martes, 27 de septiembre de 2016

¿Cuántos habitantes tenía Jerusalén (y 2)?



    En 1830 se realizó un censo en Jerusalén. Solamente existía la parte amurallada y aproximadamente un tercio más fuera de la muralla, pues ésta había perdido ya su razón de ser. El censo arrojó que la ciudad tenía 15.000 habitantes, lo que significaba que dentro de la muralla vivirían unas 10.000 personas. Ahora bien, para 1830 muchas de las casas eran de dos y tres plantas y las ocupaban varias familias, aunque también se conservaban casas unifamiliares de una sola planta. Si las casas hubieran sido todas de una sola planta, Jerusalén no habría tenido 10.000 habitantes dentro de la muralla. Como mucho habría tenido la mitad, 5.000 habitantes.

    Así pues, unos 5.000 habitantes ocuparían Jerusalén tanto en el siglo I como en los tiempos de Nabucodonosor, dado que todas las viviendas eran casas matas destinadas a una sola familia y además la ciudad tenía menos de un kilómetro cuadrado de extensión. Más de 5.000 habitantes no habrían cabido en Jerusalén, a excepción de cuando en las fiestas acudían varones de otras localidades, con lo que, evidentemente, los hospitalarios ciudadanos tendrían que tratar de acomodarse con grandes estrecheces.

    El profeta escribe en Jeremías 52:28-30 que el número total de los hierosolimitanos que Nabucodonosor se llevó al destierro en tres tandas fue de 4.600. Como es evidente que algunos murieron en el asedio y otros, muy pocos, fueron dejados en la tierra para atender las cosechas, es de lógica concluir que el número de habitantes de la ciudad apenas sobrepasaría las 5.000 personas. Posiblemente las personas que se quedaron en Jerusalén fueran las más ancianas, de unos 75 años para arriba, las cuales difícilmente serían útiles en Babilonia, aparte de que no soportarían el largo trayecto a tan lejana tierra. Tampoco se deportaría a algunas mujeres estériles de edad aún vigorosa, digamos de 60 años en adelante que pudieran dedicarse a los cultivos de la tierra. 

    En tiempos de Nabucodonosor pudieran estimarse unas 500 casas en Jerusalén, a razón de 9 y 10 habitantes por casa, dentro de las murallas. Hemos de contar con que el palacio real albergaría también a varios sirvientes. En cuanto a la cuestión militar, Jerusalén no tenía ejército, ya que eran los propios ciudadanos los que se prestaban a defender la ciudad.

    Los habitantes se dedicarían por lo común a las labores hortícolas y pastoriles en los campos adyacentes. Sin lugar a dudas habría grandes cobertizos dentro de la ciudad para las ovejas, que salían a pastar por la Puerta de las Ovejas. Habría también otros extensos cobertizos y almacenes de heno para los centenares o millares de toros destinados a los sacrificios en el Templo. El Templo y sus patios ocuparían también su buena parte de terreno. Lo mismo el palacio real con sus caballerizas y carros. Asimismo la plaza del mercado tendría cierta solemne extensión. Los ciudadanos ocuparían igualmente locales donde ejercer sus menesteres profesionales. Habría guarnicioneros, alfareros, carpinteros, caldereros, broncistas, leñadores, albañiles, orfebres, panaderos, colmeneros, vendedores de telas y de productos alimenticios… Y todo ello dentro de una extensión inferior a un kilómetro cuadrado, dentro la inmensa muralla protectora.

    Jerusalén sería la mayor de las poblaciones de Judá. Le seguiría Jericó. Las demás poblaciones serían poco más que aldeas, algunas de las cuales no alcanzarían los 100 habitantes. Hay autores históricos que estiman que en toda Judá podría haber un máximo de 75.000 personas en los tiempos de Nabucodonosor, y aún así parecen ser muchas. A juzgar por los probables 5.000 habitantes de Jerusalén y otros pocos miles de varias ciudades más pequeñas, el total de judaítas de aquel tiempo no llegaría en realidad a los 50.000. Es evidente que los historiadores nos han transmitido cifras demasiado infladas y hoy día tendemos a pensar en millones de hebreos desde los tiempos de la salida de Egipto, tal como narra la Biblia, que es más un relato moral que histórico. Lo cierto es que histórica y arqueológicamente no está documentado el Exodo.

    Samaria, la auténtica Israel, habría tenido muchos más habitantes, ya que era una tierra fértil y de vegetación exuberante, lo contrario de la desértica Judá. No ha de pasarse por alto que muchos habitantes de Jerusalén eran descendientes de samaritanos que se refugiaron en las tierras de Judá al huir de la persecución de los asirios en el año 722 a.e.c.

    Surge una pregunta: Si en el siglo primero Jerusalén tenía más o menos los mismos habitantes que en tiempos de Nabucodonosor, ¿significa que no creció la población? Por supuesto que creció. No así la ciudad, que no podía extenderse estando dentro de las murallas. Entonces, ¿cómo es que creció la población humana, pero seguían contándose 5.000 habitantes en Jerusalén siglos después? La respuesta está precisamente en el crecimiento humano.

    Cada una de las casas de Jerusalén estaba habitada por el matrimonio y varios hijos, estos últimos seguramente en número superior a cinco. Cuando los hijos se casaban, mal podían acomodarse en una nueva casa en Jerusalén, ya que todas estaban ocupadas. Los hijos que se casaban formaban por lo general su hogar fuera de la ciudad, en otra población no amurallada o bien construían en pleno campo y formaban nuevos pueblos. Así fueron extendiéndose las poblaciones fuera de Jerusalén. Crecía la población en los campos, mas no en la ciudad amurallada, o al menos no lo suficiente. El crecimiento implicaría el derribo de parte de la muralla para acaparar terreno exterior. La casa de los padres en Jerusalén solía heredarla el hijo primogénito, que se quedaba a vivir en ella y también se hacía cargo de sus progenitores envejecidos. Ni que decir tiene que las casas, cuando acusaban gran deterioro, se derribaban y se reconstruían. 

    Visto que la antigua Jerusalén apenas contaba con un kilómetro cuadrado de extensión y que tal kilómetro cuadrado estaría ocupado por el palacio real y sus caballerizas (con los carros), el Templo, los cobertizos para los toros que habían de ser sacrificados en el Templo (incluídos los almacenes de forraje), la plaza del mercado, las demás plazas y calles, los recintos para los rebaños de ovejas, los locales de los menestrales y más o menos 500 casas unifamiliares; y dado que Jeremías habla de que 4.600 personas fueron llevadas al exilio y que muy pocas quedaron en Jerusalén para atender los cultivos, hemos de deducir que Jerusalén no tendría más de 5.000 habitantes, al menos en tiempos de Nabucodonosor; pero que en el siglo I vendría a tener los mismos habitantes, ya que los jóvenes que se casaban se obligaban a fundar su hogar fuera de la gran ciudad. (Fin de los dos artículos).

 

lunes, 19 de septiembre de 2016

¿Cuántos habitantes tenía Jerusalén? (1)



    Conversando con un alto cargo de los Testigos de Jehová, éste aseguraba que la Jerusalén del año 70, cuando la ciudad fue arrasada por los romanos, contaba con 1.100.000 habitantes, que es la cifra que arroja el historiador Flavio Josefo al decir que fueron tomados 97.000 cautivos, supuestamente destinados a galeras y a menesteres domésticos. Todos los demás habrían muerto en el asedio o habrían escapado de alguna manera, aunque esto último sería improbable, dado el férreo cerco de los romanos alrededor de la ciudad, que la sitiaron con estacas puntiagudas tras cortar todos los árboles de alrededor.

    Por ende, el cargo aludido estimaba que en tiempos de Nabucodonosor Jerusalén tendría por lo menos 100.000 habitantes. De semejante parecer eran casi todos los cargos importantes de los testigos de Jehová consultados, aunque algunos no tenían idea de cuántos habitantes pudo haber tenido Jerusalén en tiempos lejanos. La literatura del Cuerpo Gobernante de los Testigos, que imprime periódicamente la Sociedad Watch Tower, nada indica al respecto. 

    Analicemos las cifras que en los párrafos anteriores se barajan para la habitabilidad de la antigua Jerusalén (100.000 habitantes al tiempo de la destrucción de la ciudad por Nabucodonosor y 1.100.000 cuando Jerusalén fue demolida por las cuatro legiones romanas que intervinieron en el asalto). En primer lugar, un millón de muertos e incluso la mitad o la cuarta parte son demasiados en comparación con la cifra de los supuestos 97.000 deportados. Los romanos, que eran muy prácticos en todo, hubieran aprovechado el máximo número de personas que podían apresarse para emplearlas a su servicio o para venderlas como esclavos. Su objetivo era tomar prisioneros.

    Y con respecto a los 97.000 apresados, también eran demasiados para poder atenderlos mientras se les conducía a su lejano destino. El manejo de tal ingente cantidad de personas precisaría de una legión, es decir, unos 4.200 soldados. Está claro que a los romanos les interesaría que esos 97.000 permanecieran vivos y relativamente fuertes, a fin de sacar de ellos el máximo provecho. Eso significa que debían alimentarlos adecuadamente. ¿Y dónde podrían transportar los alimentos necesarios para el largo viaje que habrían de realizar?

    Hoy día, para alimentar a 97.000 soldados que marchan campo a través repartidos en varias unidades, son precisos al menos 97 grandes camiones con la carga necesaria para un solo día. En tiempos de los romanos hubieran sido precisos al menos 97 grandes carros diarios tirados por 194 bueyes, suponiendo que cada carro, de excepcional tamaño, pudiera cargar como 1.000 kilos de comida para poder alimentar a 97.000 prisioneros, teniendo en cuenta que también se aprovisionarían de viandas por el camino, fuera en los campos o en las aldeas, aunque esas provisiones por sí solas no serían suficientes.

    Habría que contar además con carros y bueyes adicionales para la comida de los soldados. Es de suponer que los bueyes pastarían en el campo durante los momentos de descanso de la comitiva. No calculamos aquí los kilos de forraje que habría que transportar para alimentar a los bueyes. De estos animales habría repuesto para el caso de que alguno sucumbiera en el camino.

    Al mismo tiempo tendrían que transportar agua potable para los 97.000 prisioneros, más los soldados que los conducían, más los bueyes. Precisarían un mínimo de 130.000 litros diarios de agua, agua que no todos los días podría encontrarse fácilmente durante el viaje. Necesitarían por tanto más carros con bueyes para transportar el agua. Estimando a razón de 1.000 litros por carro, serían precisos otros 130 carros tirados por 260 bueyes, lo que significaría que habría que sumar más agua, más provisiones y más carros y bueyes para transportarlas. El sentido común dicta que la supuesta hazaña de los romanos de transportar 97.000 prisioneros fue totalmente imposible.

    Es indudable que Josefo exageró la cifra de los habitantes de Jerusalén. O si no fue Josefo, tal vez uno de sus escribas posteriores. Bien pudiera ser que, como mucho, hubiera excepcionalmente en Jerusalén 11.000 personas -suponemos que llegaron masas de forasteros para las fiestas-. De esas 11.000 almas, 9.700 habrían sido llevadas cautivas, aunque también sería un número excesivo y en aquel tiempo difícil de manejar durante el transporte al lugar de destino. Puede que incluso hubieran sido 970 los deportados y el resto de los ciudadanos hubiera sucumbido en el asedio. Este cálculo entraría perfectamente en los parámetros normales, de acuerdo con la limitada extensión de la ciudad en el siglo I. Y con todo, Jerusalén estaría superpoblada.

    ¿Cuántos habitantes tenía realmente Jerusalén en tiempos de Nabucodonosor y cuántos en tiempos de los romanos? No resulta difícil averiguarlo, según los datos existentes. En la actualidad la urbe de Jerusalén tiene poco más de 125 kilómetros cuadrados de extensión, con una población censada de casi 810.000 habitantes, aparte la población flotante, hoy poco numerosa debido a la conflictiva situación política de Oriente Medio. Tales cifran arrojan una población de 6.480 habitantes por kilómetro cuadrado.

    Ahora bien, casi todos los habitantes de Jerusalén viven hoy en edificios altos y no en casas matas. Si en lugar de edificios de varias plantas, la ciudad solamente tuviera casas matas o unifamiliares, el número de habitantes por kilómetro cuadrado habría que reducirlo considerablemente, digamos que a la tercera parte. Pero vamos a ser más generosos y supongamos que, con toda la ciudad llena de casas matas o caseríos, el número de habitantes fuera de la mitad, es decir, 3.240 personas por kilómetro cuadrado.

    Bien, ahora traslademos todo esto a la Jerusalén del tiempo de Nabucodonosor y a la de los romanos. ¿Qué extensión tenía Jerusalén en cualquiera de esos tiempos? Para ello no tenemos más que observar que en la actual Jerusalén hay una parte amurallada, conocida como la ciudad vieja. Esa muralla fue mandada construir por el sultán Soleimán el Magnífico entre los años 1535 y 1538.

    La muralla, de un promedio de 12 metros de altura y 2,5 metros de ancho, tiene en su parte exterior una longitud total de más de 4 kilómetros. La longitud de la muralla por dentro es inferior, evidentemente. Eso significa que la ciudad vieja de Jerusalén, la amurallada, equivalía en promedio a un cuadrado de un kilómetro de lado o un kilómetro cuadrado. Hemos de tener en cuenta que las murallas de Jerusalén fueron derribadas varias veces y cada vez que se reconstruían se añadía a la ciudad un poco más de terreno del campo. (Continúa en la parte 2).

sábado, 3 de septiembre de 2016

Los dos credos de Testigos de Jehová en Rumanía


 
    Desde los tiempos de Russell y de Rutherford, primero y segundo presidente de la bíblica Sociedad Watch Tower respectivamente, más de treinta organizaciones religiosas se han separado tanto de los Estudiantes de la Biblia como de los Testigos de Jehová. En todos los casos la separación tuvo como causa el desacuerdo doctrinal. El mayor número de grupos desasociados se dio durante el mandato de Rutherford.

    Uno de los grupos emancipados tardíamente ejerce en Rumanía, donde existen dos diferentes credos de Testigos de Jehová, a saber, los Testigos Cristianos de Jehová y la Asociación Testigos de Jehová Verdadera Fe. Los primeros siguen tenazmente los dictados del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová y de la multimillonaria Sociedad Watch Tower Bible radicada en EEUU. Los segundos terminaron de separarse definitivamente de los primeros en 1992, por desavenencias doctrinales, después de largos años de aislamiento tras el Telón de Acero, en que Rumanía y otros países del Este de Europa no tuvieron conexión con los estados occidentales.

    El severo régimen comunista instalado en Rumanía aisló a la nación entre 1948 y 1989, año este último en que los rumanos se levantaron contra el gobierno de Ceaucescu. Cuando los testigos de Jehová occidentales conectaron con sus hermanos de Rumanía se llevaron la sorpresa de que los rumanos habían definitivamente roto su trato con aquéllos debido a que a su entender dichos testigos de Jehová occidentales habían apostatado de la doctrina bíblica verdadera.

    La rotura de los testigos rumanos con los occidentales venía del año 1962, cuando los de Rumanía recibieron -a escondidas del régimen gubernamental, como se tenía ya por costumbre- la revista La Atalaya, en la cual se había cambiado el entendimiento de Romanos 13:1, que dice que todos deben someterse a las autoridades superiores. Tales autoridades superiores, que desde 1929 se pensaba que eran Jehová y Jesucristo, ahora, según La Atalaya, eran los gobernantes de las naciones. Los testigos de Jehová rumanos creyeron ver en este cambio una maniobra política para congraciarse los americanos con el gobierno de Rumanía. Ese fue el detonante de la separación.

    Más de 3.000 testigos de Jehová rumanos se constituyeron en Asociación independiente debido a su entendimiento de que los de Occidente habían apostatado de la verdadera fe. Asimismo entendían que el cristianismo verdadero no tenía por qué depender de una entidad mercantil como era la Watch Tower. Los primeros cristianos jamás dependieron de una organización o sociedad mercantil para funcionar.

    Los testigos rumanos separados de la organización madre americana son tildados de ‘rutherfordistas’ por seguir las doctrinas de Rutherford, quien publicó veintitantos libros, aparte de folletos, con las creencias que él pensaba que estaban acordes con la Biblia. La mayoría de esas creencias han sido abandonadas con el tiempo por no ser bíblicas, como ha sucedido con la fecha de 1918, que Rutherford pregonaba como el año de la resurrección de los ungidos en el cielo y también como el año de la inspección de Jesucristo a su esclavo fiel y discreto en la Tierra, es decir, a todos los Estudiantes Internacionales de la Biblia, ya que todos se consideraban ungidos y parte del esclavo fiel.  

    El observador imparcial no sabría a cuál de los dos grupos de Testigos de Jehová dar la razón. A primera vista se inclinaría por el grupo más numeroso, el de la Watch Tower, ya que en aquellos tiempos los Testigos de Jehová se asociaban bajo las directrices de la citada entidad. La Watch Tower es uno de los imperios editoriales más grandes del mundo y todo lo que bajo los auspicios del Cuerpo Gobernante imprime es aceptado por millones de Testigos de Jehová, los cuales no pueden disponer de un pensamiento independiente en materia doctrinal. Ello supondría la expulsión de la congregación del librepensador, con el consiguiente vacío social u ostracismo de los demás miembros. La amistad entre los Testigos de Jehová está condicionada a seguir siendo miembro activo del grupo.

    La Watch Tower edita decenas de millones de piezas de literatura cada mes y esto podría hacer pensar al profano que la entidad difunde el verdadero cristianismo, particularmente cuando lo impreso manifiesta abiertamente que todas las demás organizaciones religiosas son falsas. Sin embargo el mismo profano llega a pensar lo contrario cuando observa que las doctrinas emitidas por el Cuerpo Gobernante a través de la literatura de la Watch Tower cambian con el tiempo, cuando es bien sabido que la verdad no cambia. Otro aspecto que muchos toman en cuenta es que Jesucristo mandó enseñar lo que él había enseñado. ¿Se enseña hoy lo que Jesucristo mandó… o se añaden doctrinas que después han de cambiarse o suprimirse?  

    Los Testigos de Jehová cambiaron en 1962 el punto doctrinal de Romanos 13:1, relativo a las autoridades superiores. Ahora esas autoridades eran los gobiernos humanos, a los que se les debía sujeción relativa. Pero eso mismo es lo que preconizaba Russell en sus escritos, que las autoridades superiores eran los gobiernos y a ellos se les debía obediencia relativa. Después en 1929 Rutherford cambió el entendimiento y declaró que las autoridades superiores eran Jehová y Jesucristo, lo cual fue mantenido durante el mandato de Knorr. En tiempos de Rutherford no existía el Cuerpo Gobernante emisor de doctrinas, el cual vio la luz en 1971. El entendimiento doctrinal de Rutherford es lo que finalmente quedó anclado entre los miembros de la Asociación Verdadera Fe de los Testigos de Jehová en Rumanía. 

    En 1992 los Testigos rumanos se declararon independientes de los de Occidente y, reunidos 3.000 de ellos en asamblea bajo el lema ‘Cíñete y dí la verdad’, acordaron en firme resolución exponer, entre otras cosas, que: ‘Teniendo conocimiento en base a los hechos reales y la enseñanza bíblica de la situación existente entre los Testigos de Jehová del mundo entero, declaramos de manera pública y abierta nuestra postura… que el hombre de la vileza y su obra desaforada se identifican en la actual obra de la Sociedad Wachtower de Brooklyn, Nueva York, EE.UU... Esta postura nuestra se basa en la realidad del hecho de que esta Sociedad no observa más los principios básicos de la fe…’  

    La Asociación Testigos de Jehová Verdadera Fe crece en Rumanía a la par que la Asociación de Testigos Cristianos de Jehová, si bien aquélla en menor proporción debido a la carencia de publicidad impresa masiva. Es lógico concluir que el respaldo de una gran empresa editorial de tintes religiosos hace engrosar las filas de los devotos que se adhieren a la institución sin cuestionarse lo más básico, a saber, si la Watch Tower era realmente la organización de Jehová en 1919, cuando aún no existían los Testigos de Jehová.