lunes, 23 de marzo de 2020

¿Qué ocurrió con el Tabernáculo?



    El Tabernáculo que los israelitas, dirigidos por Moisés, transportaron por los desiertos se conocía también como ‘tienda de reunión’. En Exodo 40:2 se lee: ‘Has de erigir el tabernáculo de la tienda de reunión’. Esta tienda de reunión se conocía también como ‘tabernáculo’.
    Muchos lectores de la Biblia preguntan que qué fue del tabernáculo o tienda de reunión, que desapareció como por ensalmo cuando se construyó el Templo de Salomón.
    La Biblia sí dice qué fue del tabernáculo o tienda reunión. En 1 Reyes 8:3-4 (Traducción del Nuevo Mundo o TNM), ya terminado de construir el Templo de Salomón, se lee:
    ‘Por lo tanto, vinieron todos los ancianos de Israel, y los sacerdotes empezaron a llevar el Arca. Y vinieron subiendo el arca de Jehová y la tienda de reunión y todos los utensilios santos que había en la tienda’.
    Lo mismo dice 2 Crónicas: 5:5, donde se lee (TNM):
    ‘Y vinieron subiendo el Arca y la tienda de reunión y todos los utensilios santos que había en la tienda’.
    ¿Dónde fue colocada la tienda de reunión o tabernáculo dentro del Templo? En la parte donde estaban los dos querubines de oro con las alas extendidas, es decir, en el Sanctasantorum, donde también fue colocada el arca de la alianza o del pacto. Por esa razón en Salmo 61:4 se lee:
    ‘Ciertamente seré huésped en tu tienda para tiempos indefinidos; me refugiaré, sí, en el escondrijo de tus alas’.
    Se refiere a la tienda de reunión que estaba dentro del Templo, en el Sanctasantorum, y a las alas de los querubines.
    También en Salmo 27:5 se lee:
    ‘Él me esconderá en su amparo en el día de calamidad; me ocultará en el lugar secreto de su tienda’.
    Se refiere a la tienda de reunión que estaba dentro del Templo.
    Y en el Salmo 74:7 se lee, a propósito de la destrucción del Templo por los babilonios:
    ‘Han arrojado tu santuario en el fuego mismo. Han profanado el tabernáculo de tu nombre hasta la misma tierra’..
    Quiere decir que, al destruirse el Templo, se destruyó también la tienda de reunión o tabernáculo.        Josefo escribe en el libro 8 de Antigüedades Judías' que tanto el arca como el tabernáculo fueron introducidos en el Templo. Lo mismo indica el Talmud babilonio del siglo V.
    Entre los lectores de la Biblia que preguntaban, se encontraba un anciano de los testigos de Jehová, que aseguraba que en realidad no se sabía qué fue del tabernáculo. Había leído en alguna publicación que el Tabernáculo estaba en el patio del Templo, aunque la Biblia no dice eso. Ante los textos expuestos, el anciano quedó verdaderamente sorprendido y confesó que nunca se había fijado en estos pasajes, a pesar de haber leído la Biblia entera varias veces.
    El tabernáculo o tienda de reunión, de veinte codos, fue introducido en el Templo de Salomón y fue colocado, totalmente montado, en el Sanctasantorum, donde estaban los dos querubines con las alas extendidas y donde también fue colocado el Arca. El tabernáculo desapareció cuando los babilonios quemaron el Templo.

domingo, 22 de marzo de 2020

La gran contradicción del Cuerpo Gobernante



    En el discurso mundial que dio el miembro del Cuerpo Gobernante, Stephen Lett, aseguró que la peste del coronavirus evidencia que ‘estamos en la parte final de los últimos días… poco antes del último día de los últimos días’.
    Los testigos de Jehová han entendido que el último día ya está aquí y que el coronavirus será el colofón de las pestes.
    Muchos Testigos, ante las palabras de Lett (que es tanto como decir que son las palabras de Jehová, puesto que los del Cuerpo Gobernante se consideran enviados por Jehová) entienden que el fin llega antes de que acabe la primavera o el verano (pues de otro modo no sería la víspera del último día de los últimos días) y algunos han decidido abandonar sus trabajos para dedicarse exclusivamente a predicar el día entero por todos los medios a su alcance. Por esa razón las vías informáticas y los teléfonos están llenas de Testigos que predican a diestra y a siniestra a todas horas del día y de la noche e importunan extremadamente a los ciudadanos.
    Ante las palabras de Lett, hay ancianos que comunican que se han sorprendido enormemente, pues, si es verdad que estamos en vísperas del ‘último día de los últimos días’, no se entiende por qué razón el Cuerpo Gobernante se pone a construir en Ramapo un complejo de gran envergadura e invierte o malgasta ahí, ahora se entendería que inútilmente, gran parte de los millones que donan los testigos de Jehová.
    Comunican estos ancianos que Lett podría no estar en sus cabales y lo que ha dicho tan inoportunamente contradice a sus compañeros del Cuerpo Gobernante. Este Lett ya en su día negó hasta la evidencia de las acusaciones que en la vista oficial de Australia se hacía contra los testigos de Jehová por ocultar más de mil casos de corrupción de menores no informados a las autoridades.
    Cuando en los evangelios se lee que habrá guerras, terremotos, hambres y pestes,  el señor Lett (miembro del Cuerpo Gobernante) no tiene en cuenta que Jesucristo dijo que todo eso sería ‘principio de dolores de aflicción, mas todavía no era el fin’. Es decir, que el coronavirus, que se considera una pandemia, no significa que estemos en ‘el último día de los últimos días’, como asegura Lett, que es tanto como decir que lo asegura el Cuerpo Gobernante en pleno.
    Por lo tanto muchos testigos de Jehová se han precipitado al actuar como lo están haciendo, abandonando sus trabajos y dedicándose a predicar todo el día y parte de la noche. Esto no gusta a los ancianos de sus respectivas congregaciones, quienes les han amonestado. Por otro lado, si el Cuerpo Gobernante se empeña en construir en Ramapo, quiere decir que realmente no cree que estamos en el último día de los últimos días o en sus vísperas inmediatas.
    Ya muchos ancianos, contrariamente y a escondidas de lo que pregona el Cuerpo Gobernante,  entienden que las pestes, las guerras y los terremotos NO son en realidad una señal del tiempo del fin o del fin mismo, puesto que Jesucristo dijo que estos acontecimientos no indicaban que el fin estaba encima.
    Así que el señor Lett, al decir lo que dijo, contradice a los propios compañeros del Cuerpo Gobernante y les deja a la altura de los falsos profetas, sea que estos estén de acuerdo con Lett o no. ¿Cómo puede un individuo como éste formar parte de un cuerpo gubernativo que impone sus creencias a millones y asegura que está colocado ahí por Jehová y Jesucristo mismos y que lo que dice es palabra de Jehová, aunque últimamente ese Cuerpo lo niega y asegura que incluso las doctrinas que emite no están inspiradas, ya que periódicamente cambian, como es el caso de la generación que no pasaría y que tanto daño ha hecho a cientos de miles de Testigos que al final han decidido abandonar la organización?
    La gran contradicción actual del Cuerpo Gobernante es que, si a través de uno de sus miembros, precisamente el menos apreciado por ancianos y superintendentes, por un lado proclama que estamos en vísperas del último día de los últimos días, por otro se pone a construir masivamente como si no estuviéramos en esa fecha del último día de los últimos días.
    No cabe duda de que casi todos los ancianos y superintendentes (y hasta el Cuerpo Gobernante) replicarán lo suyo por este artículo y tratarán de defender lo indefendible, como es el caso del señor Azote, que entra en las páginas que llaman de ‘apóstatas’, aunque nos llaman apóstatas a los periodistas, escritores de artículos y profesionales de la información.  Pero la realidad es que en estos días hay ancianos que afirman que han comenzado a pensar fríamente y se encuentran con que están metidos en una ratonera de la que es difícil salir sin perder familia y amistades.


lunes, 9 de marzo de 2020

Los ungidos aún no han resucitado



    Un superintendente en activo nos corrige asegurando que el nuevo entendimiento doctrinal es que los ungidos no han resucitado todavía. Antes la Watch Tower enseñaba que los  ungidos comenzaron a resucitar en 1918. Posteriormente el Cuerpo Gobernante enseñó que la más temprana resurrección de ungidos aconteció entre 1914 y 1935. Ahora parece enseñar que los ungidos resucitarán en el futuro, inmediatamente antes del Armagedón, cuando Jesucristo esté para dar su atención a la Tierra.
    El superintendente remite, entre otros textos, a La Atalaya de estudio del 15/03/2015, página 22, párrafo 13, donde se lee:
    ‘Justo antes de que comience la gran tribulación, Jehová dará su aprobación final a los ungidos… En ese momento recibirán el sellado final. Entonces, antes del Armagedón, Jesús les dará su recompensa celestial’.
    Varios textos bíblicos, según entienden también muchos ancianos y superintendentes, dejan caer que la resurrección de los ungidos acontecerá en el futuro, al tiempo de la gran tribulación o cuando Cristo llegue en su gloria (Mateo 25:31) o descienda con voz de trompeta. Por ejemplo, ahí tenemos el texto de 1 Tesalonicenses 4:16:
    ‘El Señor mismo descenderá del cielo con una llamada imperativa, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los que están muertos en unión con Cristo se levantarán primero’.
    Jesucristo aún no ha llegado en su gloria ni ha descendido del cielo o ha dado su atención a la Tierra. Por lo tanto nadie ha resucitado aún. Bíblicamente esta primera resurrección acontecerá al tiempo de la gran tribulación.
    Así que ningún ungido ha resucitado todavía, ni en 1914, ni en 1918, ni antes de 1935. Russell, por ejemplo, no ha resucitado e ido al cielo. Y ahora el Cuerpo Gobernante dice que Russell era un precursor ‘al estilo de Juan el Bautista’. ¿Qué significa esto? Muchos ancianos entienden que, así como Juan no fue cristiano, Russell tampoco era ungido.  
    Es más, a Russell se le está desplazando, pues él nada tenía que ver con los testigos de Jehová, grupo que apareció en 1931 y lo creó Rutherford con el 27% de los Estudiantes de la Biblia que no se habían marchado en 1926.
    Por otro lado ya se oye decir a varios ancianos que los ungidos serían un grupo especial que surge durante el tiempo del fin, antes del Armagedón, aunque nada de esto se ha publicado en las Atalayas.
    La cuestión es que los ungidos que han muerto, o que en vida se creían ungidos y han fallecido, no han resucitado todavía. Y esta resurrección queda para el futuro, según  se desprende de los textos bíblicos.

viernes, 6 de marzo de 2020

Los tiempos de los gentiles




    Un gentil es una persona no judía. Para la Watch Tower (WT) y el Cuerpo Gobernante (CG) de los testigos de Jehová, los siete tiempos del profeta Daniel y los tiempos de los gentiles de los que habla el evangelio de Lucas son lo mismo.

    Según la doctrina WT-CG, los tiempos de los gentiles (que ellos llaman ‘de las naciones’) comenzaron en el 607 a.e.c. y terminaron  en 1914, por lo que duraron exactamente 2.520 años solares. Las iniciales a.e.c. las defiende WT-CG como ‘antes de la era común’, lo cual es incorrecto porque no existe una era común para toda la humanidad, aunque sí para el cristianismo, sea genuino o no. Al principio las iniciales ‘a.e.c.’ significaban ‘antes de la era cristiana’; pero a los miembros de la vieja WT no les gustaba la expresión ‘cristiana’ aplicada a las fechas.

    ¿Qué se entiende por tiempos de los gentiles? Sencillamente, que los gentiles o no judíos gobernarían el planeta tras la desaparición del reino de Dios establecido en Judá, cuyos reyes ‘se sentaban sobre el trono de Jehová’. Se consideraba que la representación de ese trono estaba en Jerusalén. Al desaparecer el gobierno de Jehová sobre la Tierra, WT-CG dice que en el 607 a.e.c., los gentiles dominaron la gobernación humana y eso cesaría en 1914, en que sería establecido El reino de Dios en la Tierra, según la enseñanza oficial jehovista.

    Aunque el antiguo reino de Dios en Jerusalén despareció de la Tierra, no desapareció del cielo, donde Salmos dice que en el cielo está el trono de Jehová. Ese reino, según WT-CG, sería ‘reestablecido en 1914’, naturalmente, en la Tierra, no en el cielo, porque en el cielo ya estaba activo ese reino de Dios.

    Russell comenzó a predicar en 1876 que el reino de Dios sería instaurado en la Tierra en 1914 y acabaría con los gobiernos humanos o dominación de los gentiles. Pero eso no sucedió en 1914 y por eso Russell trasladó el año 1914 a 1915, en que tampoco se vio que fuera instaurado el reino de Dios en la Tierra.

    Para octubre de 2019 han transcurrido 105 años desde que en 1914 finalizaron los tiempos de los gentiles; pero los gentiles continúan gobernando la Tierra y el reino de Dios no ha sido establecido. Por tanto los famosos 2.520 años atribuídos a los tiempos de los gentiles son una doctrina incorrecta, ya que el reino de Dios no ha borrado de la Tierra a los gobiernos humanos.

    El binomio WT-CG continúa enseñando la doctrina de los 2.520 años como si fuera bíblica, aunque la Biblia no habla de 2.520 años de dominación gentil. La fecha del 607 a.e.c. para el inicio de esos 2.520 años fue impuesta sorprendentemente por la WT en el año 1943, lo que hizo que no pocos ancianos y muchos Testigos del montón se desasociaran de las filas jehovistas.

    Antes de 1943 se enseñaba que los 2.520 años iban del 606 a.e.c. a 1914. Eso precisamente era lo que predicaba Russell. Pero tal doctrina no es originaria de Russell, sino que él la aceptó del adventista Nelson Horatio Barbour. Barbour a su vez  la aceptó del libro ‘Horas del Apocalipsis’ que había publicado Edward Bishop Elliot en 1844. Este Elliot fue el primero que dijo que los siete tiempos de Daniel corrían del 606 a.e.c. hasta 1914. Pero se equivocó en el tiempo, pues ese lapso duraba exactamente 2.519 años. Por esa razón en 1943 la WT adelantó un año la supuesta caída de Jerusalén a manos de Nabucodonosor, que entonces pasó del 606 al 607 a.e.c., con lo que al mismo tiempo se adelantó la salida del destierro babilonio del 536 al 537 a.e.c. Las fechas 607 y 537 a.e.c. son producto de la mente de los dirigentes de la WT en 1943.

    ¿De dónde salió el año 606 a.e.c. que Elliot pregonaba y que aceptaron como verdad bíblica Barbour, Russell y los Estudiantes de la Biblia (movimiento creado por Russell y cuyo 27% dio origen a los testigos de Jehová en 1931)?

    En 1843 el teólogo inglés Thomas Rawson Birks publicó su libro ‘Primer elemento de la sagrada profecía’. En él aparece por vez primera la fecha del 606 a.e.c. Esa fecha la entendía Birks como el año de la subida al trono de Nabucodonosor. Paralelamente había otros teólogos y entusiastas bíblicos que, como todo el mundo hacía entonces, aceptaban la fecha del 587 a.e.c. como año de la destrucción de Jerusalén.

    Como dichos teólogos habían leído en Jeremías 52 que Nabucodonosor arruinó Jerusalén en el año 19 de su reinado, lo que hicieron fue sumar 19 años al 587 a.e.c. y así llegaron al 606 a.e.c. como año del ascenso de Nabucodonosor, en tanto que los historiadores demostraban que fue el 605 a.e.c. el año de ese ascenso.

    Los teólogos se equivocaron al aplicar 19 años al 587 a.e.c., pues el año 19 significa que pasaron 18 años y 18 años es lo que los teólogos debieron haber sumado al 587, llegando así al 605 a.e.c. para el ascenso de Nabucodonosor. Pero, dado que el 606 a.e.c. coincidía con lo que defendía Birks en su libro, dejaron establecida la fecha del 606 a.e.c. para el ascenso de Nabucodonosor y eso fue lo que aceptaron muchos religiosos protestantes, en lugar de aceptar el 605 a.e.c. demostrado por los historiadores. De todas maneras, la fecha aceptada por todos para la destrucción de Jerusalén fue la del 587 a.e.c.

    Cuando Barbour leyó el libro ‘Horas del Apocalipsis’ aceptó en principio la fecha del 606 a.e.c. como la del ascenso de Nabucodonosor; pero con el tiempo adelantó 18 años ese ascenso y lo fijó en el año 624 a.e.c., en contra de la evidencia histórica, arqueológica, astronómica e incluso de la propia Biblia. Barbour creyó entender que la Biblia decía que los judaítas apresados por Nabucodonosor en el año 18-19 de su reinado habían estado 70 años desterrados.   

    La Biblia no dice cuántos años estuvieron desterrados los cautivos judaítas. Los 70 años se refieren a la duración de Babilonia como imperio absoluto, algo que ahora entiende correctamente el CG, pero que no puede cambiar. Cambiar eso supondría la estampida de casi todo el rebaño, lo que ya ocurrió en 1926 con los Estudiantes de la Biblia, por culpa de las erróneas doctrinas de Rutherford.
    La fecha del 624 a.e.c. como año de ascenso de Nabucodonosor la pasó Barbour a Russell, además de las fechas 606 a.e.c. y 1914, y Russell no se paró a investigar si las fechas y las doctrinas eran correctas. Russell no veía más que el negocio editorial que tenía a la vista y poco le importaba si fechas y doctrinas eran correctas o no. El caso es que Russell se lanzó a predicar fechas y doctrinas como si fueran parte de la Biblia. Hoy el CG admite que Russell no predicaba la verdad. Si aquello fuera verdad, seguiría predicándose hoy. Pero no se predica ni lo que enseñó Russell ni lo que enseñó Rutherford, salvo algún resto doctrinal que está en vías de cambiar.

    En 1943, al adelantar las fechas del 606 y 536 al 607 y 537 a.e.c. respectivamente, se adelantó al 625 a.e.c. el ascenso de Nabucodonosor, con lo que WT se alejó aún más de la fecha real del 605 a.e.c. El CG sabe perfectamente que Nabucodonosor subió al trono en el 605 a.e.c.; pero admitir esto abiertamente supondría la ruina total del negocio editorial e inmobiliario de la WT.
    A finales de los años setenta, el miembro del CG Raymond Franz descubrió que Jerusalén había caído ante Nabucodonosor en el 587 a.e.c., de lo cual había innumerables pruebas históricas, arqueológicas y astronómicas, dándose el caso de que la fecha del 587 a.e.c. se desprende de la mismísima Biblia cuando se le aplica la cronología histórica real. Raymond sugirió a sus compañeros que había que cambiar las fechas 607 a.e.c. y 1914. Los demás miembros del CG no pudieron aceptar eso de ninguna manera y Raymond dejó de pertenecer al CG.

    Posteriormente Raymond fue expulsado injustamente de la congregación por temor de que expandiera la verdad de la fecha 587 a.e.c. Eso hizo que publicara los libros ‘Crisis de conciencia’ y ‘A la búsqueda de la libertad cristiana’, que ya han hecho que decenas de miles de Testigos, incluídos ancianos y superintendentes, abandonen las filas congregacionales. Es curioso que haya ancianos que tengan estas precisas obras en sus casas, además de otras catalogadas como ‘apóstatas’ por el CG. 

    Elliot, el autor de ‘Horas del Apocalipsis’, editado en 1844, aplicó 2.520 años al 606 a.e.c. ¿De dónde sacó esos 2.520 años? Su inventor fue John Aquila Brown, quien en 1823 publicó su obra ‘El atardecer’, donde exponía que los siete tiempos de Daniel duraban 2.520 años. Brown dijo que los 2.520 años comenzaron en el 604 a.e.c., que comprobadamente era el año primero de reinado de Nabucodonosor, y terminarían en 1917 con gloria para Israel. Casualmente el ejército inglés conquistó Jerusalén en diciembre de 1917 y la cuenta de Brown de los 2.520 años fue aceptada como profética, aunque posteriormente Elliot pasó el 604 al 606 a.e.c.

    Brown lo que hizo fue duplicar los 1.260 años que generalmente se creía que duraban los siete tiempos de Daniel. Para ello tuvo en cuenta la creencia religiosa de que Nabucodonosor había estado loco durante siete tiempos o 7 años de 360 días, que suman 2.520 días. La Historia nada menciona de esta locura temporal de Nabucodonosor.

    Siguiendo la costumbre judía de convertir los días en años, Brown convirtió los 2.520 días en 2.520 años. Pero se equivocó al hacerlo, pues los 2.520 días salían de 7 años de 360 días y Brown, inadvertidamente, convirtió los 2.520 días en 2.520 años solares de 365,25 días, en lugar de tener en cuenta años de 360 días, con lo que la cuenta real, es decir, aplicando años de 360 días, concluiría en 1881 y no en 1917.
    A partir de entonces otros entusiastas bíblicos tomaron los 2.520 años como si eso fuera lo que mencionaba la Biblia. La Biblia no dice que los 2.520 días de Nabucodonosor fueran 2.520 años solares ni dice que al final de ese tiempo Jesucristo recibiría el reino. Todo es especulación mental de unos religiosos que trataron de imponer una doctrina que no venía en la Biblia, pero que creían firmemente que sí venía en la Biblia porque la leyeron mal o con ideas religiosas preconcebidas.

    La doctrina de los 2.520 años la tomó el adventista Barbour del libro ‘Horas del Apocalipsis’, de Elliot. Barbour confundió los siete tiempos de Daniel con los tiempos de los gentiles y toda esa amalgama de tiempos y doctrinas se la pasó a Russell, quien no investigó su procedencia, pues Russell, con tan solo 23 años de edad, no tenía el suficiente conocimiento de la Biblia. De haberlo tenido, Barbour no le hubiera engañado tan fácilmente.

    El caso es que Russell pasó fechas, tiempos y doctrinas a los Estudiantes de la Biblia y de estos (el 27% de los que no abandonaron las filas en tiempos de Rutherford) pasaron a los testigos de Jehová, cuando el nuevo grupo se creó en 1931.

    A día de hoy el CG conoce perfectamente el engaño doctrinal y cronológico que, involuntariamente, Barbour le transmitió a Russell. Cambiar todo esto supondría un descalabro total de las filas jehovistas y eso se pretende evitar a toda costa, manteniendo el engaño primitivo y presentándolo como si fuera la verdad absoluta.

    Si los testigos de Jehová caen, se vienen abajo el CG y la WT, y la entera organización desaparece. De hecho son incontables los testigos de Jehová que sospechan que han sido totalmente engañados, pero que no se atreven a abandonar las filas para no protagonizar el horrible ostracismo al que irremediable y desamoradamente serían sometidos.

    Los 2.520 años son pues, un falso lapso para los siete tiempos de Daniel y los tiempos de los gentiles. Son el producto de mentes desquiciadas del siglo XIX. La Biblia nada menciona acerca de esos 2.520 años solares y tampoco dice que desde la caída de Jerusalén hasta la coronación de Jesucristo como rey pasarían 2.520 años. Tampoco dice la Biblia que Jesucristo recibiría el reino en 1914.

    El propio Jesucristo, al marcharse, dijo que ‘toda autoridad le había sido dada en el cielo y sobre la tierra’, es decir, que, según el relato neotestamentario, ya era rey cuando subió al cielo en el año 33 y por tanto no precisaba esperar a 1914 para ser coronado. Pero los testigos de Jehová continúan aferrados a la doctrina de los 2.520 años, a pesar de que se trata de una idea descabellada de escrutadores bíblicos que se sentían superiores a sus congéneres por creer que lo sabían todo de la Biblia.





lunes, 2 de marzo de 2020

Evidencias de la caída de Jerusalén en el año 587 a.e.c. (1)


Evidencias de la caída de Jerusalén
en el año 587 a.e.c. (1)

(Basado en la investigación de los periodistas Peter Deck y John Farrell.
Se demuestra a los testigos de Jehová que no es correcta la fecha del 607 a.e.c.
que se les ha inculcado por error)

Recopilado por JOSE YOSADIT VON GOETHE
Marzo 2020
18ª edición en castellano
Impreso en Nueva York


Allá por la antigüedad
subió al cielo la verdad
y tan alta la pusieron
que todavía no ha vuelto.

(Glosa popular)


Un miembro del Cuerpo Gobernante

       Cuando después de mediados de los años setenta del siglo XX se pensaba publicar el libro ‘Ayuda para entender la Biblia’, el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová asignó a varios hermanos la respectiva porción literaria de los capítulos de la obra.

    Eran los tiempos posteriores a 1975, el año en que las publicaciones de la Watchtower dejaban caer veladamente como el del Armagedón y comienzo del séptimo milenio, el milenio en que sería restaurado el Paraíso en la Tierra. Aún existen grabaciones de discursos, uno de ellos de Fred Franz, que hablan abiertamente de la fecha del 5 de Septiembre de 1975 como la del fin del sistema mundial.

      Al miembro del Cuerpo Gobernante Raymond Franz se le encomendó entonces que buscara evidencia histórica de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor en el año 607 a.e.c. (antes de la era cristiana). El Cuerpo Gobernante carecía de tal evidencia y esperaba hallarla para poder demostrar como verídica la fecha en cuestión.

    Convencido Raymond Franz de que la fecha del 607 a.e.c. era correcta y para cerciorarse y poder redactar el consiguiente informe, consultó en las bibliotecas públicas numerosas enciclopedias y libros de Historia y se entrevistó con los más acreditados eruditos del tema.

     Después de cerca de un año de intensa investigación no encontró evidencia alguna de que Jerusalén hubiera caído en el año 607 a.e.c. Es más, la Historia documentaba que en ese año reinaba Nabopolasar en Babilonia y faltaban dos años para que Nabucodonosor fuera hecho rey.   

    Raymond Franz no halló, pues, evidencia alguna de que Jerusalén hubiera caído ante Nabucodonosor en el año 607 a.e.c. En cambio halló sorprendido que todas las líneas de evidencia, que eran muchas, apuntaban inequívocamente -por las ciencias de la Historia, la Arqueología, la Astronomía y aún la propia Biblia- al 587 a.e.c. como año de la destrucción de Jerusalén y su templo por Nabucodonosor.

    Al entregar su detallado informe a los compañeros del Cuerpo Gobernante, Raymond Franz sugirió que había que cambiar las fechas 607 a.e.c. y 1914, ya que sin duda alguna Jerusalén había caído en el 587 a.e.c. Sus compañeros rechazaron de plano la propuesta e hicieron hincapié en las fechas 607 a.e.c. y 1914, dado que sin ellas todas las doctrinas de los testigos de Jehová referentes a la presencia de Cristo y el Armagedón se vendrían abajo.

    Probablemente el Cuerpo Gobernante temiera que tal cambio drástico en las fechas supusiera una estampida del rebaño similar a la que protagonizaron los Estudiantes de la Biblia entre 1926 y principios de 1927, debido a que Rutherford había pregonado durante varios años, mediante conferencias y la edición del folleto ‘Millones que ahora viven no morirán jamás’, que los patriarcas del antiguo Israel (Abraham, Isaac, Jacob, David, etc.) resucitarían en 1925 y a continuación vendría el Armagedón.  

    A Rutherford solamente le quedó el 27% de los Estudiantes de la Biblia, a los cuales en 1931 cambió el nombre a testigos de Jehová, lo que supuso un grupo completamente diferente del de los Estudiantes de la Biblia, y más cuando Rutherford había desechado como no bíblicos los seis tomos de Estudios en las Escrituras de su predecesor Russell.

    De estos tomos el propio Russell había dicho, tal como aparece en una Atalaya de 1910, que quien los leyera concienzudamente entendería toda la Biblia; pero que quien solamente leyera la Biblia y no los tomos de Estudios en las Escrituras, en poco tiempo volvería a las tinieblas.

    Raymond Franz renunció a seguir siendo miembro del Cuerpo Gobernante. Poco después sus compañeros le expulsarían de la congregación por temor a que publicara la verdad acerca de las fechas. De todas maneras publicó dos libros -‘Crisis de conciencia’ y ‘A la búsqueda de la libertad cristiana’- que continúan haciendo que decenas de miles de testigos de Jehová sinceros que los leen, incluídos ancianos y siervos ministeriales, abandonen la organización.

    Con referencia a la evidencia de la caída de Jerusalén en el año 587 a.e.c., ya existe el libro ‘Los tiempos de los gentiles reconsiderados’, de Carl Olof Jonsson, obra estimada por los eruditos como una de las más documentadas y exactas acerca de la historia del imperio neobabilónico.

    Jonsson era un testigo de Jehová sueco que descubrió que Jerusalén había caído en el año 587 y no en el 607 a.e.c. Profusamente documentado, escribió inocentemente a la gerencia de la Watchtower para informar de que la fecha 607 a.e.c., establecida en 1943 sobre la incorrecta del 606 a.e.c., se basaba en un grave error que los adventistas le habían transmitido a Russell. Con el tiempo la Watchtower reaccionó expulsando a Jonsson de la congregación, por temor a que difundiera su descubrimiento entre los demás Testigos.

    Raymond Franz fue el único miembro del Cuerpo Gobernante que se interesó en las verdades contenidas en la extensa documentación que Jonsson había enviado acerca de las muchas y profundas evidencias históricas, arqueológicas, astronómicas y bíblicas sobre la exactitud de la fecha del 587 a.e.c. como año de la destrucción de Jerusalén y su templo por Nabucodonosor.

    El Cuerpo Gobernante, aferrado a las fechas, tiempos y doctrinas que Russell había heredado de los adventistas, no aceptó la verdad de cuanto científicamente se le demostraba en su día y continuó decretando la expulsión inmediata de quien no aceptara de inmediato absolutamente todo lo que enseñaba como vocero de Dios nombrado por el propio Jesucristo, según afirman sin pruebas los miembros de ese cuerpo dirigente.

viernes, 31 de enero de 2020

Todos moriremos, sin excepción



    Dice la Biblia que el salario que el pecado paga es muerte. Y como todos pecamos y hemos heredado el pecado, morimos sin remisión la muerte adámica. En ninguna parte dice la Biblia que habrá humanos que no mueran. Quienes lo afirman no están leyendo correctamente.

    Muchos se hicieron testigos de Jehová creyendo que no morirían jamás. En cierta ocasión un anciano le dijo a un estudiante bíblico que él no pensaba morirse jamás. El estudiante le contestó que eso era presuntuoso de su parte y el anciano intentó formarle un comité judicial, a pesar de que el estudiante no estaba bautizado. Fue tal la rabieta que cogió el anciano que le denegó el estudio al que así le contestaba. Y el superintendente encima le dio la razón al anciano. El estudiante es hoy uno de los más acérrimos enemigos de los testigos de Jehová.

    Ha pasado el tiempo y el anciano en cuestión murió de viejo. Su familia dejó de pertenecer a la congregación, al comprobar que todos los ancianos y superintendentes se morían, en contra de la doctrina que predicaban. Y es que la muerte adámica es para todos sin excepción.

    Enseña la organización de los Testigos que el fin está cercano, al caer. Pero no es así. Russell predicaba que el fin venía en 1914. Rutherford, que en 1925. Franz, que en 1975. Y todos los superintendentes y ancianos recalcaban que el fin venía antes de terminar el año 2000. Y el fin no vino. Y los que esperaban no envejecer y morir, han envejecido y muchos han muerto.

    Ya puede el Cuerpo Gobernante cacarear que el fin está a la vuelta de la esquina, que no viene. Se obliga a predicar esa doctrina para que no baje la audiencia. Y con todo está bajando. Por eso se reagrupan dos congregaciones en una. Por eso se venden tantos salones del reino y se publica menos literatura. Y quien diga lo contrario, miente con total descaro, aunque es raro que un Testigo dedicado, sobre todo un anciano de congregación, razone sin insultar o menospreciar al interlocutor que le expone lo contrario.



sábado, 18 de enero de 2020

La verdad que llevaba a vida eterna



    En 1968 los testigos de Jehová editaron el libro ‘La verdad que lleva a vida eterna’. En aquel tiempo no existía el Cuerpo Gobernante, que fue creado en 1971, y en 1976 tomó las riendas de la Sociedad Watchtower, desplazando al presidente, todo ello a pesar de que la ‘organización’ enseña que el Cuerpo Gobernante dirigía a los cristianos del primer siglo, cuando Pablo no les rendía cuentas a los señores que hipotéticamente lo componían.

    El libro mencionado se catalogaba como ‘la bomba azul’ y, según los ancianos y superintendentes, contenía la verdad y nada más que la verdad. Cualquiera que no aceptara algún punto doctrinal del libro era expulsado de la congregación por no aceptar la verdad.

    Enseñaba el libro que la generación de 1914 no desaparecería sin que llegara el fin del sistema actual del mundo en la batalla de Armagedón, aunque según el Apocalipsis el Armagedón es solamente para los reyes de la tierra, y más concretamente para los reyes del este, junto al río Eufrates, que el sexto ángel secó.

    A quien no aceptaba que la generación de la que habló Jesucristo se refería a la que estaba viva en 1914 y vería el fin del sistema, se le expulsaba sin contemplaciones. Lo escrito en el libro ‘La verdad’ era verdad absoluta y no se admitía que cualquier librepensador pusiera en duda un solo ápice de lo contenido en las páginas de aquella azulada publicación. La generación de 1914 que no pasaría era, pues, una verdad incuestionable.

    Pasó el tiempo y a finales de los años noventa la doctrina de la generación que el libro ‘La verdad’ defendía como verdad, fue cambiada por completo por el Cuerpo Gobernante y en su lugar ese Cuerpo directivo estableció como verdad que la generación se refería, no a los que vivían en 1914, sino a los inicuos que no aceptaban la predicación de los testigos de Jehová. Para imponer esta nueva doctrina tuvo que apostatar de la anterior.

    Una década después el Cuerpo Gobernante volvió a apostatar de la doctrina y la cambió de nuevo. Ahora enseñaba que la generación la componían los ungidos. Más tarde matizó que la generación la componían dos grupos de ungidos, el primero de los cuales vivía en 1914 y traslapaba a un segundo grupo más joven. La generación, pues, la componen hoy unos abuelos de 1914 más unos señores más jóvenes que vinieron a la existencia después de 1914. Es de suponer que, si no viene en estos años el fin tan anunciado, habrá un tercer grupo de ungidos en la generación.

    Pero el libro ‘La verdad’ no enseñaba que la generación la componían dos grupos de ungidos. Se le ha preguntado a varios ancianos la razón por la que se cambió la doctrina de la generación y dicen que ahora se entienden mejor las cosas. Pero entonces el libro no debería haberse titulado ‘La verdad’, sino ‘El entendimiento de la verdad’.

    Otra pregunta que se les hizo fue que por qué se expulsó a quienes no aceptaron que la generación se refería a personas de 1914 que verían el fin. La respuesta de algunos indicó que era vital mantener la unidad de creencia por encima de todo, se estuviera en lo correcto o no.  

    En resumen, el libro ‘La verdad’ no contenía la verdad, sino lo que se entendía como verdad y que no lo era. La verdad nunca cambia; el entendimiento de la verdad, sí. Por tanto los testigos de Jehová no están en la verdad, sino en lo que el Cuerpo Gobernante entiende que es la verdad. Y no aceptar este entendimiento supone la expulsión inmediata de la congregación de la persona que lo rechaza, con el consiguiente desamorado y cruel ostracismo.


P.D.: Se espera el instructivo comentario del señor que graciosamente firma como Azote, ‘anciano’ de una congregación española y que, según comunican los compañeros de la agencia de redacción periodística que me ha tocado regentar, al comentar se ha dejado abiertos los parámetros que detectan su ubicación, por lo que se le recomienda que los cierre al comentar.