lunes, 25 de julio de 2016

Testigos de Jehová en 1975


    En 1966 la Sociedad bíblica Watch Tower, que regía los destinos de los testigos de Jehová (hoy día lo hace el Cuerpo Gobernante de los Testigos), publicó el libro ‘Vida eterna en libertad de los hijos de Dios’, escrito íntegramente por Fréderick William Franz, a la sazón vicepresidente de la mencionada Sociedad y teólogo único de la misma. No existía entonces un Cuerpo Gobernante que emitiera las doctrinas, sino que lo hacía exclusivamente el presidente de la Sociedad, aunque en este caso el presidente, Nathan H. Knorr, que entendía más de cuestiones comerciales que espirituales, delegó el asunto doctrinal en Franz.

    En dicho libro, Franz anunciaba que en 1975 se cumplían seis mil años de la creación del hombre. Mediante discursos en las grandes asambleas de Testigos, Franz  aclaraba que el fin de seis mil años de la creación del hombre eran parte del día sexto de la creación y que a ese día le quedaban mil años que a su entender la Biblia especificaba como los mil años del reinado de Cristo sobre la Tierra. Ello significaba que, cumplidos los seis mil años referenciados, para poder pasar la humanidad a los mil años del reinado de Cristo, primero tendría que venir el Armagedón, en que todos los reinos y gobiernos del mundo serían destruídos por el propio Cristo.

    De la lectura del citado libro, así como de las publicaciones de La Atalaya de la Watch Tower y de los discursos de los oradores de la Sociedad de aquel tiempo, los Testigos de Jehová de todo el mundo entendían obviamente que el Armagedón o fin del sistema de cosas del mundo vendría en 1975, concretamente el 5 de Septiembre de 1975, como lo especificó el propio Franz en su discurso a la gran audiencia del Arena Stadium de Los Angeles.

    Tan al pie de la letra tomaron los Testigos de Jehová las advertencias que publicaba la Watch Tower, pues en caso contrario serían tachados hasta de apóstatas, que muchos de ellos abandonaron sus trabajos y sus estudios, vendieron sus casas y se dedicaron a predicar de tiempo completo la inminencia del fin para 1975. De ello hay constancia en las publicaciones del día. Por un lado los periódicos insertaban en grandes titulares que, según los Testigos de Jehová, el fin del mundo vendría en 1975. Al mismo tiempo la Watch Tower imprimía textos adicionales como los siguientes:

    “¿En qué año, entonces, terminarían los primeros 6,000 años de la existencia del hombre y también los primeros 6,000 años del día de descanso de Dios? En el año de 1975. Esto es digno de notarse, particularmente en vista del hecho de que los ‘últimos días’ comenzaron en 1914, y en vista de que los hechos físicos de nuestro día en cumplimiento de la profecía señalan a ésta como la última generación de este mundo inicuo. De modo que podemos esperar que el futuro inmediato esté lleno de acontecimientos conmovedores para los que cifran su fe en Dios y en sus promesas. Esto significa que dentro de relativamente pocos años presenciaremos el cumplimiento de las profecías restantes que tienen que ver con el tiempo del fin”. (Revista ¡Despertad!, 8 Abril 1967, página 19).

    “El futuro inmediato ciertamente habrá de estar lleno de acontecimientos culminantes porque este viejo sistema se está acercando a su fin completo. En el transcurso de unos cuantos años a lo más… la humanidad sobreviviente será libertada para que entre en el glorioso reinado de mil años de Cristo”.  (Revista La Atalaya, 15 Septiembre 1968, página 562).

    “El hecho de que ya han pasado cincuenta y cuatro años del periodo que se llama los ‘últimos días’ es sumamente significativo. Significa que solo unos cuantos años, a lo más, quedan antes de que Dios destruya el corrompido sistema de cosas que domina la Tierra”. (Revista ¡Despertad!, 8 Abril 1969, página 13).

    “Un precursor de Texas dice: ‘Me di cuenta de que cada semana dedicaba cuarenta horas a trabajo seglar que pronto iba a esfumarse en el Armagedón y yo quedaría con las manos vacías. De modo que dejé mi empleo y emprendí el precursorado”.  “En vista del poco tiempo que queda, la decisión de seguir una carrera en este sistema de cosas no sólo es imprudente sino extremadamente peligrosa”. (Boletín mensual de los Testigos de Jehová ‘Nuestro Ministerio del Reino’, Junio 1969).

    “Si tú, lector, eres persona joven, también tienes que enfrentarte al hecho de que nunca envejecerás en este presente sistema de cosas. ¿Por qué no? Porque toda la evidencia en cumplimiento de las profecías bíblicas indica que este sistema corrompido habrá de terminar en unos cuantos años. De la generación que observó el principio de los ‘últimos días’ en 1914, Jesús predijo: ‘De ningún modo pasará esta generación hasta que sucedan todas esas cosas’ (Mat. 24:34). Por lo tanto, como persona joven, nunca realizarás alguna carrera que ofrezca este sistema. Si estás en la secundaria y piensas en una educación universitaria, esto significa por lo menos cuatro, quizás hasta seis u ocho años más para que obtengas tu titulo de una carrera especializada. Pero, ¿dónde estará este sistema de cosas para ese tiempo? ¡Estará bien avanzado hacia su fin, si es que no habrá desaparecido en realidad! (Revista ¡Despertad!, 22 Agosto 1969, página 15).

    “Hay informes de hermanos que están vendiendo sus hogares y propiedades y están haciendo planes para terminar el resto de sus días en este viejo sistema en el servicio de precursor. Ciertamente esa es una excelente manera de usar el corto tiempo que queda antes del fin de este mundo inicuo”. (‘Nuestro Ministerio del Reino’, Julio 1974).  

    La expectación llegó al cénit en 1975; pero pasó el año y no sucedió lo que la Sociedad Watch Tower había dado a entender a la grey. No vino el Armagedón ni Jesucristo inició su reinado de mil años. La Watch Tower se lavó las manos culpando a los Testigos de que habían entendido mal. En La Atalaya del 1 de Diciembre de 1976, página 726, se lee: ‘Si alguien ha resultado desilusionado… debe concentrarse ahora en ajustar su punto de vista, al ver que no fue la palabra de Dios la que le falló o lo engañó y le trajo desilusión, sino que su propio entendimiento se basó en premisas incorrectas’.

    Para la Watch Tower absolutamente todos los Testigos estaban equivocados al entender que el fin venía en 1975. Ya había sucedido algo parecido en 1914 y en 1925. Sin embargo los testigos, muchos de los cuales abandonaron sus trabajos y vendieron sus hogares para dedicarse a predicar todo el tiempo -lo cual la Organización alabó por página impresa-, sencillamente se habían limitado a aceptar ciegamente lo que la Watch Tower había dado a entender. Todos los Testigos al unísono no podían estar equivocados. Finalmente, en 1980, la Sociedad admitió, aunque con reservas, que tuvo parte de la culpa al haber declarado lo que tan abiertamente declaró mediante publicaciones y discursos.  

 

domingo, 17 de julio de 2016

La asamblea regional de 2016



    Este año de 2016 la asamblea regional de los Testigos de Jehová ha logrado impactar a los asistentes mediante una elevada dosis de temor (videos sobre lo que el Cuerpo Gobernante define como inminente persecución de los Testigos) y la emotividad (videos que despiertan la emoción lacrimógena). Así condicionados, los oyentes están preparados para aceptar sin reservas cuanto el Cuerpo Gobernante propone a través de los discursantes de las asambleas, todo lo cual se acepta como verdad absoluta e indiscutible. El libre intelecto queda así obnubilado y la persona ve anulada su disposición a la crítica, crítica que el Cuerpo Gobernante enseña que proviene del propio Satanás, que así considera toda oposición parlamentaria a sus doctrinas.

    Las repercusiones de la asamblea regional de este año no se han hecho esperar. Ya hay congregaciones donde los dirigentes han manifestado desde la plataforma en la reunión teocrática expresiones como: ‘Puesto que el fin está ya a las puertas, como hemos visto en la asamblea, deberíamos dedicar mucho más tiempo a la predicación y al estudio de las publicaciones del Esclavo, incluso reduciendo, si fuera posible, la jornada de trabajo a la mitad, que con tal de ganar lo suficiente para comer y atender las necesidades básicas familiares tendríamos suficiente’. Y también: ‘Hermanos, el fin está mucho más cerca de lo que pensábamos, tal como hemos visto en la asamblea. ¿Vamos a perder el tiempo en prepararnos una carrera universitaria o en buscar trabajos mejor remunerados? ¿No es mejor emplear el tiempo en predicar y en hacerlo todo por la Organización de Jehová, visto lo poco que le queda a este sistema?’

    Y frases similares. Esto nos recuerda a lo acontecido en los años previos a 1975, cuando los hermanos entendían -deducido de las publicaciones y conferencias del Cuerpo Gobernante- que el Armagedón estaba al caer precisamente en ese año de 1975, en que se cumplían 6.000 años de la creación del hombre, lo que suponía que a continuación daría comienzo el séptimo milenio, lo que a su vez presunpondría el inicio del paraíso terrestre, lo que también implicaría la destrucción del sistema mundial de cosas.

    Muchos hermanos vendieron sus casas, dejaron sus trabajos y sus estudios y se limitaron a ir tirando, dedicando el mayor número de horas posibles a la predicación. El Cuerpo Gobernante a través de su Hoja del Ministerio Teocrático alabó en 1974 la actuación de estos hermanos. Y cuando pasó 1975 y algún tiempo más y no vino el Armagedón, los dirigentes de Brooklyn se limitaron a decir que los hermanos habían entendido mal y que el Cuerpo Gobernante no había dicho que en Septiembre u Octubre de 1975 vendría el fin. Según ancianos que servían en el Betel mundial, el abandono en las filas fue muy superior a lo que la Watch Tower publicaba como estadística en su Anuario.

    Desde entonces el nivel de crecimiento de los adeptos se ralentizó. Hoy en día el movimiento apenas supera los 8 millones de miembros, gracias en buena parte a los hijos de los Testigos, cuando estadísticamente debería haber al menos 14 millones de publicadores. El crecimiento actual es prácticamente cero, razón por la cual el movimiento ha entrado en crisis financiera. Ello se traduce en la venta de salones del reino y de asambleas, además de los edificios de Brooklyn y sucursales por todo el mundo. Cierto que se construyen en su lugar algunos salones, éstos con capacidad simultánea para cuatro congregaciones (dos grandes y dos pequeñas). La venta de edificios de Brooklyn se compensa en parte con la construcción de la granja de Warwick, cuyo presupuesto se ha disparado a niveles escandalosos debido a la contaminación del terreno.

    En los países industrializados la obra decrece considerablemente, mientras crece en los países pobres, donde es evidente que muchos se hacen testigos porque encuentran quien les socorra en su pobreza, dicho por un superintendente. De todas maneras el promedio mundial de crecimiento en 2015 ha sido de 1,5% al ser más los países pobres que los industrializados. Paradójicamente, los testigos de esos países poco o nada pueden contribuir en sentido monetario a la obra mundial. Los mormones, los evangélicos, los adventistas, los pentecostales y otros grupos han tenido incrementos muy superiores en todo el mundo. Un anciano, a la vista de la amarga situación entre los Testigos, se pregunta que dónde está la promesa de Jehová cuando dijo que: ‘Yo mismo lo aceleraré a su debido tiempo’.

    Da la impresión de que esta asamblea ha tenido como objetivo inculcar el miedo en los adeptos a fin de que no permitan que nada ni nadie los mueva de las filas. Es patente que de lo que ahora se trata es de conservar los miembros, que a la par son contribuyentes, porque si éstos o una parte de ellos se pierden, la situación puede ser caótica en la Organización de los Testigos de Jehová. Un somero análisis permite deducir que la crisis financiera es bastante grave, pues de otra manera no se venderían locales destinados a las reuniones semanales y a la obra de predicación. Sí, la asamblea ha sido una soga que mantiene atadas a las ovejas dentro del redil. Se les dice que ni se asomen afuera, que merodea el lobo.   

 

lunes, 11 de julio de 2016

Rutherford y sus refugios antiaéreos


    El presidente de la Sociedad Watch Tower y fundador del movimiento de los Testigos de Jehová, J. F. Rutherford, se había hecho construir en 1929 la mansión de Beth Sarim, aduciendo, según consta en las publicaciones correspondientes, que la misma se destinaba a los antiguos patriarcas de Israel cuya resurrección se esperaba por aquellos años. En esta mansión falleció el 8 de Enero de 1942. Según una nota de prensa de la Watch Tower, no fue enterrado hasta finales de Abril de aquel año, debido a que mientras tanto se estuvo tratando, aunque finalmente sin éxito, de conseguir el permiso de las autoridades para que fuera enterrado en la finca de Beth Sarim, como era el deseo del finado.

    La nota periodística da cuenta de que Rutherford fue inhumado en el antiguo terreno de la radio de los Estudiantes de la Biblia. Pero ese terreno se había vendido en los años treinta y por lo tanto no pudo enterrarse en él a Rutherford, máxime cuando la municipalidad no lo permitía. En el lugar existe un cementerio de los metodistas, además de la pertinente iglesia de dicho clero, la cual fue construída en el siglo XVIII, aunque se reestructuró en el XIX. Las inscripciones de las lápidas aparecen borradas. Del supuesto sepulcro de Rutherford no hay ni rastro en dicho terreno.

    A día de hoy se ignora dónde está enterrado, aunque todas las sospechas apuntan a que fue sepultado en secreto en Beth Sarim. No existe lápida alguna que dé fe de su tumba. A su entierro no concurrieron más que los colaboradores directos que le asistieron en vida. Lo suyo hubiera sido que miles de sus seguidores hubieran acudido al sepelio y le hubieran despedido con genuinos honores, tal como se hizo en 1916 en el multitudinario entierro de Russell, el antecesor de Rutherford. Frente a la tumba de Russell se levanta el gran Centro Masónico de Pittsburgh. Y a un lado del sepulcro se yergue la esbelta pirámide de granito a su memoria. La pirámide ostenta precisamente el símbolo masónico de la cruz insertada en una corona.

    La finca y mansión de Beth Sarim fue vendida discretamente en el segundo lustro de los años cuarenta. La Watch Tower salió al paso de dicha transación exponiendo que la casa ya había cumplido su cometido y que además era cara de mantener. Su nuevo propietario aseguró que Rutherford estaba allí enterrado y compró la finca a sabiendas de tal hecho.

    Aunque la existencia de Beth Sarim fue conocida de los Testigos de Jehová de aquel tiempo, no obstante estos mismos testigos ignoraban la existencia de otra finca que Rutherford había adquirido en 1939, aunque no se sabe de dónde salió el dinero para aquella operación inmobiliaria. De esta finca, bautizada como Beth Shan (Casa de Seguridad) no existe más que una mención, muy de pasada, en la revista Consolación del 27 de Mayo de 1942, cuando ya Rutherford había muerto. Dice el texto en cuestión: ‘Una nueva ubicación para el entierro del juez Rutherford estaba casi al centro de la propiedad conocida como Beth Shan. Esta nueva propiedad pertenece también a la Sociedad Watch Tower y tiene una vivienda pequeña y otra grande, además de unas casitas alejadas’.    

    Los terrenos de Beth Shan estaban cerca de Beth Sarim. Esta nueva finca se escrituró, al igual que Beth Sarim, a nombre de los patriarcas de la antigüedad, cuya resurrección se esperaba de un momento a otro. La escritura señalaba que, mientras los patriarcas regresaban para tomar posesión de Beth Shan, Rutherford estaba autorizado a ocuparla.  

    Acceder a Beth Shan era dificultoso y se hacía a través de un rústico y disimulado camino de tierra. La finca fue vendida en 1945 y su nuevo propietario allanó en los años sesenta el terreno, donde construyó una pista de aterrizaje. Durante la obras de allanamiento se descubrió que, cerca de la vivienda principal, sobresalía del suelo el techo de una abovedada estructura de hormigón. Efectuadas las oportunas comprobaciones se constató que aquello solamente podía corresponder a un bunker construido bajo tierra.

    Tras las inspecciones de rigor, se descubrió un ingenioso mecanismo que abría una puerta camuflada en un recinto de la planta baja, puerta que accedía al bunker, magníficamente equipado. Posteriormente apareció otro bunker alejado de la vivienda principal, con acceso desde el establo donde se guardaban las cabras.  

    En una filmación de aquellos tiempos se ve a Rutherford revisando las huertas y árboles frutales de la finca de Beth Shan. Asimismo se le ve supervisando la colocación de unos espaciosos tubulares que ahora se sabe que eran parte de los búnkeres o refugios antiaéreos descubiertos en los años sesenta. ¿Por qué razón mandaría Rutherford construir semejantes refugios en el más absoluto secreto?  

    Existe documentación escrita por la Watch Tower que deja entrever la razón. Así, en el folleto ‘Face The Facts’ (Enfrentándose a los hechos), editado en 1938, se lee: ‘Combinados los totalitarios, han de tomar control de Inglaterra y América’. Se refería a los gobiernos totalitarios, sobre todo nazis. Este mismo folleto señalaba que el Armagedón estaba a las puertas y que no era oportuno casarse y tener hijos.

    La Atalaya en inglés del 15 de Noviembre de 1941 expone: ‘Una gran hambre ciertamente afligirá muchas naciones de la tierra en el futuro muy cercano.  Los Estados Unidos también están en línea para tener mucha angustia’. Y la Atalaya del 15 de Septiembre de 1941 recalca en su página 288 la famosa frase de: ‘En los meses que quedan antes del Armagedón’.

    Así, pues, Rutherford creía, como tantos otros, que una nueva gran guerra mundial causada por los regímenes totalitarios se extendería a los Estados Unidos y, en previsión de la misma, hizo lo que no pocos millonarios, altos militares y políticos estaban haciendo entonces: construirse refugios bajo tierra para guarecerse de las bombas lanzadas por los aviones. Además Rutherford creía y predicaba que el Armagedón era inminente, cuestión de unos pocos meses.

    La guerra europea no llegó a América y por tanto los refugios no pudieron ser utilizados. Tampoco vino el Armagedón en aquellos meses y años, acontecimiento que era la continua obsesión de quien entonces ocupaba la presidencia de la Watch Tower. Rutherford murió justo al mes del ataque japonés a Pearl Harbor, que fue el detonante para que los Estados Unidos entrasen en la Segunda Guerra Mundial. De haber seguido con vida, no cabe duda de que Rutherford hubiera continuado predicando la inminente llegada del Armagedón.    


domingo, 3 de julio de 2016

Mansión para los patriarcas resucitados



    En 1920 el presidente de la Sociedad Bíblica Watch Tower, Joseph F. Rutherford, que dirigía en aquel tiempo a los Estudiantes Internacionales de la Biblia -de los que en 1931 el resto de los que no abandonaron el movimiento (tan solo el 27%) surgió bajo la denominación de Testigos de Jehová-, editó el folleto titulado ‘Millones que ahora viven no morirán jamás’, del que se distribuyeron millones de ejemplares en los Estados Unidos. En la página 90 se lee: ‘Podemos esperar confiadamente que el año 1925 marque el retorno de Abrahán, Isaac, Jacob y los fieles profetas de la antigüedad’.

    A través de dicha información impresa, así como de las interminables conferencias que se daban por todo el territorio norteamericano, Rutherford afirmaba que, según la Biblia, para 1925 no solamente resucitarían los antiguos patriarcas de Israel, sino que a continuación vendría Jesucristo en la batalla del Armagedón, por lo que, desde su punto de vista, era evidente que millones que entonces vivían pasarían con vida al nuevo orden paradisíaco que se establecería en la Tierra, lo que significaba que no tendrían que morir.

    Transcurrió 1925 y los patriarcas no resucitaron. Tampoco vino el Armagedón y Rutherford declaró textualmente que ‘había hecho el asno’. Y aunque para la Conmemoración de la muerte del Señor de 1927 había abandonado las filas más del 70% de los Estudiantes de la Biblia, como se deduce del Anuario de la Watch Tower de 1928, Rutherford continuó con la idea de que los patriarcas resucitarían. Así consiguió que sus adeptos aportaran 25.000 dólares, toda una fortuna en aquel tiempo, para construir una mansión donde pudieran alojarse los patriarcas resucitados, los cuales habrían de ser príncipes en la nueva Tierra convertida en paraíso.

    La mansión, en un maravilloso entorno, se edificó en San Diego, California, entre 1929 y 1930, justamente cuando comenzaba la Gran Depresión que empobreció a tantos millones de personas. De aspecto señorial, la mansión recibió el nombre de Beth Sarim o ‘Casa de los Príncipes’. En tanto resucitaban los patriarcas, el propio Rutherford la ocupó, dado que el clima del lugar le era apropiado para la dolencia que padecía desde que más de una década atrás estuvo recluído en la prisión federal de Atlanta. La ocupación de la casa por Rutherford obedecía a lo registrado en la escritura de propiedad, que decía: ‘Joseph F. Rutherford tendrá el derecho y privilegio de residir en dicha casa hasta que la misma sea tomada a la llegada de David o alguno de los otros hombres citados’.

    Rodeada de árboles frutales, la mansión contaba con lo más sofisticado de la época, tanto en materiales como en mobiliario. En el garaje se estacionaba, a disposición de los ilustres personajes que habrían de resucitar, un majestuoso automóvil Ford de 16 cilindros, cuyo costo se estimaba en más de 6.000 dólares y que solamente podían adquirir los millonarios del momento. Rutherford poseía otro Cadillac idéntico en Nueva York.     

    El periódico SOL de San Diego notificaba del acontecimiento en una entrevista a Rutherford. El periodista le preguntaba que cómo iba a reconocer, por ejemplo, al rey David resucitado. Rutherford le respondió que eso no era problema, ya que sus hombres estaban divinamente autorizados para reconocer al rey David de entre los impostores que se les ocurriese merodear por la casa. De hecho poco después un indigente harapiento se presentó afirmando que era el rey David resucitado; pero fue expulsado del lugar sin contemplaciones.    

    Algunos prominentes Testigos de Jehová afirman que la mansión de Beth Sarim no fue construída para los patriarcas y que esa idea es producto de periodistas y detractores. Pero en el libro ‘Salvación’, que editó en 1939 la Watch Tower, se lee: ‘En San Diego, California… hay un pequeño terreno, en el cual, en el año de 1929, se edificó una casa que se conoce como Beth-Sarim. Y las páginas 323 y 324 aclaran: ‘El propósito de adquirir esa propiedad y edificar esa casa fue el de que hubiera una prueba tangible de que en efecto hay en la tierra quienes firmemente creen… que los fieles de la antigüedad pronto serán resucitados por el Señor, estarán en la tierra y tomarán a su cargo los asuntos visibles de ella’.   

    Los patriarcas jamás se presentaron y Rutherford pasó largas temporadas en Beth Sarim, particularmente los inviernos, los cuales no podía soportar en Nueva York. En esa misma mansión falleció el 8 de Enero de 1942. En su testamento dejó escrito que se le enterrase en la misma Beth Sarim. Sin embargo las autoridades denegaron vez tras vez el permiso de enterramiento en la finca y Rutherford permaneció largo tiempo (tal vez meses) conservado en una nevera de hielo, mientras se tramitaba el permiso.

    A finales de Abril de aquel año la Watch Tower publicó una nota de prensa afirmando que Rutherford había sido enterrado en Staten Island, en el terreno donde los Estudiantes de la Biblia tuvieron la radio. Sin embargo aquel terreno ya no era propiedad de la Watch Tower y por lo tanto mal pudieron enterrarlo allí, aparte de que tampoco las autoridades daban permiso para ello. El lugar aludido es un antiguo cementerio contiguo a una iglesia metodista y las lápidas existentes son tan antiguas que se hallan borradas.

    Desde antes de iniciarse el siglo XX ya no se enterraba a nadie allí, pues era lo preceptivo realizar los enterramientos en los cementerios locales. No existe lápida alguna que identifique que bajo ella está sepultado Rutherford, como tampoco hay lápidas que identifiquen los supuestos sepulcros de los miembros de la Watch Tower de los que se afirma que están allí enterrados y que murieron antes de mediados del siglo XX. Sencillamente, en el antiguo terreno de la radio no hay más sepulcros que los de la iglesia metodista que allí se levanta.  

    Se sospecha que Rutherford fue enterrado en secreto en Beth Sarim y por eso no existe una tumba que lo demuestre. De todas maneras resulta extraño que, mientras que el primer presidente de la Watch Tower, Charles T. Russell, fue enterrado con todos los honores en 1916 y su tumba continúa perfectamente identificada (y con una monumental pirámide de granito a su lado), de Rutherford no se sepa dónde está sepultado. Pero si él decidió ser enterrado en Beth Sarim, en Beth Sarim ha de estar enterrado. Por cierto, la mansión aún se levanta en el lugar, como fiel testigo de las creencias de un hombre, que no de una organización, que pensaba que los patriarcas iban a resucitar para tomar el control de la Tierra.