jueves, 20 de junio de 2019

Armagedón (y 2)



     Pablo escribe que el salario que el pecado paga es la muerte. Como todos estamos en pecado y en pecado nacemos, el salario que se nos da por ello es la muerte adámica para todos. Puesto que todos somos descendientes de Adán, de esto nadie se libra y absolutamente todos hemos de morir. No se puede pasar con vida a través de ningún Armagedón porque absolutamente todos hemos heredado el pecado y por tanto el pago irremediable es la muerte.    
    Enseña el Cuerpo Gobernante que muchos pasarán vivos al nuevo orden a través del Armagedón. Sin embargo el Apocalipsis indica que la gran muchedumbre sale de la gran tribulación y seguidamente está ante el trono de Dios. La Biblia indica que este trono está en el cielo.  Y de hecho la gran muchedumbre está en el cielo y no en la tierra después de la gran tribulación. La palabra griega que el Apocalipsis utiliza es ‘naós’, que la Biblia Interlinear de la Watchtower traduce por ‘habitación divina’. En otros textos del Apocalipsis se indica que ‘naós’ es el santuario del cielo.
    Ahora bien, para poder ir al cielo y estar ante el trono de Dios no hay más remedio que morir. Pablo dice que ‘carne y sangre no heredan el reino de Dios’, lo que equivale a decir que el cuerpo humano no puede acceder como tal al cielo. Por lo tanto nadie pasa vivo a través del Armagedón (el Apocalipsis dice la ‘gran tribulación’, pero para los Testigos el Armagedón viene después de la gran tribulación y son dos cosas distintas, cuando para el Apocalipsis son la misma cosa).
    No obstante, todo esto es simbólico, dado que el Apocalipsis es un libro simbólico o que se presenta en señales. Por otro lado el Apocalipsis es producto de la Iglesia católica, que enseña que se escribió a finales del siglo I (aunque en realidad fue en el IV) y los apóstoles y los primeros cristianos nada sabían de este libro. Por tanto el Apocalipsis no es esencial para el cristiano.
    Y ya que se habla de la autoría del Apocalipsis en el siglo IV, ha de mencionarse que lo mismo ocurre con todo el Nuevo Testamento. No se conocían los evangelios y las epístolas antes del siglo IV y los primeros códices son precisamente de ese siglo IV. También son de mediados de ese siglo los primeros sepulcros de cristianos, lo cual es lógico porque el cristianismo, así como la Iglesia, es fundación del emperador Constantino a partir del año 312.
    La Historia seglar seria no da razón de la existencia del cristianismo antes del siglo IV. La atribución de cortos textos a Josefo y otras personas, referentes a la existencia de Jesucristo, es totalmente espuria. Esos autores hubieran escrito libros enteros acerca de Jesucristo y no unas insignificantes cuñas literarias. Filón de Alejandría, historiador que existió en los supuestos tiempos de Jesucristo, nada escribe sobre él, cuando el evangelio dice que su fama traspasó las fronteras. Y es imposible que el mayor cronista del siglo I no escriba absolutamente nada sobre un personaje que curaba a los enfermos y resucitaba a los muertos, según los evangelios. La historia de Roma tampoco dice nada sobre el personaje más famoso del primer tercio del siglo I. De haber existido Jesucristo, el emperador lo hubiera hecho llamar a su presencia.
    Por otro lado Jesucristo tiene todas las prerrogativas de los antiguos dioses o seres endiosados que se veneraban en Egipto y en Roma, como Horus y Mitra. Los evangelios presentan a un Cristo mágico o milagroso. Por cierto, que el cristianismo tomó muchas creencias del mitraismo, y el cristianismo se confunde con el mitraismo. Las catacumbas de Roma, que eran el cementerio de la ciudad, están repletas de símbolos mitraicos que la Iglesia hace pasar por cristianos.
    Es fuerte decirlo y a muchos les hará daño esta exposición. Pero lo cierto es que históricamente no existió el personaje de Jesucristo ni existieron los apóstoles, ni Pablo ni Pedro ni Juan. Todos son producto de la mente de Eusebio de Cesarea en el siglo IV, por orden del emperador Constantino, auténtico fundador del cristianismo y la Iglesia. Los evangelios son escritos novelados. Los primitivos evangelios, del siglo IV, fueron retocados por la Iglesia a lo largo de los siglos, llegando finalmente a los protestantes en el siglo XVI, a los Estudiantes de la Biblia en el siglo XIX y a los testigos de Jehová en el siglo XX. Ninguno de estos grupos investigó jamás la realidad de estos escritos y los aceptaron por fe ciega o credulidad ajena al pensamiento.
    Así pues, no viene Armagedón alguno o fin del sistema alguno porque los evangelios y los libros neotestamentarios son ficción del siglo IV y Jesucristo y los apóstoles son personajes inventados por Eusebio de Cesarea en el siglo IV, siguiendo las órdenes del emperador Constantino, que estableció una nueva religión para todo el Imperio. Posteriormente, en los tiempos del emperador Teodosio, el cristianismo creado por Constantino fue obligatorio para todos los ciudadanos bajo pena de muerte.
    Es de notar que Eusebio  de Cesarea no estaba conforme con lo que escribía, que lo hizo en griego, y dejó pistas que señalaban los escritos como falsos. Por esa razón, descubierto el asunto, el obispo de Roma, que era el más influyente de la Iglesia, ordenó a Jerónimo de Estridón que tradujera al latín uno de los códices de Eusebio y añadiera más cosas a los evangelios. Así se creó la Vulgata latina, que posteriormente fue ampliada y retocada, y todo eso es lo que se enseña como palabra de Dios por las distintas confesiones a sí mismas llamadas cristianas.
    Todo este asunto exige una investigación imparcial profunda y es evidente que los testigos de Jehová no están dispuestos a realizarla por temor a descubrir la verdad de todo el entramado y tener que aceptar que han desperdiciado gran parte de su vida dedicándose a una Organización que sostiene que es la única aprobada por Jesucristo en 1919, cuando esta fecha es invención retroactiva de Rutherford en 1927, siendo además el caso de que en 1919 no existan los testigos de Jehová, sino los Estudiantes de la Biblia, el 27% de los cuales aceptó obligatoriamente el nombre de testigos de Jehová en 1931. Y testigos de Jehová solamente eran los que se consideraban ungidos, lo cual sigue vigente a día de hoy.

lunes, 17 de junio de 2019

Armagedón (1)


      Se advierte de que lo que aquí se expone (especialmente en la segunda parte) es muy duro para el testigo de Jehová, al igual que para cualquier cristiano sincero. Pero al testigo de Jehová por fuerza ha de dolerle más. Muchos se sentirán profundamente ofendidos y en modo alguno aceptarán lo que se expone y lo criticarán arduamente. La razón está en lo que Mark Twain dijo cuando aseguró que ‘es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada’.
    Tal vez la mayor angustia que sienten los testigos de Jehová que ponen fe ciega en lo que pregona el Cuerpo Gobernante (sin importar los constantes cambios doctrinales a los que los Testigos han de sujetarse irremediablemente) es el pavor a no sobrevivir al Armagedón y morir. Al testigo de Jehová se le ha inculcado como doctrina bíblica que puede vivir para siempre y no morir jamás.
    El Armagedón se presenta como la batalla final de Jesucristo contra los reinos humanos y la destrucción de estos, lo que daría paso al establecimiento del paraíso en la Tierra, en la cual el hombre viviría para siempre sin padecer enfermedades, hambres y preocupaciones.
    La base de esto es el entendimiento de que Adán y Eva fueron creados para vivir eternamente en la Tierra, pero que por su desobediencia fueron condenados a morir. Jesucristo habría anulado la muerte adámica y aplicaría los resultados de su sacrificio después del Armagedón, al convertir la Tierra en un paraíso.
    El relato de Génesis dice que el hombre fue puesto en el paraíso primitivo ‘para que lo cultivara y lo cuidara’ (Génesis 2:15). Es decir, fue colocado en el paraíso para trabajar. Este es un detalle a tener siempre en cuenta, pues la mayoría de los creyentes Testigos están con la idea de que en el paraíso se pasará la mayor parte del tiempo en holganza, disfrutando del entorno constantemente. Eso de sentarse cada cual bajo su vid y bajo su higuera ha de entenderse como el descanso de su cultivo y no como un permanente holgar.
    Cultivar y cuidar un jardín de la envergadura de un paraíso mundial supone una labor ardua y constante y la dedicación de muchas horas al día a este cultivo y cuidado, sobre todo porque también han de cultivarse, manteniendo su producción al día, las huertas y los huertos. Huertas y huertos serían abundantes. El Salmo 72:16 dice que habrá sobreabundancia en la cima de las montañas. Eso significaría mucho trabajo. Naturalmente, en la Biblia el citado texto es simbólico y expresa la alegría que habría de reinar en el Israel natural, al igual que son alegóricos los textos de Isaías 65:25 y otros semejantes, y los de Apocalipsis 21.
    La palabra ‘Armagedón’ solamente aparece en el Apocalipsis, libro que la Iglesia católica (por boca de Eusebio de Cesarea) dice que fue escrito a finales del siglo I, cuando se supone que empezaba la apostasía. El Apocalipsis fue incorporado al Canon del Nuevo Testamento por la Iglesia en el siglo IV.
    La Iglesia confeccionó entre finales del siglo IV y principios del V listados de los libros neotestamentarios, aparte de los correspondientes códices. Estos listados y códices los hizo pasar por más antiguos, de los siglos II y III, dando a entender que los utilizaban las congregaciones cristianas. Es lo que aceptan los testigos de Jehová, pero resulta que todo es producto de la Iglesia católica.
    El Apocalipsis manifiesta en su mismísimo comienzo que la revelación se le daba en señales o símbolos a Juan, el escritor del libro, que no se dice que fuera el apóstol Juan. Es decir, que lo reflejado en el libro de Apocalipsis es simbólico y no ha de tomarse literalmente. Ya la relación de las tribus de Israel es simbólica y por tanto su número es simbólico.
    Rutherford, que sucedió a Russell en la presidencia de la Sociedad Watchtower, no tuvo en cuenta lo que decía el Apocalipsis y estableció en 1935 que muchos de los que se consideraban ungidos componían la ‘gran muchedumbre’. Así que la gran muchedumbre aparece en 1935, según Rutherford. Sin embargo el Apocalipsis dice que la gran muchedumbre es la que sale de la gran tribulación (Apocalipsis 7:14). Y la gran tribulación no ha sucedido todavía. Por tanto la gran muchedumbre no puede estar hoy en escena, ya que aún no ha acontecido la gran tribulación.  
    A propósito del Apocalipsis, Jesucristo, los apóstoles y los cristianos anteriores a la aparición del Apocalipsis jamás hablaron o habían oído hablar, por ejemplo, de los 144.000. Quiere decir que eso no era una doctrina esencial para el cristiano. Jesucristo dijo que se enseñase a otros todo lo que él había mandado. Y la doctrina de los 144.000 él no la mandó enseñar. Los cristianos primitivos no la conocían. Pero al aceptar el Apocalipsis como libro de la Biblia se acepta la palabra de la Iglesia católica. Ese libro no lo conocieron los presumibles cristianos del siglo I.
    La predicación de los testigos de Jehová hace hincapié en la llegada inminente del Armagedón, al igual que hacían los antiguos Estudiantes de la Biblia. Russell predicaba que el Armagedón llegaba en 1914, como se lee en la literatura de su tiempo. Rutherford lo dejó para 1925. Franz predicó el Armagedón y el establecimiento del Paraíso en la Tierra para 1975, algo que los Testigos de hoy niegan. El Cuerpo Gobernante lo esperaba para antes de que concluyese el siglo XX, como también se lee en libros y atalayas, lo cual también niegan los Testigos de hoy que no han leído aquella literatura ya obsoleta.    
    El Armagedón no llegó en ninguna de esas fechas. Se aduce que no se tenía el conocimiento exacto preciso. Pero, si no hay conocimiento exacto no puede decirse que se esté enseñando la verdad. Pablo el apóstol escribe que hay quienes siempre están estudiando y nunca llegan a un conocimiento exacto de la verdad.
    Si los Testigos tienen tantos cambios doctrinales, eso significa que no están en la verdad, sino en el entendimiento de lo que el Cuerpo Gobernante cree que es la verdad. La unidad de creencia se impone por fuerza y a quien no acepta al instante los cambios doctrinales se le expulsa de la congregación.
    Siendo el Apocalipsis un libro simbólico, el Armagedón del que el libro habla es sin duda simbólico, como simbólicos son los 144.000. Por extensión se designa con la palabra Armagedón a la venida en gloria de Jesucristo para destruir los reinos humanos. Los evangelios no dicen que eso sea el Armagedón, aunque sí hablan de una segunda venida de Jesucristo en gloria.
    Esta venida la esperaba el apóstol Pablo en su tiempo y así lo predicó; pero Jesucristo no vino por vez segunda en el siglo I. A través de los siglos se predicaba que Jesucristo estaba a punto de volver. Los Estudiantes de la Biblia y los testigos de Jehová son parte de esos predicadores. Y Jesucristo no vino, a pesar de la predicación y la afirmación de que su vuelta era inminente. Y en esto sigue hoy la dirigencia de los testigos de Jehová.
    (Continúa en la parte 2).


martes, 21 de mayo de 2019

Entre 1926 y 1927 se perdió el 73% de los Estudiantes de la Biblia



    Los testigos de Jehová son un grupo creado por Rutherford en 1931. Solamente recibió ese nombre el 27% de los Estudiantes de la Biblia que entre 1926 y 1927 no había  abandonado las filas. El abandono masivo se debió a las falsas doctrinas de Rutherford, quien venía predicando desde 1918 que los patriarcas antiguos resucitarían en 1925 y a continuación vendría el Armagedón.
    Pasó 1925 y nada de esto ocurrió y miles comenzaron a marcharse. En la Atalaya del 15 de febrero de 1927 Rutherford publicó que todos los Estudiantes de la Biblia (porque todos se consideraban ungidos) constituían el grupo del esclavo fiel y discreto, y no Russell, como hasta entonces se creía. Rutherford dijo que el esclavo fiel y discreto había sido inspeccionado por Jesucristo en 1918 y que en 1919 había sido nombrado como administrador de todos sus bienes en la Tierra.
    Como los Estudiantes de la Biblia no tenían constancia del nombramiento, ocho y siete años atrás, en los primeros meses de 1927 terminó de marcharse el 73% de los Estudiantes de la Biblia (tal vez el 72%, suponiendo que el 1% hubiera muerto por la avanzada edad).
    En el Anuario de la Watchtower de 1926, que corresponde a 1925, el número de participantes en el Memorial fue de unos 90.000 (entonces todos los Estudiantes de la Biblia se consideraban ungidos). En el Anuario de 1928, que corresponde a 1927, el número de participantes en el Memorial bajó a unos 23.000. Todos los demás se habían marchado del grupo de los estudiantes de la Biblia entre 1926 y principios de 1927.  De todo esto dieron testimonio además los que entonces trabajaban en el Betel central. Muchos superintendentes y ancianos de hoy día (incluído el Cuerpo Gobernante) están perfectamente enterados de esto, aunque no le dan importancia al asunto.
    Rutherford quiso eliminar el nombre de Estudiantes de la Biblia y en 1931 se le ocurrió poner el nombre de testigos de Jehová a los del resto de esos Estudiantes. Los testigos de Jehová eran todos ungidos en ese tiempo y apareció en 1935 la llamada ‘gran muchedumbre’ (un error de Rutherford, pues el Apocalipsis dice que la gran muchedumbre es la que sale de la gran tribulación). Los de la gran muchedumbre no eran considerados testigos de Jehová, sino ‘Jonadabs’. Esta doctrina sigue vigente hoy y solamente son testigos de Jehová los ungidos, como bien saben muchos superintendentes y ancianos, aunque se hacen los despistados ante la evidencia para no perder sus puestos.
    En la antigüedad eran testigos de Jehová los del pueblo de Israel. Correspondientemente, los testigos de Jehová actuales serían únicamente los del ‘Israel espiritual’ o ungidos. Pero esta doctrina no es bíblica de ninguna manera, sino que se basa en la ideología utópica de unos pocos, algunos de los cuales son anteriores a Russell. Por cierto, a Russell se le está desplazando y hoy se le considera un precursor al estilo de Juan el Bautista. Y así como Juan el Bautista no fue cristiano, tampoco Russell fue ungido, que es el entendimiento que ahora tienen no pocos superintendentes y ancianos, incluído el Cuerpo Gobernante.
    Rutherford continuó con la idea de que los patriarcas del antiguo Israel resucitarían y en 1929 mandó construir la lujosa mansión de Beth Sarim en San Diego. En tanto resucitaban los patriarcas, Rutherford la ocupó hasta su muerte el 8 de enero de 1942. Cerca de Beth Sarim construyó otra mansión, denominada Beth Shan. Ambas mansiones fueron vendidas en el más absoluto de los secretos y la mayoría de los Testigos, ancianos inclusive, no tienen referencia de esto.

viernes, 17 de mayo de 2019

Aquellos 2.520 años




    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová continúa enseñando que el reino de Jehová Dios en la tierra, que estaba representado en Jerusalén, fue quitado de la tierra en el año 607 antes de nuestra era. Evidentemente ese reino no desapareció del cielo, sino únicamente de la tierra. El reino de Dios en el cielo jamás desapareció.
    Enseña también el Cuerpo Gobernante que el reino de Jehová Dios desaparecería de la tierra durante 2.520 años, desde el 607 a.e.c. hasta 1914, en que sería re establecido de nuevo. ¿Dónde? Naturalmente, en la tierra. No en el cielo, porque del cielo no había desaparecido. Pero el Cuerpo Gobernante dice que el reino fue re establecido en el cielo en 1914. Eso es imposible, ya que el reino no había desaparecido del cielo, sino únicamente de la tierra.
    El reino de Dios, pues, sería re establecido en la tierra, lo cual debería haber sucedido en 1914, que era lo que Russell predicaba. Pero han pasado más de cien años y el reino no ha sido re establecido en la tierra. ¿Qué ocurrió con los 2.520 años?
    Jesucristo, los apóstoles, el apóstol Pablo y los demás escritores del Nuevo Testamento nada hablan de los 2.520 años. No enseñaron esa doctrina que en la Biblia es extraña. Ni Jesucristo ni los apóstoles conocieron tal doctrina. Jesucristo dijo que solo el Padre sabía el tiempo en que llegaría el fin.
    Jesucristo mandó que se enseñase a otros lo que él había enseñado. Y la doctrina de los 2.520 años no la enseñó. Nada se sabía de ella en aquellos tiempos. Hasta el año 1823 no fue establecida tal doctrina. La estableció un tal John Aquila Brown, que fue el primero en decir que los siete tiempos del profeta Daniel duraban 2.520 años, o el doble de lo que hasta entonces se creía. Esa doctrina de los 2.520 años pasó a otros grupos religiosos, como los adventistas del séptimo día, y de ahí a los Estudiantes de la Biblia y a los testigos de Jehová.
     Estos últimos, los testigos de Jehová, aparecieron en 1931, cuando Rutherford cambió el nombre al 27% de los Estudiantes de la Biblia que no había abandonado el movimiento entre 1926 y principios de 1927, algo que se les oculta a los Testigos de hoy.
    Los 2.520 años se basan en la creencia que tenía Brown de que los 2.520 días que pasó Nabucodonosor sin ser rey, por estar enajenado mentalmente (aunque la Historia no lo dice), se convertían en 2.520 años debido al entendimiento que tenían algunos judíos de la Edad Media, por el cual había que contar un año por cada día. Pero Brown, que había empezado a calcular con años de 360 días, al final aplicó inadvertidamente años solares de 365 días, cuando debieron haber sido por lógica años de 360 días.
    En 1844 el entusiasta bíblico Edward Bishop Elliott, publicó el libro ‘Horas con el Apocalipsis’ y en él expuso por vez primera que los 2.520 años iban del 606 a.e.c. al año 1914. No obstante se equivocó en un año de menos y por eso en 1943 la Sociedad  adelantó el año 606 al 607 a.e.c. y el 536 lo pasó al 537.     
    Las fechas 607 y 537 a.e.c. aparecen publicadas por primera vez en el libro ‘La verdad os hará libres’, escrito por el vicepresidente de la Watchtower, Fred Franz, a la sazón el teólogo único de dicha Sociedad cuando no existía el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, aunque hoy se llama ‘cuerpo gobernante’ a la junta directiva de la Watchtower de aquel tiempo.
    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová fue creado en 1971 y a partir de 1976 se hizo cargo de la Sociedad Watchtower y de los testigos de Jehová, desplazando por completo al presidente y al vicepresidente de la Sociedad. En la actualidad existen dos cuerpos gobernantes: el de la Sociedad Watchtower y el de los testigos de Jehová.
    Los 2.520 años, al ser doctrina que no viene en la Biblia ni Jesucristo y los apóstoles la conocía -sino que fue establecida por religiosos de Babilonia la Grande-, ya están comenzando a ser desplazados en los altos círculos de los testigos de Jehová, aunque la desaparición total será para largo.
    Hay ancianos y superintendentes que no creen en esos 2.520 años por no ser bíblicos. Ya se hablaba hace tiempo de que la fecha de 1918 desaparecería por no ser bíblica, como tampoco son bíblicas las fechas de 1914 y 1919. Con el tiempo desaparecerán todas las fechas paulatinamente y la gerencia testiguil hará hincapié en la predicación masiva a todas horas.
    También se profundizará en el tema de que quien no predique lo suficiente no podrá ser resucitado, porque ahora se entiende que todo el mundo ha de morir y nadie pasará vivo al nuevo sistema. Pero este ya es otro López. Los cambios afectarán negativamente a los Testigos de mayor antigüedad, muchos de los cuales abandonarán las filas, aunque de todas maneras era de esperarse que desaparecieran de la escena por ley natural.
    Los más jóvenes seguirán expandiendo, sin sopesar la realidad, las extrañas doctrinas inculcadas por los directivos de los testigos de Jehová, que ya no serán considerados ungidos. Pero a esto le cuelga tiempo todavía.

martes, 16 de abril de 2019

¿Por qué los testigos de Jehová no participan todos...?


¿Por qué los testigos de jehová no participan todos del pan y el vino en la Cena del Señor?

    Casi todos los testigos de Jehová y otros que no son Testigos van de observadores a la Conmemoración anual de la muerte de Jesucristo. Una significativa minoría  participa de los emblemas del pan y el vino. Sin embargo en la cena de Jesucristo no hubo observadores, sino solamente participantes.
    Dado que Jesucristo dijo que se hiciera esto en su memoria, es decir, el participar del pan y el vino, ¿por qué los testigos de Jehová, en su inmensa mayoría, no participan del pan y el vino? ¿Por qué la Conmemoración la celebran los Testigos viendo cómo otros participan? La razón que se aduce es que solamente los ungidos participan. Sin embargo la realidad es que Jesucristo no celebró su cena con ungidos.
    Los apóstoles no eran ungidos cuando celebraron la cena con su Maestro. Serían ungidos más tarde, durante el Pentecostés. Habrá quien diga que Jesucristo ya sabía que los apóstoles serían ungidos pronto. Pero lo cierto es que Jesucristo no celebró su cena con ungidos. Al momento de la cena los apóstoles no eran ungidos. No se sabe exactamente lo que eran, a la luz de la doctrina actual de los Testigos, que divide a los cristianos en ungidos y en miembros de la gran muchedumbre. Entonces, ¿por qué los testigos de Jehová no celebran todos la Conmemoración participando del pan y el vino, como ordenó Jesucristo que se hiciera en su memoria?
    Es evidente que Rutherford, que fue quien impuso la doctrina de que la mayoría de los testigos de Jehová era de la gran muchedumbre y no del grupo de los ungidos, se equivocó en este punto, como reconocen ya muchos ancianos y superintendentes a los que se ha entrevistado periodísticamente. Silencian esto porque no tienen más remedio.
    Estos ancianos y superintendentes saben que Apocalipsis indica que la gran muchedumbre es la que sale de la gran tribulación, gran tribulación que aún no ha comenzado, por lo que la gran muchedumbre no puede estar activa a día de hoy. Por tanto, en realidad todos los testigos de Jehová serían ungidos. Pero si nos atenemos a esto, resulta que los ungidos son muchos más de 144.000.
    Dado que Jesucristo no celebró su cena con ungidos, no tiene razón de ser el que todos los Testigos no participen de los emblemas del pan y el vino en la Conmemoración de la muerte del Señor. En realidad la doctrina de ungidos y gran muchedumbre es uno de los muchos equívocos de la gerencia de los testigos de Jehová. No hay ni ungidos ni componentes de la gran muchedumbre. Solamente cristianos y todos tienen el derecho de celebrar la cena del Señor en memoria de Jesucristo, pues él mismo ordenó que se hiciera en su memoria lo de participar del pan y el vino.
    Pero si prácticamente todos los Testigos son observadores en la ceremonia de la Cena del Señor y no participan del pan y el vino, no están siguiendo el mandato de Jesucristo de ‘hacer esto en su memoria’, es decir, el participar del pan y el vino.

martes, 9 de abril de 2019

La cena que celebró Jesucristo...


La cena que celebró Jesucristo… con sus apóstoles el año de su muerte ¿fue la de la Pascua judía?

    Se asegura que el Nuevo Testamento demuestra que Jesucristo celebró la Pascua judía con sus apóstoles el año de su muerte. Un texto que se aduce para ello es el que se encuentra en Lucas 22:7 (TNM), que dice: ‘Entonces llegó el día de las tortas no fermentadas, en que hay que sacrificar la víctima de la Pascua…’ Y el texto manifiesta que Jesucristo encargó a sus apóstoles que buscaran una habitación para celebrar la cena con ellos.
    Puesto que el cordero se sacrificaba el 14 de Nisán entre las dos tardes, muchos creen que el día de las tortas no fermentadas era el 14 de Nisán. Pero Jesús no pudo ese día encargar a sus discípulos que solicitaran la reserva de una habitación para la cena porque él estaba arrestado y murió a la hora nona o 3 de la tarde del 14 de Nisán.
    Para saber cuál era el día de las tortas no fermentadas hay que acudir a Levítico 23:6, donde se lee: ‘El día quince de este mes es la fiesta de las tortas no fermentadas’. El día de la fiesta de las tortas no fermentadas era, pues, el 15 de Nisán. Pero Jesucristo ya estaba muerto ese día. Así que mucho menos pudo encargar ese día la reserva del cuarto para la cena.
    La traducción correcta del texto de Lucas 22:7, según los eruditos en el antiguo idioma griego, sería: ‘Llegaba el día de las tortas no fermentadas…’ (Llegaba, pero no llegó). El día en que Jesucristo encargó la reserva del cuarto para la cena sería entonces el 13 de Nisán. Y en la noche del 14 (cuando empezaba el nuevo día) celebró su particular pascua con los apóstoles, aunque esa pascua no era la típica de los judíos. ¿Por qué no?     
    Porque el cordero para la Pascua se sacrificaba el día 14 por la tarde y Jesucristo murió en mitad de esa tarde. Por tanto no pudo celebrar la cena de Pascua ese año. Fue la noche anterior cuando celebró la cena con sus apóstoles; pero esa cena no era la de Pascua, ya que el cordero se mataba justamente a la hora en que murió Jesucristo.
    Los antiguos judíos dividían el día en un promedio de 12 horas de noche y 12 de día. En realidad la noche ocupaba 11 horas y el día 13 horas en la época de primavera. Las horas del día abarcaban mañana y tarde, incluído el crepúsculo (6 horas de mañana, 6 de tarde y 1 hora de crepúsculo).
    El día entre los judíos comenzaba cuando anochecía. La noche tenía cuatro vigilias de tres horas cada una. En la primera vigilia entraba la hora del crepúsculo del día anterior y de ahí que se diga que la noche tenía 12 horas y otras 12 el día. Aunque el nuevo día comenzaba sobre las 7 de la tarde, hora solar, las cuatro vigilias transcurrían entre las 6 de la tarde y las 6 de la mañana.
    La mañana se dividía en dos sub mañanas, la primera de los cuales iba de las 6 a las 9 horas; y la segunda, de las 9 a las 12 horas.
    A las 12 hora solar el sol comenzaba a declinar y ahí empezaba la primera tarde, que duraba hasta las 15 horas. La segunda tarde transcurría entre las 15 y las 18 horas. Y después había una hora de crepúsculo.  
    Tras el crepúsculo, cuando se veían las tres primeras estrellas, comenzaba el anochecer, que era el inicio del día siguiente. El día judío constaba, pues, de noche, mañana y tarde, en ese orden. La tarde era el último tiempo del día.
    El 14 de Nisán comenzó con la noche, seguido de las dos mañanas y las dos tardes. Concluyó con el crepúsculo y al anochecer ya era el 15 de Nisán, en que había luna llena. Jesucristo murió el 14 de Nisán, justamente entre las dos tardes o, según los evangelios, a la hora nona o 3 de la tarde. Ahora bien, a la hora en que murió Jesucristo, el 14 de Nisán, se mataban los corderos para la cena de Pascua. De ahí la relación de Jesucristo con el ‘Cordero de Dios’.
    Exodo 12:1-6 dice que los israelitas debían hacerse con un cordero de un año el día 10 de Nisán y habían de tenerlo en casa hasta el día 14, en que debían sacrificarlo entre las dos tardes. El sacrificio del cordero se realizaba, pues, el día 14 de Nisán entre las dos tardes. Levítico 23:5 recalca que el 14 de Nisán por la tarde era la Pascua. La Pascua comenzaba con el sacrificio del cordero el 14 de Nisán. Por tanto la cena de Pascua se celebraba al principiar la noche del día 15.
    Fue el día 15 de Nisán, de madrugada, cuando los israelitas salieron de Egipto. Habían degollado el cordero el 14 de Nisán por la tarde y celebrado la cena de Pascua al iniciarse la noche del día 15. Estuvieron en pie toda la noche, con los atavíos puestos, hasta que partieron muy de mañana.
    El 15 de Nisán era fiesta para los israelitas. Era la fiesta de la liberación. El día 14 no era fiesta, sino únicamente el Día de la Preparación  de la Pascua, que comenzaba con la matanza del cordero entre las dos tardes.
    El evangelista Juan dice que Jesucristo murió el día de la Preparación, es decir, el día de la Preparación de la Pascua. La Pascua y su preparación comenzaban con la degollación del cordero, en la tarde del día 14. El día entre los judíos finalizaba con la tarde; por tanto la tarde del día 14 era el último tramo de ese día. Y en esa tarde del día 14 principiaba la Pascua. Como ya se ha citado, Levítico 23:5 señala que ‘el día 14 por la tarde es la Pascua’. La cena, indudablemente, se celebraba al anochecer, ya entrado el día 15 de Nisán. 
    La cena de Pascua se celebraba en familia, aunque podían acogerse a esa familia los vecinos de menor número de miembros y los forasteros. Jesucristo era el cabeza de familia y debía celebrar la cena con su madre y hermanos solteros no emancipados. Los apóstoles casados tenían la obligación de celebrar la Pascua con sus esposas. Por cierto que los evangelios nada mencionan de las esposas de los apóstoles.
    Hemos de tener en cuenta además lo que dicen los evangelios con respecto al pan que Jesucristo partió y distribuyó la noche de su cena. En griego existen dos vocablos diferentes para la palabra ‘pan’. Una es ‘arton’, que significa ‘pan corriente o con levadura’. Y otro vocablo es ‘azumon’, que significa ‘pan ácimo o sin levadura’.  
    Durante la Pascua se consumía ‘azumon’ o ‘pan sin levadura’. Es lo que indican los evangelios de Mateo 26:17, Marcos 14:12 y Lucas 22:1, donde se lee que se acercaba el día de las tortas no fermentadas o de los panes ácimos o sin levadura. La palabra que aquí aparece en griego es ‘azumon’.
    Sin embargo, en la cena de Jesucristo la palabra que aparece en los textos griegos es ‘arton’ o ‘pan corriente o con levadura’. Jesucristo tomó pan (literalmente, ‘arton’), lo partió y lo distribuyó a los apóstoles, tal como se lee en Mateo 26:26; Marcos 14:12 y Lucas 22:19.
    Los teólogos que tienen la idea preconcebida de que Jesucristo celebró la cena de Pascua la víspera antes de su muerte defienden que ‘arton’ en este caso se refiere a un pan en general, sin especificar si es con levadura o sin ella. Pero los eruditos en el antiguo idioma griego indican que ‘arton’ se refiere exclusivamente a pan con levadura. Si Jesucristo se hubiera referido a pan sin levadura, el evangelista hubiera utilizado la palabra ‘azumon’, que era lo propio en la Pascua.   
    ¿Por qué el evangelista utiliza la palabra ‘arton’ y no ‘azumon’ en la cena de Jesús con sus apóstoles? Por la sencilla razón de que Jesucristo no estaba celebrando la cena de Pascua con sus apóstoles. Se trataba de un ágape la noche anterior a la del 15 de Nisán o noche de la cena de Pascua. Y Jesús murió el 14 de Nisán, a la misma hora en que se sacrificaban los corderos para la cena de Pascua. El historiador Flavio Josefo escribe que los corderos se mataban entre la hora novena y la undécima del 14 de Nisán, es decir, entre las 3 y las 5 de la tarde, hora solar.
    La cena que Jesucristo observó con sus apóstoles no era la de Pascua, ya que la celebró al iniciarse la noche del 14 de Nisán y la cena de Pascua tenía lugar al comenzar la noche del 15 de Nisán, debido a que los corderos para esa cena se sacrificaban el día 14 entre las dos tardes. Jesucristo entonces no llegó a celebrar la cena de Pascua judía el año de su muerte.
    Los católicos y protestantes dicen que el cordero se mataba después de la puesta de sol del día 13 de Nisán. Eso no está de acuerdo con Levítico 23:5, que dice que la Pascua era (o comenzaba) el 14 por la tarde. Si el cordero se mataba tras la puesta de sol, en una hora anochecía y ya no se veía. Josefo dice que el cordero se mataba entre la hora nona (3 dela tarde) y la undécima (5 de la tarde). Por lógica el cordero se mataba cuando era pleno día. A las 6 de la tarde hora solar, tras la puesta de sol, ya no es pleno día y la luz languidece y mal se puede ver.
    Por otro lado un cordero de un año pesa unos 25 kilogramos. Desangrado y despellejado, se queda en unos 15 kilogramos. El asado al horno de un cordero es de una hora por kilo. Al fuego, como es el caso en la antigua Pascua, el cordero se asa en poco más de la mitad de tiempo.
    Un cordero pascual de 15 kilos llevaría al menos 6 horas de asado al fuego. Por tanto un cordero degollado a las 3 de la tarde llevaría 1 hora de desangrado y despellejado más 6 horas de asado, por lo que la cena más temprana estaría lista a las 10 de la noche, hora solar. Los corderos degollados más tarde suponen que la cena también se celebraba más tarde. Si el cordero se degollase a las 6 de la tarde, tras la puesta de sol, la cena estaría lista como muy ponto a partir de la 1 de la madrugada, hora solar, lo cual es un tiempo demasiado tardío.
    Dado que Jesucristo murió el 14 de Nisán a la misma hora en que se mataban los corderos para la cena de Pascua, él no pudo celebrar una cena que se hacía ya entrada la noche del 15 de Nisán. La que celebró con sus apóstoles la noche anterior, al comenzar el 14 de Nisán, fue una cena distinta de la de Pascua judía, aunque la cena del ‘nazareno’ sea conocida como ‘pascua de Jesucristo’.



miércoles, 27 de marzo de 2019

La fecha de 1914...


La fecha de 1914… ya se conocía como la del Armagedón cerca de un siglo antes de que aparecieran los testigos de Jehová


    La fecha de 1914 se dice que sale de añadir 2.520 años al 607 a.e.c. Sin embargo las fechas del 607 a.e.c. y 1914 tal como se conocen actualmente fueron implantadas en 1943, como se lee en el libro ‘La verdad os hará libres’, de la Watchtower. Hasta entonces y durante 67 años se creía y pregonaba que la presencia de Jesucristo en el cielo había acontecido en 1874 y se estimaba que Cristo había sido hecho rey en 1878.
    Por supuesto, en 1919 nada de especial se sabía de 1914, salvo que fue el año de la Primera Guerra Mundial y que Russell había estado predicando el año 1914 como el del Armagedón, aunque el Armagedón no vino y el año 1914 quedó sin efecto hasta 1943. En 1919 nada significaba el año 1914, como se demuestra por la historia de los Estudiantes de la Biblia, ya que los testigos de Jehová no existían como grupo en aquel tiempo.
    Todo lo relativo al año 1919 (el nombramiento del esclavo fiel y discreto sobre los bienes del Amo) fue establecido con carácter retroactivo por Rutherford, el presidente de la Watchtower, tan tarde como en 1927, algo que apareció inesperadamente en la Atalaya del 15 de Febrero de aquel año y que causó estupor entre los Estudiantes de la Biblia. Para entonces, desde 1926, había abandonado las filas más del 70% de esos Estudiantes, como se detecta por el Anuario de 1928, comparado con el del año 1926.
    El Anuario de 1926 recoge que unos 90.000 Estudiantes de la Biblia participaron de los emblemas del pan y el vino en 1925. Y el Anuario de 1928 informa de que en 1927 solamente hubo poco más de 23.000 participantes. En ese tiempo todos los Estudiantes de la Biblia se consideraban ungidos y por eso participaban de los emblemas. La diferencia entre los participantes de 1925 y los de 1927 fue abismal. Para 1927 había desaparecido más del 70%. Los que servían en el Betel central hablaron durante años de esta insólita y aparatosa estampida de Estudiantes de la Biblia.
    La predicación de la fecha de 1914, aunque bajo el concepto de fecha del Armagedón, es de un siglo (año 1844) antes de 1943. Y por supuesto, cerca de un siglo (87 años) anterior a la aparición de los testigos de Jehová en 1931.
    El nombre de testigos de Jehová se le dio al 27% de los Estudiantes de la Biblia que no había abandonado la organización cuando no se cumplió lo profetizado por Rutherford para 1925, es decir, la resurrección de los antiguos patriarcas, el Armagedón y el establecimiento del Paraíso en la Tierra, lo cual se llevaba predicando masivamente durante siete años.
    Todos los testigos de Jehová eran ungidos entre 1931 y 1935. En 1935 Rutherford estableció que muchos de los ungidos eran en realidad miembros de la gran muchedumbre de la que habla el Apocalipsis, aunque el Apocalipsis indica que hasta después de la gran tribulación no aparece la gran muchedumbre. De hecho la gran muchedumbre es la que sale de la gran tribulación y es aquí donde se menciona por vez primera el nombre de ‘gran muchedumbre’.  Pero Rutherford, que en cuestiones bíblicas era bastante lego, adelantó inexplicablemente el acontecimiento a 1935 porque se dio cuenta de que el número de 144.000 ungidos literales no tardaría en sobrepasarse.
    Rutherford no se percató de que el Apocalipsis es un libro simbólico y no literal, tal como indica el propio libro cuando especifica que la revelación se le dio a Juan en señales o símbolos. Por tanto los 144.000 son un número simbólico y representa la totalidad del pueblo de Dios (12.000 x 12 tribus simbólicas).
    Si las tribus son simbólicas, está claro que el número 144.000 aplicado a las mismas también es simbólico. Por cierto que el Apocalipsis comenzó a ser incorporado al Canon de la Biblia por la Iglesia Católica en el año 367, según la lista de los libros del Nuevo Testamento que había confeccionado el obispo Atanasio, nombrado como tal por el emperador Constantino, quien creó el cuerpo del episcopado en el año 312 y mantuvo con los obispos su primera reunión en el 313, en la ciudad de Areles (hoy Arlés, Francia).
    Está demostrado que Rutherford, cuando dividió a los cristianos en ungidos y en gran muchedumbre, fue víctima de un grave error de entendimiento imposible de subsanar en la actualidad, pues de otra manera se vendría abajo la doctrina totalmente errónea de que hay dos clases de cristianos: los ungidos y los de la gran muchedumbre.
    Los de la gran muchedumbre no eran considerados en los años treinta y posteriores como testigos de Jehová, sino que se les llamaba ‘jonadabs’. A día de hoy en realidad solamente continúan siendo testigos de Jehová los que se dicen ungidos o israelitas espirituales, tal como únicamente eran testigos de Jehová los israelitas naturales de la antigüedad.
    La fecha de 1914 es también 32 años anterior al tiempo en que Russell comenzó a predicar cuanto le había transmitido el adventista Barbour en 1876, pues fechas y doctrinas no son originarias de Russell, sino de los adventistas y otros religiosos anteriores. Russell era demasiado joven (23 años), no tenía el suficiente conocimiento bíblico y no hizo más que repetir y lanzar fogosamente lo que había oído a Barbour, sin detenerse a considerar si lo oído era bíblico o no.
    Barbour le transmitió a Russell, entre otras, la fecha del 606 a.e.c. como el año de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor y el año 1874 como el de la presencia invisible de Jesucristo en el cielo. Russell no investigó acerca de la veracidad de las fechas y doctrinas que le transfería el adventista. Si hubiera investigado imparcialmente, habría descubierto que fechas y doctrinas de ninguna manera eran bíblicas, al igual que tampoco eran bíblicos los 2.520 años solares aplicados a los siete tiempos del profeta Daniel.
    Esos 2.520 años solares fueron inventados caprichosamente por John Aquila Brown en 1823 y los escrutadores posteriores tomaron esos 2.520 años como bíblicos cuando en realidad no lo eran, a pesar de que el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová se aferra hoy a que la Biblia habla de esos 2.520 años, aun sabiendo que no es cierto, sino que se trata de una descabellada teoría de Brown que Russell aceptó a ciegas de boca de Barbour.
    Barbour tomó las fechas 606 a.e.c. y 1914 del libro ‘Horas del Apocalipsis’, publicado en 1844 por el escrutador bíblico Edward Bishop Elliott, que fue el primero en afirmar que los siete tiempos de Daniel se extendían del 606 a.e.c. a 1914. Elliott calculó mal los 2.520 supuestos años de duración de los siete tiempos de Daniel, ya que entre el 606 a.e.c. y 1914 solamente median 2.519 años.
    Para Elliott el año 606 a.e.c. fue el de subida al trono de Nabucodonosor, no el del arrasamiento de Jerusalén, que se estimaba en el 587 a.e.c., ya que los historiadores demostraban que Nabucodonosor había comenzado a reinar en el 605 a.e.c. y fue contra Jerusalén en el año 18 de su reinado.
    Elliott aceptó la fecha del 606 a.e.c. del libro ‘Primer elemento de la sagrada profecía’, publicado en 1843 por el teólogo inglés Thomas Rawson Birks. Este Birks decía que el 606 a.e.c. era el año de subida al trono de Nabucodonosor, en tanto que los historiadores afirmaban que el año de ascenso de Nabucodonosor fue el 605 a.e.c.
    Hubo teólogos y escrutadores bíblicos que, leyendo Jeremías 52:12, que dice que Nabucodonosor destruyó Jerusalén en el año 19 de su reinado, sumaron 19 años al 587 a.e.c., fecha real de la destrucción de Jerusalén, y así llegaron al 606 a.e.c. como año de ascenso de Nabucodonosor.
    Sin embargo los teólogos y escrutadores se equivocaron en la aplicación, ya que no es lo mismo el año 19 que 19 años. El año 19 significa que pasaron 18 años y por tanto los escrutadores debieron haber sumado 18 años al 587 a.e.c. y así hubieran llegado a la fecha correcta que daban los historiadores para la subida al trono de Nabucodonosor, que era la del 605 a.e.c.
    El caso es que Birks aceptó la fecha del 606 a.e.c. como el año de la subida al trono de Nabucodonosor debido también a que se pensaba que Ciro había tomado Babilonia en el año 536 a.e.c. Y como los judaítas, al igual que las demás naciones, estuvieron 70 años al servicio o bajo el yugo de Babilonia (y en esos 70 años entraron los tres grandes destierros de los judaítas), de ahí que los 70 años aplicados al 536 a.e.c. llevasen retrospectivamente al 606 a.e.c. como año supuesto del ascenso de Nabucodonosor.
    Los tres grandes destierros de los judaítas fueron los de los años 7, 18 y 23 de Nabucodonosor y los tres eran parte del cómputo de los 70 años. En ninguna parte dice la Biblia que desde el año 18 de Nabucodonosor (cuando destruyó Jerusalén) hasta la caída de Babilonia habrían de transcurrir 70 años.
    Más adelante se rectificó la fecha del 536 a.e.c. y se descubrió que Ciro había conquistado Babilonia en el año 539 a.e.c., por lo que los 70 años de servicio de las naciones a Babilonia comenzaron en el 609 a.e.c. con la toma de la ciudad de Harrán, lo que supuso la conquista definitiva de Asiria por los babilonios, tal como correctamente manifiestan los historiadores.   
    Sin embargo los escrutadores continuaron erradamente con la fecha del 606 a.e.c. para la subida al trono de Nabucodonosor y para el inicio del cómputo de los 70 años, aunque en 1943 se adelantó la fecha al 607 a.e.c., la cual ya no se entendía como año del inicio del reinado de Nabucodonosor, sino como el año 18 del monarca babilonio por culpa del error cronológico que Barbour le transmitió a Russell.
    Muchos lectores de la Biblia confunden los 70 años que duró Babilonia como imperio tras conquistar definitivamente Asiria con 70 supuestos años de duración del destierro de los judaítas cautivos en el año 18 de Nabucodonosor. Los 70 años de los que habla el profeta Jeremías se refieren a Babilonia y no a los desterrados, como correctamente lo entienden quienes están versados en los textos bíblicos.
    Russell, totalmente convencido sin haber investigado, predicó la fecha de 1914 como la del Armagedón, tal como venían predicándola los religiosos anteriores, desde Elliott hasta Barbour. Así lo publicó Russell en la revista oficial de los Estudiantes de la Biblia y en el segundo tomo, ‘El tiempo se ha acercado’, de su colección de Estudios en las Escrituras, colección de la cual decía que quien la leyera y estudiara entendería toda la Biblia, mientras que si solamente leía la Biblia y no los libros de Estudios en las Escrituras, volvería a las tinieblas, como publicó en una de las Atalayas del año 1910.
    Transcurrido el año 1914 y no viendo venir el Armagedón, Russell trasladó el acontecimiento a 1915 y lo publicó en la revista oficial que dirigía y en el segundo tomo de Estudios en las Escrituras. Finalmente tampoco llegó el Armagedón en 1915 y la esperanza de las fechas 1914 y 1915 quedó definitivamente en el aire, hasta 1943, en que se le dio otro giro al año 1914.
    El año 1914 fue reactivado en 1943 y desde entonces se predica como el del comienzo del tiempo del fin y del inicio del reinado de Jesucristo, aunque ahora el Cuerpo Gobernante vislumbra que su reinado milenario comenzará en el futuro. Antes de 1943 se predicaba que el inicio del tiempo del fin había acontecido en 1799; que la presencia invisible de Jesucristo en el cielo fue en 1874; que en 1878 fue hecho rey y que en 1914 vendría físicamente a la Tierra en su segunda venida. Todas estas fechas y algunas más las recibió Russell del adventista Barbour, mientras que este había tomado fechas del libro ‘Horas del Apocalipsis’, publicado por Elliott en 1844.
    Barbour es el padre de la fecha del 606 a.e.c. como el año de la destrucción de Jerusalén. Los escrutadores anteriores a Barbour predicaban la fecha del 606 a.e.c. como el año de subida al trono de Nabucodonosor. La fecha del 606 a.e.c. como año de la destrucción de Jerusalén pasó a Russell y en 1943 se adelantó inexplicablemente al 607 a.e.c. De paso se adelantó el año 536 al 537 a.e.c. para que cuadraran 70 años entre las fechas 607 y 537 a.e.c.
    A día de hoy el Cuerpo Gobernante no puede cambiar la fecha del 607 a.e.c., a sabiendas de que no es correcta. Si la cambia y enseña que Jerusalén cayó en el 587 a.e.c., como está demostrado aplicando la Historia, la Arqueología y la Astronomía, se viene abajo la doctrina del año 1914 y cae por su propio peso el año 1919 como el del nombramiento por Jesucristo del esclavo fiel y discreto, aunque durante decenas de años se estuvo predicando que lo que ocurrió en 1919 fue que Jesucristo había nombrado como administrador de sus bienes al esclavo fiel y discreto, activo desde el año 33 del primer siglo. Ahora ese nombramiento se ha pospuesto para el futuro.
    En la actualidad los testigos de Jehová defienden las fechas 607 a.e.c. y 1914 por fe impuesta, mas no por evidencia. Gran parte de los ancianos y superintendentes sabe que las fechas 607 a.e.c. y 1914 no son correctas, aunque las aceptan por tradición y callan para no ser removidos de sus cargos y expulsados de la congregación, donde tienen toda su vida hecha. A los Testigos les está prohibido investigar la verdad de las fechas bajo pena de expulsión. Quien no acepte a ciegas las fechas 607 a.e.c. y 1914 es expulsado irremediablemente de la congregación, acusado de apostasía descarada. Todos los años son expulsados o desasociados no pocos Testigos por este motivo.
    Así, pues, la fecha de 1914 como año del Armagedón no es fecha que descubrieran los testigos de Jehová, sino que viene del año 1844 y aparece por vez primera en el libro ‘Horas del Apocalipsis’, publicado por Elliott. El adventista Barbour le transmitió a Russell la fecha de 1914 como año del Armagedón y así la predicó Russell, sin haberse detenido a investigar su procedencia. Pero el Armagedón no llegó en esa fecha y en 1943 se reactivó el año 1914 como fecha del inicio del tiempo del fin, de la presencia de Jesucristo en el cielo y del comienzo de su reinado.
    El año 1914 que hoy predican los testigos de Jehová fue impuesto en 1943, tal como aparece en el libro ‘La verdad os hará libres’, que lo escribió Fred Franz, vicepresidente y teólogo único de la Sociedad Watchtower en un tiempo en que no existía el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, aunque sí el cuerpo gobernante o junta directiva de la Watchtower. Se sospecha que este Franz fue quien en realidad le escribió la mayoría de los libros a Rutherford y continuó escribiendo durante la época de Knorr.
    No fue hasta 1971 que apareció el actual Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová. Desde entonces hay dos cuerpos gobernantes: el de la Watchtower y el de los testigos de Jehová. Una de las misiones principales del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová es mantener activa la fecha de 1914, cueste lo que cueste y se expulse a quien se expulse.
    Más importante que la propia Verdad es para los miembros del Cuerpo Gobernante la supervivencia de la organización jehovista, sustentada económicamente por más de ocho millones de testigos de Jehová, muchos de los cuales trabajan gratuitamente en las imprentas y en las granjas de la Sociedad Watchtower. Quinientos de ellos son los accionistas de esta Sociedad.