domingo, 26 de abril de 2015

Preguntas sin respuesta posible



    El cuerpo gobernante de los testigos de Jehová afirma que nadie puede entender la Biblia si no es a través del esclavo fiel y discreto, que precisamente ahora resulta que es el mismo cuerpo gobernante. Surgen las siguientes preguntas:

    ¿Cómo pudieron entender los escritos sagrados los sacerdotes levitas del tiempo de Moisés y posteriores, si no existía el esclavo fiel y discreto?

    ¿Cómo pudieron entender la Biblia los judíos, si tampoco entonces existía el esclavo fiel y discreto?

    ¿Y cómo, cuando aún no había entrado la apostasía que se dice que llegó después de la muerte del apóstol Juan, pudieron entender los cristianos del siglo I los escritos de los evangelios y las cartas de Pablo, si entonces no existía el esclavo fiel y discreto, el cual vino a la existencia en 1919, según establece ahora el cuerpo gobernante?

    ¿Y cómo pudo entender la Biblia Charles T. Russell, si ahora dice el cuerpo gobernante que ni siquiera era parte del esclavo fiel y discreto. Por no ser, ahora deja caer que no era ni ungido y que se le considera una especie de precursor al estilo de Juan el Bautista, quien no era cristiano y por eso no va al cielo. Así que Russell queda ahora a la misma altura.

    ¿Se da cuenta el cuerpo gobernante del berenjenal en el que se ha metido al retrasar a 1919 el nombramiento del esclavo, nombramiento que antes defendía como acaecido en el año 33 del siglo I? Porque lo lógico es que al esclavo administrador o mayordomo responsable se le nombre cuando el amo se va, no cuando viene o supuestamente viene. Si el amo Jesucristo se fue en el 33, razonablemente hubiera nombrado al esclavo en aquel tiempo, y no en 1919, cuando el cuerpo gobernante asegura hoy que Jesucristo inspeccionó a sus adoradores y fue cuando presumiblemente nombró como tal al esclavo.

    Que conste que estos razonamientos no son de nuestra cosecha, sino de varios ancianos de experiencia (uno de ellos superintendente) que así nos lo han hecho saber.

 

lunes, 20 de abril de 2015

No hay correspondencia entre el Israel natural y el Israel espiritual del cuerpo gobernante


    En un discurso que en una asamblea pronunció cierto orador de las altas esferas dijo textualmente que “así como la primera parte de la Biblia fue escrita para los israelitas y no para los gentiles, de la misma manera la segunda parte de la Biblia fue escrita para los ungidos y no para la gran muchedumbre”.

    Entendemos, y así lo entienden muchos ancianos hoy, que la comparación está fuera de lugar, ya que hay sendas diferencias entre los israelitas antiguos y los ungidos, así como entre los gentiles y la gran muchedumbre. En primer lugar, los gentiles no eran adoradores de Jehová como lo son los de la gran muchedumbre. Por tanto no hay correspondencia entre los gentiles y la gran muchedumbre. Cuando un gentil o un forastero se incorporaba al pueblo de Israel, las Escrituras rezaban también para él y era considerado como un israelita más, obligado como estaba a guardar la Ley. De la misma manera la gran muchedumbre forma un solo redil con los ungidos y por tanto las Escrituras cristianas están escritas también para ella en conjunto y no solamente para los ungidos.

    En segundo lugar, los israelitas de la antigüedad constaban de 12 tribus y solamente los de la tribu de Leví podían ser sacerdotes o pastores espirituales. No hay correspondencia entre el antiguo Israel y los ungidos. A lo sumo los ungidos, que el cuerpo gobernante asegura que son sacerdotes, corresponderían solamente a la antigua tribu de Leví. No puede decirse, pues, que los ungidos son el Israel espiritual. El Israel espiritual en todo caso se compondría de las 12 tribus simbólicas, es decir, los ungidos más los de la gran muchedumbre. De no ser así, queda fuera de lugar la comparación de los ungidos como Israel espiritual con el Israel natural. Como mucho los ungidos representarían a la tribu sacerdotal de Leví, pero no a todo el Israel espiritual.

    Tal vez el orador aludido debió haber efectuado la comparación de la tribu israelita de Leví con los ungidos. Solamente los nacidos en la tribu de Leví podían ejercer el sacerdocio y, por tanto, funciones pastorales. Los sacerdotes levitas eran los pastores del antiguo pueblo de Israel. Trasladado esto a los ungidos, el cuerpo gobernante asegura que solamente los ungidos son sacerdotes, es decir, pastores.

    Ahora bien, los ancianos son pastores. Y si son pastores o el equivalente de sacerdotes levitas, quiere decir que solamente los ungidos pueden ser ancianos o pastores. Los de la gran muchedumbre en modo alguno pueden serlo, ya que se dice que no pertenecen al grupo de los ungidos o sacerdotes o pastores, tal como en la antigüedad los demás israelitas que no eran de la tribu de Leví no podían ser sacerdotes. Ni siquiera podían ser ayudantes de los sacerdotes, pues tal función también se reservaba exclusivamente a los que pertenecían a la tribu de Leví.

    El apóstol Pedro no cabe duda de que está en lo correcto cuando escribe que los ancianos recibirán la corona inmarcesible de la gloria, es decir, que irán al cielo. Y si los que van al cielo solamente son los ungidos, está claro que los que no son ungidos no pueden ser ancianos o pastores, puesto que su destino o esperanza no es el cielo. Según el cuerpo gobernante, el sacerdocio, que equivale a pastoreo, es patrimonio exclusivo de los ungidos. Por tanto, si los de la gran muchedumbre no son contados como sacerdotes, quiere decir que tampoco pueden ser pastores o ancianos, ya que sacerdocio y pastoreo son sinónimos.

    Por otro lado, si hemos de ser francos, solamente son testigos de Jehová los ungidos, ya que, cuando en 1931 Rutherford cambió por el de testigos de Jehová el nombre de los pocos Estudiantes de la Biblia que quedaron, aparte de los que entraron nuevos, tras la espantada de los años 1926 y 1927 (se esfumaron como el 75% de los Estudiantes de la Biblia), todos los afiliados a la Sociedad Watchtower (no existía entonces el cuerpo gobernante tal como hoy se entiende) se consideraban ungidos. Los de la gran muchedumbre aparecieron en 1935, cuando Rutherford comprobó que el cupo de 144.000 estaba prácticamente superado, sino sobrepasado, al contarse también los cristianos del siglo primero. Sin embargo Rutherford se adelantó al tiempo, pues en Apocalipsis se lee que la gran muchedumbre aparece después de la gran tribulación (no del Armagedón) y ésta aún no ha llegado.

    Lo correcto hubiera sido que Rutherford declarara que ungidos y gran muchedumbre eran un solo grupo con distintos nombres. Pero Rutherford no leyó bien el Apocalipsis y equivocó los textos, tanto de este libro como de los evangelios, al asegurar que los ungidos, los 144.000 y el rebaño pequeño del que habla Lucas son los mismos. De paso la expresión ‘rebaño pequeño’ de Lucas es parte de la gran inserción del viaje de Jesús a Jerusalén que la Iglesia introdujo en dicho evangelio antes de la invención de la Imprenta. Los protestantes se llevaron el NT corregido por la Iglesia y no investigaron las interpolaciones e inserciones espurias. Rutherford solamente quería imponer su criterio personal, después de haber dejado a un lado a Russell, quien tampoco investigó cuando los adventistas le colaron sus doctrinas y puntos de vista teológicos.

    No hay, pues, como afirma el cuerpo gobernante, correspondencia actual entre el Israel natural y el espiritual, ya que el Israel natural lo formaban 12 tribus, con la tribu sacerdotal de Leví, y el llamado Israel espiritual solamente lo forma la simbólica tribu de sacerdotes o ungidos o miembros de los 144.000. En todo caso, el Israel espiritual sería el pueblo de Dios al completo, con ungidos y gentes de la gran muchedumbre.

    Los ancianos o pastores de hoy corresponderían a la antigua tribu de Leví, y si solamente los ungidos son tomados como sacerdotes o pastores, eso significa que los pastores actuales no pueden ser de la gran muchedumbre, sino únicamente ungidos, tal como escribe el apóstol Pedro cuando especifica que los ancianos o pastores van al cielo a recibir la corona de la gloria. Y, según el entendimiento doctrinal del cuerpo gobernante, como los ancianos actuales de la gran muchedumbre no van al cielo, quiere decir que, bíblicamente, no pueden ser ancianos.

    Por último, nada aparece en la Biblia, al menos en la parte neotestamentaria, acerca de que fue escrita para los ungidos y no para la gran muchedumbre. Jesucristo habla de que habría un solo redil de cristianos, no dos rediles (uno en el cielo y otro en la tierra, como enseña el cuerpo gobernante). Por tanto los evangelios y cartas apostólicas se escribieron para todos los cristianos. Por eso Jesucristo es mediador entre Dios y la humanidad, y cuando se habla de humanidad quiere decir toda la humanidad. La Biblia no especifica que esa humanidad sean los llamados ungidos o 144.000 individuos.

    Y si se lee imparcialmente el Apocalipsis, se verá claramente que los 144.000 y la gran muchedumbre son los mismos individuos bajo diferentes denominaciones. Al final todos están en el cielo ante el trono de Dios, no unos en el cielo y otros en la tierra (léanse las traducciones interlineales, como la de la Watchtower, y se descubrirá que la gran muchedumbre, como los 144.000, están en el ‘naós’, que es la parte más sagrada del templo o sancta sanctorum que representa al cielo y que no existe en ese templo patio alguno que represente a la tierra, donde inconcebiblemente el cuerpo gobernante sitúa a la gran muchedumbre).

  

jueves, 9 de abril de 2015

¿Van al cielo los ancianos? El apóstol Pedro dice que sí


-Me surge una duda inquietante, Pedro. ¿Los ancianos van al cielo?

-Los que sean ungidos, claro que sí, Juan.

-¿Y los que no lo sean?

-No van al cielo, se quedan en la tierra.

-Pero el apóstol Pedro dice que todos los ancianos van al cielo.

-¿Cómo va a ser eso?

-En 1 Pedro 5:2 se lee: “Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia”. ¿A quiénes se refiere?

-Evidentemente, a los ancianos.

-¿A los ancianos ungidos o a los no ungidos?

-A todos, Juan.

-Es decir, a ungidos y a no ungidos.

-Eso es.

-Perfecto, pero fíjate lo que continúa diciendo 1 Pedro 5:4, textualmente: “Y cuando el pastor principal haya sido manifestado, ustedes recibirán la inmarcesible corona de la gloria”.

-Sí, ¿y cuál es el problema?

-¿Qué es la inmarcesible corona de la gloria?

-Supongo que se refiere a que los 144.000 ungidos van al cielo a gobernar con Cristo.

-Pero Pedro no habla aquí de 144.000, sino de los ancianos.

-Bueno, pero esos ancianos son parte de los 144.000.

-Entonces Pedro está hablando aquí de ancianos ungidos solamente.

-No… bueno, puede ser que se refiera solo a los ancianos ungidos.

-Pero el texto no especifica. Antes dijiste que Pedro se estaba refiriendo a todos los ancianos, ungidos y no ungidos.

-Ya… Pero se entiende por el contexto que está refiriéndose a los ungidos solamente, que son los que van al cielo.

-Ahí Pedro habla de ancianos, sin especificar. Está claro que todos los ancianos van al cielo.

-Ya te he dicho que solo van al cielo los ungidos.

-Pero repito que Pedro no hace diferencias entre ancianos ungidos y no ungidos. Y si la Organización del cuerpo gobernante dice que el texto aplica a todos los ancianos, es que Pedro habla a todos los ancianos.

-Bueno… ya me pones a dudar, Juan.

-Una de dos: o solamente pueden ser ancianos los ungidos, que son los que van al cielo, o todos los ancianos, ungidos y no ungidos, van al cielo.

-Hum…

-Según Pedro, entonces, los no ungidos no pueden ser ancianos, puesto que menciona que los ancianos van al cielo a recibir la inmarcesible corona de la gloria.

-Pues tendré que estudiar más detenidamente esos textos.

-Y otra cosa, Pedro: ¿cuándo reciben la corona de la gloria los ancianos y por ende todos los ungidos?

-Cuando resucitan a vida celestial.

-¿Y han resucitado ya?

-Los que han muerto, sí. El esclavo dice que resucitaron en algún momento entre 1914 y 1935.

-Y dime una cosa. ¿Qué quiere decir Pedro con las palabras ‘cuando el pastor principal haya sido manifestado…”

-Significa cuando Cristo se manifieste en poder y gloria, en el Armagedón.

-¿Y se ha manifestado así?

-Todavía no, por supuesto.

-Entonces ¿cómo han podido resucitar los ancianos y demás ungidos entre 1914 y 1935?

-Ah… buena pregunta. Claro… si Jesucristo no se ha manifestado aún en poder y gloria… nadie ha podido resucitar a vida celestial.

-Ese es el punto. Ese y el que todos los ancianos van al cielo. Y si solamente van al cielo los ungidos, quiere decir que los que no son ungidos no pueden ser ancianos, puesto que no reciben la corona de la gloria y se quedan en la tierra.

-Supongo, Juan, que el cuerpo gobernante tendrá alguna explicación para los textos que hemos considerado.

-No la tiene, sencillamente porque aún no ha caído en el significado real de los textos de Pedro. En cuanto se dé cuenta de lo que dicen, empezará a hacer elucubraciones y encenderá nuevos focos tergiversando los textos, por supuesto.

-Será cuestión de esperar, Juan.

-Será cuestión, Pedro. Mientras tanto, a tragar carrete.

 

 

domingo, 5 de abril de 2015

El códice más antiguo del Nuevo Testamento difiere de lo que dicen nuestras biblias



    Los primeros códices del Nuevo Testamento no aparecieron en escena hasta los tiempos del emperador Constantino, en el siglo IV, cuando Eusebio de Cesarea y su equipo los escribieron en griego sobre pergamino, lujosamente encuadernados, por encargo del emperador. Son los famosos cincuenta códices que se repartieron por las bibliotecas del imperio, de los cuales probablemente uno de ellos es el códice Sinaíticus, el más antiguo existente y que difiere de los códices posteriores y de las biblias neotestamentarias que hoy manejamos.

    No existen códices anteriores al siglo IV y los papiros con textos bíblicos son evidentemente posteriores al Sinaíticus, aunque la Iglesia afirma que fueron escritos entre los siglos II al III. Mal pudieron haber sido escritos antes del siglo IV cuando difieren del contenido del códice más antiguo, el aludido Sinaíticus, y aquéllos parafrasean literalmente los textos de los muchos códices posteriores al siglo IV.

   El códice Sinaíticus, descubierto en 1859 por el erudito Constantin von Tischendorf en el monasterio de Santa Catalina del monte Sinaí, fue adquirido en 1933 por el Museo británico de Londres y su escritura la dataron en principio los expertos como anterior al año 380, aunque estudios más precisos la estiman de antes de mediados del siglo IV. Sea como sea, es el códice más antiguo que se conoce y, como se adelantó, difiere sustancialmente de los códices posteriores al siglo IV y de nuestros actuales libros del Nuevo Testamento. Tanta es la diferencia que en 1883 el teólogo inglés John W. Burgon, malhumorado por lo que leyó, se obligó a escribir en la Revista Trimestral de Londres que “la Biblia Sinaítica es escandalosamente corrupta... exhibiendo los textos más vergonzosamente mutilados… y perversiones intencionales de la verdad, que son descubribles en cualquier copia conocida de la palabra de Dios”.  

    Como él, han sido muchos los teólogos y eclesiásticos que se han opuesto a lo que dice el veterano códice Sinaíticus, el más antiguo descubierto hasta ahora. Su oposición se debe a que no está en línea con los códices que supuestamente se escribieron a partir del siglo V. Sin embargo, muchos estudiosos imparciales enfatizan que son los códices posteriores los que tergiversaron los textos del Sinaíticus y que la parte neotestamentaria de nuestras biblias actuales, basada en aquellos códices posteriores -o más bien basados estos códices en la Vulgata latina-, no responde a lo escrito en el Sinaíticus. Se llega a la conclusión de que los códices que difieren del Sinaíticus fueron falsificados con letras arcaicas por la Iglesia y se les dio carácter retroactivo, algo parecido a como hoy día se imitan escrituras antiguas en ciertos documentos, algunos de los cuales incluso se hacen pasar por más antiguos.

    A mediados de la década de los treinta, eruditos del Museo británico analizaron con rayos ultravioleta el Códice Sinaíticus y descubrieron numerosos raspones y enmiendas realizadas a través del tiempo, sobre escribiéndose encima de la vieja escritura, dando la sensación de que los textos del Sinaíticus quisieron adaptarse por manos desconocidas a los textos de los códices de siglos posteriores y a la versión de la Vulgata. Por dicha razón se dice que el Códice Sinaíticus no es cien por cien confiable, ya que presenta mezclados textos antiguos con otros más modernos, si bien las palabras iniciales que fueron borradas pueden leerse a través de los textos superpuestos debido a que se conservan trazas de la tinta original bajo la nueva escritura. 

    Según los expertos que han estudiado el códice Sinaíticus, en el mismo no figuran los dos primeros capítulos de Mateo y Lucas ni el capítulo 21 de Juan, que es un añadido posterior, probablemente del siglo VI. El evangelio de Lucas figura con menos capítulos de los que hoy conocemos y no existen los textos acerca de la resurrección de Cristo, así como otros que hoy figuran en las biblias. De ahí que tantos teólogos argumenten que el Sinaíticus es una versión defectuosa del Nuevo Testamento, aunque otros muchos estimen que fueron los códices posteriores los que insertaron textos que no se hallan en el Sinaíticus. Se sospecha que Jerónimo de Estridón, que vertió los textos griegos de Eusebio al latín, fue el primero en alterar la redacción de los libros del Nuevo Testamento cuando confeccionó su Vulgata, que según los expertos contiene innumerables añadiduras y enmiendas al original griego de Eusebio. Cada vez están más convencidos los teólogos de que de la Vulgata se mal copiaron hojas sueltas que hasta ahora se tenían por más antiguas, el conjunto de las cuales da en llamarse ‘Vetus latina’.

    Sería lo ideal que se vertiera a idiomas modernos el códice Sinaíticus para cerciorarse de las diferencias que los expertos aducen que tienen con respecto a los relatos neotestamentarios que hoy conocemos. Pero está demostrado que por el momento no interesa traducir dicho códice a ninguno de los idiomas de hoy debido al revuelo que dicha traducción pudiera armar entre los creyentes de las iglesias cristianas. Seguramente que al Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová le interesaría mucho menos.

    Puesto que el códice más antiguo del Nuevo Testamento, el Sinaíticus, es del siglo IV y difiere sustancialmente de lo que dicen nuestras actuales biblias, lo más razonable es pensar que los libros neotestamentarios que hoy manejamos han sido alterados en algún momento de los siglos pasados, siendo lógico suponer que los códices atribuídos al siglo V y posteriores son amaños de mucho tiempo después y que se hicieron pasar por más antiguos, todo para tratar de demostrar que nuestros relatos del Nuevo Testamento -basados en la Vulgata, de la cual posteriormente se confeccionaron las bases en griego para las traducciones actuales- son los verdaderos. Ya el propio Tischendorf señaló a esto y se llevó las manos a la cabeza cuando descubrió que nuestras biblias están alteradas a conveniencia de la Iglesia, la misma que fijó el canon definitivo de los libros del Nuevo Testamento, canon que los protestantes aceptaron a ciegas cuando se separaron del tronco materno, aceptando a finales del siglo XIX los Estudiantes Internacionales de la Biblia, y después los testigos de Jehová, como palabra divinamente inspirada y sin errores los relatos bíblicos transmitidos por la Iglesia y retransmitidos por el protestantismo.

    Si en tiempos anteriores al siglo XVI, e incluso en dicho siglo, se hubiera descubierto el códice Sinaíticus, probablemente las biblias protestantes y las de los testigos de Jehová serían hoy diferentes en lo que respecta al Nuevo Testamento. Pero, dado el desconocimiento que se tenía y se tiene del precitado códice, se acepta como palabra auténtica de Dios lo que contienen las biblias de hoy. Aunque de todas maneras, de darse a conocer lo que está escrito en el códice Sinaíticus, todas las iglesias al unísono, incluídos los testigos de Jehová, declararían espurio al susodicho padre de los códices del Nuevo Testamento, el Sinaíticus.