jueves, 21 de enero de 2016

¿Qué cosa era el maná?


    Si alguien quisiera escribir sobre las vicisitudes que pasaron más de tres millones de personas en el desierto durante cuarenta años, se encontraría, entre otros, con el problema de la alimentación. ¿De qué pueden alimentarse tres y pico millones de personas en el desierto, aparte de los centenares de miles de vacas, bueyes, toros, ovejas, cabras y gallinas que llevaban con ellos? Porque se evidencia que tres millones de individuos transportarían sus cosas en carros familiares. Y suponiendo que cada familia constase de 10 individuos, los más con los menos, quiere decir que habría 300.000 carros.

    Naturalmente, los carros irían tirados por bueyes. Dos borricos no tienen la fuerza suficiente para arrastrar una carga tan pesada como la que suponía un carro familiar cargado de bártulos hasta las trancas. Cada carro, pues, precisaría la fuerza de dos bueyes, lo que significa que los bueyes serían 600.000, aparte vacas lecheras y ganado ovejuno.

    ¿Se alimentaban las personas de la carne de las reses? Eso supondría decenas de miles de toneladas de leña para encender lumbre en los cuarenta años de travesía, sin contar la leña que precisarían para calentarse por la noche, porque las noches del desierto son muy frías. Pero en el desierto no hay árboles. Y la vegetación existente consiste en un ramaje pobre y escaso. Quiere decir que en el desierto no hay leña. Nadie puede recoger leña en el desierto porque no la hay. Si acaso, alguna hojarasca insuficiente para encender fuegos.

    Así que la solución para dar de comer a tanta gente está en algo comestible que baja del cielo. ¿De qué parte del cielo? No de las nubes, porque en el desierto rara vez hay nubes, ya que no llueve. Pasan décadas y no llueve. Ese algo comestible baja del cielo, sin especificar de dónde exactamente. Esa cosa alimenticia que baja del cielo es evidentemente algo físico. Por lo tanto desciende de los cielos físicos. Pero ¿dónde está lo físico del cielo? ¿En la Luna? ¿En Marte?

    El escritor se nos adelantó hace siglos y dejó registrado que más de tres millones de israelitas vagaron por los desiertos del Sinaí durante cuarenta años, con sus centenas de miles de animales domésticos. ¿De qué se alimentó tanta gente? Del maná, que, según está escrito, era algo parecido a la semilla del cilandro, con aspecto de bedelio. El maná caía del cielo y aparecía sobre el rocío de la mañana. Los israelitas tenían que cogerlo antes de que saliera el sol, pues ‘cuando el sol calentaba, aquello se derretía’.

    Así que el maná, si se derretía con el calor, sería lo más parecido a la nieve. ¿Puede la nieve hervirse o cocerse sin que se derrita? Y sin embargo a los israelitas se les decía, con respecto al maná: ‘Lo que puedan cocer, cuézanlo, y lo que puedan hervir, hiérvanlo’. Pero si con el calor se derretía, ¿qué es lo que entonces les quedaba para comer del maná?

    Por otro lado el texto dice que ‘el pueblo lo recogía y lo molía en molinos de mano o lo machacaba en mortero y lo cocía en ollas o hacía de él tortas redondas’. ¿En qué quedamos? ¿Cómo podía el maná derretirse con el sol y sin embargo a la vez cocerse o molerse y hacer tortas? Si se derretía, no quedaría nada de él. ¿Cómo podía comerse el maná si con el simple calor del sol se derretía?

    El escritor del texto dice que las personas se alimentaban del maná. Pero ¿y los animales, de qué se alimentaban? En el desierto no hay pastos. Y si el maná era solamente para las personas, ¿qué comían los animales? ¿Dónde están en el desierto los millones de toneladas de hierba que necesitan centenares de miles de animales durante cuarenta años, contando con que se reproducían y morían? Y no mencionemos el agua que necesitarían, no ya las personas, sino los centenares de miles de animales.

    Sí que era una cosa rara esa del maná. Bajaba de un cielo sin nubes, se derretía con el sol y sin embargo se podía cocer, molerlo y hacer tortas con él. Se ve que no le afectaba el calor de la lumbre, una lumbre que no se sabe cómo podía encenderse sin leña. Y nadie se explica cómo pudieron alimentarse en el desierto tantos animales que no comían maná.

    Así que si alguien quiere escribir sobre lo que soportaron en los desiertos más de tres millones de personas y no sabe cómo alimentar a tanta gente y a tantos animales, que abra las compuertas de los cielos y deje caer el maná. Pero que vaya pensando también en cómo alimentar a los ganados, porque ésos ni probaron el maná.
 
 

domingo, 17 de enero de 2016

¿Pueden los de la gran muchedumbre participar de la cena del Señor?


 
    -Pedro, tú como anciano de congregación podrás aclararme lo que ahora te expongo.

    -Podré aclarártelo o no podré, Juan. Depende.

    -En el discurso de Conmemoración el orador dijo que Jesucristo celebró su cena con ungidos.

    -Correcto. ¿Y cuál es el problema?

    -Pues que Jesucristo no celebró su cena con ungidos.

    -¿Cómo que no? ¡Claro que sí!

    -Pues no, Pedro. Cuando los apóstoles cenaron con Jesús aún no eran ungidos. Lo serían cincuenta días después, cuando recibieron el espíritu santo.

    -Bueno, para el caso es lo mismo. Jesús ya sabía que iban a ser ungidos.

    -Lo sabría, Pedro; pero el caso es que él no celebró su cena con ungidos. En aquel momento no eran ungidos.

    -Nunca me había planteado esto, Juan. Bueno, admitamos que no celebró su cena con ungidos. ¿Y qué?

    -¿Por qué hoy día solamente pueden participar de esta cena los ungidos, si Jesucristo no celebró la suya con ungidos?

    -Me pones en un aprieto, Juan. ¿Por qué no se lo preguntas directamente al cuerpo gobernante?

    -Porque se saldrá por las colinas de New York y al final no me aclarará nada.

    -Juan, tenemos que aceptar lo que diga el cuerpo gobernante, sea que Jesucristo celebrara su cena con ungidos o sin ellos.

    -Es que si los apóstoles no eran ungidos en el momento de la cena con Cristo, eso significa que hoy pueden participar de los emblemas todos los que no sean ungidos.

    -Eso no es posible, Juan. De los emblemas solamente participan los ungidos. Los no ungidos son simples observadores.

    -Pedro, ¿y por qué Jesucristo no hizo que se presentasen a su cena los demás discípulos, que eran muchos, como simples observadores?

    -Muy sencillo, Juan: porque no había sitio donde meter a tanta gente.

    -Pues que hubiera celebrado la cena al aire libre, como cuando dio de comer a cinco mil personas.

    -Juan, la cena era de noche y hacía frío.

    -También era de noche y hacía frío cuando Jesús salió con sus apóstoles al huerto de Getsemaní después de la cena.

    -También, Juan, no te lo discuto.

    -Y se tiraron sus buenas horas a la intemperie aquella noche.

    -Llevarían mantas.

    -El evangelio no dice nada de que llevaran mantas, Pedro.

    -No haría tanto frío.

    -Tú has dicho antes que hacía frío.

    -No sería mucho frío.

    -Entonces, si no hacía mucho frío, ¿por qué no celebró Jesucristo su cena con los apóstoles y los discípulos a la intemperie, dado que no había en Jerusalén un local suficientemente amplio para acoger a todos?

    -Buena pregunta; pero no estoy capacitado para responderte. Pregunta al cuerpo gobernante.

    -¿Sabes cuánto frío hacía en Jerusalén a primeros de abril del año 33?

    -Ni idea.

    -Si consultas a los expertos o lees el tema en Internet o en cualquier enciclopedia, en Jerusalén la temperatura máxima en las noches de abril es hoy día de 10 grados. ¿Tú soportarías 10 grados a la intemperie durante horas?

    -Pero en aquellos tiempos haría más calor, Juan.

    -Al contrario, Pedro. Los expertos demuestran que las temperaturas medias son hoy más elevadas que hace dos mil años.

    -Ya me pones a cavilar, Juan.

    -Así que 10 grados sería la temperatura máxima a la que en aquella noche estaban expuestos Jesús y sus apóstoles. ¿Cómo pudieron soportar tan baja temperatura?

    -No lo sé, Juan. El evangelio no lo dice.

    -Y otra cosa, Pedro. Si el cuerpo gobernante dice que los apóstoles eran ungidos, también lo fueron los demás discípulos. ¿Por qué no celebraron también éstos la cena del Señor?

    -No lo sé, Juan. Hay tantas cosas que no sé…

    -Pues si no lo sabes, ¿cómo puedes enseñar a otros?

    -Enseño lo fundamental, Pedro.

    -Pero esto de la cena de Jesús es fundamental, Pedro. Conocer los detalles supone si debes participar de los emblemas o no.

    -¿Cómo así?

    -Pedro, los apóstoles eran una representación de todos los cristianos en el momento de la cena con Jesús. Y si los apóstoles no eran ungidos cuando celebraron esta cena, quiere decir que todos los cristianos, aunque no sean ungidos, sino de la gran muchedumbre, pueden participar de los emblemas de pan y vino.

    -Juan, ya tan hondo no llego. Exponle todo esto al cuerpo gobernante.

    -Y dale con el cuerpo gobernante, Pedro. Si le cuento todo esto al cuerpo gobernante, me pondrá de patitas en la calle porque le hunde toda la doctrina.

    -Ya. Pues entonces tendrás que guardártelo para ti y no alterar a los demás hermanos con el tema. No andes pregonando nada porque te podemos emplumar.

    -Descuida, Pedro. Solamente te preguntaba a ti por si podías aclararme algo. Y si un anciano no puede aclararlo, imagínate el resto de la congregación.

    -Eso es lo que hay, Juan. O aceptas lo que diga el cuerpo gobernante, aun si estuviera errado, o te plantas en la calle.

    -Lo más acertado será quedarse en la vereda del medio, Pedro. Pero que conste que Jesucristo no celebró su cena con ungidos.

sábado, 2 de enero de 2016

La del Nuevo Mundo: ¿Traducción o versión?


 
    -Juan, ¿qué te parece la actual Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, la que salió en 2013?

    -¿Has dicho traducción, Pedro?

    -Sí, claro, porque es una traducción, ¿no?

    -¿Es una traducción o una versión, Pedro? Tú como anciano de congregación lo sabrás mejor que yo.

    -¿Qué más da traducción que versión, Juan?

    -No es lo mismo, Pedro.

    -¿Y cuál es la diferencia? Porque yo no veo ninguna.

    -Una traducción se refiere a que se han consultado los manuscritos hebreos y griegos de la Biblia y se ha transferido lo escrito a idioma moderno.

    -Bueno, eso es lo que se hizo con la Traducción del Nuevo Mundo, ¿no?

    -Pues no, Pedro. La Traducción del Nuevo Mundo se realizó a partir de diversas biblias en inglés y no de la consulta de los códices bíblicos.

    -Juan, en las publicaciones del esclavo hemos leído que sí se realizó la Traducción del Nuevo Mundo directamente de los códices.

    -No lo hemos leído, Pedro. En ninguna parte ha publicado eso el esclavo.

    -Pues estoy en que sí, Juan.

    -No has leído bien, Pedro. O lo has entendido mal. La Traducción del Nuevo Mundo no se hizo con los códices a la vista, sino a partir de otras biblias en inglés, adaptando los textos a las creencias que se tenían. Por eso la del Nuevo Mundo no es una traducción, sino una versión. Una versión, Pedro.

    -Ya me pones en duda. Lo que sí es cierto es que nuestra biblia fue compuesta por un comité anónimo de los testigos de Jehová.

    -No tan anónimo, Pedro. En Brooklyn todo el mundo sabía quiénes componían ese comité. Lo componían Knorr, Franz, Henschel, Schroeder y Gangas., todos de la junta directiva de la Watchtower. Hasta un ex miembro del cuerpo gobernante así lo notificó en sus escritos.

    -No sabía eso, Juan. ¿Estás seguro?

    -Quienes estuvieron en Brooklyn entonces, ancianos incluídos, estaban segurísimos. Era un secreto a voces.

    -Bueno, pero todos estos hermanos eran eruditos en hebreo y en griego, claro. Porque, si no, mal podían haber traducido.

    -Ya te he dicho, Pedro, que la Traducción del Nuevo Mundo no se hizo a partir de textos hebreos y griegos, sino recopilando y adaptando lo que decían otras biblias en inglés.

    -Bien, pero sabían hebreo y griego, ¿verdad?

    -Pues no, ninguno estaba capacitado para poder traducir del hebreo o del griego al inglés.

    -¿Cómo que no?

    -Como que no. El único que tenía unas veinte horas de griego era Franz. Pero con esas horas apenas se conoce el alfabeto griego. Para traducir se necesita conocer a fondo un idioma antiguo y tener años de experiencia en él.

    -Pues me dejas planchado con eso que dices, Juan.

    -Es que es para estar planchado, Pedro. El cuerpo gobernante debería ser claro en esto de diferenciar traducción de versión. A los testigos se les hace entender que es traducción de los manuscritos antiguos, cuando en realidad es una versión de los textos de diferentes biblias que manejaban y manejan las iglesias.

    -Pero, Juan, nosotros creemos que la traducción del Nuevo Mundo siempre ha sido la mejor de todas las del mercado.

    -Y entonces ¿por qué el esclavo ha lanzado esta nueva biblia? Si la versión anterior era la mejor que había, ¿por qué hacer una nueva?

    -Ya, me dejas sin palabras. Entonces no es realmente una traducción, sino una versión…

    -Una versión, Pedro. Una versión y no una traducción. No se ha traducido de los manuscritos hebreos y griegos, sino que se han recopilado los textos de otras biblias en inglés.

    -Y claro, si se vierte del inglés a otro inglés, no es lo mismo que si se traduce del hebreo o del griego al inglés. Imagino que se perderá mucho del argumento.

    -Se pierde, Pedro, se pierde.

    -Bien, Juan. Tú y yo no hemos hablado. Es que no quiero que me echen los perros los demás ancianos.

    -Descuida, Pedro.