viernes, 16 de enero de 2015

Juegos y lecturas que algunos ancianos consideran no aptos para cristianos

     De una encuesta que hemos realizado entre más de treinta ancianos de los testigos de Jehová, algunos superintendentes, varios de ellos, con años en las filas, consideran seriamente que no son apropiados para cristianos los siguientes juegos y lecturas, todos los cuales debería prohibir tajante y explícitamente el Cuerpo Gobernante en sus publicaciones y no dejarlos simplemente a la conciencia:

 

    El ajedrez, por constituir un juego basado en el belicismo.

    Las damas, por derivarse del ajedrez y ser asimismo juego de tácticas bélicas.

    Los juegos de mesa de estrategia, por estar igualmente basados en temas bélicos.

    La baraja española o francesa, por basarse en las antiguas cartas del Tarot.

    Los dados, por ser un juego de suerte.

    El parchís, por basarse en las pirámides escalonadas que suponían el ascenso al altar de los sacrificios que efectuaban los sacerdotes paganos en la antigüedad. También imitaban la ascensión al cielo.

     La Oca, por basarse en el religioso e iniciático Camino de Santiago que se realizaba en     España sobre todo durante la Edad Media.

     El bingo o lotería familiar, aunque no se juegue dinero, ya que imita al juego de bingo o juego de suerte de las salas al efecto destinadas.

    La ruleta familiar, por la misma razón anterior.

    El fútbol, por basarse en los antiguos juegos en que se utilizaban como balones las cabezas cortadas de los enemigos.

    El futbolín, por ser una variante del fútbol.

    Los juegos de prestidigitación, pues suponen una imitación de la magia.

    El juego infantil de la rayuela, por estar basado en creencias religiosas que suponían ganar el cielo.

    Las lecturas de cuentos de hadas, magos, monstruos y otros seres fantásticos que en realidad son de origen demoniaco.

    Las lecturas de libros sobre platillos volantes, por ser éstos configuraciones de origen satánico.

    Las lecturas de libros sobre hipnotismo y técnicas mentales de superación, por rayar en el asunto de la comunicación con los muertos, que condena la Biblia.

 

    Respetamos las opiniones de estos individuos, tal vez justos en demasía. Es el fruto que han cosechado del largo tiempo de permanencia en el estrado jehovista. Beben en la misma fuente de inspiración humana y farisaica que condena los cumpleaños, la celebración de fiestas, el saludo a la bandera, el brindis, el voto político o municipal, el empleo de la expresión ‘vivan los novios’, el asistir a entierros o bodas en las iglesias y otras cosas similares. Estos tipos suelen ser los que cuelan el mosquito, se tragan el camello y se la agarran con pinzas porque piensan que es pecado.

 

 

 

sábado, 10 de enero de 2015

¿Está para los testigos de Jehová firmemente establecido el día?

     Proverbios 4:18, según TNM: “La senda de los justos es como la luz brillante que va haciéndose más y más clara hasta que el día queda firmemente establecido”. Estamos de acuerdo en que, si lo que se enseña como verdad va cambiando con el tiempo, quiere decir que el día no ha quedado firmemente establecido aún.

    Suponiendo que el texto se refiera a que con el tiempo el esclavo va adquiriendo conocimiento exacto de la Biblia o de la verdad, ésta es la pregunta: ¿No tenía el esclavo conocimiento exacto de la verdad en 1919, cuando fue nombrado como tal y no en el año 33, según argumenta ahora el cuerpo gobernante?

    El cuerpo gobernante dice que para 1919 no se tenía conocimiento exacto de la verdad, sino que ese conocimiento se ha ido adquiriendo paulatinamente con el tiempo. Por tanto lo que se enseñaba en 1919 y en años anteriores no se conformaba a lo que dice la Biblia, y si no se conformaba, eso significa que no se estaba enseñando y predicando la verdad. Pero si lo que predicaban en 1919 no era la verdad sino el conocimiento defectuoso que entonces tenían, ¿cómo pudo Jesucristo haberlos elegido como su esclavo fiel y discreto?

    Lo que hoy se enseña difiere de lo que se enseñaba en 1919. Pero si en 1919 Jesucristo escogió a la directiva de la Watchtower como su esclavo fiel porque estaban enseñando la verdad, ¿por qué hoy no se enseña lo que entonces se enseñaba y no que todo ha cambiado?

    Si proverbios 4:18 se refiere a la luz aumentante del conocimiento, el día tenía que haber quedado firmemente establecido para 1919 y no en tiempos posteriores. Eso significa que lo que se enseñaba y predicaba en 1919 no tenía que haber cambiado. Por tanto, si lo que se enseñaba en 1919 era la verdad bíblica -y por eso Jesucristo escogió a su esclavo-, lo que se enseña hoy es falso.

    Una de dos, o se acepta como verdad lo que se enseñaba en 1919 o se acepta como verdad lo que se enseña hoy. Pero si se acepta como verdad lo que se enseña hoy, quiere decir que lo que se enseñaba en 1919 era falso y por tanto Jesucristo no pudo haber escogido como su esclavo fiel a la junta directiva de la Watchtower.

    Así, pues, si el texto de Proverbios 4:18 se refiere a la luz aumentante del conocimiento o verdad de la Biblia, como asegura el cuerpo gobernante, el día tenía que haberse establecido firmemente en 1919, cuando la junta directiva de la Watchtower se dice que fue nombrada por Jesucristo como su esclavo fiel y discreto porque estaban enseñando la verdad en aquel tiempo.

    Pero como la supuesta verdad que se enseñaba entonces ha cambiado por completo y no se enseña lo que se enseñaba en 1919, la única explicación razonable es que Jesucristo no los nombró como su esclavo fiel y discreto en 1919. Tal esclavo o cuerpo gobernante es un impostor. Como dice Jesús en su parábola: es un ladrón que entra a hurtadillas en el aprisco para robar las ovejas.



 

sábado, 3 de enero de 2015

El cálculo erróneo de los siete tiempos o 2.520 años (y 2)




    Nelson H. Barbour había aceptado las fechas 606, 536 a.e.c. y 1914 tras leer el libro ‘Horas con el Apocalipsis’, que en 1844 había publicado Edward O. Elliot. Tanto Elliot como su predecesor Thomas R. Birks defendían que el año 606 a.e.c. era el del inicio de reinado de Nabucodonosor y el del comienzo de la servidumbre de la nación de Judá al rey de Babilonia, si bien el año difería del 605 que daban los historiadores. Cuando Barbour leyó a Elliot confundió el concepto de servidumbre con el de destierro. Para él, servidumbre y destierro eran la misma cosa.


    Interpretando erróneamente que el principal destierro de los judíos había acontecido en el año 18-19 de Nabucodonosor, cuando destruyó Jerusalén, razonó Barbour que lo que había ocurrido en 606 a.e.c. fue la devastación de la capital judía y el consiguiente gran cautiverio de los judíos. Para Barbour, al contrario de lo que correctamente enseñaban sus antecesores, la destrucción de Jerusalén y el principal destierro judío acaecieron en el año 606 a.e.c. y no en el 587 a.e.c. De paso Barbour confundió los siete tiempos de Daniel con los tiempos de los gentiles, de los cuales habla el evangelio y cuya duración no se especifica. Barbour predicó mediante conferencias y publicaciones impresas que los tiempos de los gentiles duraban 2.520 años, desde el 606 a.e.c. hasta 1914, año éste en que suponía que Cristo vendría a la tierra y destruiría los gobiernos humanos.


    En 1876, el joven Charles Taze Russell se interesó por lo que Barbour había publicado el año anterior en su revista religiosa ‘El Heraldo de la Mañana’, uno de cuyos ejemplares había llegado a manos de aquél, por lo que se entrevistó con Barbour. Este convenció a Russell de las fechas 606, 536 a.e.c., 1874 y 1914, aparte de la supuesta duración de 2.520 años de los tiempos de los gentiles. Russell, llevado por el impulso de su juventud, entusiasmo y aún escaso conocimiento de la Biblia, aceptó las fechas de Barbour sin investigar si eran ciertas o no. Inmediatamente se lanzó a publicarlas de viva voz, consiguiendo así los primeros adeptos al movimiento que hizo llamar ‘Estudiantes Internacionales de la Biblia’.


    Russell, al igual que Barbour, predicaba que Jerusalén había sucumbido ante Nabucodonosor en el 606 a.e.c.; que como consecuencia los judíos fueron llevados al destierro por 70 años; que fueron liberados de Babilonia en el 536 a.e.c.; que los tiempos de los gentiles duraban 2.520 años (desde el 606 a.e.c. hasta 1914); que Cristo estaba presente en su reino celestial desde 1874, y que en 1914 terminarían los tiempos de los gentiles, cuando Cristo regresase para destruir los gobiernos mundiales en la batalla del Armagedón. Eso mismo publicó en sus periódicas ediciones de la revista ‘The Watchtower’ y en los tomos de ‘Estudios en las Escrituras’, como puede comprobar cualquier lector imparcial.


    Con respecto a los 2.520 años y su aplicación, se han detectado serios errores  en sus fundamentos. Los adventistas, que fueron los que inculcaron la doctrina a Russell, los dejaron de lado en cuanto descubrieron que tal doctrina no era más que elucubración humana basada en la pseudociencia de la numerología esotérica y nada de ello enseñaba o insinuaba la Biblia. Los siete tiempos de Daniel solamente aplicaron a Nabucodonosor, de quien el relato especifica que perdió el juicio y después lo recuperó, aunque la historia nada documenta. Simpatizantes de la Cábala judía fueron los primeros que creyeron ver que los siete tiempos se referían a una profecía de largo alcance.


    En 1943 la Sociedad Watchtower, heredera de las doctrinas de Russell, corrigió la fecha 606 y la anticipó al 607 a.e.c., a fin de cuadrar los 2.520 años, lo cual publicó en el libro ‘La verdad os hará libres’. ¿Cómo sabemos que los famosos 2.520 años no son correctos ni se refieren al lapso entre el 607 a.e.c. y 1914? Los 2.520 años son producto mental de John A. Brown en 1823, al duplicar los generalizados 1.260 años que se creía que formaban los siete tiempos. Hemos anticipado que Brown calculó 7 tiempos o años de 360 días, lo que arrojaba un total de 2.520 días. Esos días los elevó a años, siguiendo el teorizar de ciertos judíos que creían entender cabalísticamente que la Biblia daba la regla de contar un año por cada día. Sin embargo Brown se equivocó al aplicar los 2.520 proféticos años al tiempo comprendido entre el 604 a.e.c. y 1917, malentendiendo que entre ambas fechas mediaban justamente 2.520 años solares y no proféticos.


    Para poder operar con relativa corrección, Brown debió haber calculado años de 360 días y no de 365,25 días. Brown se había basado en años de 360 días proféticos para establecer los 2.520 años, pero al cálculo entre las fechas 604 a.e.c. y 1917 aplicó años solares de 365,25 días. Lo correcto hubiera sido que aplicase años proféticos de 360 días y no de 365,25. El que en 1917 el ejército inglés liberase a Jerusalén de los turcos fue pura coincidencia con el barajar profético de Brown.


    En la actualidad, si se quiere atribuir el comienzo de los 2.520 años al 607 a.e.c., lo correcto sería que los años no fuesen de 365,25 días, sino de 360, ya que los 2.520 años están basados en años de 360 días considerados proféticos. Así, pues, existe cierta diferencia que hace que el cálculo efectivo no alcance la fecha de 1914, sino que se adelante como 36 años en el tiempo, con lo que los 2.520 años proféticos de 360 días habrían concluido hacia el año 1878, de ser el caso.


    En efecto, 2.520 años de 360 días suponen 907.200 días, que equivalen a un redondeo de 2.484 años solares (907.200/365,25). Aplicando a la fecha hipotética del 607 a.e.c. esos 2.484 años solares (que equivalen a 2.520 años que se estiman proféticos), llegamos a 1878, que sería el año aproximado del supuesto fin de los siete tiempos si realmente aplicaran los 2.520 años de 360 días inventados por Brown y adaptados mediante sofisticados malabarismos numéricos a determinadas fechas. En resumen, los 2.520 años de los siete tiempos de Daniel -equiparados por error a los tiempos de los gentiles- no pueden en modo alguno concluir en 1914; pero tampoco en 1878, dado que se basan en cálculos desacertados y en especulación de mentes que confundieron lo bíblico con lo esotérico.

 


jueves, 1 de enero de 2015

El cálculo erróneo de los siete tiempos o 2.520 años (1)




    El escrutador bíblico John Aquila Brown fue el primero en publicar en 1823, en su obra ‘El Atardecer’, que los siete tiempos de los que habla el profeta Daniel en su libro bíblico constaban de 2.520 años. Basó su cálculo en que el año profético duraba 360 días, y 7 tiempos o años equivaldrían a 2.520 días. A estos días les aplicó Brown la antigua teoría judía de que a ciertos tiempos bíblicos les correspondía un año por cada día, y así elevó los 2.520 días de los 7 tiempos a 2.520 años. Desde siglos atrás se especulaba que esos siete tiempos duraban por lo general la mitad, 1.260 años. Brown lo que en realidad hizo fue duplicar los 1.260 años (1.260 x 2 = 2.520).

 
     Se pensaba que al cabo de esos siete tiempos o 2.520 años vendría el fin del mundo o destrucción de los gobiernos mundiales en la batalla apocalíptica de Armagedón. Brown calculó que esos siete tiempos terminaban en 1917, partiendo del 604 antes de la era cristiana (a.e.c.), que según la cronología histórica comprobada corresponde al año primero de reinado de Nabucodonosor II de Babilonia. Según Brown, en 1917 sería incrementada la gloria de Israel. Casualmente en diciembre de 1917 el ejército inglés conquistó Jerusalén a los turcos y la interpretación profética de Brown fue tomada en consideración por innumerables estudiosos bíblicos.  

   
    Uno de los que aceptaron el cómputo de los 2.520 años fue el teólogo Edward Obispo Elliot, que en 1844 publicó su obra ‘Horas con el Apocalipsis’. En él establecía Elliot que los siete tiempos o 2.520 años corrían del 606 a.e.c. a 1914. Sin embargo Elliot se equivocó en un año menos, ya que no tuvo en cuenta que no existió año cero en el cómputo de una era a otra, sino que al año 1 a.e.c. le siguió el año 1 e.c. Elliot defendía que 1914 sería el año del Armagedón. El 606 a.e.c. era para él el año de ascenso de Nabucodonosor o del comienzo de los 70 años de servidumbre de la nación de Judá al rey de Babilonia.

   
    En esos 70 años se incluían los tres grandes destierros de los judíos, a saber, el del año 7-8 de Nabucodonosor, el del año 18-19 (en que destruyó Jerusalén) y el del año 23-24. Los judíos fueron desterrados porque no sirvieron al rey de Babilonia, tal como hacían las demás naciones que Babilonia había conquistado a Asiria. Si antes los judíos estaban en servidumbre al rey de Asiria, ahora, a partir de la conquista del último reducto asirio, la ciudad de Harrán, estarían en servidumbre al rey de Babilonia. Esta servidumbre implicaba someterse a las leyes de Babilonia y al pago de los tributos correspondientes, todo ello sin abandonar los judíos Jerusalén. El profeta Jeremías escribe que servir al rey de Babilonia no implicaba el destierro, sino que cada cual podía servirle cultivando sus propias tierras familiares. Dado que los judíos no sirvieron al rey de Babilonia, el castigo fue el destierro de 3.023 personas en el año 7-8 de Nabucodonosor y la destrucción de su capital en el año 18-19, con nuevo destierro de 832 judíos. Posteriormente, en el año 23-24, fueron llevados al destierro 745 individuos, siendo el total de los desterrados 4.600 judíos, según Jeremías.

 
   Elliot tomó la fecha del 606 a.e.c. del libro ‘Primer elemento de la sagrada profecía’, que en 1843 había publicado el teólogo Thomas Rawson Birks. En tiempos de Birks se pensaba que la caída de Babilonia había acontecido en el año 536 a.e.c., debido a una errónea interpretación de los escritos del astrónomo Tolomeo por parte de unos historiadores. Como el imperio babilonio duró 70 años tras conquistar el último reducto de Asiria, la ciudad de Harrán, se deducía que dicha conquista acaeció en el 606 a.e.c. Sin embargo Birks, en lugar de admitir ese año como el de la conquista de Harrán por los babilonios, lo aceptó como el año de ascenso de Nabucodonosor, porque interpretaba que la servidumbre de los judíos a Babilonia había empezado con Nabucodonosor, cuando en realidad comenzó con Nabopolasar, padre de aquel, al conquistar Harrán y anexionarse la totalidad de Asiria a Babilonia.


    Birks sabía que los historiadores ya habían corregido fechas y dieron el comienzo del reinado de Nabucodonosor para el año 605 a.e.c. Dado que el rey babilonio arruinó Jerusalén en su año 18-19 de reinado, ese año en cuestión se calculó en el 587 a.e.c. Birks leyó en el libro de Jeremías que Jerusalén había sido arrasada en el año 19 de Nabucodonosor y sumó 19 años al 587, llegando, como algunos historiadores, a la fecha ya conocida del 606 a.e.c. que históricamente se creía que fue la de la toma de Harrán, pero que para Birks era el año de subida de Nabucodonosor al trono, en contra de lo que habían establecido los historiadores. Evidentemente, Birks se equivocó al sumar, pues no es lo mismo el año 19 que 19 años. El año 19 significa que pasaron 18 años, que son los que Birks debió haber sumado a la fecha del 587 y así hubiera llegado al 605 a.e.c., de acuerdo con los historiadores. 


    El erróneo año 606 a.e.c., considerado como de ascenso de Nabucodonosor al trono de Babilonia o comienzo de los 70 años de servidumbre de las naciones, incluída Judá, al rey de Babilonia, pasó, como se ha dicho, al estudioso bíblico Edward O. Elliot, quien basó en dicha fecha del 606 el cálculo de los 2.520 años que hipotéticamente  duraban los siete tiempos mencionados por el profeta Daniel.


    Hacia el año 1870, un ex seguidor de William Miller, fundador del adventismo, llegaba a Londres procedente de Australia. Su nombre, Nelson Horatio Barbour. En Londres visitó la Biblioteca Nacional y topó con el libro ‘Horas con el Apocalipsis’, que Elliot había publicado en 1844. De la lectura de esta obra, además de aceptar las fechas 606, 536 a.e.c. y 1914, sacó en conclusión que Cristo vendría a la tierra en 1873 y así lo predicó, reuniendo no pocos adeptos.  Pasado el año y no viendo llegar lo anunciado, pospuso la venida de Cristo para 1874, aunque el Cristo no apareció. Entonces, influenciado por uno de sus seguidores, creyó entender que Cristo sí había llegado en 1874, aunque su presencia era invisible por haber acontecido el advenimiento en el cielo y no en la tierra. Creyó entender también que habrían de pasar 40 años, desde 1874 hasta 1914, para que Cristo llegara visiblemente a la tierra en la batalla del Armagedón. (Continuará).




NOTA: Este artículo y el siguiente, publicados en varios pequeños periódicos de habla hispana, causó que la agencia literaria publicadora de los mismos nos rescindiera el contrato (por el que no cobramos un solo centavo, sino que enviamos las publicaciones de modo gratuito) debido a protestas de innumerables lectores y 'cierto organismo religioso' del que no nos facilitaron identificación.