miércoles, 11 de septiembre de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (69 y último)


¿Se escribió el Nuevo Testamento
en el siglo IV? (3)

    Nos preguntamos si Eusebio de Cesarea no es realmente el autor de los libros del Nuevo Testamento y que todo eso lo escribió en el siglo IV, a petición del emperador Constantino. Es que Eusebio ya nos coló todas las mentiras habidas y por haber con su ‘Historia eclesiástica’ y las cartas de los padres apostólicos, de los que tampoco da razón la Historia seglar. Y resulta que estos padres citan de los evangelios. Si no existieron, ¿cómo es que defienden la existencia de los evangelios?
    No tenemos más remedio que llegar a la conclusión de que absolutamente todo es producto de la mente de Eusebio, que actuaba a las órdenes del emperador, el cual pretendía establecer una religión única en el Imperio. Y sería precisamente en el siglo IV, en tiempos de Constantino, cuando nacería el cristianismo. Por tanto los evangelios no serían más que una novela histórica impuesta a la fuerza como suceso real para poder establecer la nueva religión. Jesucristo y los apóstoles serían los personajes centrales de la novela.
    No se sabe con seguridad quién o quiénes escribieron los evangelios y las cartas apostólicas. Aunque la Iglesia afirma sin pruebas que fueron escritos en el siglo I, se sospecha que los evangelios y algunas cartas las escribió Eusebio de Cesarea, en tanto que casi todas las epístolas paulinas las habría escrito Lactancio, ambos en el siglo IV, a las órdenes del emperador Constantino, quien pretendía instaurar una nueva religión común para el Imperio. Fue precisamente en ese siglo IV cuando Constantino fundó no solamente la Iglesia Católica, sino el cristianismo.
    Constantino nombró los primeros epíscopos (obispos) en el año 312 y su primera reunión con ellos la celebró el 313 en la ciudad francesa de Arelate (Arles).  El emperador nunca se hizo cristiano, aunque la Iglesia diga lo contrario. Constantino murió atendido por Eusebio de Nicomedia, a quien la Iglesia cataloga de hereje. No murió al amparo de una religión que él mismo había hecho inventar. A finales del siglo IV el emperador Teodosio impuso obligatoriamente en todo el Imperio, bajo pena de muerte, el cristianismo que su antiguo predecesor Constantino había instaurado.
     La atribución de la autoría del Nuevo Testamento a Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo, Pedro y Santiago es tradición de la Iglesia Católica y se basa en los escritos de Eusebio de Cesarea, que ya se sabe que se inventó a los padres de la Iglesia y a ellos les atribuyó unas supuestas cartas que en modo alguno pudieron escribir, ya que no existieron tales padres de los siglos I a III, excepción hecha de un par de ellos a quienes Eusebio les colgó escritos cristianos de los que aquéllos no eran autores.
    Tras convocarse el Concilio de Nicea en el año 325, al que existieron 64 epíscopos nombrados por Constantino, se les suministró a casi todos una copia de los ‘nuevos testimonios’ confeccionados por Eusebio y Lactancio, según las órdenes de Constantino. Ninguno de los epíscopos había tenido hasta entonces acceso a dichos escritos que desconocían por completo. Esos escritos son los que forman el Nuevo Testamento.
    Las cartas atribuídas a Pablo fueron escritas antes que los evangelios. Lo más lógico es que, quien primero escribe, narre la historia de los personajes centrales, en este caso Jesucristo y los apóstoles. Sin embargo Pablo guarda absoluto silencio al respecto y menciona a un Cristo intangible y no humano. Las citas paulinas sobre un Jesucristo textual no cabe duda de que son inserciones tardías en el texto. Es raro que el primer narrador del cristianismo no diga absolutamente nada sobre la existencia terrenal y hechos del hipotético fundador del cristianismo, aunque sí mencione a unos supuestos primeros seguidores post apostólicos.
    La aparición de personajes reales en las cartas paulinas, así como en los evangelios, no significa que los relatos hayan sido reales. Las novelas históricas se ambientan precisamente en los tiempos de ciertos personajes reales, lo que no quiere decir que los personajes centrales o protagonistas de esas novelas hayan existido.
    Eusebio de Cesarea menciona en su ‘Historia eclesiástica’ que Jesucristo le escribió una carta al rey de Edesa, en contestación a otra que el monarca le había enviado. Según Eusebio, la carta estaba en los archivos de Edesa. Este relato fue tomado como verídico por siglos, hasta que se descubrió que era inventado. Si Eusebio fue capaz de mentir tan descaradamente en aras de una supuesta investigación histórica, hemos de entender que nos mintió en todo lo que escribió en su ‘Historia eclesiástica’ y en otras historietas de corte similar, como las cartas que atribuyó a unos presumibles ‘padres’ de la Iglesia.
    Al igual que el relato de Eusebio sobre la carta de Jesucristo al rey de Edesa, la Iglesia hizo pasar como verídica la llamada ‘donación de Constantino’, donación que, a favor de la Iglesia, también se demostró falsa, pues el escrito había sido realizado siglos después de Constantino y hecho pasar por más antiguo. Eso de hacer pasar documentos recientes por más antiguos es lo que precisamente ha caracterizado a la Iglesia Católica.
    Así, pues, los evangelios se escribieron en el siglo IV y se hicieron pasar como documentos del siglo I. Y Eusebio creó su ‘Historia eclesiástica’ con hipotéticos personajes que venían del siglo I y a los que hizo pasar por sucesores de los apóstoles. Y además creó las cartas de los ‘padres’ apostólicos para dejar ‘testimonio’ de que los evangelios eran fidedignos, al igual que sus personajes. 
    Quien miente en lo poco, miente en lo mucho; pero Eusebio mintió en todo. Eusebio pretendía  demostrar que los evangelios y las cartas apostólicas eran escritos genuinos del siglo I. También pretendía demostrar que la Iglesia de Roma era la sucesora legítima de los apóstoles, aunque dejó de lado a los apóstoles que supuestamente regían la Iglesia desde la propia Jerusalén. Y dejó de lado al apóstol Juan, a quien le hubiera correspondido el legítimo derecho de gobernar la Iglesia. Pero, claro, Eusebio sabía que ni existieron Juan ni los demás apóstoles, y ni siquiera Jesucristo, pues él mismo los había inventado.     
    Eusebio se obligó a mentir en sus escritos porque debía obedecer órdenes del emperador Constantino. Y Eusebio sabía cómo se las gastaba el emperador, quien mandó asesinar a su propio hijo. Si no perdonó a su hijo Crispo, menos le hubiera perdonado a Eusebio. Así que Eusebio escribió. Pero algo debían de contener los escritos del Nuevo Testamento de Eusebio, probablemente una serie de acrósticos que los delataban como falsificaciones, para que poco más de medio siglo después el obispo de Roma ordenase urgentemente a Jerónimo de Estridón que tradujese aquello al latín, rompiéndose así la cadena de acrósticos de los escritos griegos de Eusebio.  
    Jerónimo tradujo y agregó lo suyo. Y ahí fue cuando surgió la Vulgata latina y posteriormente los códices que, basados en esa Vulgata, fueron hechos pasar por la Iglesia como de siglos anteriores al copiarlos en papiro con caracteres antiguos.   
    Los primeros códices del Nuevo Testamento datan del siglo IV y no existen códices de siglos anteriores. Ello se explica porque el Nuevo Testamento fue escrito en el siglo IV y no antes. Y los primeros templos y sepulcros cristianos son también del siglo IV, algo lógico, pues no existió el cristianismo antes de que lo instituyese Constantino y Eusebio y Lactancio escribieran los libros del Nuevo Testamento, para lo cual Eusebio creó los personajes de Jesucristo y los apóstoles y los ubicó en la época de César Augusto, Herodes, Pilatos y otros personajes históricos, con el objeto de que el relato fuera más creíble.
    Los relatos del Nuevo Testamento hemos de tomarlos como lo que realmente son: literatura a la que no hemos de adaptar la vida, tal como tampoco la adaptaríamos al relato cervantino del Quijote.





martes, 10 de septiembre de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (68)


¿Se escribió el Nuevo Testamento
en el siglo IV? (2)

    En el siglo XVI los protestantes se separaron de la Iglesia Católica y llevaron la Biblia tal cual la tenía la Iglesia, ya con los textos de ‘la gran inserción’ incorporados al evangelio de Lucas. Los protestantes nada sabían de estas añadiduras y creyeron que toda la Biblia era Palabra segura de Dios que venía del siglo I y en ella basaron sus creencias.
    Con el tiempo los protestantes se dividieron en varias sectas que a su vez originaron otras. Todas ellas continúan basándose únicamente en la Biblia, ignorando que el Nuevo Testamento había sido retocado y ampliado por la Iglesia Católica siglos atrás. Los protestantes y otras sectas aceptaron además que el Nuevo Testamento había sido escrito por quienes decía la Iglesia, que es lo que Eusebio de Cesarea aseguró en sus escritos.
    La Historia seglar no da razón alguna de la existencia de los padres apostólicos mencionados por Eusebio, salvo de Tertuliano y Orígenes, a quienes Eusebio hizo pasar por cristianos y retocó sus escritos. Eusebio, pues, se inventó a los padres apostólicos y apologetas de los siglos I a mediados del III. Después no menciona a más padres porque se supone que estarían vivos para el tiempo en que Eusebio escribía.
    Se inventó también Eusebio las cartas atribuidas a aquellos padres, así como la historia de la Iglesia, creando personajes que entroncaban con los apóstoles, todo por vía de Roma, olvidando que los apóstoles se suponía que estaban activos en Jerusalén y otros lugares orientales en el siglo I y a tales apóstoles les correspondería con más propiedad ser los dirigentes reales de la Iglesia. Eusebio, que estaba a las órdenes del Emperador Constantino, se inclinó por una Iglesia romana.
    Josefo nada sabía de Jesucristo y sus apóstoles y por eso nada escribió sobre ellos. Las breves reseñas que figuran en alguno de sus escritos no son más que cuñas insertadas a machamartillo en el siglo IV, precisamente por Eusebio de Cesarea, quien de paso interpoló a otros autores en el mismo sentido que a Josefo. De haber sabido Josefo de la existencia de Jesucristo hubiera escrito varias obras sobre él.
    La Iglesia dice que la figura de Jesús no interesaba. ¿No interesaba una persona que convertía el agua en vino, sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos? El evangelio afirma que su fama traspasó las fronteras. Definitivamente, sí interesaba la figura de Jesucristo, tal como interesaban las de personajes nada sociables. Una persona que cura a los enfermos y resucita a los muertos interesa del todo aún a sus propios enemigos.
    El historiador Filón de Alejandría, que vivió justamente en el tiempo en que se supone que vivió Jesucristo, tampoco escribió nada sobre él. Filón era el cronista principal de su tiempo y, aunque vivía en Alejandría, estaba al tanto de los acontecimientos de Judea y otros lugares. Extraña su silencio. Como también extraña que los anales de Roma nada hayan registrado sobre Jesús.
    El propio emperador, bajo cuya jurisdicción estaba Judea, de haber sabido de este insólito personaje, le hubiera hecho llamar a su presencia. Los historiadores de los siglos I a III nada saben tampoco de Jesucristo y eso también resulta extraño. ¿Es que no hubo un solo historiador a quien interesara la figura de Jesucristo, cuando sí interesaban otras figuras de mucho menor calibre? ¿Se pusieron de acuerdo todos los historiadores para no hablar de la existencia de Jesucristo? Eso es más o menos lo que la Iglesia parece dar a entender.
    Volvamos a Jerónimo de Estridón. Para componer su Vulgata se valió de una de las copias del Nuevo Testamento en griego producidas por Eusebio de Cesarea. Se valió también de una selección de traducciones latinas del texto griego mencionado, traducciones un tanto libres que no seguían fielmente el texto griego y que por tanto diferían del mismo. Con estos dos tipos de documentos produjo el de Estridón, no sin quebraderos de cabeza, la Vulgata latina.
    No consultó textos del Nuevo Testamento de los siglos I al III porque no los halló. Los papiros que actualmente se presentan como de los siglos II y III, realmente no son de esos tiempos, pues siguen fielmente los textos de la Vulgata que Jerónimo compuso cerca de finales del siglo IV. Y si los papiros son reproducciones de los textos de la Vulgata y ésta es de finales del siglo IV, por lógica esos papiros no pueden ser de los siglos II y III.
    La pregunta que surge ahora es: ¿No se escribió el Nuevo Testamento en el siglo I? Y si se escribió en el siglo I, ¿por qué no existían copias de los mismos en el siglo IV? El caso es que no se conocen códices anteriores al siglo IV, en que se produjo el Sinaíticus, hipotéticamente basado en copias más antiguas, pero que nada se sabe de ellas.
    Ningún historiador de los siglos I a III da razón de la existencia del cristianismo en esos siglos. A algunos se les insertaron cuñas posteriores a sus escritos. Tales historiadores, de haberlo sabido, hubieran escrito libros enteros sobre Jesucristo y el cristianismo. Nos encontramos, pues, con que solamente los escritores del Nuevo Testamento hablan de la existencia de Jesús, los apóstoles y los primeros cristianos en el siglo I, entendiéndose que los cristianos continuaban activos durante los siglos II y III, aunque no hay registro histórico que lo confirme.


lunes, 9 de septiembre de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (67)


¿Se escribió el Nuevo Testamento
en el siglo IV? (1)

    El códice del Nuevo Testamento más antiguo que existe es el Sinaíticus, escrito en griego antes de mediados del siglo IV. Se cree que es una de las cincuenta copias que efectuó Eusebio de Cesarea por encargo del emperador Constantino.    El códice discrepa completamente de otros posteriores, razón por la cual muchos teólogos dicen que es herético.
    Cerca de finales del siglo IV el obispo Dámaso de Roma le encargó a Jerónimo de Estridón que elaborase la Vulgata Latina o traducción al latín del texto griego de Eusebio. Jerónimo se valió de uno de los códices en griego del Nuevo Testamento y de las traducciones latinas existentes del mismo. No empleó supuestos escritos del Nuevo Testamento de los siglos I a III por la sencilla razón de que no existían en su tiempo. De haber existido, los hubiera tenido en cuenta.
    Jerónimo recalcó que el trabajo era difícil, pues los textos a la vista presentaban múltiples diferencias. Así que se las arregló como pudo, no solamente para traducir los textos, sino para recomponerlos y fundirlos en un texto latino definitivo, que fue la Vulgata, que incluía varios añadidos que no se hallaban en los originales.
    Los escritos griegos y latinos anteriores a la Vulgata fueron destruídos, aunque alguno escapó, entre ellos el Códice Sinaíticus, el más antiguo de todos. Este códice lo descubrió Konstantin Von Tischendorf en el monasterio de Santa Catalina del Monte Sion, a mediados del siglo XIX.
    De la Vulgata latina, ya a finales del siglo IV o principios del V, se hicieron los códices que hoy conocemos y que fueron retocados por la Iglesia durante los siglos, a medida que añadía textos al Nuevo Testamento, para lo cual retiraba los códices más antiguos y ponía en su lugar los nuevos. Todos estos códices siguen fielmente el texto de la Vulgata, en tanto que el códice Sinaíticus difiere sustancialmente de los códices basados en la traducción latina de Jerónimo.
    La Iglesia hizo pasar los códices fundamentados en la Vulgata como si fueran producto de los siglos II y III, por medio de copiarlos en papiro con caracteres de otros tiempos, y así hacer creer a los lectores que los evangelios y cartas atribuidas a los apóstoles y otros autores neotestamentarios eran mucho más antiguos. Pero ¿cómo pueden ser anteriores al códice Sinaíticus unos escritos que se basan en la Vulgata y que provienen de finales del siglo IV, mientras el códice Sinaíticus es de antes de mediados de ese siglo IV?
    Jerónimo no conoció escritos neotestamentarios anteriores al siglo IV. Solamente se basó en los textos griegos de Eusebio y en las traducciones latinas anteriores a la Vulgata y que diferían entre sí, pues ‘cada cual tradujo el texto griego como pudo’.
    Jerónimo no solamente tradujo al latín los textos griegos o los trasladó desde otras traducciones latinas, sino que recompuso completamente los evangelios. Se cree que fue él quien añadió a Mateo y a Lucas los pasajes del nacimiento de Cristo, así como los 18 primeros versículos de Juan. Y se cree asimismo que fue él quien empezó a añadir a los evangelios los pasajes de la resurrección de Cristo. Igualmente se estima que fue Jerónimo quien hizo pasar a Jesús como procedente de Nazareth, cuando Nazareth no se cita en la literatura hasta principios del siglo IV, habiéndose fundado su sinagoga después de mediados del siglo III.
    Así pues, no existieron papiros ni otros documentos neotestamentarios en los siglos I al III, por mucho que quiera decir y tratar de probar la Iglesia. Los papiros que se hacen pasar como procedentes de los siglos I a III siguen la línea de la Vulgata latina de Jerónimo, de la que surgieron varios códices. Y siendo la Vulgata y los papiros copiados de ella producidos a finales del siglo IV o principios del V, no pueden esos papiros ser anteriores al siglo IV. El códice más antiguo, el Sinaíticus es aún más antiguo que la Vulgata y además difiere de ella porque Jerónimo recompuso todo el Nuevo Testamento a partir de una copia de los textos griegos de Eusebio.
    La Iglesia fue añadiendo textos a la Vulgata latina a lo largo de los siglos. Para ello retiraba los códices más antiguos depositados en distintas bibliotecas y monasterios y los sustituía por los nuevos, todo a fin de hacer parecer que lo escrito era realmente más antiguo. La última añadidura la hizo hacia principios del siglo XV y ésa es conocida por los teólogos como ‘la gran inserción’. Se trata de los textos de Lucas 9:51 a 18:14.
    A mediados del siglo XV Gutemberg inventó la imprenta y su primer trabajo fue la Biblia. Dado que se imprimieron muchos ejemplares de la Biblia, con base en la Vulgata, los cuales fueron a parar a diversas manos y no se controló del todo el asunto por la Iglesia, ésta no retocó más los textos neotestamentarios.



domingo, 8 de septiembre de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (66)


La famosa ‘Declaración de hechos’ (3)

    Continuación del extracto de la ‘Declaración de hechos’ presentada por el presidente de la Sociedad Watchtower de los testigos de Jehová, J. F. Rutherford, al canciller alemán Hitler en 1933. Es traducción del Anuario de 1934 de la Watchtower:
    ‘El pueblo alemán ha sufrido grandes penurias desde 1914 y ha sido objeto de gran injusticia por parte de otros. Los nacionalistas se han declarado a sí mismos en contra de toda esa injusticia y anuncian que nuestra relación con Dios es santa… En lugar de ser nuestra institución una amenaza para la paz y seguridad del gobierno, la nuestra es una organización que apoya la seguridad y la paz de este país. Les rogamos tengan presente que esta gran crisis mundial tan solo es una mutación de lo malo a lo bueno…
    Supremo es el poder de Jehová Dios y no existe otro poder capaz de afrontarlo con éxito. El tiempo para ejercer ese poder a favor de la humanidad y para vindicar su gran nombre ya está presente. En esta asamblea solicitamos atención respetuosa a la amonestación de Jehová Dios, tanto por parte de los gobernantes como de los súbditos…         
    … Habiendo declarado el gobierno actual adherencia a los grandes ideales que hemos mencionado, somos persuadidos a creer que los gobernantes no desean deliberadamente oponerse al testimonio del nombre de Jehová Dios ni a su Reino. Es el testimonio que llevamos a cabo. Si nuestra labor es tan solo obra humana, caerá por su propio peso. Mas si es de Jehová Dios y se efectúa de acuerdo con sus mandamientos, significa que resistir dicha obra es combatir contra Dios mismo. (Hechos 5:39).
    Apelamos por ende al gran sentido de justicia del gobierno y de la nación y solicitamos humildemente que la orden de prohibición que pesa sobre nuestros libros y demás literatura sea anulada y que se nos conceda la posibilidad de una audiencia justa antes de ser prejuzgados. Pedimos respetuosamente al gobierno que forme un comité de hombres imparciales para que se reúnan con otro de nuestra organización y que se juzgue de modo justo y ecuánime nuestra literatura y nuestra labor, a fin de que todo este malentendido llegue a su término…
    … La población alemana es temerosa de Dios y no debería ser privada de la oportunidad de aprender de él y de su misericordiosa provisión para traer paz duradera, prosperidad, libertad y vida eterna en la tierra a todos aquellos que le conocen y obedecen…
    SE RESUELVE, pues, que copias de esta declaración sean dignamente entregadas a los oficiales del gobierno y que la misma declaración sea generosamente distribuida al público en general, para que el nombre de Jehová sea conocido por todos’.          
    Hasta aquí se ha transcrito gran parte de la llamada ‘Declaración de hechos’ que Rutherford dirigió en 1933 al recién ascendido führer alemán. Lo que motivó a Rutherford a redactar la ‘Declaración de hechos que la Sociedad Watchtower publicó íntegramente en el Anuario de 1934 de los testigos de Jehová fue lo siguiente: 
    En abril de 1933 el gobierno alemán dio orden de arrestar al personal directivo de la oficina de la Watchtower en Magdeburgo, cursándose seguidamente la proscripción de los testigos de Jehová en buena parte del Reich. Esta fue la razón por la que el juez Rutherford y Nathan H. Knorr, que posteriormente sería elegido presidente de la Watchtower a la muerte de Rutherford en enero de 1942, tomaron urgentemente en Nueva York el avión con destino a Berlín.
    Aquí prepararon precipitadamente el borrador de la ‘Declaración de hechos’ con los testigos alemanes, declaración que pocos días más tarde se leyó en el estadio Sporthalle Wilmersdorf de la capital alemana. Ni Rutherford ni Knorr estuvieron presentes en dicha convención, ya que regresaron a Nueva York con anterioridad al evento.
    Los testigos de Jehová alemanes distribuyeron más de dos millones de copias de la Declaración y enviaron ejemplares adicionales a los miembros del gobierno y a altos cargos y oficiales de la nación. El Anuario de los testigos de Jehová de 1974 (40 años después de la publicación de la Declaración en el anuario de 1934) acepta que hubo gran decepción entre muchos de los asistentes a la asamblea de Berlín de 1933, entendiéndose que hubieran preferido una declaración enérgica y oposición abierta contra el nazismo y no que la Declaración se mostró como una forma de congraciarse con los ideales políticos del gobierno de Hitler.
    Para muchos oyentes que habían acudido al estadio de la asamblea pensando que allí se acordaría expresar una enérgica protesta contra el régimen nazi por haber clausurado sin razón las oficinas de la Watchtower en Magdeburgo, la Declaración de hechos les sonó como una forma de congraciarse con dicho régimen, al hacerse patente en el escrito que los principios de la Watchtower coincidían con los del nuevo gobierno alemán.
    Ante la negativa de Hitler de acceder a los deseos de continuar con las labores de captación de miembros y venta de literatura en Alemania por parte de Rutherford, éste, exasperado, le envió al canciller una carta expresamente condenatoria y anti diplomática que enfureció al gobierno nazi, el cual acentuó las represalias hacia los testigos de Jehová de Alemania.   
    El historiador y profesor universitario James Penton, autor del libro ‘Apocalipsis aplazado’, documenta en su obra la experiencia vivida por el testigo de Jehová alemán Konrad Franke cuando llegó a la oficina de la Watchtower en Magdeburgo, antes de la asamblea de Berlín. Este es su comentario: “... Fuimos impactados cuando llegamos al Salón Tenis (la oficina de la sede principal de la Watchtower en Magdeburg) la mañana siguiente. Cuando entramos, ¡hallamos el salón adornado con banderas esvásticas! ...cuando empezó la reunión, el preludio fue una canción que nosotros no habíamos cantado por años... ¡las notas fueron (tomadas de) la melodía del himno ‘Deutschland, Deutschland uber alles’! ¡Estas notas eran la melodía del himno nacional alemán!”
    A la luz de todo lo expuesto y en aras de la verdad, la ‘Declaración de hechos’ que el presidente de la Sociedad Watchtower, J. F. Rutherford, promulgó en la Asamblea de Berlín en 1933 y de la cual envió copia al canciller Hitler y a los altos cargos del régimen nazi, y cuya Declaración se publicó íntegra en el Anuario de la Sociedad de 1934, contiene, según palabras textuales del común de los lectores de ayer y de hoy, sean testigos de Jehová o no, evidentes rasgos de anti semitismo judío y aborrecimiento a los Estados Unidos, Inglaterra y la Liga de Naciones, además de mostrar cierta simpatía por los ideales del Tercer Reich, que el autor de la Declaración manifiesta claramente que concuerdan con los suyos de la Watchtower.        
           

sábado, 7 de septiembre de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (65)


La famosa ‘Declaración de hechos’ (2)

    Continuación del extracto de la ‘Declaración de hechos’ presentada por el presidente de la Sociedad Watchtower de los testigos de Jehová, J. F. Rutherford, al canciller alemán Hitler en 1933. Es traducción del Anuario de 1934 de la Watchtower:
    ‘Nuestra Organización no busca ni el dinero ni el incremento de sus miembros. Somos una Compañía o Cuerpo organizado de personas unidas solamente por el benévolo trabajo de enseñar la Palabra de Dios a la mayor cantidad posible de personas y al menor costo para ellas….    El nombre que según las Escrituras tenemos es el de ‘Testigos de Jehová’. Nos une solamente un trabajo noble. El propósito de nuestra Organización es ayudar a las personas a entender la Biblia…
    La gente está grandemente perturbada y necesita entender las razones del sufrimiento y cuál es el medio de alivio. Las Escrituras, cuando se entienden, dejan esto claro. En lugar de recolectar dinero entre la gente y usarlo en levantar grandes edificios para que los hombres vivan ostentosamente, nosotros imprimimos el mensaje del Reino de Dios y lo llevamos a los hogares de las personas, con las máximas facilidades para todos, a fin de que lleguen a un conocimiento de las verdades de Dios que a todos conciernen.      
    Un examen cuidadoso de nuestros libros y demás literatura evidenciará el hecho de que los altos ideales atesorados y promovidos por el gobierno nacional se encuentran fuertemente inmersos y enfatizados en nuestras publicaciones y muestran que Jehová Dios velará para que estos grandes ideales puedan a su debido tiempo ser obtenidos por todas las personas que aman la justicia y obedecen al Altísimo. Por lo tanto, en vez de ser una amenaza a los principios del presente gobierno, nuestra literatura y labor son los más fuertes apoyadores de ellos…
    Nuestra sucursal americana ha ayudado sobremanera en la labor que se lleva a cabo en Alemania y con aportaciones voluntarias de dinero, en un tiempo en el que Alemania ha pasado por serios problemas. Ahora, porque parece que Alemania podría liberarse pronto de la opresión y la gente pudiera progresar, Satanás, el gran enemigo, ha puesto su empeño en destruir este benevolente trabajo en esta tierra.
    El lenguaje de nuestros libros y literatura respecto a la Liga de Naciones ha sido aprovechado como una razón para prohibir nuestra labor y la distribución de nuestros libros. Le recordamos al gobierno y al pueblo alemán que fue la Liga de las Naciones quien puso sobre los hombros del pueblo enormes cargas e insoportables castigos. Esta Liga de Naciones no fue ocasionada por los amigos de Alemania. En Estados Unidos la prensa anunció tiempo atrás que 140.000 clérigos dedicaron tiempo a desarrollar un movimiento para inducir a los estadounidenses a adoptar la Liga de Naciones... Esta Liga de Naciones viene a ser como un sustituto del Reino de Dios bajo Cristo.
    Fue en Estados Unidos que nuestra Organización, bajo el liderazgo visible de nuestro Presidente, dijo claramente que la Liga de Naciones no es una institución de Jehová Dios, porque es opresiva e injusta. Fue este asunto lo que motivó el lenguaje que usamos en nuestros libros respecto a la Liga de Naciones y se llama la atención al hecho de que tal Liga de Naciones nunca podría traer alivio y bendición a la gente, porque tal alivio y bendición pueden venir tan solo al adherirse estrictamente a los principios de la Palabra de Dios y de la manera como Jehová lo ha expuesto.
    Por casi medio siglo, nuestra Organización rigurosamente cristiana ha llevado a cabo esta obra en diferentes partes de la Tierra. Sus libros se han publicado en unos cincuenta idiomas. Más de 140 millones de estos libros están en manos de la gente.
    Durante más de treinta años nuestros libros se han distribuido por toda Alemania y millones de estos ejemplares están siendo leídos en la actualidad por alemanes, que pueden testimoniar de que nuestra literatura está completamente fundamentada en la Biblia y es de gran ayuda para ellos, pues les da apoyo y esperanza con respecto al cumplimiento de las bendiciones que Jehová Dios prometió tiempo atrás.
    En estos largos años de trabajo y extensa distribución de nuestra literatura, no existe razón alguna que pueda mencionarse por la cual nuestra labor o nuestra literatura hayan constituído amenaza al gobierno o puesto en peligro la paz y seguridad internacionales… Sería del todo incoherente para nosotros intentar ejercer influencia política en los gobiernos de este mundo o hacer cualquiera otra cosa que pudiese pusiera en peligro la seguridad y la paz de la nación…
    En EEUU, Canadá y diversas partes del Imperio Británico, el clero envuelto en la política y los sacerdotes y jesuitas han perseguido constantemente, y continúan haciéndolo, a miembros de nuestra organización, sin razón ni excusa algunas; y creemos que una influencia parecida ha sido utilizada por Satanás para tergiversar nuestra reputación y estorbar nuestra labor en Alemania. Nos obligamos a recordar que en los pasados años los clérigos aliados con la política han generado gran pesar en la gente de Alemania, probablemente a un nivel mayor que el que pudiera hacerlo cualquiera otra persona del país…’
   

viernes, 6 de septiembre de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (64)


La famosa ‘Declaración de hechos’ (1)

    Extracto de la ‘Declaración de hechos’ presentada por el presidente de la Sociedad Watchtower de los testigos de Jehová, J. F. Rutherford, al canciller Hitler en 1933. Es traducción del Anuario de 1934 de la Watchtower:
    ‘Esta asamblea de pacíficos alemanes, ciudadanos respetuosos de la ley, que representan a otros muchos como ellos en Alemania, todos trabajadores industriosos para el bienestar de la gente de esta tierra, habiéndonos reunido en asamblea en Berlín este 25 de Junio de 1933, declaramos…    El propósito de esta Declaración es presentar un testimonio fiel y verdadero ante los gobernantes y el pueblo…
    Hemos sido erróneamente acusados ante los poderes fácticos y líderes de este gobierno y ante el pueblo de esta nación. Para que el nombre de Jehová Dios en las mentes del pueblo, y para que su benevolente propósito sea mejor entendido y nuestra posición sea expuesta de modo justo ante las autoridades, pedimos respetuosamente a los gobernantes de la nación y al pueblo prestar consideración imparcial y justa a los hechos aquí expuestos…
    El término clero, como se usa en nuestra literatura, se refiere a la clase de los supuestos maestros religiosos, sacerdotes y jesuitas, quienes emplean medios políticos impropios para obtener sus objetivos e incluso unen sus fuerzas con aquellos que niegan a Dios y al Señor Jesucristo….   
    No disputamos con persona o maestro religioso alguno; mas debemos llamar la atención sobre la actitud de quienes dicen representar a Dios y a Cristo Jesús, pero que son, de hecho, nuestros perseguidores y quienes nos presentan en falsos colores ante los gobernantes y ante las naciones. Como verdaderos seguidores de Cristo Jesús, debemos esperar tal oposición y lo mencionamos aquí como la explicación de por qué hemos sido mal presentados ante los líderes de la nación…
    … Nuestros enemigos nos han acusado falsamente de recibir apoyo financiero de los judíos. Nada está más lejos de la verdad. Hasta este mismo momento, nunca ha habido el mínimo aporte de los judíos hacia nosotros… No recibimos apoyo de judíos y que por tanto los cargos contra nosotros son maliciosamente falsos…
    El mayor imperio y el más opresivo sobre la tierra es el imperio Anglo-Americano. Este es el Imperio Británico, del que forman parte los Estados Unidos. Han sido los comerciantes judíos del imperio Anglo-americano quienes han construido el mercado del capital y controlado los grandes negocios como un medio de opresión y explotación de los pueblos de muchas naciones. Ello es particularmente cierto de las ciudades de Londres y Nueva York, cuna y centro del mercado. Este hecho es tan evidente en los Estados Unidos, que hay un dicho en Nueva York que reza que ‘pertenece a los judíos, lo administran los católicos irlandeses y pagan la cuenta los americanos’…
    Se ha dicho que nuestros libros y nuestra literatura en general constituyen un peligro para la nación si éstos circulan entre las personas. Tenemos la certeza de que tal conclusión se debe al hecho de que nuestros libros no han sido cuidadosamente examinados por los gobernantes y, por lo tanto, no se han comprendido. Respetuosamente llamamos la atención al hecho de que esta literatura ha sido escrita originalmente en inglés americano y está adaptada a la forma de hablar de los Estados Unidos. Cuando se traducen nuestros libros al alemán dan la impresión de ser rudos. Admitimos que las mismas verdades pueden ser expresadas con menos dureza y de modo más agradable, si bien el lenguaje que nuestras publicaciones siguen se inspira en la Biblia.
    Debería tenerse en cuenta que tanto en el Imperio Británico como en Estados Unidos la gente común ha sufrido y está sufriendo debido al abuso del mercado del capital y los políticos inconscientes. Tal abuso ha sido apoyado por políticos de tendencia religiosa y, por consiguiente, los escritores de nuestros libros y otra literatura han utilizado lenguaje directo para llevar a la gente a un entendimiento apropiado. El lenguaje usado, sin embargo, no es tan fuerte o enfático como el que usó Cristo Jesús al denunciar a los falsos maestros y opresores de su tiempo.
    El actual gobierno de Alemania se ha declarado enfáticamente en contra de los opresores del mercado y en oposición a la malsana influencia de la religión en la política de la nación… Es por lo tanto imposible que nuestra literatura pueda ser de modo alguno una amenaza o peligro para la paz y la salud del estado.
    Nuestra Organización no es política en ningún sentido... Solamente pedimos libertad para creer y enseñar lo que nosotros consideramos doctrinas bíblicas y entonces dejamos que las personas tomen su decisión de creer lo que deseen libremente… Hemos dedicado nuestras vidas y nuestro sustento material a la labor de permitir que las personas lleguen a un entendimiento de la Palabra de Dios, y por lo tanto es imposible que nuestros libros y literatura sean una amenaza para la paz y seguridad de la nación.
    En lugar de estar en contra de los principios defendidos por el gobierno alemán, los apoyamos y afirmamos que Jehová Dios por medio de Cristo Jesús permitirá el cabal cumplimiento de dichos principios y otorgará a la gente paz y prosperidad, que es el deseo honesto del corazón de toda persona’.


jueves, 5 de septiembre de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (63)


Las hijas de la Watchtower (2)

    En 1932 Norman Woodworth, que colaboraba en el programa de radio de la Watchtower en los años veinte, formó su propio programa de radio con varios Estudiantes de la Biblia que, al separarse de la Watchtower, fundaron la ‘Asociación de los Estudiantes de la Biblia de la Aurora’. Publicaron la revista ‘Los Ecos de la Radio de los Estudiantes de la Biblia’, titular que fue cambiado a ‘La Aurora y el Heraldo de la Presencia de Cristo’. A través de ella se afiliaron al movimiento, en las décadas treinta a cincuenta, numerosos testigos de Jehová que no veían con seriedad los constantes cambios doctrinales que efectuaba la Watchtower. Fue también uno de los grupos que publicaron los ‘Estudios en las Escrituras’ de Russell. En la actualidad publican la revista ‘El Alba’, además de libros y folletos, y emiten programas de radio y televisión que tienen gran audiencia en los principales países americanos. Probablemente es el tercer grupo más numeroso emancipado de la Watchtower.
    En la década de 1930 surgió la ‘Asociación Alemana de Estudiantes de la Biblia’. Ya en 1930 distribuían su revista ‘El Peregrino’, que Hitler suspendió. En principio esta organización estaba afiliada a la Watchtower, pero perdió el contacto con ella a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Restablecido el contacto y permitida en Alemania la literatura de la Watchtower, el grupo decidió separarse de la Sociedad estadounidense debido a los numerosos cambios doctrinales que había efectuado durante la Guerra, cambios que para la Asociación Alemana suponían crasa apostasía. Continúan activos en este día y publican numerosos libros y folletos, además de la antigua literatura de Russell.
    En 1937 varios miembros del Instituto Bíblico Pastoral, organización que se había separado de la Watchtower de Russell en 1909, decidieron constituir el grupo religioso ‘Vigías de la Mañana’, tras cerciorarse de que la Biblia no daba razón ni sugerencia alguna acerca de que la presencia de Cristo en su reino hubiera tenido lugar en 1874. Negaban asimismo todas las doctrinas basadas en dicha supuesta presencia, las cuales le había transmitido a Russell el adventista Barbour en 1876. Hasta 1957, en que se disolvió el grupo, publicaron la revista ‘Los Vigías de la Mañana’.
    En 1951, tras ser desasociado de la Watchtower por el presidente Knorr por negar la presencia de Cristo en 1914 y aceptar casi todas las interpretaciones que Russell había publicado pero que ya estaban obsoletas, el vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de la Biblia en Inglaterra, Jese Hemery, fundó la ‘Asociación Goshen’. El grupo continúa activo hoy y publica la revista ‘Heraldo de Sión’.
    En 1955, a la muerte del líder del ‘Movimiento Misionero de la Casa del Lego’, que se había separado de la Watchtower en 1918, varios miembros, debido a desacuerdos doctrinales, se desasociaron del mismo y se constituyeron en la ‘Asociación de los Estudiantes de la Biblia de la Epifanía’. Continúan su actividad al día presente y editan la revista que lleva por título el mismo nombre de la Asociación. Dos años después, en 1957, varios desasociados del ‘Movimiento Misionero de la Casa del lego’ fundaron aparte el grupo denominado ‘Movimiento Misionero de la Casa Laodicense’, cuya actividad llegó a su fin en 1990.   
    Otras tres asociaciones fueron creadas en el siglo XX, en fechas no precisadas. Tales fueron la ‘Asociación Francesa de Estudiantes de la Biblia Libres’, que aún publica la ‘Revista de Sión y Mensaje de la Presencia de Cristo’. El grupo edita en francés la mayoría de los libros del pastor Russell. Otra comunidad se formó en Grecia bajo el nombre de ‘Asociación de los Estudiantes de la Biblia Griegos’. En la actualidad están afiliados al grupo de Estudiantes de la Biblia de la Aurora. La tercera es el ‘Instituto Cristiano de la Verdad’, que funcionó en Australia e Inglaterra y editaba la revista mensual ‘Antología para los que procuran la Verdad’. Se ignora la fecha de su extinción.   
    Hemos citado sucintamente las veintiocho organizaciones religiosas principales que en menos de medio siglo se separaron de la Sociedad Watchtower, que adoctrinaba a los Estudiantes Internacionales de la Biblia y a los testigos de Jehová hasta 1975 inclusive.  Desde 1976 estos últimos dependen exclusivamente de un cuerpo gobernante dirigente que emite las directrices espirituales y las cambia a medida que cree percibir nuevas luces en el entendimiento de la Biblia. Algunas de esas organizaciones se apartaron de otras que ya se habían escindido de la organización madre. No se mencionan los minúsculos grupos formados sobre todo a raíz del chasco de 1975 y que no publicaron literatura alguna. Muchos de ellos se deshicieron, dadas las dificultades financieras para sostenerse. 
    Por último es obligado mencionar las dos grandes organizaciones de Estudiantes de la Biblia que durante décadas estuvieron sin ser controladas por la Watchtower debido a que el comunismo imperaba en Europa y no se permitía el acceso a los países del Telón de Acero. Una es la denominada ‘Testigos de Jehová Verdadera Fe’, con varios miles de miembros y que está plenamente activa en Rumanía y otros países del Este, incluída Rusia.
    Andando el tiempo y permitida la entrada a los antiguos países comunistas, representantes de la Watchtower visitaron oficialmente Rumanía, donde la Sociedad había dejado gran número de testigos de Jehová. Deseosos de saber de ellos y llevarles las nuevas publicaciones y los muchos cambios doctrinales habidos desde los tiempos de Rutherford, los enviados de la Watchtower se llevaron una amarga sorpresa cuando los rumanos les rechazaron debido a que los americanos se habían apartado de la fe verdadera con tantos cambios. No los reconocieron como auténticos testigos de Jehová.
    El segundo gran grupo europeo de Estudiantes de la Biblia en países del Telón de Acero se encontró sobre todo en Polonia. Con más de 10.000 miembros en sus filas, éstos rechazaron los cambios doctrinales de la Watchtower, tildada de herética por los polacos. Este segundo e inmenso grupo sigue en todo momento los escritos de Rutherford y, como el primero, realiza grandes asambleas de Estudiantes de la Biblia sin tener en cuenta a la Watchtower y al cuerpo gobernante de los testigos de Jehová.
    Si en los 50 años que la Watchtower dirigió los destinos de los Estudiantes Internacionales de la Biblia (entre 1881 y 1931); y en los 44 años que gobernó sobre los testigos de Jehová (entre 1931 y 1975), antes de tomar las riendas el cuerpo gobernante en 1976, no se hubieran presentado tantas divisiones sectarias y no hubiera habido tantas expulsiones y desasociaciones de sus filas, los testigos de Jehová cuadruplicarían hoy el número de sus componentes.