domingo, 26 de julio de 2020

Textos que no vienen en el códice bíblico más antiguo



    El códice del Nuevo Testamento más antiguo que existe es el Sinaíticus, de aproximadamente el año 330 o algo más tardío. Se cree que es uno de los cincuenta códices que el emperador Constantino mandó escribir a Eusebio de Cesarea.
    Está lujosamente encuadernado y escapó al control de la Iglesia Católica. Fue descubierto por Tischendorf en 1859, en el monasterio de Santa Catalina del monte Sión. Es tan diferente de las biblias actuales que a Tischendorf le sorprendió esa gran diferencia.
    El Sinaíticus contiene 30 libros del Nuevo Testamento. Nuestras biblias, solamente veintisiete. Los tres libros que faltan en nuestras biblias y que los contiene el códice Sinaíticus son: El Pastor de Hermas, la epístola de Bernabé y las Odas de Salomón. Estos tres libros fueron suprimidos en el año 367 por la Iglesia Católica, cuando se fijó el canon por el obispo Atanasio. Los rayos ultravioletas han demostrado que el Sinaíticus tiene miles de borrados de textos y sobre escritos otros encima.
    El Sinaíticus, del que se desconoce si ha sido traducido a idiomas modernos (al menos no se ha detectado el asunto), no contiene muchos de los pasajes de las biblias actuales. Por ejemplo, no contiene el capítulo 21 del evangelio de Juan ni los capítulos y versículos de Lucas 9:51 a 18:14. Esto último se conoce entre los teólogos de la Iglesia Católica como la ‘Gran Inserción’ y se trata de un añadido efectuado a principios del siglo XV. Se ha insertado como relleno en el viaje que Jesús hizo de Galilea a Judea.
    Cuando los protestantes se separaron de la Iglesia en el siglo XVI, no sabían que la Gran Inserción de Lucas 9:51 a 18:14 fue añadida por los propios clérigos del Vaticano un siglo antes. Ahora lo saben, aunque muchos teólogos protestantes consideran que esos textos añadidos siguen siendo palabra de Dios, ya que se trata de textos que figuran en los evangelios de Mateo y Marcos. No obstante la parábola del hijo pródigo solamente figura en la Gran Inserción de Lucas y probablemente se trate de un cuento que estaría en vigor en aquellos tiempos.
    Se sabe que el capítulo 21 del evangelio de Juan fue añadido en el siglo VI y por esa razón aparece en los códices escritos a partir de ese siglo. Ya se sospechaba que el 21 era un capítulo añadido con posterioridad, dado que el capítulo 20 termina diciendo que Jesucristo hizo otras cosas que no estaban escritas, pues si se escribieran no habría libros suficientes. Y de pronto aparece el extraño capítulo 21, en el que Pedro parece obtener la primacía del rebaño o, lo que es lo mismo, el papado.
    También se sospechaba que el 21 era un capítulo añadido por contener el número 153, que en la antigüedad era mágico. Los números mágicos por excelencia eran; el 8, el 9, el 17 y el 153. El 8 era el número del dios del Sol y por ende del sol mismo. El 9 era el número de la diosa lunar y de la Luna misma. La unión  del dios solar y la diosa lunar, es decir, 8 más 9, da 17. La suma de los 17 primeros números lleva al mágico número 153, cuyas cifras suman 9, que es el número de la diosa lunar. La suma de las cifras del número 17 da 8, que es el número del dios solar.
    En la remota antigüedad al Sol se le conocía como Lug (una canción infantil dice ‘Lorenzo’) y a la Luna como Lusina (la canción infantil dice Catalina). Lug era en realidad el verbo encarnado del dios universal, es decir, una especie de Jesucristo, pero mucho más antiguo. Lug era masculino y femenino al mismo tiempo. La manifestación femenina de Lug se conocía como Lusina.
    Con el tiempo se separaron los atributos femeninos y masculinos de Lug, y Lusina pasó a ser la consorte de Lug. Lug y Lusina ya eran, pues, en la mitología, dos seres distintos. Por cierto que la palabra Luna es contracción del nombre de Lusina.
    La palabra ‘lugar’ significaba antiguamente un sitio consagrado a Lug o a Lusina. Hoy día un lugar es cualquier sitio. España era la tierra de Lug y de Lusina. De ahí que aún se conserven muchos nombres con la raíz ‘lug’, ‘lou’ o ‘lo’; por ejemplo, Lugo, Lugones (Oviedo), Lug Agatha (Cabo Luz Agata o Cabo de Gata), Lourdes (aunque es de Francia), San Lorenzo de El Escorial…
    La palabra ‘luz’ deriva de Lug y de Lusina. En la antigüedad los lugares de Lourdes y El Rocío estaban consagrados a Lusina. El patrón de Tarragona es San Magín, un santo que en realidad no existió. El antiguo patrón, antes del cristianismo, era el ‘magi Lu’ (o Lug), del que deriva la palabra ‘magín’. Curiosamente, Lourdes, El Rocío, Lugo y el Cabo de Gata son puntos importantes de la antigua circunferencia o rueda ibérica que se traza con su centro en la Matriz (Madrid).


lunes, 29 de junio de 2020

Los tiempos de los gentiles


    Al objeto de cerciorarnos de lo que exactamente son los tiempos de los gentiles, nos obligamos a consultar con tres superintendentes y seis ancianos. Tres de los ancianos, menores de 30 años, no saben lo que son los tiempos de los gentiles y lo que significan. Adujeron que mirarían en las publicaciones porque en ese momento no sabían. Los otros tres ancianos y los superintendentes conocen los tiempos de los gentiles como tiempos de las naciones. Los ancianos, de más de 60 años, dieron versiones distintas de lo que significaban los tiempos de los gentiles y se excusaron diciendo que ese tema no lo tenían dominado, pues era más importante orientarse hacia la predicación diaria.
    Los tres superintendentes coincidieron en afirmar que los tiempos de los gentiles duran 2.520 años, que van del 607 a.e.c. hasta 1914, y que durante ese lapso dominarían la escena mundial las naciones. Al cabo de los 2.520 años el reino de Dios gobernaría sobre la Tierra, ya que fue en la Tierra donde se suprimió el reino davídico en el que los reyes se sentaban en el trono de Jehová. Por tanto el restablecimiento del reino de Dios tendría lugar en la Tierra y eso ocurriría en 1914, por lo que las naciones no gobernarían el planeta.
    Ahora bien, los 2.520 años de los gentiles o las naciones se dice que concluyeron en 1914; pero el reino de Dios no ha sido restablecido o establecido en la Tierra. Los gentiles continúan gobernando el planeta y han pasado más de cien años desde 1914. Eso significaría que los tiempos de los gentiles, de ser el caso, durarían más de 2.520 años.
    Russell predicaba que en 1914 se terminaban los tiempos de los gentiles y el reino de Dios y su paraíso serían establecidos en la Tierra. Pero eso no ocurrió y Russell trasladó el año 1914 a 1915, aunque tampoco fue establecido el reino de Dios en la Tierra. Después se impuso como doctrina que el reino de Dios sería establecido en el cielo. Pero la realidad es que se esperaba que al cabo de 2.520 años el reino de Dios gobernaría en la Tierra. Y la evidencia histórica señala que esto no fue así. Hemos de destacar que los tres superintendentes estaban de acuerdo en afirmar que el reino de Dios se restablecería en la Tierra, y no en el cielo, en 1914.
    Uno de los superintendentes después rectificó y dijo que ‘como el reino de Dios no se estableció en la tierra en 1914, era evidente que ese reino se había establecido en el cielo en ese año’. Sin embargo la Biblia dice que Jehová es rey en los cielos desde siempre y por lo tanto el reino de Dios siempre ha existido en el cielo. No había que esperar a 1914 para que el Reino se estableciera en el cielo, porque el Reino ya existía en el cielo. El Reino, pues, se establecería en la Tierra, que es donde los reyes de Judá ocupaban el trono de Jehová. Eso es lo que significan los 2.520 años. Significan que los gentiles gobernarían hasta que al cabo de los 2.520 años el reino de Dios ocuparía la Tierra y los gentiles ya no tendrían razón de ser. Pero la verdad es que los gentiles siguen gobernando y por tanto los 2.520 años son una doctrina extraña, injertada a machamartillo. ¿De dónde vienen los 2.520 años?
    A los testigos de Jehová se les hace creer que los 2.520 años vienen en la Biblia y se refieren a los siete tiempos del profeta Daniel. Pero la realidad es que la Biblia no dice que desde la caída de Jerusalén hasta 1914 habrían de pasar 2.520 años. No lo dice por ninguna parte, a pesar de la expresión ‘un día por un año’, que ya los judíos de la Edad Media tenían como regla para medir los tiempos, basados en la pseudociencia ocultista y no en la Biblia.
    Los 2.520 años fueron inventados por el escrutador bíblico John Aquila Brown en 1823. Hasta su tiempo se especulaba que los siete tiempos de Daniel duraban por lo general 1.260 años, aunque existían otras mediciones. Brown lo que hizo fue duplicar los 1.260 años. En su libro ‘El atardecer’ aparece la explicación de cómo fue que duplicó los 1.260 años.
    Brown creía firmemente, como muchos otros especuladores, que los siete tiempos de Daniel eran siete años de 360 días (7 x 360 = 2.520 días). A esos días le aplicó la máxima judaica que hablaba de contar un año por cada día, creyendo que la Biblia se  refería a que había que contar un  año por cada día, cuando el caso es que tal cosa fue un castigo divino para los israelitas y no una regla de medir.
    Así que Brown elevó los 2.520 supuestos días de los siete tiempos de Daniel a 2.520 años. Pero no se dio cuenta de que los 7 tiempos se consideraban años de 360 días y Brown inadvertidamente los elevó a años de 365,25 días. Por esa razón fijó su duración entre el año 604 a.e.c. (que era y sigue siendo el año primero del reinado de Nabucodonosor) hasta 1917, en que en su opinión ‘brillaría la gloria de Israel’.
    Casualmente en diciembre de 1917 los ingleses conquistaron Jerusalén a los turcos y la sugerencia de Brown fue tomada como un profecía por otros especuladores bíblicos. A partir de entonces se aceptó erróneamente que los 2.520 años era el tiempo en que los gentiles gobernarían sobre la Tierra.
    En 1844 el escrutador bíblico Edward Bishop Elliot publica su libro ‘Horas del Apocalipsis’ y en él establece que los 2.520 años duran del 606 a.e.c. hasta 1914. Esto fue lo que aceptó Russell del adventista Nelson Horatio Barbour y Russell predicó la fecha de 1914 como final del tiempo de los gentiles y establecimiento del reino de Dios y el paraíso en la Tierra, lo cual no aconteció. Lo que vino fue la guerra mundial, pero no el reino de Dios, como Russell predicaba. Es de notar que  Elliot  se equivocó en un año de menos, pues, si los 2.520 años comenzaban en el 606 a.e.c., deberían terminar en 1915. De hecho Russell atrasó a 1915 la llegada del reino de Dios a la Tierra. Después Russell cayó en la cuenta de que inadvertidamente se había dejado embaucar por Barbour; pero ya era tarde para deshacerse de la fechas 1914 o 1915, pues se trataba de la base doctrinal que había dejado en herencia a los Estudiantes de la Biblia, el 27% de los cuales tomó el nombre de testigos de Jehová en 1931.
    En 1943 la Watchtower adelantó un año el 606 a.e.c. y lo fijó en el 607 a.e.c. para no tocar la fecha de 1914 en que había empezado la guerra mundial que se pensaba que cumplía profecía bíblica, aunque la Biblia no dice que en 1914 habría una guerra mundial y que Jesucristo sería hecho rey en el cielo. Se trata de especulación mental de personas del siglo XIX que practicaban el ocultismo.
    Para el cálculo de los 2.520 años se parte ahora de la fecha 607 a.e.c. (hasta 1943 era el 606 a.e.c.) debido a que los testigos de Jehová creen infundadamente que Jerusalén estuvo desolada durante 70 años después de que Nabucodonosor la arrasara en el año 18 de su reinado. Y como también creen que los judaítas salieron del destierro en el 537 a.e.c., 70 años atrás les llevan al 607 a.e.c. como año de la destrucción de Jerusalén. Pero la Biblia no dice que Jerusalén estaría desolada por 70 años ni que los judaítas estarían 70 años en el destierro después de que Nabucodonosor la destruyera en el año 18 de su reinado.
    Los 70 años se refieren a la duración del imperio babilonio después de haber conquistado Asiria. Los 70 años son de Babilonia, no de los desterrados. Pero los testigos de Jehová se aferran a los 70 años de destierro como el náufrago a una tabla de salvación y ahí fundamentan sus doctrinas, aparte de basarlas en lo que el adventista Barbour le transmitió erróneamente a Russell, quien no investigó si eso que le transmitía Barbour era verdad o no. De Russell pasó la enseñanza a los Estudiantes de la Biblia y de estos a los testigos de Jehová.
    En la actualidad hay muchos superintendentes y ancianos que no creen en los 2.520 años ni en la fecha de 1914; pero siguen ahí porque no tienen a dónde ir. Se supone que el Cuerpo Gobernante está al tanto de esto y hace la vista gorda.
   Los 2.520 años y la fecha de 1914 son herencia de escrutadores bíblicos  que en el siglo XIX practicaban la numerología, que es una parte del esoterismo u ocultismo acérrimo. Y en esos 2.520 años y en la fecha de 1914 basan su doctrina escatológica los testigos de Jehová. De ahí que no venga el fin que predican, pues la Biblia ni da fechas ni da tiempos.

sábado, 23 de mayo de 2020

Fechas, tiempos y doctrinas no bíblicas de los testigos de Jehová (y III)


  
    El Cuerpo Gobernante continúa aferrado a los 70 años que entiende como tiempo que los judaítas pasaron en el destierro babilonio después de que Jerusalén fuera arrasada por Nabucodonosor. Y como entiende también dicho Cuerpo que los judaítas salieron del destierro en el año 537 a.e.c., de ahí que sumen 70 años al 537 y lleguen al 607 a.e.c. como año hipotético de la destrucción de Jerusalén. Sin embargo la Biblia no dice que los judaítas estuvieron 70 años en el destierro.
    ¿Qué son los 70 años de los que habla la Biblia y que los testigos de Jehová entienden como 70 años de desolación de Jerusalén y consiguiente destierro? El texto principal se halla en Jeremías 29:10. Ahí se lee, en versión de la nueva TNM: ‘Conforme se cumplan 70 años en Babilonia, yo (Jehová) dirigiré mi atención a ustedes’. El Cuerpo Gobernante  da  a entender el texto de la siguiente manera: ‘Conforme ustedes cumplan 70 años de destierro en Babilonia…’ Esto es lo que defienden los testigos de Jehová con sus propias vidas, sin haber investigado imparcialmente el asunto, sino que solamente han aceptado a ciegas una enseñanza que en realidad no es bíblico.  
    Lo que despista en el texto de Jeremías es la preposición ‘en’, que hace que no se interpreten correctamente las palabras del profeta. Los expertos en el antiguo idioma hebreo ven incorrecto usar aquí la preposición castellana ‘en’. Lo correcto en este caso es traducir la preposición hebrea por las castellanas ‘a’, ‘de’ o ‘para’. Por esa razón las biblias que traducen de los manuscritos hebreos o los consultan vierten de la siguiente manera el texto, desde principios del siglo pasado:
    ‘Cuando a Babilonia se le cumplan los setenta años…’ (Biblia de Jerusalén).
    ‘Cuando se cumplan los setenta años de Babilonia…’ (Nácar Colunga).
    Casi todas las versiones bíblicas dicen lo mismo. Y es sorprendente la versión en sueco de la TNM editada en el año 2002, donde se lee: ‘Conforme se cumplan setenta años para Babilonia…’ (TNM en sueco, del 2002).
    Obsérvense las preposiciones ‘a’, ‘de’, ‘para’, aplicadas a Babilonia y no a los desterrados. Jeremías se refiere a los 70 años que duró Babilonia desde la toma de la ciudad de Harrán hasta la caída de la propia Babilonia. Jeremías no dice que los desterrados habrían de estar 70 años en Babilonia ni que Jerusalén habría de estar desolada 70 años. Jeremías se refiere al tiempo que duró Babilonia como imperio tras haber conquistado Asiria, lo que aconteció con la toma de la ciudad de Harrán, donde se había refugiado el rey asirio Asurubalit II.
    Los historiadores sabían de los 70 años de Babilonia y por eso, cuando descubrieron gracias a la cronología egipcia que Harrán había sido tomada en el año 609 a.e.c., sumaron 70 años al 609 y así en principio llegaron al 539 a.e.c. como año de la caída de Babilonia. Posteriormente las fechas 609 y 539 a.e.c. fueron corroboradas como rigurosamente exactas por diversos medios. Entre ambas fechas median los famosos 70 años de Babilonia, a los que alude Jeremías.
    El inventor de los 2.520 años atribuídos a los tiempos de los gentiles o de las naciones fue el entusiasta bíblico John Aquila Brown, quien en 1823 publicó su obra ‘El atardecer’. Hasta entonces se consideraba que esos tiempos duraban por lo general 1.260 años. Brown duplicó la cifra y la elevó a 2.520 años. Se basaba en que, como Nabucodonosor había estado fuera del trono siete tiempos, esos siete tiempos se barajaban como de 360 días cada uno o un total de 2.520 días.
    Como desde la Edad Media los judíos venían aplicando un año a cada día bíblico, Brown convirtió los 2.520 días de Nabucodonosor en 2.520 años. Pero inadvertidamente esos 2.520 días que eran siete tiempos de 360 días, los convirtió en años solares de 365,25 días, con lo que en realidad los siete tiempos fueron 2.556 días elevados a años (exactamente 365,25 x 7 = 2.556,75) y no 7 tiempos de 360 días (7 x 360 = 2.520).  
    Brown aplicó el comienzo de los 2.520 años al año 604 a.e.c., que era el primero de reinado de Nabucodonosor, quien había subido al trono en el 605 a.e.c. El final de los tiempos lo llevó a 1917, argumentando que en ese año brillaría la gloria de Israel. Casualmente en diciembre de 1917 los ingleses conquistaron Jerusalén a los turcos y la cuenta de Brown de los 2.520 años fue tomada como profética. Los entusiastas bíblicos, muchos de los cuales practicaban el ocultismo, extendieron la doctrina de que los 2.520 años eran el tiempo oculto en la Biblia para la gobernación de Jesucristo sobre la Tierra.  Pero la Biblia no dice que desde el inicio del reinado de Nabucodonosor hasta el tiempo en que Jesucristo reinaría sobre la tierra habrían de pasar 2.520 años. Todo es especulación mental de protestantes ocultistas.
    Años después Elliot, el autor del libro ‘Horas del Apocalipsis’, creyó entender que Nabucodonosor había ascendido en el 606 a.e.c. y fijó el comienzo de los 2.520 años en el 606 a.e.c., concluyéndolos para 1914; pero se equivocó en un año de menos y le salieron 2.519 años. La cuenta real llegaría al año 1915 y no a 1914. Este desfase de un año es lo que Fred Franz, vicepresidente y teólogo único de la Watch Tower, trató de corregir en 1943, sin saber de dónde había salido la fecha del 606 a.e.c., la cual adelantó al 607 a.e.c. para que el año 1914 permaneciera intocable.
    Volviendo a Josefo, este cita a Beroso y escribe en ‘Contra Apión’ que: Nabucodonosor reinó 43 años; Evil Merodac, 2 años; Neriglisar, 4 años; y Nabonido, 17 años. Tolomeo dice lo mismo y otro tanto con firman la lista de los reyes en Uruk y la estela de Adad Guppi. De la lista de los reyes en Uruk, descubierta a mediados del siglo XX en las excavaciones de Babilonia, no habla el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová. Tampoco habla de la estela de Adad Guppi.
    Los reyes babilonios mencionados reinaron 66 años. Aplicados los 66 años al 605 a.e.c. en que inició su reinado Nabucodonosor, se confirma la fecha del 539 a.e.c. como año de la caída de Babilonia. Las decenas de miles de tablillas cuneiformes descubiertas en la antigua Babilonia tienen en sus cabeceras el nombre del rey en función y su año de reinado. Ordenadas convenientemente, las tablillas dan exactamente los nombres y años de reinado de los monarcas precitados. La Arqueología, pues, está acorde con la Historia. También lo está la Astronomía.
    Existe una tablilla, de la que se descubrió una segunda copia, denominada diario astronómico VAT 4956. La tablilla indica que fue escrita en el año 37 de Nabucodonosor. En ella figuran 28 posiciones estelares cuyo conjunto fue estudiado a fondo por los astrónomos, quienes descubrieron que tales posiciones solamente pudieron haberse dado en el año 568 a.e.c. La Watch Tower solamente acepta las posiciones lunares de la tablilla; pero estas posiciones se repiten cada 11 años y es imposible saber a qué año de  nuestro cómputo corresponde el 37 de Nabucodonosor. Solamente es posible saberlo si se tienen en cuenta todas las posiciones de la tablilla, ya que se repiten cada 25.920 años, debido al movimiento de precesión del eje terrestre.
    El año 568 a.e.c., comprobado astronómicamente, ha sido aceptado por la comunidad científica internacional como ‘el año científico absoluto’ y sirve hoy para medir la corriente del tiempo histórico, mejor que el año 539 a.e.c., que es fecha exacta, pero no absoluta porque no está comprobada astronómicamente. Si el año 568 a.e.c. fue el 37 de reinado de Nabucodonosor, el año de ascenso de este rey fue el 605 a.e.c. (568 + 37 = 605). Naturalmente, esto no lo acepta el Cuerpo Gobernante porque echa por tierra la teoría de los 2.520 años y las fechas 607 a.e.c. y 1914, que no son bíblicas ni se insinúan en la Biblia, por más que los ocultistas quieran hacer números. Pero esto es lo que se aceptó del adventista Barbour a través de Russell y a día de hoy no se puede ya cambiar lo que está establecido doctrinalmente, a sabiendas de que no es parte de la verdad. Los testigos de Jehová se obligan a servir al Cuerpo Gobernante y a la Watch Tower, que es una sociedad comercial lucrativa. Pero los primeros cristianos no servían a una sociedad comercial y lucrativa.




viernes, 15 de mayo de 2020

Fechas, tiempos y doctrinas no bíblicas de los testigos de Jehová (II)



    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová enseña que, como los judaútas estuvieron 70 años en el destierro y salieron de Babilonia en el 537 a.e.c, 70 años hacia atrás llevan al 607 a.e.c. como año de la destrucción de Jerusalén y su templo. Los años 607 y 537 a.e.c. fueron establecidos por la Watch Tower en 1943. Antes de ese tiempo y durante más de 66 años se estuvo predicando que el templo fue destruído en el 606 a.e.c. y que los judaítas salieron del destierro en el 536 a.e.c. Este cambio arbitrario de fechas, producto de la mente de un solo individuo, Fréderick W. Franz, vicepresidente y teólogo único de la Watch Tower, hizo que un gran número de Testigos abandonara la organización. ¿Por qué se cambiaron las fechas?
   Charles Russell recibió del adventista Nelson H. Barbour la doctrina de que la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor fue en el 606 a.e.c. y que en 1914 Jesucristo regresaría a la Tierra para suprimir los gobiernos y establecer el Paraíso. Esto lo estuvo predicando Russell desde 1876. Las fechas 606 a.e.c. y 1914 fueron establecidas por el entusiasta protestante Edward Bishop Elliot y aparecen en su libro 'Horas del Apocalipsis’, publicado en 1844. Elliot creía que entre ambas fechas mediaban 2.520 años, que era el tiempo que John Aquila Brown había establecido en 1823 para la duración de los años de los gentiles o de las naciones.
    Sin embargo, años antes de 1914 Russell descubrió que había un error de un año menos entre el 606 a.e.c. y 1914. Pasado 1914 y no viendo que había llegado Jesucristo en su gloria, Russell trasladó el año del fin del sistema y llegada de Jesucristo a 1915. Y tampoco vino en ese año. Hasta 1943 no se sabía qué había ocurrido en 1914, salvo que fue el año del comienzo de la Gran Guerra Europea. Y en 1943 la Watch Tower añadió el año que le faltaba al cómputo de 2.520. Pero, en vez de pasar el fin a 1915, adelantó un año, del 606 al 607 a.e.c., la supuesta caída de Jerusalén. Al hacerlo, le quedaba descuadrado el lapso de 70 años y adelantó la salida del destierro del 536 al 537 a.e.c. Esto no lo vieron bíblico muchos testigos y se marcharon, entre ellos no pocos ancianos.
    Elliot, el autor del libro ‘Horas del Apocalipsis’, había sacado la fecha del 606 a.e.c. del libro ‘Primer elemento de la sagrada profecía’ que en 1843 había publicado el teólogo inglés Thomas Rawson Birks, quien defendía que la fecha del 606 a.e.c. era el año de ascenso de Nabucodonosor y que el 536 a.e.c. era el año en el que salieron del destierro babilonio los judaítas. Birks no explica en su libro de dónde sacó la fecha del 606 a.e.c. Pero en su tiempo todos los historiadores y el público aceptaba que Jerusalén había caído en el año 587 a.e.c. o 18 del reinado de Nabucodonosor, mientras al mismo tiempo se aceptaba que Nabucodonosor había subido al trono en el 605 a.e.c. y no en el 606 a.e.c.
    En tiempos de Birks había entusiastas bíblicos que, al leer en Jeremías 52:12 que Nabucodonosor había destruído Jerusalén en el año 19 de su reinado, al año 587 le sumaron 19 años y así llegaron al 606 a.e.c. como año de subida al trono de Nabucodonosor. Sin embargo se equivocaron en la aplicación, pues no es lo mismo el año diecinueve que diecinueve años. El año diecinueve significa que han pasado dieciocho años y esos son los años que debieran haber sumado al 587 para llegar correctamente a la fecha 605 a.e.c. para el ascenso de Nabucodonosor.
    Así pues, el año 606 a.e.c. nació de un error. De todas maneras los entusiastas bíblicos de aquel tiempo declaraban el 606 a.e.c. como año de ascenso de Nabucodonosor. Pero cuando el adventista Barbour leyó el libro ‘Horas del Apocalipsis’, creyó que había un error con el año 606 a.e.c. y declaró que lo que ocurrió en ese año fue la destrucción de Jerusalén, atrasando el año de ascenso de Nabucodonosor al 624 a.e.c., en contra de lo que demostraban los historiadores. Este grave error se lo pasó Barbour a Russell y Russell no investigó si lo que le transmitía Barbour era bíblico o no. De haber tenido el suficiente conocimiento bíblico, Russell no se habría dejado convencer por Barbour. Pero Russell tenía entonces 23 años y su conocimiento de la Biblia era bastante superficial. Russell comenzó a predicar fechas y doctrinas adventistas con gran entusiasmo. Pero, como dice una Atalaya de los testigos de Jehová, ‘el entusiasmo no hace que lo que se cree o se predica sea verdadero’.
    Russell pasó los errores de fechas y doctrinas a los Estudiantes de la Biblia y estos los transmitieron a los testigos de Jehová, grupo creado por Rutherford en 1931 tras la desaparición del 73% de los Estudiantes de la Biblia entre 1926 y principios de 1927. En 1943 la Watch Tower, inconsciente del error de la fecha del 606 a.e.c. (¿o tal vez sí estaba consciente?), adelantó un año la destrucción de Jerusalén y la salida del destierro que predicaba y por eso hoy han quedado establecidas entre los Testigos las fechas 607 y 537 a.e.c.
    La realidad histórica, arqueológica y astronómica, e incluso por la propia Biblia, demuestra que la fecha correcta del ascenso de Nabucodonosor es el año 605 a.e.c. y que la destrucción de Jerusalén y su templo acaecieron en el 587 a.e.c. o año 18 del reinado de Nabucodonosor.

sábado, 9 de mayo de 2020

Fechas, tiempos y doctrinas no bíblicas de los testigos de Jehová (I)



    En su obra ‘Contra Apión’, Josefo escribe que Nabucodonosor, en el año dieciocho de su reinado, destruyó el templo de Jerusalén y en esa condición ruinosa permaneció durante cincuenta años, hasta que en el año segundo de Ciro se colocaron los cimientos del nuevo templo. Es decir que, según Josefo, con quien están de acuerdo la Historia, la Arqueología y la Astronomía, pasaron cincuenta años desde la destrucción del templo de Jerusalén hasta el año segundo de Ciro en que se pusieron nuevos cimientos.
    La Sociedad Watch Tower y el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová enseñan que el año segundo de Ciro fue el 536 antes de la era cristiana (a.e.c.). Eso significaría que el templo fue destruído en el año 586 a.e.c., es decir, cincuenta años antes. La realidad histórica y demostrada es que el año segundo de Ciro fue el 537 a.e.c. y por tanto cincuenta años atrás llevan al 587 a.e.c.  
    Pero la Watch Tower y el Cuerpo Gobernante recalcan inflexiblemente que el año segundo de Ciro fue el 536 a.e.c. porque estiman que los judaítas salieron del destierro en el 537 a.e.c. y estuvieron en Babilonia 70 años, con lo que la fecha de la destrucción del templo la retrasan al 607 a.e.c. y a ese año 607 le añaden los 2.520 años que supuestamente durarían los tiempos de los gentiles, con lo que éstos terminarían en 1914, año en que Jesucristo comenzaría a reinar en la Tierra, según la enseñanza de los adventistas y que Russell aceptó de ellos (enseñanza que tomó un giro distinto en 1943) y los gentiles ya no gobernarían en el planeta porque sería establecido el Paraíso en él.
    Pero los gentiles continúan gobernando, lo que lógicamente significa que sus tiempos no pudieron haber terminado en 1914. Esta es, como se ha mencionado, una doctrina que los adventistas le transmitieron a Charles Russell, el fundador de los Estudiantes Internacionales de la Biblia, de los que el 27% de ellos adoptó el nombre de testigos de Jehová en 1931. El resto, a excepción de los que murieron por edad avanzada,  abandonó las filas por culpa de las antibíblicas doctrinas de Rutherford, el segundo presidente de la Watch Tower.
    Tenemos, pues, dos fechas para la destrucción del templo de Jerusalén: la del 587 y la del 607 a.e.c. ¿Cuál es la verdadera? Veamos en primer lugar lo que se desprende de la propia Biblia cuando se le aplica la cronología histórica.
    En Esdras 6:15 se lee que el nuevo templo de Jerusalén fue inaugurado en el año sexto de Darío. ¿A qué año de nuestro cómputo corresponde? El libro ‘Toda Escritura’, de los testigos de Jehová, explica que el año sexto de Darío correspondió al 515 a.e.c. Esto está de acuerdo con los historiadores, que indican que Darío subió al trono en el año 521 a.e.c. Su año primero, pues, fue el 520; su año segundo, el 519; su año tercero, el 518; su año cuarto, el 517; su año quinto, el 516; y su año sexto, el 515 a.e.c.
    Con esto en mira, veamos lo que dice el capítulo 7 de Zacarías, según la nueva Traducción del Nuevo Mundo (TNM) de los testigos de Jehová:
    ‘Además, aconteció que en el cuarto año de Darío el rey…  Betel procedió… a decir a los sacerdotes que pertenecían a la casa de Jehová de los ejércitos y a los profetas: “¿Lloraré en el quinto mes, practicando una abstinencia como lo he hecho estos, oh, cuántos años?”… Di a toda la gente de la tierra y a los sacerdotes: Cuando ustedes ayunaron y hubo plañido en el quinto [mes]…  y esto por setenta años, ¿ayunaron realmente para mí?’
    El texto indica que en el quinto mes el pueblo llevaba ayunando 70 años ayunando. ¿Por qué en el quinto mes? Porque en ese mes de hacía 70 años fue destruído el templo de Jerusalén, tal como dice Jeremías 52:12 y 13: ‘Y en el mes quinto… el rey de Babilonia… procedió a quemar la casa de Jehová’.
    Por tanto el pueblo ayunaba en el mes quinto por la destrucción del templo de Jerusalén y llevaba haciendo esto por 70 años a la fecha del cuarto año de reinado de Darío. ¿Cuándo fue el cuarto año?  Si el año 515 a.e.c. fue el sexto de Darío, su año cuarto fue el 517 a.e.c. En ese año 517 llevaba el pueblo ayunando 70 años en el mes quinto.
    Una sencilla operación matemática señala en qué año fue destruído el templo de Jerusalén. Si en el 517 a.e.c. llevaban los judaítas ayunando 70 años por la destrucción, el templo fue arrasado en el 587 a.e.c. (517 + 70 = 587).
    Este asunto le fue expuesto en su día a un superintendente de distrito y no acertó a dar una respuesta en el momento. Días después el superintendente dijo que en el año 517 a.e.c. los judaítas estaban pensando en lo que les había ocurrido 20 años atrás, es decir, en el 537 a.e.c. Los textos bíblicos, por supuesto, nada dicen de que los judaítas estaban pensando en lo ocurrido 20 años atrás. Se le hizo ver al superintendente que el templo fue inaugurado en el año 515 a.e.c. y eso no fue 20 años atrás. Se le hizo ver también que el templo comenzó a construirse en el 519 a.e.c. o año segundo de Darío y no 20 años atrás.
    Finalmente el superintendente, tartamudeando, se defendió, bastante alterado, diciendo que si no se acepta que los judaítas estaban pensando en lo que les ocurrió 20 años atrás o en el 537 a.e.c., los 70 años del destierro se venían abajo, además de la fecha del 607 a.e.c. y 1914. Y concluyó: ‘La fecha de 1914 hay que defenderla con uñas y dientes por encima de todo, y si no se hace así todas las doctrinas de los testigos de Jehová quedan obsoletas’. Los superintendentes de distrito han desaparecido ya.




domingo, 26 de abril de 2020

El grave error de prohibir las transfusiones sanguíneas




    Los antiguos manuales de enfermería, de principios del siglo XX, decían que los componentes principales de la sangre eran: plasma, plaquetas, glóbulos rojos y glóbulos blancos. Los manuales de Medicina que hoy se estudian en las universidades dicen que los componentes principales de la sangre, a efectos generales, son dos: plasma (el 55%), en el que están suspendidas las plaquetas, y hematíes o glóbulos rojos (el 45%). ¿Y los glóbulos blancos o leucocitos?
    La realidad es que los glóbulos blancos no forman parte de la sangre, sino que están de paso en el torrente sanguíneo. Aprovechan la circulación sanguínea para ir de la médula a los órganos. Cierto es que si un análisis revela que los glóbulos blancos son demasiado escasos en la sangre, quiere decir que algo anda mal en el cuerpo. Siempre ha de haber un número suficiente de leucocitos o glóbulos blancos circulando por la sangre, con destino a los órganos.
    Los glóbulos blancos, pues, se encuentran principalmente en los órganos. Así, cuando a alguien se le trasplanta un riñón, recibe automáticamente miles y miles de glóbulos blancos o leucocitos contenidos en el riñón. Y cuando la madre da el pecho al bebé, este recibe miles y miles de glóbulos blancos que se hallan en la leche materna.
    En cuanto a la composición bioquímica, los manuales de Medicina indican que los componentes principales de la sangre son: agua (80%), hemoglobina (15%), albúminas (3%) y globulinas (2%). La hemoglobina, las albúminas y las globulinas son los componentes de la sangre que más se utilizan hoy en los hospitales, aparte del plasma, que es una sustancia amarillenta. El 93% del plasma es agua. El restante 7% lo componen principalmente albúminas y globulinas. En el plasma están suspendidas además las plaquetas.
    De los glóbulos rojos o hematíes, el 90% es hemoglobina, la sustancia que da color a la sangre y aporta oxígeno. En muchos hospitales se habla de glóbulos rojos, cuando en realidad se trata de hemoglobina.
    Lo precedente se expone teniendo en cuenta que a los testigos de Jehová les está prohibido transfundirse sangre completa o los componentes de la sangre conocidos como plasma, plaquetas, glóbulos rojos y glóbulos blancos, aunque está demostrado que los glóbulos blancos no son parte de la composición sanguínea, sino que utilizan la corriente sanguínea para llegar a los órganos.
    En lo que respecta a la hemoglobina, muchos testigos de Jehová prefieren morir antes que transfundírsela, porque desconocen que el Cuerpo Gobernante sí permite transfundirse la hemoglobina, ya que la considera una ‘fracción’ de la sangre, a pesar de que constituye el 90% de los glóbulos rojos.   
    Con referencia al plasma, el Cuerpo Gobernante sí permite transfundirse las principales ‘fracciones’ conocidas como albúminas y globulinas que, junto con otras, constituyen el 7% del plasma. El resto del plasma, 93%, es agua. Quiere decir que en realidad el Cuerpo Gobernante prohíbe transfundirse el agua del plasma juntamente con las albúminas y las globulinas. Por separado, sí permite transfundirse las albúminas y las globulinas, aunque no indica nada sobre el resto del plasma, que es agua, y se entiende que eso, el agua del plasma, está prohibido transfundírselo.
    La prohibición, evidentemente, no es bíblica, porque la Biblia nada dice de fracciones sanguíneas. En aquel tiempo ni se conocían y se desconocía además que la sangre circulara. Cuando la Biblia habla de no consumir sangre, se refiere únicamente a la sangre de animales sacrificados para comer, sin importar qué clase de sangre de animal sea: de cabra, de oveja, de vaca…
    Quien sacrificaba un animal para comer debía verter la sangre en tierra, manifestando así que no era responsable de la muerte del animal. Si consumía la sangre, sí era responsable de esa muerte.  Y si los comensales ingerían la sangre o la carne sin desangrar, se les consideraba partícipes de la muerte del animal.
    Los testigos de Jehová creen firmemente, porque así se lo han enseñado, que el plasma, las plaquetas, los glóbulos rojos y los glóbulos blancos, no juntos, sino por separado, son sangre. De ahí que los adeptos no se transfundan estos elementos. Los glóbulos blancos no son parte de la sangre y se transmiten por vía natural de la madre al niño de pecho.
    ¿Son sangre el plasma, las plaquetas y los glóbulos rojos por separado? El agua se compone principalmente de hidrógeno y oxígeno. De hecho la fórmula del agua es H2/O, es decir, dos partículas de hidrógeno por una de oxígeno. El hidrógeno  por separado no es agua, como tampoco lo es el oxígeno. Hidrógeno y oxígeno son dos componentes del agua; pero, sueltos, no son agua.
    Con la sangre ocurre lo mismo. Los componentes de la sangre por separado no son sangre. La unión de todos ellos es la sangre. No se entiende por qué razón los testigos de Jehová rechazan las transfusiones de plasma, plaquetas, glóbulos rojos y glóbulos blancos por separado si no son sangre. La Biblia no indica que los componentes de la sangre no pueda transfundírselos el devoto, aparte de que la prohibición bíblica solamente se refiere a la sangre de animales que eran sacrificados para comer.
    No se mata a un ser humano para que otro se transfunda su sangre. Por otro lado no es lo mismo comer sangre que inyectársela. La sangre que se come se descompone en los intestinos. Y la sangre que se inyecta pasa tal cual al torrente sanguíneo.
    Sin embargo sí aceptan los Testigos las ‘fracciones’ de albúminas, globulinas y hemoglobina (aunque muchos Testigos no saben que la hemoglobina es una fracción permitida) porque las consideran subcomponentes de la sangre. Precisamente en materia bioquímica estos componentes son los principales de la sangre y de hecho se aplican en los hospitales como remedios eficaces, aparte del plasma.
    Hasta 1945 los testigos de Jehová aceptaban las hemotransfusiones e incluso las alababan. Pero entonces el teólogo único y vicepresidente de la Sociedad Watchtower, Fréderik Franz, dictaminó, creyendo basarse en la Biblia, que los Testigos deberían rechazar obligatoriamente las transfusiones porque eran lo mismo que comer sangre, cuando en realidad no lo era. En 1961 comenzó a expulsarse de las congregaciones a quien se transfundían sangre.
    Mas adelante el Cuerpo Gobernante (creado en 1971) prohibió las ‘fracciones’. Y dándose cuenta del error, finalmente las permitió, mas continuó prohibiendo el plasma, las plaquetas, los glóbulos rojos y los glóbulos blancos, sin saber que los glóbulos blancos no eran parte de la sangre. Pero como los manuales de enfermería consideraban a los ya citados como parte del torrente sanguíneo, el Cuerpo Gobernante aceptó a ciegas cuanto decían los manuales y prohibió también los glóbulos blancos. A estas alturas y  con tantas muertes habidas por el mal entendimiento de los pasajes bíblicos, los líderes jehovistas se ven incapacitados para dar marcha atrás en esta errónea doctrina.
(Es traducción libre del artículo de un doctor y ex Testigo que prefiere que su nombre quede en el anonimato).

domingo, 12 de abril de 2020

Por qué se cambió de Biblia entre los testigos de Jehová


    En Mateo, 25: 31-34, se lee, según la Traducción del Nuevo Mundo (TNM) de los testigos de Jehová, versión de 1987:
    31 ”Cuando el Hijo del hombre llegue en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces se sentará sobre su glorioso trono. 32 Y todas las naciones serán reunidas delante de él, y separará a la gente unos de otros, así como el pastor separa las ovejas de las cabras. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha, pero las cabras a su izquierda. 34 ”Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, ustedes que han sido bendecidos por mi Padre, hereden* el reino* preparado para ustedes desde la fundación del mundo.
    Este pasaje indica claramente que ‘cuando el Hijo del Hombre llegue en su gloria… separará a la gente y pondrá las ovejas a su derecha’.
    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová enseña ahora que el Hijo del Hombre aún no ha llegado en su gloria, sino que lo hará en el futuro. Antes enseñaba que llegó en su gloria en 1914. Ahora ha cambiado el entendimiento. Y cuando el Hijo del Hombre llegue en su gloria en el futuro, separará a la gente y pondrá a las ovejas a su derecha.
    ¿Quiénes son estas ovejas, ungidos o personas de la gran muchedumbre? Porque el Cuerpo Gobernante sigue diciendo que hay dos clases de ovejas: los ‘ungidos’ o herederos del Reino y los de la ‘gran muchedumbre’.
    No está claro si estas ovejas que Jesucristo pone a su derecha son ungidos o de la gran muchedumbre. El Cuerpo Gobernante no especifica claramente si los ungidos mueren todos antes de que Cristo venga en su gloria o si algunos ungidos sobrevivirán al Armagedón y estarán por tanto a la derecha del Pastor, cuando separe las ovejas.
    La gran muchedumbre es la que sale victoriosa de la gran tribulación, según especifica Apocalipsis 7:14. Es de suponer que después de la gran tribulación Jesucristo pone a las ovejas a su derecha, no antes. Y estas ovejas son, evidentemente, personas de la gran muchedumbre que ha salido triunfante de la gran tribulación.
    Es indiscutible bíblicamente que las ovejas a la derecha de Cristo son personas de la gran muchedumbre. Pero, suponiendo que algunas de esas ovejas sean ungidas, Jesucristo les dice a todas ellas que ‘hereden el Reino’. ¿Qué es heredar el reino?
    El Cuerpo Gobernante afirma que los de la gran muchedumbre heredarán la parte terrestre del Reino, mientras los ungidos heredan la parte celestial. Pero la Biblia no dice eso. Habla de ‘heredar el Reino’. ¿Quiénes heredan el Reino? Los herederos de la corona, es decir, los príncipes que esperan recibir la corona del reinado el día de mañana. Por eso son ‘herederos’.
    ¿Heredan el Reino, o sea la corona del reinado, los de la gran muchedumbre que están a la derecha del Pastor Jesucristo?
    El Cuerpo Gobernante se ha visto obligado a producir una biblia nueva, ésta de tapas grises. ¿Por qué, si la versión de la Biblia que tenía antes era, según el Cuerpo Gobernante, la mejor que existía? Veamos una de las causas, según han explicado miembros del Betel de Warwick.
    En la versión de la TNM de 1987, que ha sido retirada, encontramos que hay una estrecha columna central donde aparece, en letra más pequeña, una serie de libros, capítulos y versículos que remiten a otros textos de esa misma Biblia.
    Pues bien, en Mateo 25:34, la versión TNM de 1987 indica en esa columna central otros textos a los que remitirse. Y detrás de la palabra ‘hereden’ de Mateo 25:34, el texto remite a Romanos 8:17, donde se lee: ‘Pues, si somos hijos, también somos herederos, herederos por cierto de Dios, pero coherederos con Cristo’. Este texto se aplica a los ungidos o herederos del Reino. Es decir, que Jesucristo les dice a las ovejas de la gran muchedumbre que están a su derecha: ‘Hereden el Reino’ o la regencia de ese Reino al ser coherederos con Cristo, tal como indica la remisión al texto de Romanos 8:17.  El texto en cuestión ya no aparece en la Biblia gris, la que sustituye a la de 1987.
    Detrás de la palabra ‘Reino’ en Mateo 25: 34, la nota remite a Apocalipsis 5:10, donde se lee: ‘E hiciste que fueran un reino y sacerdotes para nuestro Dios y han de reinar sobre la tierra’. Este pasaje se aplica únicamente a los ungidos. Pero Jesucristo les dice a las ovejas de su derecha, entre las que se cuentan las de la gran muchedumbre, que ‘hereden el Reino’, mientras la nota remite a Apocalipsis 5:10, texto que el Cuerpo Gobernante aplica exclusivamente a los ungidos y no a los de la gran muchedumbre.  En la nueva Biblia gris ya tampoco aparece esta llamada en la columna central de textos.
    Queda claro, pues, que una de las razones de editar una biblia nueva para los testigos de Jehová está en que los textos de la columna central en letra más pequeña remitían a otros textos que contrariaban las doctrinas del Cuerpo Gobernante. En realidad los textos no contradicen la enseñanza bíblica, pero sí la que reciben los testigos de Jehová y de ahí que hayan sido suprimidos debido a torcido entendimiento bíblico.
    Muchos Testigos acérrimos se enojarán por lo que aquí se expone e insultarán y negarán la evidencia, ya que han sido programados para ello. Pero cuanto aquí se dice ha sido llamado a la atención no solamente por miembros del Betel de Warwick, sino por muchos testigos de Jehová, entre los que se encuentran ancianos y superintendentes que no están de acuerdo con la nueva versión bíblica, a la que consideran una tapadera. La mayoría de ancianos y superintendentes sí está de acuerdo en que se hayan suprimido los textos de la columna central, por contradecir la enseñanza del Cuerpo Gobernante. Esta enseñanza es para ellos más importante que la propia Biblia.