domingo, 28 de julio de 2019

Del libro BASES DOCTRINALES DE LOS TJ (29)


La gran inserción en el evangelio de Lucas

    Hasta principios del siglo XV, el evangelio de Lucas era el más corto de todos. La Iglesia se obligó a ampliarlo con textos de los evangelios atribuídos a Mateo y a Marcos. Los pasajes añadidos se conocen como ‘la gran inserción’ y comprenden los capítulos y versículos de Lucas 9:51 a 18:14.
    Entre estos textos se insertó la parábola del hijo pródigo, que probablemente se trataba de un cuento de gran antigüedad. Esos textos rellenan el largo viaje que efectuó Jesús de Galilea a Judá. 
    En ese tiempo (principios del siglo XV) la Iglesia aún controlaba los códices neotestamentarios que periódicamente retocaba y ampliaba. Para eso retiraba los antiguos y ponía los nuevos en su lugar. Después de la invención de la imprenta la Iglesia perdió inevitablemente el control sobre los códices. ¿Por qué después de la invención de la imprenta?
    Los códices se escribían a mano, se tenía sumo cuidado de no cometer errores de escritura y llevaba largo tiempo concluirlos. Con el invento de la imprenta, se tenían listos muchos ejemplares impresos en menos de la mitad de tiempo y sin errores de transcripción. De ahí que la Iglesia aceptara la imprenta.
    Sin embargo la Iglesia se pilló los dedos, pues la imprenta permitía hacer muchas más copias y no se podía controlar su destino. El primer libro que salió de la imprenta, en 1459, fue precisamente la Biblia tal como estaba escrita en los códices para mediados del siglo XV. Se habla más que nada de los códices del Nuevo Testamento. La Iglesia, pues, al no controlar los ejemplares de la Biblia realizada en imprenta, dejó de retocar los códices.
    En el siglo XVI los protestantes se separaron de la Iglesia católica y se llevaron la Biblia tal como estaba, ya retocados muchos textos e incluída la gran inserción en el evangelio de Lucas. Los protestantes nada sabían de que el evangelio de Lucas había sido ampliado y creyeron que los textos neotestamentarios venían tal cual desde el siglo I.
    La Biblia, especialmente el Nuevo Testamento, pasó de los primeros protestantes a todos los demás y finalmente se transmitió a los adventistas y de ellos a los Estudiantes Internacionales de la Biblia. De los Estudiantes de la Biblia  pasó a los testigos de Jehová, que en 1961 editaron su propia biblia, adaptando los textos a la doctrina que tenían entonces en vigor.
    Los testigos de Jehová no saben que los textos del Nuevo testamento han sufrido modificaciones a lo largo del tiempo. Y no saben que la Iglesia incluyó la llamada ‘gran inserción’ (Lucas 9:51 a 18:14) en el tercer evangelio. Toman todo el Nuevo Testamento como Palabra de Dios y se apegan literalmente a ella y por ella rigen su vida entera, sometidos a los ancianos y al Cuerpo Gobernante, el cual cambia de vez en cuando las doctrinas, sobre todo cuando no se cumple lo que predica, aduciendo que recibe ‘nueva luz’.
    Tomar la gran inserción de Lucas 9:51 a 18:14 como palabra de Dios y ajustar la vida a esos textos es tanto como ser guiado por un ciego en medio del tráfico. Pero el caso se aplica también al resto del Nuevo Testamento, del que nada se sabe antes del siglo IV.  
    Toda la documentación descansa sobre unos papiros creados entre finales del siglo IV y principios del V, los cuales la Iglesia hizo pasar por documentos de los siglos II y III. Y descansa igualmente sobre las cartas de unos padres apostólicos que son invención de Eusebio de Cesarea.



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