martes, 27 de octubre de 2015

Es evidente que la ‘obra mundial’ está descendiendo



Los precursores especiales (incluye a los misioneros) ya no pueden percibir la mesada que hasta ahora les pagaba el Cuerpo Gobernante o la Watch Tower. El gasto de seguridad social tampoco puede ser soportado. Cada cual debe ingeniárselas como pueda.

Muchos betelitas deben abandonar las sucursales porque no se les puede mantener ni pagarles los seguros sociales ni abonarles la correspondiente mesada.

Los superintendentes de distrito desaparecieron. La razón última puede estar en que no hay suficientes medios para reportarles su mesada ni pagar seguros sociales.

Los superintendentes de circuito van camino de hacer compañía a los de distrito.

Las obras de los beteles se suspenden, evidentemente por falta de medios económicos. Si los hubiera, no se suspenderían las obras.

Muchos salones del reino y de asambleas están a la venta, evidentemente porque se precisa recaudar fondos con urgencia.

En Brooklyn no se ha vendido ni la mitad de los edificios, con cuyo dinero se esperaba concluir la gigantesca obra de Warwick.

Muchas congregaciones están siendo ajustadas en megasalones y abandonando los antiguos salones, en los cuales se ha evidenciado que las aportaciones económicas de los hermanos no cubrían los gastos ni las cuotas acordadas para la construcción de nuevos salones.

Si hay congregaciones que no pueden aportar las cuotas para nuevos salones, eso significa que los nuevos salones no pueden construirse.

Las revistas están sufriendo drásticos recortes. Las de 32 páginas pasaron a 16 y ahora las que se reservan al público aparecen cada dos meses. Es evidente que no se está aportando por ellas ni el costo, y por eso se reducen.

Con los libros ocurre otro tanto. Ahora se anima a los hermanos a que se compren una tableta informática y descarguen por ella la literatura y hasta las hojas de las reuniones de servicio, que ya han cambiado de nombre.

Todo ello, y alguna cosa más que nos dejamos en el tintero, evidencia que el problema radica en la falta del suficiente dinero para continuar desahogadamente. Ya los llorones de la tele testiguil lo han confirmado. No tenemos dinero, han dicho textualmente.

Si hubiera dinero, no se recortaría nada, ni atalayas, ni obras, ni mesadas y seguros al personal de la orden religiosa. Tampoco se cerrarían tantos salones y se reajustaría a las congregaciones en otros locales, aunque tengan que estar apretados como las sardinas en lata.

No, definitivamente no hay dinero. Y lo que es peor, los bautismos van en descenso, lo que quiere decir que el decrecimiento va paralelo. No hay crecimiento en el número de adeptos, a no ser en los países subdesarrollados, donde muchos ni saben leer. Pero este crecimiento local no es suficiente para elevar la media mundial. Si aparece algún porcentaje de crecimiento en el anuario, no cabe duda de que se trata de un inflamiento.

Si realmente hubiera crecimiento, no se andaría el Cuerpo Gobernante con recortes de ninguna clase. Si hay recortes, es porque no hay crecimiento. Y si no hay crecimiento, la obra desciende. Así de claro.

 

 

 

lunes, 19 de octubre de 2015

El EFD recomienda que no se lea la literatura atrasada de la Watchtower


    Aduce el esclavo que hoy día hay mejor entendimiento y que las publicaciones atrasadas quedaron obsoletas. Por ejemplo, en 1919 se estudiaban los seis tomos de Estudios en las Escrituras, de Russell, además de las revistas de aquellos años. El cuerpo gobernante dice que fue en 1919 cuando Jesucristo nombró a la junta directiva de la Watchtower como su esclavo fiel y discreto (EFD) porque estaba dando el alimento correcto de la verdad a su debido tiempo.           

    ¿Cuál era ese alimento? Todo lo que entonces se enseñaba y que venía publicado en las revistas Watchtower y en los seis tomos de Estudios en las Escrituras. Así que, si Jesucristo nombró a la junta directiva de la Watchtower su esclavo porque estaba enseñando la verdad, esa verdad no debería haber cambiado desde entonces.

    Si ha cambiado porque se dice que la luz del entendimiento es más brillante, quiere decir que en 1919 no se estaba dando el alimento correcto de la verdad y por tanto Jesucristo no pudo haber nombrado a nadie como su esclavo fiel y discreto. ¿Se enseña hoy lo que se enseñaba en 1919? No, todo ha cambiado. Luego entonces Jesucristo no nombró a nadie como su esclavo fiel en 1919.

    Hoy el esclavo no quiere que las ovejas lean la literatura de aquellos tiempos ni de tiempos posteriores. Hasta se recomienda no prestar demasiada atención a la literatura anterior al año 2000, con la excusa de que el entendimiento está ahora más ajustado.

    Lo importante no es lo que se crea o entienda hoy, lo importante es lo que se enseñaba en 1919, cuando se dice que Jesucristo nombró a su esclavo. La verdad es eterna y no cambia jamás. Pero si lo que se enseñaba en 1919 ha cambiado, es que no era la verdad. Y si no era la verdad, ¿cómo pudo Jesucristo nombrar como su esclavo fiel a nadie en la Watchtower?
 
 

jueves, 15 de octubre de 2015

Imaginaria carta de despido a un betelita


Querido betelita:

    Después de tantas décadas de servicio en Betel, después de haber colgado tus estudios universitarios para dedicar tu tiempo y energías a la obra del Reino, después de haber preferido servir en Betel en lugar de escoger una profesión bien remunerada que hubiera resuelto tu porvenir, después de haber elegido no casarte y no tener hijos para poder disponer de más tiempo en la obra de predicación y servicio en Betel, después de haber gastado aquí tu juventud y tus fuerzas y habiendo ya cumplido los 65 años, hemos decidido que mereces servir a Jehová más libremente y por eso te recomendamos, en beneficio de tu salud y para que disfrutes del merecido descanso, que abandones Betel y así tengas el privilegio de servir de tiempo completo en la congregación a la que decidas ir.

    Como el Estado te facilitará una pensión no contributiva, ya que tu servicio voluntario en Betel estaba libre de cotización a la Seguridad Social, según entendemos, con ese dinero, que es superior a la mesada que aquí recibías, podrás mantenerte de sobra por tu cuenta. Además los hermanos de la congregación te ayudarán amablemente en todo, como suelen hacer con los ex betelitas. Ellos te facilitarán vivienda y comida, lavarán tus ropas, te donarán prendas y calzado y te cuidarán cuando estés enfermo. ¡Qué gran privilegio es servir a Jehová! Él nunca te abandonará, como ya te lo ha demostrado.

    Que continúes recibiendo las ricas bendiciones de Jehová.

    Tus hermanos.

 


RESPUESTA DEL HERMANO: ¡Qué bondadoso es Jehová que me da una nueva asignación de predicación de tiempo completo y no me faltará nada para vivir! Verdaderamente Él no desampara a ninguno de sus siervos. Rogaré noche y día por el Cuerpo Gobernante y por los ancianos de las congregaciones, que tan buenos son. Gracias, hermanos, por tantos desvelos para con mi persona.

 

 

jueves, 8 de octubre de 2015

¿Por qué fue imposible que los israelitas cruzaran a pie el mar Rojo?

 

    -Pedro, ¿viste cómo ganó el primer premio de la exposición de pinturas de Nueva York un cuadro en blanco titulado: ‘El paso del mar Rojo por los hebreos, perseguidos por los egipcios’?

    -No, no lo ví, Juan. ¿Qué pasó?

    -Que se acercó un visitante al pintor y le preguntó: ‘Oiga, ¿y dónde están las aguas?’ Y el artista le contestó: ‘Se han separado para dar paso a los hebreos’. Y el visitante volvió a preguntar: ‘¿Y los hebreos dónde están?’ Y el artista: ‘Los hebreos ya pasaron’. Y de nuevo el visitante: ‘¿Y los egipcios?’ Y el pintor contestó: ‘Esos todavía no han llegado’.

    -Tú siempre con el humor, Juan. Desde luego el cuadro ése en blanco era bien elocuente.

    -Tan elocuente como lo que dice el relato bíblico.

    -¿Qué quieres decir, Juan?

    -Léelo tú mismo, Pedro. Exodo 14: 21 y 22.

    -Exodo 14, 21 y 22… Lo tengo. Aquí dice: “Moisés ahora extendió su mano sobre el mar y Jehová empezó a hacer que el mar se retirara por un fuerte viento del este durante toda la noche, y que la cuenca del mar se convirtiera en suelo seco, y se iba efectuando una partición de las aguas. Por fin los hijos de Israel fueron por el medio del mar sobre tierra seca, mientras las aguas eran un muro para ellos a su derecha y a su izquierda”.

    -¿Has notado, Pedro? Dice que las aguas se separaron debido a un fuerte viento que venía del este.

    -Sí, ¿y cuál es el problema?

    -Ninguno, Pedro. Simplemente hemos de observar que las aguas se dividieron por el fuerte viento.

    -Sí, ¿y qué?

    -Que las aguas se dividieron formando un muro a derecha y otro a izquierda.

    -Perfecto; pero ¿a dónde quieres llegar?

    -Si el fuerte viento cesara, ¿qué ocurriría con las aguas?

    -Está claro, que volverían a su cauce.

    -Así es. Y ese fuerte viento, ¿de cuántos kilómetros por hora sería para separar de esa manera las aguas?

    -Pues no lo sé, Juan; pero desde luego sería un viento fortísimo.

    -¿Cómo de 100 kilómetros por hora?

    -Y como de 200 kilómetros por hora o más, Juan. Para poder dividir las aguas abriendo un camino para que pasaran los israelitas, el viento tuvo que haber sido de una potencia inimaginable.

    -Dime una cosa, Pedro. Si ese viento tan fuerte lo tuvieras de cara, ¿podrías andar?

    -Imposible, Juan. Si ya un viento de menos de 100 kilómetros que te viene de frente te impide continuar, imagínate ese viento tan tremendo que dividió las aguas del mar Rojo.

    -Bien observado, Pedro. Un viento fuerte que te viene de cara te impide que continúes andando. Te frena del todo y no puedes seguir adelante por mucho que te esfuerces.

    -Así es, Juan. Bueno, de eso ya tenemos alguna experiencia cuando estábamos en el servicio del campo por los pueblos. Recuerdo una vez que el viento era tan fuerte que me paró en seco. Y además tuve que cubrirme la cara para no llenármela de briznas y tierra.

    -Claro, Pedro. Lo mismo me ocurrió a mí y a tantísimos. Todos hemos experimentado alguna vez la fuerza del viento en nuestras propias carnes.

    -Sí, es terrible la fuerza del viento.

    -Bien, Pedro. Ahora traslademos esto a los israelitas que se disponían a realizar a pie la travesía del mar Rojo.

    -¿Qué ocurre con los israelitas?

    -Sencillamente, que no pudieron atravesar el mar a pie.

    -¿Por qué, Juan?

    -Porque ese viento tan fuerte les venía de frente y por tanto no podían avanzar.

    -¿Cómo que les venía el viento de frente?

    -Pedro, si te fijas, verás que los israelitas se desplazaban del oeste hacia el este. Y el relato bíblico que el viento huracanado soplaba del este. Por lo tanto lo tenían de cara. Y, si lo tenían de cara, mal podían desplazarse.

    -Ah… Fíjate que no había caído en ese detalle, Juan… Pero, bueno, eso sería al principio. Después Jehová haría que cesara el viento y avanzaron a través del camino abierto en el mar.

    -Pero Pedro… Si el viento cesó cuando los israelitas cruzaban el mar, quiere decir que las aguas se vendrían abajo, ya que los muros a derecha e izquierda se sustentaban debido al fuerte viento.

    -Ah, claro… Sin viento no habría división de las aguas, y sin división de las aguas no habría camino abierto en el mar… Y si los israelitas iban de cara al fuerte viento reinante… quiere decir… quiere decir que no podían avanzar.

    -Eso mismo, Pedro. Con ese impetuoso viento de cara todo el mundo quedaría paralizado, cubriéndose además el rostro para no llenárselo de tierra o simplemente para que el viento no les diese tan fuerte en los ojos. De todas maneras, además de no poder continuar adelante, no podrían ver.

    -En resumidas cuentas, que no pudieron cruzar el mar Rojo porque el viento que dividía las aguas se lo impidió.

    -Esa es la cuestión, Pedro.

    -¿Y de esto no se ha dado cuenta el cuerpo gobernante?

    -Se habrá dado cuenta, Pedro. Pero más o menos vienen a decir que esto es como el misterio de la santísima trinidad. En este caso, que el viento era insoportable, pero que el poder de Jehová hizo que avanzaran inexplicablemente. Pero en este caso Jehová hubiera manifestado más inteligencia y misericordia si hubiera hecho desplazarse a todo el pueblo por los aires.

    -Ay, Juan, esto que me dices me llena de dudas en cuanto a la veracidad de los demás relatos bíblicos.

    -Vas por buen camino, Pedro. Aristóteles decía que “la duda es el principio de la sabiduría”. Y el refrán castellano dice que “quien no duda, no sabe cosa alguna”. Y otro dicho reza que “los necios están seguros de sus creencias, pero los sabios dudan de ellass”.

    -En conclusión, Juan, que fue imposible que los israelitas cruzaran a pie el mar Rojo porque el fortísimo viento que abría las aguas se lo impidió.

    -Se lo impidió del todo, Pedro, y por tanto ni pusieron el pie en el lecho seco del mar.