente se basaba en los evangelios y cartas apostólicas. De haberse detenido en ello, hubiera descubierto que tal doctrina solamente se basa en especulación humana, al igual que los tiempos y fechas sobre los que el Cuerpo Gobernante continúa fundamentando sus creencias.

    El punto a considerar es que los apóstoles no eran ungidos cuando celebraron la cena con su Maestro, ya que la unción con el espíritu santo acaeció más tarde, el día del Pentecostés. A partir del año siguiente, en la fecha de conmemoración, pudieran considerarse ungidos, pero no durante el refrigerio que el Maestro les ofreció la noche anterior a la de Pascua judía.

    Siendo el caso que en la primera Cena del Señor no hubo ungidos que participaron de ella, no se explica que a día de hoy solamente puedan participar de los emblemas de pan y vino los que el Cuerpo Gobernante cataloga como ungidos y en cambio los no ungidos asisten al ceremonial como simples observadores, algo ilógico en una invitación para celebrar una cena y no participar de ella.