miércoles, 7 de agosto de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (40)


Jesucristo no habría escogido como esclavo fiel 
y discreto a los testigos de Jehová, sino a los
Estudiantes de la Biblia

    El Cuerpo Gobernante proclama hasta la saciedad que sus miembros actuales son el esclavo fiel y discreto nombrado por Jesucristo en 1919. Ni que decir tiene que los miembros actuales del CG no vivían en 1919. Hasta 2012 el CG no era el esclavo fiel y discreto, sino los que quedaban vivos de los 144.000 ungidos.
    Pero resulta que esto se lo inventó Rutherford (entonces no existía el CG, sino la junta directiva de la Watchtower, que es diferente del CG), y se lo inventó nada menos que en 1927. Dijo que Jesucristo había inspeccionado a su esclavo en 1918 y que en 1919 lo nombró sobre todos sus bienes. De paso publicó que el esclavo fiel y discreto eran todos los ungidos, es decir, todos los Estudiantes de la Biblia sin excepción.
    Esta doctrina encajada a martillazos con carácter retroactivo hizo que el 73% de los Estudiantes de la Biblia se salieran de las filas. En efecto, el anuario de la Watchtower de 1928, que corresponde a las actividades de 1927, da la cifra de los participantes en la Conmemoración: unas 23.000 personas, cuando el anuario de 1925 daba unas 90.000. En 1926 comenzaron a abandonar el movimiento unos cuantos millares debido a que no aconteció la resurrección de los patriarcas ni vino el fin del sistema, como a bombo y platillo anunció Rutherford.
    Pero en 1927, a raíz de la publicación de la nueva doctrina retrospectiva sobre la visita y nombramiento del esclavo sobre los bienes del Amo, una gran mayoría dejó de asociarse con los Estudiantes de la Biblia porque consideraron con toda lógica que el razonamiento de Rutherford era absurdo, ya que éste implantó como creencia que Jesucristo había llegado nueve años atrás, en 1918, y nombrado en 1919 a todos los Estudiantes de la Biblia (que ahora Rutherford afirmaba que en conjunto eran el esclavo fiel y discreto) como administrador de los bienes del Amo.
    La mayoría que abandonó estaba consciente de que nada ocurrió en 1918 y 1919 y que por entonces el único al que se consideraba esclavo fiel era Russell, que lleva muerto desde Noviembre de 1916. Esta mayoría pensante y en su sano juicio no comulgó con ruedas de molino, como suele decirse popularmente. Rutherford, evidentemente, no estaba en sus cabales.
    Hoy día el CG trata de arreglar aquel desbarajuste suprimiendo de momento la fecha de 1918, ya que la estima como un desvarío de Rutherford. Pero como la fecha de 1919 es consecuencia de la de 1918, tarde o temprano el CG la dará por obsoleta y puede que la traspase a 1931, que es cuando en realidad aparecieron los testigos de Jehová.   
    Los Estudiantes de la Biblia eran un grupo completamente distinto del que luego se conoció como testigos de Jehová. En efecto, si en 1919 había más de 90.000 Estudiantes de la Biblia y, según el CG, fue a la directiva de éstos a la que se nombró como el esclavo fiel y discreto, es obvio que el nombramiento no afectó a los testigos de Jehová, que surgieron en 1931.
    El grupo a los que Rutherford cambió el nombre a testigos de Jehová eran los menos de 24.000 Estudiantes de la Biblia que aceptaron las doctrinas de Rutherford (ya en contraposición a las de Russell), incluídos los pocos nuevos  que se incorporaron entre 1926 y 1930.
    Este dilema preocupa a varios superintendentes y ancianos, que en su fuero interno mal pueden conciliar cómo se nombró como esclavo fiel a la directiva de los Estudiantes de la Biblia y sin embargo la directiva de los testigos de Jehová se ha apropiado de tal nombramiento que en realidad no le pertenece, aparte de que se trata de un bulo creado por Rutherford.
    Por esa razón hay ancianos que razonan que el CG debería suprimir la fecha de 1919, así como la supuesta doctrina del nombramiento del esclavo, máxime teniendo en cuenta que no es una profecía bíblica, sino una parábola o ilustración que dio Jesucristo y que se refiere a todos los cristianos en particular.



martes, 6 de agosto de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (39)


Las muchedumbres que seguían a Jesús

    Relatan los evangelios que grandes multitudes de gente seguían a Jesús el nazareno allá donde iba, con objeto de escuchar sus palabras y presenciar sus milagros. Estas inmensas concentraciones tenían lugar al aire libre, como fue el caso del Sermón del Monte o el de las dos multiplicaciones de los panes y los peces.
    El seguimiento de las muchedumbres es frecuente en los evangelios. Así el evangelista relata en Mateo 4:25 que ‘grandes muchedumbres le seguían de Galilea y de la Decápolis y de Jerusalén y de Judea y del otro lado del Jordán’. También Mateo 13:2 especifica: ‘Se le acercaron numerosas muchedumbres. El, subiendo a una barca, se sentó, quedando las muchedumbres sobre la playa’.
    Con relación a las curaciones milagrosas se lee en Mateo 15:30: ‘Se le acercó una gran muchedumbre en la que había cojos, mancos, ciegos, mudos y otros muchos, que se echaron a sus pies y los curó’. Y al tiempo de la entrada triunfal en Jerusalén, Mateo 21:10,11 escribe: ‘Y cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió… Y la muchedumbre respondía: ¡Este es Jesús el profeta, el de Nazaret de Galilea!’
    Son numerosos los textos evangélicos en los que aparecen multitudes en torno a Jesús de Nazareth. Dichos pasajes son particularmente llamativos, pues demuestran que los evangelistas no conocían las costumbres y leyes de aquel tiempo en que los romanos dominaban la nación de Judá y la de Galilea.
    Los historiadores saben que Roma no permitía concentraciones de gente en los dominios de Judea y Galilea en los tiempos en que se supone que Jesús andaba por aquellas tierras. No permitían tales concentraciones ni en las ciudades ni en los campos, por temor a que se estuviera fraguando algún tipo de revuelta.
    Durante la Pascua se reunía gran cantidad de judíos en Jerusalén y los soldados romanos se apostaban entre la gente para vigilar que no se gestara rebelión alguna. El historiador Flavio Josefo así lo relata en su ‘Antigüedades judaicas’. Dice sobre el procurador Cumano:
    ‘En la fiesta de la Pascua… congregándose una gran multitud… temeroso Cumano de alguna sedición, ordenó que una cohorte se apostara con sus armas en el pórtico del Templo… Así acostumbraban a hacerlo antes que él los procuradores de Judea’ (Antigüedades judaicas, 20, V, 3).   
    Que las concentraciones multitudinarias eran severamente castigadas por los romanos de Judea, lo atestiguó también Josefo en su obra ‘Guerra de los judíos”, donde escribe: ‘Otros hombres… pretendiendo con sombra y nombre de religión hacer muchas novedades… se salían a los desiertos y soledades, prometiéndoles y haciéndoles creer que Dios les mostraba allí señales de la libertad que habían de tener. Envió contra éstos Félix gentes de a caballo y de a pie, todos muy armados y mataron gran muchedumbre de judíos’ (Guerra de los judíos, cap. 2, XII).
    En vista de lo precedente, resulta sumamente difícil explicar cómo Juan el Bautista consiguió reunir muchedumbres en el desierto, sin ser detectadas por los soldados romanos, según cita el evangelista Marcos: “Acudían a él de toda la región de Judea, todos los moradores de Jerusalén, y se hacían bautizar por él en el río Jordán” (Marcos 1:5).
    Aún es más difícil concebir cómo grandes muchedumbres pudieron haberse reunido vez tras vez en torno a Jesús de Nazaret, e incluso desplazarse con él de un lugar a otro, sin que tales concentraciones populares llamasen la atención de las autoridades de Roma desplazadas en la zona.
    Los milagros principales de Jesús acontecieron precisamente ante las muchedumbres. Los exegetas bíblicos suelen decir que, sin muchedumbres, difícilmente habría realizado Jesús sus milagros. Pero si los romanos ni siquiera permitían concentraciones en torno a una persona que caía bajo sospecha de sedición, ¿cómo pudo Jesús haber realizado sus portentos? ¿Y cómo fue posible el famoso sermón del monte y la multiplicación de los panes y los peces?
    Cuesta creer que los evangelistas, de quienes se afirma que conocían las costumbres y tradiciones judías, no estuvieran al tanto de que los romanos en modo alguno permitían reuniones numerosas. Esta inserción evangélica de las muchedumbres que seguían a Jesús hace creer que los evangelistas no eran judíos ni conocían las costumbres y leyes vigentes en Jerusalén en el siglo I. Hay dos evangelios que se atribuyen a Mateo y a Juan; pero estos no eran judíos, sino galileos.
    Forzosamente los evangelios tuvieron que haberse escrito mucho más tarde del siglo I, y ello por autores no judíos y totalmente desconocidos: no se sabe quiénes escribieron los evangelios ni las cartas que se atribuyen a Pablo de Tarso y otros, aunque se sospecha.
    No solamente el detalle de las muchedumbres hace sospechar que los evangelistas no eran naturales de Judea ni estaban al tanto de las normas imperantes en la Jerusalén del siglo I, sino que muchos pasajes evangélicos muestran un total desconocimiento incluso de los lugares de Palestina.
    Indudablemente, mal pudieron haber leído a Flavio Josefo, que atestigua de que reunir muchedumbres en Judea resultaba poco menos que imposible. Da la impresión de que quienes escribieron los evangelios lo hicieron de oídas o tras haber consultado algún volumen no muy preciso en alguna antigua biblioteca del Imperio romano.


lunes, 5 de agosto de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (38)


Los componentes principales de la sangre

    Según los antiguos manuales de enfermería, la sangre se divide en cuatro componentes principales: Plasma, glóbulos rojos o hematíes, glóbulos blancos o leucocitos y plaquetas. No obstante los manuales de Medicina dividen hoy la sangre en dos componentes: Plasma (55%) y hematíes (45%).
    Las plaquetas están suspendidas en el plasma y los leucocitos no son parte de la sangre, sino que están de paso en el torrente sanguíneo porque van de unos órganos a otros. Los leucocitos o glóbulos blancos son parte de los órganos y no de la sangre. Por eso cuando se le trasplanta un riñón a un paciente, este recibe millones de glóbulos blancos.
    La madre que da el pecho a su bebé le transmite una buena dosis de glóbulos blancos, pues la leche materna los contiene en gran cantidad. Y, según los últimos descubrimientos en Medicina, durante el embarazo la madre le transmite sangre al feto, como se observa en las ecografías a través del cordón umbilical. La transmisión materna de sangre al feto y de glóbulos blancos al bebé son procesos naturales. Por lo tanto el mandato de abstenerse de sangre es una idea antinatural de la mente humana.
    Pero la división científicamente más importante que hoy se hace de los componentes sanguíneos es la que se utiliza para extraer las sustancias que han de aplicarse a los pacientes. Según esta clasificación, los componentes principales de la sangre son: Agua (80%), hemoglobina (15%), albúminas (3%) y globulinas (2%).
    Esto está de acuerdo con la división de: 1) Plasma, que contiene un 93% y un 8% de albúminas y globulinas, incluídas las plaquetas. 2) Glóbulos rojos, que contienen agua y un gran porcentaje de hemoglobina, que es la que da el color rojo a la sangre. La hemoglobina es tratada por los testigos de Jehová como una fracción cuya transfusión se deja a la conciencia, algo que muchos testigos ignoran y se dejan morir por ello.
    Esta división incluye a las plaquetas como albúminas y no tiene en cuenta los glóbulos blancos por no constituir parte característica de la sangre, sino de los órganos y la leche materna, y hallarse en la sangre una cantidad mínima de ellos que circulan en dirección a los tejidos. Su obtención puede realizarse de los propios órganos, más que de la sangre.
    Según la composición química de la sangre en: agua, hemoglobina, albúminas y globulinas, composición que marca la pauta para la extracción de las sustancias más convenientes para su aplicación en el paciente, los testigos de Jehová están permitiendo transfundirse los elementos principales de la sangre, a los cuales llaman fracciones.
    De todas maneras los componentes de la sangre no son sangre, tal como los componentes del agua no son agua. El agua se compone principalmente de hidrógeno y oxígeno y ninguna de estas sustancias por separado es agua. Y los componentes de la sangre por separado no son sangre; así no es sangre el plasma ni los glóbulos rojos ni las plaquetas. Los glóbulos blancos ya hemos adelantado que no son parte de la sangre, sino que están de paso en el torrente sanguíneo.
    La Biblia no indica cuáles son los componentes de la sangre. Todo es una aceptación de un grupo humano que valora más la opinión de un tratado de enfermería que ya está obsoleto por existir otras clasificaciones de la sangre más científicas y acordes con la realidad sanitaria.
    Y este grupo humano es el que en los años cincuenta escribió en las Atalayas que transfundirse albúmina extraída de la sangre era pecado, pero que mucho tiempo después suprimió tal enseñanza y dejó a la conciencia de cada cual la transfusión de albúmina, cuando ya muchos habían muerto por negarse a transfundirse albúmina.
    Fred Franz, vicepresidente de la Watchtower, fue quien en 1945, apoyado por unos pocos de ideas poco bíblicas, inventó el asunto de las transfusiones, al pensar que transfundirse sangre era lo mismo que comerla. Un solo individuo marcó la doctrina más controvertida de los testigos de Jehová.

domingo, 4 de agosto de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (37)


El escabroso tema de la sangre
entre los testigos de Jehová

    Uno de los textos en los que se basan los testigos de Jehová para sostener la prohibición de las transfusiones de sangre se encuentra en Hechos de Apóstoles 15:29, donde se lee, según la TNM (Traducción del Nuevo Mundo de los testigos de Jehová): ‘Sigan absteniéndose… de sangre’.
    Para los Testigos, abstenerse de sangre es no aceptar sangre de ninguna clase, incluída la de humanos. Sin embargo los apóstoles en el texto de Hechos 15 se están refiriendo única y exclusivamente a la sangre de animales sacrificados para comer. No se refiere a la sangre de humanos que hubieran de ser sacrificados.
    Esa abstención de sangre de animales iba destinada a los cristianos gentiles de Antioquía, que comían carne de animales no desangrados y tal cosa escandalizaba a los cristianos judíos. Para evitar el escándalo, se acordó que los cristianos gentiles no consumieran sangre o carne de animales no desangrados al menos en la presencia de cristianos procedentes del judaísmo.
    Mas adelante el apóstol Pablo escribió que se consumiera todo lo que se expendía en las carnicerías, y era habitual que en las carnicerías se vendiera carne de animales no desangrados o al menos no desangrados convenientemente. Y Pablo también escribió que la antigua Ley había sido clavada al instrumento de suplicio de Jesucristo, lo que significaba que no se aplicaba a los cristianos. Y eso incluía la prohibición judía de consumir sangre.
    En una transfusión de sangre no se mata previamente a ser humano alguno. No es lo mismo que en el caso de los animales, donde la antigua Ley exigía que se vertiera la sangre en tierra, lo que significaba que quien mataba al animal no era responsable de su muerte. En cambio sí era responsable si consumía su sangre. Sin embargo los gentiles sí podían consumir animales no desangrados y cuando un israelita hallaba un animal muerto y no desangrado debía dárselo a los que no eran del pueblo de Israel.
    En Génesis se lee que Dios le dio al hombre el alimento vegetal y no el animal. Después del Diluvio le permitió comer carne de animales, a condición de que los desangrase y vertiese la sangre en tierra. De esa manera el hombre que mataba un animal para comer no era responsable de la muerte de dicho animal. Pero si comía la sangre, se hacía responsable de esa muerte.
    Si en Génesis 9 aparece la prohibición supuestamente dada a Noé de consumir sangre, se debe a que el texto tuvo que haber sido incluído ahí por los judíos muchos siglos después. Dios no pudo haber decretado que no se consumiera sangre, pues de otra manera no hubiera permitido que su hijo Jesús diera su sangre por la humanidad.
    Toda prohibición del consumo de sangre o del consumo de animales no desangrados proviene en realidad de los judíos y estos escribieron que tal prohibición era una ley de Dios. Pero Pablo dijo que la antigua Ley no rezaba para los cristianos, aunque los Testigos aseveren que se guían por ‘principios’. Pero los principios no son ley.
    Una transfusión de sangre no es lo mismo que comer sangre. En la transfusión la sangre pasa directamente al torrente sanguíneo. En el acto de comer, la sangre se descompone mediante la digestión.
    Dado que en las transfusiones no se mata a nadie, quien recibe la transfusión no es responsable de ninguna muerte. La sangre aporta vida al organismo. Jesucristo dijo que quien no bebiera su sangre no tenía parte con él, si bien se trataba de un simbolismo. Pero el caso es que Jesucristo habló de ‘beber su sangre’.
    Desde 1945 la dirigencia de los testigos de Jehová tiene prohibidas las transfusiones. En un principio decía esta dirigencia que tomar las fracciones de la sangre, como las albúminas, era pecado craso que la Biblia condena. Hoy día dice que no es pecado y deja las albúminas a la conciencia de la persona. A partir de mediados de 1961 comenzaron las expulsiones de quienes se transfundían.
    Desde entonces ha habido miles de muertes entre los testigos de Jehová que se han negado a ser transfundidos. Mueren pensando que son fieles a Dios, en la creencia de que El prohíbe las transfusiones de sangre. En los años cincuenta y sesenta murieron muchos que no aceptaron una transfusión de albúmina, creyendo que la palabra de Dios lo prohibía. Después la jerarquía de los Testigos dejó el asunto a la conciencia. ¿Quiénes son responsables de todas aquellas muertes?
    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, cuerpo que fue creado en 1971, continúa aferrado a la información que daban los antiguos manuales de enfermería, los cuales aún catalogan los componentes de la sangre en: plasma, glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Esta catalogación se realiza a efectos informativos generales, pero no es del todo científica.




sábado, 3 de agosto de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (35)


¿Por dónde salieron de Jerusalén Jesucristo 
y sus apóstoles la noche de la famosa cena?

    Las puertas de Jerusalén se cerraban al anochecer y estaban toda la noche custodiadas por los soldados romanos, de manera que nadie podía salir de la ciudad hasta el amanecer. Hasta cierta hora no avanzada de la noche se podía entrar por la pequeña puerta denominada ‘ojo de la aguja’, que también estaba custodiada por los soldados.
    Se cuidaba de que nadie tuviera ocasión de fraguar alguna revuelta y menos fuera de la urbe. Ni siquiera se permitía acampar frente a la ciudad. Todavía hay teólogos que defienden que en la época de la Pascua eran tantos los visitantes que pernoctaban en tiendas en los alrededores de las murallas. La realidad es que los visitantes (los hijos de más edad no emancipados y solteros) no eran tantos en el siglo I y todos estaban alojados dentro de las casas de Jerusalén durante la Pascua.
    Los evangelios dicen que, después de la cena y a una hora demasiado intempestiva de la noche, Jesucristo y sus apóstoles salieron al huerto de Getsemaní, en el monte de los Olivos, que estaba fuera de las murallas de la ciudad. Si no se permitía la salida de nadie, ¿por dónde salieron Jesucristo y sus apóstoles de la ciudad aquella noche?
    Según los cálculos de los eruditos en el tema, aquel tiempo debía de ser a principios de abril del año 33. La temperatura en Jerusalén en estas fechas es de un máximo de 10 grados centígrados por la noche, es decir, una temperatura nada soportable para pasarse buena parte de la noche al sereno.
    Jesucristo y sus apóstoles pasaron al sereno de la noche al menos dos horas. El relato no dice que llevaran mantas; pero aún con mantas, la temperatura es demasiado baja para el cuerpo humano. Y los apóstoles dormían al frío de la noche. El frío era tan intenso que el apóstol Pedro se acercó a calentarse al fuego de una hoguera encendida en el patio cuando ya habían prendido a su Maestro.
    Tampoco dice el relato que los apóstoles llevaran antorchas para alumbrarse en el huerto de noche. Y aunque había luna llena, poca utilidad tendría su luz bajo los árboles. Cuando llegaron los soldados en plena noche para prender a Jesús, dice el relato que portaban antorchas porque, evidentemente, aquello estaba oscuro.
    Los apóstoles se perdieron de la escena cuando los soldados se llevaron al Maestro. Después el relato sitúa a Pedro dentro de la ciudad, calentándose en una hoguera. ¿Por dónde entraron los apóstoles, si las puertas de la ciudad volvieron a cerrarse cuando regresaron los soldados?


viernes, 2 de agosto de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (34)


La cena de Jesucristo no fue la de Pascua judía

    Según los evangelios, Jesucristo no celebró su última cena con ungidos. Los apóstoles no eran ungidos todavía. Lo serían más tarde, cuando recibieron el Espíritu Santo. Sin embargo los testigos de Jehová enseñan que solamente los ungidos o los 144.000 que creen que son llamados a reinar en el cielo pueden participar de los emblemas del pan y el vino en la llamada Conmemoración de la muerte de Cristo.
    Lo propio sería que Jesucristo hubiera celebrado su cena con los apóstoles y con los demás discípulos, incluída su propia madre. Pero es evidente que la celebración la realizó solamente con una representación de todos, es decir, con los más allegados, que eran los apóstoles, dado que todos los demás no cabrían en la habitación más grande de la ciudad.
    No obstante el libro de Hechos de Apóstoles indica que el Espíritu Santo bajó en la forma de lenguas de fuego sobre ciento veinte discípulos que se hallaban reunidos en una habitación. ¿Por qué Jesucristo no celebró su cena con todos estos a los que los testigos de Jehová consideran ungidos?
     Los Testigos aducen que Jesucristo celebró la cena solamente con los apóstoles porque hacía con ellos un pacto para un reino. Pero resulta que todos los demás discípulos se estimaban tan ungidos como los apóstoles y debieran haber tenido el mismo trato en el asunto del pacto para un reino. Al final no eran doce, sino once los presentes en la parte de la cena en la que Jesucristo partió y distribuyó el pan y dio a beber la copa de vino.
    Jesucristo hizo un pacto para un reino con once apóstoles, no con 144.000 individuos. Si hubiera querido pactar el reino con más gente lo habría hecho con todos los discípulos, además de los apóstoles, que el Cuerpo Gobernante declara que todos pertenecían al grupo de los 144.000, aunque ellos no lo sabían, pues la doctrina de los 144.000 se da en el tardío libro de Apocalipsis.
    Según Jesucristo, los apóstoles habían de juzgar a las doce tribus de Israel; pero resulta que en esos tiempos las tribus de Israel eran trece (porque la tribu de José se dividió en dos, Efraín y Manasés) y Jesucristo pactó solamente con once apóstoles. Es evidente que esta parte del evangelio la escribió alguien que no era judío y pensaba que las tribus de Israel eran doce, lo mismo que quien escribió el Apocalipsis también creía que eran doce las tribus de Israel y encima se equivocó al nombrarlas.
    Si Jesucristo no celebró su cena con ungidos, no se entiende cómo el Cuerpo Gobernante continúa predicando que solamente los que se consideran ungidos pueden participar del pan y el vino en la Cena del Señor. Es evidente que Jesucristo celebró su cena con una representación de todos los demás cristianos, ninguno de los cuales era aún ungido en el tiempo de aquella cena. Por lo tanto hoy día tienen derecho a participar del pan y el vino todos los cristianos, se crean ungidos o no. 
    Los testigos de Jehová enseñan, porque así se lo hace creer desde siempre la directiva de la Watchtower (y el Cuerpo Gobernante desde 1971), que la cena que Jesucristo celebró con sus apóstoles era la de Pascua judía. No pudo serlo de ninguna de las maneras, dado que el Cordero para esa cena se degollaba el 14 de Nisán a la misma hora en que Jesucristo moría. La cena de Pascua judía se celebraba al empezar la noche del 15 de Nisán y lo que Jesucristo celebró con los suyos fue una cena de despedida la noche anterior, es decir, la noche con la que comenzaba el 14 de Nisán.
    En Exodo 12 se lee que los hebreos tenían que hacerse con un cordero de un año el diez de Nisán y debían tenerlo en casa hasta el 14 de Nisán. En ese 14 de Nisán debían degollarlo entre las dos tardes. La primera tarde comenzaba cuando el sol iniciaba su descenso a las 12 del día y duraba hasta las 3 de la tarde. La segunda tarde corría entre las 3 y las 6 de la tarde, hora solar. Por tanto la cena de Pascua la realizaban al anochecer del 15 de Nisán.
    El 15 de Nisán era el día de la fiesta nacional para ellos. El 14 de Nisán era el Día de la Preparación, es decir, de la preparación de la Pascua, cuando se degollaba el cordero para la cena. De ahí que el escritor del cuarto evangelio diga que Jesucristo murió el Día de la Preparación.
   

jueves, 1 de agosto de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (33)


Cuando la Watchtower estuvo afiliada a la ONU

    Durante décadas la Watchtower y el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová llamaron a la ONU ‘la bestia salvaje’ y publicaron cosas como las siguientes: ‘La ONU es en realidad una falsificación blasfema del Reino Mesiánico de Dios’ (Libro ‘Apocalipsis’, pág. 248). ‘Todo miembro de la ONU… será borrado de la existencia’ (Libro ‘Seguridad mundial’, pág. 85).
    Sin embargo, entre 1992 y 2001 la Watchtower figuró en la organización de la ONU como una ONG, pertenencia que renovaba anualmente, y esto alarmó a no pocos ancianos y superintendentes cuando se enteraron de ello. Algunos le escribieron al Cuerpo Gobernante echándole en cara tal proceder anti bíblico.
    El Cuerpo Gobernante respondió mediante una carta dirigida a las congregaciones de los testigos de Jehová. En ella exponía que la Watchtower no estuvo en realidad afiliada a la ONU, sino que solamente se inscribió para poder acceder a la biblioteca de dicho Organismo. Pero la realidad es que la Watchtower sí estuvo afiliada a la ONU como una ‘organización no gubernamental’.
    Ante el aluvión de cartas de testigos de Jehová que recibió la ONU, esta respondió que para acceder a la biblioteca no era necesario afiliarse como ONG a la ONU. La inscripción como ONG suponía cumplir con los requisitos de la Organización y publicar artículos que dieran a conocer el buen proceder de la ONU. Por tanto la Watchtower, al inscribirse como ONG, reconocía que se obligaba a cumplir con los requisitos que la ONU pedía. Pero esta inscripción la realizó en el más absoluto secreto, sin comunicar nada a los testigos de Jehová.
    Los testigos de Jehová, pues, nada sabían de esta afiliación. Se enteraron porque el periódico The Guardian londinense publicó el asunto. Al día siguiente de la publicación en la prensa, la Watchtower se apresuró a darse de baja de la ONU. Pero ya todas las congregaciones de Testigos se habían enterado de la escandalizadora noticia, la cual cayó como jarro de agua fría y las congregaciones reaccionaron negativamente ante proceder tan insólito de la jerarquía. Muchos se desasociaron voluntariamente de los testigos de Jehová. 
    La Watchtower solicitó su inscripción en la ONU en 1991, y en 1992 fue admitida como ONG, conociendo de pleno los requisitos para esta inscripción. En 1994 la ONU recordó a las ONG registradas que la pertenencia a la Organización suponía, entre otros puntos: ‘Compartir los ideales de la Carta de las Naciones Unidas; mostrar interés en las actividades de la ONU y demostrar su capacidad para sensibilizar a las grandes audiencias; tener la voluntad y los medios para llevar a cabo programas eficaces de información sobre las actividades de las Naciones Unidas mediante la publicación de boletines, folletos, etc.’
    Durante la última década del siglo XX la Watchtower suavizó sus declaraciones sobre la ONU y evitó aplicarle epítetos negativos, como en otros tiempos hacía.
    El 4 de marzo de 2004, el Departamento de Información Pública de la ONU publicó en su web una carta sobre las relaciones entre la Watchtower y la ONU. Parte de la carta decía:
    ‘El Departamento de Información Pública (DIP) de las Naciones Unidas ha recibido recientemente muchas preguntas sobre la asociación de la Watchtower Bible and Tract Society of New York con el Departamento de Información Pública (DPI)… Al aceptar la asociación con el DIP, la organización (Watchtower) se comprometió a cumplir con los criterios de la asociación, que cuenta con el respeto y el apoyo de principios de la Carta de las Naciones Unidas’.   
    Lo que se exigía a las ONG afiliadas a la ONU se resumía en: 1) Presentar un formulario de acreditación cada año. 2) Informar a la Sección DIP/ONG sobre las actividades realizadas y relacionadas con las Naciones Unidas. 3) Promover la comprensión de los principios y actividades de las Naciones Unidas. 4) Difundir información sobre las Naciones Unidas y su trabajo.
    Acerca de la promoción de las actividades de las Naciones Unidas, la revista ¡Despertad! del 22 de noviembre de 1998 publicó artículos ensalzando la labor de la ONU. La web de las Naciones Unidas alude a esta ¡Despertad!, lo cual supone que la Watchtower envió estos artículos a las Naciones Unidas para cumplir con la obligación de presentar los informes publicados.
   La propia ONU desmiente a la Watchtower su declaración de que la afiliación como ONG se debía al hecho de poder tener acceso a las bibliotecas de la ONU. La ONU especificó que no era un requisito la afiliación debido a que sus bibliotecas son públicas y gratuitas en todo el mundo.
    La Watchtower se apresuró a darse de baja como ONG de la ONU justo al día siguiente de cuando apareció en el diario The Guardian la información secreta de su afiliación.
    Tal afiliación motivó el disgusto general de la mayoría de los testigos de Jehová, al conocer que la propia Organización de Jehová había tenido, durante toda una década, tratos entre bastidores con la ‘bestia salvaje’ y con la ‘falsificación blasfema del Reino Mesiánico de Dios’, como así llamaban a la ONU la Watchtower y el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová a través de su literatura.