martes, 10 de diciembre de 2019

La Nazaret de los evangelios (y 2)



    Quienes escribieron los evangelios, suponiendo que fueran varios, no investigaron convenientemente acerca de la existencia de Nazaret en los tiempos que se atribuyen a Jesucristo. No investigaron la Historia. Pensaban que Nazaret llevaba muchos siglos de existencia. ¿Cómo llegó a existir Nazaret realmente?

    Josefo escribe que los romanos masacraron a los varones de la ciudad galilea de Japha, lo cual ocurrió en el año 67 de nuestra era. Muchos fueron los muertos y los enterraron en el cementerio de Japha, que estaba a un kilómetro y medio hacia el norte, en una llanura al pie de una loma o colina baja.

    En el año 70 los romanos destruyeron Jerusalén, mataron a muchos de sus habitantes y se llevaron cautivos a otros muchos. Con el tiempo los judíos de las zonas limítrofes ocuparon Jerusalén y la reedificaron como pudieron.

     En el año 135 los romanos volvieron a destruir Jerusalén, debido a una grave revuelta de sus habitantes. Antes de que los romanos llegasen hubo familias que huyeron de la ciudad. Entre ellas estaba una familia sacerdotal, la cual emigró a Galilea y, debido a que el sitio era tierra de nadie, se estableció en la ladera de la loma o colina baja a cuyo pie estaba la llanura que era el cementerio de Jafa. Los judíos no se establecían en un lugar a menos de 70 metros de un cementerio.

    Con el tiempo los hijos se casaron con gentes de Jafa, Séforis y Cafarnaún y sobre todo las hijas se quedaron a vivir en la falda de la colina junto a sus padres, por lo que construyeron nuevas casas. Otro tanto harían los nietos y los biznietos y el lugar se estaba convirtiendo ya en una auténtica población.

    Es evidente que las reuniones religiosas las harían en la casa principal, la del padre sacerdote. Pero al crecer la población llegó un momento en que no cabían todos en el salón religioso de la casa y construyeron una sinagoga, lo que aconteció en el último tercio del siglo III.

    Aquella población recibió el nombre de Nazaret y comenzó a hablarse de ella a principios del siglo IV. Es precisamente a principios del siglo IV cuando la Historia menciona a Nazaret, aunque se atribuyen escritos a dos autores anteriores, si bien se sospecha que esos autores fueron interpolados en el siglo IV y se les añadieron comentarios. Quienes escribieron los evangelios tardíos creyeron que Nazaret tenía muchos siglos de existencia. Por tanto es evidente que al menos la parte dedicada a Nazaret en los evangelios tuvo que escribirse por fuerza en el siglo IV, que es cuando se empezó a hablar de Nazaret.

    Así pues, Josefo no menciona a Nazaret en sus escritos porque en su tiempo, en el último tercio del siglo I, no existía. En tiempos de Josefo aquello era el cementerio de Japha. Por tanto Nazaret tampoco existía en los tiempos en se supone que vivió Jesucristo.

    El Talmud del siglo II no menciona a Nazaret porque no existía. Y el itinerario burdigalense no menciona a Nazaret porque, aunque ya existía, no se relacionaba a Nazaret con Jesucristo y los evangelios no daban cuenta de Nazaret como el pueblo en el que Jesús vivió treinta años.

    La Nazaret de los evangelios es ficticia y el relato de que la población era una ciudad y tenía sinagoga tuvo que ser incluído en el siglo IV. Los escritores desconocían por completo todo lo relativo a Nazaret y pensaban que la población tenía bastantes siglos de existencia.

    La parte de Nazaret correspondiente a la llanura del antiguo cementerio de Japha se construyó mucho después que la parte edificada en la loma. Hoy día, al excavar para poner nuevos cimientos a las casas, continúan apareciendo esqueletos en el subsuelo. La cantidad de enterramientos en aquel sitio tuvo que haber sido enorme.

    Si Nazaret subió a los evangelios como el pueblo de Jesucristo, cuando en realidad no existía Nazaret, nos preguntamos qué otras cosas hay en los evangelios que históricamente no son ciertas.

    Todo lleva a pensar que al menos una parte importante de los evangelios fue escrita o reescrita en el siglo IV y la Iglesia hizo pasar los escritos por más antiguos. Se presume que el escritor que añadió Nazaret a los evangelios fue Jerónimo de Estridón, actuando bajo las órdenes del obispo de Roma, Dámaso, hacia el año 382, cuando produjo la Vulgata latina a la vista de uno de los códices de Eusebio y de las traducciones latinas de ese códice que mejor le parecieron. Jerónimo no solamente se limitó a traducir, sino que añadió pasajes a los evangelios y por eso él reconoció que no estaría bien mirado por las generaciones futuras.  



viernes, 6 de diciembre de 2019

La Nazaret de los evangelios (1)



    Los evangelios llaman a Jesucristo ‘el nazareno’ y afirman que vivió en Nazaret durante tres décadas. En realidad la palabra nazareno no significa que la persona que ostenta ese calificativo sea de o viva en Nazaret. La palabra nazareno se refiere a alguien consagrado a Dios y que lleva la verdad.

    El evangelio de Lucas dice que Nazaret era una ciudad y tenía sinagoga. Una ciudad con sinagoga era algo muy importante para los judíos y si un judío tenía que relacionar las poblaciones de Galilea, donde se sitúa Nazaret, es evidente que a Nazaret la citaría entre las primeras poblaciones. Los evangelios, pues, hablan de Nazaret; pero cuando se acude a la Historia real en busca de datos sobre Nazaret, nos llevamos una gran sorpresa.

    Flavio Josefo era un historiador judío que se pasó a los romanos y fue destinado como comandante a Galilea en los años sesenta del primer siglo. Josefo menciona en sus escritos cuarenta y cinco poblaciones de Galilea, que se supone que eran todas las que existían. Pero no menciona a Nazaret.

    Los teólogos católicos y protestantes antes se disculpaban diciendo que, como Nazaret no era importante, por eso Josefo no la menciona. Ahora, dándose cuenta de que el evangelio dice que Nazaret era una ciudad y tenía sinagoga, y por lo tanto era importante, los teólogos dicen que a Josefo se le pasó mencionar a Nazaret. Sin embargo no se le pasó mencionar numerosas poblaciones sin importancia, la mayoría aldeas de menos de cien habitantes.

    La pregunta que surge es: ¿Cómo es posible que un historiador judío se olvide de mencionar una ciudad que tenía sinagoga y no se olvide de mencionar aldeas sin importancia?

    A mediados del siglo segundo se escribió el primer Talmud. En esta obra escrita por judíos se mencionan sesenta y tres poblaciones de Galilea, supuestamente todas las que existían. Desde los tiempos de Josefo había pasado un siglo y es lógico que las     poblaciones galileas crecieran en número.

    Los teólogos dicen hoy: ‘Bueno, es que a los judíos que escribieron el Talmud se les olvidó incluir a Nazaret en la lista’. Y la pregunta que surge es la misma: ¿Cómo unos judíos, algunos de ellos rabinos, que escribieron el Talmud, se olvidaron de mencionar a Nazaret, que según el evangelio era una ciudad que tenía sinagoga?

    En Burdeos se conserva una serie de mapas del año 333 (siglo IV) que se conocen como ‘el itinerario burdigalense’. En uno de ellos se hallan las poblaciones del Antiguo y Nuevo Testamento que debían recorrer los peregrinos que iban a Tierra Santa. En este itinerario no aparece Nazaret, siendo el caso que, según el evangelio, Jesucristo vivió treinta años en Nazaret.

    Los teólogos dicen que al autor del itinerario se le olvidó incluir Nazaret. Es decir, se les olvida de incluir a Nazaret en sus listados al historiador Josefo, a los judíos que escribieron el Talmud y al autor del itinerario burdigalense. Se les olvida, y eso que Nazaret era una ciudad que tenía sinagoga, según el evangelio de Lucas. Inexplicable olvido.

    Con relación al itinerario burdigalense surge la pregunta: ¿No aparece Nazaret en el itinerario, sencillamente porque los evangelios de aquella primera mitad del siglo IV no mencionaban a Nazaret? Es lo más probable, por no decir seguro. Si los evangelios de entonces citasen a Nazaret, es evidente que la población aparecería en el itinerario burdigalense.

    Todas las sospechas de la inclusión de Nazaret en los evangelios recaen sobre Jerónimo de Estridón, que rehízo a finales del siglo IV los evangelios y el entero Nuevo Testamento por orden de Dámaso, el obispo de Roma. Jerónimo compuso así la Vulgata latina y no solamente se limitó a traducir uno de los códices escritos por Eusebio de Cesarea, quien estaba a las órdenes del emperador Constantino, sino que añadió pasajes a los evangelios; por ejemplo: los relatos del nacimiento de Jesucristo e incluso los primeros textos de la resurrección. Y probablemente fuera Jerónimo el autor de la inclusión de Nazaret en los evangelios.

    Es cierto que sí aparece Nazaret en el Códice Sinaíticus, el más antiguo de todos, de mediados del siglo IV o antes, según los entendidos. Pero ha de tenerse en cuenta que a este códice se le añadieron escritos después del siglo IV y esos escritos están de acuerdo con la Vulgata latina que escribió Jerónimo. De paso la Iglesia ‘descubrió’ a principios del siglo V una serie de hojas de papiro que dató de los siglos II y III. Pero ni Jerónimo ni Eusebio conocieron tales papiros. Muchos teólogos afirman que esos papiros son traducción al griego de la Vulgata latina de Jerónimo, los cuales la Iglesia hizo pasar por más antiguos.

    No se sabe de dónde en realidad sacó Eusebio la información para escribir los códices evangélicos, si en su tiempo se ignoraba la existencia de papiros antiguos. Hay teólogos que sospechan que se perdieron los escritos evangélicos del siglo I y se transmitía todo por vía oral. Eusebio lo que habría hecho, según opinan tales teólogos, fue poner por escrito la tradición oral evangélica y de las epístolas atribuídas a Pablo, Pedro, Juan, Santiago y Judas.

    Lo cierto es que Eusebio escribió cincuenta códices del Nuevo Testamento, por orden de Constantino, para los obispos que el emperador había nombrado en el año 312, quienes nada sabían de Jesucristo. Con ellos mantuvo su primera entrevista en el año 313, en la ciudad francesa de Arelate, hoy Arlés. Los obispos esperaban que el emperador les facilitara datos sobre la nueva religión que pretendía establecer en su Imperio y sobre todo del personaje central de esa religión.
           




miércoles, 4 de diciembre de 2019

La montaña de Nazaret




    En Lucas 4:16-29 se lee sobre Jesucristo: ‘Fue a Nazaret, donde se había criado, y, como era su costumbre en sábado, entró en la sinagoga y se puso de pie para leer… en la sinagoga se llenaron de rabia. Así que se levantaron, lo sacaron rápidamente de la ciudad y lo llevaron hasta lo alto de la montaña sobre la que estaba construída la ciudad para lanzarlo de cabeza desde allí’.

    El evangelio dice que Nazaret estaba construída sobre una montaña y los de la sinagoga llevaron a Jesús a lo alto de la montaña para despeñarlo.

    Ahora bien, en Nazaret no hay montañas. Las montañas están a muchos kilómetros de distancia. Nazaret está edificada sobre una colina de muy pronunciada suavidad. Lo más que habrían podido hacer los de la sinagoga era hacer rodar a Jesús colina abajo; pero también sería imposible, dado que la pendiente de la ladera es muy liviana y el cuerpo no rodaría más allá de un metro.

    No se sabe cómo pudo el evangelista colar en su evangelio algo que no es cierto, como es la afirmación de que Nazaret estaba construída sobre una montaña y que desde esa hipotética montaña pretendieron lanzar a Jesús de cabeza. Para despeñar a alguien hace falta que exista una pendiente más o menos vertical y profunda. Y ese no es el caso en la suave colina de Nazaret.

    Esto de la montaña de Nazaret en el evangelio de Lucas da que pensar. El escritor no estaba informado y coló que había una montaña en Nazaret, y además mezcló al propio Jesucristo en esta falsa escena. Nos preguntamos si existen otras cosas inciertas sobre Nazaret en este evangelio, así como en los demás.
           

lunes, 2 de diciembre de 2019

Acerca de la gran muchedumbre



     El estudio de La Atalaya de esta semana (al 1 de Diciembre de 2019) incluyó el texto de Apocalipsis 7:14. Sin embargo La Atalaya no se para a explicar la parte que dice: ‘Ellos son los que salen de la gran tribulación’. Se refiere a la gran muchedumbre o gran multitud (una llamada en el texto indica que gran muchedumbre es lo mismo que gran multitud).

    La cuestión es la siguiente: el Apocalipsis dice que la gran muchedumbre es la que sale de la gran tribulación, es decir, que sale victoriosa de esa gran tribulación. No se refiere a la gran muchedumbre que entra en la gran tribulación. Es evidente que los que entran son el entero pueblo de Dios, pero no todos sobreviven a la gran tribulación. A los que entran en la gran tribulación no se la llama gran muchedumbre. Del entero pueblo que entra en la gran tribulación sale una gran muchedumbre incontable, aunque son por fuerza menos individuos. A estos y solamente a estos que salen de la gran tribulación se refiere el texto como ‘gran muchedumbre’.

    Como la gran tribulación no ha sucedido todavía, está claro que la gran muchedumbre no existe aún. Los individuos del pueblo de Dios podrán sobrevivir a la gran tribulación, pero de momento no son la gran muchedumbre, ya que la gran tribulación está aún en el futuro y el Apocalipsis sitúa a la gran muchedumbre después de la gran tribulación, no antes.

   El texto indica que esa gran muchedumbre, después de la gran tribulación, ‘está de pie delante del trono de Dios’. Un Salmo dice que ‘el trono de Dios está en el cielo’. Por lo tanto, si la gran muchedumbre está de pie delante del trono, quiere decir que está en el cielo y no en la tierra, por mucho que el Cuerpo Gobernante quiera alegar en sentido contrario, a sabiendas de que no es bíblico lo que explica.

    El texto que se relaciona con Apocalipsis 7:14 y siguientes corresponde a Apocalipsis 19:1, que dice que ‘una gran multitud en el cielo canta que la salvación es de Jehová’. Es lo mismo que canta la gran muchedumbre en Apocalipsis 7, cuando expone que ‘la salvación se la deben al propio Dios'.

   Ahora bien, el Cuerpo Gobernante enseña que esta gran multitud o muchedumbre de Apocalipsis 19 se refiere a los ángeles. Esto no puede ser así porque esa gran multitud da a entender que ‘la salvación (de la gran multitud) pertenece a Jehová. Y los ángeles no necesitan ser salvados. Únicamente los humanos. El texto además es el mismo, aunque con otro giro, que el que figura en Apocalipsis 7.

    La doctrina de la gran muchedumbre fue impuesta por Rutherford en 1935, debido a que el número de 144.000 ungidos iba a ser sobrepasado pronto, aunque Rutherford personalmente creía que ese número se superó con creces en el siglo I. Pero no tenía otra salida que explicar para que el negocio editorial no se viniera abajo. Muchos superintendentes saben esto y callan para no alarmar a la grey. De hecho es un superintendente el que expone todo esto. 

    De todas maneras la doctrina de los 144.000 está a punto de cambiar en algunos puntos esenciales, según informes que llegan de Warwick. Probablemente los 144.000 sean al final un grupo especial cuyos miembros solamente aparecen en un determinado momento del tiempo del fin. Sin embargo, de la lectura del Apocalipsis se deduce que los 144.000 y la gran muchedumbre son los mismos individuos y no dos grupos diferentes de personas.

lunes, 18 de noviembre de 2019

Atalaya del 1 de Junio de 1965



    En La Atalaya del 1 de junio de 1965 leemos que: Nabucodonosor reinó 43 años; su hijo Evil Merodac, 2 años; Neriglisar, yerno de Nabucodonosor, 4 años; Labashi Marduk, hijo de Neriglisar, 0 años (tiene solamente unos meses de reinado y se cuentan cero años por morir este rey en su año de ascenso); y finalmente Nabonido, otro yerno de Nabucodonosor, reinó hasta que Babilonia cayó.
    La Atalaya no menciona los años que reinó Nabonido. ¿Por qué? Porque el lector sumaría los años y llegaría al de subida al trono de Nabucodonosor. En otras publicaciones de la sociedad Watch Tower se dice que Nabonido reinó 17 años. La suma arroja lo siguiente: 43 años de Nabucodonosor, 2 de Evil Merodac, 4 de Neriglisar y 17 de Nabonido, da un total de 66 años.
    Como Babilonia cayó en tiempos de Nabonido, en el 539 a.e.c., si a ese año se le suman los 66 años, se llega al 605 a.e.c. como año de subida al trono de Nabucodonosor. Y como Nabucodonosor destruyó Jerusalén en el año 18 de su reinado, se alcanza el 587 a.e.c. como año de la caída de Jerusalén. De ninguna manera pudo ser el 607 a.e.c. el año en que Nabucodonosor destruyó Jerusalén.
    La fecha del 607 a.e.c. fue impuesta por sorpresa en 1943 por Frederick W. Franz, vicepresidente y teólogo único de la sociedad Watch Tower, cuando aún no existía el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, cuerpo creado en 1971 con 11 miembros (7 de la junta directiva de la Watchtower más otras 5 personas). La fecha del 607 a.e.c. fue publicada en el libro ‘La verdad os hará libres’ como nueva verdad obligatoria para los testigos de Jehová, a pesar de que no es bíblica. Antes se predicaba que Jerusalén había caído en el 606 a.e.c. Franz no corrigió a la fecha verdadera del 587, sino que se basó en la fecha errónea del 606 para sacar la de 607 a.e.c. porque no leyó bien el texto bíblico. Por ley matemática, todo número basado en un número erróneo, también es erróneo.
    La fecha del 606 a.e.c. le fue pasada a Russell por el adventista Barbour, quien erradamente entendió que Jerusalén había caído en el 606 a.e.c., cuando sus predecesores decían que ese año era el de subida al trono de Nabucodonosor. Russell aceptó fechas y doctrinas de Barbour y no se detuvo a investigar si eran ciertas o no. Si Russell hubiera investigado habría descubierto que las fechas eran falsas, así como las doctrinas que le pasó Barbour y que Russell se lanzó de lleno a predicarlas sin ser bíblicas. Russell no tenía gran conocimiento de la Biblia y por eso creyó cuanto Barbour le decía. De haber tenido el suficiente conocimiento, Barbour no le habría convencido de fechas y doctrinas.
    Por otro lado, la fecha del 606 a.e.c. para el ascenso de Nabucodonosor se debe a un error cometido por el teólogo inglés Thomas Rawson Birks, que en 1843 publicó esa fecha en su libro ‘Primer elemento de la sagrada profecía’, en lugar del 605 a.e.c. que daban los historiadores.
    Los escrutadores bíblicos del tiempo de Birks leyeron en Jeremías 52:12 que Nabucodonosor había destruído Jerusalén en el año 19 de su reinado. Lo que hicieron los escrutadores fue sumar 19 años a la fecha del 587 a.e.c., que entonces se daba para la destrucción de Jerusalén, y así llegaron al 606 a.e.c. como año de la hipotética subida de Nabucodonosor al trono de Babilonia. El año 19 significa que han pasado 18 años y esos 18 años era lo que debieron haber sumado al 587 los escrutadores, llegando así a la fecha correcta del 605 a.e.c. para el ascenso de Nabucodonosor.
    Por otro lado, como se creía que los judaítas habían salido del destierro en el año 536 a.e.c. y la nación de Judá había estado 70 años bajo el dominio de Babilonia, al igual que las demás naciones, 70 años atrás llevaban al 606 a.e.c. En esos 70 años entraban los tres destierros de los judaítas, a saber, el del año 7 de Nabucodonosor (en otra parte de la Biblia se lee que era el año 8); el del año 18 (el año 19 en Jeremías 52.12), y el del año 23. Barbour equivocó los términos y creyó entender que Jerusalén había caído en el 606 a.e.c., por lo que colocó el año de ascenso de Nabucodonosor en el 624 a.e.c., echándolo 19 años atrás, en contra de la evidencia histórica, arqueológica y astronómica que señalaban al 605 a.e.c. como año de subida al trono de Nabucodonosor.
    Barbour creyó entender que los judaítas a quienes Nabucodonosor se llevó cautivos cuando en su año 18 destruyó Jerusalén, estuvieron 70 años en Babilonia. La Biblia no indica cuántos años estuvieron los judaítas en el destierro. Los 70 años que menciona Jeremías se refieren a Babilonia y no al tiempo del destierro. Son los 70 años que Babilonia duró como imperio tras terminar de conquistar Asiria en el año 609 a.e.c.  Por otro lado Jeremías escribe su carta a los desterrados del año 7-8 y no a los del año 18-19 de Nabucodonosor. A esos desterrados del año 7-8 les aplica los 70 años de duración del imperio babilonio tras la conquista definitiva de Asiria. No son 70 años de destierro.
    Los historiadores llegaron en principio a la fecha del 539 a.e.c. para la caída de Babilonia debido a que aplicaron 70 años al 609 a.e.c., en que Babilonia conquistó definitivamente Asiria al tomar la ciudad de Harrán, lo cual ocurrió en tiempos de Nabopolasar, padre de Nabucodonosor. Las fechas 609 y 539 a.e.c. se corroboran por diversos medios. Si los historiadores se hubieran equivocado en la fecha del 609, también se habrían equivocado en la del 539 a.e.c. La Historia, la Arqueología y la Astronomía demuestran que Nabucodonosor subió al trono en el año 605 a.e.c. Por tanto su año 18, en que destruyó Jerusalén, fue el 587 a.e.c.
    Cuando se aplica la cronología histórica a la Biblia, en Zacarías capítulo 7 se descubre también que la caída de Jerusalén fue en el 587 a.e.c., debido a que el año sexto de Darío, en que se terminó de construir el nuevo templo, fue el 515 a.e.c., según se lee en el libro ‘Toda Escritura’. Por tanto su año cuarto (mencionado en Zacarías 7) fue el 517 a.e.c. Y como el texto dice que los judaitas, en el año cuarto de Darío, llevaban ayunando 70 años en el mes quinto por la destrucción del templo (Jeremías indica que el templo se destruyó en el mes quinto), 70 años atrás del 517 (año cuarto de Darío) llevan al 587 a.e.c. como año de la destrucción de Jerusalén y su templo.

martes, 12 de noviembre de 2019

Lo que los testigos de Jehová no saben



    Los Testigos de Jehová viven en una burbuja fantástica. Evadidos de la realidad, sueñan con la utopía de vivir en una tierra paradisiaca, al tomar al pie de la letra textos que en la Biblia no son más que metáforas literarias. Piensan que vivirán eternamente y que, si mueren, serán resucitados, siempre y cuando sean fieles a la ‘organización’ del Cuerpo Gobernante y a la Watchtower, que es la sociedad mercantil editora que sostiene todo el conglomerado jehovista y a cuya junta directiva de 1919 dice la propia organización actual que Jesucristo la nombró como su esclavo fiel y discreto, aunque aquella junta no se enteró del nombramiento.

    Antes se enseñaba que el esclavo fiel y discreto existía desde el Pentecostés del año 33 (primer siglo) y que en 1919 este esclavo fue nombrado sobre los bienes del Amo Jesucristo. Quien no aceptaba esto era expulsado de la congregación. Pero como Russell no contactó con esclavo fiel y discreto alguno y eso significaba que desde los años 1870 existían dos líneas de esclavos, la del año 33 y la de Russell, lo cual no podía ser, el Cuerpo Gobernante cambió la doctrina y señaló que el esclavo fue nombrado en 1919 y de esa manera se quitaba de encima a Russell, quien, al ser una figura precursora al estilo de Juan el Bautista, como ahora se enseña, quiere decir que no era ungido, tal como Juan el Bautista no fue cristiano.
    Los Testigos de Jehová sirven hoy al Cuerpo Gobernante y a la Sociedad mercantil Watchtower, para cuya editorial y granjas trabajan miles de ellos sin percibir un sueldo, salvo la debida manutención. Los 500 accionistas de la Watchtower son testigos de Jehová. La Watchtower no podría subsistir sin los testigos de Jehová. Es de notar que los primeros cristianos no servían a una entidad mercantil ni dependían de ella ni para ella trabajaban.

    Los Testigos de Jehová creen a pies juntillas en los evangelios y cartas apostólicas, sin saber que estos evangelios y las cartas comenzaron a ser escritos por Eusebio de Cesarea en los primeros lustros del siglo cuarto (antes del año 325) por orden del emperador Constantino. Se escribieron los evangelios para crear la Iglesia Católica y hacer ver engañosamente que los obispos eran los sucesores de los apóstoles, aunque estos eran personajes de los recientemente creados evangelios. El cuerpo de obispos fue mandado crear por Constantino en el año 312, y en el 313 el emperador mantuvo su primera reunión con ellos en la ciudad francesa de Areles, hoy Arlés.

    Ni de Jesucristo ni de los apóstoles dan razón los historiadores de los siglos I al III, salvo las escasas y ridículas cuñas que fueron añadidas a Josefo y otros en el siglo IV y posteriores. El principal historiador del siglo I, Filón de Alejandría, que vivió en los mismos años en que se supone que vivió Jesucristo, nada escribió sobre el nazareno y eso que la fama de este había traspasado las fronteras. Filón no escribió sobre Jesucristo por la sencilla razón de que nada sabía de él, y eso que Filón estaba enterado de todo lo que pasaba en Judea y en Galilea. Nada sabía Filón acerca de Jesucristo porque la realidad es que aquel no existió en los tiempos del famoso historiador judío del siglo I.

    Cuando en el año 382, por orden de Dámaso el obispo de Roma, Jerónimo de Estridón tradujo al latín y amplió lo escrito por Eusebio, la Iglesia Católica fabricó los papiros que hizo pasar como si hubieran sido escritos en los siglos II y III, pero que resulta que son traducción al griego de pasajes de la Vulgata latina de Jerónimo, escrita casi a finales del siglo IV.

    Las creencias de los Testigos de Jehová  se basan en lo predicado por Russell a partir de 1876, sin saber que fechas (607 a.e.c., 1914…), tiempos (2.520 años) y doctrinas (Armagedón, Paraíso…) le fueron transmitidas a Russell por el adventista Barbour, quien a su vez tomó los datos de religiosos anteriores, especialmente del escrutador bíblico Edward Bishop Elliott, que en 1844 publicó el libro ‘Horas del Apocalipsis’. A los testigos de Jehová se les dice que estas doctrinas son de la Biblia; pero en la Biblia no aparecen: se trata solamente de especulación sin fundamento. La Biblia no menciona las fechas 607 a.e.c. y 1914 ni dice que entre ambas habían de pasar 2.520 años. La Biblia ni siquiera da lugar a tan descabellado cálculo.

    Russell aceptó a ciegas las fechas, tiempos y doctrinas que le impuso el adventista Barbour y lo predicó todo como si fuera palabra de Dios, sin detenerse a averiguar su procedencia ni sopesar si lo que le transmitía Barbour era cierto o no. Como el negocio editorial le creció súbitamente, pensó Russell que eso era evidencia de la bendición de Dios y continuó predicando cuanto Barbour le había inculcado. Pero fechas, tiempos y doctrinas predicadas no eran parte de las enseñanzas de la Biblia, por más que el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová se empeñe en demostrar que sí lo son mediante subterfugios que son producto de ideas doctrinales preconcebidas, a las que el Cuerpo Gobernante adapta la propia Biblia (Traducción del Nuevo Mundo que usan los testigos de Jehová), cuando son las doctrinas las que deberían adaptarse a la Biblia.

jueves, 31 de octubre de 2019

Definitivamente los del Cuerpo Gobernante no son el esclavo fiel




    Según informan varios superintendentes, el 7 de Octubre del año 2000 los miembros del Cuerpo Gobernante dejaron de pertenecer a la junta directiva de la Sociedad Watchtower de Pensilvania y de Nueva York. Se eligió como presidente de la principal a Don Alden Adams, que no era ungido, sino de la gran muchedumbre.  

    Si los del Cuerpo Gobernante fueran miembros de la junta, es evidente que el presidente sería uno de esos miembros ungidos y no un señor de la gran muchedumbre. ¿Qué significa la no pertenencia a la junta directiva de la Watchtower?

    No hace mucho, el actual Cuerpo Gobernante se autonombró a sí mismo como el ‘esclavo fiel y discreto (o prudente)’. Según la doctrina emitida por este Cuerpo, Jesucristo nombró como su esclavo fiel a la junta directiva de la Sociedad Watch Tower en 1919. Ya de entrada no se entiende por qué Jesucristo tuvo que nombrar como su esclavo a los miembros de una sociedad mercantil.

    Pues bien, si el Cuerpo Gobernante no pertenece a la junta directiva de la Sociedad Watchtower, tampoco puede ser el esclavo fiel y discreto.

    Un punto importante a tener en cuenta es que en 1919 no existían los testigos de Jehová. Los de la junta directiva de entonces eran miembros de los Estudiantes de la Biblia y no estaban conscientes de ningún nombramiento por parte de Jesucristo. La atribución a 1919 del nombramiento sobre los bienes del Amo lo inventó Rutherford en 1927, según se documenta en la revista ‘Watchtower’ del 15 de Febrero de 1927.

    De paso Rutherford aseguró que Jesucristo había inspeccionado a su esclavo en 1918. La fecha de 1918 ha sido suprimida por no ser bíblica, aunque la de 1919 es consecuencia de la de 1918 y tarde o temprano acabará por suprimirse.

    El nombre de testigos de Jehová le fue impuesto por Rutherford al 27% de los Estudiantes de la Biblia que no abandonaron el movimiento en 1926, cuando no se cumplió lo que Rutherford afirmaba, a saber, que en 1925 resucitarían los antiguos patriarcas y vendría el Armagedón.

    El grupo de los testigos de Jehová existe desde el año 1931. Para entonces Rutherford había roto por completo con su antecesor Russell. Ya en 1929 prohibió la venta de los seis tomos de Estudios en las Escrituras y puso en su lugar sus propios libros, cuya autoría figuraba a nombre de Rutherford, pero que se sospecha que el escritor real fue Fred Franz, que estaba al servicio de Rutherford desde 1926 y llegó a ser presidente de la Watchtower en 1977.

    Fred Franz fue el escritor de los libros durante la época de Knorr y el autor de muchas doctrinas, entre ellas la de la prohibición de las transfusiones de sangre, las cuales eran alabadas durante los años de la presidencia de Rutherford.

    La no pertenencia a la junta directiva de la Watchtower no significa que los miembros del Cuerpo Gobernante no sean parte de los 500 accionistas de la Sociedad.