martes, 29 de septiembre de 2015

Los beteles comienzan a quebrar y los betelitas son despedidos


    Miles de betelitas por todo el mundo han recibido su carta de despido. Sin importar la edad -muchos de ellos sobrepasan los 50 años y han servido durante décadas en una de las sucursales-, estos betelitas deben abandonar ya Betel porque no hay fondos para mantenerlos. Se les manda a la predicación de tiempo completo y se pide encarecidamente a las congregaciones que se encarguen de ellos y de su manutención. No tendrán una asignación económica mensual, pues también a los precursores especiales se les suprime la asignación monetaria que tenían. No hay medios suficientes para que los beteles puedan seguir subsistiendo.

    Al mismo tiempo se paralizan las construcciones de las sucursales por todo el mundo y únicamente se atenderá la construcción del betel central de Warwick, cuyo presupuesto se ha disparado escandalosamente, sobre todo a raíz de las obras de puesta en funcionamiento del lujoso lago del lugar, para lo que ha sido preciso contratar especialistas de empresas mundanas.

    Las obras de la sucursal de Ajalvir en España también se paralizan por falta de suficientes ingresos, con el consiguiente despido del personal. En Gran Bretaña se está pensando en el destino final de la sucursal, la cual probablemente se cierre y se traslade a otro lugar de menor extensión, según nos comunican de la propia sucursal ancianos disconformes con dicha política.

    La impresión de literatura ha descendido a mínimos y se anima a las congregaciones a que bajen las publicaciones via internet y las impriman con cargo a los publicadores, lo que supondría un desembolso muy superior a la contribución que habitualmente se realiza por la literatura impresa masivamente por la Watch Tower. Las revistas Despertad y las Atalayas para el público pasan a partir de enero a imprimirse cada dos meses.

    En los beteles mundiales las cartas de despido han caído como una bomba. Algunos hermanos lo toman como una bendición más de Jehová; pero la mayoría, sobre todo los que se han pasado la vida prestando sus servicios en estas sucursales desde su juventud y que han dejado estudios y trabajos por esta causa, se encuentran traicionados por el cuerpo gobernante con esta drástica decisión.

    Muchos de estos hermanos son demasiado mayores, no tienen familia y difícilmente encontrarán un trabajo seglar, aparte de que no saben desarrollar oficio alguno. El cuerpo gobernante pide a las congregaciones que se hagan cargo del alojamiento y manutención de estos hermanos despedidos. Tal como está hoy la situación mundial, con tanto paro o con unos ingresos que apenas alcanzan para vivir, difícilmente pueden los hermanos acoger a nadie en sus casas. A lo sumo podrán invitarles a comer algún día.

    Los betelitas despedidos, pues, lo tienen realmente crudo. No son pocos los que han protestado y se han encarado con los ancianos dirigentes de los beteles, preguntando si la bendición de Jehová ha servido de algo durante tantos años en que se esperaba el Armagedón de un momento a otro. Hay hermanos que abiertamente manifiestan que han sido engañados por unos vejestorios de Brooklyn, ahora en Patterson, que viven a cuerpo de rey.

    Son tantos los hermanos que protestan en este sentido, que los superintendentes, los ancianos y el propio cuerpo gobernante deben reunirse urgentemente para decidir qué hacer con tales hermanos, si amonestarlos o expulsarlos, como nos manifiesta un anciano de Warwick. Pero se trata de miles de miembros, a los que hay que sumar los miles de ungidos no conformes con la descarada autoproclamación del cuerpo gobernante como esclavo fiel y discreto. De ser expulsados o desasociados, se trataría de la mayor estampida de testigos de Jehová después de que en 1927, en tiempos de Rutherford, terminara de abandonar las filas más del 70% de los Estudiantes de la Biblia.

    Hemos preguntado por el fondo de salones del reino y si dicho fondo continúa activo para construir salones del reino. La persona consultada no tiene referencia alguna al respecto, aunque tiene oído extraoficialmente que los fondos continuarán recaudándose, pero sin realizar por el momento construcción alguna de salones, a no ser en lugares pobres donde no exista ninguno. Provisionalmente, nos dice, las congregaciones de los salones que se cierran se acoplan ya en salones más amplios y modernos, en tanto que las congregaciones pequeñas han de juntarse varias de ellas en una sola para llenar el salón ya de por sí masivamente ocupado.

    Uno de los directivos de la imprenta central mundial nos informa de que, aunque las Atalayas de estudio se impriman bimensualmente a partir de enero del 2016, puede ser que en un futuro próximo se dejen de imprimir y los hermanos han de bajar el material vía internet, con lo que solamente se imprimiría el Despertad, de momento cada dos meses, aunque es posible que más adelante la edición sea trimestral.

    En Brooklyn parece que se ha estancado la venta de edificios Watchtower, con cuyo dinero contaba el cuerpo gobernante para las obras de Warwick y algunas otras. Y aprovechando la conexión cuerpo gobernante-Watchtower, resulta que nada tiene que ver el cuerpo gobernante con la Watchtower, según ha declarado el miembro del cuerpo gobernante Gerrit Lösch ante el tribunal en un juicio -por abuso sexual de un publicador de congregación contra un menor de edad- celebrado en California el 5 de febrero de 2014.

    Losch atestiguó bajo juramento que ‘ni soy ni he sido ejecutivo, director, miembro o empleado de la Watchtower, ni he dirigido operaciones cotidianas de la Watchtower, ni tengo autoridad en asuntos de la Watchtower’. Y no digamos las evasivas y medias verdades o mentiras encubiertas que lanzó el miembro del cuerpo gobernante Geoffrey Jackson en el careo que con los jueces tuvo recientemente en Australia, durante la vista por los más de mil casos de abuso infantil de miembros testigos de Jehová en el continente.  

    Cuando los propios dirigentes de los beteles y del cuerpo gobernante se obligan a mentir hasta en los tribunales para que la organización testiguil tenga buena imagen ante el mundo, es que la estructura de dicha organización debe de estar seriamente dañada y lo que se pretende a toda costa es parchear los cimientos y adecentar la fachada. Por lo pronto el despido de miles de betelitas traerá su cola.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Notas de una charla del superintendente de circuito

 

    Causó sensación oir al superintendente decir (saliendo al paso de las enseñanzas que contrarían al esclavo y que circulan por Internet) que:

    ‘El esclavo fiel y discreto es, desde el año de su nombramiento en 1919, el único que puede abrir y cerrar el entendimiento de la Biblia, con autorización divina, lo cual significa que su enseñanza, inalterable, es tan correcta y verdadera como lo es la misma Biblia. Si algo en la Biblia creemos que se interpreta literalmente, pero el esclavo dice otra cosa, el parecer del esclavo es lo que debemos aceptar, pues para eso fue nombrado como vocero por el propio Jesucristo.

    Por ejemplo, si en Zacarías 7: 4 y 5 se dice que en el año cuarto de Darío los judíos llevaban ayunando 70 años en el mes quinto por la destrucción de Jerusalén y el año cuarto de Darío corresponde al 517 a.e.c., automáticamente hay quien suma a esa fecha 70 años y así le da el 587 como si fuera el año de aquella destrucción. Pero eso es lo aparentemente saca de la lectura de estos textos de Zacarías quien realmente no entiende.

    Evidentemente, los textos de Zacarías no dicen eso, pues de otra manera irían en contra de la doctrina del esclavo nombrado por el mismo Cristo. Al leer estos textos hemos de entender que en el año cuarto de Darío, es decir, en el 517 a.e.c., los judíos estaban recordando lo que les ocurrió en el 537, cuando salieron del destierro. En realidad estuvieron ayunando 70 años entre el 607 y el 537 a.e.c. Los textos de Zacarías no se refieren a que esto les estuviera aconteciendo en el 517, sino que en ese año 517 estaban recordando la tristeza que les embargaba en 537 por la ruina del templo.

    Otro ejemplo: La lectura de Jeremías 25: 11 y 12 da a entender a los de la cristiandad que los 70 años se refieren a Babilonia, debido a que los historiadores dan al imperio una duración de 70 años desde la conquista de la ciudad de Harán, cuando se completó la anexión de Asiria, hasta la caída de Babilonia. El texto no puede referirse a 70 años de dominio de Babilonia por la sencilla razón de que el imperio babilonio duró 90 años después de conquistar Harán, aunque los historiadores estén confundidos y hablen de 70 años. La Biblia está por encima de los historiadores.

    Por lo tanto, si Babilonia cayó en el 539 y su imperio una vez conquistada Asiria duró 90 años, es evidente que Harán fue tomada en el 629 y por lo tanto el comienzo del reinado de Nabucodonosor, cuatro años después, tuvo lugar en el 625 a.e.c. Como la Biblia indica que Nabucodonosor destruyó Jerusalén en el año 18 de su reinado, cuando se llevó al destierro a toda la ciudad, esto nos lleva al año 607 a.e.c. como el de la destrucción de Jerusalén. Es lo que se deduce de la Biblia, aunque no da fechas, y, lo más importante, es lo que correctamente entiende el esclavo nombrado por Jesucristo.

    Otro tanto sucede con el texto de Jeremías 29:10, que los adversarios del esclavo dicen por Internet, sin saber de lo que hablan, que dicho texto no se refiere al destierro de los judíos, sino a la duración del imperio babilonio después de conquistar Harán hasta el 539 en que cayó. Puede que de la lectura del mismo se infiera que, efectivamente, los 70 años se refieran a la duración del imperio babilonio. Pero, dado que el esclavo fue nombrado por el propio Jesucristo, es el único facultado para facilitar el entendimiento correcto de lo que el texto dice.

    Podrán los adversarios argüir lo que quieran e incluso llegar casi a convencernos; pero el entendimiento correcto es que el texto se refiere a los 70 años del destierro de los judíos después de haber sido destruída Jerusalén. Si esto no fuera así, no cuadraría con la doctrina correcta del esclavo, que siempre habla la verdad. Y quien no acepte esto tal como lo defiende el esclavo, debe considerarse apóstata de la verdad y por tanto no tiene razón de ser que continúe en la congregación de la verdad.

    Quien realmente se considere cristiano auténtico, debe ante todo evitar entrar en foros apóstatas que van contra la verdad y confunden las mentes. El esclavo fiel y discreto, nombrado por Jesucristo, es el único que de veras tiene la llave del conocimiento bíblico y de la luz de la verdad y es solo a él a quien debemos acudir para adquirir el conocimiento verdadero y atesorarlo en el corazón. La Biblia está por encima de los historiadores que especulan con fechas. Y puesto que Jesucristo nombró como su esclavo y vocero al cuerpo gobernante, éste es el único capacitado para impartir el conocimiento exacto, a medida que el entendimiento se hace más firme, y el único que puede entender correctamente los textos bíblicos’.

    Algún oyente estaba seguro de que ni él mismo se creía lo que decía; pero a su edad y sin haber dado el callo jamás, si cuenta la verdad del asunto le echan a patadas de la organización y ¿dónde iba a buscarse las habichuelas? Ya los sobres que le dan los hermanitos suponen casi tanto como el salario de un directivo. Así, y con todos los gastos pagados, cualquiera puede ahorrar cientos de miles para cuando le den el puntapié de la jubilación.

     

sábado, 12 de septiembre de 2015

Los famosos 2.520 años, ¿proceden de la Biblia o de la numerología esotérica?


 
    Los testigos de Jehová creen que desde que fue interrumpida la monarquía judaica, presumiblemente en el año 607 a.e.c., hasta 1914, transcurrieron 2.520 años. En ese año de 1914 suponen que la monarquía fue reinstaurada en la persona de Jesucristo en el cielo.

    A los 2.520 años los llaman los ‘tiempos de las naciones o de los gentiles’ -aunque los dos términos son diferentes- y para ellos estos tiempos tienen la misma duración que los siete tiempos del profeta Daniel. Quiere decir que los siete tiempos y los tiempos de los gentiles son una misma cosa para los testigos de Jehová. Esta identificación de ambos tiempos como si fueran uno solo procede del adventista Nelson Horatio Barbour, que así se lo inculcó al fundador de los Estudiantes Internacionales de la Biblia, Charles Taze Russell, quien ciegamente aceptó de Barbour todas las doctrinas que tienen que ver con tiempos y fechas y no investigó si eran ciertas o no.

    Barbour confundió los siete tiempos de Daniel con los tiempos de los gentiles, cuando en realidad no tienen relación entre sí. Los siete tiempos de Daniel aplicaron única y exclusivamente a Nabucodonosor y se supone que duraron siete años de 360 días, no de 365 días, aunque la Historia no da razón de ellos. Y los tiempos de los gentiles se cuentan a partir de la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 de nuestra era, cuando fue definitivamente suprimido el servicio sacerdotal en el Templo. La Biblia no indica cuánto duran estos tiempos de los gentiles ni dice que sean lo mismo que los siete tiempos de Daniel. Pero los testigos de Jehová han sido aleccionados a aceptarlos como si fueran lo mismo, prohibiéndoseles que utilicen su intelecto para investigar libre o independientemente la verdad que aquí se les oculta.

    Sea que los 2.520 años se refieran a los siete tiempos de Daniel o a los tiempos de los gentiles, surge una pregunta: ¿Se basan esos 2.520 años en la Biblia o son simplemente especulación humana fundamentada en la pseudocienca de la numerología esotérica? El esoterismo es para los testigos de Jehová sinónimo de demonismo.

    Ya en la Edad Media los judíos especulaban, mediante barajar números y aplicar cifras de tiempos a los textos bíblicos, que el Mesías aparecería en tal o cual año del futuro. Una de las aplicaciones de su numerología tenía su base en la interpretación de los textos del profeta Daniel relacionados con el sueño de Nabucodonosor.

    Daniel le aseguró al rey babilonio que sería destronado y comería hierba como si fuera una bestia durante siete tiempos, al cabo de los cuales volvería a ocupar el trono. Los exégetas han entendido que estos siete tiempos fueron siete años proféticos de 360 días, diferentes de siete años solares de 365 días cada uno. Pero algunos estudiosos judíos quisieron ir más allá de lo escrito e interpretaron que esos siete tiempos tendrían una mayor aplicación en el futuro y se referían a la venida del Mesías como rey liberador de la tierra de Israel.

    Para ello sacaron de contexto cierto pasaje de las Escrituras (Números 14:34) donde se dice que los israelitas pagarían por sus errores ‘un año por cada día’.  De la misma manera interpretaron Ezequiel 4:6 en el sentido de que habría que contar un año por cada día. Sin embargo el texto de Ezequiel no habla de observar un año por cada día, sino ‘un día por cada año’. Estimando ambos textos como una regla para medir ciertos días bíblicos, aunque Ezequiel habla de observar días en vez de años, aplicaron esto como norma general para medir tiempos bíblicos, aunque en el caso de los siete tiempos de Daniel no la aplicaron rigurosamente. Los siete tiempos los entendieron como periodos variables de 1.260, 1.290 y 1.335 días, que elevaron a años. Así creyeron calcular que el Mesías aparecería en tal o cual fecha, algo que no sucedió.

    Esta interpretación judaica de los tiempos bíblicos la copiaron algunos estudiosos cristianos para tratar de saber cuándo vendría Jesucristo por segunda vez, en tanto que los judíos esperaban a su Mesías por primera vez. Particularmente fueron los protestantes los que tomaron en serio este cómputo basado en especulación numérica humana, creyendo que se trataba de entendimiento oculto basado en las Escrituras, lo cual inflaba de orgullo a quienes se sumían en la tarea.

    Pasados los tiempos sin que apareciera ningún Mesías o Cristo (y no apareció porque todo era teoría sin fundamento bíblico), en 1823 se dio un definitivo entendimiento al asunto de los siete tiempos de Daniel. El escrutador bíblico John Aquila Brown publicó en 1823 su obra ‘El Atardecer’ y en ella dio a conocer que los siete tiempos duraban exactamente 2.520 años, siendo Brown el primero en apuntar a esta cantidad de años. Hasta su tiempo se aceptaba por lo general que los siete tiempos duraban 1.260 años. Brown lo que hizo en principio fue duplicar esa cifra y la elevó a 2.520 años.

    Sin embargo, la realidad es que los 2.520 años salieron de realizar el siguiente cálculo: Los 7 tiempos que Daniel aplicó a Nabucodonosor se contaban como 7 años de 360 días, por lo que constaron de 2.520 días. Estos días los elevó Brown a años y así llegó a los 2.520 años. Pero estos 2.520 años los contó después erróneamente como años solares de 365 días, en lugar de 360, y así estableció que los 2.520 años comenzaron en el 604 a.e.c. y terminarían en 1917, año en que según Brown brillaría la gloria de Israel. Casualmente el ejército inglés liberó a Jerusalén a finales de 1917 y la teoría profética de Brown fue tomada demasiado en serio por algunos indagadores bíblicos.

    Esos 2.520 años fueron definitivamente aceptados por la mayoría de los escrutadores bíblicos del siglo XIX, aunque todos siguieron cometiendo el error de contarlos como 2.520 años solares de 365 días, en lugar de años proféticos (por llamarlos de alguna manera) de 360 días. De ser el caso, Brown debió haber operado con años de 360 días, ya que los 2.520 días de los 7 tiempos correspondían a años de 360 días y no de 365.

    Si los 7 tiempos de Daniel se hubieran contado por años solares, hubieran arrojado 2.556 días y no 2.520. Paralelamente, si Brown hubiera procedido en consonancia con los 2.520 días de Daniel, los 2.520 años hubieran terminado en 1880 y no en 1917. Para llegar a la fecha de 1917 Brown calculó años solares de 365,25 días. Si hubiera aplicado años ‘proféticos’ de 360 días hubiera llegado a la fecha de 1880, que hubiera sido lo más lógico.

    Por los años treinta venía predicando un tal William Miller, fundador del adventismo, que Cristo vendría como rey y juez en 1843, que era el año al que en conclusión llegaba tras aplicar los 2.520 años de rigor al 677 a.e.c. Como el Cristo no llegó, pospuso su venida para 1844 y tampoco llegó el esperado. Eso hizo que el movimiento adventista de Miller se fraccionase en varios grupos. Uno de sus discípulos fue Nelson H. Narbour, que se separó decepcionado.

    En ese mismo año de 1844 el escrutador Edward O. Elliot publicó su libro ‘Horas con el Apocalipsis’. Elliot fue el primero en afirmar que los siete tiempos de Daniel, contrariamente a lo que había publicado Brown, iban del 606 a.e.c. a 1914, esperando que en 1914 regresase Cristo a reinar en la tierra, una vez destruídos los gobiernos humanos. Pero Elliot se equivocó en un año de menos al realizar el cálculo, ya que entre el 606 a.e.c. y 1914 no mediaban 2.520 años, sino 2.519. Escrutadores y teólogos posteriores a Elliot aceptaron las fechas 606 a.e.c. y 1914 como el lapso de 2.520 años de los siete tiempos de Daniel.

    El libro de Elliot lo leyó el adventista Barbour hacia los años 1870 y aceptó del mismo, entre otras, la fecha del 606 a.e.c., pero no como la del inicio de los 2.520 años de los siete tiempos. Con reservas aceptó la de 1914, aunque para él no era el año del regreso de Cristo, sino el 1873, año en que, no habiendo llegado Cristo como Barbour esperaba, lo trasladó a 1874, que tampoco llegó. Finalmente concluyó que Jesucrito si había comenzado su reinado, aunque en el cielo. En 1876 contactó con él Russell, quien aceptó sin rechistar las fechas y doctrinas de Barbour. Ya para entonces Barbour había admitido el año 1914 como el del regreso visible de Cristo a la tierra, en tanto que el año 1874 lo predicó como el de la invisible toma de poder real de Jesucrito en el cielo, algo que no pudieron ver ojos humanos.

    Russell predicó el año 1914 como el del advenimiento de Cristo a la tierra en la batalla de Armagedón. No obstante, unos años antes se dio cuenta de que entre el 606 a.e.c. y 1914 no mediaban 2.520 y pensó trasladar la fecha del Armagedón a 1915. En esa cuenta andaba cuando estalló la Gran Guerra y Russell pensó que la universal contienda desembocaría en el Armagedón aquel mismo año. Pasó 1914 y, constatando que Cristo no había venido a la tierra, trasladó la fecha de 1914 a 1915, que también pasó sin ver la llegada de Cristo.

    Todos los predicadores del siglo XIX, especialmente Brown, Miller, Elliot, Barbour y Russell constataron amargamente que no se habían realizado sus expectativas de regreso de Cristo a la tierra, a pesar de la extensa predicación que con tanto entusiasmo habían escenificado. No pudo hacerse realidad lo que esperaban, sencillamente porque fueron más allá de las cosas escritas en la Biblia y aceptaron y predicaron que Jesucristo aparecería tras cumplirse 2.520 años a partir de cierto año antes de la era presente. No pudo hacerse realidad lo que esperaban porque los 2.520 años fueron producto de la mente humana, que se basó en esa pseudociencia de la numerología esotérica que tanto enorgullece a quienes se consideran que tienen una mente privilegiada y creen saber más que la propia Biblia y que los propios congéneres.

    En 1943 la sociedad Watch Tower de los testigos de Jehová adelantó un año la fecha de la supuesta destrucción de Jerusalén, así como otro año la hipotética salida del destierro de los judaítas que se hallaban en Babilonia. Las fechas del 606 y 536 fueron adelantadas respectivamente al 607 y 537 a.e.c. De acuerdo con la lógica matemática, estas últimas fechas, basadas en fechas incorrectas, son también incorrectas.

    Del estudio imparcial de la Historia, la Arqueología y la Astronomía, aplicadas las tres ciencias al imperio neobabilonio, se deduce que Nabucodonosor subió al trono en el 605 a.e.c.. siendo su primer año de reinado el 604 a.e.c., y por tanto su año 18, en que se acercó a destruir Jerusalén, correspondió al 587 a.e.c. Esta fecha está de acuerdo también con lo que escribe Josefo en su obra ‘Contra Apión’, donde dice que el nuevo templo, refiriéndose a los cimientos, se inició en el año segundo de Ciro, transcurridos cincuenta años desde la destrucción del templo anterior. Todos los historiadores están de acuerdo en que el segundo año de Ciro, en referencia a la colocación de los cimientos del templo, correspondió al 537 a.e.c. Cincuenta años atrás llevan por consiguiente al 587 a.e.c. como año de la destrucción del templo y la ciudad de Jerusalén.

    En conclusión, los 2.520 años que continúan predicando los testigos de Jehová son el resultado de acomodar el esoterismo, en este caso la numerología esotérica, a ciertos textos bíblicos. De aplicar realmente los 2.520 años, éstos habrían concluido en 1877, ya que se trata de ‘años proféticos’ de 360 días cada uno, y no de años solares de 365 días. Por tanto la fecha de 1914 es del todo errónea y en tal año no aconteció ninguna toma de poder real por parte de Jesucristo. El ya tenía toda autoridad real en el cielo y sobre la tierra al tiempo de su ascensión, por lo que no precisaba un tiempo futuro específico en que fuera hecho rey, porque ya lo era desde que ascendió al cielo.

    La fecha de 1914, así como otras, las recibió Russell en herencia del adventista Barbour y Russell no se paró a investigar si eran verídicas o no. El año 1914 continúa siendo la piedra angular de la doctrina de los testigos de Jehová. No aconteció en aquel año la llegada de Cristo ni aconteció en 1925, 1941, 1975 o finales del siglo XX, como se predicaba, por la evidente razón de que todo cálculo aplicado a tales fechas está basado en numerología y especulación humana, y no en la Biblia.

sábado, 5 de septiembre de 2015

¿Apareció el esclavo fiel en 1919 o en tiempos de Cristo?


    La Watch Tower y el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová venían predicando durante décadas que Jesucristo había inspeccionado a su esclavo fiel y discreto en 1918, y que en 1919 le había nombrado su administrador o encargado de custodiar y gestionar los bienes del Amo en la Tierra.

    Como tales fechas fueron invención descabellada de Rutherford, que terminó de darlas a conocer en la Atalaya del 15 de febrero de 1927, el cuerpo gobernante ha suprimido de momento la de 1918 por no ser bíblica. La de 1919, que tampoco es bíblica y que era consecuencia de la de 1918, continúa en pie, aunque con diferente concepto. Ahora el año 1919 no fue el del nombramiento del esclavo fiel y discreto sobre los bienes del amo Jesucristo, sino que fue el año en que Jesucristo nombró a la junta directiva de la Watch Tower como su esclavo o mayordomo fiel y discreto.

    Es de notar que Jesucristo no nombró como su mayordomo al cuerpo gobernante, sino a la junta directiva de la sociedad mercantil Watch Tower. En 1919 no existía el cuerpo gobernante y por esa razón el actual cuerpo que se atribuye las funciones de mayordomo fiel dice que el nombramiento como esclavo se hizo a la junta directiva de la Watch Tower.

    La fecha de 1918 la pasó el cuerpo gobernante a 1914. La fecha de 1919 queda como está, aunque con el suceso cambiado. Es la fecha de nombramiento del esclavo o mayordomo fiel, quedando el nombramiento de los bienes del Amo para el futuro.

    Si el cuerpo gobernante transfiriera la fecha de 1919 a 1914, estaría aceptando a Russell como esclavo fiel y discreto, algo que a toda costa quiere evitar. Por eso no pasa la fecha de 1919 a 1914, a sabiendas de que es fecha tan falsa como la de 1918.

    Ahora, bien, últimamente se tiene noticia de que un gran número de ancianos de diversas congregaciones comentan que probablemente el cuerpo gobernante se haya equivocado al imponer la creencia de que el esclavo fiel fue nombrado en 1919 y no en el siglo primero, como enseñaba y predicaba antes.

    El cuerpo gobernante no ha tenido en cuenta que ya existía un mayordomo o esclavo fiel al momento de marchar Jesucristo al cielo, es decir, antes del Pentecostés. En efecto, en Mateo 28:19 y 20 leemos: “Vayan y hagan discípulos… enseñándoles a observar todas las cosas que yo les he mandado. Y miren, estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas”.

    Eso significa que en aquel tiempo había un grupo de cristianos que habrían de enseñar a otros. Cuando este grupo desapareció, es indudable que otro ocupó su lugar. Y a este nuevo grupo le suplieron otros muchos a lo largo de los siglos. Por eso Jesucristo dijo que ‘estaría con ellos hasta el final del sistema’.

    Es decir, en opinión de los ancianos disconformes con el actual errado dictamen del cuerpo gobernante, siempre ha habido un grupo o mayordomo o esclavo fiel que se ha encargado de enseñar y Jesucristo ha estado con ellos a lo largo del tiempo. Dónde estaban estos individuos, váyase a saber. Pero, si nos atenemos al evangelio, es evidente que tal grupo dispensador de la enseñanza cristiana ha existido.

    Nos consta que este asunto está llegando al cuerpo gobernante a través de cartas de ancianos y superintendentes. Si esta consideración sobre la fecha real de aparición del mayordomo fiel se está sopesando en estos momentos en Patterson, es casi seguro que a no mucho tardar se corrija el punto de vista y el cuerpo gobernante diga que, efectivamente, hubo un esclavo fiel en el primer siglo y también a lo largo de los siglos. Pero, probablemente añadirá que tal esclavo salió a la luz pública en el tiempo del fin, y concretamente en 1919, pues hasta entonces había estado oculto. ¿Se hará público el nuevo punto de vista en la asamblea anual de octubre?

    Lo que sí es cierto es que el cuerpo gobernante no se apeará de la fecha de 1919 para no presentar a Russell como el mayordomo fiel o parte de él. Ya las atalayas publicaron que Russell fue tan solo un precursor al estilo de Juan el Bautista, quien no era ungido al no ser cristiano.

    Si el cuerpo gobernante aceptara que Russell fue el esclavo fiel en su tiempo, tendría que explicar por qué razón no contactó este Russell con el grupo de cristianos o mayordomo fiel con el que Jesucristo estaba a lo largo del tiempo, desde el mismo siglo primero.

    La fecha de 1919 fue impuesta a machamartillo por Rutherford en 1927. Publicó en aquel año que el esclavo fiel era, no Russell, sino todos los ungidos que vivían, es decir, todos los Estudiantes de la Biblia, porque todos se consideraban ungidos. A esto añadió que Jesucristo había nombrado a este esclavo fiel su administrador en 1919.

    Este descabellado planteamiento hizo que terminara de abandonar el movimiento de los Estudiantes de la Biblia sobre el 70% de sus componentes, quienes argumentaban que cómo era posible que ellos no se hubieran enterado del nombramiento en 1919 y sí ahora, en febrero de 1927. El Anuario de la Watch Tower de 1928 indica que solamente unas 22.000 personas participaron de los emblemas en 1927, cuando el anuario de 1926 indicaba que unos 89.000 lo habían hecho en 1925.

    Estos ancianos que están sacando a flote el error didáctico del cuerpo gobernante, demuestran bíblicamente que en tiempos de Cristo ya existía un mayordomo o esclavo fiel y que el tal ha seguido en existencia a lo largo de los siglos, dirigidos por el propio Cristo. Russell apareció hacia 1870 y no contactó con este grupo, sino que inició una supuesta nueva línea de mayordomo fiel, línea que ahora el cuerpo gobernante no reconoce porque trata de argüir que el esclavo fiel fue nombrado por Jesucristo en 1919.

    Pero el cuerpo gobernante continúa aferrado al error que esparció Rutherford en 1927, cuando publicó en la Atalaya del 15 de febrero de 1927, para consternación de la mayoría de sus seguidores, que Jesucristo había visitado a su esclavo en 1918 y que en 1919 le había nombrado sobre sus bienes terrenales.

    Y ahora resulta que en 1919 no se nombró a nadie sobre estos bienes, sino que lo que sucedió fue que se nombró al esclavo fiel y discreto. ¿No es el año 1919 demasiado tarde para nombrar al mayordomo que había de encargarse de la congregación de Cristo en la tierra cuando este Cristo partió hacia el cielo en el siglo primero y ya había nombrado entonces a tal mayordomo que se encargaría de enseñar a otros, según indica el registro evangélico? ¿Y no estuvo Jesucristo guiando desde el cielo a este mayordomo, tal como indicó en el momento de su partida de la tierra? Así que sobra todo nombramiento de mayordomo alguno en 1919 porque dicho mayordomo ya estaba nombrado en el siglo primero.