domingo, 12 de marzo de 2017

La verdad de los años 607-537 a.C. y 1914 (CAPITULO XII)

(Continuación del libro...)


XII

 

    Ningún texto de la Biblia, en relación con las fechas que dan los historiadores, remite al 607 a.e.c. como el año en que Nabucodonosor destruyó Jerusalén. En cambio sí hay textos que permiten concluir, aplicándoles la Historia seglar, que la destrucción de Jerusalén y su templo, así como el consiguiente segundo gran destierro de los judaítas, acontecieron en el año 587 a.e.c.

    En Esdras 6:15 se lee que el nuevo Templo de Jerusalén fue inaugurado en el año sexto del rey Darío. El libro ‘Toda Escritura’ de los Testigos de Jehová señala correctamente, de acuerdo con los historiadores, que el año sexto de Darío correspondió al 515 a.e.c. Pues bien, en Zacarías 7:1-3 leemos que, en el año cuarto de Darío, los judaítas llevaban muchos años ayunando en el mes quinto por la destrucción del Templo de Jerusalén. Jeremías 52:12 y 13 dice que el Templo fue destruido en el mes quinto. Según indica Zacarías 7:5, esos muchos años fueron setenta. Ahora bien, si el año sexto de Darío correspondió al 515 a.e.c., su año cuarto fue el 517 a.e.c. Como los judaítas llevaban setenta años ayunando por la destrucción del Templo, si al 517 le añadimos 70 años llegamos al 587 a.e.c. como el año de aquel arrasamiento.

    El historiador judío Flavio Josefo escribe en su obra ‘Contra Apión’, obra que no parecía ser conocida de los eclesiásticos católicos, quienes por lo tanto no pudieron alterar ciertos textos como se hizo con otras obras más conocidas de Josefo, escribe que en el año segundo de Ciro se procedió a los inicios de la reconstrucción del templo -refiriéndose a la colocación de sus cimientos-, cincuenta años después de haber sido destruido el templo anterior.

    El año segundo de Ciro fue el que iba de la primavera del 537 a la primavera del 536 a.e.c. Como la colocación de los cimientos se dio hacia mediados del año, quiere decir que los tales se pusieron en el 537 a.e.c. Y como habían transcurrido 50 años desde que el anterior templo fuera destruido, sumándole 50 años al 537 se llega al 587 a.e.c. como año de la destrucción del Templo.

    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová continúa enseñando que el segundo año de Ciro fue el que mediaba entre Octubre del 537 y Octubre del 536 a.e.c., por lo que estima que la colocación de los cimientos tuvo lugar en el 536 a.e.c. y no en el 537 a.e.c. Aún si así fuera, si al 536 le añadimos los 50 años que Josefo dice que estuvo destruido el Templo, llegamos al 586 a.e.c. como año de la destrucción, pero de ninguna manera al 607 a.e.c.

    Por el sistema judío, en que se cuenta el primer año de reinado a partir de la subida al trono, el año primero de Nabucodonosor como rey de Babilonia fue el que transcurrió entre Octubre del 539 y Octubre del 538 a.e.c. Por tanto, según el cómputo judío, el año segundo de Ciro sería el que comenzaba en Octubre del 538 a.e.c. y concluía en octubre del 537 a.e.c. Por el sistema judío, los cimientos del nuevo Templo fueron colocados en el 537 a.e.c.

    Por el sistema de otras naciones, el año primero de reinado se contaba a partir de la primavera, en el mes de marzo, que era cuando empezaba el año civil. El tiempo anterior al inicio de reinado se denominaba ‘año de ascenso’, aunque más exactamente debería denominársele ‘tiempo de ascenso’ porque incluso podía ser de pocos meses o semanas. No necesariamente el año de ascenso se refería a 365 días.

    El Cuerpo Gobernante supone el inicio del reinado de Ciro como rey de Babilonia a partir de Octubre del 538 a.e.c. y todo el tiempo anterior hasta Octubre del 539 a.e.c. lo cataloga como ‘año de ascenso’, siguiendo el criterio de algunos historiadores que creían que transcurría un año entero desde el día del ascenso al trono hasta el día del primer año de reinado. Sin embargo, dado que el primer año de reinado se iniciaba con la primavera, como ahora saben los historiadores, el primer año de Ciro por el cómputo babilonio fue de la primavera del 538 a la primavera del 537 a.e.c.

    Por tanto, si Ciro decretó la salida del destierro de los judaítas en su año primero de reinado, tal decreto lo daría en su tiempo de ascenso sobre Babilonia, después de octubre del 539 a.e.c., o a principios del año 538 a.e.c., esto es, hacia la primavera. Quiere decir que los judaítas habrían salido de Babilonia en la primavera del 538 a.e.c., como a finales de abril o primeros de mayo, alcanzando el grueso de ellos Jerusalén a tiempo de celebrar la Fiesta de las Cabañas, a principios de Octubre de aquel año. Les llevaría su tiempo acondicionar calles y casas y preparar la cimentación del Templo, lo cual dejarían probablemente para después del invierno. Ello significa que la inauguración de los cimientos la realizarían ya en el 537 a.e.c., año segundo de Ciro, tanto por el cómputo judío como por el babilonio.  

    Si fuera el caso que los judaítas salieron del destierro en el año 538 a.e.c., como parece lo más probable, y no en el 537 a.e.c., y si fuera también el caso que, según el Cuerpo Gobernante de los Testigos, estuvieron aquéllos 70 años en el destierro, habría que sumar esos 70 años al 538 y se llegaría al 608 a.e.c. como supuesto año de la destrucción de Jerusalén, por lo que, al añadir los famosos 2.520 años, se extenderían éstos hasta 1913 y no hasta 1914. Pero la realidad es que los judaítas que Nabucodonosor se llevó al destierro en el año 18/19 de su reinado solamente estuvieron cautivos en Babilonia 49 años, que al decir de muchos teólogos suponen siete semanas de años. Al año siguiente de haber regresado a Jerusalén, 50 años después de la destrucción del primer Templo, pusieron los cimientos del mismo.   

    El nuevo Templo de Jerusalén fue inaugurado, como bien apunta el libro ‘Toda Escritura’ de la Watch Tower, en el año 515 a.e.c., setenta y dos años después de la destrucción del primero, destrucción que acaeció en el 587 a.e.c. ó, si fuera el caso de que los judaítas hubieran realmente salido del destierro en el 537 a.e.c., como señalan la Watch Tower y el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, la destrucción habría acontecido en el 586 a.e.c., pero jamás en el 607 a.e.c.

    La fecha del 607 a.e.c., como sabemos, fue impuesta por la Watch Tower en 1943, concretamente por su vicepresidente y teólogo único, Fréderick W. Franz, a fin de que el cómputo de los 2.520 años que se venían predicando terminasen justamente en 1914. Antes de 1943 se enseñaba que los 2.520 años comenzaron en el 606 a.e.c., por lo que existía un año menos en la cuenta. Se defendía la fecha del 606 a.e.c. como año de la caída de Jerusalén a manos de los babilonios, fecha que el adventista Barbour le pasó a Russell y, por tanto, es fecha basada en teología o especulación no bíblica, y concretamente en la pseudociencia de la numerología ocultista.  

 

viernes, 10 de marzo de 2017

La verdad de los años 607-537 a.C. y 1914 (CAPITULO XI)


XI

   

    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová interpreta el texto de Jeremías 25:11 y 12 según la doctrina recibida de la Watch Tower, de Russell y del adventista Barbour. Somete la Biblia al entendimiento de la organización religiosa, en lugar de que la organización se someta a la Biblia. Por esa razón se obliga a cambiar constantemente las doctrinas aduciendo que los líderes han recibido más luz.

    Las doctrinas de hoy no son las que los Estudiantes de la Biblia tenían en 1919, cuando hipotéticamente Jesucristo los nombró como su esclavo fiel y como su canal único de comunicación con Dios. La suprema deidad no necesitaría esperar diecinueve siglos para que el hombre al fin entendiese lo escrito en la Biblia. De esperar diecinueve siglos, Dios no habría hecho que se escribiera la Biblia con tanta antelación. La hubiera inspirado justamente en el siglo diecinueve, cuando se presentó Russell como pretencioso restaurador del cristianismo primitivo.

    Russell no contactó con ningún esclavo fiel y discreto que viniese existiendo desde el siglo primero, que es lo que el Cuerpo Gobernante enseñaba tiempo atrás. Y dado que a Russell se le consideraba el esclavo fiel y discreto, pero no contactó con la línea del esclavo fiel que existía desde el siglo primero, se llega a la conclusión de que en tiempos de Russell había dos líneas de esclavos fieles y discretos: la del siglo primero y la de Russell. Esto no podía ser posible y el Cuerpo Gobernante cambió la doctrina del esclavo. Ahora el esclavo fiel y discreto no viene del siglo primero, sino que fue nombrado en 1919. Por tanto Russell queda fuera de juego.

    Pero retomemos el hilo y vayamos  a Jeremías 25:11-12, donde se lee textualmente, según la TNM: ‘… y estas naciones tendrán que servir al rey de Babilonia setenta años. Y tiene que ocurrir que, cuando se hayan cumplido setenta años, pediré cuentas al rey de Babilonia y a aquella nación’.

    Aquí el Cuerpo Gobernante hace entender a la grey que se habla del destierro de los judaítas y de que estuvieron 70 años cautivos en Babilonia; dice además que las cuentas se le pidieron al rey de Babilonia en el año 537 a.e.c., cuando los judaítas fueron liberados del cautiverio.

    En primer lugar, en el texto no aparece la palabra destierro ni la palabra Judá. Jeremías habla de ‘estas naciones’. ¿Qué naciones? Todas las que Babilonia había conquistado a Asiria. Estas naciones estaban sirviendo antes al rey de Asiria. Ahora, al ser conquistadas por Babilonia, dichas naciones se obligaban a servir al rey de Babilonia. Eso no significa que las naciones fueran al destierro. De hecho ninguna de esas naciones fue al destierro, salvo la nación de Judá, cuyos habitantes de Jerusalén fueron llevados al cautiverio porque no estaban sirviendo al rey de Babilonia.

    Servir al rey de Babilonia implicaba cumplir las leyes babilonias y pagar los tributos correspondientes, algo que las naciones conquistadas hacían antes con el rey de Asiria. Servidumbre no es lo mismo que destierro. El profeta escribe en Jeremías 27:11 lo siguiente: ‘Y en cuanto a la nación que ponga su cuello bajo el yugo del rey de Babilonia y realmente le sirva, yo también ciertamente la dejaré descansar sobre su suelo -es la expresión de Jehová- y ciertamente lo cultivará y morará en él’.

    Jeremías aclara perfectamente lo que era servidumbre. Era someterse al rey de Babilonia, pero no en el destierro, sino en la propia tierra de cada cual, por lo que podía cultivarla y morar en ella. La nación de Judá no se sometió al rey de Babilonia, es decir, no le sirvió, como hacían las demás naciones, y por eso Nabucodonosor tuvo que castigar a dicha nación llevando a sus habitantes al destierro y, en el año 18 de su reinado, destruyendo Jerusalén y desterrando a más habitantes. En total fueron 4.600 personas las que Nabucodonosor se llevó al destierro en tres tandas, como indica Jeremías. Si Judá hubiera servido al rey de Babilonia, no habría sufrido el castigo del destierro y del arrasamiento de Jerusalén. 

    Así que Jeremías 25:11 nada indica del destierro de los judaítas. El texto se refiere a que las naciones que Babilonia había conquistado a Asiria servirían ahora al rey de Babilonia, tal como antes habían estado sirviendo, cada cual en su propia tierra, al rey de Asiria. Los 70 años aluden a la duración del nuevo imperio babilonio tras anexionarse el último bastión de Asiria, que fue la ciudad de Harrán.  

    En cuanto al versículo 12 (‘cuando se hayan cumplido setenta años pediré cuentas al rey de Babilonia’), el Cuerpo Gobernante exige que sus fieles crean que Jeremías se refiere a que las cuentas al rey de Babilonia se le pidieron en el 537 a.e.c., cuando los judaítas salieron del destierro. Pero eso es imposible, ya que para el 537 a.e.c. no existía el rey de Babilonia y por tanto no se le pudieron pedir cuentas en ese año.

    Al rey de Babilonia se le pidieron cuentas, es decir, dejó de gobernar, en el año 539 a.e.c., cuando Ciro conquistó Babilonia. En ese año 539 se cumplieron por tanto los 70 años que indica Jeremías, ya que el texto dice: ‘Cuando se hayan cumplido setenta años pediré cuentas al rey de Babilonia’. ¿Cuándo se le pidieron cuentas a este rey? Cuando se cumplieron los 70 años. Si las cuentas se le pidieron en el 539 a.e.c., cuando dejó de reinar, quiere decir que los 70 años de Babilonia habían comenzado en el 609 a.e.c.  

    Si hemos de aplicar los famosos 2.520 años que el Cuerpo Gobernante asegura que son bíblicos -pero que están fundamentados en la numerología ocultista y fueron invento de Brown en 1823-, tal cantidad de años habría que sumarla al 609 a.e.c. y llegaríamos al 1912 como hipotético año en que habría de aparecer Jesucristo por segunda vez. Evidentemente, no llegó en ese año. Ni llegó tampoco en 1914. Tal fecha se mantiene debido a que se cree que cumple profecía bíblica al haberse iniciado la Primera Guerra Mundial.

    Como Cristo no llegó en 1914, que era lo que en su tiempo predicaba Russell, la Watch Tower cambió el significado de ese año presentándolo como el año del inicio del tiempo del fin, pero que el fin llegaría antes de que pasase la generación que vio los acontecimientos de 1914. Esa generación ya pasó y el Cuerpo Gobernante se vio obligado a cambiar la doctrina cuando constató que todo lo anunciado era falso. Ahora se predica que la generación la componen dos grupos de ungidos, el mayor en edad de los cuales, y que vivió en 1914, traslapa al menor. Cuando pase el tiempo y el fin no llegue, el Cuerpo Gobernante se obligará a añadir un tercer grupo traslapado y después un cuarto. Y todo porque no decaiga el imperio económico al que realmente sirve. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914 (CAPITULO X)


 

X

 

    En el texto de Jeremías 29:10 (‘Conforme se cumplan setenta años en Babilonia…’) lo que a muchos religiosos despista es precisamente la preposición ‘en’, que aparentemente parece querer decir que los judaítas habrían de estar 70 años en el destierro, sobre todo cuando el texto se interpreta a la luz de la doctrina del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, doctrina heredada del adventista Barbour, quien confundió servidumbre con destierro y por esa razón se obligó a adelantar 19 años la subida al trono de Nabucodonosor, en contra de lo que demostraban los historiadores, a saber, que Nabucodonosor había ascendido al trono de Babilonia en el año 605 a.e.c., lo cual ha sido verificado por multitud de tablillas cuneiformes.

    Ya hemos visto que Jeremías no escribía a los desterrados del año 18/19 de Nabucodonosor, sino a los del año 7/8 del rey babilonio, y a ésos les hablaba de los 70 años. Si esos 70 años hubieran sido de destierro, los judaítas a quienes escribía Jeremías habrían salido de Babilonia 11 años antes, puesto que fueron llevados cautivos precisamente 11 años antes que los desterrados del año 18/19 de Nabucodonosor. Pero 11 años antes Babilonia aún no había sido tomada por Ciro.

    Excepto la TNM y alguna otra, todas las demás versiones y traducciones bíblicas han corregido el texto de Jeremías 29:10 según la preposición que realmente aparece en los manuscritos hebreos. En estos manuscritos la preposición que la TNM vierte como ‘en’ no es tal. La preposición de los manuscritos hebreos en el texto que nos ocupa se traduce en castellano por una de estas tres preposiciones: ‘A’, ‘de’ ó ‘para’. De ahí que en las biblias que traducen directamente de los manuscritos o los consultan, el texto de Jeremías 29:10 se vierte de cualquiera de las siguientes maneras:

    ‘Cuando se cumplan los setenta años de Babilonia…’ (Biblia Nácar Colunga). ‘Cuando a Babilonia se le cumplan los setenta años…’ (Biblia de Jerusalén). O, como lo vertió la TNM de los testigos de Jehová en su edición sueca en el año 2002: ‘Conforme se cumplan setenta años para Babilonia…’ Y lo mismo hacen prácticamente todas las versiones bíblicas. Siempre ofrecen las preposiciones ‘a, de, para’ en el texto de Jeremías 29:10, conforme a los manuscritos hebreos.

    La traducción de la preposición hebrea ‘le’ como ‘en’ en este pasaje de Jeremías se presta a confusión y hace que muchos lectores entiendan que ese ‘en’ se refiere a los desterrados. En realidad el texto de Jeremías se refiere a la duración del imperio babilonio tras la conquista de la ciudad de Harrán. Como dicha conquista tuvo lugar en el 609 a.e.c. y el nuevo imperio babilonio concluyó en el 539 a.e.c., su duración fue de 70 años, todo ello de acuerdo con los historiadores antiguos, con las decenas de miles de tablillas descubiertas en Babilonia y con la ciencia de la Astronomía.

    Lo que Jeremías estaba diciendo es que ‘hasta que no terminasen los 70 años de Babilonia, ningún desterrado podría salir de su cautiverio. En modo alguno dice el profeta que los judaítas habrían de estar 70 años desterrados en Babilonia. Jeremías siempre se refiere a la duración del imperio babilonio, que fue de 70 años, como bien saben los historiadores, los arqueólogos y los astrónomos.     

    Sorprende que en la versión sueca del 2002 de la TNM el texto de Jeremías 29:10 aparezca con la correcta preposición ‘para’ y no con ‘en’. El texto de esa versión quedó así: ‘Conforme se cumplan setenta años para Babilonia…’ Esto está de acuerdo con los manuscritos hebreos, los cuales no dicen ni insinúan que los judaítas estuvieran 70 años desterrados en Babilonia después de que Nabucodonosor destruyera Jerusalén en el año 18/19 de su reinado. Dicha versión bíblica de la TNM en sueco obedeció al hecho de que fue en Suecia donde se descubrió que el texto de Jeremías 29:10 estaba mal traducido en la biblia de los testigos de Jehová.

    Sin embargo en los demás países el Cuerpo Gobernante mantiene la preposición ‘en’ para el texto de Jeremías, cuando debería haberla cambiado, de acuerdo con los manuscritos hebreos, como han hecho casi todas las versiones y traducciones bíblicas. Pero hacer eso supondría cambiar el concepto doctrinal heredado de Barbour de que los judaítas deportados tras la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor estuvieron 70 años en Babilonia. Y, si como enseña el Cuerpo Gobernante, los judaítas salieron del destierro en el 537 a.e.c. y se mantiene que estuvieron en Babilonia 70 años, esos 70 años retrospectivos llevan al 607 a.e.c. como supuesto año de aquel destierro y de la destrucción de la ciudad y el templo hierosolimitanos.

    Si el Cuerpo Gobernante acepta que el texto de Jeremías 29:10 no se refiere a 70 años de destierro, sino a 70 años de duración del nuevo imperio babilonio, entonces se obliga a cambiar la doctrina y aceptar que fueron 50 años los transcurridos antes del 537 a.e.c., cuando se supone que los judaítas salieron del destierro. Esos 50 años, de acuerdo con el historiador Josefo, llevarían a la fecha correcta del 587 a.e.c. como año de la destrucción de Jerusalén. Pero entonces, si aplican 2.520 años de los hipotéticos tiempos de los gentiles, dicho cómputo no llevaría a 1914, sino a 1934. Y la doctrina de que Jesucristo nombró a su esclavo fiel y discreto en 1919 desaparecería y se trasladaría a 1939. Ello supondría un masivo abandono de las filas de los Testigos, como ocurrió entre 1926 y 1927 con los Estudiantes de la Biblia en tiempos de Rutherford.

    De hecho miles de testigos de Jehová saben que el Cuerpo Gobernante continúa escondiendo la verdad a la grey, a sabiendas de que está consciente de que en 1914 no ocurrió otra cosa que la Primera Guerra Mundial, de la cual pregona que está mencionada en las palabras de Jesucristo cuando dijo que ‘se levantará nación contra nación y reino contra reino’, por lo que se aduce que el texto alude a la Primera Guerra Mundial. Pero el texto no dice que se levantarían varias naciones contra varias naciones y varios reinos contra varios reinos, todos a la vez, en una conflagración mundial. Siempre ha habido guerras de una nación contra otra y de un reino contra otro. Y durante esas guerras, siempre ha habido terremotos, hambres y enfermedades, algo que además ha ocurrido en todas y cada una de las generaciones. Jesucristo mismo dijo que las guerras, los terremotos y las hambres no significarían el fin. Pero la Watch Tower Bible, hoy a través del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, continúa infundiendo pánico a los adeptos que la sostienen económicamente, pues de otra manera se derrumbaría el imperio.

 

 

 

 

lunes, 6 de marzo de 2017

La verdad de los años 607-637 a.e.c. y 1914 (CAPITULO IX)


(Continuación de los capítulos del libro)
 

    IX

 

    El Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová sostiene que los 70 años mencionados en Jeremías 29:10 se refieren al tiempo en que los judaítas estuvieron desterrados en Babilonia después de que Nabucodonosor se los llevara allí cuando destruyó Jerusalén en el año 18/19 de su reinado.

    El texto en cuestión es parte de una carta que Jeremías dirigió a los desterrados de Jerusalén, tal como indica Jeremías 29:1. Ahora bien, este versículo 1 dice que Jeremías escribió la carta desde Jerusalén, lo que significa que, si Jeremías escribía a los desterrados del año 18/19 de Nabucodonosor, viviría en Jerusalén entre ruinas, ya que el rey babilonio había destruido la ciudad y su templo.

    Eso también significa que ya no había rey en Jerusalén ni apenas gente que llevar al destierro. Sin embargo el versículo 16 de ese capítulo especifica: ‘Esto es lo que dice Jehová al rey que se sienta en el trono de Jerusalén y a sus hermanos que no han salido con ustedes al destierro’. Nótese que Jeremías habla en tiempo presente. No dice ‘esto es lo que decía Jehová al rey que se sentaba en Jerusalén’.  

    Todo lo anterior demuestra que cuando Jeremías escribió su carta a los desterrados sí había rey y habitantes en Jerusalén y por tanto la ciudad aún no estaba destruída. La razón de ello es que Jeremías escribía su carta en el año cuarto de Sedequías y aún faltaban siete años para que Nabucodonosor destruyera la ciudad. El versículo 2 del capítulo 29 aclara a quiénes dirigía el profeta su misiva: ‘Después que Jeconías el rey, y la dama, y los oficiales de la corte -los príncipes de Judá y Jerusalén- y los artífices y los constructores de baluartes hubieran salido de Jerusalén’. ¿Quién es este rey Jeconías? Porque el rey de Jerusalén cuando Nabucodonosor la destruyó era Sedequías, no Jeconías.

    Una nota de referencia en la columna central de textos de la página de la TNM (Traducción del Nuevo Mundo) remite a 2 Reyes 24:8 y siguientes. Ahí se lee: ‘Dieciocho años de edad tenía Joaquín cuando empezó a reinar y por tres meses reinó en Jerusalén… Durante aquel tiempo los siervos de Nabucodonosor el rey de Babilonia subieron a Jerusalén, de modo que la ciudad llegó a estar sitiada. Y Nabucodonosor el rey de Babilonia procedió a llegar… Por fin Joaquín el rey de Judá salió al rey de Babilonia, él con su madre y sus siervos y sus príncipes y sus oficiales de la corte; y el rey de Babilonia finalmente lo tomó en el año octavo de ser él rey… y se llevó al destierro a toda Jerusalén y a todos los príncipes y a todos los hombres valientes y poderosos… y también a todo artífice y edificador de baluartes. A nadie se había dejado atrás excepto a la clase de condición humilde de la gente de la tierra’.   

   La misma Biblia indica que Jeconías y Joaquín eran la misma persona y que Jeremías escribía por tanto a los desterrados de Jerusalén del año ocho de Nabucodonosor. En ese año el rey de Babilonia puso a Sedequías en el trono de Jerusalén. Y en el año cuarto de Sedequías es cuando Jeremías escribió a los desterrados. Estos desterrados no eran, pues, los del año 18/19 de Nabucodonosor, que fue cuando el rey babilonio destruyó Jerusalén.

    Ello quiere decir que los 70 años de los que habla el texto de Jeremías 29:10, de aplicar, aplicarían a los desterrados del año ocho, no a los del año dieciocho o diecinueve de Nabucodonosor. Si el texto se entiende como que los judaítas estuvieron 70 años en el destierro, quiere decir que los desterrados a los que escribía Jeremías tenían que haber salido de Babilonia once años antes, que no salieron porque Ciro aún no había conquistado la ciudad. Por lo tanto, de ser el caso, los desterrados que recibieron la carta de Jeremías habrían estado en el destierro 81 años. Pero eso no está de acuerdo con lo que dice el profeta en Jeremías 25:12, donde se observa que no se podía servir al rey de Babilonia más de 70 años.   

    El texto de Jeremías 25:12 aclara que ‘cuando se cumplan los setenta años, pediré cuentas al rey de Babilonia’. Pedir cuentas a un rey significa que ya no iba a reinar más. Y esas cuentas, cuando dejó de reinar, se le pidieron en el año 539 a.e.c., que fue cuando cayó Babilonia a manos de Ciro. Sin embargo el Cuerpo Gobernante de los Testigos enseña que las cuentas al rey de Babilonia se le pidieron en el año 537 a.e.c., cuando se supone que los judaítas salieron del destierro.

    Pero en el 537 a.e.c. ya no existía el rey de Babilonia y por tanto no se le pudieron pedir cuentas en ese año. Las cuentas se le pidieron en el 539 a.e.c. y en ese preciso año se cumplían los famosos 70 años, los cuales se refieren al tiempo en que Babilonia tuvo en servidumbre o sujeción a las naciones. Los 70 años no se refieren al destierro de los judaítas. Eso es un error que el adventista Barbour le coló a Russell, sin que éste investigara si el asunto era verdad o no, dado que Russell no tenía gran conocimiento de la Biblia. De haberlo tenido, Barbour no le hubiera engañado tan fácilmente. Y ese error de los 70 años considerados como años del destierro de los judaítas después de la destrucción de Jerusalén pasó a los sucesores de Russell y a los testigos de Jehová, sin que éstos tampoco investigaran.   

    Se ha expuesto que la principal base doctrinal de los testigos de Jehová es el concepto de los 70 años de destierro de los judaítas tras ser destruida Jerusalén en el año 18/19 del reinado de Nabucodonosor. Esta base ha dado lugar a las fechas 607-537 a.e.c., 1914, 1918 y 1919. La fecha de 1918, considerada como el año de la inspección de Jesucristo a su esclavo fiel y discreto, ha sido suprimida por el Cuerpo Gobernante. Dicha fecha fue un invento de Rutherford, el segundo presidente de la Watch Tower. Pero la fecha de 1919 es consecuencia de la de 1918 y también fue invención de Rutherford en 1927. O sea, que las fechas de 1918 y 1919 las dio Rutherford casi una década después. Como la fecha de 1918 era falsa y la de 1919 se basa en ella, significa que la fecha de 1919 también es falsa.   

    En 1919 no existían los testigos de Jehová. Los afiliados a la Watch Tower Bible eran entonces los Estudiantes Internacionales de la Biblia. En 1931 a los Estudiantes de la Biblia que no habían abandonado el movimiento religioso (tan solo quedó el 27%) se les cambió el nombre a testigos de Jehová. Y estos Estudiantes no estaban enseñando la verdad en 1919. Si lo que enseñaban era verdad, esa verdad no tenía que haber cambiado con el tiempo. Hoy ya no se enseña lo que los Estudiantes de la Biblia enseñaban en 1919. La pregunta es: ¿Cómo pudo Jesucristo nombrar a nadie como su esclavo fiel y discreto y vocero oficial en 1919 si no estaba enseñando la verdad?  

 

domingo, 5 de marzo de 2017

La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914 (CAPITULO VIII)


 

VIII

 

    La fecha de 1914, establecida como el año de la segunda venida de Cristo por el escrutador bíblico Edward B. Elliot en su obra ‘Horas con el Apocalipsis’, publicada en 1844, sale de añadir 2.520 años a la fecha del 607 a.e.c., fecha que a su vez sale de retrotraer 70 años al 537 a.e.c., según el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová, aunque fue al revés: primero se estableció el 607 y después el 537 a.e.c. Las fechas 607 y 537 a.e.c. fueron instauradas en 1943 por Fred Franz, vicepresidente y teólogo único de la Sociedad Watch Tower, y son el resultado de aplicar un año al 606 y al 536 a.e.c., respectivamente, a fin de cuadrar los 2.520 años que se entienden como la duración de los tiempos de los gentiles, pero que en otro tiempo, antes de que el adventista Barbour equivocara los términos, eran únicamente los siete tiempos del profeta Daniel. Para Barbour los siete tiempos de Daniel eran lo mismo que los tiempos de los gentiles, los cuales, según el evangelio, dan comienzo después de la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 de nuestra era y no se sabe cuánto duran.

    La fecha del 606 a.e.c., independientemente de la que en un principio habían calculado los historiadores para la toma de la ciudad de Harrán e inicio de los 70 años del nuevo imperio babilonio, fecha que luego corrigieron al 609 a.e.c., sale de añadir los religiosos 19 años al 587 a.e.c., fecha histórica y real de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor.

    Esos 19 años proceden del error de confundir el año 19 de Nabucodonosor con 19 años transcurridos desde su inicio de reinado. Jeremías 52:12 dice que Jerusalén fue destruída en el año 19 de Nabucodonosor; pero no es lo mismo el año 19 que 19 años. El año 19 significa que pasaron 18 años desde que Nabucodonosor empezó a reinar. Por tanto, si los religiosos hubieran sumado 18 años al 587 a.e.c., hubieran llegado al 605 a.e.c. como año correcto del ascenso de Nabucodonosor, que es lo que la Historia, la Arqueología y la Astronomía demuestran hoy fehacientemente.

    Russell aceptó de Barbour fechas y doctrinas sin averiguar si eran correctas o no, y se dio prisa en pregonarlas a diestro y siniestro sin siquiera haberlas sopesado. Después se descubriría que tanto el 606 como el 536 a.e.c. eran fechas falsas. Pero, dado que 1914 se fundamentaba en la fecha incorrecta del 606 a.e.c., 1914 era y es, por tanto, año incorrecto, como incorrecto es el año 607 a.e.c. al estar fundamentado en la falsa fecha del 606 a.e.c. La lógica nos dice que todo dato basado en otro dato falso o incorrecto, también es incorrecto o falso. Y toda fecha basada en otra fecha incorrecta, también es incorrecta.

    Los predecesores del adventista Barbour explicaban que los 70 años de servidumbre de la nación de Judá a Babilonia incluían los tres grandes destierros de los judaítas; a saber, el del año 7/8 de Nabucodonosor, el del año 18/19 y el del año 23/24. Pero Barbour no entendió el concepto de servidumbre y para él servidumbre y destierro eran la misma cosa. Por tanto dictaminó que el año 606 a.e.c. no era el de ascenso de Nabucodonosor, como se pregonaba, sino su año 18, es decir, el año en que destruyó Jerusalén. De ahí que Barbour enseñara que Jerusalén había sido destruída en el año 606 a.e.c. y no en el 587 a.e.c., fecha esta última demostrada por los historiadores. Barbour, pues, en contra de los científicos, adelantó 19 años la subida al trono de Nabucodonosor y la colocó en el año 624 a.e.c., cuando estaba demostrado que tal ascenso tuvo lugar en el año 605 a.e.c.

    El profeta Jeremías escribe (Jeremías 27:11) que al rey de Babilonia se le servía sin necesidad de salir de la propia tierra de cada cual, lo que significaba que servir al rey de Babilonia no implicaba el destierro. Los judaítas fueron castigados con el destierro porque no sirvieron al rey de Babilonia. Si le hubieran servido acogiéndose a sus leyes y pagando los tributos, no hubieran sido desterrados. Hasta el año 7/8 no se llevó Nabucodonosor al destierro a la primera tanda de judaítas, que fueron 3.023 personas, según Jeremías. Aún regresó en su año 18/19, cuando destruyó Jerusalén, y se llevó a 832 personas. Y aún se llevó a otras 745 en el año 23/24 de su reinado. Si los habitantes de Jerusalén hubieran servido al rey de Babilonia desde el primer momento, Nabucodonosor no hubiera tenido necesidad de llevárselos al destierro ni de destruir la ciudad y el Templo. El destierro fue un castigo impuesto por el rey de Babilonia a la nación de Judá, debido a que no le estaban sirviendo. 

    Barbour creyó deducir de la Biblia que los judaítas del tiempo en que Nabucodonosor destruyó Jerusalén habían estado desterrados en Babilonia durante 70 años, que es lo que muchos judíos y doctores de la Iglesia Católica creían erróneamente en otro tiempo. Pero la Biblia no dice que los judaítas estuvieran desterrados 70 años a raíz del tiempo de la destrucción de Jerusalén, en el año 18/19 del reinado de Nabucodonosor.

    En un escrito popular del historiador Josefo leemos que los hierosolimitanos pasaron 70 años en Babilonia tras ser destruída la ciudad. Lo más probable es que Josefo fuera interpolado por algún escriba que creía lo mismo. Sin embargo Josefo, en su obra ‘Contra Apión’, menos conocida y que fue la última que escribió, menciona que desde la destrucción del Templo de Jerusalén hasta la colocación de sus cimientos en el año segundo de Ciro habían transcurrido 50 años, lo cual está de acuerdo con la historia comprobada.  

    Un texto de la Biblia que se ha prestado a interpretación errónea es el que se encuentra en Jeremías 29:10. La Traducción del Nuevo Mundo de los testigos de Jehová vierte textualmente: ‘Conforme se cumplan setenta años en Babilonia, yo dirigiré mi atención a ustedes’. Así es como lo vertían más o menos las demás biblias en otros tiempos. Sin embargo el texto ha sido corregido, desde principios del siglo XX, en la mayoría de las versiones y traducciones bíblicas, de acuerdo con los manuscritos hebreos. Esta corrección se explica en detalle más adelante.   

    Al testigo de Jehová se le ha aleccionado a que entienda el texto de Jeremías 29:10 de la siguiente manera: ‘Conforme ustedes cumplan setenta años de destierro en Babilonia, yo dirigiré mi atención a ustedes’. Sin embargo, la realidad es que el texto no dice eso. No aparece la palabra destierro por parte alguna. El Cuerpo Gobernante aduce que, efectivamente, el texto no dice eso, pero se sobreentiende que se refiere al destierro, pues de otra manera se vendría abajo el argumento de que los judaítas estuvieron setenta años desterrados en Babilonia después de que Nabucodonosor destruyera Jerusalén. Los 70 años de destierro son precisamente la base de todas las doctrinas de los testigos de Jehová. Sin esos 70 años, la entera estructura jehovista se derrumba. 

 

 

jueves, 2 de marzo de 2017

La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914 (CAPITULO VII)



VII

 

    A partir de enero de 1976 el Cuerpo Gobernante se arrogó las funciones directivas de la Sociedad Watch Tower. Al mismo tiempo se encargó de emitir las doctrinas y redactar toda la literatura. Paro ello creó varios comités de ayuda, entre ellos el de redacción, cuyos miembros, la mayoría no pertenecientes a los 144.000 ungidos, son los que discurren y escriben los textos que posteriormente se someten a la revisión del Cuerpo Gobernante. Las decisiones del Cuerpo Gobernante se aprueban como mínimo por votos favorables de la tercera parte de sus componentes más uno. Ya el Presidente de la Watch Tower no decidía en cuestiones de índole espiritual, como lo había hecho desde los tiempos de Russell.

    En junio de 1977 falleció Knorr y tomó la presidencia de la Watch Tower Frederick W. Franz. Ya éste había dejado de ser el teólogo único de la Sociedad, ejerciendo ahora esa función el propio Cuerpo Gobernante, en tanto que la Junta Directiva regía los destinos de la Watch Tower como empresa mercantil. Muchos años después el Cuerpo Gobernante se separaría de la Watch Tower y a día de hoy son dos entidades completamente distintas, tanto que se asegura que ningún miembro del Cuerpo Gobernante pertenece a la Watch Tower, como así lo declaró a un juez en 2016 el miembro de ese Cuerpo, Gerrit Losch.

    El Cuerpo Gobernante aceptó los fundamentos doctrinales que Fred Franz había establecido en 1943, basándose a su vez en los fundamentos puestos por Rutherford en 1927, y habiéndose igualmente basado Rutherford en los de Russell y el adventista Barbour, quien a su vez tomó los datos principales de otros que le precedieron. Los fundamentos de los Testigos de Jehová se basan, pues, en puntos de vista doctrinales de religiosos ajenos a la organización de la Watch Tower y pertenecientes al imperio mundial de religión falsa, según el Cuerpo Gobernante.    

    A modo de resumen, los aludidos fundamentos doctrinales son los siguientes:

    En 1823 el escrutador bíblico John Aquila Brown fue el primero en publicar en su libro ‘El Atardecer’ que los siete tiempos de Daniel duraban 2.520 años. Brown calculó los 2.520 años basándose en 7 tiempos o años de 360 días; pero al convertir los 2.520 días en años los elevó a años solares de 365,25 días. En rigor científico, debió haber calculado 2.520 años de 360 días cada uno, con lo que en realidad computó 36 años más de la cuenta al elevar aquéllos a años solares.

    En 1843 el teólogo Thomas Rawson Birks reactivó en su libro ‘Primer elemento de la sagrada profecía’ las fechas 606 y 536 a.e.c. que hasta principios del siglo XIX habían dado a conocer algunos historiadores. Birks ahora estimaba la fecha del 606 a.e.c. como la del inicio del reinado de Nabucodonosor, y el año 536 a.e.c. como el de la liberación de los judaítas del yugo babilonio. Para entonces ya los historiadores habían corregido las fechas, pasando la toma de Harrán e inicio del gran imperio babilonio al 609 a.e.c., y la caída de Babilonia al año 539 a.e.c.

    La nueva fecha del 606 a.e.c. que Birks recogió en su obra salía de añadir 19 años al 587 a.e.c., que era el año estimado para la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor. Los defensores del 606 a.e.c. se basaban en el texto de Jeremías 52:12, que indica que Nabucodonosor arremetió contra Jerusalén en el año 19 de su reinado. Sumados 19 años al 587, llegaron a la fecha del 606 a.e.c., que la consideraron como el año de ascenso de Nabucodonosor. Para ser exactos, debieron haber sumado 18 años al 587, ya que no es lo mismo el año 19 que 19 años.  

    En 1844 el escrutador Edward B. Elliott publicó el libro ‘Horas con el Apocalipsis’, donde recogía los 2.520 años de Brown y las fechas 606 y 536 a.e.c. de Birks. Elliot fue el primero en declarar que los 2.520 años duraban del 606 a.e.c. (supuesto año de ascenso de Nabucodonosor) a 1914 (hipotético año de la segunda venida de Cristo). Elliot fue también el primero en equivocarse en el cómputo, ya que contabilizó un año de menos al no darse cuenta de la inexistencia de un supuesto año cero.

    En la década de 1870 el adventista Barbour, que había sido discípulo del fundador del adventismo, William Miller, leyó el libro de Elliot, ‘Horas con el Apocalipsis’, y finalmente aceptó las fechas 606 y 536 a.e.c., así como posteriormente la de 1914 y los 2.520 años. Barbour confundió los siete tiempos de Daniel con los tiempos de los gentiles y entendió el año 606 a.e.c., no como el de incio de reinado de Nabucodonosor, sino como su año 18, trasladando por tanto al 624 a.e.c. la subida al trono del rey babilonio. Barbour enfatizó que desde la caída de Jerusalén hasta la liberación de los judíos habían transcurrido 70 años, creyendo que Jeremías se refería a 70 años de destierro, cuando en realidad Jeremías hablaba de los 70 años de duración del imperio babilonio después de haber tomado la ciudad de Harrán.

    Los fundamentos doctrinales de Barbour eran, pues, el primero de ellos, la creencia de que los judaítas estuvieron 70 años en el destierro después de que Nabucodonosor arrasara Jerusalén en el año 18/19 de su reinado. Sobre esta base asentó las fechas 606 a.e.c. (que entendía como año de la destrucción de Jerusalén) y 536 a.e.c. (que entendía como año de la liberación de los cautivos). También incluyó la fecha 1874 como año de la entronización de Cristo en su reino celestial y 1914 como año del Armagedón. Entre el 606 a.e.c. y 1914 creía que mediaban 2.520 años, cuando en realidad había uno menos.   

    Justamente éstas fueron las bases doctrinales que el adventista Barbour le pasó a Russell, quien no investigó sobre la veracidad o no veracidad de las mismas. Russell las divulgó por todas partes, ignorando su procedencia real e ignorando que se fundamentaban en la ciencia esotérica u ocultista de la numerología, y que incluso el cómputo de los siete tiempos de Daniel, aunque de menos años que los dados a conocer por Brown en 1823, fueron producto inicial de la cábala judía en la Edad Media. Si Russell hubiera tenido más conocimiento de la Biblia, Barbour no le hubiera colado aquellos erróneos conceptos de fechas y tiempos. Pero Russell los aceptó sin reservas y de él pasaron a sus seguidores, quienes tampoco investigaron sobre su origen y autenticidad.   

    En 1943, a fin de cuadrar los famosos 2.520 años que ahora se denominaban ‘tiempos de los gentiles’, Franz adelantó el hipotético año de la caída de Jerusalén al 607 a.e.c. y el año de la salida del destierro lo adelantó al 537 a.e.c. De paso suprimió la fecha de 1874 que se predicaba como año de la toma de poder real de Jesucristo en el cielo y la pasó sin más a 1914.    

   

 

miércoles, 1 de marzo de 2017

La verdad de los años 607-537 a.e.c. y 1914 (CAPITULO VI)


(Continuación del libro...)

VI

 

    En enero de 1942 Nathan Homer Knorr sucedió a Rutherford en la presidencia de la Watch Tower. Ocupó la vicepresidencia Frederick William Franz, quien en 1977 llegaría a ser presidente. No existía entonces un cuerpo gobernante que se encargara de emitir las doctrinas y escribir las publicaciones. Ese cometido corría a cargo del presidente, como fue el caso de Russell y Rutherford; pero, dado que Knorr era hombre de organización empresarial y comercial y no de letras y doctrinas, el propio Franz se encargó del asunto como teólogo único de la Sociedad.

    En 1943 Franz escribió el libro ‘La verdad os libertará’ y en él expuso oficialmente que lo que había sucedido en 1914 había sido el inicio del reinado de Cristo en el cielo, suprimiendo definitivamente la fecha de 1874 que hasta entonces se predicaba. También suprimió la fecha de 1799 que Barbour le había pasado a Russell como año del comienzo del tiempo del fin. El inicio de ese tiempo se traspasaba ahora a 1914. El Armagedón quedaría después para el futuro, exactamente para el tiempo de una generación, la cual se consideraba a lo sumo de unos 80 años, teniendo en cuenta que los de esa generación habrían tenido entre 12 y 15 años en 1914, edad con la que se suponía que los jóvenes eran ya plenamente conscientes de los sucesos mundiales.

    En el libro ‘La verdad os libertará’, a fin de que cuadraran los 2.520 años de los llamados tiempos de los gentiles, Franz adelantó incomprensiblemente al 607 a.e.c. la fecha del 606 a.e.c., que se predicaba como el año de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor. Al hacerlo así, le descuadraban los 70 años que terminaban en la fecha del 536 a.e.c. y por eso adelantó ésta al año 537 a.e.c. A partir de 1943 los testigos de Jehová comenzaron a predicar que Jesucristo había sido hecho rey en 1914, que Jerusalén cayó en el 607 a.e.c. y que los judíos fueron liberados del destierro babilonio en el 537 a.e.c. Con ello se aumentó a 90 años el tiempo real de los 70 años de la duración del imperio babilonio tras la anexión de la ciudad de Harrán, que son los 70 años de los que dan prueba la Historia, la Arqueología y la Astronomía.

    Franz, que actuaba en nombre de la Watch Tower, pudo haber hecho lo que hizo Russell: pasar a 1915 la hipotética fecha del inicio del reinado de Cristo, por lo que paralelamente atrasaría al 535 a.e.c. el año de la salida del destierro. Pero si hubiera traspasado la fecha de 1914 a 1915, no le cuadraría el año 1918, inventado en 1927 por Rutherford como el de la inspección del esclavo fiel y discreto por Jesucristo ni el año 1919 -también inventado en 1927 por Rutherfod y que era consecuencia directa de 1918- como el del nombramiento de ese esclavo fiel sobre los bienes terrestres del amo Jesucristo, a la par que como su vocero oficial y canal único de comunicación de Dios con el hombre. Fred Franz, por tanto, se obligó a adelantar un año la pretendida destrucción de Jerusalén y la consecuente desaparición del reino de Dios en la Tierra.   

    En 1945 Franz creyó entender que la Biblia condenaba las transfusiones de sangre y por ello la Watch Tower las prohibió para los Testigos, lo cual fue ampliamente expuesto en las Atalayas, siendo el caso que las hemotransfusiones se alababan particularmente en los tiempos de Rutherford. Hasta 16 años después, en 1961, dado el creciente número de transfundidos, no se expulsaría a quienes se sometían voluntariamente a una hemotransfusión. Franz consideraba que era lo mismo comer sangre que inyectársela en las venas. Hoy la ciencia médica especifica que no es lo mismo, ya que la sangre que se come se digiere y se descompone en nutrientes que como tales pueden pasar al torrente sanguíneo, mientras que en una transfusión lo que se hace es introducir directamente sangre en las venas para aumentar su volumen y aportar oxígeno, entre otras utilidades. Con el tiempo se suavizaría la prohibición permitiendo transfundirse las que para los médicos son incorrectamente llamadas ‘fracciones sanguíneas’. 

    En 1966 Franz escribió el polémico libro ‘Vida eterna en libertad de los hijos de Dios’. En él dejó caer que en 1975 se cumplían 6.000 años de la creación del hombre y que a continuación daría comienzo el milenio que introduciría el Paraíso en la Tierra, lo que suponía que antes tendría que venir el Armagedón. Muchos testigos de Jehová, sobre todo ya cercano el 1975, vendieron sus propiedades y abandonaron sus trabajos para dedicarse a predicar de jornada completa, lo cual fue alabado por la Watch Tower, según publicó en una de las hojas del Ministerio del Reino de 1974. El caso es que todos los Testigos entendían que en 1975 llegaría el Armagedón y Cristo daría comienzo al nuevo milenio en la Tierra. El propio Fred Franz enfatizó en sus discursos públicos que ello tendría lugar en Septiembre de 1975. Existen grabaciones de algunos de estos discursos, tanto de Franz como de otros oradores.

    En 1971 fue creado el Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová. Lo componían los siete miembros de la Junta Directiva de la Watch Tower más otras cinco personas. El Cuerpo Gobernante pasó a supervisar a la propia Junta Directiva y al Presidente de la Sociedad. Los miembros del Cuerpo Gobernante decían que ‘la cola mueve al perro’, aduciendo al hecho de que la corporación recientemente creada gobernaba al grupo más antiguo. Los líderes de la organización llaman también ‘cuerpo gobernante’ a la junta directiva de la Watch Tower, la cual, en efecto, era el cuerpo gobernante de la Sociedad, pero no el cuerpo gobernante de los testigos de Jehová. A partir de 1971 hubo, pues, dos cuerpos gobernantes, a saber, la Junta Directiva de la Watch Tower y el grupo de doce personas que se impuso a la anterior, aunque en dicho grupo figurasen los miembros de la Junta Directiva.

    Pasó 1975 y el Armagedón no vino ni fue restaurado el paraíso en la Tierra, según se venía predicando masivamente. No pocos Testigos abandonaron la organización. Otros no lo hicieron por temor a perder amigos y familiares, ya que la desasociación, como la expulsión, supone que los demás Testigos ni siquiera pueden hablar con el desasociado, estando así condicionada la amistad o la familiaridad al hecho de permanecer dentro de la organización. Un testigo de Jehová expulsado o desasociado está expuesto al más severo ostracismo por parte de los demás miembros y aún por su propia familia. En aquellos años la Watch Tower salió al paso publicando que los Testigos, llevados por su entusiasmo, habían entendido incorrectamente y creyeron que el Armagedón era inminente en 1975. Pero unos años después, en 1980, el Cuerpo Gobernante de los Testigos asumió parte de responsabilidad en el asunto.