lunes, 9 de septiembre de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (67)


¿Se escribió el Nuevo Testamento
en el siglo IV? (1)

    El códice del Nuevo Testamento más antiguo que existe es el Sinaíticus, escrito en griego antes de mediados del siglo IV. Se cree que es una de las cincuenta copias que efectuó Eusebio de Cesarea por encargo del emperador Constantino.    El códice discrepa completamente de otros posteriores, razón por la cual muchos teólogos dicen que es herético.
    Cerca de finales del siglo IV el obispo Dámaso de Roma le encargó a Jerónimo de Estridón que elaborase la Vulgata Latina o traducción al latín del texto griego de Eusebio. Jerónimo se valió de uno de los códices en griego del Nuevo Testamento y de las traducciones latinas existentes del mismo. No empleó supuestos escritos del Nuevo Testamento de los siglos I a III por la sencilla razón de que no existían en su tiempo. De haber existido, los hubiera tenido en cuenta.
    Jerónimo recalcó que el trabajo era difícil, pues los textos a la vista presentaban múltiples diferencias. Así que se las arregló como pudo, no solamente para traducir los textos, sino para recomponerlos y fundirlos en un texto latino definitivo, que fue la Vulgata, que incluía varios añadidos que no se hallaban en los originales.
    Los escritos griegos y latinos anteriores a la Vulgata fueron destruídos, aunque alguno escapó, entre ellos el Códice Sinaíticus, el más antiguo de todos. Este códice lo descubrió Konstantin Von Tischendorf en el monasterio de Santa Catalina del Monte Sion, a mediados del siglo XIX.
    De la Vulgata latina, ya a finales del siglo IV o principios del V, se hicieron los códices que hoy conocemos y que fueron retocados por la Iglesia durante los siglos, a medida que añadía textos al Nuevo Testamento, para lo cual retiraba los códices más antiguos y ponía en su lugar los nuevos. Todos estos códices siguen fielmente el texto de la Vulgata, en tanto que el códice Sinaíticus difiere sustancialmente de los códices basados en la traducción latina de Jerónimo.
    La Iglesia hizo pasar los códices fundamentados en la Vulgata como si fueran producto de los siglos II y III, por medio de copiarlos en papiro con caracteres de otros tiempos, y así hacer creer a los lectores que los evangelios y cartas atribuidas a los apóstoles y otros autores neotestamentarios eran mucho más antiguos. Pero ¿cómo pueden ser anteriores al códice Sinaíticus unos escritos que se basan en la Vulgata y que provienen de finales del siglo IV, mientras el códice Sinaíticus es de antes de mediados de ese siglo IV?
    Jerónimo no conoció escritos neotestamentarios anteriores al siglo IV. Solamente se basó en los textos griegos de Eusebio y en las traducciones latinas anteriores a la Vulgata y que diferían entre sí, pues ‘cada cual tradujo el texto griego como pudo’.
    Jerónimo no solamente tradujo al latín los textos griegos o los trasladó desde otras traducciones latinas, sino que recompuso completamente los evangelios. Se cree que fue él quien añadió a Mateo y a Lucas los pasajes del nacimiento de Cristo, así como los 18 primeros versículos de Juan. Y se cree asimismo que fue él quien empezó a añadir a los evangelios los pasajes de la resurrección de Cristo. Igualmente se estima que fue Jerónimo quien hizo pasar a Jesús como procedente de Nazareth, cuando Nazareth no se cita en la literatura hasta principios del siglo IV, habiéndose fundado su sinagoga después de mediados del siglo III.
    Así pues, no existieron papiros ni otros documentos neotestamentarios en los siglos I al III, por mucho que quiera decir y tratar de probar la Iglesia. Los papiros que se hacen pasar como procedentes de los siglos I a III siguen la línea de la Vulgata latina de Jerónimo, de la que surgieron varios códices. Y siendo la Vulgata y los papiros copiados de ella producidos a finales del siglo IV o principios del V, no pueden esos papiros ser anteriores al siglo IV. El códice más antiguo, el Sinaíticus es aún más antiguo que la Vulgata y además difiere de ella porque Jerónimo recompuso todo el Nuevo Testamento a partir de una copia de los textos griegos de Eusebio.
    La Iglesia fue añadiendo textos a la Vulgata latina a lo largo de los siglos. Para ello retiraba los códices más antiguos depositados en distintas bibliotecas y monasterios y los sustituía por los nuevos, todo a fin de hacer parecer que lo escrito era realmente más antiguo. La última añadidura la hizo hacia principios del siglo XV y ésa es conocida por los teólogos como ‘la gran inserción’. Se trata de los textos de Lucas 9:51 a 18:14.
    A mediados del siglo XV Gutemberg inventó la imprenta y su primer trabajo fue la Biblia. Dado que se imprimieron muchos ejemplares de la Biblia, con base en la Vulgata, los cuales fueron a parar a diversas manos y no se controló del todo el asunto por la Iglesia, ésta no retocó más los textos neotestamentarios.



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