miércoles, 30 de octubre de 2013

¿La predicación de las buenas nuevas indica quién tiene la verdad? (1)

    En cierta congregación un anciano viajante dio un discurso especial, del que nos informan que también se dio en otras congregaciones. El discurso consistió en tratar de convencer al auditorio de que lo que en realidad cuenta dentro de las filas de la organización de Jehová es la predicación de las buenas nuevas, la cual no ha variado en los casi 140 años de existencia desde el tiempo de Russell, pues básicamente se predica que, tras la destrucción de los sistemas religiosos, políticos, militares, financieros y comerciales de este mundo, será establecido el Paraíso en la Tierra, con la consiguiente resurrección de miles de millones de personas.

    El discursante hizo hincapié en que la predicación de los testigos de Jehová cumple profecía bíblica, ya que Jesucristo dijo que “estas buenas nuevas del Reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones y entonces vendrá el fin”. Aunque estas palabras se refieren a la predicación de los apóstoles y discípulos de Jesucristo en el primer siglo, a cuya predicación testimonial en el mundo mediterráneo entonces conocido siguió el fin del sistema judío, la organización de los testigos de Jehová las aplica a los tiempos actuales, que entiende como inmediatamente previos al fin del sistema de cosas mundial. El conferenciante aludido se expresó textualmente, según algunos apuntes taquigráficos recogidos de varias partes de la disertación:

    “Solamente los testigos de Jehová estamos predicando las buenas nuevas del Reino, lo que significa dos cosas: que estamos en el tiempo del fin inminente y que la de los testigos es la única congregación verdadera en toda la Tierra. Todo lo demás que hayamos aprendido dentro de la organización, y que siempre nos ha sido provechoso, puede variar -a excepción de verdades tan elementales como que Dios no es una trinidad, que el alma del hombre no es inmortal, que no existe un infierno de fuego, etc.-, dada la imperfección humana al entender los asuntos.

    Así, podrá variar nuestro entendimiento en temas como: la generación que no pasará, la identidad del esclavo fiel y discreto, las fechas que se consideran bíblicas y otras muchas cuestiones; pero lo cierto es que la invariable predicación de las buenas nuevas es la señal que identifica que los testigos de Jehová tenemos la verdad y que estamos en los días postreros del tiempo del fin. Tras la predicación de las buenas nuevas viene el fin y todo apunta a que ya lo tenemos encima. Prácticamente lo estamos tocando. Aún si, por detalles que aún se nos escapen, no viniera el fin en nuestros días y morimos, si seguimos predicando las buenas nuevas tenemos la garantía de la resurrección. Todo lo demás que hayamos aceptado como doctrina o entendimiento doctrinal tiene poca importancia al lado de la predicación y no es realmente esencial, ya que la doctrina o su entendimiento pueden cambiar, pero no la predicación. Ya sabemos que la luz del entendimiento se hace más brillante a medida que pasa el tiempo y hoy estamos llegando al cénit de ese entendimiento.

    Muchos hermanos están hoy tropezando por cuestiones banales, sobre todo de fechas, debido a que entran en páginas apóstatas que les dicen que Nabucodonosor no ascendió al trono en el año 625, que Jerusalén no fue arrasada en el 607, que los judíos no estuvieron 70 años en el destierro, que en 1914 no terminaron los tiempos de las naciones o de los gentiles ni que fue establecido en los cielos el reinado de Cristo, que en 1918 no inspeccionó Jesucristo a su esclavo fiel y discreto, ni que en 1919 lo nombró sobre sus bienes. Cierto que el entendimiento sobre las fechas 1918 y 1919 se ha corregido porque hemos recibido más luz. Entendemos más apropiadamente que la inspección por Jesucristo fue en 1914 y que en 1919 fue nombrado como el esclavo fiel y discreto un grupo de personas que se esforzaban por entender la verdad y llevarla a todos los rincones mediante la predicación de las buenas nuevas. Este esclavo fiel recibirá el nombramiento como administrador de los bienes del amo en un futuro no muy distante.

    Todo esto no le resta brillantez al mensaje verdadero que llevamos: la declaración de las buenas nuevas del Reino, la desaparición de la maldad en el mundo y la instauración del Paraíso en la Tierra. Esto es lo importante, lo inamovible y lo que nos identifica como verdaderos siervos del Dios Altísimo. Lo demás, las fechas, los detalles sobre nombramientos, la generación, el nuevo entendimiento en la identificación del esclavo, etc., etc., puede variar a medida que recibimos más luz.

    Solamente la predicación de las buenas nuevas del Reino es motivo más que suficiente para reconocer que estamos en la verdad, en el auténtico cristianismo. Y, si somos los únicos que estamos predicando estas buenas nuevas, quiere decir que somos los únicos que hemos sido comisionados para ello; naturalmente, significa que la cabeza visible de la organización de Dios en la Tierra, el esclavo fiel y discreto, el cuerpo gobernante, ha recibido directamente esta divina comisión y el encargo de darnos el alimento espiritual al debido tiempo. Y ahora es el debido tiempo en que este alimento que administra el esclavo se hace más nutritivo. Por tanto, le debemos sumisión absoluta y obediencia incondicional, reconociendo que ha sido puesto en su cargo por el mismo Jehová, a través de su hijo Jesucristo. No someterse al esclavo es no someterse a Jesucristo ni a Jehová. Cuestionar al esclavo es cuestionar al mismo Jehová”.

    Aseguró el discursante que solamente los testigos de Jehová están predicando “las buenas nuevas del Reino”. Sin embargo, aparte de que esa predicación únicamente estaba supeditada al primer siglo -que abarcó toda la tierra conocida del Mediterráneo-, hoy día los testigos de Jehová no están en realidad predicando las buenas nuevas del Reino como Jesucristo mandó. El dijo que “al ir prediquen que el reino de los cielos se ha acercado”. Pero los testigos predican que “el reino de los cielos se ha instalado”. Por otro lado, esa predicación no abarca hoy toda la Tierra. Eso precisaría varios siglos y, si ése es el caso, no podemos estar hoy en ningún tiempo del fin, tiempo que es parte esencial de la predicación jehovista, mediante la que con urgencia se insta a enrolarse en las filas de los testigos de Jehová.

 

lunes, 28 de octubre de 2013

El concepto de "generación" que nunca dio a conocer el Cuerpo Gobernante


    Allá por los años setenta, según citó el ex miembro del Cuerpo Gobernante Raymond Franz en una de sus bien documentadas obras, alguno de los integrantes de ese Cuerpo sugirió que la generación a la que Jesucristo se refería cuando dijo aquello de “esta generación no pasará”, era la de 1958, debido a que el lanzamiento del satélite Sputnik parecía a su juicio cumplir profecía bíblica en lo referente a que habría “señales en los cielos”, según se lee en el evangelio atribuído a Mateo. Ni que decir tiene que tan descabellada e irrisoria proposición fue al punto rechazada por los demás miembros de la jerarquía de Brooklyn.

    Con el tiempo ha habido otras proposiciones relativas a la interpretación de la “generación que no pasará”. La doctrina mantenida en pie fue, hasta el primer lustro de los noventa, la de que la generación se refería a las personas que en 1914 tenían suficiente edad, supuestamente entre 7 y 13 años, para comprender los acontecimientos que se estaban desarrollando en el mundo. Una generación se entendía como de 70 u 80 años, arriba o abajo, lo que significaba que para 1984 los supervivientes de la generación de 1914 tendrían una media de 80 años y a partir de ahí se estaría ya excediendo del tiempo máximo de una generación normal.

    Dado que aquella generación, si calculamos que los nacidos antes de la Primera Guerra Mundial tenían un promedio de 10 años para 1914, ya contaba 90 años para 1994 y casi todos habían muerto, el Cuerpo Gobernante, a la vista de que no se cumplían las expectativas de ver realizado el fin cabal del sistema, tal como durante decenas de años se había predicado, cambió radicalmente el entendimiento que de la generación se tenía. No es que la luz del entendimiento se hiciera más brillante y se aclararan matices con respecto a la clásica generación de 7 u 8 décadas, sino que se cambió por completo el concepto debido a lo equivocado de la predicación relativa al tema generacional. Ahora la generación estaba compuesta por los inicuos que se burlaban de lo que profetizaban los testigos de Jehová y no hacían caso de sus advertencias sobre el Armagedón y la implantación del Reino de Dios y el Paraíso en la Tierra.

    Apenas una década después, el Cuerpo Gobernante, reconociendo para sí el error, aunque no declaró públicamente que se equivocó en la explicación anterior de que la generación la componían los inicuos, volvió a cambiar el concepto y la generación que no pasaría se refería ya a los ungidos. Poco después afinó algo más, dado que surgían demasiadas preguntas por parte de la grey, y el Cuerpo Gobernante estableció, bajo pena de expulsión de los dubitativos y no aceptantes del nuevo dogma, que la generación la componían los ungidos que, estando vivos en 1914, se traslapaban (a modo de como se traslapan, solapan o cubren entre sí las tejas de un tejado) con otros ungidos nacidos después de 1914.

    El traslape, por el momento, tiene lugar una sola vez; es decir, que los ungidos no se traslapan unos a otros constantemente, a medida que envejecen los traslapadores. Es la doctrina actual con respecto a “la generación que no pasará”. De no venir el fin en varias decenas de años, seguramente el Cuerpo Gobernante de entonces implantará un segundo traslape, y los posteriores cuerpos gobernantes decretarán nuevos traslapes, tantos cuantos sean necesarios, suponiendo que tales cuerpos estén activos y no se haya reestructurado por completo la organización, en vista de la tendencia actual a menguar las filas o, más exactamente, a no crecer con la intensidad que se esperaba. Todo ello, suponiendo que no cambie la doctrina actual acerca de la generación.

    Sin embargo, a día de hoy son cada vez más los superintendentes y ancianos de todo el mundo que se preguntan si no es más lógico entender que la generación mencionada por Cristo se refiera a “la que vio suceder todas estas cosas”, es decir, la generación que ha contemplado la sucesión de todos los acontecimientos mencionados en el capítulo 24 del evangelio de Mateo.

    Ha de tenerse en cuenta que el primer concepto de generación que se predicaba antes de 1994 era que la misma se refería a las personas que vieron el principio del fin o comienzo de los acontecimientos narrados en Mateo. Pero ahora hay decenas de testigos de Jehová experimentados que entienden que la generación puede referirse a quienes vieron realizados todos los acontecimientos (aunque no los hayan observado personalmente) y que tan solo esperan la llegada del fin definitivo. Es de notar que este concepto de generación, según informes de miembros del departamento de redacción, ya se había discutido tiempo atrás en alguna sesión del Cuerpo Gobernante y, aunque tenía su lógica, fue rechazado por los miembros dirigentes más veteranos, que son los que influían vigorosamente en las decisiones de los demás.  

    Los expositores de esta acepción del término “generación” se remiten a Mateo 24:33 y 34 que dice textualmente, según la TNM: Cuando vean todas estas cosas, sepan que él está cerca, a las puertas. En verdad les digo que de ningún modo pasará esta generación hasta que sucedan todas estas cosas”. Exactamente, ¿qué eran “todas estas cosas”? Pues las que acababa de enumerar Jesucristo: guerras, terremotos, escaseces de alimentos, odio, falsos profetas, traiciones, predicación de las buenas nuevas, la cosa repugnante que causa desolación, falsos cristos, gran tribulación, señales en los cielos…

    Es justo después de esta enumeración que Jesucristo dice que “cuando vean todas estas cosas, sepan que él está cerca” y que “no pasará esta generación hasta que sucedan todas estas cosas”. ¿De qué generación se habla? Evidentemente, de la que vio o tuvo constancia de cómo se desarrollaban todos estos acontecimientos. Por lo tanto, no se trata de la generación que comenzó a ver los primeros eventos nombrados, es decir, guerras, terremotos y hambres. La generación que ve todas las cosas cumplirse es la que más cerca está de la venida real de Jesucristo con poder y gloria. Por lo tanto, se trata de una generación que ha de vivir y sufrir en sus carnes la “gran tribulación” aún futura. Es decir, la generación en cuestión todavía no ha llegado o por lo menos aún no ha comenzado a contarse, dado que es la que contemplará la gran tribulación futura que nadie sabe cuándo acaecerá.

    Tal es lo que grosso modo señalan superintendentes y ancianos de los testigos de Jehová, si bien aceptan del Cuerpo Gobernante, porque no tienen otro remedio, la explicación nada razonable de que la generación la componen los ungidos que se traslapan unos a otros. El asunto tiene mucha más lógica que la forzada dogmatización de que una generación bíblica se refiere a ciertos señores que se traslapan unos a otros.

   

 

domingo, 27 de octubre de 2013

Los antibíblicos 607 a.e.c., 1914 y los 2.520 años (2)


    Russell, el fundador del movimiento de los Estudiantes de la Biblia, había aceptado a ciegas en 1876, del adventista Barbour, las fechas 606 a.e.c. y 1914 como las de inicio y final de los imaginados 2.520 años de los tiempos de los gentiles, todo ello sin averiguar si tales datos eran ciertos o no. Barbour a su vez había aceptado las mismas fechas y los 2.520 años tras la lectura del libro “Horas con el Apocalipsis”, que publicó en 1844 el escrutador bíblico Elliot. Este a su vez había tomado los 2.520 años del libro “El Atardecer”, que publicó Brown en 1823. Brown fue el primero en establecer los 2.520 años tras duplicar los 1.260 años que desde la Edad Media se aplicaban generalmente a los siete tiempos del profeta Daniel. Los 2.520 años que llevan a la fecha de 1914 están, pues, basados en especulación mental de unos pocos individuos y en interpretación equivocada de varios versículos de la Biblia que no tienen relación entre sí. Estos errores vienen de mucho tiempo antes de que Russell fundara su movimiento, con un resto del cual Rutherford daría origen al de los testigos de Jehová en 1931.

    Aunque en principio los 2.520 años se entendían como los siete tiempos de la profecía de Daniel, el adventista Barbour equivocó el concepto y señaló que los 2.520 años correspondían a los tiempos de los gentiles, que a su entender corrían desde el año 606 a.e.c. Barbour fue también el primero en enseñar dogmáticamente que Jerusalén había sido destruída por Nabucodonosor en el 606 a.e.c., malinterpretando a los historiadores, que demostraban que la destrucción de la capital judía había acontecido en el 587 a.e.c. Este error también fue aceptado por Russell, quien, llevado por su entusiasmo y juventud, no se paró a investigar la verdad del asunto y comenzó a predicar como bíblicas las fechas 606 a.e.c. y 1914. Posteriormente, demostrado que la fecha del 606 era errónea, la Sociedad bíblica Watchtower adelantó en 1943 la destrucción de Jerusalén y el inicio de los 2.520 años al 607 a.e.c., lo cual publicó en el libro “La verdad os hará libres”. Con ello se alejó aún más del año 587 a.e.c., probado indirectamente por los historiadores, los arqueólogos y los astrónomos, de acuerdo con los datos que aporta la Biblia, como el año 19 de Nabucodonosor, año en que el rey babilonio arrasó la ciudad de Jerusalén.

    Regresando al tema de los 2.520 años, éstos surgen definitivamente en 1823, de la mente de J. A. Brown. Brown por un lado duplicó los 1.260 años que hasta su tiempo se venían entendiendo como la duración de los siete tiempos de Daniel. Por otro lado, como se estimaba que los siete tiempos eran los siete años en que Nabucodonosor perdió la cordura y éstos sumaban 2.520 días, dado que se conceptuaban como años proféticos de 360 días, de ahí que Brown se decidiese por los 2.520 años. A ello contribuyó el entendimiento de algunos judíos que desde la Edad Media aplicaban como regla el versículo bíblico de “un día por un año”. Así que Brown convirtió los 2.520 días de los siete tiempos de Nabucodonosor en 2.520 años.

    El primer error fue creer que la expresión “un día por un año” era una regla para medir tiempos bíblicos. La Biblia nada dice al respecto. Lo de “un día por un año” fue un mandato divino al profeta Ezequiel, además de un castigo impuesto a los israelitas, en este caso “un año por un día”. Por un error de cuarenta días, fueron éstos castigados cuarenta años.  Un día por año y un año por día, respectivamente. Y ahí terminó todo. No dice la Biblia que tales sucesos sirvan de precedente para que ciertos días se tomen como años. Si fuera así, la Biblia lo especificaría claramente, dado que se considera una misiva de Dios para el humano.

    El segundo error consiste en ir más allá de lo que está escrito. En el caso de los siete tiempos de locura de Nabucodonosor, de los que nada dice la Historia, pudieran haber sido siete años literales, aunque proféticos de 360 días cada uno, o 2.520 días en total. El libro de Daniel no especifica que los siete tiempos se extiendan hasta nuestros días, concretamente hasta 1914. Parte del segundo error de Brown está en tomar los 2.520 años como solares de 365,25 días y no como proféticos. Quiere decir que, si los 2.520 días de Daniel eran proféticos y esto pretende ampliarse a 2.520 años, tales años deben ser también proféticos, lo que significa que, si los siete tiempos comenzasen en el 607 a.e.c., se extenderían hasta 1878, no hasta 1914, ya que 2.520 años proféticos equivalen a unos 2.484 años solares (exactamente 2.520 x 360 / 365,25 = 2483,78).

    En conclusión, es falso que 1914 sea el año de la conclusión de los tiempos de los gentiles. De ser el caso, el año sería el 1878, siempre y cuando se opere a partir del 607 a.e.c.; pero resulta que esta fecha como año de la caída de Jerusalén también es espuria. Ni el 607 a.e.c. ni el 1914 son años bíblicos, como tampoco son bíblicos los 2.520 años de los tiempos de los gentiles. Nada dice la Biblia de ellos. Todo es especulación humana. Cualquier tipo de cristianismo que se base en estos desacertados factores numéricos no puede ser genuino y da lugar a falsas profecías que después, cuando no se cumplen, intentan corregirse aduciendo que se ha recibido más luz en su interpretación.

sábado, 26 de octubre de 2013

Los antibíblicos 607 a.e.c., 1914 y los 2.520 años (1)


    En el último cuarto del siglo XIX, el norteamericano Charles Taze Russell aceptó del adventista Nelson Horatio Barbour, ex discípulo de William Miller, quien fundó el adventismo, la teoría de que 1914 era el año en que Dios destruiría todos los reinos del mundo en la batalla del Armagedón. También aceptó que el tiempo en que se permitía a los gentiles gobernar después del desmantelamiento del reino de Dios o caída del rey que representaba a Jehová en Jerusalén, era de 2.520 años, contados desde el 606 antes de la era cristiana (a.e.c.), año este último que Barbour declaró como el de la ruina de Jerusalén por los babilonios, tras desechar la evidencia de los historiadores debido a que no le cuadraban los supuestos 70 años de destierro de los judíos.

    Russell había fundado el movimiento de los Estudiantes Internacionales de la Biblia y predicó que en 1914 Dios destruiría todos los gobiernos de la Tierra y establecería en su lugar el Reino que instauraría el Paraíso original donde vivieron felices Adán y Eva. Para ello enseñó que los 2.520 años de los tiempos de los gentiles, que se creían comenzados en el 606 a.e.c., finalizaban en 1914 con el Armagedón. Ya antes de 1914 Russell detectó que había un error en el cálculo de Barbour. Y era que entre el 606 a.e.c. y 1914 no mediaban más que 2.519 años.

    En vista del error que Barbour le había transmitido, Russell pensó trasladar el Armagedón de 1914 a 1915; pero, dado que estalló la Gran Guerra en 1914, finalmente aceptó que la batalla de Dios acontecería ese mismo año. Transcurrió 1914 sin que sucediera lo previsto por Russell y éste definitivamente cambió el año 1914 por el 1915. Para ello reimprimió el segundo volumen de sus Estudios en las Escrituras, el titulado “El tiempo se ha acercado”, y cuanto en la anterior edición aplicaba a 1914, ahora lo adaptaba a 1915. Este año de 1915 lo predicó, pues, como el definitivo del Armagedón. Finalmente, tampoco acaeció lo que a bombo y platillo pregonaba, y los Estudiantes de la Biblia, incluído el propio Russell, sufrieron no poca decepción. Un nutrido grupo abandonó el movimiento. En la noche del 31 de Octubre de 1916 Russell murió en un tren, mientras se desplazaba para dar uno de sus habituales discursos.

    El instructor de Russell, el adventista Barbour, había a su vez hecho suyos los hipotéticos 2.520 años, así como las fechas 606 a.e.c. y 1914, tras la lectura del libro “Horas con el Apocalipsis”, que publicó en 1844 el escrutador bíblico Edward B. Elliot. Este Elliot fue, según se estima, el primero en declarar que los siete tiempos del profeta Daniel -que Barbour equiparó erróneamente a los tiempos de los gentiles- corrían del 606 a.e.c. a 1914, aplicando para ello los 2.520 años que en su día había establecido John Aquila Brown. Elliot fue también el primero en equivocarse en el cómputo, algo que Barbour no detectó.

    El entusiasta de las Escrituras John Aquila Brown fue el primero en manifestar que los siete tiempos de Daniel duraban 2.520 años, lo cual publicó en 1823 en su obra “El Atardecer”. Desde la Edad Media se pensaba que los siete tiempos duraban por lo general 1.260 años. Lo que hizo Brown fue elevar su duración al doble, aparte de convertir en años los días de esos siete tiempos, y de ahí el origen de los 2.520 años que más tarde Barbour confundió con los tiempos de los gentiles mencionados por Jesucristo, quien no especificó su duración y además habló en tiempo futuro; pero Barbour creyó entender sin base alguna que los tiempos de los gentiles ya corrían desde el año 606 a.e.c., más de seis siglos antes de Cristo. Brown teorizó que los siete tiempos comenzaron en el año 604 a.e.c. -que los historiadores comprobaron que era el año primero de reinado o siguiente al de ascenso de Nabucodonosor- y terminarían en 1917, siendo glorificado Israel. Casualmente el ejército inglés conquistó Jerusalén a los turcos en 1917 y la teoría profética de Brown fue tomada en serio.

    Volviendo al año 606 a.e.c., que Barbour y Russell consideraban como el primero de los 2.520 años de los tiempos de los gentiles, además del año de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, en 1943 la Sociedad bíblica Watchtower creyó enmendar el error adelantando al 607 la caída de Jerusalén y adelantando de paso el inicio de los 2.520 años en dicho año 607. Hoy día los testigos de Jehová, que antes dependían doctrinalmente de la Watchtower, defienden como dogma de fe las fechas 607 a.e.c. y 1914, junto con los 2.520 años de la pretendida duración de los tiempos de los gentiles. Sin embargo, se trata de fechas y cálculos que se evidencian equivocados, producto de la elucubración mental de individuos bientencionados que el Cuerpo Gobernante de los Testigos considera como parte de Babilonia la Grande (o conjunto de las religiones del mundo) y que, por tanto, en modo alguno pueden entender la Biblia. No obstante, aun a sabiendas de lo quimérico de las fechas, este Cuerpo Gobernante continúa predicando y haciendo predicar como bíblicos, bajo pena de excomunión, los años 607 a.e.c. y 1914, al igual que los 2.520 años atribuidos a los tiempos de los gentiles.

 

domingo, 20 de octubre de 2013

Carta simpática al Cuerpo Gobernante


    Nos envían desde España fotocopia de la siguiente misiva que se nos autoriza a transcribir íntegramente, sin los datos del autor:

 
Madrid, 1 de Septiembre de 2013

A la atención del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová

Watch Tower Bible and Tract Society
100 Watchtower Drive
Patterson
New York 12563-9204

 
    Ex querido Cuerpo:

    Os escribo desde España, gran país padre-madre de pueblos y culturas, del que ni siquiera os habéis dignado, ni falta que hace, nombrar un representante con voz y voto para ese “cuerpo central de ancianos”, que es como en verdad debería llamarse el pérfido grupo en el que os encuadráis y no que encima lo habéis manchado con la palabra “gobernante”, que es vocablo cargado de astutas apetencias soberanistas e inquisitoriales, además de sugerir una retorcida dictadura propia del que vosotros mismos llamáis “gobernante de este mundo”, al que en realidad tenéis por padre y maestro.

    Exigís de la ofuscada grey obediencia ciega y sumisión leal a vuestros volubles caprichos doctrinales, que inapropiadamente llamáis orden teocrático, y suprimís del indefenso adepto la divina facultad del libre pensar individual, que ha de estar en todo momento sometida a vuestra irrazonable teología, que desatinadamente llamáis verdad y que reemplazáis constantemente como las bombillas que se funden, y ello cuando no se cumplen las predicciones que predicabais como bíblicas, al tiempo que aducís que la luz del entendimiento es progresiva.

    La Biblia dice que “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre. No os dejéis llevar por doctrinas diversas y extrañas” (Hebreos 13:8,9). No hay razón para andar cambiando el entendimiento y no permanecer en la enseñanza inalterable del Gran Maestro. Juan escribe que “quien no permanece en la enseñanza del Cristo no tiene a Dios” (2 Juan, 9). Y el propio Jesús dijo que enseñásemos a otros a observar todo lo que él había mandado (Mateo 28:20). Pero vosotros, con tanto cambio, no estáis enseñando a observar a otros lo que Cristo ordenó. El dijo: “Prediquen que el reino de los cielos se ha acercado”. Pero vosotros predicáis que el reino ya se ha instalado desde 1914, aunque no hay evidencia de ello y bien sabéis que esa fecha es más falsa que Judas y cualquier día os la sacudís de encima con varios pretextos.

    Si os señalan, tratáis de defenderos diciendo que lo que cambia no es la verdad, sino el entendimiento que se tenía de la verdad. Con ello expresáis claramente, como acertó a decir un librepensador, que nunca habéis estado ni estáis en la verdad, sino en el entendimiento de lo que sin razón llamáis verdad.

    Si lo que hoy enseñáis decís que es la verdad, eso significa que lo que enseñabais antes no era verdad, sino descarada mentira fabricada por vuestros exaltados caletres. Si antes no enseñabais la verdad, quiere decir que no teníais conocimiento exacto, lo cual no implica que ahora lo tengáis. No sois más que una veleta a merced de los vientos.

    La que llamáis “luz más brillante” del entendimiento no es compatible con el conocimiento exacto. Si realmente antes teníais conocimiento exacto, como defendéis, ahora no sería necesario cambiar lo que anteriormente enseñabais. ¿Se puede enseñar a otros sin tener conocimiento exacto? O lo que es lo mismo, ¿se puede enseñar sin saber? Aquí os aplica el refrán castellano que dice: “¿Enseñas sin saber? Como no sea el culo, no sé qué”.  

    Os habéis sacado de la manga eso de que el Amo Jesucristo inspeccionó a vuestros predecesores de la Watchtower en 1914 y que en 1919 los nombró como “esclavo fiel y discreto”. A un mayordomo fiel no le nombra el amo como tal cuando viene a inspeccionar la casa o cuando regresa después de larga ausencia, sino cuando se tiene que distanciar por una temporada, algo que lógicamente debería haber ocurrido muchos siglos antes del veinte, si es que la ilustración del esclavo fiel y discreto aplica a lo que tan tortuosamente imponéis como dogma, ya que si no fuera dogma no expulsarías a quienes no están de acuerdo con vuestros fatuos y caducos razonamientos, mediante los cuales torcéis las Escrituras en vuestro provecho.

    Bien sabéis que el año 1919 se lo sacó de la entrepierna el señor Rutherford cuando en febrero de 1927 publicó en la Atalaya que el Amo había inspeccionado a su esclavo en 1918 (que entonces eran todos los Estudiantes de la Biblia porque todos se creían ungidos) y que al año siguiente lo nombró para administrar sus bienes terrestres. Ninguno de los que supuestamente componían o iban a componer el grupo del esclavo fiel y discreto en 1918 y 1919 se enteró de esa inspección y nombramiento hasta que el juez Rutherford lo publicó en 1927, muchos años después de acaecidos los hipotéticos sucesos. Ahora decís que no era cierto que el amo inspeccionara al esclavo en 1918 y que lo nombrara sobre sus bienes en 1919, y ponéis de embustero -creemos que justamente, porque mintió más que cien pinochos- al que se había autonombrado presidente de la Watchtower en 1917.

    La muerte del juez Rutherford no fue llorada, tal era el cariño que le tenían, y a día de hoy no se sabe dónde está enterrado, aunque afirméis que está sepultado en Staten Island, donde los abuelos teocráticos tenían la radio. Hemos indagado en el lugar y eso no es cierto. Allí no hay más sepulturas que las de la iglesia protestante que desde siglos se levanta en el terreno. Intuimos que continúa enterrado bajo el garaje de Beth Sarim, esperando aún la resurrección de los patriarcas.

    Embustero y vividor era de todas maneras este Rutherford y jamás dejó de serlo, con dos lujosas mansiones (Beth Sarim y Beth San, la segunda con dos búnkeres que mandó construir por temor a que la guerra se extendiera a los Estados Unidos) y dos no menos lujosos Cadillac de 16 cilindros, que solamente los millonarios podían permitírselos -y un solo automóvil, no dos como tuvo este señor-, todo pagado con fondos de los ingenuos creyentes y de la Sociedad, en un tiempo en que la mayor parte del pueblo pasaba hambre y penurias y hasta los ricos andaban con la soga al cuello. La prensa de aquellos días es testigo de los hechos, ya que esto lo silenciáis o lo tergiversáis en vuestra literatura para que los adeptos no se escandalicen de vuestros astutos manejos. Lo menos que Jesucristo os llamaría sería “zorras”, como le llamó a Herodes.

    Al pastor Russell lo habéis echado a la cuneta y ahora decís que no era el esclavo o parte del esclavo fiel y discreto, sino que era una especie de san Juan Bautista en traje del siglo XIX. Claro, el meollo estaba en que Russell no había contactado con ningún esclavo fiel y discreto para seguir el hilo del cristianismo verdadero, sino que este Russell comenzó de cero y os encontrasteis con que había dos esclavos fieles y discretos, por un lado, el cuerpo de cristianos que venía del siglo primero y, por otro lado, el pastor Russell, a quien por cierto se le hizo un funeral de primera y se le plantó junto a su tumba la enorme pirámide de granito, que se ve desde las alturas, en el United Cemetery de Pittsburgh, donde posteriormente se construyó el gran complejo masónico.

    Como no era posible que hubiera dos esclavos fieles y discretos, tirasteis por la borda la doctrina que habíais impuesto a machamartillo de que el esclavo estaba activo desde el siglo primero y a Russell lo arrinconasteis y lo bajasteis de categoría. De un plumazo también borrasteis la historia de la Watchtower anterior a 1914, dados los enormes disparates publicados en los tomos russellitas de Estudios en las Escrituras y en las Atalayas de entonces. Pero el caso es que los escritos de Rutherford, de 1917 a 1942, y los de Fred Franz, de 1942 a 1975, contienen tantas o más sandeces que los de Russell. Otro tanto ocurre con los escritos del Cuerpo Gobernante que asumió el poder supremo a partir de 1976, aunque se había formado en 1971 y cuya corona y cetro detentáis hoy, a modo de papas o emperadores.

    Tantos cambios a los que llamáis ajustes -que no lo son porque no ajustáis nada, sino que cambiáis totalmente de pieza cuando no se cumple lo que pregonáis- no hacen más que acusaros de ser falsos profetas. Este que infortunadamente fue servidor vuestro, guiado ciegamente por quienes eran aún más ciegos que él, que no conoció la verdad porque estaba esclavizado a la organización que tan pomposamente se erigió en templo de Dios, pide con toda libertad ser borrado de vuestras listas, a sabiendas de que no lo haréis porque os gusta coleccionar datos de todo bicho viviente.

    De todas maneras, no siendo miembro del grupo de los 144.000 ungidos que malinterpretáis de las Escrituras, jamás he formado parte de la auténtica Congregación. A lo sumo, como una más de las ovejas o borregos que solamente han sabido decir amén a cuanto sin lógica publicabais y seguís publicando, estaba circunscrito a un núcleo congregacional. Pero, habiendo ahora conocido la verdad que liberta -algo que está al alcance de todo aquel que utilice libremente el intelecto- me encuentro emancipado de vuestras férreas ataduras y cargas que, como decía el mismo Cristo, ni con un dedo sois capaces de mover.  

    Tengo muchas más cosas que deciros; pero ni las vais a leer. Necesitáis antes limpiaros los cristales de las lentes.   

    Abajo os incluyo mis datos y el salón y congregación en la que me encasillaron, para que les comuniquéis a los cegatos que la dirigen a su antojo mi firme decisión de desasociarme de esta vacilante estructura piramidal que a sí misma se ha endiosado. Prefiero ser tratado como apóstata de vuestras inseguras creencias que como cristiano apresado en vuestras afiladas garras.

    Desatentamente,

sábado, 19 de octubre de 2013

El error de los 80 años de los judíos en el destierro babilonio (2)



    Los 70 años de los que habla Jeremías se refieren a Babilonia y no a los judíos. He aquí la explicación: En la actualidad contadísimas biblias, como la Traducción del Nuevo Mundo (TNM) utilizada por los testigos de Jehová, insertan la preposición “en” en el texto de Jeremías 29:10. La TNM vierte así el texto: “Conforme se cumplan setenta años en Babilonia…” La preposición “en” despista al lector y le hace sobreentender que se refiere a los desterrados que estaban en Babilonia. Todas las biblias que traducen directamente de los manuscritos hebreos han corregido el texto según aparece en los mismos. La preposición inserta en estos manuscritos es la que se traduce por “a”, “de”, “para”. Así, la versión Nácar Colunga dice con toda corrección: “Cuando se cumplan los setenta años de Babilonia…” O como lo vierte la Biblia de Jerusalén: “Cuando a Babilonia se le cumplan los setenta años…” O, finalmente, como lo vierte la nueva TNM en sueco y en danés, de los años 2002 y 2003: “Conforme se cumplan setenta años para Babilonia…”  No obstante, la nueva Biblia TNM continúa con la preposición “en”.

    En resumen, que se ha malinterpretado el texto de Jeremías 29:10 haciendo creer que los 70 años se referían al destierro judío, cuando en realidad solamente aplican a Babilonia. Y el Cuerpo Gobernante ha basado todas sus doctrinas precisamente sobre esos 70 años cuyo entendimiento heredó a través del adventista Nelson H. Barbour el entusiasta Charles Russell, fundador del movimiento de Estudiantes Internacionales de la Biblia -que no de los testigos de Jehová-, quien no se detuvo a comprobar la veracidad o no veracidad de las fechas y los detalles numéricos que le eran transmitidos, sino que, llevado por la fogosidad de su juventud, predicó a diestro y siniestro cuanto Barbour le había confiado. El tiempo daría fe de los muchos errores que fueron predicados como palabra de Dios, errores que el Cuerpo Gobernante no admite como tales, sino que los llama “ricas verdades caducadas” y otras frases por el estilo, mientras aduce que “la luz aumenta de día en día hasta que el día queda firmemente establecido”. Sin embargo, ese día no termina de establecerse firmemente, pues continuamente, desde hace más de un siglo, se cambia el entendimiento de los textos bíblicos y, por ende, se transmutan las que en otro tiempo se consideraban como “verdades”.

    Que los 70 años no se refieren al destierro judío, se patentiza asimismo por los textos de Jeremías 25:11 y 12. En Jeremías 25:11 leemos, en la parte que interesa: “…y estas naciones tendrán que servir al rey de Babilonia setenta años”. El Cuerpo Gobernante impone a sus adeptos que el texto en cuestión se acepte de la siguiente manera: “… y los judíos tendrán que servir al rey de Babilonia en el destierro setenta años”. Sin embargo, el texto no dice eso. Refiere que las naciones, es decir, las naciones que Babilonia había conquistado a Asiria -incluída Judá, evidentemente- estarían en servidumbre al rey de Babilonia, tal como antes habían estado en servidumbre al rey de Asiria, del que eran tributarias. Ese tiempo de servidumbre de las naciones al rey de Babilonia duraría setenta años, no más. Asegurar que el profeta Daniel llevaba 80 años sirviendo al rey de Babilonia en el destierro es ir más allá de lo que dice Jeremías.

    Todo el malentendido del texto de Jeremías 25:11 se encuentra en la expresión “tendrán que servir”. El Cuerpo Gobernante da a entender que servir al rey de Babilonia es prestar servicio a dicho rey en el destierro. Pero Jeremías no dice eso. En Jeremías 27:11 leemos textualmente: “En cuanto a la nación que ponga su cuello bajo el yugo del rey de Babilonia y realmente le sirva, yo también ciertamente la dejaré descansar sobre su suelo -es la expresión de Jehová- y ciertamente lo cultivará y morará en él”. Así que, según Jeremías, al rey de Babilonia podía servírsele en la propia tierra de cada cual, sin necesidad de ir al destierro. Eso mismo habían hecho las naciones que antes eran tributarias de Asiria, incluída Judá. Había servido al rey de Asiria cada nación en su territorio. Dicho servicio o sometimiento no implicaba el destierro.

    La única nación que al completo llevó Nabucodonosor al destierro fue Judá, debido a que no le había servido. Hasta su año 19 de reinado no se acercó Nabucodonosor a Jerusalén para destruir la ciudad. Judá, como las demás naciones, debió haber servido al rey de Babilonia desde su mismo primer año de reinado, no desde al año 19. Y debido a que no se sometió servilmente a Babilonia, por esa razón Judá recibió el castigo del destierro. Si los judíos hubieran servido al rey de Babilonia, éste no habría destruido su ciudad ni los hubiera tomado cautivos.

    El siguiente texto, el de Jeremías 25:12, expone que “…cuando se hayan cumplido setenta años, pediré cuentas al rey de Babilonia y a aquella nación…”  Aquí el Cuerpo Gobernante establece que al rey de Babilonia se le pidieron cuentas en el año 537 a.e.c., cuando los judíos fueron libertados, según estima. Sin embargo en el 537 a.e.c. no se le pudieron pedir cuentas al rey de Babilonia por la sencilla razón de que el rey de Babilonia ya no existía, pues Ciro el persa había tomado la nación y disuelto el imperio babilónico un año y medio antes, en el 539 a.e.c. Por lo tanto, las cuentas se le pidieron al rey de Babilonia cuando cayó ante Ciro en el 539 a.e.c. En ese mismo año se cumplían los 70 años de dominio de Babilonia tras haber conquistado el último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán, hecho que ocurrió en el 609 a.e.c., como está demostrado por los historiadores y las decenas de miles de tablillas cuneiformes descubiertas en las excavaciones.

    De hecho, para poder llegar al año 539, los historiadores, sabiendo que Babilonia dominó la escena mundial durante 70 años después de terminar de conquistar Asiria, partieron en principio del año 609, al que aplicaron los 70 años, y después corroboraron la fecha del 539 por otros medios. Sin conocer primero la fecha del 609, los historiadores difícilmente hubieran podido establecer de primeras la del 539 a.e.c., que es aceptada por el Cuerpo Gobernante, al contrario de la del 609, que no la acepta y la traslada al 629 a.e.c., con lo que desacredita los 70 años de Jeremías y los eleva a 90, que es la diferencia existente entre el 629 y el 539. El Cuerpo Gobernante acepta la fecha del 539 a.e.c. para la caída de Babilonia, pero no acepta los datos que los historiadores esgrimieron para poder establecer el 539 a.e.c. como el año en que Babilonia cayó ante Ciro. Es evidente la incongruencia del Cuerpo Gobernante para seguir defendiendo que Babilonia dominó durante 90 años la escena mundial (del 629 al 539) después de tomar la ciudad de Harrán, cuando los historiadores están de acuerdo con Jeremías en que la parte final y gloriosa del imperio babilonio duró 70 años.

jueves, 17 de octubre de 2013

El error de los 80 años de los judíos en el destierro babilonio (1)


    El libro “Toda Escritura”, publicado por la Sociedad Watchtower bajo los auspicios del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, menciona que el profeta Daniel continuaba al servicio del rey de Babilonia en el año 538 a.e.c. y que para ese entonces llevaba unos 80 años en el destierro. Textualmente se lee este párrafo: “Daniel todavía estaba en el servicio real unos 80 años después de haber ido al destierro, y esto sería para alrededor de 538 a.E.C.”

    A decir verdad, esos 80 años no están de acuerdo con el texto bíblico de Jeremías 25:11, que dice que al rey de Babilonia se le serviría por 70 años. El versículo 12 especifica que, al cumplirse los 70 años, se le pedirían cuentas al rey de Babilonia. Por tanto, 70 años sería el tiempo máximo en que se estaría al servicio del rey babilonio. Pero aquí nos encontramos con que el profeta Daniel, según el Cuerpo Gobernante, estuvo 80 años al servicio del rey babilonio. Indudablemente, se trata de un error. Lo más que pudo estar Daniel al servicio del rey de Babilonia fueron 70 años. De ninguna manera le pudo servir durante 80 años, pues el rey de Babilonia dejó de serlo cuando se cumplieron los 70 años anunciados por Jeremías.

    Ese error de 80 años vuelve a presentarse en la interpretación que se tiene del capítulo 29 de Jeremías, que casi todo él es una carta que Jeremías escribió a los desterrados de Judá. Jeremías 29:1 lo detalla. En el versículo 10 se lee: “Conforme se cumplan setenta años en Babilonia, yo dirigiré mi atención a ustedes”. El Cuerpo Gobernante da a entender que el texto se interpreta así: “Conforme ustedes cumplan setenta años de destierro en Babilonia, yo dirigiré mi atención a ustedes”.

    Suponiendo que los 70 años se refieran al tiempo de destierro que los judíos habrían de pasar en Babilonia, ¿a qué desterrados aplica el texto? El testigo de Jehová común entiende, porque así se lo han enseñado, que ese texto aplica a los desterrados del año 607 a.e.c., supuestamente el año 19 de reinado de Nabucodonosor, después de que el rey babilonio arrasara Jerusalén. Quiere decir que el testigo entiende que, para cuando Jeremías escribió su carta a los desterrados, Jerusalén estaba destruída, sin rey y sin habitantes. El último rey fue Sedequías.

    Si Jerusalén estaba destruída, ¿desde dónde escribió Jeremías su carta a los desterrados? El mismo versículo 1 aclara que fue desde Jerusalén: “Y estas son las palabras de la carta que Jeremías el profeta envió desde Jerusalén…” ¿Acaso vivía Jeremías entre ruinas? Si leemos el versículo 16 notaremos que, cuando Jeremías escribía la carta, Jerusalén tenía rey y muchos de sus habitantes no habían sido llevados al destierro. Dice Jeremías 29:16: ”Porque esto es lo que ha dicho Jehová al rey que se sienta en el trono de David y a todo el pueblo que mora en esta ciudad, sus hermanos que no han salido con ustedes al destierro”. Eso significa que Jerusalén no estaba destruída y que Jeremías no dirigió su carta a los desterrados del año 19 de Nabucodonosor, supuestamente el año 607 a.e.c. Entonces, ¿a qué desterrados se dirigía por escrito Jeremías? El versículo 2 del mismo capítulo lo aclara. En Jeremías 29: 1 y 2 se lee:

    “Y estas son las palabras de la carta que Jeremías el profeta envió desde Jerusalén al remanente de los ancianos de los desterrados y a los sacerdotes y a los profetas y a todo el pueblo, a quienes Nabucodonosor había llevado al destierro desde Jerusalén a Babilonia, después que Jeconías el rey, y la dama, y los oficiales de la corte -los príncipes de Judá y Jerusalén- y los artífices y los constructores de baluartes hubieron salido de Jerusalén”.

    Jeconías es otro nombre para el rey Joaquín, que sucedió en el trono a su padre Jehoiaquim y reinó en Jerusalén por tres meses. Una nota después del nombre Jeconías en el versículo 2 remite a 2 Reyes 24:8 y siguientes. Entre los versículos 8 y 16 se lee:

    “Dieciocho años de edad tenía Joaquín cuando empezó a reinar, y por tres meses reinó en Jerusalén… Durante aquel tiempo los siervos de Nabucodonosor el rey de Babilonia subieron a Jerusalén, de modo que la ciudad llegó a estar sitiada. Y Nabucodonosor el rey de Babilonia procedió a llegar contra la ciudad, mientras sus siervos la tenían sitiada. Por fin Joaquín el rey de Judá salió al rey de Babilonia, él con su madre y sus siervos y sus príncipes y sus oficiales de la corte; y el rey de Babilonia finalmente lo tomó en el año octavo de ser él rey… Y se llevó al destierro a toda Jerusalén y a todos los príncipes y a todos los hombres valientes y poderosos… Así se llevó a Joaquín al destierro a Babilonia; y a la madre del rey y a las esposas del rey y a sus oficiales de la corte y a los hombres de nota del país se los llevó como gente desterrada de Jerusalén a Babilonia”.

    De manera que Jeremías 29:2 especifica que la carta que escribió el profeta desde Jerusalén la dirigió a los desterrados del año octavo de Nabucodonosor, es decir, a los cautivos judíos que Nabucodonosor había llevado a Babilonia once años antes de que en el año 19 regresara para arrasar la ciudad de Jerusalén. Jeremías, pues, no se dirigía a los desterrados del año 19 de Nabucodonosor, que fueron muchos menos que los tomados anteriormente. Pero si el Cuerpo Gobernante afirma que los cautivos del año 19 estuvieron 70 años en Babilonia, por regla de tres los del año 8 habrían estado 81 años, lo cual es un error, ya que contradice los 70 años de Jeremías al sobrepasarles por once años. No olvidemos que Jeremías 25:12 especifica que, cuando se cumplieran los 70 años, se pedirían cuentas al rey de Babilonia. Si al final de los 70 años se le pedían cuentas al rey de Babilonia, lo que significa que ya no podía ejercer como rey, todo el tiempo que exceda de 70 años está de más.

    Suponiendo que los 70 años del texto de Jeremías 29:10 se refieran al destierro de los judíos, esos 70 años aplicarían a los desterrados del año 8 y no a los del año 19 de Nabucodonosor, lo que significa que los desterrados del año 8 deberían haber sido liberados once años antes del 539 a.e.c., lo cual no sucedió. Por lo tanto, hay un error en la aplicación de los 70 años a los desterrados del año 19, y otro error al aplicar inadvertidamente 81 años de cautiverio a los desterrados del año 8 de Nabucodonosor. ¿Pudiera ser que los 70 años del texto de Jeremías 29:10 no se refieran al cautiverio de los judíos, sino a los años de dominio de Babilonia sobre las naciones a las que sometió a su servidumbre y que había conquistado a Asiria? Ese es precisamente el entendimiento correcto.

martes, 15 de octubre de 2013

El enigma de las muchedumbres que seguían a Jesús


    En los relatos evangélicos llama poderosamente la atención la constante mención a las muchedumbres que de un lado para otro seguían a Jesús de Nazaret. Fue precisamente ante las muchedumbres que Jesús realizó la mayoría de sus milagros, como dos veces la multiplicación de los panes y los peces, las resurrecciones y las múltiples curaciones de ciegos, cojos, mudos y leprosos, entre otros. Algunos estudiosos bíblicos opinan que, sin muchedumbres, difícilmente habrían acontecido los milagros y aún el propio sermón del monte. Es decir, que si no hubieran existido muchedumbres que siguieran a Jesús, tampoco tendrían razón de ser los milagros y las palabras del famoso sermón.

    He aquí algunos ejemplos de pasajes evangélicos que mencionan a las muchedumbres que nos ocupan (según la versión de la Biblia católica de Nácar y Colunga: "Grandes muchedumbres le seguían de Galilea y de la Decápolis y de Jerusalén y de Judea y del otro lado del Jordán" (Mt. 4:25) "Se le acercaron numerosas muchedumbres. El, subiendo a una barca, se sentó, quedando las muchedumbres sobre la playa" (Mt. 13:2) "Se le acercó una gran muchedumbre en la que había cojos, mancos, ciegos, mudos y muchos otros, que se echaron a sus pies, y los curó". (Mt. 15:30) "Y mandando a la muchedumbre que se recostara en tierra, tomó los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió y se los dio a los discípulos, y éstos a la muchedumbre". (Mt. 15: 35,36) "Y cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió… Y la muchedumbre respondía: '¡Este es Jesús el profeta, el de Nazaret de Galilea!'" (Mt. 21:10,11)

    ¿Pudo haber tenido Jesús a su alrededor estas muchedumbres que mencionan los evangelistas? Se dice que los evangelios fueron escritos en el primer siglo de nuestra era por Mateo, Marcos, Lucas y Juan, todos ellos presuntamente judíos. De ser así, hubieran estado al tanto de que las tierras de Judea, Samaria y Galilea estaban bajo la dominación romana, algo que indignaba a sus habitantes. Si los evangelios hubieran sido escritos por los citados autores judíos, no se les habría pasado por alto que los romanos acudían prestos a disolver cualquier grupo multitudinario que se formaba, aunque fuera con fines pacíficos, y por tanto no era posible que nadie hablara libremente a unas multitudes concentradas a su alrededor.

    Siempre que se constituía un grupo del tipo que fuera, éste caía bajo la sospecha de los gobernantes romanos, que temían que el grupo en cuestión fuera a desembocar en rebeliones, por cuya razón era prontamente disuelto, si fuera menester, con las armas. Incluso durante la Pascua, en que Jerusalén se llenaba de gentes venidas de muchas partes, los romanos vigilaban constantemente a las multitudes que acudían a los patios del Templo.

    En su obra "Antigüedades de los judíos", el historiador Flavio Josefo, que nació en la primera mitad del siglo I, escribe acerca del procurador Cumano: "En la fiesta de la Pascua… congregándose una gran multitud… Temeroso Cumano de alguna sedición, ordenó que una cohorte se apostara con sus armas en los pórticos del Templo… Así acostumbraban a hacerlo antes que él los procuradores de Judea…" (Antigüedades de los judíos, 20, V, 3). Nótese que esto era una costumbre.

    Los grupos subversivos se reunían a escondidas en los desiertos y en los montes; pero raro era que los romanos no estuvieran al tanto de ello y allí acudían a desbaratarlos, ocasionando por lo general grandes matanzas. Josefo escribe al respecto en su obra "Guerra de los judíos", capítulo 2, XII: "Otros hombres… pretendiendo con sombra y nombre de religión hacer muchas novedades… se salían a los desiertos y soledades, prometiéndoles y haciéndoles creer que Dios les mostraba allí señales de la libertad que habían de tener. Envió contra éstos Félix… gentes de a caballo y de a pie, todos muy armados y mataron gran muchedumbre de judíos".

    Teniendo en cuenta lo precedente, difícil es concebir que en el desierto se reunieran muchedumbres en torno a Juan el Bautista, como indica Marcos 1:5: "Acudían a él de toda la región de Judea, todos los moradores de Jerusalén, y se hacían bautizar por él en el río Jordán". E igualmente resulta difícil concebir las multitudes que se reunían en torno a Jesús y ante las cuales dicen los evangelios que realizó el nazareno sus milagros más espectaculares.   

    Es indudable que quienes escribieron los evangelios no conocían más que de oídas las costumbres reinantes en la Palestina del siglo I. Y si tales autores hubieran redactado los evangelios con posterioridad a dicho siglo, que es lo más probable, sobra decir que no leyeron bien al historiador judío Flavio Josefo, quien dejó constancia de que los romanos disolvían al instante cualquier concentración de muchedumbres, y más cuando se reunían en torno de alguien que decía ser rey, aunque su reino no fuera de este mundo.

sábado, 12 de octubre de 2013

¿Conocieron los apóstoles el bautismo trinitario? (2)


    En el evangelio de Mateo 28:19 y 20, leemos: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a observar todo lo que yo os he mandado”. El escritor y padre de la Iglesia Eusebio de Cesarea cita siete veces de este pasaje en su obra “Demostración evangélica”, escrita en el primer tercio del siglo IV, y en ninguna de ellas menciona la expresión “bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Por ejemplo, en la cita del libro III, capítulo 6, refiere: “Con una palabra y voz Él dijo a sus discípulos: Id y haced discípulos de todas las naciones en Mi Nombre, enseñándoles a observar todas las cosas que yo os he mandado”.
   
    Los especialistas bíblicos están de acuerdo en que, si el minucioso Eusebio, que con tanto detalle solía citar de las Escrituras, no menciona esta parte del pasaje evangélico, es porque en su tiempo no figuraba en los manuscritos. Tal es la primera razón que aducen muchos doctos para aseverar que esta parte del texto evangélico de Mateo es espurio, lo mismo que el pasaje de la primera epístola de Juan, 5: 7 y 8, donde hasta no hace mucho tiempo aparecía en nuestras biblias la frase trinitaria “el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, que ha sido borrada debido a que no figura en los códices.

    Una segunda razón que hace suponer que la parte trinitaria del texto de Mateo 28: 19 y 20 es un añadido espurio reside en el hecho de que en la copia del evangelio hebreo de Mateo recopilada en el siglo XII por el erudito judío Shem Tov no aparece la expresión “bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Es bien sabido que existió un evangelio escrito en hebreo y atribuído a Mateo. Jerónimo lo menciona a finales  del siglo IV cuando tradujo la Biblia al latín y recalca que el manuscrito se hallaba en la biblioteca de Cesarea. Es muy probable que Shem Tov se sirviera de una copia de este evangelio hebreo para compilar el que hoy se conserva. Aunque no faltan eclesiásticos que afirmen que este evangelio es una falsificación, sin embargo el relato es muy semejante al que conocemos del evangelio tradicional de Mateo, aparte de que se ajusta a las citas de Eusebio al no mencionar el bautismo ni la fórmula trinitaria.
 
    Los doctos judíos que han estudiado la copia de este evangelio de Mateo recopilado por Shem Tov están de acuerdo en que sigue fielmente los cánones de los antiguos escritores hebreos, particularmente en lo relativo a la Guematría o ciencia numérica de las palabras. El Instituto Gal Enai de Israel define así la Guematría: “En hebreo, cada letra posee un valor numérico. La Guematria es el cálculo de la equivalencia numérica de las letras, palabras o frases, y sobre esta base lograr un aumento de la comprensión de la interrelación entre los diferentes conceptos y explorar la relación entre palabras e ideas”. Así, por ejemplo, el tetragrámaton del nombre divino con las letras que en griego se traducen como YHWH equivale a 26, ya que sus caracteres suman 10+5+6+5.      

    Pero la razón y prueba definitiva del gazapo textual del evangelio de Mateo 28:19 estriba en que los apóstoles no bautizaron ni mandaron bautizar en el nombre de tres personas, sino únicamente en el nombre de Jesús el Cristo. Por ejemplo, en el libro de Hechos de los Apóstoles hallamos, entre otros, los textos siguientes: “Pedro les contestó: arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesús el Cristo” (Hechos 2:38). “Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús” (Hechos 10:48). “Fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús” (Hechos 19:5). Pablo mismo escribió al respecto: “Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en su muerte” (Romanos 6:3,4). Y también: “Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27). Si los apóstoles estuvieran al tanto de que había que bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, no cabe duda de que así lo hubieran hecho. Pero únicamente bautizaron en el nombre de Jesús.

    Argumento aplastante son los textos evangélicos finales y paralelos al de Mateo 28:19 y 20, que dicen: Y que se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén”. (Lucas 24:47). Y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará” (Marcos 16:15 y 16). En ninguno de estos dos pasajes finales de los evangelios de Lucas y de Marcos se hace referencia a un bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Tan solo el pasaje añadido por los trinitarios al evangelio de Mateo desentona con los correspondientes de Marcos, Lucas y los Hechos apostólicos que relatan que los apóstoles únicamente bautizaban en el nombre de Cristo Jesús. Por lo tanto, de los mismos evangelios se deduce que los apóstoles jamás conocieron el bautismo trinitario o en el nombre de tres diferentes personas; y por ende, tampoco en el nombre de ninguna organización religiosa.

jueves, 10 de octubre de 2013

¿Conocieron los apóstoles el bautismo trinitario? (1)

 

    En la primera epístola de Juan, capítulo 5 y versículos 7 y 8, se ha leído tradicionalmente durante siglos el texto siguiente: “Tres son los que dan testimonio: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno”. Sin embargo, cuando en el siglo veinte comenzaron los eruditos a traducir directamente de los códices griegos más antiguos, de los que supuestamente se había tomado el precitado pasaje, se encontraron con la sorpresa de que allí no se mencionaba para nada al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; sino que, en lugar de ello, la frase decía textualmente: “Tres son los que dan testimonio: el espíritu, el agua y la sangre, y los tres convienen en lo mismo”. Evidentemente, la trinitaria Iglesia había adulterado el texto, posiblemente después de los tiempos de Jerónimo, autor de la oficial Vulgata latina. Las biblias protestantes, por tanto, tras su separación de la iglesia madre, llevaron impresa la misma adulteración literaria en la epístola de Juan. En la actualidad todas las versiones bíblicas, más acordes con los códices griegos, presentan corregido este concreto pasaje.

    Sin embargo, no ha sucedido lo mismo con el texto del evangelio de Mateo en su capítulo 28 y versículos 19 y 20, donde hoy leemos: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándolas a observar todo lo que yo os he mandado”. Este pasaje sí figura en los códices griegos más antiguos, como el Vaticanus y el Sinaíticus (del siglo IV), si bien los rayos ultravioleta han detectado ciertas anomalías en este último manuscrito, al observarse que se han añadido pasajes en muchos lugares, al tiempo que se han borrado textos antiguos y escrito encima de ellos otros muy distintos para ajustarlos a las doctrinas eclesiásticas en boga. Es de observar que el códice Sinaíticus no menciona en absoluto multitud de textos que hoy recogen nuestras biblias (y que otros códices posteriores sí insertan), como los del evangelio de Lucas comprendidos entre los capítulos y versículos 9:51 a 18:14, aparte de otros muchos. Según los doctos, el evangelio de Lucas fue rellenado con textos recogidos del de Mateo, así como con ciertos añadidos, entre los que destaca la parábola del hijo pródigo.

    El pasaje del evangelio de Mateo 28:19 con la expresión “bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” está considerado por muchos analistas bíblicos tan espurio y trinitario como el que con justa razón fue suprimido de la epístola primera de Juan. Tres razones hacen llegar a esta conclusión; la primera es que el padre de la Iglesia, Eusebio de Cesarea, autor de la famosa Historia Eclesiástica, no la menciona en sus escritos cuando cita varias veces de este concreto pasaje del evangelio de Mateo, lo cual es sumamente raro en un escritor tan cuidadoso de los detalles bíblicos. La segunda razón es que en la copia del evangelio hebreo de Mateo recopilada de un manuscrito más antiguo en el siglo XIV por el médico judío Shem Tov no aparece la expresión bautismal ni trinitaria. El propio Jerónimo, que tradujo la Biblia al latín en el siglo IV, habla del evangelio hebreo de Mateo, cuyo original se hallaba en la biblioteca de Cesarea, según manifiesta. Y la tercera y definitiva razón es que los apóstoles no bautizaron ni mandaron bautizar en el nombre de las tres personas trinitarias, sino únicamente en el nombre de Jesús el Cristo, como se lee en los Hechos apostólicos.

    Vayamos con la primera de las tres razones, la de que Eusebio de Cesarea no menciona el bautismo ni la fórmula bautismal trinitaria cuando cita de la porción que nos ocupa del evangelio de Mateo. Así, por ejemplo, en su obra “Demostración evangélica”, hallamos siete citas de Mateo 28:19 y 20 y en ninguna de ellas habla siquiera del bautismo. Siendo el bautismo algo tan básico en el cristianismo, no se entiende cómo Eusebio no lo incluye al citar, nada menos que siete veces en tan solo una de sus obras, del famoso pasaje evangélico de Mateo. Los especialistas bíblicos están de acuerdo en que, si Eusebio no menciona esta parte del pasaje evangélico, es porque en su tiempo no figuraba en los manuscritos.

    He aquí dos de las citas de Eusebio: “Con una palabra y voz Él dijo a sus discípulos: ‘Id y haced discípulos de todas las naciones en Mi Nombre, enseñándoles a observar todas las cosas que yo os he mandado’” (Demostración evangélica, libro III, capítulo 6). La segunda cita: “’Id vosotros y haced discípulos de todas las naciones, enseñándoles que observen todas las cosas, las cuales yo os he mandado’. ¿A qué podría referirse Él sino a la enseñanza y disciplina del nuevo pacto?’” (Demostración evangélica, libro I, capítulo 5, 9). Así, pues, en ninguna de las citas que de Mateo 28:19 y 20 hace el padre de la Iglesia Eusebio de Cesarea figura la conocida fórmula trinitaria del bautismo que en nuestros evangelios leemos con la expresión “bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

domingo, 6 de octubre de 2013

Empalar no es lo mismo que crucificar o fijar pies y manos a un madero


    En la asamblea especial tras la reunión anual del 2013 de los accionistas de la Sociedad Watchtower, celebradas ambas el pasado 5 de octubre, el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová anunció la publicación de una nueva Biblia que se tiene previsto distribuir a principios del 2014. Esta reciente versión de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (TNM), modificada en muchas expresiones, utiliza menos referencias que la anterior en las columnas centrales destinadas a llevar al lector a textos paralelos. Muchas de estas referencias iban contra la propia doctrina del cuerpo gobernante, al llevar a textos que contradecían por completo los que se acababan de leer y que el lector debía entenderlos según las explicaciones de la organización jehovista, aun si en su lógica opinión el propio lector entendía todo lo contrario de lo que se le enseñaba.

    Muchas expresiones han sido cambiadas creyendo que así se harán más entendibles al lector. Una de estas expresiones cambiadas es la que aparece en el evangelio de Mateo 27:22. Durante el proceso de Jesús ante Pilatos, éste pregunta al populacho qué ha de hacerse con el nazareno. La respuesta unánime del pueblo judío aparece de la siguiente manera en las versiones bíblicas católicas y protestantes: “¡Crucifícalo, crucifícalo!”. En la TNM que utilizan los testigos de Jehová se lee: “¡Al madero con él!”. Pero en la nueva versión de la TNM que sale en 2014 la expresión “al madero con él” ha sido cambiada por la frase: “¡Empálalo!”. ¿Es correcto este vocablo para traducir lo que dicen los manuscritos griegos en Mateo 27:22? De ninguna de las maneras lo es y no solamente en opinión de los eruditos, sino por lo que dicta el sentido común, ya que no es lo mismo “empalar” que “crucificar” o fijar pies y manos a un madero.

    Todos los diccionarios explican correctamente que “empalar” es “ensartar en un palo”, por ejemplo, carne o pescado para cocinarlo a la brasa, en cuyo caso este ensartar recibe también el nombre de “espetar”. Igualmente “empalar” es traspasar a un animal o persona con un palo o estaca puntiaguda. En tiempos remotos el empalamiento era un horrible método de tortura que utilizaban ciertas naciones contra sus enemigos. Generalmente el empalamiento se hacía traspasando la espalda del individuo y haciendo salir la punta del palo o estaca por el estómago, dejando al desdichado izado en esa postura, fijado el palo en el suelo, hasta su muerte. Otras veces el empalamiento se hacía clavando al individuo por sus partes pudendas y haciendo asomar el palo por la boca o garganta.

    Nunca el empalamiento consistía en clavar las manos y los pies del sujeto a la estaca. Este último era una de los métodos de crucifixión, esta vez en lo que se conocía como “cruz simple”, sin brazos o sin forma de T (en griego, TAU), que no era más que una estaca gruesa o poste de madera. En lo que respecta a la crucifixión, que no empalamiento, el sistema común entre los romanos era una cruz en forma de letra T (TAU), que se formaba mediante colocar encima de la estaca el “patíbulum” o pequeño poste horizontal al que se fijaban los brazos del reo por medio de clavar a él sus manos o muñecas. El condenado marchaba al lugar de la ejecución con los brazos atados al patíbulum, tal como ocurrió en el caso de Jesucristo.

    El llamado “madero de tormento” que el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová atribuye a Cristo no consistió en una estaca vertical solamente, sino que llevaba incorporado el patíbulum que previamente el nazareno había transportado, ayudado en parte del camino por Simón de Cirene. Cristo, débil como se encontraba tras una noche de verdadero suplicio, no pudo en modo alguno llevar a cuestas, ni siquiera arrastrándolo, el madero o estaca vertical, de más de dos metros de altura y un peso que superaba el centenar de kilos. Ya de por sí el patíbulum, mucho más pequeño, tenía un peso excesivo para cualquier condenado a muerte que a él iba atado. El largo poste, estaca vertical o “stipes” permanecía siempre en el lugar de ejecución, esperando la llegada del reo con el “patíbulum”.

    En conclusión, Jesucristo no fue empalado, como ahora indica el cuerpo gobernante al creer que ha facilitado al lector la comprensión del antiguo término “al madero con él”, aplicando ahora el vocablo “empálalo” en la nueva versión de la TNM. Empalar es ensartar o atravesar al reo con un palo o estaca, mientras que clavar en un madero se refiere a fijarlo con clavos en sus manos y pies, siempre que se haga referencia a una “cruz simple” o poste vertical.

    Pero en el caso de Jesucristo no se usó un simple poste, sino el poste o “stipes” con el añadido del “patíbulum” o madero horizontal que se colocaba sobre el stipes. Al patíbulum se clavaban, brazos extendidos, las manos o muñecas del condenado, en tanto que sus pies se clavaban en la parte baja del stipes o poste vertical, donde probablemente se insertaba un reposapiés. La palabra griega que se utiliza para “cruz” y que en la TNM se vierte por “madero de tormento” es “stauros”, que literalmente significa “en forma de TAU” (sTAUros) o de letra T.

    El cuerpo gobernante, por supuesto, no dará su brazo a torcer en lo que respecta a la forma de la cruz de Cristo, forma de “cruz simple” o estaca que el presidente de la Watchtower Rutherford impuso como creencia o dogma en sus tiempos, pero que a la luz de la propia Biblia y de la Historia se demuestra errónea, pues Jesucristo mismo transportó pesadamente el patíbulum o madero transversal al que se le clavó con los brazos extendidos hacia los lados. Este patíbulum a su vez fue encajado en la parte superior del poste de madera o stipes.

    De ahí que Jesucristo, cuando se apareció a sus apóstoles, les mostrara las señales de los clavos en sus manos. Clavos, en plural, es decir, uno en cada mano, no un solo clavo atravesando ambas manos sobre la parte superior del madero, como enseña el cuerpo gobernante, que en este caso el madero hubiera sobrepasado los tres metros de altura, con lo que su peso sería tan elevado que en modo alguno lo hubieran podido transportar ni siquiera entre dos hombres.  

    En cuanto al vocablo “empálalo”, a todas luces es un craso error de transcripción que probablemente el cuerpo gobernante habrá de cambiar en la próxima edición de la nueva Biblia, debido a que dicho vocablo inculca en la mente del lector una idea totalmente diferente de la que en realidad se quiere expresar. Los ancianos y superintendentes con los que hemos contactado al respecto comparten esta misma opinión.

Por qué Russell no podía ser el esclavo fiel y discreto

 

    Dicho escuetamente, Russell no podía ser el esclavo fiel y discreto por la sencilla razón de que no era testigo de Jehová, sino precursor de los mismos. La organización jehovista compara a Russell con Juan el Bautista, de quien se dice que fue el precursor de Jesucristo y, por ende, del cristianismo. Dado que Juan el Bautista no era cristiano, de la misma manera Russell no era el esclavo fiel y discreto, aunque por error así le consideraron sus compañeros de creencia e incluso el propio Rutherford, hasta que en 1927 publicó en la Atalaya que el esclavo fiel y discreto no era Russell, sino el entero cuerpo de ungidos vivos en aquel tiempo, es decir, absolutamente todos los Estudiantes de la Biblia bajo la dirección del presidente de la Sociedad Watchtower de Pensilvania.

    El cuerpo gobernante de los testigos de Jehová, autodenominado como el esclavo fiel y discreto cuando actúa doctrinalmente en conjunto, y no individualmente, se encontró con un dilema insoluble con respecto a Russell. El dilema era el siguiente, según supimos de primera mano por miembros del comité oficial de redacción, compuesto más que mayoritariamente por miembros que no se consideran ungidos y que son los que escriben todos los artículos de las Atalayas y demás literatura, antes de que el cuerpo gobernante les dé el visto bueno para su publicación (Obsérvese que no es el cuerpo gobernante, ahora llamado esclavo fiel y discreto, el que da el alimento correcto al tiempo apropiado, sino que tal alimento lo elaboran personas de la llamada gran muchedumbre de otras ovejas o no pertenecientes a los hipotéticos 144.000 ungidos):

    Tanto la Sociedad Watchtower como el cuerpo gobernante defendían (y defienden) que nadie podía (ni puede) entender correctamente la Biblia sin ayuda del esclavo fiel y discreto, el cual venía ejerciendo sus funciones, aunque de incógnito, desde el Pentecostés del año 33, según se enseñaba hasta octubre del 2012. Quiere decir que todos los grandes estudiosos y traductores de las Escrituras que durante los siglos no contactaron con el esclavo fiel y discreto en modo alguno pudieron entender correctamente lo que leían en la Palabra de Dios escrita.

    Llegado a este punto, el cuerpo gobernante se dio cuenta de que lo anterior también aplicaba a Charles T. Russell, quien a principios de los años setenta del siglo diecinueve se puso a estudiar la Escrituras él solo, o a lo sumo en compañía de su pequeño grupo familiar. El cuerpo gobernante advirtió que Russell no había contactado con ningún esclavo fiel y discreto que viniera enseñando e interpretando la Biblia desde el primer siglo. No, sino que Russell partió de cero, con independencia de cualquier esclavo fiel y discreto que le enseñara.

    Por tanto, surgió la siguiente cuestión: si a Russell se le consideraba el esclavo fiel y discreto a partir del tiempo en que apareció en la escena de la predicación, pero resulta que él no contactó con ningún esclavo oficial que le transmitiera la enseñanza correcta, quedaba claro que, en tiempos de Russell, había dos esclavos fieles y discretos, a saber, Russell por un lado y el esclavo fiel y discreto que venía del primer siglo y del que Russell no tenía conocimiento. Dos líneas de esclavos se daban, lo cual resultaba confuso.

    Para solventar este dilema, el cuerpo gobernante actual decidió imponer como doctrina que el esclavo fiel y discreto apareció en 1919, y que Russell, que murió en 1916,  no era ese esclavo fiel y discreto, sino su precursor. Russell no fue testigo de Jehová. Lo hubiera sido si hubiera estado vivo en 1931, cuando se formó el movimiento de los testigos de Jehová y hubiera aceptado las nuevas disposiciones doctrinales en boga. En principio, los miembros de la junta directiva de la Watchtower supuestamente nombrada como esclavo fiel en 1919, tampoco eran testigos de Jehová, aunque varios sí llegaron a 1931 y abrazaron este nombre y los drásticos cambios doctrinales que Rutherford había impuesto desde 1919.

    Algo que no debe pasarse por alto es que el año 1919 salió de una elucubración mental de Rutherford en 1927, en cuya Atalaya del 15 de febrero declaró con carácter retrospectivo que Jesucristo había inspeccionado a su esclavo fiel en 1918 y que en 1919 lo había nombrado el administrador de sus bienes terrestres. Evidentemente, el supuesto esclavo fiel y discreto de 1918 y 1919 no se enteró de esa inspección y nombramiento, pues no tuvo noticia de ello hasta 1927. ¿Cuándo se enteraría usted de la visita del rey a la casa de usted y del nombramiento de usted como administrador del rey: en el momento en que lo visita… o nueve años después?

    Así, puesto que Russell no había contactado con un supuesto esclavo fiel y discreto que viniera ejerciendo desde el primer siglo, sino que este Russell no era más que un precursor del esclavo fiel y discreto y de los testigos de Jehová, por dicha razón el cuerpo gobernante enseña hoy que el esclavo fue nombrado como tal por Jesucristo en 1919 y que dicho esclavo lo compusieron inicialmente los miembros de la junta directiva de la Watchtower, convertida en cuerpo gobernante, con el añadido de más miembros, al transcurrir el tiempo.

    De esta manera continúa vigente la doctrina de que nadie puede entender la Biblia si no es a través del esclavo fiel y discreto, hoy día el cuerpo gobernante. En consecuencia, como Russell no contactó con el esclavo fiel ni fue parte de ese esclavo, de ahí que realmente no entendiera la Biblia y predicase tantas inexactitudes y barbaridades. En cambio el cuerpo gobernante sí acepta a Rutherford como parte del esclavo fiel y discreto, aunque cometió muchos más disparates doctrinales que el propio Russell. Si lo que predicaron Russell y Rutherford lo aceptara hoy el cuerpo gobernante como doctrina, el propio cuerpo gobernante sería expulsado de las filas de los testigos de Jehová.