jueves, 30 de julio de 2015

Gente de los beteles mundiales visita nuestro blog

 

    Nos sorprende el elevado número de visitas que de un tiempo a esta parte recibimos en el blog. Creemos que la mayoría de ellas pueden proceder de los distintos beteles mundiales y suponemos que son los propios betelitas y no la gerencia oficial de los mismos quienes a escondidas entran. E incluso la gerencia.

    Este blog lo emitimos en castellano (colaboramos con otros en inglés) y la mayoría de las visitas procede de países de habla hispana. Según el listado, los países visitantes por orden de frecuencia son: Estados Unidos, España, México, Chile, Perú, Colombia, Argentina, República Dominicana, Puerto Rico, Panamá y Ecuador, todos ellos países donde se habla castellano.

    Mantenemos contactos con miembros de los beteles de algunos de estos países, sobre todo de Estados Unidos, México y España, además de Italia, Suecia y Alemania, y por eso sabemos que los IP corresponden a dichos beteles, si bien los números cambian periódicamente. Ello, sin contar los contactos privados fuera de los beteles. 

    Lo curioso es que contabilizamos una ingente cantidad de visitas de países donde habitualmente se desconoce el castellano, como: Canadá, Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, Suecia, Dinamarca y, recientemente, India. Esto nos resulta sorprendente. Que sepamos, los únicos que hablan castellano son algunos de nuestros contactos en el betel de Inglaterra, sin contar los privados. Estas personas que entran en el blog, ¿pudieran ser inmigrantes de países hispanos?

    La mayoría de las visitas de España las recibimos de Barcelona y Madrid. Más de Barcelona que de Madrid. Muchos privados catalanes nos comunican el gran disgusto que tienen a raíz de haber vendido la organización el salón de asambleas de Horta a una iglesia protestante, con cuyo hecho la organización entera demuestra que se ha hecho partícipe de idolatría y por tanto, ya no tiene voz ni credibilidad en lo que dice. Un hermano que anduvo por las cumbres nos dice que la organización es ahora “un sapo parlante”.

    Los testigos de los países centro y sudamericanos creen que la masa de creyentes testigos está aumentando aceleradamente a ritmos increíbles y que por eso se construyen más salones del reino y de asambleas en todas partes del mundo, sin contar sucursales. Ignoran que los salones del reino van en disminución, que se cierran muchísimos, que la obra también va en disminución y que los salones de asambleas se venden por falta de asambleístas suficientes y porque la organización necesita dinero urgentemente. Ya dejaron caer por televisión lo mal que andan de fondos.

    Hay ancianos que opinan que los datos de crecimiento en los anuarios son falsos y se dan para no alarmar y para animar en cierto modo a los de a pie. Si la obra fuera en aumento, no se cerrarían salones ni sucursales y se recaudaría más dinero. Esta paradoja puede que haga que muchos testigos se interesen por saber qué dicen los blogs que despectivamente llaman apóstatas. Entre esos testigos hay buena cantidad de betelitas que visitan nuestras páginas. Y es que los betelitas también tienen la mosca detrás de la oreja.

 

 

jueves, 23 de julio de 2015

Jesucristo y sus apóstoles no predicaban de casa en casa

El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, que desde Octubre del 2012 se ha autoproclamado como el único Esclavo Fiel y Discreto, en detrimento de los demás “ungidos” y de los propios apóstoles del primer siglo, hace ver a sus adherentes los testigos de Jehová que Jesucristo y sus discípulos predicaban yendo de casa en casa correlativamente; es decir, llamando a una puerta y después a la vecina, y así hasta recorrer todas las viviendas asignadas de una manzana o varias de la población.

    El Cuerpo Gobernante, como ya lo hizo la Sociedad Watchtower antes de que aquel entrara en escena en 1971 y tomara las riendas en 1976, suele basarse en los textos de Mateo 10:11-14 para defender su postura con respecto a predicar de casa en casa o de puerta en puerta. Asegura el Cuerpo Gobernante que Jesucristo mandó a sus apóstoles predicar de esa manera. El pasaje de Mateo en cuestión dice: “En cualquier ciudad o aldea que entren, busquen hasta descubrir quién en ella es merecedor, y quédense allí hasta que salgan. Al entrar en la casa, salúdenla; y si la casa lo merece, venga sobre ella la paz que le desean; pero si no lo merece, vuelva sobre ustedes la paz de ustedes. Donde quiera que alguien no los reciba ni escuche sus palabras, al salir de aquella casa o de aquella ciudad, sacúdanse el polvo de sus pies”.

    Con la expresión “busquen hasta descubrir quién en ella (la aldea o ciudad) es merecedor”, el Cuerpo Gobernante quiere significar que, para descubrir a los merecedores, no hay más remedio que predicar de puerta en puerta o de casa en casa. No obstante, Jesucristo les dice a continuación a los apóstoles: “quédense allí hasta que salgan”. ¿Por qué razón tenían que quedarse en una casa? Por la sencilla razón de que en la casa en cuestión se les daba alojamiento. Jesucristo estaba dando instrucciones para conseguir comida y alojamiento; por esa razón les dijo a los apóstoles que no llevasen alforjas. En Mateo 10:9 se lee: “No consigan oro ni plata ni cobre para las bolsas de sus cintos ni alforja para el viaje ni dos prendas de vestir interiores ni sandalias ni bastón, porque el obrero es digno de su salario”. La costumbre en aquel tiempo era predicar en las plazas y, si algún oyente hospitalario quedaba interesado, invitaba a su casa al predicador, dándole alojamiento si era forastero.

   En el evangelio de Lucas se leen las mismas instrucciones de Jesús a los apóstoles en su asignación de predicar “de aldea en aldea”, que no es lo mismo que de casa en casa o de puerta en puerta, sino que la predicación se efectuaba en la vía pública, tal como Pablo y sus compañeros hacían. Y en Lucas 10:5-7, dando Jesucristo instrucciones a los setenta discípulos que enviaba a recorrer el territorio, leemos: “Dondequiera que entren en una casa, digan primero: ‘Tenga paz esta casa’. Y si hay allí un amigo de la paz, la paz de ustedes descansará sobre él. Pero si no lo hay, se volverá a ustedes. De modo que quédense en aquella casa, comiendo y bebiendo las cosas que les suministren, porque el obrero es digno de su salario”.

    Vemos que el objetivo de las visitas a las casas por parte de los apóstoles y discípulos era principalmente el de conseguir comida y alojamiento (“el obrero es digno de su salario”), en tanto que también se le ampliaban detalles de las buenas nuevas a los amos de casa. Los discípulos de Jesús no iban comiendo y alojándose consecutivamente en una casa tras otra. Las últimas palabras de Jesucristo en el versículo 7 del capítulo 10 de Lucas lo expresan literalmente. Jesús advirtió: “No anden transfiriéndose de casa en casa”. Estas palabras finales de Jesucristo procura no airearlas el Cuerpo Gobernante, ya que le echaría por tierra el argumento de que los apóstoles predicaban de casa en casa al recorrer las aldeas y ciudades. Las visitas a las casas se debían, pues, a que las personas interesadas ofrecían hospitalariamente a los discípulos comida y alojamiento. Por eso les dijo el Maestro que “el obrero es digno de su salario”.

    Los apóstoles y discípulos sabían cómo Jesús predicaba a las gentes: o bien en los espacios abiertos (en la montaña, junto al mar, en las calles de las ciudades, en las plazas de mercado, etc.) o en las sinagogas. Nunca recorriendo las casas una por una. Jesús no visitaba a las gentes en sus casas para predicarles, sino que eran las gentes las que venían a escuchar a Jesús en los lugares públicos. Si Jesús entró en alguna casa, fue para comer como invitado, para alojarse o para curar a alguien.

    El día de Pentecostés, cuando los apóstoles recibieron el Espíritu Santo, no se pusieron a predicar de casa en casa. Pedro, por ejemplo, habló a las multitudes en la calle y tres mil personas se bautizaron. Y cuando visitó a Cornelio en su casa, no fue porque Pedro andaba predicando de puerta en puerta, sino porque el Espíritu le impulsó a ir directamente adonde se hallaba Cornelio. Pablo, Bernabé y Silas predicaban en las plazas y en las sinagogas, y las personas interesadas los invitaban a sus casas, donde se alojaban y al mismo tiempo ampliaban la predicación; pero no predicaban transfiriéndose de una casa a otra. Muchas personas se hicieron creyentes tras oir disertar a Pablo en la sinagoga, como sucedió en Iconio y en Berea. Y en Atenas muchos se hicieron cristianos después del discurso de Pablo en el Areópago.

    En ninguna parte de los evangelios se dice que Jesucristo y sus discípulos predicaban yendo de puerta en puerta por las casas. Tampoco en parte alguna de las cartas apostólicas se dice que la predicación se efectuaba casa por casa, consecutivamente. Si los apóstoles y discípulos predicaban en una casa en particular era porque previamente habían sido invitados a alojarse en ella; pero no como consecuencia de una exhaustiva predicación casa por casa. Entonces, ¿por qué hoy el Cuerpo Gobernante hace hincapié en que es esencial para el cristiano la predicación de casa en casa?   

    La razón se encuentra veladamente en el sistema comercial. El presidente de la Watchtower, Rutherford, que no predicaba de casa en casa y que tan solo se limitaba a escribir en solitario su literatura y a dar discursos (todo lo cual ha quedado obsoleto y nunca se ajustó a la verdad bíblica), observó que el sistema de los vendedores de ir puerta por puerta tenía bastante éxito. Así que, para aumentar la colocación de libros y revistas que imprimía por millones la Watchtower, impuso el sistema de predicar casa por casa y puerta por puerta, con vistas principalmente a colocar dicha literatura a los amos de casa, con la excusa de que lo impreso en ella facilitaba la comprensión de la Biblia. Jamás se animó a los predicadores a usar exclusivamente la Biblia, sino que una forma esencial de medir la espiritualidad del predicador era por medio de la colocación de literatura, a la vez que conseguía estudios que pudieran ser clientes habituales de la adquisición de piezas literarias de la Watchtower. En las reuniones de servicio de los testigos de Jehová se da especial énfasis en cómo hacer llegar a la gente los libros y revistas que publica la Watchtower.

    La colocación de millones de piezas de literatura sirve a los adeptos de “testimonio a todas las naciones” y da la impresión de que la predicación de las buenas nuevas por este medio, así como las imprentas que producen esa literatura, tiene la bendición de Dios. Sin embargo, está sobradamente demostrado que por la predicación o colocación de literatura a puerta fría, aunque los amos de casa aceptan esa literatura generalmente por compromiso, no se consigue más que una ínfima porción de nuevos afiliados a la organización de los testigos, y eso que se emplean más de mil millones de horas anuales en la predicación. La predicación informal entre familiares, amigos y compañeros parece que es más efectiva al respecto y de hecho un gran porcentaje de los que se bautizan son captados por este medio informal.

    La predicación de casa en casa o de puerta en puerta no es más que una norma de predicar (y no precisamente la más efectiva para conseguir adeptos, pero sí para colocar literatura) impuesta por la organización de los testigos de Jehová, antes la Sociedad Watchtower y ahora el Cuerpo Gobernante. Jesucristo y sus apóstoles y discípulos jamás predicaron por medio de visitar casa tras casa, a puerta fría, sino que lo hicieron públicamente, bien en los espacios al aire libre o en las sinagogas. Consiguieron así muchos miles de adherentes en tan solo unos días, como fue el caso del apóstol Pedro. ¿Hubieran tenido el mismo éxito si hubieran visitado a esos miles de personas casa por casa, lo cual les hubiera llevado largos años?

    Ellos no predicaban con libros y revistas, ni incluso con una Biblia, sino de viva voz a las multitudes. Tampoco tenían una organización central que los administrase y enviase a predicar. El Espíritu Santo los impulsaba. Pablo no conoció un Cuerpo Gobernante que lo enviase. Fue el propio Jesucristo quien lo envió; y Pablo inició su predicación partiendo de Antioquía, no de Jerusalén, donde estaban algunos de los apóstoles, y al regresar de sus viajes misionales volvía a Antioquía, no a Jerusalén. La razón era porque en Jerusalén jamás existió un Cuerpo Gobernante u organización que dirigiera la obra de predicar en las congregaciones diseminadas por el Mediterráneo, sino que cada congregación y cada cristiano en particular predicaba libre e informalmente a sus congéneres, y no precisamente realizando visitas de casa en casa.

 

domingo, 12 de julio de 2015

Terminó de marcharse más del 70% de los Estudiantes de la Biblia cuando en 1927 Rutherford estableció como doctrina las famosas fechas de 1918 y 1919.


    Los que se asocian con jw.org creen que los antiguos Estudiantes de la Biblia eran testigos de Jehová. Nada más lejos de la realidad. Los testigos de Jehová son un movimiento diferente surgido en 1931 al imponer Rutherford el nuevo nombre al 25% y pico de los Estudiantes de la Biblia que no abandonaron el movimiento, más los pocos nuevos que se incorporaron y bautizaron entre 1926 y 1930. Rutherford terminó de borrar casi todo rastro del pastor Russell en 1929, cuando retiró del mercado la venta de los seis volúmenes de la colección ‘Estudios en las Escrituras’. En su lugar estableció Rutherford su propia literatura, de la que era único autor, si bien auxiliado en los últimos años por Fred Franz, quien fue después presidente de la Watch Tower entre 1977 y 1992.

    Por cierto, la supuesta visita de Jesucristo al figurado esclavo fiel y discreto de 1919 no fue girada a los testigos de Jehová, ya que en aquel año no existían. Hipotéticamente, Jesucristo habría inspeccionado a Russell, quien, aunque llevaba tres años muertos, continuaba siendo estimado como el esclavo fiel y discreto. Jesucristo no pudo inspeccionar en 1919 al cuerpo gobernante porque en dicho año no existía. Lo que jw.org considera cuerpo gobernante era la junta directiva de la Watch Tower. Sin embargo, cuando realmente se formó el cuerpo gobernante fue en 1971, con 17 personas. Coexistieron entonces, y siguen coexistiendo, la junta directiva y el cuerpo gobernante, si bien los siete miembros de la junta directiva de 1971 lo eran también del cuerpo gobernante recientemente creado. Eran pues, dos entidades distintas la del cuerpo gobernante y la de la junta directiva de la Watch Tower.

    No fue hasta su publicación en La Atalaya del 15 de febrero de 1927 que Rutherford declaró que el esclavo fiel y discreto era, no Russell, como hasta entonces se creía, sino los que quedaban vivos de los 144.000 ungidos, es decir, todos los Estudiantes de la Biblia, ya que absolutamente todos se consideraban ungidos y participaban de los emblemas del pan y el vino.

    En esa Atalaya de 1927 Rutherford también estableció doctrinalmente que Jesucristo había inspeccionado a su esclavo fiel y discreto en 1918 y que en 1919 le había nombrado sobre todos sus bienes terrestres. La mayoría de los que componían el nuevo esclavo fiel y discreto, los Estudiantes ungidos de la Biblia, se preguntaron que cómo era posible que Jesucristo les había inspeccionado en 1918 y nombrado sus administradores en 1919 si ellos no se enteraron de la inspección y el nombramiento en aquellos años, o sea, nueve y ocho años atrás. Los Estudiantes de la Biblia, pues, llegaron a la conclusión de que Rutherford les estaba colando un bulo y así fue cómo más del 70% de los componentes del grupo religioso terminó de salirse de las filas de Rutherford, al considerar que éste implantaba doctrinas de hombres.

    Ya en 1920 Rutherford había escrito y editado el folleto ‘Millones que ahora viven no morirán jamás’. En él declaraba que los antiguos patriarcas resucitarían en 1925, justo antes de ser destruídos los reinos de la tierra en la batalla del Armagedón. Esto fue lo que se predicó de viva voz y por conferencias y página impresa en aquellos años. Transcurrido el año 1925 y no habiendo resucitado los patriarcas ni llegado el Armagedón, algunos Estudiantes de la Biblia se separaron del movimiento religioso de Rutherford pasados los primeros meses de 1926. El resto, hasta más del 70%, abandonaría entre febrero y marzo de 1927, tras las descabelladas declaraciones de Rutherford acerca de la inspección y el nombramiento de 1918 y 1919.

    En el Anuario de la Watchtower de 1926, que recoge los datos correspondientes a 1925, figuran 89.278 participantes de los emblemas en la Conmemoración de la muerte de Cristo.

Y en el anuario de 1927, que corresponde a los hechos de 1926, el número de participantes había descendido a 88.544 personas. Ya para entonces algunos se habían separado de la organización, aunque probablemente se separaron bastantes más tiempo después de la Conmemoración de 1926.

    Con todo, en el anuario de 1928, que corresponde a lo acontecido en 1927 -recuérdese que la Atalaya del 15 de febrero recogió la extraña nueva información de Rutherford-, se recoge que el número de participantes en la Conmemoración había drásticamente descendido a 23.988 personas. Eso significa que el 73% de los Estudiantes de la Biblia había abandonado las filas o había fallecido al tiempo de la Conmemoración de 1927. Dado que el número de fallecimientos se calcula estadísticamente en un porcentaje máximo del 2%, cabe suponer que más del 70% de los Estudiantes de la Biblia dejaron plantado a Rutherford. 

    En tiempos de Rutherford no había un cuerpo gobernante que emitiera las doctrinas. Era Rutherford, como presidente la Watchtower, el que proclamaba las nuevas luces doctrinales, tal como lo había hecho su antecesor, Russell y como lo haría hasta 1975 Fred Franz, a la sazón el teólogo único de la Watchtower bajo la presidencia de Knorr. Debido a que Knorr no estaba tan ducho en asuntos espirituales, dejó a Franz el cometido de establecer y publicar cuanto se relacionaba con ello, mientras Knorr se encargaba exclusivamente del tema mercantil y comercial de la Sociedad WatchTtower.

    Tras el escándalo de la publicación del libro ‘Vida eterna en libertad de los hijos de Dios’, en 1971 se formó el cuerpo gobernante doctrinal, compuesto por 17 individuos entre los que se hallaban los miembros de la junta directiva. A partir del 1 de enero de 1976 el cuerpo gobernante se hizo cargo de la redacción de literatura, de las nuevas proclamaciones doctrinales y en general de todos los asuntos de la WatchTtower y los testigos de Jehová. En aquellos tiempos la salvación se proclamaba para todo aquel que estuviera dentro de las filas de la Watch Tower, no de la organización de Jehová. Hay grabaciones de discursos en asambleas anteriores a 1975 que así lo acreditan. 

    En resumen, que las fechas de 1918 y 1919 para la inspección de Jesucristo y el nombramiento del esclavo sobre los bienes del Amo se las inventó Rutherford en 1927. La actual jerarquía jehovista lo sabe y por esa razón ha suprimido la fecha de 1918, que no es bíblica, trasladándola ahora a 1914. Tampoco es bíblica la fecha de 1919, que la estableció Rutherford como consecuencia de la de 1918. Pero la fecha de 1919 no puede el cuerpo gobernante atrasarla a 1914 porque entonces admitiría que Russell formaba parte del esclavo fiel y discreto.

    A Russell lo que hoy se quiere hacer es borrarlo del mapa de la organización de Jehová. A Russell ya no se le considera ungido, sino un precursor al estilo de Juan Bautista. Y tal como Juan no perteneció a los ungidos, así Russell tampoco. Y como los testigos de Jehová nacieron en tiempos de Rutherford, es a este tipo de dudosa reputación -totalmente desconocido para los testigos de Jehová de a pie, salvo por las virtudes con que le adornan para hacerle parecer un santo- al que el cuerpo gobernante de hoy pretende colgar glorias y medallas. Glorias y medallas que jamás mereció. Ya es significativo que a estas alturas no se sepa todavía dónde está su tumba, en la que finalmente fue colocado tras más de tres meses de pasar congelado en un cajón de hielo, a la espera de decidir dónde había de ser enterrado, lo cual se hizo en el más absoluto secreto. Pero esa es ya otra historia.

 

 

sábado, 4 de julio de 2015

No vino el fin del mundo en 1975 ni en 1997


 
    Los literalistas bíblicos, que pueden entender la Biblia tanto literal como simbólicamente, estimaban que desde la creación del hombre hasta 1975 ó 1997 habían transcurrido 6.000 años. Muchos de estos literalistas creían que el hombre había sido creado en el año 4004 antes de nuestra era, con lo que los 6.000 años se cumplirían en 1997. Unos pocos, como los testigos de Jehová a partir de 1966 -cuando publicaron su libro ‘Vida eterna en libertad de los hijos de Dios’- aducían que la creación humana aconteció en el año 4026 a.e.c. y de ahí que el hipotético cumplimiento de 6.000 años desde la creación del hombre se esperase en 1975.

    Siguiendo la cronología relativa de la Biblia, cualquier estudioso que crea a pies juntillas que lo bíblicamente relatado es indefectible palabra de Dios llega a la conclusión de que, efectivamente, el hombre pudiera haber sido creado hace 6.000 años. No obstante, los relatos neotestamentarios anteriores a los tiempos del rey Josías de Jerusalén no están comprobados ni histórica ni astronómica ni arqueológicamente y es fácil deducir que se trata de fábulas morales para dar identidad al pueblo judío, particularmente formado desde los tiempos en que Samaria, que era el verdadero y próspero pueblo de Israel, fuese conquistado por los asirios. Buena parte de los samaritanos que consiguieron huir se establecieron en Judá, un país pobre y seco, al contrario de la exuberante Samaria.    

    Los escritores bíblicos intentaron poner los personajes y sucesos en cierto orden cronológico, ajustándose a la tradición verbal de que un día creativo pudiera haber sido de siete mil años. En el caso del séptimo día creativo, según la creencia doctrinal de gran número de fieles, habrían transcurrido 6.000 años desde que el hombre fue creado y quedarían pendientes los restantes 1.000 años de un supuesto reinado de Cristo sobre la Tierra, tal como creen derivar del Apocalipsis. Incluso los testigos de Jehová, basados en la literalidad bíblica, predicaron que el fin de los gobiernos del mundo o Armagedón vendría antes de terminar el siglo XX, lo cual evidentemente no sucedió. Hasta los mismos fieles adeptos al movimiento que esto predicaban no terminaban de creerlo firmemente, como manifestaron muchos de sus dirigentes congregacionales.

    No aconteció tal fin, como tampoco aconteció el fin que se esperaba en años precedentes, porque se trató de un incorrecto entendimiento humano basado en un libro que, autoproclamándose profético, tan solo es un conjunto de normas morales para los seguidores del mismo. La Biblia se escribió en principio para el pueblo judío, para afianzar el poder de reyes y sacerdotes sobre ese mismo pueblo, y eso se hizo con carácter retrospectivo después de la vuelta del destierro babilónico en el siglo VI antes de nuestra era. Para darle más peso y autoridad divina y para poder demostrar que samaritanos y judíos eran inicialmente el mismo pueblo, los escritores inventaron sobre todo las figuras patriarcales, aparte de la grandeza de reyes como David y Salomón, de los que históricamente nada se sabe. El famoso templo salomónico pudiera haber sido uno más entre los templos de los pueblos considerados paganos. Al menos su estructura cuadra con ellos. No se descarta que David y Salomón hubieran sido dirigentes de clanes familiares, al igual que otros personajes más antiguos.   

    La corporación religiosa de los testigos de Jehová predica y hace predicar que el fin del mundo es inminente, de un día para otro, y sin embargo ella misma sigue comprando terrenos y construyendo edificios con el dinero que los fieles donan para la expansión de la corporación. Por lo general son los mismos fieles los que aportan la mano de obra gratuita. El dinero, del que no se facilitan las operaciones, se destina principalmente a la masiva construcción y a la inversión, entre otros, en fondos financieros de riesgo, aunque muy productivos, llamados ‘hedge funds’, que solamente los multimillonarios del planeta pueden permitirse. No nos imaginamos a Jesucristo y sus apóstoles dedicándose a recaudar fondos y a construir pomposos edificios. Ellos predicaron de viva voz y no precisaron de una organización financiera para mantener su ritmo de predicación.  

    Los científicos nos hablan de edades muy superiores a seis mil años para la existencia del hombre, lo cual es lógico. Si la Tierra tiene millones de años de antigüedad, no es razonable pensar que el hombre tan solo tenga seis milenios de existencia. Hay evidencia arqueológica de seres humanos que existieron en el planeta hace al menos varias decenas de miles de años de antigüedad. De éstos nada dice la Biblia, pues sus escritores nada sabían del asunto. Se supone que, de haber sido inspirados por Dios, habrían puesto por escrito que existieron otros humanos miles de años atrás, además de gigantescos animales como los dinosaurios; pero de estos últimos tampoco tenían conocimiento los autores bíblicos. Ninguna divinidad les soplaba nada. Se basaron en escritos del archivo de Babilonia, donde había estado cautivo el pueblo judaíta. Y los babilonios ignoraban también lo realmente sucedido en la Tierra antes de que viera la luz su propia civilización.     

    La Tierra tiene un movimiento llamado de precesión. Consiste en el cabeceo circular del eje terrestre. Cada 2.160 años el eje apunta a una estrella guía. Hoy enfila hacia la estrella Polar. Cuando se cumpla el ciclo de 2.160 años señalará a una estrella diferente. Al cabo de 12 ciclos de 2.160 años, es decir, 25.920 años en total, el eje terrestre volverá a apuntar a la estrella Polar.

    Pues bien, hay científicos que por sofisticados medios informáticos han descubierto que las pirámides de Egipto tuvieron que haberse construido hace más de 12.000 años, en la era de Leo, cuando aquéllas se situaban bajo la visual de las tres estrellas del cinturón de Orión, también conocidas como los tres Reyes Magos que siguen a la estrella de Sirio en la parte oriental de la Tierra. De ahí la leyenda que aparece en el evangelio de Mateo y que fue insertada con posterioridad, tratándose por tanto de una interpolación. Eso significa que al menos hace más de 12.000 años había grandes inteligencias en el planeta. Así que los 6.000 años de existencia del hombre según el entendimiento bíblico de algunos grupos religiosos no es más que pura ingenuidad.