miércoles, 28 de agosto de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (56)


El capítulo 21 añadido al evangelio de Juan

    Casi todos los eruditos bíblicos están de acuerdo en que el capítulo 21 del evangelio de Juan es un añadido posterior, presumiblemente del siglo VI. La Vetus, que se creía anterior, pudiera ser únicamente un conjunto de hojas sueltas deficientemente traducidas de los códices de Eusebio por clérigos que imitaban la caligrafía de otros tiempos.
    La Nueva Enciclopedia Católica, página 1080, menciona que ‘el capítulo 21 (de Juan) fue agregado después, y por consiguiente, será considerado como un apéndice al Evangelio’. Este capítulo 21 falta en los dos códices más antiguos -probablemente dos de las cincuenta copias escritas en griego por Eusebio de Cesarea en el siglo IV-, como son el Sinaíticus y el Vaticanus. Tales códices tampoco dan cuenta de la resurrección de Cristo, salvo en algunos lugares cuyo texto original fue raspado en siglos posteriores e inserto en su lugar un nuevo texto, según detectan los análisis por rayos ultravioletas.
    Es lógico que, al concluir el capítulo precedente, el 20 -con la mención de que ‘Jesús hizo otros milagros no escritos en este libro, pero que éstos se escribieron para tener fe en que Jesús era el Cristo’-, toda explicación en un capítulo posterior sobra. De paso hemos de recordar que no se sabe quién escribió el evangelio de Juan. La atribución al apóstol de dicho nombre es tan solo una tradición de la iglesia católica, que asegura que ya los cristianos precedentes creían que el escritor del evangelio fue el apóstol Juan, pero que no hay base para tal afirmación, pues toda mención es obra de los personajes de Eusebio de Cesarea.
    Eusebio pone porciones de los evangelios en boca de algunos padres apostólicos; sin embargo, se sospecha que Eusebio fue el inventor de todos los padres apostólicos y apologetas anteriores al Concilio de Nicea en 325. Su Historia Eclesiástica la concibió como producto de su propia mente para tratar de demostrar que los obispos de Roma eran los sucesores de los apóstoles. De ahí que el capítulo 21 de Juan insinúe en sus versículos 15 a 17 la primacía episcopal del apóstol Pedro sobre las ovejas de la cristiandad, con las frases ‘apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas’.
    Los clérigos y pastores, sean católicos, protestantes u ortodoxos, por lo general no quieren aceptar que el capítulo 21 de Juan es un añadido posterior al evangelio y se estrujan el cerebro tratando de buscar mil y una razones dogmáticas o teológicas para defender lo genuino de dicho capítulo evangélico. Algunos, muy pocos, arguyen que, efectivamente, se trata de un añadido posterior, pero que fue el mismo apóstol Juan el que lo añadió después de haber escrito el evangelio, para ampliar detalles. Los fieles de las diversas ramas del Protestantismo admiten toda la Biblia como divinamente inspirada, incluídos los libros neotestamentarios, sin tener en cuenta que esta segunda parte de la Biblia fue tamizada y corregida por la Iglesia Católica antes de la invención de la Imprenta y, por supuesto, antes de que los protestantes se separaran de su seno.
    Cuando la Imprenta se estableció hacia 1459, precisamente con la edición de la Biblia, ya pocos retoques podían hacerse en los códices. Con todo, los dos códices más antiguos, tan diferentes de los posteriores, testifican de la falsificación terminada de efectuarse antes del siglo XV o en su mismo comienzo. Fue probablemente entonces cuando se amplió el evangelio de Lucas, añadiéndole capítulos y versículos sacados de los evangelios de Mateo y de Marcos, como la que se conoce como ‘Gran Inserción’, que abarca los capítulos y versículos de Lucas 9:51 a 18:14.        
    En el versículo 11 del capítulo 21 de Juan se lee que los apóstoles arrastraron hasta la orilla la red con la que habían pescado y contaron ciento cincuenta y tres peces grandes. El simbólico número 153 se consideraba mágico y lo empleaban los cabalistas, judíos que seguían una doctrina esotérica y creían ver en la numerología la razón de la existencia y función de las cosas. El 153 es, por tanto, un número esotérico. Está compuesto por la suma de los números que van correlativos del 1 al 17.
    Precisamente el 17 estaba también considerado como número mágico por ser la suma del 8, que representa lo masculino, y del 9, lo femenino. El 8 era el número del Sol, en tanto que el 9 era el de la Luna. El Sol representaba en las antiguas religiones a la fecundadora divinidad masculina, mientras el 9 era el número de la diosa madre universal. La unión de ambos originaba el número 17, cuya suma de cifras da 8. Y la suma de los 17 primeros números origina el 153, cifras que suman 9.       
    El 153 tiene diversas propiedades matemáticas asombrosas. Por ejemplo, es el número más pequeño que puede ser expresado como la suma de los cubos de sus dígitos: (1 x 1 x 1) + (5 x 5 x 5) + (3 x 3 x 3) = 153. El 153 es divisible por 1, 3, 9, 17 y 51. La suma de estos divisores da 81, que también equivale a un cuadrado perfecto de medida 9 x 9. Por último, el 153 dividido por la suma de sus cifras (1 + 5 + 3 = 9) da 17, que es el número mágico que lleva al 153 tras sumar los números 1 al 17.
    El capítulo 21 de Juan es evidentemente espurio y presenta numerología simbólica y esoterismo a través del antiguo número mágico 153. Por tal razón, y por ser un añadido posterior, muchos creyentes se preguntan si puede un verdadero cristiano tomar dicho capítulo como verdadera Palabra de Dios.   

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