sábado, 25 de junio de 2016

Warwick, betel de los Testigos de Jehová


    Para Septiembre u Octubre de 2016, año del centenario de la muerte del pastor Russell, fundador del movimiento de los Estudiantes Internacionales de la Biblia, el Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová proyecta inaugurar su nueva sede betel en Warwick (Nueva York), que curiosamente inserta en su fachada principal el esquema de la torre que se había prohibido exhibir en las congregaciones. Situadas junto a un gran lago, las inmensas instalaciones inmobiliarias del nuevo betel, el más grande del mundo, se construyen a expensas de miles de voluntarios de las congregaciones mundiales de Testigos de Jehová, quienes se ofrecen entusiásticamente y sin sueldo -tan solo reciben la correspondiente manutención- para las tareas de construcción y acondicionamiento de los terrenos.

    Para ayudarse a acometer proyecto de envergadura tan espectacular, el Cuerpo Gobernante de los Testigos está vendiendo -además de sucursales y salones de asambleas y del reino por todo el orbe- los más de treinta edificios que tiene en Brooklyn, Nueva York. En 2012 fue vendido en 81 millones de dólares el Hotel Bossert de los Testigos de Jehová, uno de los más lujosos de la ciudad de los rascacielos.  

    Las obras de Warwick ya suponen mucho más dinero del que se tenía previsto, debido sobre todo a que se detectó que una parte de los terrenos estaba contaminada con productos químicos altamente cancerígenos, particularmente bifenilos policlorados, los cuales habrían sido vertidos por la empresa Nickel, la anterior inquilina, que enterraría los desechos de su industria entre los años 60 y 80. Estas venenosas sustancias pueden afectar a los pozos de agua potable de la zona. Existe documentación de que ya en el 2005 se esperaba realizar un profundo estudio acerca de la contaminación existente en el lugar, estudio que posteriormente dio resultados positivos. Los líderes de los Testigos de Jehová han demandado a la empresa contaminante, exigiéndole la correspondiente compensación por daños y perjuicios.

    La información aquí expuesta procede -además de la de ex betelitas que tras largos años de servicio han sido despedidos ante la imposibilidad de seguir siendo mantenidos por la organización de los Testigos- del artículo periodístico de Hema Easley, del Times Herald Record, que investigó a fondo el asunto. Easley notifica que el Cuerpo Gobernante conocía el problema desde el año 2012, aunque sale en 2016 a la luz pública, mientras se limpia la propiedad bajo la dirección del Departamento de Conservación Ambiental. No se sabe si la descontaminación puede realizarse por completo y se ignora a qué consecuencias futuras han de encararse quienes allí vivan.

    Como resultado del artículo periodístico aludido, decenas de familias de jóvenes trabajadores voluntarios de Warwick exigieron que sus hijos fueran devueltos a casa inmediatamente. Pero casi todos los voluntarios ni se enteraron del tema y continúan allí sus labores, en tanto que el Cuerpo Gobernante no les previene de la realidad del grave peligro de contaminación química al que pueden estar expuestos.

    El Cuerpo Gobernante ordenó el cese de todos los trabajos que se realizaban en las sucursales y salones del reino y de asambleas del mundo, con el objeto de dar prioridad a las obras de Warwick. Al mismo tiempo, los beteles mundiales en activo se están vaciando de gran número de trabajadores que habían dedicado su vida entera a servir en ellos. El motivo principal es la crisis financiera por la que atraviesa la organización de los Testigos de Jehová, a la par de la sangría de Warwick, de quien el fallecido miembro del Cuerpo Gobernante Guy Pierce dijo que no estaba seguro de si era la voluntad de Jehová trasladarse a ese lugar. Las últimas noticias que llegan es que también se está vaciando el Betel de Londres, en tanto que el de Rusia ya fue cerrado.

    Por añadidura, la Organización, que a través de la Sociedad Watch Tower tiene invertidos millones de dólares en hedge funds, unos fondos de inversión que solamente los altos millonarios del planeta pueden permitirse, ha tenido que desprenderse de importantes sumas en concepto de indemnizaciones a víctimas de pederastia. Se espera el dictamen final de la Real Comisión de Australia, ante la que en agosto del 2015 hubo de presentarse a declarar Geoffrey Jackson, del Cuerpo Gobernante.   

    En el 2015 el miembro del Cuerpo Gobernante Stephen Lett, que en los países latinos apodan cariñosamente ‘el llorón’, explicó en la emisora televisiva de los Testigos de Jehová que los gastos están superando a los ingresos, por lo que se precisaban donaciones urgentes de los adeptos. Ya en las congregaciones se había pedido que los hermanos donaran cierta cantidad fija mensual para la construcción de salones del reino. En este momento dichas construcciones están paradas, salvo unas pocas; pero el dinero para tal misión continúa recaudándose, aunque, debido a la crisis, hay congregaciones que no pueden cumplir con esta asignación.   

    La impresión de las revistas La Atalaya y Despertad se ha reducido prácticamente a la mitad, evidentemente porque no hay suficiente liquidez y no pueden mantenerse los costos de tinta, papel y maquinaria de las imprentas. La tendencia actual es que cada Testigo se baje la información por Internet y se la imprima en su propia tipiadora. De los beteles mundiales se ha proyectado despedir de momento al 30% del personal. Muchos de los trabajadores voluntarios que esperaban el fin inminente del sistema mundial y que han pasado media vida o más en los beteles, tienen edades superiores a 50 años, están solos y jamás estudiaron una carrera o aprendieron un oficio con el que poder ganarse la vida. Se espera que las congregaciones se hagan cargo de ellos.    

    Warwick, el nuevo betel de los Testigos de Jehová, no es el paradisíaco entorno que se creía. Está en el punto de mira negativo de muchos adeptos, sobre todo de los que han sido despedidos de los beteles por falta de medios para mantenerlos. El lugar es ciertamente bello y rebosa de frondosa vegetación; pero una parte del suelo, precisamente la que limita con las fuentes de agua, está contaminada por productos químicos que la Administración de los Estados Unidos considera peligrosos, por lo cancerígenos.

    Es probable que a día de hoy se haya descontaminado casi todo; pero ello ha tenido que ser a un costo del que ni siquiera los líderes calcularon. Se han tenido que contratar profesionales con sofisticado material y herramientas. Incluída la caprichosa tecnología aplicada al lago para que pueda desaguar automáticamente en caso de inundaciones, los costos de materiales de construcción y descontaminación suponen centenares de millones de dólares, sin contar mano de obra de construcción, que es gratuita.

    A la gran heredad de Warwick han de añadirse las haciendas de Patterson y Wallkill, Nueva York, con sus inmensas granjas y huertas que abastecen de alimentos a los, por ahora, miles de trabajadores voluntarios que en las mismas faenan, muchos de ellos por temporada. Su mantenimiento se estima exorbitante, aunque no tanto como el que hoy supone Warwick, del que Guy Pierce dudaba que tuviera la aprobación de Jehová.   


lunes, 20 de junio de 2016

¿De dónde sale el año 1914? La verdad (12)


 

    Los adventistas seguidores de N. H. Barbour abandonaron la idea de la segunda venida de Cristo para 1914 debido a que no era una enseñanza bíblica, ya que esa fecha salió del error de sumar 2.520 años al 606 a.e.c., que se consideraba como de la subida al trono de Nabucodonosor, pero que igualmente estaba errada en un año, pues histórica, arqueológica y astronómicamente se había demostrado que el ascenso de Nabucodonosor aconteció en el 605 a.e.c., el mismo año de la batalla de Karkemis.

    El primero en aplicar los 2.520 años de los supuestos siete tiempos del profeta Daniel al 606 a.e.c. fue el escrutador bíblico Edward Elliot, quien escribió en su libro ‘Horas con el Apocalipsis’, publicado en 1844, que los 2.520 años corrían del 606 a.e.c. a 1914, supuesto año del regreso de Cristo. Pero Elliot se equivocó en un año de menos y ese error pasó al adventista Barbour y de él a los directivos de los Estudiantes de la Biblia, Russell y Rutherford. Posteriormente, en 1943, F. W. Franz, ya con los Testigos de Jehová, adelantaría inexplicablemente al 607 a.e.c. el hipotético año de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, lo cual hizo en 1943, en tiempos del presidente Knorr.

    De las congregaciones de los Estudiantes de la Biblia y de los Testigos de Jehová se separaron unos treinta grupos, algunos de los cuales continúan activos a día de hoy. De todos ellos, solamente los Testigos Cristianos de Jehová (introdujeron nueva palabra en la denominación) predican todavía la obsoleta y errónea fecha de 1914, aunque ya no como el año del Armagedón, sino como el tiempo del inicio del reinado de Cristo en los cielos invisibles. Las doctrinas de los Testigos de Jehová se basan principalmente en los supuestos 70 años de destierro de los judaítas después de ser destruída Jerusalén, así como en la fecha de 1914, que sale de añadir 2.520 años al 607 a.e.c.

    De la treintena de grupos separados de los Estudiantes Internacionales de la Biblia en tiempos de Rutherford, por estar en desacuerdo con las caprichosas imposiciones doctrinales del citado presidente de la Watch Tower, actualmente se encuentran activos los siguientes: Instituto Bíblico Bereano (1917); Estudiantes de la Biblia Asociados (1917); Sociedad del Angel de Jehová de Biblias y Tratados (1917); Unión de la Asociación de la Biblia; Instituto Bíblico Pastoral (1918); Movimiento Misionero de la Casa del lego (1918, editan en inglés los 6 tomos de Estudios en las Escrituras de Russell); Instituto de Piramidología (1920); Estudiantes Internacionales de la Biblia de la India (1921); Asociación Polaca de Estudiantes de la Biblia (1925); Asociación Cristiana del Milenio (1928); Asociación Alemana de Estudiantes de la Biblia (1930); Asociación de Estudiantes de la Biblia de la Aurora (1932, edita la revista El Alba); Testigos de Jehová Verdadera Fe (quedaron aislados tras el Telón de Acero en los años treinta y tienen seguidores en Rumanía, Polonia, Rusia, Bélgica, Suecia, México y Argentina).

    Grupos aún activos que se separaron de los Testigos de Jehová en tiempos del presidente Knorr son: Asociación Goshen (1951) y Asociación Francesa de Estudiantes de la Biblia (1951, editan en francés los 6 tomos de Estudios en las Escrituras de Russell). Existieron otros grupos separados de los Estudiantes de la Biblia y de los Testigos de Jehová, aunque ya desaparecieron. En principio todos ellos se acogieron a la fecha de 1914, pero finalmente la desecharon por no ser bíblica.   

    Una de las razones por la que no pocos Estudiantes de la Biblia abandonaron las filas de la Sociedad Bíblica Watch Tower durante los dos primeros años del mandato presidencial de Rutherford se debió a la edición del polémico libro ‘El Misterio terminado’, que Rutherford mandó escribir a dos colaboradores suyos y que pretendió pasar como la obra póstuma de su antecesor, el pastor Russell.

    El libro se difundió masivamente como si fuera parte de la verdad de la Biblia, pero estaba todo él lleno de contradicciones doctrinales. No en vano uno de los escritores, Clayton Woodworth, confesó que estaba ‘dominado por los espíritus’. El propio presidente de la Watch Tower Frederick Franz tuvo que reconocer que el libro en cuestión no enseñaba la verdad, aunque posteriormente el Cuerpo Gobernante ha publicado en algunas Atalayas que aquel libro contenía ‘ricas verdades’.  

    Varias de las doctrinas enseñadas como verdad bíblica en la obra referida, donde se explican libremente los libros de Apocalipsis y Ezequiel como sus autores los entendían (y no un Cuerpo Gobernante), son las siguientes: el fin de las iglesias de la cristiandad vendrá en 1918, las repúblicas desaparecerán en 1920, el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra ocurrirá 13 años después de 1918, el monstruo Leviatán del que habla el libro de Job es la locomotora, el jinete blanco del Apocalipsis es el obispo de Roma, el arcángel Miguel es el Papa, la gloria del ángel mencionado en Apocalipsis se refiere entre otros a los aviones, los motores eléctricos, las aspiradoras, el canal de Panamá…

    De este libro las autoridades obligaron a la Sociedad Watch Tower a arrancar siete páginas consideradas como incitación a la rebelión militar, ya que los Estados Unidos se hallaban en época de guerra. Esto finalmente se tradujo en problemas para los directivos de la Watch Tower y del propio Rutherford, que fueron encarcelados en 1918 bajo la acusación de sedición. En 1919, ya concluída la guerra, fueron liberados, lo mismo que otras personas ajenas a la Watch Tower que habían sido recluidas por motivos semejantes. La liberación de los directores de la Watch Tower la entiende el Cuerpo Gobernante como una señal prodigiosa de que Jesucristo los había escogido como su esclavo fiel y discreto, aunque en ese tiempo no estaban predicando la verdad bíblica.

    Algo que en aquellos días los Estudiantes de la Biblia enseñaban con ahínco era que Cristo había sido hecho rey en 1874. El año 1914 se les había quedado a oscuras porque no ocurrió el Armagedón que Russell pregonaba. Hasta 1943 no traspasó la Watch Tower el inicio del reinado de Cristo a 1914, para lo cual hubo de adelantar un año, al 607 a.e.c., la caída de Jerusalén ante Nabucodonosor.

    Hoy día el año 1914 es imprescindible para que no decaigan las doctrinas del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová, las cuales se basan precisamente en ese 1914 -además de en las fechas 607 a.e.c., 537 a.e.c. y 1919- y en la creencia de que los judaítas estuvieron desterrados 70 años después de que Nabucodonosor destruyera Jerusalén en el año 18/19 de su reinado. Todo queda en papel mojado cuando se comprueba históricamente y por la propia Biblia que los desterrados de aquel tiempo solamente estuvieron 49 años en Babilonia. (Fin de la serie de 12 artículos).

 

lunes, 13 de junio de 2016

¿De dónde sale el año 1914? La verdad (11)



    Hasta los días del estudioso bíblico John Aquila Brown, autor del libro ‘El Atardecer’, publicado en 1823, se entendía que los siete tiempos que el profeta Daniel atribuyó al rey Nabucodonosor duraban por lo general 1.260 años. Brown lo que hizo fue duplicar los 1.260 años, creyendo que los siete tiempos fueron siete años de 360 días, aunque la Biblia nada menciona de ello. Tampoco la Historia. Esos 7 años de 360 días cada uno, ó 2.520 días en total, los elevó Brown a años en la creencia de que la Biblia da una regla de medir de un año por cada  día, entendimiento erróneo basado en algunos ocultistas judíos desde la Edad Media. Así que Brown llegó a la conclusión de que los siete tiempos de Daniel duraban en realidad 2.520 años, ya que entendía que eran proféticos y que por tanto tendrían un cumplimiento mayor en el futuro.

    Sin embargo Brown se equivocó en la aplicación. El error principal de Brown, aparte de la fantasía de elevar a años los 2.520 días de Daniel, fue calcular los siete tiempos como de 360 días cada uno, en tanto que al conjunto de los 2.520 años le asignó años de 365,25 días, cuando debería haber estimado años de 360 días. Brown no se dio cuenta de ese error, como tampoco el estudioso Elliot ni el adventista Barbour ni los presidentes de la Sociedad Watch Tower (Russell, Rutherford, Knorr, Franz y siguientes). A día de hoy el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová sigue sin percibir este craso error en la aplicación de los 2.520 años, error que no pocos pastores (ancianos y superintendentes) han detectado, aunque no se atreven a informar de ello a la superioridad por las nefastas consecuencias que les acarrearían.

    Brown situó la duración de los 2.520 años entre el 604 a.e.c. y 1917, siendo el año 604 a.e.c. el primero de reinado de Nabucodonosor, quien subió al trono de Babilonia en 605 a.e.c. Brown declaró que a la terminación de los siete tiempos, en 1917, la gloria de Israel brillaría. Casualmente, en diciembre de 1917 las tropas inglesas conquistaron Jerusalén a los turcos y la interpretación bíblica de Brown fue tomada en cuenta por muchos entusiastas de la Biblia, que comenzaron a hacer sus pinitos con la pseudociencia de la numerología ocultista en la que se basaba el cálculo de Brown.

    Posteriormente los estudiosos Elliot y Barbour, así como los presidentes de la Watch Tower Russell y Rutherford, aceptaron dicho periodo de 2.520 años como comprendido entre el 606 a.e.c. y 1914, aunque existía el error de contabilización de un año menos. El caso es que, puesto que en principio Brown operó con años de 360 días, debió haber continuado con años de 360 días y no de 365, por lo que, de ser el caso, los famosos siete tiempos de Daniel habrían concluido hacia 1880 y no en 1914.

    Este errado concepto de los 2.520 años, que fue invención humana y que en la Biblia ni siquiera se insinúa, continúa vigente entre los testigos de Jehová y por eso creen que en 1914 terminaron los tiempos de los gentiles y Jesucristo comenzó a reinar en el cielo, en tanto que se espera su venida para el futuro, aunque antes la Watch Tower enseñaba que el reinado y la venida o presencia de Cristo acontecieron en 1874. De ahí muchas de las doctrinas incorrectas que ahora se están cambiando, según el permanentemente variable entendimiento de los dirigentes.

    Estos constantes cambios doctrinales hacen que muchos adeptos, incluso pastores, se pregunten si realmente pudo Jesucristo nombrar a alguien como su vocero y esclavo fiel y discreto en 1919 cuando en ese tiempo no se enseñaba lo que hoy se sabe que no era la verdad. El propio Frederick Franz, cuarto presidente de la Watch Tower (sociedad que administraba los asuntos de los testigos de Jehová antes de hacerse cargo el cuerpo gobernante) aseguró que en 1919 no se estaba enseñando la verdad bíblica.

    En aquellos días de 1919 y años siguientes se pregonaba, por ejemplo, que el reinado de Jesucristo había comenzado en 1874, que en 1925 resucitarían los patriarcas y vendría a continuación el Armagedón, que Jesucristo murió en una cruz y que la gran pirámide de Egipto era la Biblia en piedra, sin mencionar que se celebraban navidades y cumpleaños y se alababan las transfusiones de sangre.

    Rutherford además mandó escribir el polémico libro ‘El Misterio terminado’, repleto de barbaridades que con el tiempo se desecharon, y después, en 1927, estableció que Jesucristo había inspeccionado a su esclavo fiel en 1918, fecha que ahora ha sido suprimida por el cuerpo gobernante por no ser bíblica, aunque el año 1919, también invención de Rutherford en 1927, es consecuencia de la inspección de 1918 y de la creencia de que Jesucristo comenzó a reinar en 1914, año que sale de aplicar 2.520 años al 607 a.e.c., que la organización de los testigos defiende como el año de arrasamiento de Jerusalén y suspensión del reino de Dios en la Tierra, cuando por la Historia, la Arqueología y la Astronomía se demuestra que el año del arrasamiento de Jerusalén lleva inequívocamente al 587 a.e.c.

    Si lo que entonces se enseñaba era realmente la verdad bíblica, esa enseñanza no debió haber sufrido cambios con el tiempo. Y si lo que se enseñaba no era la verdad, mal pudo Jesucristo nombrar como sus voceros a quienes esparcían falsedades, aunque con sinceridad creyeran que era la verdad lo que predicaban entusiásticamente. El entusiasmo y la sinceridad no hacen que lo que se predica sea verdadero. Si es verdadero, no debe cambiar con el tiempo. Y si cambia, es que no era verdadero.  Y si no era verdadero, tampoco pudo haber nombramiento alguno por Jesucristo.   

    Por otro lado, el supuesto nombramiento como esclavo fiel por Jesucristo se hizo a la Junta directiva de la Watch Tower que supervisaba entonces a los Estudiantes Internacionales de la Biblia, no a los testigos de Jehová, que aparecieron en 1931, cuando Rutherford impuso el nombre al 27% de los Estudiantes de la Biblia que no habían abandonado el movimiento en 1927 y a los pocos adeptos que se captaron entre 1927 y 1930. Hoy día el cuerpo gobernante entiende que los nombrados fueron los componentes de la junta directiva de la Wach Tower. Pero los integrantes del cuerpo gobernante actual nada tienen que ver con la Watch Tower, como recientemente lo ha declarado a un juez el miembro de ese cuerpo, Gerrit Losch, al decir que él no pertenece a la Watch Tower.  (Continúa en la parte 12)      

 

domingo, 5 de junio de 2016

¿De dónde sale el año 1914? La verdad (10)



    La Sociedad bíblica Watch Tower y la organización de los testigos de Jehová llegan a la fecha de 1914 partiendo del 607 a.e.c., año en que por tradición recibida de Russell y corregida durante la presidencia de Knorr, tienen asumido que Nabucodonosor destruyó Jerusalén y suprimió a los reyes de los cuales se decía que se sentaban ‘en el trono de Jehová’ en la Tierra. 

    Desde los tiempos de Russell hasta 1943 se predicaba que Jerusalén había sido destruída en el 606 a.e.c., fecha que salió de aplicar 70 años retrospectivamente al año 536 a.e.c. en que supuestamente los judaítas regresaron a Jerusalén tras el cautiverio babilonio. Como también se predicaba que entre el 606 a.e.c. y 1914 mediaban 2.520 años y resulta que había un año menos, es decir, 2.519 años, en 1943 el vicepresidente de la Watch Tower Fred Franz (no existía entonces el cuerpo gobernante tal como hoy se conceptúa) publicó el libro ‘La verdad os hará libres’ y en él corrigió las fechas del 606 y 536 a.e.c. adelantándolas un año, esto es, al 607 y al 537 a.e.c. respectivamente. Los testigos de Jehová, pues, conocen las fechas 607 y 537 a.e.c. desde el año 1943.

    A la fecha del 607 a.e.c. le aplica la organización Watch Tower 2.520 años de la hipotética duración de los tiempos de los gentiles (en su opinión tiempos de las naciones) y así llega a 1914 como año de la entronización invisible de Jesucristo en el cielo o año del comienzo del tiempo del fin. Antes de 1943 se pregonaba que el comienzo del tiempo del fin había acontecido en 1799, y el año 1914 se predicaba como el del Armagedón, que fue justamente lo que hizo Russell a lo largo de su vida, como se demuestra por las publicaciones de aquellos tiempos.

    Al no llegar el tan esperado Armagedón, los Estudiantes de la Biblia sufrieron profunda decepción y no pocos abandonaron el movimiento, creando a partir de entonces diferentes sectas muchos de ellos. Se ha contabilizado como una treintena de estos grupos disidentes, siendo el principal de ellos la agrupación de ‘Testigos de Jehová verdadera fe’, con miles de seguidores en los países del Este.

    Esta agrupación continúa defendiendo las doctrinas habidas en la organización de los testigos de Jehová hasta el tiempo de Rutherford y no acepta los cambios sufridos en las eras Knorr y siguientes. La razón es que los testigos de Jehová quedaron aislados e incomunicados del resto del mundo en estos países debido al hermetismo del Telón de Acero. Cuando se abrió la comunidad oriental a los países occidentales, los testigos de Jehová norteamericanos trataron de explicarles los nuevos cambios doctrinales habidos a lo largo del tiempo, cambios que en modo alguno aceptaron los testigos del Este, quienes tacharon de apóstatas a los del Oeste.

    El año que entre las eras de Russell y Rutherford se predicaba como el de la entronización de Cristo era el 1874. Todas estas fechas (606 a.e.c., 536 a.e.c., 1799, 1874 y 1914) las recibió Russell del adventista Barbour. Russell, dada su juventud, su escaso conocimiento bíblico y su exceso de entusiasmo, no se detuvo a investigar si tales fechas eran bíblicas o no. De haber investigado, hubiera descubierto que no solamente no eran bíblicas, sino que se basaban en numerología ocultista.

    El cómputo de los 2.520 años desde la supuesta destrucción de Jerusalén en el 606 a.e.c. hasta 1914 también se lo dejó Barbour en herencia a Russell. Barbour sacó tiempos y fechas del libro ‘Horas con el Apocalipsis’, que había publicado el estudioso Edward Elliot en 1844. No obstante, Elliot entendía el año 606 a.e.c. como el de ascenso al trono de Nabucodonosor y no como el año de la destrucción de Jerusalén por los babilonios.

    Tanto para Elliot como para todos los teólogos y estudiosos bíblicos de su tiempo, el año de la destrucción de Jerusalén fue el 587 a.e.c. Pero Barbour desestimó esa fecha debido a un mal entendimiento de los hechos históricos y de la Biblia y creyó que lo que aconteció en el 606 a.e.c. fue la destrucción de Jerusalén. Y Russell aceptó sin rechistar todo cuanto le transmitió Barbour. De ahí que un antiguo miembro del cuerpo gobernante del cuerpo gobernante asegurara que los testigos de Jehová lo habían recibido todo de los adventistas.

    Barbour tomó las fechas del 606 a.e.c., 536 a.e.c. y 1914 del libro ‘Horas con el Apocalipsis’, que publicó en 1844 el entusiasta bíblico Edward Elliot. Este Elliot fue el primero que aplicó al 606 a.e.c. los supuestos 2.520 años de los siete tiempos de Daniel, cuya duración había estimado en 1823 el estudioso John Aquila Brown en su libro ‘El Atardecer’. Elliot a su vez tomó prestadas las fechas 606 y 536 a.e.c. del libro ‘Primer elemento de la sagrada profecía’, que publicó en 1843 el teólogo Thomas Rawson Birks.

    Como ya se ha adelantado, el primer estudioso bíblico que inventó los famosos 2.520 años fue John Aquila Brown, que en 1823 dio a conocer su libro ‘El atardecer’. Pero los 2.520 años eran para Brown los siete tiempos de los que habla el profeta Daniel y no los tiempos de los gentiles. Fue Barbour quien confundió los siete tiempos de Daniel con los tiempos de los gentiles y a partir de Barbour los 2.520 años se preconizaban como los tiempos de los gentiles.

    Hasta los días de Brown se entendía que los siete tiempos de Daniel duraban por lo general 1.260 años. Brown lo que hizo fue duplicar los 1.260 años, creyendo que los siete tiempos en el caso de Nabucodonosor fueron siete años de 360 días, aunque la Biblia nada menciona de ello. Tampoco la Historia. Esos 7 años de 360 días ó 2.520 días los elevó Brown a años, en la creencia de que la Biblia da una regla de medir de un año por cada día, entendimiento erróneo basado en algunos ocultistas judíos desde la Edad Media. Así que Brown llegó a la conclusión de que los siete tiempos de Daniel duraban en realidad 2.520 años, en que se suponía que no habría una representación en Jerusalén del trono de Jehová en la Tierra. Pero Brown se equivocó al aplicar años de 365,25 días y no años de 360 días, como debió haber hecho.

    Los estimados 2.520 años pasaron en 1914, según la Watch Tower, y Jerusalén continúa sin un rey que se siente en el simbólico trono de Jehová, si bien la jerarquía religiosa aduce que ese trono se estableció invisiblemente en los cielos en 1914. En tiempos de Russell y Rutherford se afirmaba que el trono celestial, con Jesucristo como rey, fue establecido en 1874. (Continúa en la parte 11)