sábado, 19 de abril de 2014

¿Quiénes forman las doce tribus de Israel?


    Está claro que las doce tribus se referían en la antigüedad al pueblo natural de Israel al completo. Por lo tanto, en sentido espiritual y por extensión, hoy debería aplicarse la expresión “doce tribus” a todo el “Israel cristiano” o conjunto de todos los creyentes cristianos.

    Sin embargo el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová aplica la expresión “doce tribus de Israel” al entero cuerpo de los que llama “ungidos” ó 144.000 personas indicadas en el libro de Revelación y que presumiblemente irán al cielo a reinar con Cristo. Mejor dicho, suele aplicar a los 144.000 el sobrenombre de “doce tribus de Israel”.

    Pero hay un caso en que las “doce tribus de Israel” son para el Cuerpo Gobernante nada más ni nada menos que el “mundo de la humanidad”. Y ello es así porque de otra manera se le vendría abajo el tinglado interpretativo de las páginas bíblicas. Veamos el caso.

    En el evangelio de Lucas 22:28-30 leemos: “Hago un pacto con ustedes, así como mi Padre ha hecho un pacto conmigo, para un reino, para que coman y beban a mi mesa en mi reino, y se sienten sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel” (Luc. 22:28-30). La explicación que da La Atalaya del 15 de Enero de 2008 en página 30 es la siguiente:  

    ¿Qué representan ‘las doce tribus de Israel’ que serán juzgadas? Para empezar, no pueden representar a las doce tribus del Israel espiritual (Gál. 6:16; Rev. 7:4-8). ¿Cómo lo sabemos? Porque los apóstoles a quienes estaba hablando Jesús formarían parte del Israel espiritual, y no iban a juzgarse a sí mismos. ¿Qué representan, entonces? Pues bien, Jesús celebró un pacto con sus discípulos ‘para un reino’. Iba a hacer de ellos ‘un reino y sacerdotes para [...] Dios’ (Luc. 22:28-30; Rev. 5:10). Además, los que componen el Israel espiritual ‘juzgarán al mundo’ (1 Cor. 6:2). Por lo tanto, ‘las doce tribus de Israel’ (que son juzgadas por los que están en los tronos celestiales) deben representar a todos los humanos que no forman parte de esa clase real y sacerdotal y que fueron prefigurados por las doce tribus no sacerdotales en el Día de Expiación (Lev., cap. 16)”.

    La Atalaya del 15 de Septiembre de 2011, página 11, reafirma:

    “Jesús dijo: ‘En la re-creación, cuando el Hijo del hombre se siente sobre su trono glorioso, ustedes los que me han seguido también se sentarán sobre doce tronos y juzgarán a las doce tribus de Israel’. En este versículo, ¿quiénes son ‘las doce tribus de Israel’? Son las personas que serán juzgadas por los discípulos ungidos de Jesús y que podrán vivir para siempre en el Paraíso. Todas ellas se beneficiarán de la labor de los 144.000 sacerdotes”.

Y La Atalaya del 15 de Marzo de 2010, páginas 24 y 25 asegura:

“Durante el Milenio, los 144.000 desempeñarán en el cielo las funciones de reyes, sacerdotes y jueces (Rev. 20:4). Ahora bien, ¿a quiénes juzgarán y gobernarán? En Mateo 19:28 y Lucas 22:30 vemos que es a “las doce tribus de Israel”. En este caso, ¿a quiénes representa este grupo? Evidentemente, a todas las personas que tienen la esperanza de vivir en la Tierra gracias a su fe en el sacrificio de Jesús, y no a la clase de reyes y sacerdotes (recordemos que la tribu sacerdotal de Leví no se incluía entre las doce tribus). Aunque las personas simbolizadas en este contexto por ‘las doce tribus’ no son sacerdotes, se benefician espiritualmente de los servicios sacerdotales de los 144.000. Y también forman parte del pueblo de Dios y gozan del amor y la aprobación de Jehová. Con toda razón, se les asemeja al Israel de la antigüedad”.

Finalmente, la misma Atalaya subraya:

“Todos los súbditos terrestres forman ‘las doce tribus de Israel’ que serán juzgadas por Jesús y los 144.000 que reinarán con él (Hech. 17:31; 24:15; Rev. 20:12)”.

Tenemos, pues, según el Cuerpo Gobernante, dos interpretaciones diferentes acerca de quiénes forman las “doce tribus de Israel”. Por un lado se dice que esas “doce tribus” son los 144.000 ungidos que juzgarán a los humanos. Y por otro lado se afirma que las “doce tribus” son precisamente los humanos que se juzgan. Esta última interpretación sale al paso de que los apóstoles, y concretamente los 144.000, que son para el Cuerpo Gobernante las “doce tribus de Israel” o “Israel espiritual”, juzgan precisamente a las “doce tribus de Israel”; es decir, que, según la primera interpretación, los 144.000 se juzgan a sí mismos. Pero entonces, para remediar la situación, el Cuerpo Gobernante sale por peteneras y enseña que en este caso  las “doce tribus de Israel” son los humanos, aunque no cualesquiera, sino los de la gran muchedumbre.

O sea, que en último extremo, el mismo Cuerpo Gobernante reconoce que las “doce tribus de Israel” son todo el cuerpo de creyentes, tanto ungidos como de la gran muchedumbre. Pero si la gran muchedumbre también forma parte de las “doce tribus de Israel”, por lógica eso significaría que los de la gran muchedumbre forman igualmente parte de los 144.000 ungidos, ya que son términos sinónimos. Claro, son sinónimos para lo que conviene a la misteriosa doctrina que el Cuerpo Gobernante impone a machamartillo a quienes tienen prohibido pensar con independencia de los de Patterson.

 

domingo, 13 de abril de 2014

¿Hereda la gran muchedumbre exactamente lo mismo que los ungidos?


    En la Atalaya de estudio del 15 febrero 2014, pág. 6-7, párrafo16, se explica que los ungidos, que habrán ido al cielo tiempo antes del Armagedón, formarán parte de los ejércitos celestiales durante la batalla de Dios el Todopoderoso. En dicha Atalaya se lee textualmente:

    “Los hermanos ungidos de Cristo, quienes para entonces ya habrán obtenido su recompensa celestial, también formarán parte de sus ejércitos celestiales. Estarán a su lado cuando efectúe ‘cosas inspiradoras de temor’ al pastorear a las naciones con una vara de hierro”.

    Eso significa que para cuando Cristo llegue en su gloria y separe a las cabras de las ovejas, todos los ungidos ya estarán recogidos en el cielo. Por tanto las ovejas que Cristo pone a su derecha no serían las ovejas del rebaño pequeño o de ungidos, sino las de la gran muchedumbre. En Mateo 25: 31-34, leemos:

    ”Cuando el Hijo del hombre llegue en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre su glorioso trono. Y todas las naciones serán reunidas delante de él, y separará a la gente unos de otros, así como el pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha, pero las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, ustedes que han sido bendecidos por mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo’”.

    ¿Qué heredan exactamente estas ovejas de la gran muchedumbre? Porque el Cuerpo Gobernante enseña que tales ovejas heredan la tierra o, como lo vierte textualmente, “la parte terrestre del reino”. ¿Es eso cierto? Analicemos lo que realmente el llamado “esclavo fiel y discreto” dice al respecto, aunque subconscientemente, es decir, sin percatarse de lo que dice. Para ello hemos de leer detenidamente los textos bíblicos a los que remiten las referencias que aparecen en letra más pequeña entre las columnas.

    Tras la expresión “las ovejas a su derecha” del precitado texto de Mateo, una llamada remite a Juan 10:16, que dice: ”Y tengo otras ovejas, que no son de este redil; a esas también tengo que traer, y escucharán mi voz, y llegarán a ser un solo rebaño, un solo pastor”. Aquí el “esclavo” enseña que esas otras ovejas son las de la gran muchedumbre. Por tanto, las ovejas del texto de Mateo 25 no serían los ungidos.

    Detrás de la palabra “hereden” del mismo texto de Mateo, otra llamada remite a Romanos 8:17, donde leemos: “Pues, si somos hijos, también somos herederos: herederos por cierto de Dios, pero coherederos con Cristo”. Según la enseñanza de los de Patterson, los “coherederos con Cristo” son los ungidos; pero en el texto de Mateo, el esclavo, al remitir a un texto paralelo, insinúa que lo que heredan las ovejas de la gran muchedumbre es lo mismo que heredan los ungidos. Las ovejas de la gran muchedumbre heredan, pues, el reino propiamente dicho, como los ungidos. Ahí no se especifica nada sobre una “parte terrestre” del reino. Claramente lo que heredan las ovejas es el reino, o sea, la herencia celestial con Cristo.

        Tras la palabra “reino” del texto de Mateo, una llamada remite a Revelación 5:10, donde se lee: “E hiciste que fueran un reino y sacerdotes para nuestro Dios, y han de reinar sobre la tierra”. El “esclavo” enseña que solamente los ungidos reinarán sobre la tierra. Pero en Mateo la referencia cruzada del “esclavo” dice que los de la gran muchedumbre también son un reino y reinarán sobre la tierra.

    Por si esta referencia no fuera suficiente, el texto también remite a 1 Tesalonicenses 2:12, que dice: “A fin de que siguieran andando de una manera digna de Dios, que los llama a su reino y gloria”. Según la referencia, a los de la gran muchedumbre se les llama “al reino y la gloria”.

    Después de la palabra “reino” en Tesalonicenses, otra llamada remite al texto de Lucas 22:29, donde leemos: “Yo hago un pacto con ustedes, así como mi Padre ha hecho un pacto conmigo, para un reino”. Es decir, que según las remisiones de unos textos a otros, los de la gran muchedumbre también tienen hecho “un pacto para un reino”.

    Con respecto al “pacto para un reino” del que Jesucristo hablaba a los apóstoles presentes en la cena, hemos de apreciar un detalle que al testigo de Jehová se le pasa inadvertido: que Jesús estaba celebrando un pacto no con ungidos, ya que los apóstoles en ese momento no habían sido aún ungidos con el espíritu santo. Por tanto, si no eran ungidos cuando Jesús celebró con ellos un pacto, eso puede significar claramente que los apóstoles no eran más que una representación de todos los cristianos y, en consecuencia, en dicho pacto entrarían todos los que el “esclavo” considera como “gran muchedumbre”.

    Surge una cuestión: en la nueva biblia de tapas plateadas, ¿continúan apareciendo los textos de referencia que hemos analizado? Porque, si no aparecen, será debido a que los del Cuerpo Gobernante se dieron cuenta del entuerto en que andaban metidos al enseñar de palabra una cosa y por escrito otra.

    Como excusa dirán que “la luz va en aumento”. Pero, si realmente va en aumento ahora y ha cambiado el entendimiento, es que antes no se estaba en la verdad. Se estaría en el entendimiento que se tenía de la verdad, pero no en la verdad misma. El testigo de Jehová no puede estar jamás en la verdad. ¿Por qué? Jesucristo dice que “la verdad liberta”. Y el Testigo no es libre: es esclavo de las creencias de un cuerpo de hombres que a sí mismo se denomina “gobernante”. Guías ciegos son en realidad, ya que siempre andan “tanteando” el camino por el que otros deben andar. No tienen conocimiento exacto. Si lo tuvieran, no andarían encendiendo y apagando luces de entendimiento. El conocimiento exacto implica que “la luz siempre es la misma y no cambia”.   

        

lunes, 7 de abril de 2014

¿Existió Nazareth en tiempos de Cristo? (2)


    Josefo indica que Galilea tenía 3 millones de habitantes, lo que a todas luces es imposible. Si repartimos esos 3 millones de habitantes entre las 45 poblaciones que cita Josefo, cada una albergaría 66.667 habitantes. Si Jerusalén era la ciudad más grande y difícilmente cabían en ella más de 6.000 personas (cálculo también basado en el número de deportados a Babilonia que da Jeremías), muchos menos habitantes podrían contener las ciudades más grandes de Galilea, la mayor de las cuales podría ser incluso como la mitad de Jerusalén. Y no digamos las aldeas, que son mayoría en el listado de Josefo y que probablemente supusieran los metros cuadrados que contiene un cuadrado inferior a 125 metros de lado, cerca de la hectárea y media, e incluso menos.

    La ciudad de Nazareth ocupa hoy una superficie de 16,5 kilómetros cuadrados, con una población que a finales de diciembre de 2013 se calcula en unos 80.000 habitantes, lo que significa 4.848 habitantes por kilómetro cuadrado. A la antigua Jerusalén, de menos de un kilómetro cuadrado, le habíamos concedido unos 6.000 habitantes, y eso que gran parte de la ciudad la ocupaban el Templo, los palacios o fortalezas de las autoridades, los cobertizos para los rebaños de ovejas y los de los toros para los sacrificios del Templo. Se entiende también que en aquel tiempo las casas eran unifamiliares, de baja altura, no como ahora, que una casa tiene varias plantas y la ocupan distintas familias. Hoy se construye verticalmente. En tiempos pasados se construía horizontalmente.  

    Por regla de tres, y hablando de Nazarteh, tenemos que: si a l kilómetro cuadrado o un cuadrado de 1.000 metros de lado (1.000.000 de metros cuadrados) corresponden 4.848 habitantes, a ¾ de kilómetro cuadrado o un cuadrado de 750 metros de lado (562.500 m2) corresponderán 2.727 habitantes; a ½ km2 o un cuadrado de 500 metros de lado (250.000 m2), 1.212 habitantes; a ¼ km2 o un cuadrado de 250 metros de lado (62.500 m2), 303 habitantes; y a 1/8 km2 o un cuadrado de 125 metros de lado (15.625 m2), 76 habitantes.

    A la vista de los datos precedentes, podemos hacer un cálculo bastante realista de las extensiones y habitantes que pudieran tener las 45 poblaciones mencionadas por Josefo. Hemos de suponer que la mayoría de esas poblaciones, como el 80%, eran aldeas que no excederían de los 62.500 metros cuadrados de extensión, lo que supone un cuadrado de 250 metros de lado. Ciudades propiamente dichas tendría que haber muy pocas y ninguna alcanzaría el kilómetro cuadrado, pues de alcanzarlo sería incluso más grande que la propia Jerusalén.

    El cálculo podríamos realizarlo de la siguiente manera: Supongamos 36 poblaciones (el 80% de 45) de 62.500 m2, a 400 habitantes, en lugar de 303, y nos dará un máximo de 14.400 habitantes. Supongamos también que había 8 ciudades de ½ km2 ó 250.000 m2, que son muchas. En lugar de 1.212 habitantes, elevemos la capacidad a 1.500 habitantes en cada una de ellas. Tendríamos otros 12.000 habitantes. Y supongamos finalmente que había una ciudad de ¾ de km2 de extensión ó 562.500 m2. En lugar de 2.727 habitantes, apliquemos 3.000 habitantes. Ya tenemos otros 3.000 habitantes. La suma total de las 45 poblaciones mencionadas por Josefo arrojaría: 14.400 + 12.000 + 3.000 = 29.400 habitantes, siendo más que generosos en el cálculo.

    Volviendo a la antigüedad de Nazareth, la primera referencia que se tiene de su existencia corresponde a una inscripción en mármol que los investigadores datan de entre el siglo II y el IV y que se descubrió en 1962 en la sinagoga de Cesarea. La inscripción se traduce en estos términos: “La décimo octava división sacerdotal Hapizzes, en Nazareth”. Los investigadores están de acuerdo en que se trata de una familia de sacerdotes judíos que en el año 135, tras la rebelión de Bar Kojba, en tiempos de Adriano, se asentaron en el lugar donde después se construyó Nazareth, eso si no fueron ellos mismos los que comenzaron a edificar sobre dicho lugar, junto a la necrópolis allí existente, obviamente guardando la distancia mínima de unos 60 metros, como ordenaba la ley judía.

    Los historiadores Sexto Julio Africano y Orígenes comienzan a citar a Nazareth o Nazar en el siglo III. Eusebio de Cesarea lo hace en el siglo IV bajo la denominación “Nazara”. Ahora bien, es probable que estos autores no hayan pisado jamás Nazareth, a pesar de no estar muy lejos, y escribieran de oídas o puede que incluso, en teoría, citando de algún escrito similar a los evangelios, sobre todo en el caso de Eusebio, en el que se hubiera plasmado, además del nombre Nazareth, el epíteto “nazareno”, debido a algún tipo de confusión con la palabra “nazareo”.

    Ello hace pensar que los evangelios se escribieron mucho más tarde del siglo I; de otro modo no hubieran mencionado como ciudad a Nazareth, que no existía como tal en aquel siglo primero, siendo entonces el lugar una necrópolis y no una urbe. Bien pudo pasar un siglo más para que el nombre de Nazareth comenzase a sonar. Se hace patente que los autores de los evangelios –puede que escritos a principios del siglo IV-, daban por supuesto que Nazareth ya existía en el siglo primero, evidenciando de paso que desconocían la geografía palestina y las costumbres judías del siglo en que se supone que Jesucristo vivió en Nazareth.

sábado, 5 de abril de 2014

¿Existió Nazareth en tiempos de Cristo? (1)


    Quienes creen firmemente que los evangelios son palabra de Dios que no puede mentir ni contradecirse, defienden que la población de Nazareth, en Galilea, ya existía en tiempos de Jesucristo; si no, deducen, los relatos evangélicos no mencionarían que el propio Jesús era de Nazareth y así, como Jesús de Nazareth, sería conocido por sus presumibles contemporáneos. Los creyentes literalistas dan por sentado que Nazareth era una población importante. De ciudad la califica el evangelista Lucas. Y el autor de Marcos escribe que Nazareth tenía sinagoga.

    Si Nazareth tenía sinagoga en tiempos de Jesús, no cabe duda de que era una población significativa. Una auténtica ciudad de cuya existencia en el siglo I o antes hubieran dejado constancia los escritos de los judíos. Sin embargo el historiador Flavio Josefo no menciona la existencia de Nazareth entre las 45 poblaciones que cita de Galilea. Los teólogos salen al paso de esta extraña omisión aduciendo que Nazareth era una población demasiado insignificante, apenas una aldea. ¿En qué quedamos? ¿Era Nazareth importante o no lo era? Es evidente que, si tenía sinagoga, Josefo la hubiera mencionado. Tampoco la menciona el Talmud, que lista 63 poblaciones de la antigua Galilea, ni es mencionada en los escritos rabínicos ni por historiadores como el judío Filón de Alejandría.   

    ¿Realmente existía Nazareth en tiempos de Jesucristo y por eso a éste se le llamaba Jesús de Nazareth, a pesar de que dos evangelistas escriben que nació en Belén, por lo que con toda propiedad debería habérsele llamado Jesús de Belén? En la Nazareth actual se han realizado diversas excavaciones desde mediados del siglo XX. Lo único que se ha encontrado son vestigios romanos que se remontan al siglo II ó III de nuestra era. Ni rastro de edificaciones anteriores al siglo II. También se han hallado tumbas, innumerables tumbas, incluso cuevas mortuorias, ya que el suelo de Nazareth era un cementerio y tanto los judíos como los galileos y los samaritanos no construían casas sobre o junto a los camposantos. Tradicionalmente y por respeto guardaban las distancias con los mismos.

    Como a una milla de Nazareth se encuentra Jafa. Aquí los romanos, según escribe Josefo, masacraron a la población en el año 67. Sus habitantes fueron presumiblemente enterrados en el lugar donde hoy se levanta Nazareth, puesto que el terreno era un cementerio, lo que significa que no existía entonces la población de Nazareth. De haber existido, Josefo la hubiera mencionado, ya que la mayoría de las 45 poblaciones galileas que alistó eran aldeas de poca importancia, mucho menos incluso que la presunta Nazareth de la que el evangelio dice que tenía sinagoga. Sí hay registros, sobre todo arqueológicos, de la cercana Séforis, que era una aldea tan insignificante como pudiera haberlo sido Nazareth. Séforis apenas albergaría uno o dos centenares de personas.

    Josefo, como es costumbre en él o puede que en alguno de sus copistas, exagera y da la cifra de 15.000 muertos en Jafa; evidentemente se trata de un número imposible, pues ni Jafa ni la más grande ciudad que hubiera en Galilea, podía en modo alguno albergar tanta población. Para ello hubiera necesitado tener una extensión casi tres veces superior a la de Jerusalén, que era en el siglo I la ciudad más amplia del contorno de Galilea, Judea y Samaria. Con todo, Jerusalén apenas alcanzaba a medir un kilómetro cuadrado, tal como se demuestra hoy por sus murallas, en la parte antigua de la ciudad, cuya longitud total, por los cuatro costados, no llega a los 4 kilómetros, y eso que se trata de murallas levantadas en el siglo XVI por los otomanos, que con toda probabilidad abarcarían más metros que las que fueron derribadas en sus respectivos días por los babilonios y los romanos.

    Aunque Josefo dice que en Jerusalén había más de un millón de judíos al tiempo de la Pascua del año 70, cuando fue destruída por los romanos, dicha cifra de habitantes es totalmente increíble por la sencilla razón de que entonces Jerusalén, con todas sus casas bajas y unifamiliares, no tenía un kilómetro cuadrado de extensión y no podía contener tanta gente. Hoy día, a principios de 2014, Jerusalén tiene 125 kilómetros cuadrados y aún no ha llegado a censarse el millón de personas. El censo crece con la extensión de la construcción. Así que, si Jerusalén hoy, con 125 kilómetros cuadrados, no cuenta con un millón de habitantes, mucho menos contaría con ellos en el siglo I, cuando apenas alcanzaba un kilómetro cuadrado.

    Lo más que podía contener Jerusalén en el siglo I era 6.000 habitantes, tal vez 10.000, excepcional y exageradamente, con la llegada de visitantes a las fiestas, aunque no se sabe dónde pudieran alojarse, ya que la mayoría de las casas, de corta extensión, podrían albergar un promedio de unas ocho personas por familia. Si las mayores ciudades de Galilea eran menos extensas que Jerusalén, no podían entonces contener 15.000 personas, como escribe Josefo con respecto a Jafa. La mayor de las ciudades galileas tendría a lo sumo medio kilómetro cuadrado, algo más de la mitad de la superficie de Jerusalén, lo que supondría una población máxima de unas 3.000 personas, aunque realmente serían menos, como se verá en la segunda parte.