sábado, 27 de julio de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (28)


¿Existió Nazareth en los tiempos de Cristo?

    Relatan los evangelios que Jesucristo vivió en Nazareth hasta la edad de unos treinta años. También dicen los evangelios que Nazareth tenía sinagoga. Si tenía sinagoga, se trataba de una población importante. Solamente las poblaciones importantes tenían sinagoga.
    A un judío jamás se le olvidaría mencionar una ciudad o pueblo con sinagoga. Como los evangelios se aceptan como palabra de Dios, que no puede engañarse ni engañarnos, el hecho de que existió Nazareth en los tiempos de Cristo debería ser cierto. Según los evangelios, el propio Jesucristo era de Nazareth. De hecho le llaman el ‘nazareno’. Ahora bien, cuando se acude a la Historia, nos encontramos con un problema bastante serio.
    El historiador Flavio Josefo, que era judío, se pasó a los romanos y estuvo destinado como comandante en Galilea en los años sesenta del siglo primero. En sus escritos Josefo menciona cuarenta y cinco poblaciones de Galilea, muchas de ellas aldeas insignificantes. Pero no menciona a Nazareth.
    Antes la Iglesia católica aducía que Josefo no menciona a Nazareth porque se trataba de una población sin importancia. Pero dado que Josefo lista pequeñas aldeas y dado que Nazareth tenía sinagoga, según los evangelios, es indudable de que se trataba de una ciudad o pueblo importante. Ahora la Iglesia dice que a Josefo sencillamente se le olvidó mencionar Nazareth. Y la pregunta es: ¿Cómo pudo un historiador judío olvidarse de Nazareth, que tenía sinagoga, y no se olvidó de mencionar aldeas que apenas eran conocidas?
    Hacia mediados del siglo II se escribió el primer Talmud judío. Los escritores judíos del Talmud listan sesenta y tres poblaciones de Galilea, que se supone que eran todas las que entonces existían; pero no menciona a Nazareth. La Iglesia aduce que a los escritores del Talmud se les olvidó mencionar a Nazareth. La pregunta es: ¿Cómo los judíos que escribieron el Talmud pudieron olvidarse de mencionar una ciudad que tenía sinagoga?
    Del año 333 se conserva un mapa de Tierra Santa conocido como el ‘Itinerario burdigalense’. En él figuran las poblaciones que el peregrino debía recorrer en su visita a Tierra Santa. La ruta parte de Belén, pasa por Jerusalén, continúa hacia el norte, sigue por el oeste y baja al sur. En el  mapa aparecen conocidas poblaciones bíblicas… pero no figura Nazareth.
    ¿Cómo es posible que en este imprescindible itinerario del año 333 no aparezca Nazareth, que según los evangelios, era la ciudad donde Jesucristo pasó su infancia, adolescencia y juventud? ¿Es que no aparecía Nazareth en los evangelios de ese tiempo?
    Para el año 333 Eusebio de Cesarea ya había escrito (o a punto estaba de terminar) los cincuenta códices del Nuevo Testamento que le encargó el emperador Constantino. Si en el Itinerario burdigalense no figura Nazareth, ¿pudiera deberse a que, efectivamente, no se mencionara a Nazareth en los códices evangélicos de Eusebio de Cesarea? Porque es evidente que, si los códices mencionasen a Nazareth, esta población sí que figuraría en el famoso itinerario.
    La cuestión es que ningún historiador de los tres primeros siglos  hace mención de Nazareth. Eusebio de Cesarea, del primer tercio del siglo IV, que cita de muchos pasajes evangélicos en sus escritos, nada indica sobre Nazareth. ¿Es que no existía Nazareth en tiempos de Eusebio? ¿O sí existía y Eusebio, que escribió los códices evangélicos, no se enteró de su existencia?   
    Volvamos a Josefo, quien escribe que en el año que en nuestro cómputo corresponde al 67, los romanos masacraron a los varones de la ciudad de Jafa. Muchos fueron los muertos, los cuales fueron enterrados a un kilómetro y medio hacia el norte, en una llanura al pie de una pequeña colina. Aquello era el cementerio de Jafa.
    En el año 70 los romanos destruyeron Jerusalén, mataron a muchos judíos y se llevaron cautivos a otros. Hubo familias que abandonaron la ciudad antes de que llegase el ejército romano. Con el tiempo esas familias volvieron a Jerusalén y la reconstruyeron. Pero en el año 135 una nueva revuelta de los hierosolimitanos causó que los romanos volvieran a destruir la ciudad, ocasionando numerosas muertes.
    Como ocurrió en el año 70, en el año 135 hubo familias que salieron de Jerusalén antes de que el ejército romano la sitiase. Entre estas familias se hallaba una que era sacerdotal. Probablemente el cabeza de familia pertenecía a la decimoctava división de los sacerdotes.  
    Esta familia sacerdotal que huyó de Jerusalén en el año 135 se  dirigió a Galilea y se instaló en la falda de la colina a cuyo pie estaba la llanura que constituía el cementerio de Jafa.
    Con el tiempo se fueron casando los hijos y los nietos y muchos se quedaron a vivir en la falda de la colina, por lo que construían nuevas casas. Después de mediados del siglo III se obligaron a construir una sinagoga, dado el crecido número de habitantes.
    Así pues, se formó un importante núcleo poblacional con su sinagoga en la falda de aquella colina. ¿Qué nombre tenía esta creciente población? ¡Nazareth!
    La población de Nazareth comenzó su andadura después del año 135, cuando una familia sacerdotal de Jerusalén se instaló en la ladera de la colina a cuyo pie estaba el cementerio de Jafa. 
    Esto significa que Nazareth no existía en los tiempos de Cristo, a pesar de que los evangelios hablan de que Jesús vivió largos año en Nazareth. La pregunta es obvia: ¿Cuándo se insertó Nazareth en los evangelios? La inserción tuvo que efectuarse a finales del siglo IV, cuando Jerónimo tradujo al latín uno de los códices en griego de Eusebio.
    Jerónimo desconocía que Nazareth vino a la existencia a partir del siglo II y, como tenía sinagoga, pensó que la población existía desde siglos atrás antes de Cristo. Si Jerónimo hubiera sabido que Nazareth era reciente, nada hubiera escrito sobre Nazareth.
    Es probable que Jerónimo confundiera la expresión ‘nazareno’, que significa ‘dedicado a Dios’, con el nombre dado a los habitantes de Nazareth y por eso creyera que Jesucristo era de Nazareth. De todas maneras Jerónimo añadió buena parte de su cosecha a los evangelios y casi con seguridad fue él quien añadió a los evangelios los dos primeros capítulos de Mateo y Lucas, que hablan del nacimiento de Jesús, así como muchos de los textos de la resurrección del que dio en llamar ‘nazareno’.




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