martes, 17 de febrero de 2015

Las ovejas a la derecha del Hijo del hombre

    -Hola, Pedro. Tengo cierta duda. Te pregunto porque tú eres anciano y puedes saber más que yo del tema.

    -Tú dirás, Juan.

    -Verás, en Mateo 25:31 a 33 se lee lo siguiente: “Cuando el Hijo del hombre llegue en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre su glorioso trono. Y todas las naciones serán reunidas delante de él y separará a la gente unos de otros, así como el pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha, pero las cabras a su izquierda”.

    -¿Y qué es lo que te preocupa de ese texto?

    -Ahí dice que hay un grupo de cabras que el Hijo del hombre pone a su izquierda.

    -Sí, ¿y…?

    -También hay un grupo de ovejas que pone a su derecha.

    -Así es.

    -Ahí no dice que hay dos grupos de ovejas.

    -Bueno, no lo dice literalmente, pero se entiende que son dos grupos de ovejas.

    -¿Cómo que dos grupos?

    -Dos grupos, a saber, los ungidos y la gran muchedumbre.

    -Pero ahí habla de ovejas sin especificar clases, tipos o grupos.

    -Claro, pero el esclavo enseña que cuando llegue el Hijo del hombre aún habrá ungidos en la Tierra. Y por lo tanto en la separación de ovejas habrá ungidos y gran muchedumbre.

    -Pues yo tenía entendido que para el tiempo en que llegue el Hijo del hombre no quedará ni un ungido en la Tierra.

    -Eso se creía antes, pero ya ves que ahora se entiende que sí habrá ungidos en el momento de separar las ovejas de las cabras.

    -Pero, Pedro, el evangelio de Mateo, según lo entiende el esclavo, viene a decir que esas ovejas que separa el hijo del hombre solamente serían gentes de la gran muchedumbre.

    -¿De dónde sacas esa conclusión?

    -Porque Jesucristo les dice a esas ovejas lo que está registrado en Mateo 25:35 a 40, que leo textualmente: “’Porque me dio hambre y ustedes me dieron de comer; me dio sed y me dieron de beber. Fui extraño y me recibieron hospitalariamente; desnudo estuve y me vistieron. Enfermé y me cuidaron. Estuve en prisión y vinieron a mí’. Entonces los justos le contestarán con las palabras: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos o con sed y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos extraño y te recibimos hospitalariamente o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en prisión y fuimos a ti?’. Y en respuesta el rey les dirá: ‘En verdad les digo: Al grado que lo hicieron a uno de los más pequeños de estos hermanos míos, a mí me lo hicieron’.

    -Perfecto, Juan; pero ¿cuál es la cuestión?

    -La cuestión, Pedro, es la siguiente: ¿quiénes son los más pequeños de estos hermanos de los que habla Jesucristo?

    -Esos hermanos son los ungidos, los que pertenecen al grupo de los 144.000.

    -Pues si esos hermanos son los ungidos, es evidente que Jesucristo está hablando aquí a los miembros de las otras ovejas o gran muchedumbre.

    -Ya, pero… bueno… ya caigo. Si Jesucristo dice que esas ovejas favorecen a los más pequeños de sus hermanos, entonces… entonces está claro que las ovejas que el pastor pone a su derecha solamente pueden ser las de la gran muchedumbre.

    -Ahí queríamos llegar, Pedro. Las ovejas que el Hijo del hombre pone a su derecha cuando llega en su gloria son las de la gran muchedumbre. No tiene vuelta de hoja.

    -Oye, pues fíjate que hasta ahora no me había dado cuenta de ese detalle… En efecto, las ovejas de las que aquí se habla no pueden ser otras que las de la gran muchedumbre.

    -Pero la gracia, Pedro, es lo que dice el versículo 34, que puedes leer.

    -Leo, Juan: “Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, ustedes que han sido bendecidos por mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo”.

    -Si te fijas, a esas ovejas de la gran muchedumbre les dice Jesucristo que ‘hereden el reino’.

    -Bueno, evidentemente se refiere a la parte terrestre del reino.

    -¿Y cuál es esa parte?

    -Que vivirán eternamente en la Tierra convertida en un paraíso.

    -¿Quieres decir, Pedro, que esas ovejas de la gran muchedumbre no reinarán sobre la tierra?

    -Por supuesto que no. Los que gobernarán sobre la tierra son los 144.000, que serán reyes y sacerdotes, como indica el libro de Revelación.

    -Ya, pero si te fijas, Pedro, después de la palabra ‘reino’ en el versículo 34 hay una llamada que dirige a Revelación 5:10. ¿Lo buscamos?

    -Revelación 5:10… Sí, aquí dice: “E hiciste que fueran un reino y sacerdotes para nuestro Dios y han de reinar sobre la tierra”.

    -¿Notaste? El texto de Mateo 25:34 se refiere a que las ovejas de la gran muchedumbre han de reinar sobre la tierra, al igual que los 144.000.

    -Caramba… Lo leo y no termino de creerlo. Esto tendrá alguna explicación…

    -La única explicación es la que indican los textos, Pedro. Si Jesucristo dice que las ovejas heredan el reino y heredar el reino es reinar sobre la tierra, quiere decir que la gran muchedumbre, que son las ovejas que el Hijo del hombre pone a su derecha cuando llega en su gloria, reinarán sobre la tierra al igual que los 144.000.

    -Pero, Juan, eso significaría que los 144.000 y la gran muchedumbre serían los mismos, no dos grupos diferentes.

    -Ahí donde nos aprieta el zapato, Pedro. Y si lees en profundidad e imparcialmente el libro de Revelación o Apocalipsis, verás que los supuestos dos grupos no son más que uno solo.

    -Pues tendré que leer, Juan… La verdad es que me dejas turulato.

    -Quedamos para otra ocasión, Pedro. Esto es para estudiarlo más despacio. Con lo de hoy ya hemos tenido bastante.

    -Sí, Juan. Esto, para empezar, ha sido un auténtico varapalo. Continuamos otro día.

 

jueves, 12 de febrero de 2015

Una incongruencia con la predicación por medio de los expositores en la calle

    Sucede algo curioso con la nueva predicación que se hace con carritos y expositores en la vía pública. Resulta que los hermanos no pueden abordar a los transeúntes como se hace habitualmente en la predicación por las calles. Los hermanos que atienden los expositores en la calle tienen ordenado que deben estarse quietos y, si alguien se acerca y pregunta, entonces es cuando deben predicarle y ofrecerle la literatura sin olvidar solicitar una contribución voluntaria para la obra mundial del Reino.

    Así la cosa, los hermanos informan a fin de mes tantas horas de predicación, las que hayan estado, con los expositores callejeros. Pero tenemos el caso de dos hermanos que nos dicen que el 90% de las horas en que han estado atendiendo los expositores en la calle  no han abierto la boca para predicar. Y sin embargo esas horas calladas, que son la mayoría, han de informarlas como predicación.

    Es decir, que ahora se informan como predicación las muchas horas que un testigo de Jehová se pasa en silencio con los carritos y expositores en las plazas. No nos imaginamos a Jesucristo y los apóstoles acarreando un expositor por los pueblos y aldeas y esperando en la plaza pública a que la gente se acerque a preguntarles. Jesús dijo que predicasen el Reino y eso implica llevar la iniciativa por medio de hablar a la gente, no esperar que la gente se acerque preguntando qué es lo que el predicador silencioso se trae entre manos.

    Tampoco nos imaginamos al apóstol Pablo con un carrito y esperando en las esquinas a que los transeúntes le preguntaran. Pablo predicaba abiertamente en las plazas públicas, lo mismo que Jesús y sus apóstoles. Y las personas interesadas en el mensaje los hospedaban en sus casas, en tanto que los huéspedes les ampliaban detalles sobre lo que habían predicado en la plaza.

    Con el nuevo sistema de predicación con expositores, los testigos de Jehová no toman la iniciativa de abordar a las personas que por su lado pasan, sino que esperan a que las personas se acerquen, no precisamente para predicarles acerca de ningún reino, sino para colocarles alguna pieza de literatura mediante la oportuna contribución que llaman voluntaria. Claro, la gente se huele que al final les van a pedir dinero y ni se acercan. Hemos estado varios días observando a hermanos con expositores y constatamos que los transeúntes se desvían un poco temiendo a ser abordados. Pero resulta que los hermanos tienen orden de no abrir el pico hasta que alguien se les acerque. Y por mantener el pico cerrado informan un montón de horas de predicación. Una verdadera incongruencia.       

 

 

 

jueves, 5 de febrero de 2015

El caudal de información tras la batalla de Karkemis


    Un anciano de una congregación americana me comenta preocupado lo que un superintendente de circuito le respondió delante de él a un publicador que tenía dudas acerca del año 1914, además del 607 de la era anterior.

    Explica el anciano que un hijo del publicador precisaba realizar una asignación escolar acerca de la batalla de Karkemis. Como no tenía ordenador, ya que las circunstancias no se lo permitían debido a la mala situación laboral, el publicador, que contaba con un buen nivel de estudios secundarios, fue a la biblioteca pública a buscar los datos precisos.

    Como los pocos ordenadores públicos de la biblioteca estaban ocupados, decidió buscar en uno de los tomos de la enciclopedia de Historia universal los datos acerca de la batalla de Karkemis. Dado que estaba prohibido fotocopiar páginas de libros y tampoco la biblioteca dejaba el tomo en préstamo para consultarlo en casa, tomó nota escrita de los datos que en las páginas en cuestión aparecían.

    Mientras escribía le llamó poderosamente la atención el hecho de que la batalla de Karkemis, según la enciclopedia consultada, había tenido lugar en el año 605 antes de la era cristiana y que en ese mismo año Nabucodonosor, que dirigió las tropas babilonias, había sido hecho rey.

    El hermano pensó que en la enciclopedia había un error, ya que según las publicaciones de la Sociedad Watchtower, Nabucodonosor fue hecho rey de Babilonia en el 625 a.e.c.  De otro modo el año 18 de su reinado, en que destruyó Jerusalén, no podía corresponder con el 607 a.e.c. y, si no correspondía con el 607, tampoco se le podía a esa fecha añadirle los 2.520 años de los tiempos de las naciones y llegar a 1914 como año de la entronización de Cristo en el cielo.

    El hermano deducía que, según la enciclopedia, el año 18 de Nabucodonosor correspondía al 587 a.e.c. y, si a ese año había que añadirle los 2.520 de los tiempos de las naciones, el año para la entronización de Cristo sería el de 1934 en lugar de 1914. Para el hermano era evidente que la enciclopedia estaba equivocada.

    Ya en casa, entregados a su hijo los datos para su asignación escolar, buscó las publicaciones de la Sociedad todo lo relativo a la batalla de Karkemis y la fecha de ella, así como la de la toma de poder real de Nabucodonosor. En cuantas publicaciones buscó, leyó que Nabucodonosor había ascendido en el 625 a.e.c. y que en ese mismo año había acontecido la batalla de Karkemis. Ello le hizo al hermano reafirmarse en la idea de que la enciclopedia consultada no estaba correcta.

    Al día siguiente volvió a la biblioteca a consultar otras enciclopedias y libros de Historia y para su sorpresa halló que, los pocos tomos que pudo examinar, todos ellos publicaban que la batalla de Karkemis y la subida al trono de Nabucodonosor acontecieron en el año 605 a.e.c. Cuando se disponía a salir, vio libre uno de los ordenadores y solicitó línea. Buscó información sobre Nabucodonosor y la batalla de Karkemis y, también para su sorpresa, la red informática daba los hechos consultados como acaecidos en el 605 a.e.c.

    El hermano apenas pudo conciliar el sueño aquella noche debido a lo que tal descubrimiento significaba. Si la Sociedad tenía razón, todos los historiadores estaban equivocados. Pero si tuvieran razón los historiadores, ello suponía que la Sociedad no estaba enseñando una doctrina correcta basada en la fecha de 1914.

    Al cabo de unas semanas en que buscó más información en otras bibliotecas y siempre llegaba a la misma conclusión, decidió exponer el asunto a los ancianos. Habló con uno de ellos, quien, no entendiendo bien el asunto por no haberle surgido el caso hasta entonces, le pasó al hermano a hablar con el superintendente de circuito, que en aquellos días visitaba la congregación.  

    La respuesta del superintendente preocupó hondamente no tan solo al publicador, sino también al anciano, que estaba presente durante la explicación del viajante. Este le indicó al publicador que no debería preocuparse por fechas. Si la Sociedad estuviera realmente equivocada, Jehová a su debido tiempo corregiría el asunto. Mientras tanto, era obligado creer y aceptar cuanto el Esclavo decía y no aceptar otras fechas que no sean las que da el Esclavo. Pero que lo importante no eran precisamente las fechas, sino el estar ocupado en la predicación todo el tiempo posible, y más cuando se evidencia que estamos en la última parte del tiempo del fin.

    Pudiera ser, continuó el viajante, que las fechas mañana desaparezcan, como ya desapareció la de 1918 por haberse entendido mal. Las fechas en realidad no importan, dijo textualmente el superintendente, porque hoy están y mañana pueden no estar o haberse cambiado por otras según lo permita la nueva luz del entendimiento. Lo importante es predicar, predicar y predicar incansablemente antes de que el fin nos alcance.

    Tanto el anciano como el publicador han dejado sus responsabilidades y privilegios y ambos están recabando datos fidedignos acerca de las tan cacareadas fechas que aún mantiene el Cuerpo Gobernante. Los detalles decisivos los han hallado en libros como “Los tiempos de los gentiles reconsiderados”. También están ocupados en leer otra literatura que los de Patterson consideran ‘apóstata’, pero que abre los ojos y las mentes y liberta de la esclavitud a hombres y organizaciones que dicen haber sido nombradas por el mismo Cristo y ser el conducto único de mediación entre Dios y la humanidad.